Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

1 Cor. 2:1-5Jairo Namnún

Cristo o Nada

Transcripción

Saludos desde Santo Domingo

¿Cómo se sienten? Bien, bien, gracias a Dios. Les paso saludos de mi congregación, la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, República Dominicana. Les envían saludos, y les enviamos también abrazos desde lejos, y ahora desde aquí, desde cerca. Hace unos cuatro o cinco meses yo estuve por aquí con mi esposa. Llegamos a eso de las tres de la tarde, porque el avión llegaba a ese momento, y pasamos y vimos el lugar, y estaba más o menos como ahora, pero sin aquellas puertas; igual de lleno. Y yo le decía a Nathan en aquel momento: "Nathan, ustedes tienen que empezar un segundo servicio, porque yo creo que el Señor va a querer seguir trayéndoles más ovejas, y pues no caben". Y según me entero, prontamente van a empezar ese segundo servicio. Creo que va a ser de bendición del Señor.

Y como Nathan no me dijo nada, ni tiene nada que ver esto que voy a decir, les digo: prepárense. Hay cosas que van a tener que dejar; van a tener ciertas incomodidades por un momento, y van a sentir que la iglesia está muy grande: "Antes nos conocíamos todos". Eso es parte de la bendición de poder servir al Señor, y ver a otros venir al Señor, y ver a otros ser alimentados por el Señor. Así que prepárense para esos cambios que vienen; son todos buenos. Este es un aviso que viene totalmente de Jairo; no tiene nada que ver con ninguno de sus pastores. Perdóneme, don Paco, que no le dije que le iba a decir esto. Prepárense. Creo que será muy, muy bueno.

Comer y hablar

Y esa era mi introducción general. Ahora, mi introducción al texto. Miren qué sucede, amados. Yo soy dominicano, como podrán ver por el acento; no soy de aquí. Pero yo estoy cien por ciento seguro de que hay algo que a ustedes, los cristianos, les encanta hacer aquí —los cristianos de México—: dos cosas: una es comer y la otra es hablar. Como los cristianos no andamos que vamos al antro, ni andamos bebiendo, ni bailando, ni fumando, ni nada de eso, los cristianos sí hacemos muchas comidas, y nos juntamos a cenar, y a comer, y a desayunar. Y bueno, por lo menos así es en Dominicana; me imagino que aquí también. Jonathan, ¿qué tal? ¿Aquí también se reúnen a comer bastante? ¿Cierto? Así es.

Nuestro Maestro era igual. Nuestro Señor Jesús era igual. De hecho, ¿no era esa la acusación que una y otra vez recibía? Que Él andaba comiendo, que era un glotón, que era un fiestero, porque andaba de casa en casa cenando. Lo que los fariseos no notaban, porque no querían notarlo, es que una y otra vez esas cenas y esos almuerzos se convertían en aulas de clase. Se sentaban ahí a comer, y en medio de esa comida, de las más hermosas historias y las más hermosas enseñanzas que tenemos en los evangelios ahí ocurrían. Y si nosotros estamos despiertos, si prestamos atención, casi cualquier cena, comida o desayuno puede volverse un lugar de aprendizaje, ¿no es cierto? Puede ser algo más trascendental que un momentito donde comimos algo y gozamos un poco.

¿Será cristiano de verdad?

Pues hace unos meses yo estaba sentado con un grupo de hermanos de nuestra iglesia, de la IBI, y en esas nos pusimos a hablar; comer y hablar, lo que todos los cristianos hacemos. Y alguien trajo a colación la historia de un famosísimo cantante, a quien no voy a nombrar, que recientemente decía haberse convertido, que recientemente había aceptado al Señor, decía él. Como pasa con los artistas que se convierten, de inmediato empezó la pregunta: "¿Será cristiano de verdad? ¿Se habrá convertido de verdad?". Buscando en YouTube —¿aquí le dicen YouTube?—, en YouTube caímos en el testimonio de este cantante.

Y ahí él contaba que él estuvo en un hospital —a él le encanta ir a hospitales de niños cuando va a visitar un país—, y estuvo en un hospital y se encontró con un niño que estaba en una condición terrible. El niño tenía cinco infartos cerebrales cada día. La madre y el padre de este infante estaban angustiados. Él dice que mientras estaba ahí no pudo contenerse, y se fue al hotel a llorar, comenta el cantante. Pero luego, poquito tiempo después, él se enteró de que el niño había sanado.

Y como le pasa al ateo —dice un ateo muy conocido que el momento más difícil para un ateo es cuando quiere dar gracias y no sabe a quién—, pues así le pasó a este cantante, que no era creyente: él no supo qué hacer cuando se enteró de este niño y de su sanación. Y él fue donde su esposa; su esposa lo llevó donde su pastora, y él le dijo a la pastora: "Yo quiero recibir a Jesús en mi corazón". Y la pastora le dijo: "Pues dile a Dios que llene tu corazón". Y el cantante dice: "Eso hice, y ahora soy cristiano".

Cristo brilla por su ausencia

Luego que vimos el testimonio, todos concluimos lo mismo: puede ser. Puede ser que haya conocido al Señor; puede ser que su conversión sea genuina. Nosotros no sabemos, porque son los frutos los que te dejan ver. Por lo que oímos, pudiera ser. Pero lo lamentable es que solamente nos podemos quedar en "puede ser", porque luego de esta conversión, si tú escuchas sus canciones cristianas, Cristo brilla por su ausencia. Y no sé si eso pasa también aquí, pero eso pasa muchísimo en Dominicana: que artistas famosos se convierten y hacen canciones cristianas, y son tan generales... Hablan de Dios, pero ¿qué dicen de Dios? Hay poca Biblia y hay muy poco Cristo.

Una vez más, nosotros no estamos en el corazón de cada quien; nosotros no podemos saber qué pasa en el corazón de la gente. Pero de la abundancia del corazón habla la boca. Y debido a la ausencia de Cristo en este cantante y en tantos otros, puede ser que sean cristianos, puede ser. Porque, mis hermanos, para que alguien sea cristiano, Cristo tiene que estar presente, Cristo tiene que notarse, tiene que brillar, tiene que ser el centro, tiene que ser la cabeza, tiene que ser los pies, el fundamento, la vida. Si tú eres cristiano, tú hablas de Cristo, tú vives a Cristo, tú piensas en Cristo, tú gritas a Cristo, tú vives como Cristo.

Un pastor estadounidense, Paul Washer, dice en su famoso mensaje que es imposible encontrarse de frente con un camión a 150 kilómetros por hora y que no haya cambios. Y eso es lo que sucede cuando personas dicen creer en Cristo y luego Cristo brilla por su ausencia.

Lectura: 1 Corintios 2:1-5

Con eso en mente, yo les pido que me acompañen, por favor, a la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios. 1 Corintios, capítulo 2; vamos a estar exponiendo del versículo 1 al versículo... 1 Corintios, capítulo 2, versículos 1 al 5. Esta es la Palabra del Señor: "Cuando fui a vosotros, hermanos, proclamando el testimonio de Dios, no fui con superioridad de palabra o de sabiduría. Pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y con temor y con mucho temblor; y ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios".

Oración

Señor Jesús, nosotros venimos delante de Ti, necesitados de Ti. Tú dejaste a tu Espíritu, Señor. Tú dijiste que convenía que Tú te fueras, porque tu Espíritu entonces vendría y nos guiaría a toda verdad. Nosotros estamos necesitados de Él hoy, Señor. Sé, por favor, con quien va a predicar; ilumina su mente, Señor. Ayúdale a ver el pasaje de una manera más clara; ilumina sus palabras; ayúdale a exponer el pasaje de una manera más clara. Y sé con quien ha de escuchar, Señor. Abre su corazón, abre sus oídos para escuchar tu Palabra, Dios, y que no solamente seamos oidores todos nosotros, sino que podamos ponerla en práctica, Señor. Oh, Señor Jesús, por favor, te pedimos que al salir de aquí de ninguno de nosotros se diga "puede ser que sea cristiano", sino más bien que nuestra vida, nuestros labios, todo lo que somos, Señor, sea completamente tuyo y para tu gloria. En tu nombre oramos, Jesús. Amén.

Un hombre obsesionado con un solo tema

Y amén. Amados, el pasaje que leímos aquí en 1 Corintios es uno donde no hay "puede ser". Es uno donde no cabe duda. En el apóstol Pablo nosotros encontramos una guitarra que solo sabe dar un acorde, un niño que solo sabe jugar con un juguete, un hombre que está obsesionado con un solo tema. Si Pablo se cortaba y sangraba, de sus venas brotaba Cristo. Y por eso Pablo llega a los corintios y dice: "Yo llegué donde ustedes hablando una cosa, sabiendo una cosa, mostrando una cosa, dependiendo de una cosa: Cristo Jesús".

Así que vamos a desempaquetar este pasaje; vamos a verlo por pedacitos, sabiendo que mucho se nos va a quedar fuera. Pero a mí eso me da tranquilidad, porque esa es la hermosura de la Palabra de Dios y del evangelio: vamos a meternos de lleno aquí, y luego vamos a tener la eternidad completa para seguir entrando de lleno aquí y seguir conociendo las maravillas de nuestro Señor.

Cómo empezó la relación

Así que nuestro pasaje inicia con un recordatorio de cómo empezó la relación entre Pablo y la iglesia de Corinto. Si leyeron aquí, por lo menos aquí en Las Américas, empieza diciendo: "Cuando fui a vosotros". Acuérdense de que la Biblia no se escribió por capítulos ni por versículos. Este es el mismo principio de la carta, como el tercer párrafo de una carta bien extensa, y Pablo está diciendo, iniciando la carta: "Miren, yo quiero que ustedes recuerden cómo fue que nuestra relación inició".

Eso es importante, porque cómo uno inicia una relación en la fe es de vital importancia. De hecho, el año pasado yo estuve en el norte de aquí de México, en Monterrey, con unos hermanos que decían que ellos tenían una increíble idea para atraer más personas a la iglesia. Ellos habían contratado varios grupos seculares de música; iban a hacer una serie de conciertos por dos días, de música secular, no de música cristiana. Y luego, al final del segundo día de música, ellos iban a hacer un llamado a conversión. Y yo no sabía ni cómo responderles.

¿Qué tú crees que van a esperar esos inconversos si un día van a la iglesia? Más conciertos, porque eso fue lo que fueron: ellos recibieron 24 horas de música secular, y al final les dijeron: "Mira, recibe a Jesús en tu corazón". Cuando ellos vayan a la iglesia el próximo domingo, ellos quieren 24 horas más de música secular. Porque con lo que tú ganas a la gente es para lo que tú ganas a la gente. Gana a la gente con el evangelio, y tú la ganas para el evangelio. Gánala con técnicas y música secular, y tú la vas a tener para que haya más técnicas y más música secular.

"Nada me propuse saber... excepto a Jesucristo"

Pablo, entonces, no menciona ningún concierto; Pablo no menciona ninguna buena técnica; Pablo no menciona ninguna buena forma. Los primeros dos versículos nos dicen: "Cuando fui a vosotros" —recuerden cómo inició nuestra relación, corintios—, "cuando fui a vosotros proclamando el testimonio de Dios, no fui con superioridad de palabra ni con superioridad de sabiduría. Pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y este crucificado".

Hermanos, Pablo llega a esta ciudad hermosa, la ciudad de Corinto, una ciudad rica, con belleza, con muchos sabios y filósofos, y él llegó hablando disparates. Pablo llegó a esta hermosa ciudad y les cuenta a esta gente, que es tan conocida y con tanto dinero: "Hay un solo Dios, no todos los que ustedes están viendo. Y en su amor, ese Dios envió a morir a su único Hijo, quien también es Dios, por nosotros, por ustedes, para que si se arrepienten de sus pecados y creen en Él, puedan recibir vida eterna".

Ese mensaje nosotros estamos acostumbrados a oírlo, pero ese mensaje es una locura, es necedad para el que no cree. Para el corintio, una total basura, palabrería. Pero nosotros sabemos que para el que cree, ¿qué es? Poder de Dios.

Antes de Corinto: Tesalónica, Berea y Atenas

Lo interesante es que tenemos la bendición de ver por qué Pablo empezó así. El libro de los Hechos, que es el libro que ustedes están observando, el capítulo 18 nos narra el inicio de la iglesia en Corinto. Pero para entender este inicio, acompáñenme a Hechos, capítulo 17, por favor. El libro de los Hechos, capítulo 17, nos narra lo que pasó inmediatamente antes de que Pablo llegara a Corinto. Y el texto inicia diciendo que Pablo está en Tesalónica. El capítulo 17 lo vamos a estar pasando por arriba. Y en el versículo 2 nos menciona que Pablo hace lo que él está acostumbrado a hacer, y es predicar a Cristo. Eso es lo que él siempre hace.

Pero como eso es locura y necedad, a Pablo sucede que lo sacan a patadas de Tesalónica. Aunque, como es poder de Dios, él también presencia muchas conversiones. Excelente: sacaron a Pablo, pero él dejó conversos, y de hecho, como sabemos, deja una iglesia allí. Entonces Pablo llega a Berea. ¿Y adivinen qué hace en Berea? Pablo empieza a predicar el evangelio. ¿Y qué sucede cuando empieza a ganar discípulos? A Pablo lo sacan a patadas de Berea. Pero como el evangelio es poder de Dios, ¿adivinen qué sucede también? Que hubo cristianos allí, y allí se forma otra iglesia.

Pablo sale de ahí, y a la mitad del capítulo 17 él llega a Atenas, ciudad principal en Grecia, donde estaban los filósofos. Y entonces el versículo 16 nos dice: "Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía dentro de él al contemplar la ciudad llena de ídolos". Pablo llega a Tesalónica, predica el evangelio, lo sacan. Pablo llega a Berea, predica el evangelio, lo sacan. Pablo llega a Atenas, y desde que llega él encuentra una ciudad sumergida de ídolos. ¿Y qué sucede en su corazón?

¿Todavía nos duele el pecado?

Yo no sé si a ustedes les ha pasado, pero a mí, una y otra vez, yo me encuentro con dolor al ver cómo Pablo reaccionaba ante el pecado del otro. Pablo ve el pecado allá y su espíritu se enardece. Yo veo el pecado y como que ni le hago caso. ¿Será que ya no nos duele, que nos acostumbramos, que ignoramos el pecado? Vemos a las personas perdidas y no nos importa; vemos cómo ofenden a Dios y no le hacemos caso. No sé. Pero lo que pasó con Pablo es que su espíritu se enardeció dentro de él al contemplar la ciudad llena de ídolos. "Y discutía en las sinagogas con los judíos y con los gentiles temerosos de Dios, y diariamente en la plaza con los que estuvieran presentes", nos dice el 17. Pablo no solo se quedó pensando: "Ay, pobrecitos estos gentiles, que no conocen a Dios; me dan tanta pena, voy a orar por ellos". Pablo tampoco hizo como algunos de nosotros a veces hacemos, que decimos: "Esos malditos deshonran a Dios; mira cómo son, cómo viven así". Amados, Pablo vio una necesidad espiritual y él trata de aliviarla. Y él conversa con ellos, él redarguye con ellos con toda paciencia. ¿Y adivinen qué mensaje predicaba Pablo ahí en Atenas? Dice el versículo 18, al final, que Pablo predicaba a Jesús y la resurrección. Tesalónica, Berea, Atenas: una y otra vez Pablo llega y predica a Cristo Jesús.

Pablo en el Areópago

Ahora, pasa algo increíble. En Tesalónica lo botaron a patadas; en Berea también. Pero aquí Pablo es invitado al Areópago. Que te inviten al Areópago es como un equivalente, más o menos, a que hoy te invitaran a Harvard, o a Princeton, o no sé, a la UNAM o al Tecnológico de Monterrey; que te inviten a un lugar donde tienes grandes pensadores y grandes filósofos y todo eso. Y esta gente escucha el mensaje de Pablo, y por alguna razón, por gracia de Dios, le dicen: "Ven, te queremos escuchar. Toma el micrófono y ven delante de los mejores profesores".

Y el capítulo 17, del 18 en adelante, empieza a hablarnos sobre este discurso de Pablo. Pablo da un largo discurso, lleno de retórica, de conocimiento de filósofos oscuros, lleno de sabiduría; un discurso memorable. Y si tienen tiempo, lo pueden leer; de hecho, lo van a estar viendo en la predicación de la Palabra. El único problema que tuvo el discurso —hermoso discurso, muy, muy sabio, con muchas conexiones y mucha inteligencia—, el único problema que tuvo el discurso es que no le dio tiempo de presentar a Jesús.

Cuando Pablo empieza a hablar del Cristo que murió y resucitó, dice el versículo 32 que cuando oyeron de la resurrección de los muertos, algunos se burlaban, pero otros... otros dijeron: "Te escucharemos otra vez acerca de esto". Cuando Pablo empezó a hablar de Cristo, lo mandaron a callar, y Pablo tuvo que seguir su camino. Gracias a Dios, dice el versículo 34 que algunos se unieron a él y creyeron. Pero Atenas fue la única ciudad que vemos que Pablo visitó donde no dejó iglesia.

Del preevangelismo al evangelio

¿Qué dice el versículo 1 del 18? "Después de esto, Pablo salió de Atenas". ¿Y a dónde fue? Entonces Pablo llega a Corinto, y dice: "Cuando fui a vosotros, no fui con superioridad de palabras o de sabiduría, sino que me propuse saber solo a Cristo, y a este crucificado". Hermanos, esto no es coincidencia. No me malinterpreten: yo no estoy diciendo que Pablo lo hizo mal en Atenas. Él tenía todo el deseo de presentar el evangelio, y lo que él estaba haciendo es lo que llamamos preevangelismo: encontrar un lugar común, para hacer un puente con esos filósofos y luego poder presentarles el evangelio. Él tenía todo el deseo de evangelizar.

Es similar a cuando uno cuenta su testimonio hoy, cuando uno quiere hablarle a alguien de Cristo y empieza con su testimonio. Porque quizás tú tienes un pasado de adulterio, o tienes un pasado de inmoralidad sexual; o quizás tú eras una persona muy iracunda; quizás tú constantemente le hablabas mal al otro; quizás eras ladrón; quizás eras homosexual. O quizás no eras nada de eso; quizás tú eras un hombre, una mujer obediente, que seguía la ley, que era muy trabajador, buen padre, buena madre, buen niño, pero eras infeliz. Cualquiera que sea tu situación, tú puedes empezar a evangelizar encontrando un puente.

El problema es que comentar nuestro testimonio o presentar conceptos filosóficos no es predicar el evangelio. Pablo quería llegar al evangelio. Quizás tú quieres llegar al evangelio presentando tu testimonio, pero a veces no da el tiempo. Evidentemente, esta experiencia afectó profundamente al apóstol. Y por eso, cuando Pablo llegó a Corinto, que, similar a Atenas, estaba llena de filósofos, él no quería que le volviera a pasar. Él no quería quedarse en preevangelismo. Pablo lo que quería era presentarles el poder de Dios para salvación. Pablo quería presentar el evangelio. Él no vino con nada más; él no vino con más ideas. Nadie que escuchara a Pablo en Corinto podía decir: "Puede ser que sea cristiano".

"Con debilidad, y con temor y con mucho temblor"

Así que el versículo nos dice —volvamos a 1 Corintios—, el versículo empieza diciéndonos: "Fui a vosotros proclamando el testimonio de Dios... no me propuse saber nada, excepto a Cristo, y Cristo crucificado". Y nos sigue comentando el versículo 3: "Y estuve entre vosotros con debilidad, y con temor y con mucho temblor". Amados, esto que llegó ahora es una total locura, porque vamos a recordar un poco de la iglesia en Corinto.

Yo estoy seguro de que en esta iglesia puede que haya un problemita aquí, un problemita allá. El único problema de las iglesias es que solamente son perfectas cuando están vacías. Desde que llega la gente, empieza a llegar el pecado y empiezan a llegar los problemas, ¿sí? Tengo un amigo al que una vez le dijeron que no iban a la iglesia porque estaba llena de hipócritas, y les dijo: "Ven, cabe uno más".

La oveja negra de las iglesias

Pero, hermanos, no hay iglesia que yo conozca como la iglesia en Corinto. Esta iglesia es la oveja negra de todas las iglesias que están aquí en la Escritura. Hay otra iglesia que recibió dos cartas, Tesalónica, y las dos fueron hablando bien de ellos. Pero las dos cartas a los corintios... en Dominicana decimos: "¡Pao, pao!". Miren, esta es la iglesia que, empieza diciendo, estaba llena de divisiones, porque a algunos les gustaba más un pastor que otro. Esa es la iglesia que tenía la situación de que se juntaban a comer la Santa Cena y se emborrachaban. ¿Te imaginas eso?

Es una iglesia donde había una persona que tenía una relación con su madrastra —¡con su madrastra!—, y la iglesia no hacía nada. Es una iglesia que tenía tantas discusiones entre ellos que se estaban llevando a juicio, metiéndose presos unos a otros. Es una iglesia que estaba retando abiertamente a Pablo, que decía: "Pablo, total...", el mismo que los plantó. Es una iglesia que tenía un desorden en los dones espirituales a tal punto que el culto parecía un manicomio más que un servicio al Señor.

Pablo estaba hablándole a una iglesia en grandes problemas, en rebelión contra él, y Pablo les escribe y no les dice: "Miren, corintios, ¿ustedes no recuerdan quién soy yo? ¿Ustedes no recuerdan que yo soy el que hice los grandes milagros, que fui yo quien les presentó el evangelio? ¿Ustedes no recuerdan que yo corregí a Pedro, que yo entrené a Apolos? ¿Ustedes no se acuerdan de que, si es por mí, todos ustedes estarían camino al infierno?". Pablo no dice nada de eso. Eso es lo que yo haría en la posición de Pablo, en la carne; ese sería mi deseo, para que no quepa duda de quién está hablando: el apóstol Pablo.

Pablo dice: "¿Ustedes no recuerdan que cuando yo estuve entre ustedes, yo andaba con debilidad, yo andaba con temor y con temblor?". En vez de iniciar la carta recordándoles lo poderoso que era Pablo, Pablo inicia diciendo que él era débil. En vez de recordar el poder de su palabra, él dice que él andaba con temor y temblor. ¿Por qué? Porque es Cristo o nada. Porque no se trataba del gran Pablo; se trataba del grandísimo Cristo. El apóstol Pablo, el cristiano más preparado que haya existido, con el mejor récord de plantación de iglesias, el que más escribió en el Nuevo Testamento, le recuerda a la iglesia rebelde que él era débil, que no se trata de él.

Tu aparente fortaleza puede oscurecer el evangelio

Mi amado hermano, ¿tú puedes creer que tu aparente fortaleza puede oscurecer el evangelio? ¿Que el hecho de que tú pretendes estar siempre en tu mejor momento, de que tienes toda la vida resuelta, puede perjudicar el nombre de Cristo? Cuando nosotros queremos aparentar que siempre somos fuertes, que siempre estamos bien, entonces el evangelio de Cristo no es necesario. ¿A quién es que Dios le da fuerza? ¿No es al cansado y al fatigado?

Entonces, lo que Pablo está haciendo es mostrarles a los corintios qué es lo más importante. Es como que él les estuviera diciendo: "Ustedes, que tienen todas estas discusiones, que se glorían de que 'yo soy de Pablo', que 'yo soy de Apolos'; ustedes, que se regodean en su libertad cristiana terminando borrachos; ustedes, que tienen entre ustedes personas con horribles pecados y no hacen nada; ustedes, que se creen tan importantes que andan demandándose unos a otros: ¿ustedes no recuerdan lo débil que yo fui entre ustedes? Ustedes, que creen que están aquí en lo alto, ¿no recuerdan que yo vine en lo bajo?".

Amados, para que Cristo brille a través de nosotros, tenemos que quitar nuestros egos y nuestra suficiencia. Para que el Señor se pueda mostrar grande, nosotros tenemos que mostrarnos pequeños. Si tú pretendes que todo siempre está bien, entonces el evangelio no es necesario para ti. Si todo el tiempo tú estás en fortaleza, y en victoria, y aquí ganando, siempre fuerte, entonces, ¿para qué vino Cristo?

Bien lo dijo el apóstol Pablo, que no tenía un problema de autoestima. Pero el apóstol Pablo bien lo dijo en 1 Timoteo 1:15: "Palabra fiel y justa... o digna de ser aceptada por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a pecadores, entre los cuales yo soy el primero". Todo el poder de Pablo, nada que ver, porque él seguía siendo un pecador. Pero todo el pecado de Pablo, nada que ver, porque Cristo vino a salvar pecadores. Y esa también es tu realidad. No hay ninguna necesidad de aparentar siempre nuestra fortaleza, porque si siempre estamos fuertes, entonces Cristo no vino por nosotros. Cristo vino por pecadores.

"Con demostración del Espíritu y de poder"

El texto nos sigue hablando entonces. En el versículo 4 el apóstol nos dice: "Y ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder". Y aquí nos dice el porqué: "Para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios".

Amados, recuerden lo que yo acabo de decir: Pablo era el cristiano más preparado del mundo. Pablo hablaba múltiples idiomas, por lo menos cuatro idiomas. Pablo había sido entrenado bajo las principales autoridades académicas. Pablo había visto y sido enseñado por el Cristo resucitado. Pablo había viajado por todo el mundo conocido. Pablo tenía suficiente palabra, suficiente retórica, para que lo invitaran al lugar más importante de conversación, que era el Areópago. Pablo sabía hablar bien bonito. Pero él dice que él llegó a Corinto no con palabras de sabiduría; él llegó con la locura de Cristo en la cruz.

Él podía perfectamente... él duró un año y medio en Corinto. Él podía perfectamente durar ese año y medio filosofando sobre la inmortalidad, o sobre el bien y el mal, o sobre Platón. O quizás, como era cristiano, él podía meterse a hablar sobre genealogías, y sobre si un cristiano puede hacer esto, si un cristiano puede hacer aquello. Pero él sabía que nada de eso les iba a dar salvación a los corintios.

De nada más hay que hablarle

El pastor John MacArthur comenta este pasaje diciendo lo siguiente: "El enfoque de la predicación y la enseñanza de Pablo a los no creyentes fue Jesucristo, quien pagó el castigo por el pecado en la cruz. Hasta que alguien entienda y crea el evangelio, de nada más hay que hablarle". Hasta que alguien entienda y crea el evangelio, de nada más hay que hablarle.

Eso es importante también para nosotros, porque a veces se nos olvida que un inconverso que no bebe, que no fuma, que no sale a fiestear, que es buen esposo, que es buen padre, que lleva a su hijo al colegio o a la escuela todos los días en la mañana, y que no dice ningún tipo de grosería, ese inconverso también va camino al infierno. Hasta que alguien entienda y crea el evangelio, nuestro enfoque no puede ser nada más.

Pero, querido hermano, nuestra tendencia, por lo menos la mía, no es a eso. Tenemos miedo; nos avergonzamos a veces. Yo mismo siento miedo de presentar el evangelio puro, esta locura: de que todos somos pecadores, de que Dios es un Dios santo, de que delante de Él no hay quien pueda estar de pie si no es por Cristo Jesús, y que ahora tú depositas tu fe en algo que pasó hace 2000 años, y tú encuentras salvación eterna. Eso suena muy bonito aquí desde el púlpito, diciéndoselo a cristianos. Pero cuando tú estás afuera... yo no sé ustedes, pero a uno como que le dan ganas de meterle un poquito de azúcar para que el trago no baje tan amargo: ponerle una historia, tú sabes, usar unos colorcitos, algo, algo, porque eso suena muy, muy duro. Pero Pablo dice que él no lo hizo así. Pablo dice que él fue con la locura de la cruz. ¿Por qué? Para que la fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Fe mental o fe en el poder de Dios

Amados, una fe basada en sabiduría de hombres no es una fe genuina. Es una fe mental, es un ejercicio intelectual, como cuando te convencen al venderte Amway o alguna otra de estas pirámides y cosas que te dicen: "Mira, tú te pones esto en la cara y te va a quitar todas las espinillas". Un buen vendedor te puede vender lo que sea. Pero Pablo dice: "Yo no vine a venderles; yo vine a presentarles el poder de Dios". "Porque yo no quiero", decía Pablo, "que su fe sea simplemente una fe mental".

Mira, si solamente tú crees con la mente que Dios es Dios, y que Dios es bueno, y que Cristo Jesús es su Hijo, desde que se enferme tu hijo, desde que pierdas tu trabajo, desde que te vaya mal en la escuela, esa fe mental no aguanta. Estar de acuerdo solamente aquí no lo resiste. Pero la verdadera fe descansa en el poder de Dios. Es Dios quien crea esa fe en nosotros. Él hace un milagro en nuestra mente y en nuestro corazón, y ahora de pronto creemos completamente en Él, aunque no lo vemos, aunque nunca le hemos visto. Ponemos toda nuestra confianza en alguien que nunca hemos visto. Eso es una locura; esa es la fe.

Yo no estoy diciendo que la fe es irracional; yo estoy diciendo que la fe sobrepasa la razón. La fe no se queda aquí. La verdadera fe no depende de que alguien hable muy bonito; depende de que Dios abra los ojos. ¿Y tú sabes cómo Dios lo hace? A través de la locura de la predicación del evangelio.

Dale a la gente Cristo Jesús

Así que, hermanos, llegando al cierre, acercándonos al cierre, yo quiero recordar esto: dale a la gente Cristo Jesús, o no le des nada. Anteriormente decíamos que a los inconversos no hay que hablarles de nada más excepto de Cristo. Yo estoy de acuerdo, pero yo creo que también a los cristianos hay que hablarles mucho de Cristo. El evangelio no es solamente la entrada. Pablo les estaba hablando a cristianos aquí, recordándoles a Cristo Jesús, porque nosotros nunca vamos a llegar a un punto donde no necesitemos escuchar el evangelio. Nunca vamos a llegar a donde ya no necesitemos el evangelio.

De hecho, ¿tú sabes por qué necesitamos el evangelio todos los días? Porque nosotros pecamos todos los días. Porque nosotros tenemos una total disposición a crearnos en nosotros mismos nuestros propios salvadores; porque nosotros queremos ser nosotros mismos nuestros propios señores, y bajo nuestras propias fuerzas y nuestra propia sabiduría encontrar nuestro propio cielo. Y decimos: "Para la gloria de Dios", pero genuinamente es para nuestra gloria. Pero, amados hermanos, lo que nosotros encontramos en el Señor es un evangelio que no solamente nos salvó y nos hizo entrar en la iglesia para que ahora hagamos lo que queramos o tratemos de obedecer a Dios, sino un evangelio que nos salvó y nos hace permanecer en ese evangelio hasta la eternidad. Darle gracias a Dios por ese evangelio.

Al predicar y testificar

Así que, hermanos, yo les pido que se comprometan a esto. A quien sea de ustedes que le toque predicar, sea desde el púlpito, sea testificando, sea compartiendo con alguien: procura estar lleno del evangelio. Recuerda cuán pacientemente nuestro Señor nos llamó hacia Él, y no pongas una carga demasiado pesada en quien te escucha. De ninguna manera le hagas pensar que son sus obras las que le llevan a Dios. Pero también, ¿tú sabes qué? Recuerda que si tu mensaje no da frutos, tú puedes estar tranquilo, porque la fe viene de Dios. No hubiera dado fruto en tu vida si no es porque Él abrió tus ojos. Así que descansa en el evangelio. No le pongas cositas bonitas; presenta el evangelio tal como es. No le quites nada, no le añadas nada; presenta el evangelio tal como es.

Al criar a los hijos y al aconsejar

Pero, amados, si ustedes son padres, cuando estén criando, cuando estén corrigiendo a sus hijos, recuerden el evangelio. No esperen perfección de sus hijos; sean prontos a perdonarlos. Eso fue lo que hizo nuestro Padre en Cristo Jesús. Esto no significa que no debemos ser firmes, porque el buen padre a su hijo disciplina; eso nos enseña la Palabra. Pero aun esa disciplina debe estar informada por el evangelio. No esperemos perfección de ellos.

También, si estás aconsejando a alguien, si le estás ayudando a alguien en algún problema: amado, no esperes que por escuchar lo que esa persona debe hacer ya lo va a hacer. Tú y yo tampoco lo hacemos así. Los corintios recibieron esta carta y, ¿adivinen?, miren que después recibieron otra. Mientras aconsejamos, no esperemos cambios automáticos. Y de manera... por favor, nunca se nos ocurra, de ninguna manera, decirle: "Tienes que cambiar la perspectiva, tú sabes; tienes que ver el vaso medio lleno". Recuerda el evangelio. De ninguna manera le hagas pensar que tú eres la víctima. Víctima hubo uno, y solo fue Cristo Jesús. Deja que la persona pueda entender su pecado, se arrepienta de su pecado y vaya al Señor. El que encubre su pecado no prosperará, pero el que lo confiese y se arrepienta hallará misericordia.

En nuestras canciones y relaciones

Amados, igual con nuestras canciones: las que nos gusta escuchar, las que cantamos, todo eso. Procuremos que lo que estemos cantando tenga el evangelio. Revisemos y veamos si Cristo está ahí. Y si no hay Cristo... Viene a decir el pastor Charles Spurgeon que un sermón sin Cristo es como pan sin arena... sin harina; que si no hay Cristo en su sermón, pues váyase a su casa y no predique más hasta que tenga algo que valga la pena predicar. Igual en nuestras canciones: procuremos que Cristo esté ahí presente.

Amados, igual en nuestras relaciones de pareja, en nuestras relaciones entre hermanos: recordemos el evangelio. Perdonémonos unos a otros. "Yo no puedo creer que mi hermano me hizo eso". Amado, ¿tú has visto todo lo que tú le has hecho a Cristo Jesús? ¿Tú has visto la forma en que tú has ofendido al Padre, cuántas veces? Por supuesto que tu hermano va a pecar contra ti, si peca contra Dios, que es perfecto. Pero ¿qué hacemos? Recordamos el evangelio y nos perdonamos. El mejor de los esposos... ¿tú sabes por qué lo hace mejor? Porque perdona y pide perdón. Y la mejor de las esposas, y el mejor de los amigos, perdona y pide perdón.

A solas con el evangelio

Y por último, hermanos, cuando estemos a solas, meditemos en el evangelio, meditemos en Cristo. Dios envió a su Hijo único para que nosotros, que estábamos lejos, no nos perdiéramos, sino que tuviéramos vida eterna. Y fuimos comprados por precio de sangre, y ya no nos pertenecemos; le pertenecemos a aquel que nos compró. Por tanto, si acaso pecas, tú puedes ir delante del trono de la gracia, y tú tienes allí un abogado que intercede por ti. No tienes ninguna razón por la cual ocultar tu pecado, por la cual pretender que no hay pecado. Siempre Dios está dispuesto a escucharte, porque eso es lo que Cristo Jesús ha garantizado.

Pero no solo eso. No solamente tú puedes ir y pedirle perdón por tu pecado; tú puedes ir y pedirle fuerza en contra de tu pecado. Porque el evangelio no solamente nos garantiza una libertad del pecado en la cruz; nos garantiza libertad día a día. Por el poder del Espíritu tú puedes luchar contra tu pecado. Y tú sabes que también te da esperanza saber que va a haber un momento donde ya no habrá más lucha; como cantamos hoy, ya le veremos cara a cara.

"Nada me propuse saber entre vosotros", decía el apóstol, "excepto a Jesucristo, y este crucificado". Cristo fue suficiente para Pablo predicar, para Pablo cantar, para Pablo meditar, para Pablo aconsejar, para Pablo vivir. ¿Es Cristo suficiente para ti?

Oración final

Señor, nosotros somos tu iglesia. Nosotros hemos sido comprados por precio y ya no nos pertenecemos. Pero, Señor Jesús, Tú sabes bien que se nos olvida, y como iglesia te pedimos perdón. Señor, perdónanos, porque encontramos nuestra identidad y nuestro propósito en otras cosas: en que somos padres, o hijos, o estudiantes, o profesores, o lo que sea. Es más, a veces encontramos nuestra identidad en que somos cristianos más que en que somos tus hijos; en que no hacemos esto o aquello, más que en que Tú nos has perdonado.

Así que, Señor Jesús, nosotros, tus hijos, queremos pedirte en esta mañana que seas nuestra visión. Te pedimos en este día, por favor, Dios, que Tú nos des una pasión real por Ti. Te pedimos que Tú nos libres de nosotros mismos. Te pedimos que Tú nos recuerdes quién eres Tú, Señor. Te pedimos, por favor, que Tú nos libertes de este deseo de impresionar con nuestras fuerzas, de aparentar nuestra sabiduría; que Tú nos recuerdes, Señor, que el apóstol Pablo fue en debilidad y temor para que la fe no descanse en la sabiduría humana.

Señor Jesús, a cada uno de nosotros que predicamos tu Palabra, te pedimos que Tú nos des ese mismo deseo. A cada uno de nosotros que queremos practicar tu Palabra, te pedimos ese mismo deseo: que nos ayudes a presentar a Cristo todo el tiempo, a los demás y a nosotros mismos, hasta que Tú regreses. Y te pedimos, te pedimos, Señor, que vuelvas pronto. En tu nombre oramos. Amén. Y amén.

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