Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Nathan Díaz

¿Qué es el Evangelio? (El poder del Evangelio)

Transcripción

Concluimos la serie

No, no se está conectando… Ya estaba. Y hoy concluimos con esta serie, como decía Jonatán, sobre ¿Qué es el evangelio?. Y como ya han escuchado durante dos meses, este es el libro. Y uno de los propósitos de desarrollarlo juntos en este espacio de predicación es, número uno, crear un fundamento sólido para la iglesia, a través de la predicación, de cuáles son las doctrinas más importantes de la fe cristiana. Obviamente, estas tres series que vamos a hacer tienen que ver con las doctrinas más importantes que hay, que es el evangelio. ¿Podemos confiar en la Biblia?: cuál es la naturaleza de la Biblia, por qué nos basamos en este libro, y establecer su autoridad, claramente su autoridad, la inerrancia, la claridad. Todos estos aspectos que existen acerca de la Biblia queremos desarrollarlos juntos como iglesia, porque creemos que el principio sola Escritura es un concepto que tiene que estar claro en la mente y en el corazón de cada cristiano.

Y, por último, ¿Quién es Jesús?. Aunque quién es Jesús es la base de qué es el evangelio, en realidad vamos a analizar quién es Jesús y Su vida a partir del mes de diciembre, y queremos que eso también complemente y encaje con Navidad y la época que vamos a estar celebrando juntos. Entonces, eso es como está el panorama de mensajes que tenemos pensado para terminar el año. Y hoy concluimos con este, ¿Qué es el evangelio?. Y ya mis hermanos Roberto, Alfredo, Jonatán han estado desarrollando algunos de los principios importantes, implicaciones importantes, de qué es el evangelio. Y realmente el día de hoy nada más vamos a tratar de resumir lo que ya hemos estado escuchando bajo este concepto: el poder del evangelio. ¿Cuál es este poder? ¿Cómo se manifiesta el poder del evangelio en nuestras vidas?

El shock de la naturaleza

Y no sé si ustedes han alguna vez experimentado el shock que puede ser provocado por estar en la naturaleza. Y lo digo porque vivimos en la Ciudad de México, y de repente pasa mucho tiempo y nos acostumbramos a ver cosas que están a unos metros de distancia de nosotros todo el tiempo. Los coches están justo enfrente de nosotros; las calles, las casas, todo está a distancias relativamente cortas. Y todo lo que estamos viendo es concreto y cemento y tabiques y cables de luz, y todo feo a veces. Y de repente tienes la oportunidad de estar en un lugar donde ni siquiera hay casas, y solo hay montañas, y hay un lago, y puedes ver a kilómetros y kilómetros de distancia en el horizonte.

Y de repente eso me pasa a mí. Digo: "Se me había olvidado cómo es contemplar la naturaleza de Dios, y la majestad de lo que representa la naturaleza de Dios". Porque vivo todos los días en la ciudad y no veo mucha naturaleza. Salgo a mi banqueta, hay unos arbolitos que están muriendo, que no se ven muy espectaculares; y honestamente perdemos conciencia y visión de cosas mucho más grandes. Y menciono esto porque creo que pasa algo parecido con el evangelio. El evangelio es una de esas cosas espectaculares, gloriosas, realidades que sí sabemos que existen, están ahí, pero que en realidad, por la ocupación y la rutina de la vida, se nos olvida. Se nos olvida contemplar la majestad y lo glorioso del evangelio, porque vivimos llenos de trivialidades.

Trivialidades. ¿Qué voy a hacer de comer mañana? ¿Y de qué color voy a pintar mi casa? ¿Y qué es lo que tengo que hacer para terminar este día? Tengo que ir a la tintorería, y tengo que hacer eso… Y entonces estamos siempre ocupados de todas estas cosas que no tienen realmente mayor impacto en cuanto a la eternidad y al reino de Dios, y nos consumen. Y tenemos que hacer esas cosas; no estoy diciendo que no hagamos esas cosas. Y claro, podemos hacer todo para la gloria de Dios, y debemos hacer todo para la gloria de Dios. Pero la manera de hacer todo para la gloria de Dios es deteniéndonos en algún momento a pensar en el evangelio y sus implicaciones.

Para eso existe la iglesia

Es decir, tenemos que, de vez en cuando, tomar nuestro auto, salir de la ciudad, pararnos en el borde de un precipicio, a lo mejor, y contemplar algo mucho más grande, y acordarnos que las cosas temporales de este mundo pasarán, pero la Palabra de Dios y el reino de Dios no pasará. Y por eso es que existe la iglesia. Es un recordatorio constante de las cosas importantes. Este es el momento en la semana en la que nos hacemos para atrás. Esto es el propósito de la iglesia: que nos hacemos para atrás después de todo lo que ha estado pasando en la semana, y estamos ocupados, y no tenemos tiempo, y estamos estresados y cansados. Y de repente llegamos aquí y tenemos la oportunidad de detenernos.

Dejamos a un lado todo lo demás que está pasando en nuestra vida, hacemos pausa y decimos: "¿Hay algo más glorioso? Ayúdame, Señor, a vivir todas las cosas que vivo en la semana a la luz de estas verdades. Que estas verdades me transformen en cada una de las cosas pequeñas de la vida". Y el autor Greg Gilbert, en este último capítulo, sobre el poder del evangelio, lo llama "somnolencia espiritual, con la que el mundo nos amenaza constantemente". Somnolencia espiritual. Es mucho más fácil olvidar las realidades del evangelio y de la gloria de Dios cuando estamos constantemente bombardeados por cosas triviales, superficiales y temporales.

¿He creído el verdadero evangelio?

Entonces, hoy vamos a resumir en cinco cosas, cinco verdades gloriosas del poder del evangelio, que son manifestaciones de una convicción. Porque, al final, yo creo que cada uno de los que estamos aquí tendríamos que detenernos y pensar. Estamos terminando la serie sobre qué es el evangelio; entonces, cada quien medite en su propio corazón delante de Dios: "Señor, quiero entender si he creído el verdadero evangelio. Quiero saber si este evangelio es una realidad en mi vida. ¿Puedo saber definitivamente que soy salvo? ¿Cómo es que mi vida refleja la realidad de una verdadera transformación?".

Y hago esta pregunta, que todos nos tenemos que hacer no a la ligera. Porque en toda iglesia existen personas —toda iglesia, incluyendo esta— que creen que son salvos y no lo son. Creen que son salvos y no lo son. Y, por otro lado —y ya lo hemos hablado en nuestro estudio de 2 Corintios también—, por otro lado, existen personas que necesitan entender y ser afirmadas para tener una convicción de que sí son salvos, porque a veces dudan de esta salvación y no están seguros si son salvos. Y necesitamos repasar cuál es el fundamento, qué es el evangelio y cómo se ve el evangelio en nuestras vidas, para entender: "Ah, no, sí, sí soy salvo. Aunque a veces siento que no soy salvo, aunque a veces hay duda en mi corazón sobre la salvación, necesito aferrarme a las promesas de Dios, y creer que lo que Él dice es verdad, y que la transformación que estoy viendo en mi vida es un resultado de la obra que Dios ha hecho en mí".

El poder del evangelio para arrepentimiento

Entonces, número uno de las realidades del poder del evangelio. Primer aspecto es el poder del evangelio para arrepentimiento. Esa es la primera cosa que tenemos que pensar en cuanto al evangelio. Y esto es una manifestación de la elección incondicional de Dios. Romanos 1:16 dice: "Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: 'Mas el justo por la fe vivirá'". Entonces, esta es la primera realidad que tenemos que pensar. Vamos a empezar aquí, y voy a estar haciendo un resumen, un recordatorio de lo que hemos visto en domingos anteriores.

El evangelio parte de esta experiencia en la cual nosotros somos confrontados con el hecho de que somos culpables delante de Dios, porque están los 10 mandamientos, y está la ley moral de Dios que ha establecido. Y todos entendemos que hemos quebrantado esa ley. Todos entendemos, si somos honestos y vemos esa ley: "No matarás", "No robarás", "No cometerás adulterio", "No tomarás el nombre de Dios en vano". Todas estas cosas, empezando inclusive por "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas". Todos entendemos que hemos fallado en cuanto a la ley de Dios.

Y claro, esto empezó desde Adán y Eva, en donde Adán y Eva fallaron en cumplir la ley de Dios y quebrantaron el mandamiento "No comerás del árbol". Y Dios les había dicho: "El día que tú comas de ese árbol, morirás". Y murieron, en el sentido no físico inmediatamente —aunque eso también fue parte de la consecuencia—, sino murieron en el sentido espiritual, que los separó de Dios. Y entonces se hace esta brecha entre Dios y nosotros, y en la relación que nosotros teníamos originalmente con Dios. De tal manera que hay un problema: nos hemos hecho enemigos de Dios. Hay enemistad con Dios entre la humanidad y su Creador.

¿Qué hacemos? Y a lo largo de todo el Antiguo Testamento se está desarrollando este plan, en el cual Dios dice: "Sí, hay un problema. El pecado es grave. El pecado requiere derramamiento de sangre; ese es lo justo como consecuencia del pecado". Desde Adán y Eva hubo derramamiento de sangre, para poder hacerles pieles y ropa, al matar animales. Y empieza a desarrollarse este concepto de una manera gradual, en el cual, a través de los sacrificios y altares que Dios pide que se construyan, y que están conectados con el pecado del hombre, y buscando reconciliación con Dios… Y Dios dice: "Sí, si matas un animal y derramas su sangre, entonces yo estoy haciendo algo. Tú no entiendes bien, pero yo estoy haciendo algo, que si tú pones tu fe y tú me crees que estoy haciendo algo, yo puedo perdonarte de tus pecados".

La cruz: reconciliación con Dios

Pero claro, eso culmina en la historia de Cristo, en Su vida, Su muerte y Su resurrección, en la cual Él vive una vida perfecta, muere en la cruz, derrama Su sangre, y Él se convierte en el sacrificio final y absoluto para toda la humanidad. En donde Dios dice: "Ahora pon tu fe en Cristo, en mi Hijo, quien se encarnó y se puso Él mismo como sacrificio para que tú puedas ser perdonado". Y entonces tú ves Su sangre, tú ves Su vida, tú ves Su muerte, y ves Su resurrección como evidencia del triunfo que Él tuvo sobre la muerte, y cómo es que todo lo que Él dijo acerca de sí mismo era verdad. Y si tú crees eso y pones tu mirada en Él, entonces Dios puede justa y legalmente perdonarte de tu pecado.

Y hay este concepto que leíamos en 2 Corintios: reconciliación, paz con Dios. Romanos 5. Eso es lo que Dios ha hecho con nosotros cuando hemos creído en el mensaje del evangelio. ¿Qué implica eso para nosotros? Reconciliación con Dios implica: estás bien con tu Creador. Estás bien con Aquel que te hizo para sí mismo, para Su gloria. Ahora puedes vivir para Su reino, y ahora puedes cumplir un propósito más grande en tu vida. De esto se trata. ¿Quieres trascendencia? ¿Quieres vivir para algo que realmente importa? No hay nada más importante que algo que es eterno y que tiene que ver con el Creador del universo.

Entonces, ahí de repente encontramos que encajamos dentro de un plan más grande, que tiene mucho más que ver que con ser una estrella de pop, un cantante que todos reconozcan, o un excelente atleta que logre ganar partidos, o un empresario de muy alto nivel que logra tener muchas casas y muchos autos y mucho dinero. O sea, de repente estas cosas se vuelven tan pálidas y tan pequeñas, porque empezamos a ver un panorama mucho más grande para nuestras vidas.

El evangelio no es complicado

Y, hermanos, yo no sé cuánto tiempo me tardé ahorita en decir lo que acabo de decir, pero fue muy breve. Eso es el evangelio. No, no es complicado. No es como algo que tienes que ir escalando, diferentes niveles de iluminación, para poder entender: "Si yo entiendo los idiomas originales y los códigos que están aquí metidos dentro de la Biblia, entonces yo puedo ir obteniendo un cierto nivel de conocimiento superior y una espiritualidad más alta, a través de diferentes mantras que puedo ir repitiendo, y atraer estas energías positivas del universo hacia mí". O sea, lo que la mayoría de gente cree es más complicado que el evangelio.

"Explícame cómo funciona la reencarnación", le dices a alguien que cree en la reencarnación, ¿no? "Pues te portas bien y reencarnas en algo un poco mejor, a lo mejor. Ahora, si te portas mal, pues reencarnas en algo un poco peor". Seguro los narcotraficantes reencarnan en cucarachas. Y seguro… pues yo no sé si soy suficientemente bueno, pero perrito, por lo menos. ¿De dónde sacas esa información? ¿Quién te dijo? ¿Quién decide eso? ¿Quién dice: "Ah, a ti te toca este cuerpo, y a ti te toca este"? O sea, es una creencia mucho más ciega, mucho más ignorante, en realidad, donde la gente se está imaginando cosas nada más.

Nosotros tenemos nuestra fe en hechos históricos. Algo sucedió en la historia hace casi 2,000 años: la muerte de Cristo. Y podemos ver hacia ese momento y decir: ¿qué significó ese evento? ¿Qué significa que a través de 100 años se haya escrito este libro? —ese es nuestro próximo estudio—. ¿Qué implicaciones tiene eso para mí? Entonces, yo puedo poner mi fe y mi confianza en una verdad externa, donde Dios me está revelando estas verdades que tienen sentido.

Manifestación de la elección incondicional

Ahora, yo digo "tienen sentido", pero ¿cuántas veces hemos compartido el evangelio…? Vamos a llegar a eso en un momento. ¿Cuántas veces hemos compartido el evangelio con alguien y algo no está cuadrando para ellos? Y yo les digo: "Esto es el evangelio". "Ah, sí, no, sí, sí, está muy bien". No quieres decir: "Sí, esto es para mí, yo quiero esto". "Bueno, sí, lo voy a pensar". Bueno, por eso puse ahí "manifestación de la elección incondicional de Dios", porque no es finalmente nuestro intelecto el que hace que esto tenga sentido. Y tiene sentido dentro de nuestro intelecto, pero no es el factor más importante ni el final en el proceso para ver estas verdades como algo glorioso, como ver algo que realmente se vuelve una convicción de mi corazón y se vuelve la verdad que dirige cada aspecto de mi vida. Eso requiere una obra sobrenatural de Dios.

Y Dios tiene todo el derecho, como nuestro Creador, a decir: "Yo escojo para mí un pueblo que va a ver y creer estas verdades". Nosotros no sabemos quiénes son o quiénes no son parte del pueblo de Dios. Nuestro trabajo es predicar —y otra vez vamos a venir a ese punto en un momento—, pero quiero que entendamos esto a la luz de Romanos 1:16. Me encantaría nada más hacer un sermón sobre Romanos 1:16, y eso es lo que había pensado originalmente, pero les doy un resumen.

"No me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de…" ¿quién? De Dios. No es nuestro poder el que se está manifestando en el evangelio; es el poder de Dios. "Porque" —o "pues", en NBLA— "es el poder de Dios para salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego". Entonces, dos cosas que vemos ahí: no es nuestro poder, es el poder de Dios. Y, número dos, es para todos. No, no importa tu trasfondo étnico, no importa tu trasfondo socioeconómico, no importa tu trasfondo cultural, no importa qué idioma hables, no importa cuánta educación tengas: este mensaje es para ti. El único requisito para poder creer y experimentar el poder del evangelio es: desciendes de Adán; eres humano. Entonces, si hay alguien aquí que piensa que viene de otro planeta, esto no aplica para ti. Esto solo es para los humanos, que vienen desde Adán hasta el día de hoy.

Por fe y para fe

Número dos, está versículo 17: "Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: 'Mas el justo por la fe vivirá'". Por fe y para fe. Es decir, Dios nos da fe y sustenta nuestra fe. La fe no es nada más algo que sucede al inicio de nuestras conversiones; no es nada más algo que experimentamos cuando creemos el evangelio por primera vez. La fe es algo que nos sostiene a lo largo de toda la vida cristiana. La fe es algo diario que necesitamos de parte de Dios: "Señor, ayúdame hoy a creer esta verdad". Y Dios es el que nos sustenta. Por eso Pablo dice: "Por fe y para fe. Mas el justo por la fe vivirá". Porque a través de la fe es la única manera en que podemos vivir para Dios.

El poder del evangelio para cambiar

Lo cual me lleva al siguiente punto, que es la segunda cosa que hace el evangelio: es poder para cambiar. Poder para cambiar, como manifestación de un nuevo corazón. Dios nos ha dado un nuevo corazón, como dice Ezequiel 36:26: "Además, les daré un corazón nuevo, pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi Espíritu, y haré que anden en mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente mis ordenanzas". Entonces, algo sucede en esta fase inicial de arrepentimiento y de fe, donde Dios transforma nuestro corazón.

Ya hemos tenido esta discusión de qué pasa primero y qué pasa después, pero Dios da la fe. Dios da la fe, lo cual implica que tiene que haber ya un nuevo corazón que recibe esa fe y viene al arrepentimiento. Pero ahora, ese nuevo corazón, dice este pasaje, es un corazón que no hace lo que es natural para nosotros. Porque lo natural para nosotros es vivir para nosotros mismos. Y vivir para nosotros mismos implica vivir contra la ley de Dios, quebrantando constantemente la ley de Dios, y disfrutando quebrantar la ley de Dios. Porque nos gusta, nos gusta vivir para nosotros mismos, lo cual implica violar la ley moral.

¿Por qué robamos? Porque lo quiero para mí. ¿Por qué mentimos? Porque quiero protegerme yo. ¿Por qué cometemos adulterio? Porque yo quiero satisfacción. La razón, finalmente, del pecado es independencia de Dios: vivir para nosotros mismos como si nosotros fuéramos Dios.

Dios transforma nuestro corazón, y ahora vemos la ley de Dios y digo: "No, yo sí tengo este sentimiento, como que quiero vivir para mí, pero no. Algo hay aquí que me está jalando en otra dirección". Y ahora veo la ley de Dios y es algo hermoso, y digo: "No, prefiero vivir para Dios". Y entonces, aunque mentir en esta circunstancia podría sacarme de muchos problemas, prefiero decir la verdad, porque sé que eso honra a Dios, y yo quiero que Dios sea honrado y glorificado en mi vida. Para eso me salvó. Entonces, vieron, algo pasó en mi mente también, mi manera de pensar, mi cosmovisión, donde ahora nosotros no estamos al centro del universo. Dios está al centro del universo. Nuestros planes, nuestra comunidad, nuestros propósitos no están al centro; es lo que Dios está haciendo en un panorama más amplio: Su gloria, Su reino.

Las obras son fruto, no fundamento

Pero el principio aquí importante, hermanos, es… ¿entienden el orden? Nuestras buenas obras no son el fundamento por el cual Dios nos acepta. Nuestras buenas obras son la evidencia y el fruto de que Dios ya nos ha aceptado. Vivimos en libertad como cristianos para honrar a Dios, porque no estamos tratando de ganarnos puntos con Él. No estamos diciendo: "Mira, Dios, ahí apúntalo en Tu lista de las cosas buenas que estoy haciendo". No, es el fruto de nuestra relación. Y vivo en completa libertad, porque no es que estoy tratando de ganar méritos con Dios. Esto es lo que quiero hacer; esto es lo que trae gozo a mi vida. Esa es la transformación del evangelio en la vida de alguien que tiene un nuevo corazón.

Así que la declaración ya ha sido hecha. Romanos 8:1: "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús". Esa declaración ya ha sido hecha: ninguna condenación. Ahora vive conforme al Espíritu y no conforme a la carne; de eso se trata Romanos 8. ¿Sienten el peso que se quita de encima de nosotros cuando tenemos el evangelio correctamente?

¿Cuántos hacen su devocional todos los días?

¿Cuántos hacen su devocional todos los días? Yo no debería estar alzando mi mano. Yo estoy alzándola como… Es verdad: hay días que no hago mi devocional. ¿Cómo me debería hacer sentir eso? ¿Cómo me debería hacer sentir? "Bueno, claramente yo soy una categoría de cristiano inferior a todos los que sí alzaron la mano". ¿Es así como me debería sentir? ¿No? ¿Por qué? Porque ha sido declarado justo. El hecho que yo no haya hecho mi devocional un día no quita mi justificación con Dios. "Ah, no hiciste tu devocional; entonces va para atrás. Siéntete un poquito menos salvo hoy, porque no oraste, porque no hiciste tu devocional". ¿Así es como funciona la vida cristiana? ¿Cómo? "Tengo una lista de cosas que tengo que cumplir. Si cumplo todas esas cosas, claramente debo sentirme más salvo. Claramente tengo que sentirme como un mejor cristiano". No. ¿Por qué? Porque todas esas cosas…

Y no estoy diciendo "sigan mi ejemplo". No dije "no hago mi devocional todos los días" para que ustedes digan: "Ah, bueno, si el pastor no hace su devocional todos los días, yo no tengo que hacerlo". Sino que el punto: esas cosas tienen que fluir como el resultado de mi amor por Dios y de mi relación con Dios; y no como algo que yo estoy tratando de hacer para hacerme sentir mejor acerca de mí mismo, o hacerme sentir más aceptado por Dios. Como que esta es una fórmula mágica: "Haz tu devocional y vas a ver cómo tu día va a ir bien, y cómo no vas a tener ninguna duda sobre tu fe; y ora, y vas a ver cómo todo se va a solucionar". No, no hay ninguna fórmula mágica de una lista de cosas que tenemos que hacer. Sino, más bien, la Palabra de Dios nos dice: a través de un nuevo corazón fluyen nuevas actitudes hacia leer la Palabra de Dios, nuevas actitudes acerca de orar, nuevas actitudes acerca de compartir el evangelio, porque fluye desde adentro de mí, en una transformación que Dios ha hecho en mi vida.

No tenemos que vivir una vida de legalismo. ¿Quién dice que no deberías hacer tu devocional tres veces al día? ¿Quién dice que no deberías nada más sentarte a leer un devocional todo el día? Y hay iglesias que podrían —y podríamos— imponer reglas sobre cómo se ve un verdadero cristiano y un cristiano fiel, y hacerles pensar que si ustedes siguen esas reglas, entonces son buenos cristianos. No: una vida a la luz del evangelio experimenta una transformación para amar las cosas que Dios ama y odiar las cosas que Dios odia. Es así de simple.

¿Cómo se ve? ¿Cómo se ve en cada quien? No sé, va a ser diferente. Pero sí tienen que experimentar un cambio. Sí tienen que ir amando más y más la Palabra de Dios. Sí tienen que ir amando más y más orar. Pero no es este sentimiento nada más de culpabilidad de "Ay, no oré hoy. Ay, no leí mi Biblia hoy". No es eso. Es: "No, yo quiero leer mi Biblia hoy. Tengo que encontrar un momento, porque quiero hacerlo. Voy a orar. Sí, sí quiero orar". ¿Entienden la diferencia? Bueno, es el poder para cambiar.

El poder para ser parte de una nueva familia

Número tres: es el poder para ser parte de una nueva familia, como manifestación de nuestra nueva identidad. Cuando tú eres adoptado como hijo de Dios, ahora perteneces a una nueva familia, y esa familia se llama la iglesia. 1 Corintios 12:13-14 dice: "Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres. A todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos". "Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar", dice el autor de Hebreos, el capítulo 10, versículo 23. "Porque fiel es Aquel que prometió. Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca".

El Nuevo Testamento establece este principio. Y bueno, viene desde el Antiguo Testamento, porque hay una iglesia del Antiguo Testamento, que se llama el pueblo de Israel, que también era una comunidad. Pero el Nuevo Testamento cobra una nueva forma entre judíos y gentiles, personas de todo país y lengua y nación y etnia. Y ahora es una nueva identidad que nos une como iglesia. Entonces, ¿cómo manifiestas que perteneces a una nueva familia?

Es ilógico… Y hemos hablado mucho acerca de la adopción aquí, a través de Alas, el ministerio de Alas, y también lo que Dios está haciendo a través de diferentes familias en nuestra iglesia. ¿No sería sumamente extraño que alguien adoptara un niño aquí y dijera: "Te vamos a adoptar, pero no vas a vivir en nuestra casa. Te vamos a enviar a otra casa. Tú vives solito, pero sí eres nuestro hijo, ¿eh? Y estos sí son tus hermanos"? ¿Qué pensaríamos sobre alguien que tuviera esa actitud? O el niño que fue adoptado dice: "Yo sí soy adoptado, pero no quiero vivir con mi nueva familia". Eso es lo que pasa cuando eres adoptado a la familia de Dios: perteneces a una nueva familia.

Un solo cuerpo

Entonces, aquí estamos; vivimos juntos. No en la misma casa, pero en la misma iglesia, y convivimos todas las semanas. Estamos aquí juntos, viviendo la vida ordinaria juntos, orando unos por otros, animándonos, exhortándonos, como dice el autor de Hebreos, unos a otros. Tú eres pie, tú eres mano, tú eres cabeza, tú eres uña —nada más hay que recortarte de vez en cuando—. Tú eres apéndice: no vayas a explotar. Pero somos un solo cuerpo. Y esta nueva identidad, nueva familia, nueva unidad, nos tiene que hacer vernos de una nueva manera, ¿no es cierto?

Cuando tú ves a otro cristiano en la fe, no estás viendo solo a una persona hecha a imagen y semejanza de Dios, lo cual es verdad para todo ser humano. No: estás viendo a alguien que ha sido salvo por la misma sangre, y tiene el mismo Espíritu, y, aunque te caiga mal, van a estar juntos por toda la eternidad. Piensa eso: "Este hermano, que prefiero evitar, y no me gustan las cosas que dice, y no me gustan las cosas que hace… pero vamos a estar juntos, juntos para siempre". Así que más vale que empieces a aprender cómo convivir ahora, cómo disfrutar de la comunión que tienes con tu hermano y tu hermana ahora, aunque sea difícil.

Honestamente, nos damos por vencido muy rápido en cuanto a nuestras relaciones con nuestros hermanos. Esa es la experiencia que tenemos como iglesia, ¿no es cierto? "Es que lo que me hizo fue demasiado terrible", o "Lo que dijo fue demasiado terrible". No hay nada demasiado terrible que no pueda ser perdonado, y nada es demasiado malo que no puede haber reconciliación, porque eso es lo que hemos experimentado de Dios, y eso es lo que Él quiere que se refleje entre nosotros. No se rindan, hermanos. Es nomás mi pequeña exhortación dentro de este punto: no se rindan en cuanto a las relaciones que tenemos con otros cristianos.

Dios quiere que trabajemos hacia la unidad, hacia amarnos lo mejor que podamos. ¿Cómo manifiesto el evangelio en mi actitud hacia mi hermano? Esa es la pregunta que siempre tengo que hacerme. Y la vida cristiana está diseñada para ser vivida en comunidad. Si alguien piensa que puede ser cristiano sin la iglesia, no entiende lo que significa ser cristiano, porque Dios diseñó que la vida de cristiano se viva con otros cristianos. Y es así como Dios trabaja en nuestro corazón. Y yo le he dicho esto a muchos, aun de ustedes: si te alejas de la iglesia, indudablemente te vas a alejar de Dios. Ese es el medio que Dios nos ha dado, en parte, para ser santificados.

El poder para predicar

Número cinco: poder para predicar. El evangelio es poder para predicar. Lucas 24:46 dice: "Y les dijo: 'Así está escrito, que el Cristo padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día; y que en Su nombre se predicará el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén'". Y le dijo: "Ustedes son testigos de estas cosas". Y claro, lo vemos en Hechos 1:8: Dios le encomendó a la iglesia esta tarea de ir a todo el mundo y predicar el evangelio. "Me seréis testigos, cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo". Dios nos ha dado a todos nosotros el Espíritu Santo para darnos el poder de predicar con poder el evangelio.

Y buscamos hacer cosas buenas en nuestra sociedad. Buscamos vivir de una manera que impacte nuestra sociedad de una manera positiva. Pero, hermanos, eso también lo puede hacer un no cristiano. El hacer buenas cosas para la sociedad no es exclusivo de los cristianos. Yo puedo ir y visitar orfanatorios, y visitar cárceles, y hacer toda clase de obras de caridad dentro de la sociedad, y regalar juguetes. Y yo he visto, especialmente a los políticos, hacer esto: regalar cosas y ayudar a la gente; tratar de hacer eso, pues, uno, para hacerse sentir bien o mejor sobre ellos mismos, y dos, para ganar votos. Pero terminan siendo, a lo mejor, cosas buenas.

¿Qué diferencia existe con un cristiano? Que un cristiano va a decir: "Mira, yo quiero hacer algo bueno por ti, y lo voy a hacer; pero quiero que sepas que hay algo todavía mejor que esto, y es que tú conozcas a Cristo también, que tú seas reconciliado con Dios también. Y, al final, ese es el mensaje más importante que puedes escuchar de mí". Entonces, vamos un paso más allá de solamente impactar a nuestra sociedad para bien, para decir: "No, nuestro mensaje, el mensaje, el evangelio, es lo más importante". Y eso es, finalmente, lo que Dios le ha dado como misión a la iglesia: proclamar el mensaje de Cristo crucificado y resucitado por nosotros. Buenas cosas se pueden hacer por no cristianos, pero solo los cristianos apuntan a la gente a Cristo.

¿Cómo aprovechamos estas oportunidades? ¿Qué métodos de evangelismo queremos seguir? No, no me voy a meter en eso. Me gustaría, porque me gustaría explicarles mi propia experiencia en la predicación del evangelio: cómo creo que es más fácil compartir el evangelio, y más práctico compartir el evangelio con la gente, que no es tan difícil como creemos normalmente. Pero también nos vamos a meter en eso, creo, en el desarrollo de por qué confiamos en la Biblia. Porque, al final, apuntamos también a la gente a la autoridad de la Biblia, y de ahí tenemos que explicar por qué creemos en la Biblia y por qué lo que este libro dice es lo más importante. Pero esta es nuestra misión.

El poder para esperar

Así que terminamos con este punto, que es: el evangelio es poder para esperar. Y esta es la manifestación del tesoro que es para nosotros la gloria de Dios. Ese es el poder transformador de creer en el evangelio: que el evangelio no es simplemente decir "¿Quieres ir al cielo o al infierno? ¿Cuál de los dos escoges?". Porque, a ver, si yo le presento eso a cualquier persona, ¿qué creen que me va a contestar? ¿Cielo, infierno? Ya, yo sé que hay gente que dice: "No, en el infierno van a estar todos mis amigos; entonces mejor me voy para allá". Bueno, no entienden lo que significa el infierno. Y en un momento les doy una definición, creo, bíblica del infierno.

Pero si solamente estamos comparando entre cielo e infierno, todos probablemente preferiríamos el cielo. Pero el evangelio va más allá de solo eso. No es solamente "No quiero ser castigado por Dios". Es un paso más, que es: "No quiero ser castigado por Dios porque quiero estar bien con Dios, porque quiero disfrutar de Dios y ser de Él". ¿Entienden la diferencia? "No quiero ser castigado por Dios": pues sí, todos podrían decir eso. Pero "quiero estar bien con Dios"… a la mayoría de la gente no le importa estar bien con Dios. "Y quiero disfrutar de la gloria de Dios": eso todavía le suena más extraño a la gente. Dice: "Pues si ya tengo lo que me gusta aquí, ¿por qué querría otra cosa? Ya tengo salud, ya tengo dinero, ya tengo una familia, ya tengo trabajo; ¿qué más quiero?". Entonces, la gente siempre está con una visión limitada de la realidad de su vida, y no entienden que el evangelio les está ofreciendo algo más glorioso que las cosas temporales de este mundo.

Queremos estar con el Rey

Y por eso… ya hemos estado estudiando el libro de Juan los miércoles. Si se han perdido esos mensajes, ahí están en YouTube, pueden verlos. Hemos estado recorriendo… ya vamos a terminar. Pero cuando estamos viendo Juan 17, versículo 24, dice: "Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo". "Que los que me has dado estén conmigo y vean mi gloria": esa es la promesa del evangelio. Dios es el evangelio. Hay un libro que se llama así; pueden pedírselo a Jus. El cielo para un cristiano no es el cielo sin Jesús. Queremos estar con el Rey más de lo que queremos estar en el reino. Y esa es la esperanza de nuestros corazones.

"Considero que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse". ¿Saben cómo enfrentar el sufrimiento en esta vida? Así: diciendo lo que Pablo decía. Sufría mucho. Decía: "Considero que las aflicciones del tiempo presente…" —sí me duelen, sí estoy sufriendo— "…pero no se comparan con lo que va a venir". Para el cristiano, lo mejor está siempre por venir, aun en la eternidad. Dios se ha dado a nosotros en el evangelio, porque Dios nos ha dado lo mejor que Él tiene para dar: Él mismo.

¿Qué es el infierno?

Así que nada más les doy una pequeña definición aquí. ¿Qué es el infierno? El infierno, en realidad, si lo vemos desde estos dos ángulos, ¿qué implicaría el infierno? La ausencia, la completa ausencia de la bondad, la bendición y la gloria de Dios. Ahora, puede no sonar tan grave para ti ahorita, pero en realidad es lo más grave, lo más doloroso, lo más trágico de todo el universo. Decir: "No, no quiero nada con la gloria de Dios". Y Dios te da lo que has escogido si rechazas el evangelio: "¿No me quieres a mí? Está bien, no me tendrás". Eso es el infierno. Es esa realidad del juicio de Dios sin la bondad y la bendición de Dios que aun los no cristianos disfrutan en esta vida. La gracia común es algo que aun los no cristianos tienen ahorita, pero en el infierno aun la gracia común será retirada. Y eso es lo que no entendemos bien cómo se ve, no entendemos bien cómo se experimenta; pero la Biblia lo describe como el lloro y el crujir de dientes para siempre.

Entonces, aquí estamos hoy delante de Dios, con estas dos opciones delante de nosotros. ¿Quieres experimentar el poder del evangelio en tu vida, o quieres vivir para las cosas temporales de este mundo? Son las dos opciones delante de todo ser humano. Y solamente para tratar de antojarte a venir a Cristo, y a entregar tu vida a Él en arrepentimiento, y experimentar un nuevo corazón, y pertenecer a una nueva familia, déjame leerte lo que dice Apocalipsis 7:9: "Después de esto miré, y vi una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Y clamaban a gran voz: 'La salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero'".

Oración

Gracias, Señor, por nuestra meditación a lo largo de todos estos meses sobre qué es el evangelio. Que esta realidad, Señor, sea la realidad que vivamos todos los días: cómo es que el evangelio tiene el poder para transformarnos y para ayudarnos a vivir para Ti, que esta iglesia es una comunidad que experimenta Tu poder todos los días. Ayúdanos, Señor. Recuérdanos la importancia de Tu sacrificio en cada uno de nuestros corazones; y queremos vivir para Ti. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

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