Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Romanos 12:9-13RomanosRoberto Reyes

Mi Deber como Cristiano

Transcripción

Bienvenida y motivos de gratitud

Ya, ya. Sí, sí, sí… ya estoy, ya. Buenos días, buenos días, hermanos. Dios les bendiga a todos. Bienvenidos. Pues, gracias a Dios. Hoy vemos que faltan todavía algunos hermanos; recordemos que hoy son las elecciones en el Estado de México. Algunos hermanos están trabajando, pues, como funcionarios de casilla también, y sabemos que habrá de definirse gobernador del Estado de México —o gobernadora, más bien, en este caso— de acuerdo a la voluntad de Dios, ¿verdad? Sea lo que pase, es la voluntad de Dios, y nuestro deber es orar por nuestros gobernantes y sujetarnos a esta autoridad que por Dios ha sido puesta.

Bien, hermanos. Pues gracias a Dios que el Señor nos permite esta oportunidad nuevamente de continuar avanzando en este tema tan importante, que nuestro pastor Nathan tuvo la inquietud de que estuviéramos meditando: este tema acerca de la unidad de la iglesia. ¿Creen que sea importante la unidad de la iglesia? Pues por supuesto, hermanos. Por supuesto que es muy importante la unidad de la iglesia. Y ayer, precisamente, meditando en todo esto en estas últimas semanas, veíamos cómo el Señor, a través de Su propia iglesia, permite bendiciones muy grandes para todos nosotros como iglesia, como el evento de ayer de mujeres, que fue en verdad una bendición muy grande. Ojalá que todas las mujeres de la iglesia hayan podido estar aquí.

Y bueno, eso es parte de un trabajo que se viene organizando por iniciativa, a veces, de una o dos hermanas, pero que requiere la unión de más personas con sus diferentes dones y talentos para poder llevar a cabo, pues, cualquier trabajo, cualquier actividad que sea con un tema evangelístico, como fue el día de ayer, y donde haya mucha bendición, como lo fue también el día de ayer. Creemos fielmente que nuestro Señor usa Su iglesia para alcanzar a aquellas personas con esa necesidad de salvación de Jesús. No supimos, tal vez, cuántas hermanas venían con una situación realmente complicada, pero Dios sí lo sabe, y Dios provee de estos recursos, de estos eventos como el día de ayer, pues para poder alcanzar y poder confortar, ayudar a estas hermanas en este caso. Entonces, gracias a Dios, hermanos, por todo esto que el Señor permite.

Y hemos venido escuchando también a las visitas que tuvimos. ¿Recuerdan a los hermanos gemelos de Honduras, David y Daniel Puerto, que estuvieron aquí, pues, compartiendo acerca del tema de la unidad de la iglesia y del cuidado de los huérfanos? En este caso, de los más vulnerables, como el Señor habla específicamente: viudas, huérfanos y extranjeros.

La unidad de la iglesia: un tema delicado

Y bueno, la unidad, hermanos, la unidad de la iglesia. Creo que es un tema que se habla, yo creo, en todas las iglesias, porque todo liderazgo o consejo pastoral quisiéramos ver una iglesia unida. Al final del día, quisiéramos que todas las cosas funcionaran de tal forma que no hubiera realmente complicaciones por falta de la unidad, por falta de todo lo que representa o implica la unidad. Pero ¿qué significa y, sobre todo, qué implica lograr la unidad de la iglesia? Podríamos decir: "Bueno, pues creo que sí está unida, ¿qué más tiene que suceder?". No. Realmente las implicaciones y todo lo que se desprende de este tema es muy extenso, y también es delicado, hermanos.

¿Por qué es delicado? Porque, por lo relevante que es, debe darse un trato, un cuidado, de buscar continuamente esa unidad y saber las razones por las que no se está dando esa unidad. Si no se atiende a tiempo, pueden existir complicaciones riesgosas para la iglesia, como divisiones, como los grupos que finalmente deciden irse. Y creo que todas —yo me atrevería a decir que todas las iglesias bíblicas— han tenido divisiones en sus iglesias, y realmente es algo de lo más difícil, lo más doloroso que puede experimentar una iglesia del Señor. Entonces, por ello considero que es realmente importante este tema.

Lectura de Romanos 12:9-13

Pero vamos a ver lo que dice la Palabra de Dios, hermanos. Preparen sus Biblias. Vamos a ver y continuar con la carta del apóstol Pablo a los Romanos, capítulo 12, versículos 9 al 13. Y dice la Palabra de Dios —yo tengo Reina Valera porque hay algunas palabras aquí muy importantes, dignas de considerarlas—, dice el versículo 9, hermanos… Y viene el subtítulo en Reina Valera, en el capítulo 12; dice: "Deberes cristianos". De hecho, yo titulé este mensaje "Mi deber como cristiano", porque "deberes cristianos" es muy general, muy ambiguo. A lo mejor: responsabilidad de todos, responsabilidad de nadie. Pero tenemos que tomarlo como nuestro deber personal como cristiano: mi deber, el tuyo, el tuyo, el de cada uno de los que hoy estamos aquí y de los que no están. Es un deber que tenemos como cristianos nosotros.

Dice la Palabra de Dios, versículo 9 del capítulo 12 de Romanos: "El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros". Versículo 11: "En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad".

Oración

Vamos a orar, hermanos. Permítanme orar a Dios. Gracias, Señor, por todo lo que encontramos en Tu Palabra, porque, sin duda alguna, Señor, en Tu omnisciencia y poder, Tú sabes perfectamente lo que necesitamos cada uno de manera personal y también como familias e iglesias. Señor, hoy en esta mañana quiero poner delante de Ti esta exposición, de la cual he rogado, Señor —te he rogado, Señor—, que seas Tú quien me guíe, que me uses, quien hable a través de mí. Y, Señor, en un tema a veces hasta controversial, ruego, Señor, que Tu Espíritu sea el que nos instruya, nos guíe y nos hable a cada uno de manera personal y como iglesia. Pongo en Tus manos este tema, este mensaje que ha sido de bendición para mí, y que asimismo sea para mis hermanos, y que en todo momento Tu nombre sea exaltado, porque ese es nuestro único deber: hacer todas las cosas como para Ti, Señor, a Dios nuestro Señor y Salvador, y Jesús, Tu Hijo, por quien nos encomendamos cada día. Señor, a Ti te damos la gloria por siempre. Amén. Amén.

Trece instrucciones para la iglesia

Fíjense, hermanos, que en este pasaje de cinco versículos hemos encontrado una serie de instrucciones. Nada más ya leímos los versículos 9 al 13 y hemos encontrado trece instrucciones para la iglesia. Recuerden que la carta de Pablo a los Romanos está escrita a la iglesia de Roma, ¿verdad?, la iglesia de Roma. Y hemos encontrado trece instrucciones. Dice: "El amor sea sin fingimiento", "aborreced lo malo" y "seguid lo bueno": son tres instrucciones, ¿verdad?, tres instrucciones muy específicas. Versículo 10: "Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros": son dos, dos instrucciones. Versículo 11: "En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor": son tres instrucciones allí.

Versículo 12: "Gozosos en la esperanza": es una instrucción, gócense en la esperanza. "Sufridos en la tribulación, constantes en la oración": son tres instrucciones más. "Compartiendo para las necesidades de los santos": es una instrucción. "Practicando la hospitalidad". Y serían 13 instrucciones. Imagínense, hermanos, que a lo largo de toda la Palabra de Dios, y en estos versículos tan breves, pues ya encontramos tres instrucciones que Dios nos está dando. ¿Sí o no? Ahí están. ¿O hay duda de eso? Que podemos decir: "Bueno, es que eso es para ellos, fue en su tiempo, fue…", etcétera, etcétera. Muchos argumentos, o hasta excusas, si es que no estamos llevando a cabo, por ejemplo, estas tres indicaciones que Dios nos da.

Pero a lo largo de toda la Biblia, sabemos que está llena de instrucciones, de ordenanzas, de mandatos y consejos, ¿verdad? También de advertencias y juicios. Y lo mejor, hermanos: está llena de promesas de Dios. Eso es lo que encontramos a lo largo de toda la Biblia. Pero estas tres instrucciones muy importantes son dadas a la iglesia en Roma, y hoy el Señor quiere que las escuchemos nosotros; hizo que las escuchara yo de una manera muy específica. Pero el gran problema, hermanos, de todos nosotros como individuos —y me sumo a esos individuos, congregantes o fieles que conformamos toda iglesia del Señor— es que difícilmente logramos seguir o llevar a cabo las instrucciones de Dios. Y ahí es donde empezamos a batallar; ahí es en donde no las llevamos ni en nuestra propia vida, a veces ni en nuestra propia familia, y, por consiguiente, pues ni en nuestra propia iglesia. Entonces, esto origina y originará problemas y más problemas en mi propia vida, para con mi familia, para con mi iglesia, para con mi trabajo, para todo lado donde nos movamos.

Como va la familia, va la iglesia

¿Han escuchado, hermanos, la frase —que ya creo que es muy antigua—, esta frase que por ahí se decía: "Como va la familia, va la nación"? ¿No sería…? Se le atribuye al papa; yo no sé, creo que es más extenso lo que él dijo, pero bueno, esta es la cortita: "Como va la familia, va la nación". Podríamos parafrasear diciendo: "Como va la familia cristiana, va la iglesia". A lo mejor no es muy adecuado el ejemplo, pero esta frase se trata de que tanto la nación como la iglesia son un reflejo de las familias que conformamos la nación y nuestra iglesia. ¿Sí? Entonces, podemos verlo de esta manera respecto a la unidad de la iglesia, hermanos.

Es una realidad que este tema sí es muy importante, como ya lo dije. Pero ¿por qué es importante? Porque, en buena medida, realmente de ello dependerá el buen funcionamiento, como les comentaba, del día de ayer, en este evento tan bonito donde todas las mujeres… Y por eso están estos adornos tan bonitos, acordes a las mujeres, y que los disfrutamos todos, con estas rosas aquí al frente. Pero ya las mujeres estuvieron muy contentas, ¿no, hermanas? Estuvieron felices, estuvieron siendo atendidas, se sintieron amadas por nuestro Señor, principalmente. No, yo espero que no se hayan sentido así porque no estaban los esposos cerca, pero se sintieron consentidas.

Dios tiene un lugar muy especial para las mujeres. Hay ordenanzas muy específicas para nosotros los varones en el trato hacia la mujer: "Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?"; "el corazón de su esposo vive confiado" por esta esposa, etcétera. También el Señor se acuerda de aquellas mujeres que no tienen esposo; el Señor se encarga de confortar, de proveer, de dar todo aquello que pudieran necesitar, y es parte de la obra que Dios ha hecho por Su sola gracia.

La unidad y el propósito de la iglesia

Entonces, es importante la unidad, porque de ahí dependerá, pues, el funcionamiento de las actividades de una iglesia. De esa correcta unidad —bien organizada, bien liderada, bien pastoreada— también dependerán muchos buenos logros que se puedan obtener para la gloria de Dios, para bendición de nuevos creyentes. No sabemos si ayer hubo hermanas que venían por primera vez o no habían entregado su vida al Señor todavía. Ojalá que todo esto, que esa semilla que se haya depositado ayer, dé fruto, y ellas puedan reconocer a Jesús como Señor y Salvador.

Y eso es lo hermoso del funcionamiento y trabajo de una iglesia. Es el único propósito, realmente: que más gente venga al conocimiento de la fe en Jesús, nuestro Señor; que más gente venga y entregue su vida al Señor. Y hoy es la oportunidad también, y cada día es la oportunidad que Dios nos da, pues no tenemos la vida asegurada. Y sí tenemos constantes riesgos de muerte; hoy en día la muerte es lo más común que puede suceder, sin importar la edad. ¿Cierto, no, hermanos? No importa la edad; una enfermedad… se acaba muy rápido hoy en día.

Entonces, es importante como iglesia, que como iglesia sea nuestra mayor preocupación que más gente venga al conocimiento de Jesús y obtenga el precioso regalo de salvación y vida eterna. Y esa es una encomienda para todos los que tenemos familia no creyente: de estar pidiendo al Señor por esto. Por eso es importante, hermanos, y todo esto radica en la unidad, en la unidad que haya. ¿A quién enviar?, como dice este Romanos 10, ¿verdad?

Contexto: de la doctrina a la práctica

Entonces, antes de continuar, debemos saber que el apóstol Pablo, en este capítulo 12… Llegamos a este capítulo 12 de su carta a los Romanos después de haber expuesto once versículos anteriores —obviamente, del 1 al 11— de la carta de Pablo a los Romanos. Viene hablando del amor de Dios, la condenación, pero viene el amor de Dios que hace posible que estas personas que estaban condenadas tengan la oportunidad de ser salvos, poniendo su esperanza en el Señor Jesús. Estos once capítulos, hermanos, realmente vienen hablando de ese amor ágape de Dios —que es un amor ágape—, ese amor perfecto y desinteresado de nuestro Señor, el que recibimos nosotros aquella vez, el que seguimos recibiendo —pan cada día— de parte de Él: un amor incondicional y divino que Dios siente por Sus criaturas, por aquellas que habrán de venir al conocimiento de la gracia.

Y esto buscará nuestro Señor que suceda en cada individuo, cada persona, más en aquellos que le hemos conocido. Y aunque no se ha logrado expresar de esta manera, a veces, ese amor hacia nuestro prójimo —porque solamente es de Dios—, es una buena forma de poder ejemplificar o representar el evangelio de salvación: a través de ese amor que nuestro Señor mostró en la cruz. Y que nosotros asimismo podamos transmitir o enseñar ese mismo amor que el Señor nos ha dado a través de Su sacrificio en la cruz; que sea un amor sacrificial, y que hagamos lo posible porque ese amor sea sacrificial hacia los demás. Y no por nada Romanos 8:39 habla de ese amor, que nada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro, ¿verdad?

Entonces, así es como viene avanzando a lo largo de estos capítulos de su carta a los Romanos, y llegamos al capítulo 12, precisamente. Entonces, podemos entender que los primeros once capítulos de la carta a los Romanos son una sección doctrinal, específicamente, pero a partir de ese capítulo 12 podemos llamarla una sección pastoral, porque habla del trabajo de la iglesia, de las labores de la iglesia que como iglesia debemos realizar habiendo entendido y aprendido estos primeros capítulos, del 1 al 11. Dice Pablo: "Pongan en práctica ahora ese amor que les he explicado con detalle; pónganlo en práctica". Y empieza el capítulo 12; por eso dice "Deberes cristianos", o lo que debemos hacer, lo que nos corresponde hacer como cristianos en una iglesia.

¿Y por qué está de esta manera? Pues porque, en la omnisciencia de Dios, a través del apóstol Pablo, Dios quería que tuviéramos todas las bases doctrinales del evangelio de salvación para poder mostrarlo claramente a través de nuestra propia vida, hermanos. Esa es la idea de Dios: "¿Han entendido todo esto? Tienen las bases. Aplíquenlo en su propia vida y reflejenlo hacia los demás". Es un gran reto, realmente, hermanos. Hay veces que es complicado hacerlo, aunado a toda la inercia, a los malos hábitos, costumbres, vicios y todo lo que tenemos cada uno, lo que andamos batallando cada uno. Es complicado llevar a cabo estos deberes cristianos.

Presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo

Entonces, creemos… ¿Y cómo sabemos todo esto? Pues porque leemos en el primer capítulo de este capítulo 12, que dice —vamos a leerlo—, versículo 1 del capítulo 12: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional". Y nuevamente Pablo toma ese primer elemento, que es el amor, ¿no? Otra vez: "Os ruego por las misericordias de Dios", el amor de Dios que ha sido mostrado a lo largo de estos capítulos. Y es un amor único, incomparable y hasta incomprensible. No entendemos por qué tuvo que morir Jesús de esa manera por nosotros: por amor, por amor, hermanos. Entonces, pero dice aquí, y generaliza: "Os ruego por las misericordias de Dios". ¿Quién ha recibido misericordia de Dios? Si no, no estaríamos aquí, hermanos. Hoy, incluso los que vinieran por primera vez: esa es una muestra muy clara de la misericordia de Dios. El que hoy estemos aquí, el que hoy estemos escuchando la Palabra de Dios, el que hayamos sido bendecidos con la hermosa alabanza de esta mañana, ¿verdad?, con estas hermanas, con esos dones que Dios les ha dado. Entonces: "Os ruego por las misericordias de Dios". Vemos entonces que aquí este es un punto, un versículo clave, hermanos: "por las misericordias de Dios". No perdamos de vista eso.

Nuestro culto racional

Y dice aquí —seguimos leyendo el versículo—, porque dice: "Que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional". ¿Qué quiere decir Pablo con esto, "culto racional"? O sea, que cualquier otra cosa o expresión como evidencia de nuestra vida cristiana —habiendo conocido y experimentado las misericordias de Dios, que ya les dije que todos las hemos recibido—, si no estamos presentando nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, pues será completamente irracional. Es racional si lo hacemos; es irracional si no lo hacemos. Entonces, entendamos también que la palabra "irracional" significa que es absurdo o que no obedece a la razón.

Andamos, pues, de manera natural, como también expone el apóstol: el hombre natural, aquel que no tiene el Espíritu de Dios; el hombre espiritual, aquel que tiene el Espíritu de Dios. Y tenemos que actuar, pensar, como hombres racionales, porque hemos sido transformados por la obra que Dios ha hecho en nosotros. Si nos comportamos de una manera diferente, tenemos que reflexionar en ello, hermanos, y es una muy buena oportunidad de hacerlo.

Una unidad objetiva y proactiva

Habiendo comentado esto, entonces podemos retomar este tema de la unidad de la iglesia. Pero vamos a tomar, como les digo, este versículo 1 del capítulo 12 como referencia: "Os ruego por las misericordias de Dios", que son muchísimas, inagotables, profundas, las misericordias de Dios. Tenemos que ver y vivir la unidad de manera objetiva, hermanos. También la unidad de la iglesia tiene que ser algo objetivo y proactivo también, de tal forma que entendamos de una manera práctica cómo debe funcionar la iglesia. Por ello Pablo habla, en los versículos atrás, acerca del funcionamiento de los diferentes miembros, ¿verdad? No todos son ojo, no todos son oído, o todos son brazos, no todos son pie.

Por ello Pablo lo expone de esta manera, para ejemplificar —perdón— los dones espirituales que Dios otorgó a Sus hijos. ¿Has venido al conocimiento de la fe? ¿Te has unido a una iglesia? Seguramente tienes dones. Y hemos tenido la bendición de ver que muchos hermanos que recientemente se han incorporado a la iglesia desarrollan los dones o esos talentos que traen, que aprendieron, y que Dios los usa para el servicio a la iglesia. Para eso son los dones: para el cuerpo y bendición para el cuerpo de la iglesia, para bendición de toda la iglesia.

Pero, como dije al inicio, hermanos, difícilmente a veces logramos obedecer las instrucciones de Dios, y no lo hacemos nosotros mismos, y seguimos con inercias y con hábitos que nos van a estar estancando ahí en nuestra nueva vida en Cristo. Y vendrán desánimos, y vendrá el "creo que yo no soy escogido", y muchas dudas que Satanás se afana en poner en nuestras mentes: "Creo que yo no soy salvo, porque yo no puedo dejar de hacer esto todavía; yo sigo en esta inercia, yo no puedo dejar de hacer esto y lo otro". Y esto es porque no acatamos las instrucciones de Dios. Ya leímos esas primeras trece instrucciones de Dios, de estos cinco versículos, ¿verdad?

El fundamento: la unidad familiar

Entonces, ¿dónde está el origen, hermanos? ¿Dónde podemos iniciar para realmente empezar a ver cambios en nuestra propia vida, familia e iglesia? Eso es algo importante de saber. Podemos saber todo el panorama, el contexto de lo que Dios ha establecido para una iglesia, pero necesitamos saber cómo poderle hacer, ¿verdad? ¿Cómo? ¿Qué tengo que cambiar? ¿Dónde tengo que poner mi vista primeramente para que entonces las cosas empiecen a dar cambios, por gracia de Dios?

El fundamento para que una iglesia camine adecuadamente —sin importar las problemáticas con las que venimos, con las que llegamos al conocimiento de la fe, o aquellos obstáculos que pudieran existir— radica en la unidad familiar, hermanos. La unidad familiar sana, porque puede haber unidad familiar muy desordenada, con muchos malos hábitos, malas costumbres. Una unidad familiar sana. Esta unidad familiar se origina y se fortalece en el hogar cristiano, y digo específicamente un hogar cristiano, donde tienen las bases bíblicas, las referencias de cómo debo llevar mi vida como esposo, como papá, como hijo, como esposa, en un núcleo familiar. Porque si no tenemos esta referencia perfecta, la Biblia, pues entonces cada quien puede pensar como quiere y hacer lo que quiere, "con que no afectes a los demás", y todos esos conceptos conformistas que a veces existen en el mundo.

Entonces, consideremos como algo muy importante lograr consolidar nuestra familia cristiana acorde a la voluntad y propósito de Dios. Ahí, ese será siempre un buen comienzo, en obediencia y en orden, y esto resultará en gran beneficio para venir entonces y fortalecer la iglesia. Sabemos que es complicado; a veces no toda la familia quiere caminar en la misma fe. Pero bueno, nuestro testimonio será muy importante para que estas personas vengan y sean convencidas, por gracia de Dios.

Es preciso que haya disensiones

Pero también debo decir, hermanos, algo muy importante, sin afán de que nos decepcionemos nadie: que el mismo apóstol Pablo escribe, inspirado por Dios, en su primera carta a los Corintios —que ya muy pronto vamos a llegar a ese pasaje; nuestro pastor Nathan nos comparte, actualmente estamos estudiando 1 Corintios—… Vamos a la primera de Corintios, capítulo 11, versículos 18 y 19. 1 Corintios 11:18 y 19. Y cuando hablamos de 1 Corintios 11, pues ya hablamos de la Cena del Señor, ¿verdad? Siempre es un tema muy recurrente, del cual tomamos como referencia para cosas importantes.

Pero dice aquí, en este pasaje, 1 Corintios 11:18 y 19: "Pues, en primer lugar —dice Pablo a los Corintios—, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre ustedes divisiones; y en parte lo creo". ¿Por qué en parte lo cree Pablo? Pues porque los conoce muy bien, hermanos. Él levantó esa iglesia, por gracia de Dios, cuando estuvo en Corinto. Los conoció muy bien, a los hermanos; estableció seguramente líderes, pastores, diáconos, todo el cuerpo pastoral, seguramente. Y Pablo, en ese don —y muchos dones que Dios le dio a Pablo—, pues había de identificar muy bien las debilidades, las cualidades de los hermanos.

Entonces dice el apóstol Pablo: "Oigo que hay entre ustedes divisiones; y en parte lo creo", porque "ya los conozco", pudiera decir. Versículo 19: "Porque es preciso que entre ustedes haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre ustedes los que son aprobados". Es decir, hermanos, aquí habla de "oigo que hay entre ustedes divisiones", es decir, bandos o grupos. "En parte lo creo", y "era de esperarse", diría Pablo. "Es preciso", dice, porque "es preciso" —"es necesario", dice la otra versión de la Biblia—, es necesario que entre ustedes haya disensiones, o desacuerdos, o diferencias, "para que se haga manifiestos entre ustedes los que son aprobados".

¿Aprobados para qué? No está hablando de salvación específicamente, sino aprobados para las diferentes funciones del cuerpo; está hablando a la iglesia. Es decir, Pablo reconoce que existe un problema dentro de la iglesia, pero si no se atiende, el problema resultará en división, ¿sí?, las cuales son muy destructivas, como ya sabemos, muy dolorosas, muy dañinas para cualquier congregación. Sin embargo, Pablo afirma que estas problemáticas originadas dentro del cuerpo son necesarias: "Es preciso que existan, hermanos; no se desanimen", dice el apóstol Pablo. Y servirán para destacar a los creyentes genuinos para una función específica en el cuerpo: "para que se hagan manifiestos entre ustedes los que son aprobados". E incluso el alcance de todo esto va a ser también aquellos que no son creyentes. Y eso es algo muy importante de identificar en toda iglesia del Señor. Como hemos dicho de nuestro proceso de membresía, que realmente es muy sencillo: nuestro principal propósito es determinar, con la ayuda de Dios, si son creyentes o no. De nada nos sirve que se hagan miembros si no son creyentes, hermanos; si no han entregado su vida al Señor, si no han entendido la sencillez, realmente, del evangelio de la gracia de salvación en Cristo Jesús. Entonces, ese es el propósito de una iglesia: poder determinar, con cierta anticipación, por gracia de Dios, que sean salvos, principalmente, que hayan entregado su vida al Señor.

Divisiones desde la primera iglesia

Y es interesante cómo escribe Pablo en este pasaje: "Oigo que hay entre ustedes divisiones", ¿verdad? ¿Se dan cuenta, hermanos, que desde esa primera iglesia existen las divisiones en la iglesia? Eso ha existido siempre, y seguramente continuará. Nosotros, como familia, llegamos a esta iglesia en el año 2001. Tuvimos una referencia muy definida, muy clara, respecto de la familia Díaz, los papás de Nathan, y esta familia que conformaban en esta iglesia, en este lugar. Y veíamos —y quienes les conocimos damos razón— de que tenían una entrega total al servicio de la iglesia del Señor. Es la familia que conocimos, y nuestro deseo era alcanzar ese nivel de amor hacia la iglesia del Señor.

Servir a la iglesia del Señor era nuestro principal propósito, de una familia pecadora como nosotros, imperfecta, pero que el Señor, por Su gracia, nos ha dado y nos ha sustentado ese mismo deseo al día de hoy, con todas las implicaciones, imperfecciones que hemos pasado a lo largo de muchos años. Pero como familia puedo decirles que estamos para servirles, hermanos. A lo largo de estos años —varios años, más de veinte años— hemos visto divisiones y escándalos en nuestra iglesia, como tristemente puede platicar cualquier otro pastor que se ha mantenido por muchos años fielmente en una iglesia, o muchos congregantes como ustedes que han estado en otras iglesias y que supieron de una división.

Y esto no es para desanimar a aquellos nuevos creyentes que digan: "No, pues si aquí hay divisiones, pues ¿qué estoy haciendo aquí?". Es necesario que haya ese tipo de disensiones, de divisiones. Yo creo, hermanos, que se han mencionado los grupos, ciertos grupos que pueden existir en la iglesia.

Los que trabajan y los que no trabajan

Yo creo que la esencia de estos grupos que podemos percibir en cualquier iglesia del Señor, y que siempre estarán presentes, como aquí lo leemos, se define en algo muy sencillo: entre los que trabajan y entre los que no trabajan. Porque están los hermanos que sirven a la iglesia con alegría, los que sirven ocasionalmente, también con mucha alegría, y los que casi nunca quieren servir, pero también con mucha alegría. Y no estamos hablando de salvación aquí —mucho cuidado con esto—, pero hay este tipo de hermanos, ¿cierto o no? Con mucha alegría sirven; con mucha alegría a veces sirven; con mucha alegría nunca sirven en las diferentes actividades de la iglesia. No dejan de ser miembros por eso, ni congregantes tampoco.

Y realmente la cantidad de actividades que se desprenden en una iglesia, que son bastantes siempre, hermanos —y véanlo de esta manera—, siempre será el trampolín para sumergirse en la vida activa de una iglesia. Y si realmente no queremos sentirnos como extraños, como excluidos, como apartados, pues súmense al trabajo de iglesia; súmense a las labores que se realizan en la iglesia. Realmente, quienes hemos experimentado una vida de servicio al Señor —con las imperfecciones, les repito, que podamos tener— podemos dar razón de que es hermosa la vida de iglesia cuando servimos juntos como hermanos, con el único fin de glorificar al Señor sirviendo a Su iglesia. Esa es mi experiencia, que yo les puedo decir.

Hemos visto también hermanos nuevos que llegan solitos, jóvenes que vienen a estudiar aquí a la ciudad, que se suman a nuestra iglesia, que exponen sus dones, sus talentos, y rápidamente se incluyen al equipo —hermanos, no lo llamaré grupo—, al equipo de trabajo fuerte de la iglesia, y están trabajando y están sirviendo. Y hay familias aquí que puedo decir que desde su llegada… Hoy leíamos Mateo 9:9; nos decía, ¿no?: Mateo, estando en la mesa de los tributos, llegó Jesús y le dijo: "Sígueme" —está en rojito ahí, en la Palabra de Dios—, y él se levantó y lo siguió. Esa es la actitud, hermanos, que debiéramos tomar todos, antes de estarnos quejando amargamente y decir que sí, que no, que me hacen, que no puedo encajar en una iglesia.

Y no estoy diciendo que quien no lo haga infringe en un pecado, y no estoy diciendo que sea obligatorio hacerlo tampoco —eso lo hemos platicado con Nathan en el consejo pastoral, incluso—, ni que todos lo tengan que hacer forzosamente. Eso viene de acá adentro, hermanos, y es una actitud de gratitud a Dios, de corresponsabilidad como un cuerpo que conformamos. Y quienes lo hemos experimentado, les digo, pues damos razón de esto. No creo estar diciendo algo irreal, algo que: "Ah, pues ¿de qué estará hablando el hermano?", ¿verdad? No sé. Todos lo hemos experimentado, lo hemos disfrutado, lo hemos vivido, lo hemos sufrido, y es este equipo de iglesia activa que Dios quiere que tengamos y que vivamos en este mismo sentir como iglesia, con nuestras imperfecciones, de todos.

Pero vamos a ir más adelante a retomar este pasaje, porque es bien importante lo que está diciendo en el versículo 9 al 12. Solamente dejo para reflexionar, hermanos, esto que les acabo de comentar. Con esto cierro el tema inicial de la unidad de la iglesia, porque una persona… los que amamos al Señor y que queremos servir al Señor sirviendo a Su iglesia, como familia, como iglesia: las cosas que debamos cambiar y quitarnos para no obstaculizar, no desanimar al otro hermano. Finalmente, podemos, pues, como les digo, estarnos quejando, pero es mejor sumarnos al trabajo de la iglesia, y están todos cordialmente invitados, hermanos, a formar parte de ese cuerpo o equipo de trabajo de iglesia.

Es hermoso, y verán cómo suceden esas espontáneas comidas y salidas, y "nos vemos en la semana", porque habrá esa empatía entre algunos hermanos: que resultó que se dedican a lo mismo que yo, y "nos estaremos viendo", y "a ver si te puedo…", "me puedes visitar", y todo lo que se desprende de esta armonía de trabajo de iglesia, hermanos. Aquí es donde se genera, y en los hogares, y en las diferentes actividades se va a fortalecer.

El amor sea sin fingimiento

Habiendo dicho todo esto, regresamos al pasaje, capítulo 12, versículo 9. Nuevamente Pablo toma este mismo concepto, esta palabra, el amor, pero ya no tanto de ese amor del que Dios habla, del amor que Él nos ofreció, sino de ese amor que compartimos el día a día entre nosotros. ¿Por qué lo dice así, hermanos? Versículo 9: "El amor sea sin fingimiento", como dicen las otras Biblias, la otra versión: "sin hipocresía". Fíjense: si "fingimiento" le estábamos dando un poquito la vuelta, es "sin hipocresía". "El amor sea sin fingimiento", sin hipocresía. Creo que el pasaje es muy claro, que dice: "Aborrezcan lo malo"; o sea, aborrezcan el amar con hipocresía o aparentar amor. Y aborrezcan eso malo; "sigan lo bueno". Claro, es lo bueno; ya se los dije once capítulos atrás, todos esos once capítulos.

Creo que el pasaje es muy claro. Cuando hablamos de hipocresía, ¿cuándo mostramos hipocresía, hermanos? Pues de muchas formas, y conociéndonos por tantos años, poco podemos ocultarlo. Cuando damos un aparente amor con la finalidad de obtener un beneficio personal, o cuando esperamos que ese favor disfrazado de amor no sea pagado, retribuido de alguna forma, por la persona a quien se lo hacemos. Ajá: "Te invito a mi casa, pero me vas a invitar tú". Por eso es que Jesús decía: "Invita a quien no pueda invitarte", que no te pueda retribuir ese favor, ¿verdad? Por eso daba ese ejemplo el Señor. O cuando sirvo a la iglesia únicamente para ser reconocido, o acreditado, o elogiado por los demás. Pero no se preocupen mucho por esto, hermanos, porque también Dios dijo —Jesús dijo— que "por sus frutos los conoceréis", ¿no? Entonces, realmente todo Dios lo tiene perfectamente bien calculado; no hay falla en eso, hermanos. No nos preocupemos; tenemos que seguir actuando con amor, con honestidad, que nuestro amor verdaderamente sea sin fingimiento.

Y esto, pues, que menciona el pasaje: pues obviamente es malo amar con… que nuestro amor sea hipócrita, y hay que aborrecerlo, como continúa diciendo el pasaje. Debes mostrar amor sin hipocresía, aborreciendo lo malo.

Amor fraternal: somos familia

El siguiente versículo: "Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros". Ya habíamos dicho que aquí van otras dos instrucciones. Podemos ver, hermanos, que siempre el apóstol Pablo, cuando habla de los creyentes, habla de ellos como si fueran miembros de una familia, ¿no?, o de su propia familia. Y eso es innegable: el amor con el que empieza Pablo sus cartas. "Yo, Pablo, apóstol de Cristo", tal, tal, tal, tal, "en el amor que me has dado para todos ustedes, amados en la fe", y todo el amor que verdaderamente es un amor genuino, auténtico, con que Pablo se dirige a los hermanos. Y de esta misma forma quiere que nosotros actuemos: como una gran familia, de Su propia familia. Pues todos tenemos al mismo Padre, ¿cierto, no? Somos hijos del mismo Padre; por tanto, somos hermanos; por tanto, somos familia.

Y este pensamiento concuerda perfectamente con las enseñanzas de Jesús. Según esta enseñanza, hermanos, los lazos que unen a los miembros de una familia espiritual —una iglesia— frecuentemente —digo, frecuentemente— son mucho más fuertes, seguros y duraderos que los que unen a los miembros de una iglesia meramente física o consanguínea. No de la sangre de Dios: consanguínea, porque somos hermanos, primos, sobrinos, tíos, etcétera. Hay veces que los lazos son más fuertes, más estrechos, más seguros, más duraderos, más confiables, incluso, que los de una familia meramente física.

Con devoción y entusiasmo: ¿para quién lo hacemos?

El versículo 11 dice: "En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor". Debemos, hermanos, hacer siempre las cosas con devoción y entusiasmo, dejándolo todo. Se levantó de la mesa y fue Mateo. Abraham siempre dijo: "Señor, heme aquí". "Envíame a mí". El que se resistió a veces fue Moisés, pero después fue el gran líder Moisés, en arrepentimiento, en las cosas que Dios le encomendó. Y así hay muchos ejemplos en donde, dejándolo todo, siguieron al Señor: Pedro también, y los discípulos, principalmente los apóstoles de Jesús.

Entonces, con devoción y entusiasmo, hermanos, sabiendo que podemos llevarnos decepciones de las personas también. Nosotros vamos con fe, pues "todo lo que no procede de fe es pecado", dice también su carta a los Romanos. Pero sabiendo que no siempre vamos a recibir las mejores respuestas, la mejor actitud; y aunque nos hayamos esforzado en mantener o animar a un hermano en el camino, al final, pues, lo ve con indiferencia, y hasta con ingratitud. Y eso sabemos que va a suceder. No podemos estar confiando 100% en esta situación, en esta persona, en este problema, cuando el resultado va a ser negativo y se va nuestra fe y nuestro ánimo hasta abajo, ¿no? Sabemos que Dios es el que hace la obra, que somos meros instrumentos nosotros del Señor, y que Dios habrá de dar el resultado que Él quiere que se lleve a cabo.

¿Por qué lo hacemos así, hermanos? Porque de la manera que Dios enseñó con Su propio ejemplo acerca de servir: "Es mejor dar que recibir"; "Yo vine para servir, y no para ser servido", y toda la enseñanza que Jesús nos dio. Finalmente, ¿para quién hacemos las cosas? Esa es la pregunta que tenemos que hacernos todo el tiempo: ¿para quién hacemos las cosas? ¿Para agradar al hermano, para impresionar al pastor, para agradar a mi esposa, a mi familia? Lo hacemos para el Señor, ¿no? Y el mismo Pablo escribe a los Colosenses, en este capítulo 3: "Y todo lo que hagáis, hacedlo como para el Señor y no para los hombres, pues a Cristo Jesús servimos".

Y además, hermanos, se dice mucho por allí que a veces queremos impresionar a Dios con nuestros dones, con nuestros talentos, con nuestro trabajo. Les digo que Dios ya está súper impresionado con la obra de Jesús; ya no necesitamos impresionarlo más. Sí agradarlo, sí glorificar Su nombre, pero ya el Señor Jesús hizo la obra completa, perfecta y única, que nosotros jamás —nadie, ni el más perfecto ser humano— jamás pudo haber hecho: esa obra que Jesús hizo.

Gozosos en la esperanza, constantes en la oración

Esto nos va a llevar al versículo 12: "Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración". ¿Se dan cuenta, hermanos, que todo va de la mano desde el versículo 9, estas instrucciones y todo lo que va mencionando Pablo? ¿Cómo vamos a aborrecer lo malo, hermanos? ¿Cómo vamos a seguir lo bueno? ¿Cómo vamos a amar sin hipocresía? ¿Cómo vamos a amarnos los unos a los otros si estamos aborreciendo al hermano? ¿Cómo vamos a preferirnos los unos a los otros si estamos amando con fingimiento o con hipocresía? ¿Cómo vamos a estar gozosos en la esperanza si no estamos prefiriendo al hermano antes que a mí? O sea, todo va relacionado perfectamente, y no puede llevarse a cabo una de estas instrucciones, forzosamente, sin llevar a cabo la otra, cualquiera de ellas. Crucen las mezclas en las que no se puede, hermanos: estaríamos cayendo en el primero, amar hipócritamente.

Entonces: "gozosos en la esperanza", versículo 12, "sufridos en la tribulación, constantes en la oración". Y yo quiero preguntarles: ¿cuándo no tenemos gozo en la esperanza, cuando las tribulaciones nos rebasan y no tenemos ganas de orar? ¿Les ha pasado? Yo creo que nos ha pasado a lo largo de nuestra vida cristiana algunas veces: "Hoy no tengo ganas de orar, voy… esto me está rebasando, estoy desanimado, estoy desesperado". ¿Cuándo sucede esto, hermanos? Cuando quitamos los ojos de la gloria de Dios, cuando quitamos los ojos de la esperanza que tenemos en Él, cuando quitamos los ojos de la recompensa que tenemos en el cielo, que Jesús hizo posible para este vil pecador. En ese momento, hermanos, no habrá gozo en la esperanza. Verdaderamente sufriremos en la tribulación, pero de manera negativa, sin esa esperanza, porque no estamos dedicados a la oración, no estamos confiando en nuestro Señor, nos hemos olvidado de ese tiempo con nuestro Señor, y todas las cosas nos van a funcionar mal.

Solamente Dios podrá hacerlo, porque ese es el otro gran reto y un gran riesgo: que queramos hacerlo por nosotros mismos, en nuestras propias fuerzas. "A ver, ahora sí, hermanos, a partir de hoy ya voy a cambiar, y a partir de hoy ya le doy vuelta a la página, y yo me voy a esforzar, y me voy a levantar más temprano, y yo, y yo…". Y vamos a frustrarnos en la primera semana de esfuerzo. Esta es una obra únicamente del Señor, que actúa en las vidas de cada creyente que honestamente ha reconocido su falta, su condición de pecado, su condición de que está fallando, de que estamos proporcionando un amor fingido e hipócrita, como dice el versículo 9. Y nos va a llevar esa condición… Pero si reconocemos todo esto —hoy también leían—, el Señor es fiel y justo para perdonarnos de nuestros pecados, ¿verdad?

Compartiendo y practicando la hospitalidad

Podemos ver entonces que este versículo 12 y 13, para ir terminando, hermanos, dice: "Compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad". Les repito: va de la mano todo lo que hemos dicho, va de la mano. No puedo actuar con hipocresía e invitarlo a mi casa, ¿no?, practicando la hospitalidad. Hoy —gracias a Dios, hermanos— por estas jovencitas, porque nuestra hermana Margarita, nuestra hermana Betsy… Bueno, ya tuvo un lugar donde quedarse; si no, ya estaba el lugar destinado donde se iba a quedar. Pero ahora, en las diferentes actividades que hemos tenido como iglesia, hay hermanos que ofrecen su casa. No tenemos que estarles diciendo: "Hermano, ¿podrías abrir las puertas de tu casa para que se quede la hermana?". No; dicen: "Mi casa está dispuesta, hermano". Sí, en verdad, practicar la hospitalidad, hermanos. Ese ejemplo también, muy marcadito, lo tenemos de esta familia, desde el hermano Paco, ahora Nathan y Christine: siempre, siempre había o hay gente en su casa. Siempre hay gente en su casa, practicando la hospitalidad.

Esa es una muy buena forma de compartir para las necesidades de los santos. ¿Cómo vamos a tener más cercanía, más intimidad, como familia, como amigos en la fe, familia en la fe? Pues cuando hay esa mayor cercanía puede haber esa confianza de decir: "Hermanos, estoy pasando por esto". Y el Señor lo va a hacer posible. Debemos saber que cuando ponemos en práctica los dones que Dios nos dio, Él nos capacitará para desarrollarlos para Su gloria y servicio a Su iglesia, hermanos. ¿Cuántos hermanos, a lo mejor, ni siquiera sabemos que tienen dones muy especiales? Pues porque concluye la reunión y se van. Digo, y no es que sea malo, hermanos; no lo estamos señalando. Pero quisiéramos, quisiéramos tener esa mayor cercanía como familia, y que Dios muestre Sus dones, y que Dios desarrolle esos dones para bendición del cuerpo, para Su honra y Su gloria.

De alguna manera, hermanos, cuando empezamos a experimentar esto y somos usados por Dios, podremos identificar aquellas necesidades existentes, reales, que están ocurriendo en nuestra iglesia. Entonces, un ejemplo: el nombre también con que se le conoce al pastor es "sobreveedor". ¿Habían escuchado ese término, "sobreveedor"? Lo dice la Biblia también, y esto significa que puede o debe tener esa capacidad, dada por Dios, para ver por encima de todo lo que está sucediendo en la congregación. Cada vez se hace más difícil esa parte, hermanos, por muchas razones.

Nos va como en feria

Y podríamos pensar y decir: ¿qué sucediera si todos lográramos, o alguien lograra, llevar a cabo —ya no digamos toda la ley, porque eso es imposible—, pero sí estas trece, estas tres instrucciones que hemos leído en estos cinco versículos? Si hubiera una persona de la que dijéramos hoy: "Hermanos, sí cumple cabalmente con las trece indicaciones que ahí mencionan estos versículos", ¿qué sucedería, hermanos? ¿Sería admirado por todos, muy elogiado y muy reconocido este hermano? La verdad es que no, hermanos. En primer lugar, el mundo odia a estas personas. Y cuando uno empieza a expresar o a manifestar verdaderamente —por gracia del Señor, por obra de Su Espíritu—, cuando alguien empieza a expresar las características de Jesús hacia los demás, es muy probable que termine repudiado por muchos, o hasta odiado por muchos, incluso de la propia iglesia. Y eso se da siempre también en las iglesias.

¿Se acuerdan lo que decía nuestro hermano Paco? "Ya nos va como en feria". ¿Recuerdan esa frase, que la leemos ahí en un video que tenemos? Y créanme, hermanos, que sí nos va como en feria, porque efectivamente toda aquella ayuda desinteresada, ese apoyo, ese amor que no era fingido, realmente es tergiversado por Satanás, por la necesidad humana, por infinidad de situaciones, al grado de desconocernos y de calumniar, de —decía otra palabra del pastor Paco— despotricar contra uno, ¿no? Eso es lo que sucede, hermanos.

Pero realmente —y créanme— Dios es bueno, y siempre nos ayudará, nos respaldará, nos confortará y nos fortalecerá para seguir adelante. Eso es indudable. No, no quiero desanimar, para que: "Si de eso se trata…", como decían los apóstoles: "Pues ¡qué trabajo tan difícil!", ¿no? "Si de eso se trata caminar con Jesús, pues mejor renuncio". No. Siempre la luz saldrá; siempre, "por sus frutos los conoceréis". Siempre el Señor, en Su sola gracia, en Su bondad y misericordia, nos ayudará, y nos respaldará, y nos confortará, y nos fortalecerá para seguir adelante.

Es lo que hizo con Sus siervos, ¿no? Con el profeta Elías: es lo que hizo cuando estaba derrotado allá en la peña, escondido, porque la bruja Jezabel quería asesinarlo y lo amenazó de muerte. Se fue, y el Señor lo tomó, lo exhortó, lo fortaleció y lo envió. ¿Y cómo terminó la bruja Jezabel? Despedazada, y los perros se comían a la bruja del suelo; lo que dice la Palabra de Dios. Entonces, hermanos, el Señor es el que va por nosotros siempre.

Una invitación a servir

Entonces, vamos a trabajar como iglesia. Yo creo que ya nuestro pastor Nathan va a retomar la próxima semana su pasaje de la primera carta a los Corintios. Entonces, vamos a poner en práctica esto, hermanos; vamos a retomar todo aquello que hemos dejado. Gracias a Dios por la iglesia que trabaja, pero queremos ver a más hermanos trabajando. No importa si eres miembro. No, hermano, nos han dicho los hermanos: "Es que yo no estoy en el grupo, pero yo quiero venir a hacer el aseo a la iglesia. ¿Cómo le puedo hacer, hermano? Yo no me he hecho miembro, pues porque yo vivo lejos, y porque realmente mis actividades…". Porque piensan que la membresía les va a obligar a comprometerse a estar aquí, y realmente no es eso. Es que podemos ir con confianza contigo para pedir cuentas, compartir tiempo, a diferencia de alguien que no quiere ser miembro: no es una responsabilidad directa la que tenemos con este hermano, ¿no? Sí lo vamos a atender, sí lo vamos a ayudar, sí vamos a orar con él si nos lo pide, pero necesitamos que los miembros de la iglesia, principalmente, sean los que trabajen para la misma iglesia.

Entonces, hermanos, todos tenemos esa responsabilidad de animarnos y animar a los demás hermanos a sumar, a sumar; que cuando nos den las diez, once, doce de la noche, tengamos un grupo numeroso terminando de hacer labores, y no solamente, pues, los de siempre. Bienvenidos todos, hermanos, para esta labor, y que no nos sintamos como aparte. Súmate a trabajar. Bienvenido, hermano; todos son bienvenidos. Todos tenemos esta responsabilidad, esta obligación también, porque es para el Señor. Y este gozo… decía el pastor Paco: "Se trabajará con los que estén y los que quieran trabajar, y los que no, se perderán el gozo de servir al Señor". Se perderán el gozo de servir al Señor.

Y todo esto lo hacemos, hermanos, por las misericordias de Dios, que leemos en el primer versículo: "Así que, hermanos, ruego…". Y ese es también mi ruego para ustedes: "Ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional". Amén, hermanos.

Canto final

Entonces, puestos de pie, por favor; puestos de pie. Vamos a seguir escuchando un canto con las hermanas de Celaya y Querétaro; la hermana del violín… ¡que se oye…! No sabemos cómo va a escucharse en el cielo, les decía ayer a las hermanas; no hay comparación, hermanos. Pero esta es una pequeña muestra de lo que habrá en el cielo, seguramente, que nos llevará a glorificar y adorar a nuestro Señor de corazón. No existirá ya el amor fingido, el amor hipócrita; Cristo Jesús todo lo hará perfecto, porque hemos creído en Él y hemos entregado nuestra vida. Vamos a escuchar este canto que nuestras hermanas especialmente quieren compartir con nosotros, como una primicia, incluso, casi, casi. Y después vamos a orar a nuestro Señor. Gracias a Dios.

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