Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Daniel Espinosa

2 Samuel 9

Transcripción

Regresar al principio

Buenos días, hermanos. Bueno, buenas tardes. Debo de confesar que hoy elegir el tema que habría de compartir me costó un poco de trabajo, sobre todo considerando la manera como llevamos el estudio en esta iglesia, que es a través de la predicación expositiva, que consiste en estudiar un libro de principio a fin, de manera continua, sin cesar. Y oí que tenía que escoger un tema en particular, un tema al azar.

Reflexionaba sobre lo que tenía que hacer yo estando aquí. Obviamente llegaba a la conclusión descrita en Marcos 16:15, que es compartir precisamente el evangelio a toda persona, en todo lugar. Pero el escoger el tema en particular lo pude lograr al yo recordar un pasaje que particularmente a mí me ha permitido siempre regresar al principio. Y me refiero a regresar a ese momento en que pude, por gracia, identificar quién era yo, cuál era en realidad mi condición, qué era lo que merecía a partir de esa condición y, por el contrario, qué fue lo que recibí únicamente por gracia. Y por eso este fue el título que elegí: "Regresa", porque siempre me permite volver al principio cada vez que recuerdo este pasaje, cada vez que lo menciono en alguna participación.

Lectura de 2 Samuel 9

El pasaje del cual estoy hablando es 2 Samuel, el capítulo 9. 2 Samuel capítulo 9; acompáñame, por favor, a este pasaje en sus Biblias. El encabezado de este pasaje dice: "Bondad de David hacia Mefiboset". Y la Palabra dice:

"Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? Y había un siervo de la casa de Saúl que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo. El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. Entonces el rey preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar. Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar.

"Y vino Mefiboset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefiboset. Y él respondió: He aquí tu siervo. Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa. Y él, inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?

"Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor. Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero Mefiboset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos. Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefiboset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey. Y tenía Mefiboset un hijo pequeño, que se llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefiboset. Y moraba Mefiboset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies".

Entender el contexto de la historia

A primera vista, o así de botepronto, es difícil que nosotros, si no tenemos un contexto de esta historia, podamos entender de qué se trata. Quizás algunos, simplemente con esta lectura, si no tienen trasfondo de lo que estaba pasando, se queden con ciertas cosas en particular. Quizás solamente puedan identificar la bondad de ese rey David, es el rey del que hablan Las Mañanitas cada que se canta en un cumpleaños. O quizás se hayan quedado únicamente con ese nombre extraño de Mefiboset, ese hombre que, describe, tenía muy mala pata, literalmente, en esta historia. O quizás se quedan con Siba y ver qué acomedido era este personaje; todos quisiéramos tener un ayudante así.

Pero siempre será necesario, para entender en realidad una historia, no solamente conocer la historia, sino entender el contexto de los personajes que se describen en esta historia. Será necesario entender cuál era el ambiente en el que se desenvolvían, cuál era el tiempo en que se desarrollaban todos los hechos y, si tenemos la oportunidad, conocer más a detalle cuál era la manera de pensar y de sentir, precisamente, de los personajes. Hoy vamos a tratar de ahondar un poco más en esto, para conocer qué es lo que esta historia nos quiere decir y adónde nos quiere llevar.

Oramos: Señor, te damos gracias por este día y te damos gracias por Tu bendición en nuestras vidas, porque nos permites conocer más de Ti, porque nos permites saber más de Ti. Dispón nuestros corazones para que podamos precisamente escuchar lo que Tú quieres decir a nuestras vidas. Te pedimos misericordia a nuestras vidas, porque lo necesitamos. Te pedimos esto en el nombre de Tu poderoso Hijo Jesús. Amén.

¿Quién es Mefiboset?

Como les decía, vamos a ahondar más en cuál era este contexto de cada uno de los personajes, y vamos a empezar con el personaje que tiene el nombre más extraño: Mefiboset. Lo menciona mucho a lo largo de este pasaje, pero ¿quién es Mefiboset? ¿Quién es este hombre en esta historia? Nos dice que él es hijo de Jonatán. Pero si buscamos en la Biblia, podemos hallar un poquito antes dónde se nos explica por qué ha llegado hasta este momento este personaje, qué es lo que pasó en la vida de Mefiboset que ha llegado a este punto.

Un poquito atrás, como les decía, en 2 Samuel 4:4, la Palabra nos dice lo siguiente: "Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefiboset". Este es el mismo niño que ahora se presenta en nuestra historia. En aquel momento tenía 5 años; en estudios se piensa que quizás, para este momento del pasaje que estamos estudiando, este personaje tendría entre 20 y 23 años. Ya es todo un adulto.

Mefiboset está marcado por una condición. En nuestro pasaje nos dice que está lisiado; él está cojo de ambos pies. Y aquí podemos entender un poco cómo fue que sucedió esto. Nos dice que su nodriza, al enterarse de que su padre y que su abuelo han muerto, escapa, y en algún momento —no describe cómo, quizás fue con una rama o quizás fue que simplemente tropezó, me equivoqué— se le cae. Y entonces esto genera una condición en él durante toda su vida, una condición que lo deja lisiado de sus pies.

Una condición que ahora nos describe a través de este pasaje, en que han pasado casi 15 años, poco más, donde Mefiboset, después de esa caída, ha de necesitar ayuda en todo momento para desplazarse, en todo momento para cualquier necesidad que él tenga. Nos describe lo que ha pasado durante todo este tiempo este personaje, y nos dice quién tuvo la culpa de este escenario. ¿A quién fue? ¿A quién se le cayó Mefiboset? A una nodriza. Nos describe que era en un momento en que ella oía… no sabemos hasta ahora, porque oía, pero en su desesperación, bajo un accidente, se descuida y el niño se le cae.

¿Quién es Saúl?

Otro de los personajes que se mencionan es Saúl. Ahora veremos quién es este personaje. ¿Quién es Saúl? Es de hecho la primera persona que menciona David en nuestro pasaje. El texto dice: "Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl…?". Es interesante saber quién es Saúl y cuál es su trasfondo. Saúl fue el primer rey de Israel; es decir, él es el antecesor de David.

Esto lo podemos ver más claro en 1 Samuel 8, en el versículo 6 y 7, cuando a Samuel el pueblo le está hablando y le dice: "Danos un rey que nos juzgue". Y Samuel, dice la Palabra, oró a Jehová. "Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti —se refiere Dios a Samuel, le dice—, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos". Es importante aquí que hagamos una pausa para que entendamos el contexto de este momento. Saúl es el primer rey de Israel; es un rey que ha elegido el pueblo, y es un rey que Dios permite que el pueblo lo elija, pero no es un rey que Dios ha ungido.

Este es el tiempo de los jueces. Y en aquel tiempo… si ustedes no han leído este libro, basta con que el último versículo lo lean para que puedan entender de qué se trata. El último versículo de este libro, Jueces, dice que en aquel tiempo no había rey y que cada uno hacía lo que bien le parecía. Es necesario que entendamos esto. La gente en aquel momento se llevaba únicamente por lo que a ellos, delante de su criterio, bien les parecía hacer. Esto, en aquel momento, los llevaba a un escenario atroz.

Ellos, al actuar de esta manera, se olvidaban de Dios; se guiaban únicamente por ellos. Y entonces lo que pasaba es que Dios se airaba y los entregaba a sus enemigos. Y entonces, durante un rato de opresión, la gente se recordaba a Dios y clamaba en ayuda por Él, y Dios les levantaba un juez, un juez que únicamente servía durante un período específico para liberarlos de esta opresión. El pueblo de Israel aclamaba a Dios y le adoraba durante un tiempo, pero eventualmente se volvía a olvidar, y este proceso de los jueces se volvía repetitivo.

Entonces llega un momento donde un juez, Samuel, es confrontado por su pueblo por la conducta de sus hijos. Y su pueblo dice: "Ya no queremos este tipo de jueces; queremos un rey, como los demás pueblos tienen". Samuel consulta a Dios, y Dios le dice: "Haz lo que te están pidiendo, porque no es que no quieran un rey… no es que no quieran un juez, perdón, y no es que quieran un rey; lo que no quieren es ser guiados por mí". Eso es lo que les está diciendo Dios. Y entonces Dios les permite precisamente que establezcan un rey, un rey que no fue ungido por Dios, y ese rey es Saúl, el que nos está describiendo ahora nuestra historia.

Y entonces todo este contexto, todo este escenario, deriva en que Saúl se convierta en un rey lleno de vanagloria, alguien que en ningún momento a través de su reinado buscaba honrar y glorificar al Señor; únicamente buscaba honrar y glorificar a su misma persona. De igual manera, esta condición por la que fue levantado Saúl provoca que él en algún momento se llene de rencor y se llene de envidia en contra de David. David en ese entonces era un niño, un pastorcillo de ovejas, al que Dios elige para así ser ungido y ser en realidad el rey que Él enaltezca. Antes, inclusive, de ser rey, David guía al pueblo de Israel y gana ciertas batallas.

Y entonces Saúl, que era el rey oficial, se llena de ira, se llena de odio en su corazón en contra de David, y lleva ese odio inclusive a la práctica. La Palabra nos describe que buscó en más de una ocasión matar a David. Esto nos pone en perspectiva de quién es Saúl; esto nos pone en perspectiva de dónde estaba su corazón. Saúl era un enemigo de David; Saúl buscaba inclusive asesinar a David.

¿Quién es el rey David?

Esto nos introduce a este otro personaje que se describe en esta historia. Este personaje es el rey David. ¿Quién es el rey David? Porque si lo vemos únicamente a través de lo que describe el pasaje que estamos estudiando, 2 Samuel 9, lo primero que dice David es: "¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?". Y quizás ahora puedes estar pensando: "¿Cómo puede estar diciendo esto David?". Porque ya explicamos que Saúl lo odiaba, que Saúl tenía rencor en contra de él y que buscaba matarlo. ¿Cómo puede entonces haber tenido una reacción diciendo que él quiere hacer misericordia de alguien de la casa de su peor enemigo?

Esto nos describe el tipo de corazón que tiene David: un hombre, un ser humano que no estaba buscando venganza, un hombre que no se estaba aferrando en ningún momento a su rencor y que, por el contrario, está buscando honrar a Dios tratando de hacer misericordia de su enemigo. Este es David. Es el rey de Israel, un rey que no fue impuesto por el hombre, un rey que fue ungido por Dios, y un rey que, a diferencia de Saúl, no está buscando retribución propia ni está tratando de desquitarse sobre todo aquello, que podría inclusive tener sentido: vengarse de alguien que buscaba matarlo. Y David podría vengarse porque, ya dije, él era el rey.

Este es el lugar que está ocupando en este momento de nuestro pasaje David. Él es el hombre principal del pueblo de Israel; él es el que manda, él es el que dirige las batallas del pueblo y él es el que las gana. Él es el que decide lo que se hace y lo que se no… y lo que no, perdón. Él es el hombre con mayor influencia dentro del pueblo de Israel, alguien poderoso.

Y aún más, la Palabra nos describe que David no era cualquier rey; sobre él estaba establecida una promesa que Dios había hecho. En 2 Samuel… 2 Samuel capítulo 7, perdón, versículo 2 y 3, se nos dice: "Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino". Este es David, el rey de Israel, ungido por Dios, que lleva a cuestas una promesa increíble, una promesa que dice que un hombre de su linaje, de su descendencia, reinará. Y no reinará solamente como David, por un período determinado, como Saúl, sino que dice: reinará para siempre. También es un hombre que tiene una comunión increíble con Dios.

Siba y Jonatán

Después se nos menciona otro personaje, quizás de una manera más corta, pero que también tiene relevancia. Este personaje es Siba. Y Siba, nos dice el pasaje, era un siervo de Saúl. Saúl ya había muerto, igual que Jonatán, pero entonces ahora Siba sirve a David. Y es por eso que entonces, cuando él trabajó durante mucho tiempo con Saúl, y en este momento David le está preguntando si queda alguien de su casa a quien hacer misericordia, Siba puede contestar, porque Siba conoce quién quedó de ese linaje de Saúl. Jonatán ya había muerto, pero él conoce que queda un hijo más, y ese hijo es Mefiboset.

Y no solo sabe que existe, sino sabe dónde está. Y cuando pregunta David que dónde se encuentra Mefiboset, él sabe decirle dónde está. Esta es la importancia de Siba en este pasaje. Un personaje más que se muestra en esta historia es Jonatán. ¿Quién es Jonatán? Nos dice el pasaje que es hijo de Saúl y que es padre de Mefiboset; es la relación que existe entre este linaje, entre Saúl y entre Mefiboset. Él era el heredero natural al reino que tenía Saúl, pero sabemos que en esta batalla él muere y entonces únicamente queda vivo Mefiboset. Pero nos dice otra cosa también; nos dice este pasaje que Jonatán era amigo de David, y no era un amigo cualquiera. Y también esto nos puede causar algo de confusión: Saúl odiaba a David, era su peor enemigo, pero el hijo de Saúl era amigo de David. ¿Cómo podía… cómo podía hacer esto?

El pacto entre Jonatán y David

Entre David y Saúl se había… David y Jonatán, perdón, se había dado una amistad, una amistad de esas que se consideran entrañables, una amistad que describe precisamente la Biblia como que sus almas quedaron ligadas. Y no es una amistad que viene de este tipo de amistad común que se da con la convivencia, que se da con dos personas que quizás crecieron juntas o fueron al mismo lugar durante mucho tiempo. La convivencia que se da entre estos hombres tiene que ver con que ambos hombres son hombres de Dios. Y Saúl precisamente sabe que David… perdón, Jonatán sabe que David es un hombre de Dios y que es el hombre que Dios ha elegido para ser el rey del pueblo de Israel.

Ambos hombres buscan, a través de lo que hacen, honrar a Dios. Aun sabiendo Jonatán que con todo lo que hace se ganará el odio de su padre, él busca en todo momento, a través de la amistad que tiene con David, honrar a Dios. Y tanta es la amistad que tienen estas dos personas, Jonatán y David, que llegan en algún momento a hacer un pacto. 1 Samuel 20:14 al 16 dice: "Y si yo viviera, harás conmigo misericordia de Jehová, para que no muera, y no apartarás tu misericordia de mi casa para siempre. Cuando Jehová haya cortado uno por uno los enemigos de David de la tierra, no dejes que el nombre de Jonatán sea quitado de la casa de David. Así hizo Jonatán pacto con la casa de David, diciendo: Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David".

La amistad de estos dos hombres, Jonatán y David, los lleva a hacer este pacto, y este pacto tiene una relevancia grandísima en esta historia. El pacto que hacen ellos básicamente es: cualquiera de los dos que viviera tendría que preservar la dinastía del otro, tendría que preservar la descendencia del otro. ¿Y por qué están haciendo este pacto? Es importante saber que en aquel tiempo, cuando una dinastía llegaba al trono, una de las primeras cosas que tenía que hacer era asegurarse de matar a la dinastía completa del reino anterior. No podía quedar ninguno vivo, porque, en caso de que esto pasara, corría el riesgo de que en el futuro alguno de la dinastía opuesta se levantara y reclamara el trono.

Jonatán y David saben esto, y entonces hacen, en el amor que se tenían el uno por el otro, este pacto: que, independientemente de cuál de los dos prevalezca, los dos conservarán la dinastía del otro. Ahora que sabemos el contexto de estos personajes, podemos empezar a tener un poco más clara una idea de lo que esta historia trata. Podemos entender por qué los escenarios que nos describe este pasaje se presentan uno a uno. Podemos ir desglosando por puntos y, del mismo modo, ir integrando la historia para comprender hacia dónde es que apunta.

La nodriza actuaba en amor

Una de las cosas que podemos ahora claramente saber es por qué quedó lisiado para siempre Mefiboset. Originalmente, cuando nos enteramos que la nodriza tira a Mefiboset, lo deja lisiado a los 5 años de edad. No describe la Biblia cómo… cómo lo hace, pero la condición en la que debió quedar fue sumamente grave para que él nunca más pudiera utilizar sus pies. Si a nosotros, a uno de nuestros hijos le pasara eso, y supiéramos que alguien —a lo mejor por accidente, pero lo hizo— se le cayó y tuvo esta condición, inmediatamente lo primero que nos vendría es coraje. Y quizás es lo que nos pasa con la nodriza de Mefiboset.

Pero ahora que conocemos el contexto, podríamos saber que la nodriza de Mefiboset estaba actuando en amor. Ella se entera que el padre y el abuelo de Mefiboset están muertos, se entera que los dirigentes de este reino han muerto, y entonces sabe que inmediatamente alguien de aquel que tome el trono, la primera decisión que tomará es ir a buscar a Mefiboset y matarlo. En su desesperación, la nodriza toma al niño y trata de escapar; en algún momento tropieza y suelta al niño, y queda en esta condición. Fue un accidente y fue trágico, pero es importante que sepamos que la actividad que estaba teniendo la nodriza en ese momento estaba relacionada completamente a un amor y cuidado que tenía sobre Mefiboset.

Escondido en Lodebar

Ahora podemos entender también qué es ser Mefiboset: un hombre que pasó poco más de 15 años sin poder… sin poder, perdón, moverse a ningún lado por sí solo. Para hacer cualquier cosa tenía que recibir ayuda: para comer, para desplazarse, para ir al baño. Dependía al 100 por ciento de la ayuda y misericordia de los demás para poder moverse. En algún momento, inclusive, Mefiboset se debió preguntar: "¿Por qué es que estoy así? ¿Por qué tengo esta condición?". Alguien le tuvo que explicar qué era lo que había pasado.

Por consiguiente, él tuvo que saber por qué era que huían, por qué era que él estaba ahora en Lodebar. Él nació en un castillo real, él era el heredero al trono, y ahora está en Lodebar, escondido, nos dice la Palabra, un lugar que no es su casa, un lugar que tiene un significado particular. Lodebar significa "no pasto"; Lodebar significa un lugar estéril, donde no existe vida, donde no se da fruto. Ese es el lugar donde ahora está refugiado Mefiboset. Es un lugar a las afueras de lo que hoy es Palestina; es un lugar triste.

La vida de Mefiboset es este lugar donde ahora él se encuentra. Y, decíamos, ha estado ahí por más de 15 años, y él ha estado escondiéndose todo este tiempo. Él ha estado con temor en su corazón por ser descubierto, porque él sabe que si el rey se entera que él está vivo, su vida corre peligro. Este es el escenario donde se ha desenvuelto, desde su niñez hasta ahora ser adulto, Mefiboset: un lugar que no le correspondía, un lugar estéril, un lugar triste, lleno de miedo en su corazón, lleno de miedo por ser descubierto, de que le sea cumplida la condena que tenía en aquel tiempo, que era morir por ser de una dinastía opuesta.

El rey te ha mandado llamar

Ya tenemos ahora el panorama completo de cómo se desenvuelve esta historia. Imaginen esto: el rey David, en todo su poder, en toda su majestad, es aquel que ha sido ungido por Dios, es aquel que tiene poder para hacer cualquier cosa en el pueblo de Israel, y ahora está preguntando por Mefiboset. Y la Biblia tampoco describe a detalle cómo fue este suceso, cómo fue que enviaron a traerlo. Quizás fue específicamente Siba el que llegó… el que llegó a Lodebar y comenzó a preguntar por Mefiboset, un lugar donde quizás había más gente como él, gente refugiada, gente escondida, gente que estaba acostumbrada a que nada pasara. Y de repente llega una comitiva real y está buscando a Mefiboset.

Imaginen toda esta escena, cómo está desenvolviéndose a su alrededor. Siba seguramente, al estar delante de Mefiboset, no le dijo: "¿Quieres o no quieres ir delante del rey?". No le dio la alternativa, porque él estaba cumpliendo una directriz que le había dado también. Seguramente lo único que hizo es decirle: "Mefiboset, el rey te ha mandado llamar". Y lo tomaron, y lo cargaron, y lo subieron a la carroza real, y entonces lo llevan de vuelta a casa del rey.

¿Pueden imaginar todo lo que pasaba por la cabeza y por el corazón de Mefiboset rumbo a casa de David? El momento que había tratado de evitar durante tantos años se había cumplido: había sido descubierto. Y entonces ahora está siendo llevado delante de la presencia del rey. Y entonces Mefiboset está ahora delante de la presencia de David, y es importante resaltar qué es lo primero que hace Mefiboset. El versículo 6 nos lo dice: "Y vino Mefiboset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia". La Palabra nos dice que lo primero que hizo Mefiboset fue literalmente tirarse al suelo y poner su rostro sobre el piso en un acto de reverencia. ¿Por qué resalta esto el autor? ¿Cuál era la condición de Mefiboset? Él estaba lisiado de los pies. Una persona que está lisiada de los pies y se tira al suelo sabe que inmediatamente no podrá levantarse sin ayuda. Y aun así nos dice la Palabra que Mefiboset se tira al suelo y pone su rostro en el piso en un acto de reverencia, un acto de sumisión de un siervo ante su rey.

"He aquí tu siervo"

Iban a tener que venir a ayudarle para volverlo a parar, pero eso no le importa a Mefiboset, y se tira al suelo Mefiboset. Cuando David le pregunta: "¿Eres tú Mefiboset?", él responde: "He aquí tu siervo". Y esta escena, si se la tratan de imaginar con detenimiento, es dramática. Mefiboset está ahí en el suelo, hincado, arrodillado, quizás no está viendo a la cara al rey, y él le dice: "Estoy aquí; yo soy tu siervo". Pero quizás, mientras le decía eso, lo que estaba pasando por la cabeza de Mefiboset es que alguien venía detrás y estaba dispuesto a cortarle la cabeza.

Él tenía una condena, y era una condena de muerte. ¿Imaginan las pulsaciones del corazón de Mefiboset? ¿Se imaginan el miedo que ha de estar teniendo? Aquel rey del cual se había escondido durante tantos años ahora lo tiene de frente, y sabe que el propósito de este rey debería ser acabar con la dinastía del reino anterior; es decir, acabar con su vida. Quizás está pensando que estas palabras que pronuncia, "He aquí tu siervo", sean las últimas palabras que ha de pronunciar.

"No tengas temor"

Pero entonces, en el versículo 7, se muestran las primeras palabras y majestuosas palabras que dice David a Mefiboset: "Y le dijo David: No tengas temor". Estas son las primeras palabras que David le dice a una persona que estaba condenada a muerte: "No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor a Jonatán tu padre". Ese pacto del cual hablábamos, ahora es donde muestra su relevancia. David está en todo su derecho, como rey, de acabar con la dinastía que podría poner en peligro su reinado. Pero él recuerda en algún momento este pacto que hizo y, más allá de cumplir con lo que debería hacer, su deber, él muestra misericordia a Mefiboset y le dice: "No tengas temor".

Y no es que David esté sintiendo lástima por Mefiboset y dice: "No, no, no voy a cumplir lo que hago porque, velo, está lisiado, no puede defenderse, ha sufrido durante tantos años; ya ha sufrido mucho, merece otra oportunidad". No es lástima lo que está teniendo David por Mefiboset; es misericordia y gracia pura. Es el cumplimiento de un pacto que mucho tiempo atrás había hecho con su mejor amigo, Jonatán. David le dice: "Yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre".

David no le está dando a Mefiboset lo que él merece, porque lo que él merecía —merecía, perdón, con base en las costumbres de aquel tiempo— era la muerte. No le está dando lo que merece; le está dando una nueva oportunidad por gracia. Pero aún va más allá: no solamente le perdona la vida, sino que dice: "Te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre". Y aún todavía va más allá. Le da algo mucho más grande, le da algo mucho más amoroso, algo que muestra todavía más gracia. Le dice: "Y tú, Mefiboset, comerás siempre a mi mesa".

Siempre a la mesa del rey

David sigue recordando ese pacto que hizo con Jonatán. Algunos comentaristas mencionan que quizás pudo tener nostalgia al estar viendo al hijo del que era su mejor amigo, y quizás algún dejo había del parecido que tenía con su padre en el rostro de Mefiboset, en que él encuentra algo de nostalgia. Pero en ese momento le dice: "Tú has de comer siempre conmigo; siempre estarás conmigo, a mi mesa". Y este acto de David, decía, no muestra lástima por alguien; al contrario, muestra amor, muestra cercanía. Nosotros compartimos la mesa regularmente con quienes tenemos cercanía; es donde platicamos juntos, donde tenemos intimidad.

Y David le dice a Mefiboset que esto será para siempre. Imagina en esta escena: él merecía la muerte, y ahora está siendo invitado a la mesa del rey. Y no solo invitado a sentarse a la mesa del rey, sino que para siempre lo hará. ¿Imaginan a David en el desayuno, en la comida, en la cena, diciéndole: "¿Cómo te ha ido, Mefiboset? Cuéntame, quiero saber más de ti, quiero conocerte, quiero tener una relación contigo"? Esto es lo que está recibiendo ahora Mefiboset.

"Un perro muerto como yo"

Y llega el versículo 8, y debo reconocer que particularmente este versículo es el que más me gusta. Es la reacción ante esta paga de lo que no merecía, que recibe Mefiboset de David; es la reacción que ahora tiene. Versículo 8: "Y él, inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?". Eso es lo que le dice Mefiboset a David: "¿Quién soy yo ahora para que tú me mires? Y soy un perro muerto". Mefiboset está reconociendo cuál es la condición que él tiene delante del rey.

Mefiboset reconoce y recuerda cuál era la condición en que él estaba y la situación en la que se encuentra actualmente. Él es una persona lisiada, una persona que se escondió por años, una persona que vivió avergonzada toda su vida. De hecho, su nombre significa eso: "disipador de vergüenza". Seguramente durante mucho tiempo, por causa de su condición, mucha gente se burló de él todo el tiempo. Él recuerda que era alguien que necesitó de ayuda toda su vida; era alguien que, recuerda, vivió atemorizado durante todo el tiempo.

Era alguien que no vivía, sino que solamente trataba de sobrevivir cada día; era alguien que estaba condenado a muerte. Y entonces por eso él se compara ahora con un perro muerto: alguien que no tiene valor. Inclusive ahora, en nuestros días, nos hemos vuelto tan insensibles ante un animal que ya se ha muerto así. Y esa es la imagen que elige Mefiboset para describirse a sí mismo y para describir su condición. Él no se siente digno de escuchar lo que ha escuchado, ni digno de recibir lo que ha recibido: perdón, misericordia, gracia, comunión, una relación con el rey. Y no se siente digno simplemente de estar delante del rey.

Mefiboset no lo puede creer. Es hermosa la reacción que está teniendo. ¿Y qué pasa inmediatamente? David dispone a Siba que restablezca todo lo que era de Mefiboset. Inclusive parece como que no le hace tanto caso a lo que dice, y manda a traer a Siba y le dice: "Restaura todo lo que es de él; dale todo lo que era de su padre, las tierras, y permítele que él coma siempre delante de mi mesa". Y Siba obedece lo que le dice su rey, lo que le dice David.

Como uno de los hijos del rey

Pero agrega una frase interesante al final del versículo 11, que dice: "Mefiboset, dijo el rey, comerá a mi mesa", y la frase dice: "como uno de los hijos del rey". El autor quiere que sepamos cuál era la condición que ahora tiene Mefiboset, no solamente delante de David, sino delante de todos los demás. Es el lugar que ahora tomará Mefiboset: él será adoptado como un hijo más. Él no será un invitado casual; él será un hijo más, sentado a la mesa con Salomón, con Absalón. Esta es la condición que ahora está teniendo Mefiboset.

Y finalmente, en la conclusión de la historia, se nos dice que Mefiboset tenía un hijo llamado Micaía, y que, como dijo David, vivió todo el tiempo comiendo en su mesa y teniendo una comunión con él. Pero es interesante cómo termina completamente el capítulo. El último párrafo nos dice al final: "Y estaba lisiado de ambos pies". El autor no quiere que perdamos de vista esto; aun cuando es el final del capítulo, dice: "Y estaba lisiado de ambos pies". Y esto no es poca cosa. Lo que quiere que nos demos cuenta el autor es que, aun con este cambio de condición en la vida de Mefiboset, él iba a necesitar ayuda para toda la vida. Él iba a comer en la mesa del rey, pero quizás, aun estando ya en una habitación dentro del reino de David, en algún momento alguna comitiva real tendría que ir a su habitación y decirle: "¿Ya estás listo, Mefiboset?". Y entonces lo tomarían, y lo cargarían, y lo llevarían a la mesa. Y quizás delante de la mesa del rey la condición de Mefiboset pasaría desapercibida, porque el mal que él tenía en sus piernas no era visible estando sentado a la mesa, junto con todos sus hermanos, junto con David. Pero él siempre iba a recordar que, una vez que se alejara de esa mesa, una vez que él se alejara de la presencia del rey, esta condición que lo mantenía lisiado iba a revelarse.

Y es importante para el autor resaltar eso. No quiere que olvidemos que él toda su vida mantendrá esta condición, pero que delante del rey, estando en su presencia, esta podría pasar desapercibida. Mefiboset, pensaba, debió llorar muchas veces recordando lo que era y lo que ahora es, pero lloraba muchas veces identificando la gracia que ahora tiene. Y esta es la característica de esta historia: una historia llena de amor, una historia llena de misericordia, una historia llena de gracia. Este es el panorama completo de esta historia.

¿Qué tiene que ver esta historia conmigo?

Y cada vez que leemos una historia como estas a lo largo de la Biblia, es imprescindible que nos preguntemos: ¿Qué tiene que ver esta historia conmigo? ¿Por qué estoy leyendo yo, en este momento, esta historia? Y tenemos que hacernos esta pregunta porque esa historia no nada más es un cuento que puede contarse, valga la redundancia, una y otra vez sin tener un propósito. Esta historia, como todas las que están descritas a través de la Biblia, tiene un propósito mayor, tiene un propósito eterno. Esta historia en particular tiene como finalidad invitarnos a ver lo que Cristo ha hecho por nosotros.

Hablábamos de la promesa que Dios hizo a David, de que alguien de su linaje iba a reinar y que su reinado sería por siempre, para la posteridad. Ese descendiente del cual está hablando esta promesa que Dios le hace a David es Jesús, y esta historia está apuntando precisamente a este hombre, a Jesús: un hombre que, siendo Hijo de Dios y Dios mismo, bajó a esta tierra. Y bajó a esta tierra humillándose, dejando su condición y su majestad para venir a este mundo como un hombre. Él nació de una mujer y fue, como dice la Palabra, del linaje de David.

Y vino a este mundo con un propósito mayor que ser solamente un maestro, que ser un revolucionario, que ser alguien que curaba personas o que hacía milagros; inclusive, un propósito mayor que ser alguien que resucitaba a gente físicamente de la muerte, como Lázaro. El propósito de Jesucristo fue pagar la condena a muerte que estaba sobre mí, una condena a muerte que yo era merecedor de tenerla por causa de mi pecado, una condena que yo no habría de poder pagar nunca, sin importar lo que pudiera hacer, sin importar mis buenas obras. Y entonces fue posible que, a través de la misericordia y de la gracia de Jesús, esa ira que tenía que ser pagada —porque si no, Dios dejaría de ser justo— fuera pagada en la cruz, con la crucifixión de Jesús.

El evangelio en Isaías 53

Isaías 53:4-5 lo describe de esta manera: "Ciertamente él llevó nuestras enfermedades —se refiere a Jesús—, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido". Y sí, Dios lo hirió y lo afligió, y Él depositó sobre Su propio Hijo toda Su ira para que entonces nosotros pudiéramos ser salvados de pagar esa condena. Y dice: "Pero él fue herido, traspasado por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades" —sí, se refiere a nuestro pecado—; "el castigo, por nuestra paz, cayó sobre él". Para que yo pueda tener paz, para que yo pueda reconciliarme con Dios, alguien tuvo que recibir el castigo, y ese fue Jesucristo. Y dice al final: "y por sus heridas hemos sido sanados".

Este es el propósito de Jesús, que vino del linaje de David. Este es el evangelio, cuyo significado son buenas noticias, y en realidad son buenas noticias. De esto trata esta historia, y de nada más. Y esto es lo que hoy quiero que se lleven. Otra cosa: esta historia nos apunta al evangelio, la noticia más hermosa que podríamos recibir. En principio, que estábamos enfermos, y enfermos de muerte, por causa de nuestro pecado. Aun cuando esa revelación en nuestra vida puede hacer un shock y puede hacer algo que nos aferremos a no creer, pero es verdad.

Y después de esa noticia, nos muestra la cura a esta enfermedad, una cura que no puede venir de nosotros de ninguna manera, que no existe en nosotros la capacidad para poder curarnos; solamente a través de Jesucristo.

Jesús, el Rey de reyes

Leíamos precisamente en esta historia acerca de un rey. Esta historia está apuntando no al rey Saúl, no al rey David; está apuntando a un rey que, decíamos, ha de reinar por la eternidad. Jesús es ese rey. Jesús es el Rey de reyes, quien ha prometido, según la Palabra, venir por segunda vez y reinar con Su pueblo, con aquellos que han creído en Él, por toda la eternidad.

1 Timoteo 6:4 describe, cuando Pablo está hablando de Jesucristo: "la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores". Apocalipsis 1:5 dice: "Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Aquel que nos ama y nos libertó de nuestros pecados con su sangre". Apocalipsis 17:14 lo describe así: "Estos pelearán contra el Cordero" —Jesucristo es el Cordero—, y dice: "y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados, escogidos y fieles".

Y noten qué tipo de rey es Jesús. En esta historia no fue Mefiboset el que buscó a su rey; fue David quien buscó a Mefiboset. Y lo mismo sucede con Jesús. ¿Nosotros nos vamos y buscamos a Jesús? Jesús no está perdido; nosotros somos los que estamos perdidos. Él viene y nos busca a nosotros, no al revés. Juan 15:16 dice: "Ustedes no me eligieron a mí; yo los elegí a ustedes". No podía existir amor en nuestros corazones por Dios si no es que Él antes nos amara.

Este es el tipo de rey que es Jesús: un rey que, por causa de mis pecados, por causa de mi rechazo, por causa de todo el tiempo que estuve rebelándome en contra de Él, fue crucificado en un madero. Y aquellos que lo crucificaron en el madero son a los que Jesús busca, y les dice: "A través de Mí puedes reconciliarte con Mi Padre". Este es el tipo de rey que es Jesús.

Todos somos Mefiboset

Otra de las cosas que podemos ver y aprender en esta historia es que todos, absolutamente todos, somos Mefiboset. Mefiboset, decíamos, es un nombre que tiene un significado en la Biblia que dice: "difunde vergüenza". Génesis 3:7 dice: "En ese momento se les abrieron los ojos, y de pronto sintieron vergüenza por su desnudez. Entonces cosieron hojas de higuera para cubrirse". En el momento en que el hombre pecó, conoció la vergüenza. Y en el momento en que cada uno de nosotros reconocemos que el pecado vive en nosotros, al igual que Mefiboset, nos llenamos de vergüenza de saber que por nuestros actos hemos sido egoístas, orgullosos.

Y ese orgullo ha llevado a que busquemos solamente glorificarnos a nosotros mismos, a seguir nuestro corazón. Y nos damos cuenta de que a causa de esto hemos devastado tanto y hemos dañado a tantas personas. Pero, sobre todo, la vergüenza principal recae en que, cuando nos damos cuenta de nuestro pecado, nos avergonzamos de que estamos alejados de Dios. Todos somos Mefiboset. Mefiboset vivía escondiéndose del rey; si no reconocemos que Jesús es nuestro Señor, vivimos en esa condición, escondiéndonos todo el tiempo del rey. Yo viví mucho tiempo escondiéndome del rey, más años que Mefiboset.

¿Y saben por qué lo hacía? Por miedo. Porque era más fácil querer creer que no existía Dios, porque si no existía Dios, entonces no tendría que estar un día delante de Su presencia; y si no tendría que estar delante de Su presencia, entonces no tendría que recibir la condena que merezco por causa de mis pecados. Y mucho tiempo corría, escondiéndome de Dios, por temor a estar delante de Él y recibir la condena que yo merecía.

Lisiados por el pecado

Mefiboset estaba lisiado. Todos, absolutamente todos, estamos lisiados por causa de nuestro pecado. Romanos 3:23 lo describe de esta manera: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios". Romanos 3:11 dice: "No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios". Mefiboset estaba lisiado de sus pies y no podía caminar y acercarse al rey. Nosotros estamos lisiados en nuestro corazón por causa de nuestro pecado.

Esa es la condición que no nos permite acercarnos al Rey, porque el Rey es soberano, es majestuoso, es justo, pero es santo y no puede soportar el pecado. Y nuestro pecado nos convierte en personas inválidas para poder caminar y acercarnos a Dios. Y es entonces que necesitamos ayuda para acercarnos, y es Jesucristo quien provee esa ayuda. Todos estamos lisiados; todos somos Mefiboset.

Condenados a muerte

Mefiboset estaba condenado a muerte. Romanos 6:23 describe esto de manera muy clara: "La paga del pecado es muerte". Y no se refiere únicamente a la muerte física —todos hemos de morir, creyentes o no creyentes—; se refiere a la muerte eterna, se refiere a la condena al infierno por la eternidad. Esa es la condena que está sobre nosotros por causa de nuestro pecado.

Mefiboset se describe como un perro muerto. Colosenses 2:13-14 dice: "Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados. Entonces Dios les dio vida con Cristo, al perdonar todos nuestros pecados. Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó, clavándola en la cruz". Esta es nuestra condición; estos somos nosotros. Y no tiene que ver esta parte con que seamos creyentes o no; esta es nuestra condición, la de todos.

Regresar siempre al evangelio

Si hemos aceptado a Jesús, entonces ahora tenemos una oportunidad para relacionarnos con el Padre. Pero el evangelio no es como un cuadro que se adquiere, que se enmarca y que se pone en una pared y que se olvida; es algo que constantemente tenemos que estar recordándonos una y otra vez. Nosotros tenemos esa condición y vive en nuestro corazón. La Palabra dice que nuestro corazón es más engañoso que cualquier otra cosa. Y es por eso que elegí este título, porque me permite recordar este pasaje una y otra vez, adónde se puede regresar cuando las cosas empiecen a perderse dentro de mí, al dejar de ver dónde debo… al dejar de ver quién es Jesucristo. Este pasaje irremediablemente te regresa a ese lugar.

Y entonces recibimos esa hermosa noticia: mi muerte ha sido perdonada por gracia. Yo merecía la muerte, yo estaba condenado, y de repente ahora la redención más maravillosa que podría imaginar se presenta a mi vida, como se presentó a Mefiboset. Jesús pagó nuestra cuenta; Jesús nos llama ahora a Su presencia. Juan 3:15 al 17 dice: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo". Ya estábamos condenados; Jesús no vino para condenarnos. Jesús vino, dice, "para que el mundo sea salvo por él".

Y el versículo 15 describe cómo… cómo podemos ser salvos: "para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Y ese es el regalo, hermanos, que nos da Jesús. Nuevamente, ese es el evangelio.

Hijos del Rey

Y gracias a este regalo es que ahora yo, al igual que Mefiboset, tengo la oportunidad de ser adoptado y de ser un hijo del Rey. No alguien más que está siendo invitado y que quizás se ha visto un poco como alguien extraño o como alguien diferente; no, la Palabra dice que soy un hijo del Rey, gracias a la adopción que fue permitida por el sacrificio de Jesús. Juan 1, versículo 2 y 13, dice: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". Y el versículo 13 dice: "los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios".

Dice: "no son engendrados de sangre": no soy cristiano porque mi papá es cristiano y entonces ya heredé la salvación. Dice: "ni de voluntad de carne": no se trata de algo que yo quiera, que tengo que hacer para ser cristiano y para ganarme la salvación. No puedes, estás lisiado, ¿lo olvidas? No hay nada en ti. Por último dice: "ni de voluntad de hombre": nadie puede darte ese regalo, como si compraras indultos. No puede venir el Papa o un padre a bendecirte y decir: "Ya eres salvo; reza esto y has ganado la salvación". Dice: solamente a través de Dios, por medio de Su Hijo Jesucristo.

La misericordia de Dios hoy

Hoy tal vez algunos de los que estamos aquí no creamos esto, pero inclusive sin creerlo, en este momento están todos los que están presentes recibiendo misericordia de Dios simplemente por escuchar este mensaje. Dios está mostrando misericordia a tu vida. 2 Pedro 3:9 dice: "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros", y nos dice por qué: "no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento". Al escuchar el evangelio, independientemente de quién lo escuches, independientemente de dónde lo escuches, estás recibiendo misericordia de Dios. ¿Para qué? Para que no perezcas. ¿Para qué? Para que te arrepientas. ¿Para qué? Para que reconozcas que eres un pecador y entonces puedas, a través de Jesús, reconciliarte con Él.

No importa que le creas o no; Él no cambia, y no actúa con base en lo que tú haces. Él sigue siendo misericordioso. Lamentaciones 3:22-23 dice: "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad". Nuevamente, es solamente porque Él no lo ha querido que hoy tú no estás muerto y estás escuchando el evangelio: porque Él así lo quiere, porque grandes son Sus misericordias, porque a pesar de lo que tú eres, Él es paciente, Él es amor.

Y muchas personas quizás digan: "Bueno, si Él es todo amor, entonces no importa lo que haga. Ya cuando esté delante de Su presencia le voy a decir: 'Oye, Dios, yo hice muchas cosas, ayudé a la gente, fui buena onda con todos'". Pero eso no importa; eso no te va a ayudar, porque estás lisiado, ¿lo olvidas? Nada de lo que hagas, proviniendo del pecado, puede agradar a Dios. Desiste de esa idea. Solo a través de Cristo, creyendo en Él, buscándolo a Él, es que puedes encontrar salvación.

Sentarnos a Su mesa

Y mi deseo y mi oración, de verdad se los digo en amor, es que ustedes —repito, no importa si son creyentes, no importa si no lo son, este mensaje es para todos—, mi oración es que ustedes puedan identificarse hoy con un perro muerto. Que Dios pueda darles a su corazón la humildad de reconocer que han estado equivocados todo este tiempo, y que el pecado vive en nosotros, que por causa de este pecado estamos lisiados y no podemos acercarnos a Dios, y que esto de manera automática nos pone en una condena delante de Él, una condena que nos pone durante toda la eternidad, una vez que hayamos muerto, en el infierno. Y que solamente es a través de Jesús, de Su gracia y de Su misericordia, por lo que Él hizo en la cruz, que podemos tener una comunión íntima con Dios nuevamente, sentándonos a Su mesa y aceptando Su invitación.

Dios realmente ama a Su pueblo, y eso es verdad. Pero también es verdad que no hay nada en nosotros que nos haga dignos de ese amor. Él nos salva a nosotros por causa de las promesas a Su Hijo Jesucristo y de Su amor hacia Él. Esta es una bendición para nosotros: no hay nada en nosotros, solamente Cristo. Solamente por el amor que Dios le tiene a Su Hijo es que nos salva a nosotros en Cristo. Porque si nosotros creemos en Cristo, y debido a que Dios nos ama en Cristo, entonces vamos a poder tener la seguridad para siempre de que nadie, inclusive nosotros mismos, podremos apartarnos de Su amor. Agradezcamos, hermanos, esta redención que no merecemos y que hemos obtenido únicamente por gracia. También a…

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