1 Samuel 31 Samuel / Necesitamos un ReyNathan Díaz
He aquí tu siervo oye
Transcripción
Introducción
Bueno, de hecho, de hecho, no voy a hablar de Ezequiel; decidí anoche cambiar lo que vamos a ver hoy, porque va con Ezequiel. Entonces es una pequeña pausa dentro de lo que hemos estado viendo, tratando de entender estos principios bíblicos que están en toda la Biblia. Y creo que da algo de contexto de Ezequiel para algunos de los que a lo mejor están un poco desubicados cuando hablamos de los reyes y de los reinos, del reino del norte, el reino del sur, y tratando de entender de dónde viene toda esta historia. Compartí el viernes en un congreso de jóvenes, y entonces toda la semana estuve estudiando ese tema, que tenía que ver con la historia de Samuel.
Y entonces voy a compartir lo de Samuel, porque la manera en que encaja con todo lo que hemos estado viendo con Ezequiel es muy importante. Porque estamos viendo un patrón en el pueblo de Israel, y un juicio sobre el pecado del pueblo de Israel, pero es algo recurrente. Y como veíamos el domingo pasado, vemos cómo diferentes generaciones del pueblo de Dios se seguían rebelando contra Dios. Sí, y Él volvía a darles una oportunidad al darles otra generación: "Ahora los hijos tienen la oportunidad de servirme; ahora los hijos tienen la oportunidad de seguirme". Y otra vez se rebelaban contra Dios, y había todos estos juicios que se iban desarrollando a lo largo de la historia de Israel, desde que salieron de Egipto hasta que fueron exiliados, que es donde están ahorita, a Babilonia. Entonces ha sido una serie de juicios, tras otros, tras otros, tras otros.
La fe de una generación a otra
Y el tema de la conferencia realmente estaba enfocado hacia la cuestión generacional: cómo es que pasamos el evangelio, y la labor del ministerio y de servir a Dios, de una generación a otra. Y ese enfoque creo que es sumamente importante para entender lo que está pasando en Ezequiel. Y como veíamos en Ezequiel 18, decía Dios al pueblo de Israel: cada quien es responsable delante de Dios, cada quien es responsable individualmente. Y decíamos: los papás no son responsables por las decisiones de sus hijos; los hijos son responsables delante de Dios por sus decisiones. Los padres solo son responsables de cómo educan a sus hijos, pero lo que ellos hagan es responsabilidad de ellos.
Y eso es lo que veíamos en Ezequiel 18:18; decía Dios justamente: el padre será responsable, el hijo será responsable y el nieto será responsable por sus propias acciones. Entonces sí somos responsables, no de las decisiones que toman, sino de cómo influenciamos esas decisiones, o cómo los guiamos en el proceso; de eso somos responsables como padres. "Instruye al niño en su camino": de eso somos responsables, de darles los fundamentos que ellos necesitan para saber cómo… Y es lo que vamos a ver hoy: cómo reconocer la voz de Dios, cómo saber qué es lo que Dios quiere de ellos.
Lectura de 1 Samuel 3
1 Samuel 3, "El joven Samuel", el capítulo: "El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia. Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver, Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada, Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí. Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.
Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven. Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.
Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré Yo una cosa en Israel, que a quien la oyera, le retiñirán ambos oídos. Aquel día Yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que Yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. Por tanto, Yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.
Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió la puerta de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión. Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí. Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo. Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciera. Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová. Y Samuel habló a todo Israel". Bueno, eso es la Palabra del Señor en cuanto a esta historia.
La canción de la abuelita
Y cuando la estaba estudiando, me acordaba de mi abuelita, del lado de mi papá. Cuando nos quedamos en su casa, siempre una de las canciones que nos cantaba era la historia de Samuel con Elí. Y entonces nos aprendimos bien la canción, nos aprendimos bien la historia. Pero al pensar a través de este pasaje, en lo que está realmente sucediendo aquí, bueno, número uno, nos damos cuenta de que hay, obviamente, un sacerdocio fallido: un sacerdocio impreciso, un sacerdocio inmoral, un sacerdocio al que le falta lo que Dios requiere de ese sacerdocio. Y ese va a ser uno de los temas centrales a lo largo del libro, y esa es aquí la razón por la cual Dios está juzgando a los hijos de Elí.
Y entonces, van a leer el capítulo 2 y ver todo lo que ellos estaban haciendo en el templo, y cómo Elí estaba decepcionado de ellos, pero no hizo más para ayudarles a corregir sus caminos. Y eso es lo que está juzgando Dios aquí. Y entonces, ahora, ustedes conocen la historia: Ana orando para que Dios le diera un hijo, y cuando se lo da, lo lleva y lo consagra a Dios en el templo. Y entonces ahora está en el servicio de Dios en el templo con Elí.
Un capítulo de contrastes
Y este capítulo es un capítulo de contrastes, porque nos está mostrando realidades físicas que realmente van paralelas a las realidades espirituales de Israel. Porque pueden ver aquí; dice: "La palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia". Es decir, casi no se oía acerca de lo que Dios quería; no había mucho de "Dios dice: arrepiéntanse, hagan esto". No; casi no se estaba escuchando mucho de la Palabra del Señor; escaseaba la Palabra del Señor. Y entonces está contrastando aquí con una realidad física, que es: Elí se está quedando ciego; ya se le está yendo la vista.
Entonces esa es una realidad física paralela a la realidad espiritual de Israel: así como Israel se estaba quedando sin Palabra de Dios, sin visión, sin visiones de Dios, Elí también se estaba quedando ciego físicamente. Tenemos a Elí durmiendo en su aposento, contrastado con Samuel durmiendo en el templo. Y la lámpara del templo, dice, seguía encendida todavía.
No se apagaba; entonces tenía que permanecer prendida toda la noche. Parece ser que esto sucedió ya en la madrugada, ya cerca de que va a amanecer, pero igual la Palabra, la luz de la Palabra de Dios, simbolizada aquí en el templo a través de una luz física que ahí está, parece que se va a apagar, pero todavía sigue presente, porque Dios sigue hablando, y Su luz todavía está ahí, aunque no era tan obvio. Pero sigue la presencia de Dios: está el arca del pacto ahí en el tabernáculo, simbolizando el pacto de Dios con el pueblo de Israel. Sigue estando vigente el pacto, sigue estando prendida la lámpara, y Dios quiere todavía hacer una obra a través de Samuel.
"Habla, porque tu siervo oye"
Entonces era toda esta situación, que es un poquito cómica, porque Samuel escucha la voz, va y le dice a Elí: "¿Qué quieres?". Y Elí le dice: "No, no te hablé". Y se vuelve a acostar, y otra vez oye que le llaman, y otra vez va con Elí, y le dice: "No, no te hablé", y se fue a acostar. Y así se la pasa varias veces, tres veces, hasta que Elí dice: "Ah, ya… lo que está sucediendo aquí: más bien Dios es el que te está llamando". Me llama la atención el versículo 7, porque me dice… el 7 nos señala algo muy importante. Dice: "Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada".
Samuel no estaba acostumbrado a que Dios le hablara. No sabía cómo sonaba la voz de Dios; no sabía cómo era esta situación de estar reconociendo: "Esto es lo que Dios quiere de mí; este es Dios hablándome". Él está confundido; piensa que es una persona la que le está hablando. Y finalmente Elí… es un personaje interesante, Elí, porque a veces sí muestra sabiduría y dirección, a veces no. Y en este caso guía a Samuel correctamente, y le dice: "Mira, la próxima vez que escuches la voz de Dios: Habla, porque tu siervo oye".
Discernir entre la palabra del hombre y la de Dios
Entonces, ¿cuál era la labor de Elí aquí en la vida de Samuel, y qué es lo que Samuel tenía que aprender? Y ahora yo, pensando en esta transición de generaciones, en lo que nosotros queremos dejar a la siguiente generación, que es: ¿cuál es la influencia y el legado que queremos? Queremos mostrarles la importancia de la Palabra de Dios, la importancia de lo que Dios dice. Porque aquí Elí le estaba enseñando a Samuel a diferenciar entre la palabra del hombre y la de Dios. Samuel tenía que empezar a ejercitar su don ministerial y su cercanía con Dios, de tal manera que él pudiera identificar cuándo Dios le estaba hablando, y que no se confundiera si era el hombre o era Dios; que supiera claramente: "Este es Elí, este es Dios". Hay una diferencia entre lo que Dios dice y lo que él dice.
Y lo que nosotros queremos dejar a la siguiente generación es el discernimiento para poder diferenciar entre la palabra del hombre y la de Dios, ¿no es cierto? ¿No es lo que queremos dejar a la siguiente generación? Que ellos sepan cuándo Dios está hablando, y que cuando escuchen a Dios hablar, ellos puedan decir: "Habla, porque tu siervo oye". Ese es nuestro mayor deseo para ellos; nuestro mayor anhelo. Para mí, yo, como padre, para mis hijos, lo que yo quiero es que ellos puedan discernir la Palabra de Dios, y que cuando la escuchen y sepan que es Dios hablando, estén completamente dispuestos a obedecer.
Dios ya ha hablado
Y, por supuesto, aquí tenemos visiones, tenemos sueños, tenemos voces audibles. Pero hoy no hay duda, no hay duda de lo que Dios está diciendo. ¿Tenemos duda de dónde ha hablado Dios? Aquí está Dios hablando. Ya tengo… compré mi Biblia, porque Dios ha hablado. Y podemos saber que Dios ha hablado, y podemos mostrar claramente a nuestros hijos y a las próximas generaciones la importancia y la centralidad de la Palabra de Dios: tomar en serio este libro, estudiarlo con todo denuedo y con toda solicitud, para saber cuál es la verdad que está siendo revelada aquí.
Es por eso que, si mi hijo dice, ya en la prepa: "Quiero estudiar la Biblia", "¡Qué bueno, qué bueno que quieras estudiar la Biblia!". Nunca va a ser un desperdicio de tiempo. Y si la gente dedica 4, 5 años de sus vidas a ir a la universidad para estudiar cualquier otra cosa, ¿por qué no dedicar ese tiempo para estudiar la Biblia? Más importante: te va a servir más que cualquier profesión. Hebreos 1, versículos 1 y 2, dice: "Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en esos últimos días nos ha hablado por Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo".
Sí, ya tenemos la Palabra de Dios; sabemos qué es lo que dice. Ahora lo que queremos es que nuestros hijos y las siguientes generaciones tomen esto en serio, y tomen esto tan en serio como puedan, como el fundamento, como la base, como lo más importante de sus vidas, y que lo atesoren como un tesoro, como algo precioso para ellos. Hoy en día encontramos ahí afuera mucha oposición a la Palabra de Dios, y a veces es difícil distinguir cuándo está hablando el hombre y cuándo está hablando Dios. Si no tienes el conocimiento bíblico, si no estás cerca de Dios en Su Palabra, va a ser muy confuso saber cuál es cuál. Vas a pensar a veces que es Dios, pero es el hombre. ¿Cómo les mostramos, cómo les ayudamos a hacer este proceso?
Los que nos dan el avión
Viene a hablar de algo que para mí ha sido muy importante, porque lo he estado viendo constantemente en mi propia experiencia, en mi relación con no cristianos. Me doy cuenta de que el reto más grande que tenemos como cristianos, y más la siguiente generación, no es tanto la gente que se opone al cristianismo, como, digamos, los satanistas, o ateos que dicen: "No, no creo en Dios; Dios no existe", o gente como los testigos de Jehová o los mormones. No es nuestro reto más grande, porque por lo regular puedes tener una conversación: "Pues sí, no estamos de acuerdo", y ves dónde están las diferencias, y bueno, puedes tener una conversación sobre qué es lo que dice la Biblia, qué es lo que dicen ellos. Y mucha gente se abre y se presta para ese tipo de diálogos.
Pero más y más me encuentro con que el reto más grande no es con los que me contradicen, o con los que contradicen la Biblia, sino con aquellos que nos dan el avión: "Sí, me encanta la Biblia, es un excelente libro". "Jesús murió…". "Sí, yo creo que Jesús murió". Y entonces pronto te empiezas a dar cuenta: "¿Entonces cómo le hablo a esta persona, que me dice que sí a todo y que realmente no parece tener convicciones de nada?". En medio de eso: "¿Qué es lo que realmente crees?". "No, no es nada". Como que te vas con lo que sea, ¿no? Y si te conviene, si te gusta ahorita lo que te dicen, la vida… Y para no entrar en conflicto te va a decir: "Ah, no, sí, este, yo adoro al Señor, yo oro a Dios todos los días, me encomiendo a Él". No sé cuántas veces he escuchado eso. "Sí, soy cristiano". "Sí, yo me encomiendo, y el éxito… Sí, me ayuda; me ha ido muy bien en mis negocios, y todo me ha ayudado; sí, le doy gracias".
Una sociedad a la que no le interesa la verdad
Entonces pronto empiezas a decir: "Ay, bueno, ¿cómo nos preparamos para esto? ¿Cómo nos enfrentamos ante una sociedad a la que crecientemente no le interesa la verdad, sino que les interesa lo que sea más fácil, lo que sea más conveniente, lo que sea más práctico?". Eso es lo que les interesa. Y ese va a ser, crecientemente, el reto más grande para nosotros como cristianos: aquellos que dicen: "Todos estamos bien. A ti te funciona el cristianismo; a mí, a mí me funciona, pues, el mormonismo; o a mí me funciona el catolicismo; o a mí me funciona ser ateo, o a mí me funciona…". Y entonces queda aquí con lo que le funcione mejor, y todos estamos en lo correcto, y nadie está equivocado. Y no te atrevas a decir que nadie esté equivocado, porque al final del día todos podemos vivir felices y en paz, y estar todos contentos. Y crecientemente ese va a ser el reto más grande que va a enfrentar la Iglesia: el reto del relativismo, en donde la verdad la inventamos nosotros, y donde no descubrimos la verdad. No está allá afuera, no es algo para ser descubierto; es algo que está dentro de nosotros: nosotros la determinamos.
"No sabemos"
Y quiero que vean este pasaje, Mateo 21, porque esto pasó en el ministerio de Jesús, y me llamaba la atención esta historia, que he compartido antes, pero quiero que la vean. Dice: "Cuando vino al templo…". Versículo 23, perdón; Mateo 21:23: "Los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a Él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Por qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esa autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también Yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y Él también les dijo: Tampoco Yo os digo con qué autoridad hago estas cosas".
Y si se dan cuenta, ¿qué es lo que está haciendo Jesús? Los está acorralando con la motivación que ellos tenían para preguntarle con qué autoridad hacía Él lo que hacía. A ellos no les importaba lo que era cierto; no les importaba la verdad, sino lo que querían escuchar. Y lo expone, porque muestra cómo, con la pregunta de Juan el Bautista, bajo qué autoridad hacía lo que él hacía, si ellos contestaban una cosa, iban a estar expuestos como unos hipócritas. ¿Por qué? Porque no le creyeron. Si dicen que sí era de Dios, entonces era su reputación la que estaba en juego si ellos decían sí. Y si decían que no, entonces era su bienestar físico el que estaba en juego: "Porque se van a… a lo mejor nos hacen algo, porque amaban a Juan".
Entonces: "Por un lado se va a ver afectada nuestra reputación; por otro lado se ve amenazada nuestra integridad física. Mejor decimos: No sabemos". Entonces, ¿se dan cuenta? Su interés no era la verdad, no era conocer la verdad. Su interés era lo que les conviniera en el momento, lo que fuera más conveniente, y práctico, y fácil. Y esa es la realidad que vive nuestra sociedad ahora: la gente quiere lo que sea más fácil para ellos, lo que sea más conveniente para ellos. No es lo que sea cierto, sino lo que les conviene. El interés no es la verdad, sino la conveniencia.
Nosotros como filtro de la verdad
Y entonces empezamos a entrar en este juego en el que las palabras y el razonamiento carecen de significado, donde nosotros interpretamos todas las cosas y nosotros somos el filtro a través del cual se determina la verdad. Nuestros sentimientos, nuestras preferencias gobiernan nuestras acciones. ¿Se acuerdan en Génesis 3, cuando habla la serpiente con Eva? ¿Qué es lo que le dijo? Quiero que noten; es muy interesante lo que pasa ahí, porque la serpiente no cuestionó si Dios habló. Eso no está en duda: Dios habló. Sí, sí habló. Lo que cuestionó la serpiente es: "¿Cómo interpretas lo que Dios dijo? Sí, Dios dijo, pero ¿cómo quieres interpretarlo tú? ¿Cómo es que puedes ajustar lo que Él dijo para que te beneficie a ti?".
Y entonces dice que vio el fruto codiciable: "A lo mejor Dios no quería decirlo de esa manera; a lo mejor Dios no está realmente diciendo eso". Hay un filtro de su propia interpretación para tomar una decisión y una acción. Es en ese momento que realmente se estaba violando y rompiendo la ley de Dios. ¿Se acuerdan del libro de Jueces? ¿Cuál es el patrón recurrente en el libro de Jueces? Cada quien hacía lo que bien le parecía, y esa era la razón del juicio de Dios. Y es lo que estamos viendo ahorita en el libro de Ezequiel: lo que parecía conveniente en el momento es lo que hicieron, y no les importó si era lo que decía Dios o no; no les importó si era la voluntad de Dios o no. Simplemente empezaron a tomar decisiones basados en sus sentimientos, en sus preferencias, en su manera de pensar.
"Sigue tu corazón"
Hoy en día encontramos esta realidad todo el tiempo. ¿Cómo se ve en nuestra sociedad esto? En los medios de comunicación escuchamos este mensaje. Pues sí, porque en los medios de comunicación lo escuchamos siempre. Y padres, yo sé que a sus hijos les gustan las películas de Disney, y está bien, bueno, pueden verlas, ya que están muy conscientes del mensaje que están escuchando, y poderlo discernir, y ayudarles a discernir. Uno de los temas centrales es: "Sigue tu corazón", ¿no es cierto? "Sigue tu corazón; eso es lo que quieres, hazlo". "Yo sueño con ser una princesa algún día". "Sigue tu sueño; encuéntrate un príncipe y serás mi princesa". Y empieza a darles este mensaje a nuestros hijos.
Ese es el mensaje para la siguiente generación. Y no es el mensaje que siempre ha estado, pero estamos ahora más que nunca bombardeados con este mensaje, porque todo lo que tenemos son videos y mensajes y toda clase de cosas. Ya no es nada más en la televisión; es en tu teléfono, y en tu computadora, y en dondequiera que vayas a estar. Estamos más invadidos que nunca del mensaje que nuestra sociedad quiere darnos. Y cuando empezamos a decirles a los niños: "Sigue tu corazón", ¿pues estamos haciendo un bien? Porque dice la Biblia que el corazón es más engañoso que todas las cosas. No sigas tu corazón, porque probablemente tu corazón te va a llevar en la dirección equivocada; te va a llevar en el camino contrario al camino de Dios.
"Lo importante es que seas feliz"
Escuchamos: "Lo importante es que seas feliz". ¿No es un mensaje común? "Lo importante es que seas feliz". Lo importante no es que seas feliz, porque hay muchas cosas que te muestran felicidad por el momento, pero realmente te están dañando. Porque existe drogadicción. La drogadicción, ¿de dónde viene? De una necesidad de sentirse bien, de ser feliz. A la larga, a largo plazo, sabemos que no es lo que hace, pero por el momento, sí, sí. Si tu inclinación, y lo que siempre te han dicho, es "lo importante es que seas feliz", pues por supuesto que eso tiene sentido, porque mis sentimientos, mis deseos, mis anhelos son los que gobiernan mis acciones en el presente.
¿Y qué otras cosas te hacen feliz? Estoy seguro de que es la razón por la que hay tanta inmoralidad sexual: porque el sexo parece ser algo que nos hace felices. Pensamos eso; pensamos que vivir nuestra sexualidad como queremos vivirla es la solución a nuestra felicidad. Y entonces hemos estado viendo en nuestra sociedad los efectos de este tipo de filosofía relativista, mostrándose en cómo vivimos. Y es por eso que ahorita la ideología de género es tan popular: porque, por supuesto, lo que tú sientas acerca de tu sexualidad es lo más importante. "Si tú te sientes mujer y eso te hace feliz, adelante, sé mujer, aunque biológicamente seas hombre".
¿Entienden dónde está arraigado, cuál es la raíz de todo lo que estamos viendo que está sucediendo ahí? Está eso: es no buscar la verdad, sino nosotros inventar una verdad, en cómo hacemos las cosas, y cómo decidimos lo que hay en este mundo para escoger, para decidir y para encontrar nuestro fundamento como seres humanos. El matrimonio: ¿por qué terminan en divorcio los matrimonios? ¿Cuál es la raíz del divorcio? "Es que ya no nos amamos, ya no nos amamos. Soy infeliz con esta mujer; soy feliz con este hombre". Entonces, otra vez, nuestros deseos, nuestros sentimientos gobiernan cómo vemos esas cosas, incluyendo un pacto que hicimos delante de Dios. ¿Es la verdad de ese pacto lo más importante, o cómo me siento es lo más importante? Dietrich Bonhoeffer —y si han leído Pacto matrimonial, han leído esta cita— dice: "Es el pacto el que sustenta nuestro amor, no el amor el que sustenta nuestro pacto". Esa es la manera en que un cristiano ve el matrimonio. No estamos gobernados por nuestros sentimientos; estamos gobernados por la verdad de la Palabra de Dios, y por lo que nosotros rendimos cuentas delante de Dios. "Es que la mujer que me diste…": este problema desde el principio, echarle la culpa al otro. Tú eres responsable ante Dios por cómo tú tomas la verdad de la Palabra de Dios, cómo la asimilas, cómo la obedeces; tú eres responsable.
"Todos los caminos llevan a Dios"
Y claro, nos encontramos con este relativismo en el momento en que queremos compartir el evangelio. Y esta es una de las respuestas más comunes que van a escuchar: "Todos los caminos llevan a Roma", aplicado a la fe cristiana. Dicen: "Todos los caminos llevan a Dios. Entonces no importa qué religión tú escojas, no importa cuál sea tu profesión de fe; lo importante es que tú crees en Dios. Hay un Dios allá afuera; entonces tú le puedes llamar como quieras: Alá, o Buda, o Mahoma, o como tú quieras llamarle. Pero el punto: ten fe en eso, y sé sincero, y sé genuino en tu manera de creer, y es lo único que importa". Eso es lo más común que van a escuchar allá afuera.
Y entonces recuerdo mucho esta analogía de David Platt, sobre una experiencia que tuvo en una conferencia donde habían de varias religiones reunidos ahí. Y tuvieron la oportunidad de estar afuera platicando varios: había un musulmán, había un sacerdote católico, había creo que un budista; no me acuerdo cuáles religiones dijo que había. Pero me acuerdo mucho de cómo se dio esta conversación, porque decía que ellos estaban contentos de esta unidad que había entre religiones. Y entonces ahí había una montaña al lado… me encantó escucharle contar esta historia. Y había una montaña, y estos de las otras religiones decían: "Miren, así es esto de la religión: es como esa montaña, y está Dios ahí arriba, y cada uno de nosotros estamos subiendo por un lado diferente de la montaña, pero todos llegamos hasta arriba al final, por el lado, por enfrente, por atrás, por donde tú quieras".
Y David Platt dice: "Miren, creo que estamos hablando de diferentes dioses, porque mi Dios no se quedó en la cima esperando a que yo subiera, sino que bajó a donde yo estaba". Esa es la diferencia entre el cristianismo y todas las demás religiones: cómo vemos la obra de Dios.
"¿Qué significa el texto para ti?"
Miren, hermanos, insistimos mucho en este tema de la centralidad de la Biblia; insistimos mucho en la verdad que está siendo revelada aquí. ¿Por qué? Porque en la Iglesia es muy fácil que también surja el relativismo, ¿no es cierto? O sea, cómo leemos, cómo interpretamos la Biblia, se empieza a volver algo un poquito ambiguo, un poquito como que cada quien lo ve de diferentes maneras. Y entonces estás en el estudio bíblico, y leen el pasaje, y el líder dice: "A ver, tú, ¿qué significa el texto para ti? ¿Qué significa el texto para ti?". No importa qué significa el texto para ti; lo único que importa es qué significa el texto. Es lo único que importa.
No podemos abrirlo y decir: "Cada quien lea sus Biblias y a ver qué les dice Dios, a ver qué es lo que les va a mostrar Dios a cada quien". No; saben que la verdad que está aquí revelada es fuera de nosotros; ya existe, es una verdad absoluta. Nosotros no decidimos cómo interpretarla; nosotros no decidimos lo que significa. Significa algo que Dios quería que significara, y nosotros tenemos que esforzarnos en descubrirla. No entra en nuestras opiniones, y nuestros pensamientos, y lo que quisiéramos que dijera. A veces eso es: tenemos una idea de lo que quisiéramos que la Biblia dice, entonces le estamos buscando cómo hacer que diga lo que queremos, aunque no esté diciendo eso el texto. Y lo he escuchado una y otra y otra vez, predicado desde púlpitos: eso no está diciendo el texto, pero suena bien.
La predicación del predicador ebrio
Y para los que están en la clase de predicación expositiva, saben, conocen esta ilustración, pero para los demás de ustedes: hemos estado viendo cuáles son los diferentes estilos de predicación que existen, y a uno le llamamos "la predicación del predicador ebrio". Y la ilustración es que la Palabra de Dios es como un poste de luz. Es un poste de luz, pero si un borrachito llega al poste de luz, ¿para qué lo va a usar? Para no caerse, para apoyarse. Y eso es como va a usar ese poste, aunque el poste no fue hecho para eso. El poste, ¿para qué fue hecho? Para dar luz. "Eso no es lo que necesito en el momento; lo que necesito es algo en qué recargarme". Y entonces está recargado sobre ese poste de luz, y está perdiendo de vista completamente el propósito para el cual fue hecho.
Cuando llegamos a la Palabra de Dios, empezamos a encontrar que esto es una lámpara, esto es luz, pero viene de acá para acá, no de acá para acá. Está diseñado para darnos a nosotros. No está diseñado este libro para que nosotros lo usemos como nosotros queramos, para darle el significado que nosotros queremos que tenga. Y de iglesia a iglesia vamos a encontrar que es una diferencia muy sutil. Pero espero, hermanos, que en nuestro anhelo como iglesia de que la Palabra de Dios sea central, ustedes estén aprendiendo a discernir cómo suenan diferentes tipos de enfoques que se pueden tener cuando se abre la Biblia.
Un enfoque centrado en el hombre o en Dios
Un enfoque es antropocéntrico, o sea, se trata de nosotros; es el hombre, es "lo que Dios quiere para nosotros". Ese es un enfoque, y siempre está buscando qué es lo mejor para mí, y cómo esto me beneficia a mí, cómo puedo estar mejor yo, y qué es lo que puedo hacer para que mi vida esté mejor. Y constantemente está nada más sacando moralismo de la Biblia, o algo en donde el hombre simplemente es el centro: la Biblia se trata de mí. O es la manera en que estamos predicando la Biblia enfocados en Dios. No está Dios para servirme a mí; estoy yo para servir a Dios. Dios es el filtro. Se trata de Él, se trata de Su gloria, no de la mía.
Se trata de Su santidad, y por eso es que yo debo de ser santo; no para que me vaya mejor en esta vida nada más, sino porque quiero reflejar correctamente a mi Dios. Él es santo; se trata de Él; yo quiero reflejarlo a Él. Yo perdono porque Él me perdonó a mí. Yo muestro misericordia porque yo he experimentado misericordia de Él. Soy una persona de gracia porque gracia es lo que yo he vivido en el evangelio. Entonces, ¿ven? Ya no es un enfoque nada más moralista de hacer esto.
"¿Qué es lo que ustedes no pueden hacer?"
Ahora que estaba en Mexicali, se me acercó una joven con su novio a pedir consejo, porque el novio es católico y ella es cristiana, y él está tratando de decidir si le conviene el cristianismo o no. Y la primera pregunta que me hace es: "¿Qué es lo que ustedes no pueden hacer?". Y le dije: "Bueno, es que no, no puedes empezar ahí, porque ese no es el punto". Si ustedes buscan cómo unirte a este club en donde me van a poner unas reglas: "Y pues, ya, ni modo; nomás quiero ver si me convienen esas reglas". Entonces traté de explicarle el evangelio: que nuestra vida es un reflejo del Dios a quien servimos, al Dios que nos ha rescatado. Y entonces no se trata de las reglas; se trata de cómo reflejamos y glorificamos a Dios con nuestras vidas; de eso se trata. Y tú vas a estar buscando, si tú conociste a Dios, tú vas a estar buscando cómo es que tu vida puede reflejar correctamente a Dios, para que Él sea glorificado en ti. No es nada más: "Mira qué buen cristiano soy; mira, sí estoy obedeciendo todos los puntos". De hecho, ese era el problema con Israel: Israel seguía haciendo aquí los sacrificios, seguían siendo los rituales, pero no se trataba de los rituales; se trataba de lo que había en su corazón, se trataba de cómo estaban reflejando a Dios. Ahí tenían a los sacerdotes, ahí tenían el tabernáculo; eso no es lo que estaba fallando.
La obediencia no será fácil
Lo cual me regresa otra vez a 1 Samuel: ¿qué clase de convicción queremos poner en la siguiente generación? ¿Cuál es la convicción que ellos necesitan tener sobre la Palabra de Dios? Número uno, van a tener que… si ellos estudian la Palabra de Dios, si ellos conocen la verdad de la Palabra de Dios, la primera cosa que van a descubrir es que la obediencia a lo que Dios dice no será fácil. Ahora, Samuel… ¿les gustaría estar en su lugar? ¿Cuál fue el mensaje que Dios le dio a Samuel? "Mira cómo quiero prosperar al pueblo, y cómo los quiero bendecir; y tú, Samuel, vas a ser usado poderosamente, y vas a disfrutar de mucha popularidad entre el pueblo". ¿Ese es el mensaje que le dio? ¿Cuál fue el mensaje que le dio? Un mensaje de juicio: decirle a Elí, a su mentor, alguien que lo amaba: "Dios te va a juzgar por tu pecado, y tu familia será cortada, y acaba; no continuarán más. Ese es el mensaje de Dios para ti".
Dice el versículo 15: "Samuel temía descubrir la visión". "¿No podrías bajarle un poquito? ¿No podrías ir progresivamente diciéndole esto?". Ya se lo había estado diciendo desde antes, a través de otro, que también en el capítulo 2 le dio un mensaje similar. Pero, hermanos, ¿nos gusta el conflicto? A nadie nos gusta el conflicto. A nadie nos gusta decirle a alguien: "Estás mal, tienes que arrepentirte de tu pecado". Ese no es el mensaje más fácil. Por supuesto que el mensaje más fácil es: "Me caes bien, eres una buena persona, nos llevamos bien, vamos a seguir así. Eres un buen vecino, eres un buen amigo; no me causas problemas. ¿Por qué te diría yo algo que a lo mejor te va a hacer sentir incómodo? Mejor vamos a tener una buena relación".
Decir la verdad aunque sea difícil
Y miren, hermanos, se los digo porque así es como yo me siento muchas veces con la gente, y digo: "A ver, Señor, ¿Tú crees que les comparta el evangelio? Ya sé, pero mira, mira qué buena onda es. ¿Cómo saco este tema de: Estás mal, y si mueres, vas a morir en tu pecado y vas a ir al infierno?". No es la manera de empezar una conversación, por supuesto. Pero Dios tiene que ayudarnos a tener sabiduría para decir la verdad, aunque sea difícil y aunque no sea conveniente en el momento. "Señor, dame sabiduría para explicarles", y empezar por mí, o decir: "Mira, yo soy igual que tú, y yo también soy pecador. Pero al haber recibido el perdón de Dios, y la gracia que he experimentado de parte de Dios, yo quiero que tú conozcas esa misma gracia. Porque si no te arrepientes, dice la Biblia —no yo; la Biblia dice esto—, vas a pasar toda la eternidad separado de Dios, pagando el precio de tu pecado".
"A quien la oyera, le retiñirán ambos oídos", le dijo Dios a Samuel. "Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oído, se acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos. Pero tú, sé sobrio en todas las cosas, sufre penalidades, haz el trabajo de un evangelista, cumple tu ministerio", le dijo Pablo a Timoteo, 2 Timoteo 4:3.
No dejen caer a tierra la Palabra de Dios
Me encanta, porque este capítulo empieza con la escasez de la Palabra de Dios en aquellos días: "La palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia". Y para cuando termina este capítulo, encontramos que Samuel ha sido llamado por Dios, que ha aprendido a reconocer la voz de Dios, ha aceptado el reto de obedecer a Dios. Y ahora, versículo 19: "Samuel crece, Jehová está con él, no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras". ¿Palabras de quién? De Dios.
Entonces la pregunta es… no dejen caer a tierra las palabras de Dios. Mis hijos, mis nietos, aquellos que vienen después de mí: no dejen caer a tierra la Palabra de Dios. Háblenla, créanla, anúncienla. "Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová". Dios empezó a hablar, y Su Palabra empezó a ser escuchada. La gente empezó a decir: "Sí, ahora sí estamos escuchando lo que Dios quiere de nosotros". Y dice el último versículo, o el primer versículo del capítulo 4: "Y Samuel habló a todo Israel". Dios empezó a usar a Samuel para comunicar Su mensaje.
Nosotros somos Samuel hoy
En ese tiempo Dios habló a través de Samuel. Entonces, Su profeta… hoy está hablando a través de la Iglesia. Nosotros somos Samuel hoy; nosotros somos aquellos que están comunicando la verdad que Dios nos ha mostrado a un mundo que necesita escucharlo. ¿Lo estamos haciendo? ¿Lo vamos a hacer? ¿Vamos a ser fieles al mensaje que hemos recibido, de hablar sobre el juicio de Dios, sobre el perdón de Dios, sobre la salvación que se encuentra en Cristo Jesús solamente? ¿O vamos a hacer como Elí, que prefería evitar confrontaciones y buscaba el lado fácil? "No quiero ser muy duro con mis hijos; se van a enojar, ya no me van a hablar".
Ese es el reto que encuentro en este capítulo, que creo que nos conecta nuevamente con el mensaje de juicio en el libro de Ezequiel. Porque en el libro de Ezequiel hemos estado viendo todo el patrón del pueblo de Israel, desde que salieron de Egipto hasta el exilio, en el que generación tras generación tras generación tuvo la oportunidad de escuchar las palabras de Dios, tuvo la oportunidad de obedecer las palabras de Dios, pero escogieron no hacerlo, y Dios los juzgó.
Para llevarla en paz
Dios juzgó la manera en la cual empezaron a ver a las naciones vecinas y todo lo que ellos hacían, es decir: "No están mal; no es tan malo. Yo sigo adorando a mi Dios, pero pues también hay algo de beneficio en el hecho de que nosotros también le rindamos algunos de los sacrificios a Baal. Hay algunos beneficios también en que podamos adoptar algunas de las costumbres de nuestros vecinos". Bueno, pues, ¿para qué? Para llevarla en paz, para llevarla bien. Y eso es exactamente lo que los trajo a donde están en ese momento de la historia: exiliados en Babilonia, sufriendo la destrucción absoluta de Jerusalén y del templo.
Y en donde Dios les dice: "Todo esto para que ustedes sepan que Yo soy Dios, y no hay otro Dios fuera de Mí. Pero Yo haré una obra en ustedes para que sí me conozcan. Porque sí tendré un pueblo que seguirá Mi ley y obedecerá Mis mandamientos, porque Yo transformaré su corazón". Y es la promesa que vamos a ver desarrollada en todo el Antiguo Testamento. El próximo domingo continuamos.
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