Apocalipsis 5ApocalipsisJaime Adams
Lo que cambia todo
Transcripción
Un privilegio estar aquí
Seguramente todos los que llegan aquí dicen: "Es un privilegio estar con ustedes". Pero de veras es un privilegio para mí, porque puedo ver a mis nietos que están aquí, y molestar un poco a mi hijo Jonathan, y mostrar más amor a Elisa. Y pues para nosotros es algo muy bonito estar con ustedes. De veras doy gracias a Dios por la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa. Yo recuerdo cuando esta palabra, "Cuajimalpa", pues era algo tan difícil de decir para mí; ahora, pues, significa mucho, es algo de amor hacia ustedes.
Y doy gracias a Dios que ustedes tienen este asunto allá a la entrada, este versículo que dice así, de la primera carta a los Tesalonicenses, el capítulo 5, versículo 2: "Amados hermanos, honren a sus líderes en la obra del Señor. Ellos trabajan arduamente entre ustedes y les dan orientación espiritual. Ténganles mucho respeto de todo corazón y demuéstrenles amor por la obra que realizan. Y vivan en paz unos con otros". Y para mí una de las bendiciones es venir aquí y oír a alguien como nuestro hermano ofrecer un libro como El Cristo completo, porque realmente esto tiene algo de profundidad. No es un libro así que dice: "Uno, dos, tres, y pues ya, salvación". Pero este es un libro de la historia, pero sí muy bíblico. Entonces necesita algo más que un poco de café; necesita bastante café.
Y realmente quiero recomendar de nuevo, de nuestro pastor aquí, Nathan, pues su libro Escatología práctica: cómo vivir los últimos tiempos hoy. Y hay tantos errores entre los evangélicos, que este libro es muy importante; deben profundizarse en esto, y dar respeto, honor al autor de este libro, realmente tan importante, yo creo. Y algo más sencillo, pero a la vez profundo, es una obra que siempre voy recomendando a los padres de familia para enseñar a sus hijos, pero realmente los padres de familia aprenden: ¿Quién me hizo?. Es algo muy sencillo, y tiene así… lo que me gusta también es que los dibujos son de Israel, y es algo que es muy bonito: aprender las cosas sencillas, pero a la vez profundas. Entonces yo, pues, recomiendo estos libros. Y una manera de honrar a los líderes de la iglesia es profundizarse en la Palabra de Dios.
Oración
Entonces nosotros queremos ahora orar un momento y pedir la bendición de Dios sobre nosotros en estos momentos juntos. Oremos.
Ayúdanos, oh Señor, con todas nuestras debilidades, con las necesidades nuestras. Nosotros, oh Señor, necesitamos entender de nuevo que siempre Tú eres soberano, Tú eres sabio, Tú eres nuestro Dios, siempre el Dios bueno y el Dios de amor. Ayúdanos, oh Señor, a entender esto de nuevo entre nosotros en estos momentos: que no hay momento en el cual Tú no eres Dios, y que podemos confiar siempre en que Tú no cambias. Y aunque las circunstancias de nuestras vidas cambian, podemos confiar en Ti, oh Señor. Ayúdanos. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
La revelación de Jesucristo
Nosotros vamos a mirar un capítulo que ustedes han estudiado probablemente, el capítulo 5 de Apocalipsis. Y en un sentido, el libro de Apocalipsis es un libro no de fotos, pero como sueños, visiones de Jesucristo, el gran Redentor. Entonces es importante entender que no es una historia escrita del futuro, sino que nos da como la gran visión de Jesucristo. Singular: la revelación de Jesucristo es este libro. No son revelaciones, pero es la revelación de Jesucristo este libro, Apocalipsis. Y nosotros llegamos al capítulo 5 con el propósito de ver que Dios ha hecho algo en este capítulo importante para nosotros.
Aunque hay tribulaciones, y gran tribulación, desde el principio de la iglesia hasta la segunda venida de Cristo, está la realidad de que Dios siempre es soberano, Dios siempre es bueno, Dios siempre es sabio, Dios siempre es amor, y podemos confiar en que Él no cambia. Y este capítulo, con el gran desafío: el gran desafío que nadie puede llevar a cabo el plan de Dios. Y sigue con este asunto de que hay un gran Redentor. Y también termina el libro de Apocalipsis como termina este capítulo: que hay un gran señorío. Entonces, con estas tres cosas nada más, ustedes pueden seguir esto, pueden ver todo el libro de Apocalipsis. Además de esto, en toda nuestra vida hay problemas, pero Dios siempre es soberano, Dios siempre es bueno, Dios siempre es sabio, y Dios es amor, y no cambia.
El gran desafío
Entonces, para entrar en esto, es importante ver lo que tenemos en el capítulo 5 de Apocalipsis. Podemos leer esto sobre el gran desafío, capítulo 5 de Apocalipsis; ustedes pueden seguir: "En la mano derecha de Aquel que estaba sentado en el trono vi un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Vi también a un ángel poderoso que anunciaba a gran voz: '¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?'. Y nadie, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni mirar su contenido. Yo lloraba mucho, porque nadie había sido hallado digno de abrir el libro ni de mirar su contenido".
Esto sí es el gran desafío. ¿Qué significa este rollo, este libro? Pues es el plan de Dios; es algo que Dios tiene planeado. Dios tiene ese asunto… Sí hay tribulaciones, hay maldiciones sobre la tierra, hay plagas, hay la corrupción de toda la tierra; bajo esta corrupción gime toda la creación. Y podemos ver en este pasaje, como dice Romanos 8:22: "La creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto". Es como una esclavitud de corrupción; toda la Biblia nos habla de esto. Y si vamos leyendo así todo este libro de Apocalipsis, está hablándonos de toda esta esclavitud de los efectos del pecado en toda la creación: estas plagas, maldiciones, la tribulación tan grande. Sufre toda la creación por el asunto del pecado; es una realidad.
Los grandes filósofos creen: "Ah, vamos a ser mejores el próximo siglo", o "así todo va a ser mejor". Pero sigue lo mismo, hasta peor. Y la realidad es que este mundo entero sufre con esta corrupción, con la esclavitud del pecado; es una realidad. Pero debemos entender muy bien que el plan de Dios es algo mucho más grande. Aunque es algo bello el perdón de nuestros pecados por medio de la cruz —"Sí, Señor, por Cristo Jesús yo tengo perdón de mis pecados. ¡Aleluya!"—, el plan de Dios es más grande que esto. El plan de Dios va a destruir todas las obras de Satanás. No es que Satanás va a ganar este triunfo, como algo en lo que él puede triunfar sobre el mundo y tener este mundo. No.
Nos habla como termina Apocalipsis, el capítulo 21; así nos dice: "Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva". Es como algo de lo que Pedro nos habla en el capítulo 3, versículo 13; nos habla de esta gran visión, este gran deseo de tener un cielo nuevo, una tierra nueva, todo lavado del pecado, todo quitado de las maldiciones, de la gran tribulación desde el pecado hasta ahora que hemos sufrido todos. Esto sí: Cristo viene a cambiar todo esto. Entonces hay algo que es mucho más allá que el perdón de nuestros pecados. Aunque es una bendición tan grande, es solamente parte del gran plan de Dios. El plan de Dios es más grande que nosotros individualmente; es un plan cósmico, algo en lo cual podemos confiar: que Dios va a cambiar todo.
Nadie es digno
Entonces la pregunta está en estos versículos: ¿quién puede llevar a cabo Su plan? Y no hay nadie. Los hombres prometen, ¿no es cierto? Los políticos aquí, como los políticos en el norte: "Pues si soy elegido, voy a cambiar todo. Ya no vamos a tener más violencia en México, en la ciudad, y ya, presidente". Y pasan los años y sigue lo mismo. Y ellos anuncian: "Soy el único que puede salvar al país; yo soy el gran hombre". No pueden. Los médicos prometen tantas grandes cosas en la medicina, pero los hombres siguen, cada uno, uno por uno, así se mueren. Doy gracias a Dios por todo esto, pero ellos no pueden ganar; no pueden vencer la muerte. O como es el asunto de los abogados: pues ellos prometen, sí, con buenas leyes, así, tan buenas: "Pues ya", o "una nueva constitución, esto puede ya salvar al país". Pongo otra constitución nueva, y sigue lo mismo.
Yo recuerdo una vez, hace años —uf, yo creo que fue más o menos en el año 1983—, yo estaba en la Ciudad de México, y había un restaurante así, muy grande, y había un grupo de unos 20 universitarios: unos comunistas, socialistas, así, con sus puntos muy fuertes, y otros capitalistas: "Así podemos hacer esto económicamente". Unos, pues, comunistas: "Necesitamos más años para llevar a cabo el plan". Los capitalistas diciendo ahí: "Con más fuerza, más poder, más capital, más plata podemos hacerlo". Pero sigue igual: matan a unos para reemplazarlos con otros. Tristemente, el hombre no es capaz de llevar a cabo el plan de Dios, de vencer la muerte, de vencer la violencia. Es una realidad; podemos leer la historia, es lo mismo que estamos aquí.
El gran desafío: el hombre no puede llevar a cabo esta salvación. Es una realidad que nadie puede negar: el hombre no es capaz. Entiendan, es algo real. Podemos ver una tristeza, como dice él aquí: "Yo lloraba mucho". La tristeza es algo grande: los judíos contra los palestinos, odio, venganza, así, matándose unos con otros; así allá los rusos, allá en Ucrania. Pues así, todo esto tan feo. Pero es la historia, es la realidad, es el gran desafío: el hombre no puede llevar a cabo el plan de Dios.
El gran Redentor
Ahora, el gran Redentor. Muy bonito esto, los versículos 5 a 10. Dice: "Entonces uno de los ancianos me dijo: 'No llores. Mira, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y sus siete sellos'. Miré, y vi entre el trono, con los cuatro seres vivientes, y entre los ancianos, a un Cordero de pie, como inmolado, que tenía siete cuernos" —Su poder— "y siete ojos" —Su conocimiento—, "que son los siete Espíritus de Dios enviados por toda la tierra". Sí, Él sabe de toda parte de toda la tierra. "Él vino y tomó el libro de la mano derecha de Aquel que estaba sentado en el trono. Y cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos. Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: 'Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque Tú fuiste inmolado, y con Tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra'".
¡Wow! ¿Quién es este gran Redentor? Dice así: el León de la tribu de Judá, de la descendencia de los judíos, así, Hijo de David, así, hombre real, que nació así —nosotros celebramos—, pero a la vez es la Raíz de David. Es Dios hombre y Dios. Y ¿cómo es Su obra? Él es el Cordero de Dios, como Juan el Bautista llegó diciendo: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". ¡Wow! El gran Redentor. Así nosotros tenemos a alguien que es digno, alguien que es nuestro Señor Jesucristo. Así como dice uno de nuestros santos —como protestantes quizás podemos decir esto así—, Carlos Spurgeon; él dice: "Si hubiera un solo punto en la vestidura celestial de nuestra justicia que nosotros mismos tuviésemos que poner, estaríamos perdidos".
Nosotros debemos reconocer que la Biblia nos enseña que la salvación es de Dios, desde el principio hasta el final. La salvación es de Jesucristo; cantamos de esto, ¿no es cierto? Cristo solamente. Cristo, el Cristo completo: el Cristo así como sacerdote, profeta que nos enseña, el Cristo que es rey. Es este Señor Jesucristo el que nos salva.
Una salvación global
Pero hay algo interesante en esto, y yo creo que debemos entender esto muy bien: la fe cristiana es una fe global. En este pasaje nos habla de que hay un pueblo de todo lenguaje, toda nación, todo pueblo. Así es: de todo el mundo, una salvación tan grande que hay los que vienen de todas partes del mundo. Es global, universal; es realmente la fe católica, en el sentido de que incluye a todo pueblo en todas partes del mundo, y es la fe a través de todos los siglos. Es la fe verdadera porque tiene que ver con todo el mundo. No es solamente para los mexicanos, o para los canadienses, o para los norteamericanos, los gringos allá, o algo así, o de los judíos. Ya no hay separación; es una salvación para todo pueblo en todo el mundo. ¡Aleluya! Algo a lo que podemos decir amén, eso sí: una salvación global.
Y a ver, esto es tan importante: que Él es el Salvador del mundo. Es muy bueno notar dos pasajes. Ustedes recuerdan a esta mujer samaritana. Ella, pues, una mujer, en primer lugar samaritana, y también pecadora conocida. Pero Cristo llega a ella para algo… Ustedes conocen el capítulo 4 de Juan. Y ella va a su pueblo a traer a esta gente, y esta gente llega, en Juan 4, el versículo 42. En el versículo 42 dicen ellos: "Él es el Salvador del mundo". Y otra vez Juan, en su primera carta, el capítulo 4, creo que el versículo 14, él también dice que Cristo es el Salvador del mundo. No solamente para los judíos, sino para una mujer pecadora, samaritana; es decir, de un pueblo que no pertenecía a los judíos. Son ya gentiles, como nosotros. Es un Salvador, Redentor para todo el mundo.
Global, pero personal
Pero hay algo en esto importante: que no debemos pensar que ya todos los que están aquí esta mañana son salvos, es decir, son los que tienen esta relación con Cristo, con fe en Él, en conexión, unión con Él. Entonces es global, pero a la vez personal. Dice que Él ha redimido a un pueblo de cada nación; son personas. No es solamente algo así global. Pues yo puedo ilustrar esto; me gusta esto bastante. Yo puedo decir que yo amo a las personas del mundo, yo amo a todos ustedes, pero hay algo muy distinto cuando yo digo: "Yo amo a Nancy, mi señora de 57 años". Hay una diferencia: es algo personal, es algo real.
Y debemos tener esta relación con Cristo. Aunque uno tiene ya familia cristiana, o uno está aquí en la iglesia, usted mismo tiene que tener esta relación personal con Él. Él llega a su corazón, y debes tener esta relación con Él. Es una salvación personal desde la eternidad, como el libro de Efesios nos habla: que Él nos escogió y nos amó antes de la fundación del mundo. Es algo personal desde la eternidad. Sí, Señor, global, pero también Él tiene un pueblo de todos estos diferentes pueblos, naciones, lenguas. Es algo tan bello la salvación del gran Redentor, Jesucristo.
Y esto incluye a todos los navajos de Arizona, los apaches allá, los quechuas de Perú, y diferentes partes de Colombia, y también Argentina y Chile, los diferentes grupos aquí; incluye a todos. Pero así, con esa relación personal con Él. Tan bello ver Su amor, que es un amor real, con alemanes, holandeses, con mexicanos, con y con todos. Así es Su gran obra. En un sentido, podemos ver toda la historia de la iglesia en este capítulo, ¿no es cierto? Pues hay este gran desafío, y nadie puede llevar a cabo la obra, el plan de Dios. Pero el gran Redentor llega, y Él tiene Su pueblo de todos los pueblos de todo el mundo, y a la vez tiene esta relación con todos personalmente, en esta bella relación como familia.
El gran señorío
Entonces algo llega a nosotros en estos últimos versículos del capítulo, pues comenzando con el versículo 11. Dice Juan: "Y miré, y oí la voz de muchos…". Esto es el señorío, el gran señorío. "La voz de muchos ángeles alrededor del trono y de los seres vivientes y de los ancianos. El número de ellos era millones de millones, y miles de millones". Eso quiere decir muchos que ni podemos contar: es el pueblo de Dios. No es que uno puede preguntar: "¿Van a ser muchos los salvos, o pocos?". Pues me parece a mí que muchos; ni podemos contarlos, el pueblo de Dios. "El número de ellos era millones de millones, y miles de millones, que decían a gran voz: 'El Cordero que fue inmolado es digno de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza'. Y oí decir a toda cosa creada que está en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay: 'Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos'. Los cuatro seres vivientes decían: 'Amén', y los ancianos se postraron y adoraron". Amén, y amén, amén.
Este señorío, este gran señorío, es algo que debemos entender y ver. Como el versículo 10 dice: "Reinaremos sobre la tierra". ¿Cuándo? Sí, cuando Cristo venga de nuevo, Él va a cambiar todas las cosas. Lo que el hombre no puede hacer, Él lo va a hacer: por medio de la cruz, sí, también por medio de Su segunda venida. Él va a lavar todo el universo de su pecado; es decir, las estrellas, los árboles, los ríos. No hemos visto que se ponga el sol sin algo de los efectos del pecado; este mundo vive bajo esta maldición del pecado. Y cuando Cristo venga, vamos a tener un cielo nuevo, vamos a tener tierra nueva.
Entonces tenemos esta promesa, y nosotros estamos esperando este momento, porque Él va a ser como Señor de señores, Rey de reyes. Y en un sentido, como he dicho, este capítulo nos da como un resumen de todo el libro de Apocalipsis, de toda la historia de la iglesia: hay dificultades, aflicciones, tribulación, problemas, dificultades, divisiones; el pecado todavía está. Pero sí, por Cristo Jesús tenemos el perdón de nuestros pecados, y a la vez esta promesa de tener cielo nuevo y tierra nueva. ¡Qué cosa tan bonita! La adoración universal comienza ahora. Y tenemos este asunto: que Cristo es el que nos da el cambio total.
Una huelga en Bucaramanga
Dos cosas ahora, muy sencillas. Yo recuerdo, hace tantos años atrás, me tocó ir a Bucaramanga, Colombia, a alquilar una casa para que mi familia viviera allá en Bucaramanga, Colombia, donde nuestro hijo menor nació, en esta ciudad de los parques, Bucaramanga. Me gusta bastante este nombre, Bucaramanga. Pero yo, pues, todo el día buscando allá una casa para alquilar. Entonces en la tarde, ya casi a la hora de comer y todo, pues yo estaba ya en el parque, solo, andando en el parque. Y yo vi bastante gente allá en la catedral, afuera de la catedral, allá en el parque central. Entonces: "A ver, ¿cómo es esto? ¿Qué pasa allá?". Entonces yo subí allá a ver, e inmediatamente todos estaban alrededor de mí. "¿Cómo es este problema? ¿Cómo he llegado a este punto peligroso?".
Había policía y todo, y como más de 100 personas, y bravos. Estaban allá en una huelga de hambre contra el banco de Colombia; no recuerdo exactamente los detalles. Pero entonces yo, pues: "¿Cómo es este asunto? ¿Qué pasa aquí?". Y ellos comenzaron a culpar a los Estados Unidos, y a los políticos allá en Bogotá, y estaban allá gritándome a mí. Yo estaba un poco… pues: "¡Ayúdeme alguien!". Entonces yo preguntando algo con compasión, realmente, porque los sueldos son tan bajos: ¿cómo puede vivir con esto? Y si falta algo en su día de trabajo, pues uno tiene que, de su propio bolsillo, cumplir con todo esto. Ustedes saben, todo es bastante difícil para ellos.
Entonces yo pregunté: "¿Cuál es la solución? ¿Cómo es que se puede cambiar todo esto?". Ellos gritaron, casi todos a la vez: "¡Matar a estos políticos, a estos puercos allá en Bogotá!". Así. Uh, pues estoy así en este asunto: "¿Cómo es que estoy yo aquí en este momento?". Yo entonces dije: "¿Quién de ustedes…?". Y alguien dijo: "Yo puedo, allá en Bogotá". Y su compañero dijo: "Él… ¡no, es ladrón!". Es el problema: no hay hombres dignos de confianza. Siempre es lo mismo: el hombre no puede llevar a cabo esta gran tarea, el plan de Dios. Nosotros como creyentes no debemos confiar en los hombres, sino en Cristo Jesús, en el Señor.
La luna es redonda
¿Cómo es el asunto, la aplicación de todo esto? Dios es Dios. Dios es soberano, Dios es bueno, Dios es sabio y Dios es amor. Hay un librito… Creo que podemos aprender a veces más de los libros de los niños que de los grandes libros de teología. Este libro me gusta mucho; no lo tenemos todavía en español —debemos publicarlo de pronto—, pero tiene el título La luna es redonda. Muy sencillo; estamos de acuerdo con esto, ¿no?, todos. Pero muestra, por el libro, con este niño, que a veces hay tormentas y todo en la noche, y ni puede ver la luna. Y en otras ocasiones, realmente, el asunto es que la luna parece ser una astilla nada más, así, lo que puede ver en la noche. Pero siempre debemos recordar: aunque hay dificultades, tribulaciones, plagas, problemas, la luna es redonda. Dios es soberano, Dios es bueno, Dios sí es sabio y Dios es amor. Él no cambia.
Como podemos ver, no hay hombre en toda la tierra que pueda llevar a cabo el plan de Dios y crear un cielo nuevo, una tierra nueva. No hay manera entre los hombres. Pero tenemos un gran Redentor: el León de la tribu de Judá, la Raíz de David. Sí, Señor, Él puede, y Él viene, y Él hace que todo cambie. Dios es soberano, Dios es bueno, Dios es sabio y Dios es amor. Aunque parece a veces que no podemos verlo, siempre la luna es redonda, y podemos confiar en que Dios es Dios siempre.
Oración final
Oremos. Gracias, oh Señor, que estamos en Tu presencia en estos momentos juntos, que nuestros hijos te pertenecen a Ti. Oh Señor, entregamos nuestros hijos a Ti. Que Tu Espíritu Santo llegue a los corazones de ellos, a abrir los corazones y ver que Tú eres el único gran Salvador, Redentor; que Jesucristo, Tú eres nuestro Salvador. No solamente que nos has hecho la posibilidad de salvarnos a nosotros mismos, sino que Tú nos has redimido, nos has comprado, nos has salvado. Ayúdanos, oh Señor, a confiar en Tu sabiduría, y confiar en Su sabiduría y Su soberanía, y en todo lo que Tú eres para nosotros. Aunque no podemos entender en el momento, Tú eres siempre nuestro Dios. En el nombre de Cristo Jesús…
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →