Endurecimiento y Responsabilidad
Transcripción
Un remanente escogido por gracia
Y vamos a continuar meditando sobre lo que Pablo dice aquí acerca de Israel, acerca del plan que Dios tiene para ellos como nación. Habíamos estado viendo la semana pasada acerca de la gracia, ¿se acuerdan? Porque dice Pablo en el versículo 5: "Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia"; un remanente dentro de Israel, un remanente salvo. A pesar de que hay incredulidad en Israel, a pesar de que la mayoría de Israel no cree en Jesús como el Mesías, dice: hay un remanente que sí cree, hay un remanente que sí es salvo, pero un remanente que ha sido escogido por gracia. Y dice: "Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra".
Pablo quiere hacer una diferenciación muy clara entre obras y gracia, y mostrarnos que cuando Dios hace algo inmerecidamente —porque nosotros no merecemos la salvación, nosotros no merecemos ser escogidos por Dios—, sin embargo, Dios lo ha hecho. Eso significa gracia. Cuando no hay un mérito humano, no hay algo en el hombre a lo cual Dios está obligado a responder, eso se llama gracia. Si hay algo en mí mismo que me hace merecedor de lo que Dios me da, entonces, dice Romanos 4, ya no es gracia, es salario. Como cuando ustedes van a trabajar y dicen: "Yo trabajé 8 horas todos los días por 15, digo, por dos semanas; entonces, mi quincena es mi salario, que corresponde a las horas que yo trabajé". Eso no se llama gracia.
Y Pablo quiere asegurarse de que veamos que la salvación funciona enteramente diferente. Y cuando ustedes hablan con las personas se dan cuenta de que este es uno de los conceptos erróneos más comunes con respecto a la salvación. ¿Han escuchado ese tipo de comentario? "Pues la gente buena es la que se va al cielo, la gente mala es la que se va al infierno". No, no es cierto. ¿Por qué? Porque toda la gente es mala. "No hay nadie bueno, ni aun uno", dice Romanos 3. Entonces, no existe esa categoría de la gente buena y la gente mala. Para Dios, en términos de Su condenación, de Su juicio sobre el pecado, todos somos malos, todos quedamos cortos de Su gloria.
Y entonces, cuando Él decide dar salvación, cuando Él decide salvar a alguien, cuando Él decide dar fe a alguien para que pueda ponerla en Jesucristo, para que a través de Él seamos reconciliados por Su sangre, eso se llama gracia. ¿Qué hice yo? Nada. No hice nada. Dios me dio todo lo que yo necesitaba para poder confiar en Él y ser salvo. Pablo quiere asegurarse de que nos demos cuenta de este concepto, y acuérdense: esta es la base. Esto es lo que diferencia al cristianismo de todas las demás religiones.
Por eso es tan importante que entiendan este punto, porque aquí van a encontrar el centro, el fundamento de lo que hace que el mensaje de la Biblia sea diferente al mensaje que predican los testigos de Jehová, sea diferente al mensaje que predican los mormones, sea diferente al mensaje que predican los católicos, sea diferente al mensaje que predican todos los demás que dicen: "No, es que tú tienes que hacer ciertas cosas, y eso es lo que obtiene el favor de Dios". Bueno, eso es lo del domingo pasado, pero están entendiendo este punto bien, ¿no? No puedo dejarlo pasar sin volverlo a enfatizar, porque Pablo no lo deja pasar y lo vuelve a enfatizar. Pablo ya ha venido hablando acerca de la gracia por 10 capítulos, realmente, y se asegura nuevamente de volverlo a marcar, de volver a hacer énfasis y volver a decir: "Entiendan que si es por gracia, ya no es por obras; de otra manera, la gracia ya no es gracia". Entiéndanlo.
Versículos difíciles
Hoy vamos a ver los versículos 7 al 10 de Romanos 11, que son versículos difíciles. Y recuerden: una de las cosas que estamos tratando de hacer como iglesia es no predicar lo que nosotros queremos predicar, no estudiar lo que nosotros queremos estudiar. Vamos a predicar lo que está en la Biblia y vamos a estudiar lo que está en la Biblia. Si fuera por mí, yo preferiría otros versículos de la Biblia para enseñar. No son mis favoritos, y probablemente tampoco van a ser los favoritos de ustedes, porque son muy negativos, son muy deprimentes estos versículos, y no nos gusta deprimirnos. Nos gusta que nos digan: "Ah, no, tú puedes, échale ganas. Todo está bien, todo va a estar bien, todos somos felices, no hay ningún problema". Ese es el tipo de conversación que nos gusta tener, ¿no?
Entonces, cuando leemos cosas como: "¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy. Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre". A ver, quiero ir a visitar una de sus casas y que tengan en un marquito, así, con un paisaje, ese pasaje de la Biblia. ¿Cuántos han visto ese versículo escrito ahí? No, normalmente no: "Jehová es mi pastor, nada me faltará". Pero ahí está. Y si está aquí, ¿por qué está aquí? Para que lo leamos, para que lo estudiemos. No digan: "No, ese no es un versículo para mi sala". Digan: "A ver, ¿qué quiere decirme Dios en este pasaje?".
Endurecimiento y responsabilidad
Entonces, el tema de hoy tiene que ver con Israel. Nuevamente estamos regresando a este punto: ¿por qué no cree Israel? ¿Qué es lo que está pasando con ellos? Y lo más difícil aquí —espero que a ustedes les brinque— es: "y los demás fueron endurecidos". Esa es la parte más difícil de estos pasajes, ¿no? Entonces, por eso el tema es "Endurecimiento y responsabilidad", porque a lo largo de este estudio espero que podamos ver un balance que existe en la Biblia entre el endurecimiento de Dios —porque es claro que Dios está haciendo esto, ¿no? Ya lo vimos desde Romanos 9, ahorita vamos a ir ahí, pero Dios está haciendo esto: endurecimiento— y, al mismo tiempo, la responsabilidad del hombre.
¿Qué papel juega aquí la responsabilidad del hombre? "Si Dios me va a endurecer, ¿yo qué hago? Nada. Yo no soy responsable, porque Dios hace lo que quiere". Eso vamos a tratar de contestar hoy, que es un buen punto, creo yo. Y si no se les hace interesante, pues ni modo, porque la Biblia sí piensa que es interesante y es importante.
Lo que buscaba Israel no lo ha alcanzado
El primer punto que dice Pablo aquí, en el versículo 7, es en relación a la gracia —acuérdense, por eso les digo: introducción, relación a la gracia, el significado de la gracia, el contraste con las obras—. Dice: "¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado". Lo que buscaba Israel no lo ha alcanzado. ¿Qué estaba buscando Israel que no alcanzó? Muchas cosas estaban buscando, ¿no? Acuérdense, en el capítulo 10, versículo 1: "Ciertamente el anhelo de mi corazón y mi oración por Israel es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia". Ellos sí son celosos de Dios. Hay algo ahí que están haciendo los judíos donde sí están motivados y sí están tratando de alcanzar algo.
¿Qué es lo que están tratando de alcanzar? Número uno: reconciliación con Dios a través de las obras. Están tratando de decir: "Mira, si yo hago todas estas cosas que Dios me pide, seguramente Dios va a tener que aceptarme. Si yo cumplo el sábado, y no hago nada el sábado y descanso, como decían los fariseos, y si doy mi diezmo todo el tiempo, y de todo lo que recibo, 10% para ti, Dios; 10%, 10%. Si hago eso, seguramente entonces Dios está comprometido conmigo para tener que salvarme".
Y aquí es una aclaración muy importante, ¿no?, en relación a lo que acabamos de decir sobre las ofrendas y el techo y todo esto. Eso no tiene nada que ver con el fundamento por el cual Dios te acepta o no te acepta. Lo que tú das a la iglesia, lo que haces por la iglesia, no es la razón por la cual Dios dice: "Ah, mira, tú diste". ¿Cuánto les faltaba a los hermanos? 90,000 pesos. ¿Qué tanto porcentaje de eso tú diste? "Eso está ganando favor con Dios". No, no tiene nada que ver. Nada como fundamento. Como resultado de tu salvación sí tiene algo que ver, por supuesto, pero no tiene nada que ver con la razón por la cual Dios te acepte o te rechace al final. Ahí es donde está.
Y quiero que vayan pensando, porque realmente, por ejemplo, en la Iglesia católica esto sí es un problema, creo yo, por lo menos en la percepción de la gente, ¿no? De que si yo diezmo, si yo hago ciertas cosas, me estoy acercando a que Dios me acepte, a obtener el favor de Dios. Y por eso hay una lista tan larga de cosas que tienen que hacer. Bueno, y por eso hay tantos ídolos con espacio para echar dinero, ¿no? "Te doy dinero, ¿y tú qué?". O sea, la idea de darle dinero a Dios en ese caso es: "Tú concédeme un favor a cambio de...". No es bueno; totalmente fuera de lo que dice la Biblia. Pero así es como nuestra naturaleza está inclinada a querer hacer eso, porque así lo hacemos entre nosotros: yo te pago, tú me ayudas; así funciona una empresa.
Entonces ya tenemos esa mentalidad, y entonces trasladamos eso hacia Dios. Decimos: "Yo te pago, tú me ayudas", ¿no? Así como cuando voy a pedir trabajo y digo: "Yo puedo hacer estas cosas", y me pagan. Entonces ya tenemos esa mentalidad, ya tenemos ese problema en nuestra manera de pensar, que va en contra de lo que dice la Biblia. Pero Israel tiene este mismo problema. Israel está buscando la reconciliación con Dios a través de las obras.
También están buscando el cumplimiento de la ley. Están diciendo: "Nosotros, como nación, cumplimos la ley, porque la ley se trataba de nosotros". ¿Y qué dice Romanos 10:4? "Porque el fin de la ley es...", ¿quién? "...Cristo, para justicia a todo aquel que cree". Ellos creen que al estar cumpliendo la ley, están cumpliendo la ley. No se dan cuenta de que no se trata de cumplir la ley; se trata de Jesucristo, el cumplimiento de la ley. ¿Entienden la diferencia? Yo no cumplo la ley para cumplir la ley. Yo veo la ley para que me apunte hacia el verdadero cumplimiento de la ley, que es Cristo Jesús.
Número tres: están buscando una mayor autoestima por los privilegios dados por Dios. Y pueden ver cuáles son estos privilegios en Romanos 9, versículo 4. Dice: "Son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas". ¿Se dan cuenta? Todo el legado que tienen los judíos: el Antiguo Testamento se enfoca en ellos, y eso los eleva, y eleva el orgullo dentro de ellos y la autoestima de los judíos, de tal manera que ellos dicen: "Nosotros somos la nación privilegiada por Dios. Nosotros somos los que Dios ha escogido de entre las naciones de la tierra". Y eso es lo que están buscando.
Bueno, ese es el contexto en Romanos 11, cuando Pablo dice: "Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado". ¿Por qué no lo ha alcanzado? Romanos 10:3: "Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios". No han entendido realmente cuál era el propósito de la ley, que ya hemos estado mencionando. Entonces, el contraste con Israel aquí dice: ellos están tratando de alcanzar algo que no han alcanzado. Ellos han estado buscando reconciliación con Dios; no la han alcanzado.
Los escogidos sí lo han alcanzado
Los que sí la han alcanzado son, ¿quiénes? Los escogidos. Aquí es muy claro Pablo: "los escogidos sí lo han alcanzado". Refiriéndose, ¿a quiénes? Versículo 5: "Así también aun en este tiempo ha quedado...", ¿quién? "...un remanente escogido por gracia". Esto es una referencia a eso. Ese remanente es el que lo ha alcanzado. Ellos son los que sí han obtenido la reconciliación con Dios. Ellos sí son los que han encontrado el verdadero cumplimiento de la ley, y ellos son los que han recibido el verdadero privilegio de parte de Dios, no por ningún mérito en sí mismos, sino por la gracia que ha sido mostrada a ellos.
Bueno, ahí está. Es la parte fácil de este pasaje. Ya, ya cubrimos lo más sencillo sobre lo que está aquí. No está tan difícil de entender, ¿no? Pero ahora, ¿qué viene? Ahora sí viene algo un poquito difícil. Dice: "Los escogidos sí lo han alcanzado. Los demás fueron endurecidos". O sea, ¿quién habla así? Nosotros decimos "los cristianos", ¿no?, y "los que han aceptado el mensaje del evangelio" y "los que lo rechazaron". Así hablamos nosotros, ¿no? No decimos: "¿Y los endurecidos?". Aunque es cierto que son los que lo rechazaron, aquí Pablo quiere llegar a otro punto.
El endurecimiento de Israel
Esto es en referencia a Israel. Acuérdense: todo esto tiene que ver con Israel. Dice: el endurecimiento de Israel. ¿De qué está hablando Pablo cuando habla sobre el endurecimiento de Israel? Bueno, aquí Pablo empieza a citar algunos pasajes para apoyar este concepto del endurecimiento de Israel. Dice: "Como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor". ¿Qué es eso? Como de sueño, ¿no? Como de que no están muy conscientes, están anestesiados, están como idos; eso significa. Les ha dado un espíritu de un sueño profundo. "Ojos que no vean y oídos que no oigan, hasta el día de hoy".
Hasta el día de hoy. Eso, ¿qué quiere decir? Que no empezó en ese momento. ¿Dónde empezó? Pablo aquí está citando de Deuteronomio 29:4. ¿Quién estaba ahí? ¿Quién era el líder en ese momento? Moisés. Desde Moisés, que dijo estas palabras, hasta el día de hoy, Dios les ha dado un espíritu de estupor, que no vean. Desde el momento en que Moisés dijo esto, desde ese tiempo, ya los judíos no estaban viendo la realidad de lo que se trataba. En general, como nación, no estaban entendiendo lo que Dios estaba realmente haciendo en Su plan para la historia de la humanidad.
"Y David dice" —ahora está citando el Salmo 69; ya vimos esto cuando estuvimos viendo sobre los salmos imprecatorios hace unos meses—, David dice: "Sea vuelto su convite en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre". Dos cosas. Cuando pensamos en endurecimiento, creo que Pablo quiere mostrarnos dos cosas, dos maneras en las que se ve el endurecimiento de una persona.
El endurecimiento se ve en la indiferencia hacia Dios
Esto está hablando de Israel, pero ustedes lo pueden ver en todas partes. Número uno: el endurecimiento se ve a través de la indiferencia hacia Dios. ¿De dónde sacamos eso? Bueno, cuando dice "sea vuelta su mesa", eso es a lo que se refiere: sea vuelta su mesa, o su banquete, su mesa de abundancia, en trampa y en red, en tropezadero y en retribución. Eso significa que las bendiciones de Dios pueden convertirse en una maldición. Las bendiciones de Dios pueden convertirse en una maldición. Por eso decimos que es a través de la indiferencia hacia Dios.
Porque, ¿qué pasa con la mayoría de las personas que están viviendo sus vidas allá afuera? ¿Qué está pasando? ¿Tienen un trabajo? ¿Tienen dinero? ¿Tienen su familia? ¿Tienen su coche? ¿Tienen sus vacaciones, tienen todas estas cosas? Y despiertan todos los días, y respiran, y tienen salud, y ni siquiera piensan en Dios. Esas bendiciones se han convertido en una maldición para ellos, porque ahora esas bendiciones son su Dios. Ahora eso es para lo que viven: para tener más dinero, para ser felices con su familia, para pasarla bien. Eso es su mundo. Dios ya no es Dios. Las bendiciones y los regalos de Dios ahora son Dios.
Y eso es para todos. Las cosas buenas son cosas malas cuando se convierten en Dios. Las cosas buenas son cosas malas cuando se convierten en Dios. Y muchas cosas entran aquí: el amor por los hijos, el amor por los padres, el deseo de servir a Dios. La misma Biblia puede ser piedra de tropiezo en ese sentido, porque no se trata de la Biblia, se trata del Dios de la Biblia. O sea, la Biblia me está llevando hacia otro lugar, ¿no? Entonces, mi foco no se queda aquí. "Ay, yo quiero saber mucho de la Biblia. Voy a estudiar, estudiar, y quiero ser el más listo de toda la iglesia, el que sabe más de la Biblia, ¿no?, el que dice más versículos de memoria". Y yo puedo convertir la Biblia en Dios, y el estudio de la Biblia en Dios. Y no es eso; es que la Biblia me está llevando hacia Dios.
Y yo puedo decir: "Ay, hermano, pero es que mi familia... es que no puedo ir a la iglesia, porque necesito pasar más tiempo con mi familia". Y mi familia se puede convertir en Dios, porque ahora el enfoque y la prioridad de mi vida es mi familia, y no debe de ser mi familia el enfoque y la prioridad de mi vida. Dios debe de ser el enfoque y la prioridad de mi vida. Y después está la familia, después está el dinero, después está mi carrera, después están todas las demás cosas.
Y ustedes, estoy seguro, conocen personas que en algún momento han luchado con dónde poner sus prioridades en relación a estas cosas; por ejemplo, la escuela, ¿no? ¿Cuántos de los jóvenes tienen esa lucha de qué prioridad debería tener la escuela? "Pero es que tengo que dejar de ir a la iglesia por varios meses, porque ahorita es cuando mi carrera necesita que esté completamente enfocado en eso". A lo mejor tu escuela es Dios, a lo mejor tu carrera es Dios para ti. Las bendiciones de Dios se convierten en maldiciones cuando esas cosas sustituyen a Dios.
Aquí habla de una mesa, de un banquete, de algo bueno. Algunos comentaristas dicen que probablemente es una referencia, en la mente de Pablo, a todas esas cosas que leímos en Romanos 9: los patriarcas, las promesas, los pactos, la promulgación de los pactos, todas esas cosas. Y eso es como si tuvieran un banquete delante de ellos los judíos: todas estas bendiciones, todos estos recursos. Y en vez de estarles ayudando a ver hacia Jesús como el Mesías, se están convirtiendo, ¿en qué? En una trampa. Porque están poniendo su confianza en esas cosas. Esas cosas se están convirtiendo en Dios para ellos, "en tropezadero y en retribución; sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre".
El endurecimiento se ve en el legalismo
Este punto de "agóbiales la espalda para siempre" —o, en la versión Reina Valera Contemporánea, si alguien tiene esa versión, dice: "Sus espaldas se encorven para siempre"—, la idea, creo yo, ahí es que el endurecimiento también se ve a través del legalismo. Porque, por un lado, están los que reciben las bendiciones de Dios a tal grado que se olvidan de Dios, y nada más se enfocan ya en las bendiciones y en los regalos, y viven para esas cosas. Y, por otro lado, están aquellos que ven los mandamientos, la ley de Dios, y convierten eso en su religión y en su vida: el obedecer todas estas reglas. Y entonces están tratando de obtener el favor de Dios a través de una lista de cosas que hacen, y eso se llama legalismo.
Y el problema del legalismo —y ahorita van a ver cuál es la conexión con este punto—, el problema del legalismo es que si tú dices: "Es que tienes que hacer esta cantidad de cosas; mira: punto número 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9"; si tú tienes que hacer todas esas cosas para obtener el favor de Dios, de repente empiezas a vivir lo que experimentó Martín Lutero, que era una ansiedad dentro de su corazón por no saber si era suficiente lo que estaba haciendo. Porque empiezas a preguntarte: "Bueno, entonces, ¿qué tanto es suficiente?". Es como cuando tomas un examen: ¿qué es lo que quieres saber? ¿Cuánto se necesita para pasar? Eso es lo que quieres saber cuando tomas un examen. "Seis. Ah, bueno, seis. Voy a tratar de llegar a un seis, porque eso es lo que se necesita".
Y entonces, si tú estás buscando los requisitos que Dios está pidiendo de nosotros para que Él nos acepte, entonces, buena pregunta: ¿qué tanto necesitas hacer para que Dios te acepte? ¿Dónde está la medida en la cual Dios dice: "Ah, sí, ya pasaste"? Porque les voy a decir una cosa: siempre van a poder encontrar a alguien peor que ustedes. Entonces, el problema que existe en la sociedad es que la mayoría de la gente piensa que son buenas personas. La mayoría de la gente tiene un concepto de sí misma como diciendo: "Bueno, yo no soy tan malo. En general yo llevo bien mi vida, trato de hacer bien, trato de no hacerle daño a nadie". ¿Han tenido esa conversación con alguien? Muchísimas veces: "No, no soy tan mala persona".
Hemos tenido esa conversación, porque a veces surge ese tema, y es chistoso: me dicen a mí: "¿Él se va a ir al infierno o no?". Porque saben que enseño la Biblia y sé cosas sobre la Biblia. "¿Tú crees que él se va al infierno? Porque mira cómo se porta". Como les digo: todos se van a ir al infierno, ¿no? Es que ese es el concepto. Es como que Dios recompensa a los buenos y castiga a los malos. Esa es la idea que la gente tiene, y es completamente falsa. No es cierto. Dios no recompensa a los buenos y castiga a los malos. Dios castiga a todos los malos, porque todos somos malos y no existen los buenos. Y el hecho de que Dios esté proveyendo una oportunidad para que seamos salvos, nuevamente, es por gracia. Entonces yo les pregunto esto —y esto yo lo dije esa vez, pero no me hicieron caso, no escucharon lo que les dije, porque estaban diciendo eso—.
"Bueno, es que yo soy una buena persona, yo trato de hacer bien". Y les dije: "Pero, ¿cómo sabes qué tan bueno tienes que ser?". Porque estaban hablando del cielo y del infierno, ¿no?, y de castigo y recompensa, ¿no? Entonces ellos sienten que ya están de este lado. Pero, a ver, ¿de veras estás seguro de que ya hiciste suficiente para obtener el cielo? O sea, ¿de veras Dios nada más va a decir: "A ver, una balanza. A ver, esto es todo lo malo y aquí está todo lo bueno. A ver cuál pesa más", ¿no? Y si se va para acá, pues va al infierno, y si se va para acá, pues va al cielo. "Eso hace Dios". Eso es lo que la gente piensa que hace Dios, y Dios no hace eso.
El problema es que si de veras lo razonas, si de veras lo piensas, si de veras tienes un poco de sentido de qué está pasando aquí, nuevamente les digo, les va a pasar lo que le pasó a Martín Lutero. Van a entrar en una depresión, porque van a tener una ansiedad de decir: "Ah, ¿es suficiente? ¿Es suficiente?". No, no es suficiente, porque entre más bien tratas de hacer, más te das cuenta de qué tan malo realmente eres. Es lo que realmente pasa cuando una persona genuinamente se va por este camino de legalismo. Si es honesta, se da cuenta de que, entre más bien trata de hacer, se da cuenta de que es una mala persona. Es más evidente lo malo; sale esta parte.
Entonces, creo yo que el punto aquí es que está diciendo Pablo que el legalismo de los judíos, que es una manifestación, una manera de endurecimiento en los judíos, se ha convertido en una carga que no pueden cargar, que es cumplir la ley, tratar de hacer todas estas cosas. Por eso dice: "Y dóblales la espalda para siempre". Es un peso que nadie puede soportar. El pensar: "Tengo que agradar a Dios, tengo que hacer todas las cosas que Dios quiere para que me acepte", es algo que ningún ser humano puede aguantar. No puedes vivir así. Es una vida completamente miserable. El pensar: "Ah, un poco más, un poco más. Sí, y a lo mejor esto ya es suficiente. A lo mejor si me esfuerzo tantito más...".
Dios quiere quitar ese peso de tu espalda, darte paz y libertad, que es fe en Cristo Jesús. No tengo que hacer nada. Dios ya lo hizo todo. Jesús ya lo hizo todo: Su sangre en mi lugar, Su justicia por mi pecado. Ahí está. ¿Qué estoy tratando de lograr? ¿Qué estoy tratando de obtener? No hay nada por obtener. Jesús ya lo obtuvo todo por mí. ¿Se dan cuenta? Eso es lo que el mensaje del evangelio está tratando de mostrarnos.
Y eso es lo que dice Pablo: es una muestra del endurecimiento de Israel. Por eso es que todo esto es una maldición sobre de ellos. Sus bendiciones, las cosas buenas que ellos tienen, se han convertido en una trampa, en una red, en tropezadero y en retribución; se han oscurecido sus ojos para que no vean. Y este legalismo, esta ley que ellos están tratando de cumplir, dice Dios: "Estoy usándolo para agobiarles la espalda para siempre", porque es algo que ninguna persona fue diseñada para hacer: cumplir la ley perfectamente. Nadie puede hacerlo. ¿Entienden? Bueno, ahí está. Eso es, creo, a lo que nos está llevando este pasaje en relación a Israel.
El balance entre endurecimiento y responsabilidad
El tercer y último punto que quisiera meditar junto con ustedes es lo que les mencioné al principio: este balance entre endurecimiento y responsabilidad. A ver, aquí queda claro: "Dios les dio espíritu de estupor", ¿no? "Los demás fueron endurecidos". Ahí están recibiendo la acción. No se están endureciendo a sí mismos. No dice eso. No dice: "Los demás se están endureciendo a sí mismos", sin ninguna relación con nadie más. Y si ustedes leen... bueno, en un momento vamos a llegar a eso, a Romanos 9.
Dos cosas nada más. Quiero aclarar dos cosas sobre todo esto. Número uno: cuando hablamos de endurecimiento, estamos hablando de que Dios es libre de hacer lo que quiera hacer. Si quiere endurecer, tiene todo el derecho de endurecer. No podemos encontrar culpa en Dios: "¿Por qué endureces?", ¿no? De hecho, eso ya lo leímos. Si se acuerdan, Romanos 9, versículos 15 y 16, dice: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia".
Y ahora muestra el contraste, que es la parte del endurecimiento. Dice: "Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra". Por eso te he levantado, Faraón. Faraón, enemigo de Israel, castigado y condenado por Dios a morir ahí, aplastado por el agua del mar Rojo. "De manera que de quien quiere, tiene misericordia", versículo 18, "y al que quiera endurecer", ¿qué? Endurece. Sí, eso es todo el contexto de lo que estamos leyendo. De aquí viene este punto que dice Pablo en el capítulo 11.
La gloria y la libertad de Dios lo definen como Dios. Es lo que significa ser Dios: que no está atado ni comprometido a nadie más. Nadie está por encima de Él. Él no está obligado a obedecer a nadie ni a pedirle consejo a nadie. Él puede hacer lo que Él quiera. Si no fuera así, no sería Dios. Eso es parte de lo que significa ser Dios: que Él es libre. Y eso es lo que muestra Su gloria al final: que Él tiene todo el poder y toda la autoridad para hacer lo que se le dé Su regalada gana. Así es. Es lo que está tratando de mostrarnos Pablo.
Ahora, ¿qué decimos ante eso? ¿Sienten conflicto en su corazón por eso? Sí, claro que sí. Nadie empieza a decir: "Ay, qué padre, endurece". Nadie piensa así. Escuchamos eso y empezamos: "Ay, pero, Señor, ¿cómo puede ser? ¿De veras endurece el corazón? Entonces, ¿es responsable el hombre?". Entonces, ese es el segundo punto, y eso tiene que quedar claro, porque creo que está aquí en este pasaje: la responsabilidad humana.
Dios no condena a nadie injustamente
Dios no condena a nadie injustamente. Es la segunda cosa que tiene que quedar clara. Número uno es que Dios es soberano y tiene la libertad y el derecho a hacer lo que Él quiera. Pero número dos es que Dios no hace nada injusto. Dios no condena a nadie que no merezca ser condenado. Dios no dice: "Yo te condeno porque sí, y no importa que no merezcas ser condenado; yo te voy a condenar". Nunca ha hecho eso Dios, porque todos merecemos ser condenados.
Entonces, Dios no está haciendo nada que no exista ya dentro del ser que está siendo juzgado por Él, que está siendo condenado por Él. El juicio final que Dios determina para esa persona es completamente justo. Esa persona merece condenación. Esa persona merece ser enjuiciada por su pecado. Por lo tanto, el hombre es 100% responsable delante de Dios por lo que hace. Ninguna persona se va a ir al infierno, va a llegar ahí y decir: "Ay, yo no merezco esto". Nadie. Cuando toda persona llegue al infierno, se va a dar cuenta en ese momento de la realidad de la justicia de Dios y de la revelación de por qué es que está ahí. Nadie va a tener duda de que lo merece. Entonces, todos merecemos condenación. Todos somos responsables de nuestro pecado delante de Dios.
Lo único que Dios hace es dejar que ciertas personas continúen en su incredulidad: "¿Tú quieres rechazar a Dios? Te voy a dejar a tu pecado. Te voy a dejar a la incredulidad de tu corazón para que sigas por ese camino". Y aquí viene este tipo de condenación. Dice: "Les dio un espíritu de estupor, ojos que no vean, oídos que no oigan, hasta el día de hoy", que sus bendiciones se conviertan en una maldición. "Ah, está bien. ¿Ah, te gusta el dinero? Sale, ahí te va. Te voy a dar más dinero". A veces Dios dice eso. A veces Dios te da lo que quieres, y eso es el peor castigo y juicio de Dios para tu vida.
Y si ustedes regresan a Romanos 1, se van a dar cuenta de que eso también está ahí. ¿No intercambiaron al Creador por lo creado? "Ah, sí, ¿quieren intercambiar al Creador por lo creado? Ahí les va: hombres con hombres, mujeres con mujeres. Los dejo a sus placeres. Hagan lo que quieran", dice Dios. Ese es su castigo: dejarlos a sus propios deseos, dejarlos hacer lo que se les dé su regalada gana. "Eso es mi juicio contra ustedes".
Retribución: la responsabilidad de Israel
Entonces, quiero que vean en este pasaje dónde está la responsabilidad del hombre y dónde está la responsabilidad de Israel como nación. Cuando dice que su banquete se ha convertido en trampa y en red, en tropezadero y en retribución, ¿qué significa "retribución"? Es castigo. Se ha convertido en un castigo para ellos. Lo cual implica, lleva implícito, ¿qué? Algo que hicieron, ¿no? Algo que merecen. Si Dios los está castigando, si está dándoles retribución —como decíamos, es una paga—, quiere decir que ellos hicieron algo para merecer ese castigo.
Aquí está la diferencia entre el juicio de condenación de Dios y la salvación y la gracia de Dios. Cuando Dios nos da gracia y salvación, no lo merecemos. Pero cuando Dios nos castiga y nos condena y nos juzga por nuestro pecado, sí lo merecemos. Dios sí nos da lo que merecemos cuando se trata de castigo. Dios no nos da lo que merecemos cuando se trata de salvación y gracia. ¿Entienden la diferencia? Entonces, cuando dice Pablo que sus bendiciones se han convertido en castigo, lleva implícita la rendición de cuentas por las cosas que ellos han hecho, a las cuales Dios está respondiendo.
Y vayan al versículo 20, porque aquí todavía se aclara más. Vamos a estar llegando a estos versículos más adelante, pero quiero que los vayan viendo. Dice, versículo 19 —está hablando de las ramas, dice, de Israel—: "Por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie". Ahora, ¿cuál es el fundamento que da aquí Pablo? ¿Por qué fueron quitados? ¿Por qué? Por su incredulidad, lo cual asume, ¿qué? Responsabilidad, ¿no? Por eso fueron desgajados: por su incredulidad, porque ellos no creyeron.
Dios es soberano sobre todas esas cosas de todas maneras y tiene el control. Sí, Dios endurece. Sí. Pero dentro de todo eso existe la responsabilidad humana, y existe el concepto de que Dios no juzga ni condena a nadie injustamente, por nada que hagan. Todo lo que Dios juzga tiene su raíz en la responsabilidad, la rendición de cuentas que tiene el hombre delante de Dios.
Aceptar las dos verdades
No es fácil nada de lo que he dicho, porque no tiene sentido lo que he dicho. Yo solo les estoy diciendo lo que dice aquí la Biblia. ¿Cómo funciona? No sé. ¿Cómo debo de entenderlo? No sé, pero así es. Lo cual solamente me muestra que mi mente nada más no tiene la capacidad de entender las cosas de Dios, y lo que Dios entiende, y lo que Dios nos está diciendo. Tú y yo no entendemos cómo funciona esto, cómo funciona la relación entre el control y la soberanía de Dios y la responsabilidad humana dentro de todo eso. No sé, pero ambos están aquí, y ambos son ciertos, y ambos los tenemos que aceptar como parte de la verdad revelada a nosotros a través de la Biblia.
No huyas de ella porque no la entiendes. No digas: "Ay, no la entiendo; entonces mejor nunca pienso en eso". No, piénsalo, porque aquí está. Y si no la entiendes, nada más di: "Señor, ayúdame a confiar en que lo que estoy leyendo es cierto, aunque no lo entiendo, porque tengo que entender que estoy limitado en lo que puedo entender. Tengo que entender que yo no entiendo todas las cosas, que yo no sé todas las respuestas, pero Tú sí. Y si Tú me estás tratando de mostrar que Tú endureces, pero que también el hombre es responsable delante de Ti, lo acepto". Punto. Ahí acaba. Lo acepto, y no niego ninguna de las dos.
El problema de muchos cristianos, muchas iglesias, muchos teólogos inclusive, es que tienen la tendencia a irse nada más de un lado. O sea, toman uno y rechazan el otro. Dicen: "No, es que si el hombre es libre y si el hombre es responsable, entonces Dios no puede ser soberano. Dios no puede escoger. Dios no puede predestinar. Dios no puede endurecer". Y otros dicen: "Ay, no, si Dios es soberano, y Dios escoge, y Dios endurece, y Dios predestina, entonces el hombre no es libre, entonces el hombre no es responsable. Entonces, ¿para qué predicamos? Entonces, ¿para qué oramos por la gente? Porque Dios hace lo que quiere de todas maneras". ¿Entienden el problema que causa esto?
A veces no nos gusta aceptar cosas que estén en conflicto, en tensión, doctrinas que están en tensión. Queremos irnos de un lado o del otro, y no nos gusta estar en medio. Pero la Biblia nos está invitando a estar en medio. Nos está diciendo: "Acéptalo. Ambas cosas son ciertas". ¿El hombre es libre? Sí, es libre. ¿Existe el libre albedrío? Sí. ¿Es responsable delante de Dios? Sí. ¿Eres responsable por tus acciones? Sí. Pero ¿Dios tiene control de todas las cosas? Sí. ¿Dios hace lo que Él quiere? Sí. ¿No hay nada que hagamos que no esté bajo Su poder y Su mano? Sí. Entonces, ¿qué vas a creer? A ver, ¿qué quieren creer: lo que entienden o lo que dice la Biblia?
¡Oh profundidad de las riquezas!
Créanme, esto es algo con lo que yo he luchado por mucho tiempo, pero le pido a Dios que a lo largo de este estudio, y de lo que falta de Romanos 11 todavía, también me ayude a aceptarlo, a tener paz sobre esto y a entender que tiene que ver con mi propia vida. Esto debería ser un consuelo; debería ser también algo para mostrarnos que el Dios en el cual creemos es mucho más grande de lo que pensamos. Por eso, nuevamente, el versículo 33 del capítulo 11: "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén".
Si estos versículos los leyeran solos: "Ah, sí. Ah, qué difícil es tener a Dios". Sí, claro. Pero tienen un nuevo significado cuando leen lo que viene antes, ¿no? Ahora sí decimos: "Ah, con razón Pablo terminó diciendo esas palabras. Con razón Pablo no tenía otra cosa que decir más que esto", porque él sabía que lo que él estaba diciendo era imposible de entender para la mente humana. El próximo domingo vamos a seguir meditando unos puntos más acerca de esto de la elección de Dios y Su soberanía.
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