1 Corintios 7:10-161 CorintiosNathan Díaz
Separación y divorcio en el matrimonio
¿Qué dice la Biblia sobre el divorcio y si un cristiano divorciado puede volverse a casar? Desde 1 Corintios 7:10-16, Nathan Díaz distingue separación, divorcio y nuevo matrimonio, explica las razones que las Escrituras reconocen como legítimas y el consejo pastoral para quien está casado con alguien que no es creyente.
Transcripción
Separación, divorcio y volverse a casar
Este es el tema de hoy, de esta sección de 1 Corintios. Y cambié un poquito ahí el título respecto a lo que está en el boletín, porque una parte importante también de lo que vamos a comentar no es nada más en relación al divorcio, sino también en relación a volverse a casar. Entonces ahí está: esos son los tres puntos que quiero que meditemos hoy: separación, divorcio y volverse a casar.
Pero me voy a regresar un poquito para recordar lo que veníamos hablando el domingo pasado, con el tema del sexo en el matrimonio, porque yo quiero que vean cómo se conectan todos estos temas que Pablo está tratando de contestar a la iglesia de Corinto. Son temas sobre los que ellos habían enviado preguntas específicas; entonces no es algo —y eso tenemos que tenerlo en mente—, no es algo exhaustivo lo que Pablo está haciendo aquí, contestando estos temas en todos los sentidos posibles, sino que está dando algunos principios prácticos en relación a preguntas específicas que le han hecho.
Recordando: el sexo dentro del matrimonio
Y estábamos hablando el domingo pasado acerca de la importancia del sexo dentro del matrimonio, del diseño que Dios tiene para el sexo dentro del matrimonio, y de cómo es algo bueno, un buen plan que Dios tiene para nosotros, el poder expresar nuestra sexualidad dentro de un contexto específico, con límites muy específicos dados por Dios.
Entonces Pablo contesta a esta pregunta, o a algo que estaban comentando, donde decían: "es mejor si te abstienes de relaciones sexuales, es más santo si te abstienes de relaciones sexuales". Y Pablo quiere que quede claro que ese no es el caso. Por eso dice el versículo 5: "no se priven el uno del otro, excepto de común acuerdo y por cierto tiempo, para dedicarse a la oración; vuelvan después a juntarse, a fin de que Satanás no los tiente por causa de falta de dominio propio". Y esa es la única excepción que Pablo da al tema de relaciones sexuales frecuentes en el matrimonio. O sea, supongo que hay algún periodo de tiempo donde dice "vamos a orar", y entonces deciden abstenerse por un tiempo; pero que sea muy corto.
Y por eso dice el versículo 6 —eso no lo expliqué el domingo pasado, pero hoy por eso quiero retomar esto—, cuando dice el versículo 6: "pero esto lo digo por vía de concesión, no como una orden". Eso es a lo que creo que este versículo está haciendo referencia, justo a eso. Está diciendo: miren, si de veras van a abstenerse por un rato, puede ser; pero no es ningún mandamiento de Dios, no es ninguna orden. No es que tengan que abstenerse por alguna razón. Va a haber situaciones extraordinarias, pero por lo regular debe ser algo común y frecuente.
Y por supuesto entendemos que, si eso no está sucediendo en el matrimonio, probablemente hay otras cosas más profundas sucediendo; y en realidad, la división, el alejamiento que pueda haber entre dos personas emocionalmente, termina reflejándose también en separación sexualmente.
Cuando lo bueno se distorsiona
Y lamentablemente, como todas las cosas buenas que Dios ha hecho, esas cosas buenas pueden ser distorsionadas y usadas de una manera pecaminosa. Entonces, el sexo… y hay toda clase de problemas y de distorsiones en nuestra sociedad. Pero dentro del matrimonio, por nuestro propio corazón pecaminoso y egoísta, también el sexo se puede distorsionar. Y una de las maneras en las cuales el sexo se distorsiona es cuando es usado como un arma de manipulación. Entonces, una esposa o un esposo puede decir: "si tú no eres como yo quiero que seas, o si tú no haces lo que yo quiero que hagas, entonces no puede haber relaciones sexuales". Y se convierte en un arma para manipular y controlar; es como castigo, ¿no?: "ah, me hiciste eso, ahora yo te hago esto". Y esto es lo que vemos desarrollándose a veces en los matrimonios también: el uso distorsionado de la sexualidad.
Y esto es algo que hemos visto que está sucediendo en Corinto: es que estaban estos templos de prostitución, y había esta visión distorsionada —esto lo vimos en el capítulo 6—, esta visión distorsionada del sexo, donde pensaban: "bueno, mi esposa es para procreación, pero el placer es con otras mujeres, como las prostitutas del templo".
Y eso nos suena muy raro a nosotros, a lo mejor porque no tenemos un templo con prostitutas que sea público aquí. Pero eso también —no lo mencioné el domingo pasado—, en realidad la pornografía y en general el adulterio son los templos de prostitución de nuestros días. Yo creo que cuando un hombre casado, especialmente, piensa "voy a buscar el placer sexual en otro lugar que no es mi esposa", ese es el equivalente de un templo de prostitución. En la ciudad de Corinto así era, pero en nuestros días ese sería el equivalente de lo que ellos estaban enfrentando, tratando de normalizarlo tanto, de decir: "no pasa nada, es normal, entonces nada más son impulsos carnales que tenemos".
Una creación caída
Bueno, quería mencionar eso porque creo que eso nos pone en el contexto de este capítulo, de dónde venimos: esta batalla que Pablo está teniendo con una creación caída —y todos nosotros, y la iglesia de Corinto—, con una creación caída, con nuestra naturaleza pecaminosa que tiene una tendencia hacia el pecado y hacia el egoísmo. Y eso es, al final del día, lo que divide y destruye un matrimonio: es el egoísmo, pensar en mí primero, en lo que yo necesito y lo que yo quiero. Y si mis necesidades no se suplen, entonces… y hacia allá vamos hoy: ¿qué pasa?, ¿cuáles son las respuestas bíblicas ante esa situación?
Entonces, esta mentalidad, esta idealización acerca del matrimonio… en todas las películas, en todo lo que nos rodea, se ha idealizado de una manera donde las características centrales más importantes son la atracción física: "me tiene que gustar, tiene que ser guapísima" o "guapísimo".
Yo me acuerdo de una joven que me estaba pidiendo consejo, porque me decía: "hermano, es que en mi iglesia no hay opciones". Y le dije: "bueno, pero ¿qué estás buscando en un hombre?". Y honestamente, esto fue lo que ella me dijo: "bueno, que se parezca a Henry". Esa fue la primera cosa que le vino a la mente. Y le dije: "ah, ¿sí? Con razón no hay opciones en tu iglesia".
Y eso es lo que nuestra sociedad ha promovido, por lo menos en nuestras mentes: esta idealización de la parte romántica, y la parte donde estamos buscando qué es lo que vamos a obtener nosotros en esa relación, qué es lo que yo quiero. Y este pasaje, todo este capítulo, está diseñado para contrarrestar ese egoísmo que hay en nuestro corazón en relación al matrimonio.
La química sexual —ya lo veíamos el domingo pasado— no es esa la clave del buen sexo; no tiene nada que ver con nuestras habilidades como amantes, sino con la cercanía de la relación en sí, con el atesoramiento el uno del otro.
Y el principio, en realidad, entonces, que veíamos, es: como cristianos vemos el matrimonio desde otra perspectiva, y a través del evangelio lo vemos con otra perspectiva, que es: ¿qué es lo que Dios me permite dar de gracia a la otra persona? ¿Cómo puedo dar de gracia, no porque lo merezca? Entonces no estamos haciendo negociaciones aquí: "tú me das esto y yo te doy esto". No, no funciona así. Es: yo te doy de la gracia que yo he recibido de Dios; yo puedo darte de gracia mi ser completo, física y emocionalmente, en mi alma y en mi cuerpo me entrego a ti. Y esa es el compromiso y la exclusividad que debe existir dentro del matrimonio.
Bueno, Pablo dice en el versículo 7: "sin embargo, yo desearía que todos los hombres fueran…
…como yo. No obstante, cada cual ha recibido de Dios su propio don, unos de una manera y otros de otra. A los solteros y a las viudas digo que es bueno para ellos si se quedan como yo; pero si carecen de dominio propio, cásense, que mejor es casarse que quemarse".
El contentamiento donde Dios nos tiene
Y como ya les decía, vamos a estar dedicando un mensaje completo a los solteros en este tema, porque eso es a partir del versículo 25; va a estar enfocado en viudas y solteros. Pero por ahora, Pablo está tratando de regresar a ese punto de: miren, hermanos, el contentamiento. Dios nos tiene donde estamos por una razón, y el aprender a estar contentos donde estamos es importante.
Y Pablo dice: miren, hay tantas ventajas de ser soltero, hay tantas ventajas de no estar en un compromiso y un pacto matrimonial con otra persona, que simplemente tienen que ver con la libertad ministerial que existe de viajar, y de no tenerse que preocupar por los compromisos y las responsabilidades que tenemos los que estamos casados. Con una familia tenemos que aprender a balancear esas dos cosas, el ministerio y la familia, cómo se ven esas dos; inclusive en el trabajo también tenemos que aprender a balancear el tiempo familiar con el trabajo.
Entonces, Pablo está poniendo un ideal de lo que significa no estar casado en relación al ministerio, como una opción, sí, si eso es algo a lo que Dios nos ha llamado. Y Pablo es muy claro —ya lo vimos el domingo pasado—, y no creo que la mayoría de ustedes estén llamados a ser solteros toda la vida; es un don muy especial, muy específico, no es tan ordinario. La mayoría de las personas van a casarse, esa es la verdad. Y la razón por la que la mayoría de nosotros terminamos casándonos es porque fuimos creados con este anhelo de estar con otra persona, y fuimos creados como seres sexuales también, y queremos poder vivir nuestra sexualidad dentro del plan que Dios nos ha forjado en el matrimonio.
La conclusión equivocada
Entonces, a estos corintios ya los conoce Pablo bien, y dice: a ver, si les estoy diciendo que es mejor estar soltero, tengo que aclarar esto. Es mejor tener el tiempo y no estar preocupado por las responsabilidades del matrimonio; ¿cuál sería una conclusión para algunos de los que están casados? Y más aún para algunos de los que están casados con un no creyente: ¿cuál podría ser una conclusión lógica de lo que Pablo está diciendo? "Mejor me salgo de este matrimonio. Si es mejor estar soltero, si es mejor tener más tiempo para el ministerio, y si esta persona con la que yo estoy ni siquiera es cristiana, que se queja todo el tiempo —'ay, otra vez vas a la iglesia, y otra vez con tu Biblia, y otra vez con tus alabanzas'—, ¿no sería más fácil nada más deshacer esa relación para realmente poderme dedicar a servir a Dios, a buscar a Dios, sin esta piedra que me arrastra, que me baja?".
Porque esta habría sido la condición de muchos de los de la iglesia de Corinto. Acuérdense, es una iglesia nueva, se está apenas convirtiendo, tiene poquito de convertidos en realidad la mayoría de los que están ahí. Entonces, muchos de ellos: se convirtió él, o se convirtió ella, pero no el cónyuge; el cónyuge sigue en el paganismo de la cultura corintia.
Lectura: 1 Corintios 7:10-16
Así que el versículo 10 dice: "a los casados instruyo —instruyo no yo, sino el Señor— que la mujer no debe dejar al marido; pero si lo deja, quédese sin casar, o de lo contrario, que se reconcilie con su marido; y que el marido no abandone a su mujer. Pero a los demás digo yo, no el Señor, que si un hermano tiene una mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone; y la mujer cuyo marido no es creyente, y él consiente en vivir con ella, no abandone a su marido. Porque el marido que no es creyente es santificado por medio de su mujer, y la mujer que no es creyente es santificada por medio de su marido creyente; de otra manera sus hijos serían inmundos, pero ahora son santos. Sin embargo, si el que no es creyente se separa, que se separe. En tales casos, el hermano o la hermana no están obligados, sino que Dios nos ha llamado para vivir en paz. Pues, ¿cómo sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido?, o ¿cómo sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer?".
Pablo nivela al hombre y a la mujer
Y esto es revolucionario de parte de Pablo también. Noten que, en una cultura donde normalmente la iniciativa del divorcio vendría siempre del hombre, aquí Pablo está nivelando las cosas, siempre poniendo a los dos de la misma manera, ¿no? El hombre tiene la misma responsabilidad para con la mujer como la mujer tiene la misma responsabilidad para con el hombre; aquí, en ese sentido de responsabilidad delante de Dios, no hay diferencia en cuanto a lo que representa el compromiso con el pacto hecho con Dios. No es mayor el del hombre que el de la mujer, en un sentido de responsabilidad personal con Dios: ¿qué es lo que tú me has llamado a hacer en esta relación matrimonial?
Primero: la separación
Entonces vamos a empezar con el primer tema, y esto lo voy a aclarar, porque este es un tema que venía meditando por mucho tiempo ya, especialmente porque es un tema pastoral. Quiero que entiendan que esto viene de un corazón pastoral, que está buscando cómo ser fiel a la Palabra de Dios y al mismo tiempo cuidar, dirigir y aconsejar en tantos casos que hay aquí, casos que tienen que ver con lo que vamos a estar hablando, que están aquí entre nosotros; no nada más ahorita, sino que a lo largo de los años hemos tenido muchos casos en donde hemos tenido que lidiar con estos tres temas.
Son tres. Número uno: separación. Y digo esto, "separación", porque aunque aquí, por ejemplo, el versículo 15 dice "si el que no es creyente se separa, que se separe", estas palabras no se están refiriendo a lo que yo estoy hablando en este momento. Todo lo que está en este pasaje usa esta palabra, chorizo —creo que así se dice en griego, ¿no?, chorizo, chorizo—, que es la palabra de divorcio. Entonces se traduce de diferentes maneras: a veces es "lo deja", cuando lo ven en el versículo 10, "si lo deja, que se quede sin casar"; ese es de esa palabra. Entonces, la palabra de divorcio, la misma que Jesús usa en Mateo 19, igual en el versículo 15, la misma palabra. Entonces, aunque en español nos aparece con diferentes palabras —divorcio, lo deja, se separa—, en realidad todos esos se están refiriendo a un divorcio formal y legal.
Entonces no estamos hablando de eso; pero por eso me estoy regresando tantito, para explicar que sí hay otro concepto que nosotros pastoralmente aplicamos aquí en la iglesia, que es el concepto de separación. No divorcio, sino separación. Y la separación tiene que ver con tres cosas que pueden estar sucediendo, y esto pasa dentro de la iglesia: abuso, peligro o amenaza.
Hay situaciones que se dan dentro de la iglesia que tienen que ver con violencia física; a veces un esposo que le pega a su esposa, o que le pega inclusive… Aquí estamos hablando de los hijos, como bien ven; el texto también incluye a los hijos en muchos sentidos, porque claro, son parte de la familia y son afectados por lo que está pasando entre papá y mamá, siempre. Pero si hay abuso físico, algún tipo de peligro que nosotros, al conocer la situación, vemos que hay ahí para la mujer o para los hijos, algún tipo de amenaza, entonces nosotros proponemos una solución temporal de protección, normalmente…
…el tema del divorcio requiere platicar, profundizar sobre el tema, evaluar todas las opciones, buscar la reconciliación, y muchas cosas que van dentro de lo que vamos a estar hablando en un momento. Pero antes de eso, cuando hay una situación extrema sucediendo, sí buscamos que haya una separación inmediata, pero temporal, que está diseñada para proteger a alguna de las partes.
Bueno, a veces es el esposo el golpeado, ¿verdad? Ya sé; sí, conozco casos también así, donde él es el que dice: "ella me pegó a mí, yo no le hice nada a ella, ella es la que me golpeó a mí". Y bueno, eso también puede estar sucediendo, aunque normalmente, en nuestra cultura machista, y donde tenemos esta idea falsa sobre qué significa ser hombre, el abuso hacia la mujer es mucho más común.
Solo quiero aclarar eso brevemente, porque creo que este tema de la separación sí lo vivimos como iglesia, y pasa; y este es el principio: nada más por estas situaciones muy específicas es donde entramos inmediatamente a aconsejar una separación.
El divorcio: ¿cuáles son las razones legítimas?
Pero el texto está hablando del divorcio. Entonces estamos hablando del siguiente nivel: divorcio. Hay muchas ideas sobre este tema, y en una sociedad donde cada vez más se ha normalizado el divorcio… Entonces pueden preguntarle a la gente —y esa sería una encuesta muy interesante que ustedes podrían hacer en sus trabajos, o con sus amigos no cristianos—, que ustedes les preguntaran: "tú, ¿cuál crees que es una razón legítima para divorciarse?". Sería interesante escuchar qué respuestas dan, ¿no?, porque esto es con lo que Pablo está lidiando: cuáles son las razones legítimas para el divorcio.
El concepto que tenemos en nuestra sociedad —e inclusive en la iglesia acarreamos con estas ideas— es que la gente supuestamente se está casando para ser feliz: "es que ella me hace feliz". Entonces, si esa fue tu razón para casarte, entonces, ¿cuál creen ustedes que sería una justificación para divorciarse? "Ya no soy feliz". Si esa fue tu razón para casarte en un principio, por supuesto que la falta de felicidad en el matrimonio va a ser una razón perfectamente razonable para divorciarte de esta persona. "¿Por qué? Queremos estar con la persona correcta; la persona correcta para mí no es esa". Esa es la filosofía.
¿Saben? Pues voy a revelar un secreto: no existe la persona correcta. Porque todos acarreamos tantas cosas en nuestra naturaleza pecaminosa, que no vamos a ser la persona correcta. Vamos a partir de ahí: ninguno de nosotros nos casamos con la persona correcta. El tema es que siempre vamos a encontrar una excusa y un pretexto para lo que queremos hacer, para lo que nos haga sentir bien a nosotros.
"Estoy casado con una pagana"
Entonces, aquí está la mentalidad de los corintios: "Pablo, yo soy creyente, yo he sido santificado" —y así es como Pablo ha descrito a los cristianos en esta carta, ¿no?, sí, hemos sido santificados—, "pero yo estoy con esta persona inmunda, pagana; ¿no acaso…?". Dice Deuteronomio 7:2: "y cuando el Señor tu Dios los haya entregado delante de ti y los hayas derrotado, los destruirás por completo. No harás alianza con ellos ni te apiadarás de ellos. No contraerás matrimonio con ellos; no darás tus hijas a sus hijos, ni tomarás sus hijas para tus hijos, porque ellos apartarán a tus hijos de seguirme para servir a otros dioses; entonces la ira del Señor se encenderá contra ti y Él pronto te destruirá. Pero así harán ustedes con ellos: derribarán sus altares, destruirán sus pilares sagrados, cortarán sus imágenes de Asera y quemarán a fuego sus imágenes talladas".
Esa es la actitud que tenemos que tener con los no cristianos en cuanto a esta relación matrimonial que puede existir con ellos: nada que ver. "Así que, Pablo, mi esposa no se ha convertido; ¿no sería mejor que nos divorciáramos? ¿No me está contaminando ella a mí con su idolatría? Es lo que dice tu palabra. Vea lo que pasó en Esdras". Esdras 10, versículo 3, y luego el versículo 11: "hagamos ahora un pacto con nuestro Dios de despedir a todas las mujeres y a sus hijos, conforme al consejo de mi señor y de los que tiemblan ante el mandamiento de nuestro Dios; y que se haga conforme a la ley. Ahora pues, confiesen al Señor, Dios de sus padres, y hagan su voluntad: sepárense de los pueblos de esta tierra y de las mujeres extranjeras".
Esdras le está diciendo al pueblo de Dios: divórciense, quiten estas relaciones matrimoniales entre ustedes que los están contaminando. "¿No, Pablo, deberíamos aplicar ese mismo principio nosotros, que estamos casados con un inconverso?". ¿Cuál creen que es la respuesta? Ya la leyeron. Ahora, ahí hay una lógica, y Pablo va a contestar a esto, tratando de darnos cuáles son las únicas razones legítimas para un divorcio.
Razones que no son legítimas
Y eso, voy a agregar razones que no son legítimas para un divorcio, a lo que Pablo va a decir. El divorcio no es legítimo nada más porque alguien no es cristiano, "así que me tengo que divorciar". No: Pablo dice que esa no es una razón legítima para divorciarse. "No nos casamos por la iglesia, nada más nos casamos por el civil, entonces realmente no estamos casados". "Estoy desilusionado". "No estamos enamorados". "Me casé con la persona equivocada". "Merezco ser feliz". "Todos me dicen que debería dejarlo". No: ninguna de esas razones es una razón válida para divorciarse.
Un famoso consejero bíblico que ya falleció dice: "el divorcio nunca es deseable, y entre cristianos siempre se puede evitar". Ese es nuestro principio y nuestro punto de partida: que cuando empieza a haber una crisis en el matrimonio, tenemos que evaluar con cuidado qué está pasando y considerar cuáles son las opciones bíblicas. Cuando dos personas que son en realidad una comienzan a actuar como si fueran dos, y cuando aquellos que han sido llamados a servirse el uno al otro están más interesados en servirse a ellos mismos, eso va a traer una crisis en el matrimonio, inevitablemente.
Lo que Jesús enseñó sobre el divorcio
Entonces, Pablo comienza diciendo: miren, este es un tema que Jesús mismo trató. Lo ven en el versículo: "a los casados instruyo, no yo, sino el Señor". O sea, Jesús habló de esto. Y ahora, en este tiempo, probablemente todavía no están circulando los evangelios, pero ya las frases y las enseñanzas conocidas de Jesús se están repitiendo y transmitiendo por transmisión oral entre todos. "¿Se acuerdan cuándo Jesús dijo eso?, ¿se acuerdan cómo lo explicó Jesús?". Mucha gente que había estado con Jesús; entonces saben lo que Jesús enseñó acerca de este tema.
¿Y qué es lo que Jesús enseñó acerca del divorcio? Aquí están, estos son los pasajes; eso es lo que Jesús dijo. Después, el de Marcos y Lucas, porque ahí también lo menciona; pero vamos a leer nada más lo de Mateo 5 y Mateo 19. Mateo 5:31: "también se dijo: cualquiera que repudie a su mujer, que le dé carta de divorcio. Pero yo les digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada, comete adulterio".
Luego, en el capítulo 19, dice: "se acercaron a Él algunos fariseos para ponerlo a prueba, diciendo: ¿está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo? Jesús les respondió: ¿no han leído que Aquel que los creó desde el principio los hizo varón y hembra, y dijo: por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe. Ellos le dijeron: entonces, ¿por qué mandó Moisés darle…
…carta de divorcio y repudiarla? Él les contestó: por la dureza de su corazón Moisés les permitió a ustedes divorciarse de sus mujeres, pero no ha sido así desde el principio. Y yo les digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por infidelidad, y se case con otra, comete adulterio. Los discípulos dijeron —ah, caray—: si así es la relación del hombre con su mujer, no conviene casarse. Jesús les dijo: no todos pueden aceptar este precepto, sino solo aquellos a quienes les ha sido dado; porque hay eunucos que nacieron así desde su madre, y eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y también hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte".
Jesús confronta el divorcio fácil
Entonces, Jesús habló de este tema. Jesús dijo: ustedes, judíos, han inventado toda clase de cosas por las cuales se pueden divorciar. Ustedes han dicho, prácticamente, por lo que sea: "no me gusta cómo cocinó", "no me gusta cómo es", la edad, un montón de cosas que pueden decir sobre la otra persona. Cualquiera de esas cosas se habían vuelto comunes como razones para el divorcio. Y entonces, así como hoy en día es tan fácil divorciarse, también estaba pasando en el tiempo de Jesús; y Jesús tiene que confrontar esa mentalidad, al decirles: no, ¿saben qué? De hecho, no todas las razones para el divorcio son legítimas; de hecho, hay muy poquitas razones que son legítimas para un divorcio.
¿Cuál ven ahí que es la única cosa que dice Jesús? Infidelidad. Usa esta palabra, porneia; ahí vamos a ver eso en un momento, cuando hablemos de volverse a casar. Pero es inmoralidad sexual, en general. Esa es la única razón por la cual dos personas podrían divorciarse, donde la parte inocente queda libre de decir: sí, nos divorciamos, y ahí se acaba. De otra manera, dice Jesús, están en adulterio.
Las provisiones del Antiguo Testamento
Entonces vamos a profundizar un poquito más en esto para entender todos los matices de este mandamiento. En un momento… Jesús está citando y está apelando a algunas cosas que vienen en… más bien, los líderes judíos están apelando a algunas cosas que vienen en el Antiguo Testamento. La respuesta de Jesús es que esas cosas, esas provisiones que se dieron para el divorcio, son por la dureza del corazón; es decir, el plan, el propósito original, ideal, de Dios para el ser humano en cuanto al matrimonio es "lo que Dios unió no lo separe el hombre": no debe haber divorcio. Ese es el plan de Dios.
Ahora, por la naturaleza caída, por el pecado que hay en nosotros, se han hecho ciertas provisiones en el Antiguo Testamento donde pueden ver cómo es que en ciertas situaciones sí hay divorcios que podrían suceder dentro de la comunidad. Por ejemplo, Deuteronomio 24:1 nos explica un principio aquí interesante —a eso vamos a regresar cuando hablemos de volverse a casar en un momento—: "cuando alguien toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable en ella" —aquí está esta provisión bastante amplia, que Jesús está restringiendo más—, "y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa; y ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro hombre; si el segundo marido la aborrece y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, o si muere este último marido" —o sea, inclusive aunque quede viuda— "que la tomó para ser su mujer, al primer marido que la despidió no le es permitido tomarla nuevamente como mujer, porque ha sido despreciada; pues eso es abominación ante el Señor. No traerás pecado sobre la tierra que el Señor tu Dios te da por heredad".
Es muy interesante aquí el principio del divorcio que da la ley de Moisés: es que una mujer que se divorcia y se vuelve a casar no puede regresar con su esposo original. ¿Lo ven en el texto? Entonces, eso es lo que le dicen a Jesús; Jesús dice: esto es por la dureza del corazón. Pero el punto ahí es que sí hay algo que está sucediendo aun en el segundo matrimonio, que es considerado como válido delante de Dios, y que protege a la mujer, inclusive para que el hombre no tome a la ligera el divorcio. Porque en este caso está hablando del hombre dándole una carta de divorcio a la mujer, y es: ten cuidado, la vas a despedir como tu esposa, nunca más volverá a ser tu esposa si se vuelve a casar, así que piénsalo bien. Entonces ya está poniendo un antecedente de la seriedad que hay en el divorcio: para Dios no es un tema menor. No es que tú puedas cambiar de opinión y seguir buscando y buscando y buscando, a ver quién es la persona que me va a hacer feliz, como lo vemos en nuestra sociedad.
"Yo detesto el divorcio"
¿Jesús qué dijo acerca del divorcio? Él apeló al principio que Dios le dio a su pueblo acerca del matrimonio. Malaquías 2:13: "y esta otra cosa hacen: cubren el altar del Señor de lágrimas, llantos y gemidos, porque Él ya no mira la ofrenda ni la acepta con agrado de su mano. Y ustedes dicen: ¿por qué? Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto. Pero ninguno que tenga un remanente del Espíritu lo ha hecho así".
¿Se dan cuenta quiénes son los que se están divorciando? Los que no están cerca de Dios. "¿Y qué hizo este mientras buscaba una descendencia de parte de Dios? Presten atención, pues, a su espíritu: no seas desleal con la mujer de tu juventud. Porque yo detesto el divorcio, dice el Señor, Dios de Israel, y el que cubre de iniquidad su vestidura, dice el Señor de los ejércitos. Presten atención, pues, a su espíritu, y no sean desleales. Ustedes han cansado al Señor con sus palabras, y dicen: ¿en qué lo hemos cansado? Cuando dicen: todo el que hace mal es bueno a los ojos del Señor, y en ellos se complace; o: ¿dónde está el Dios de la justicia?".
Entonces Jesús está levantando el estándar nuevamente acerca del matrimonio, y diciendo: no, esto no es algo pequeño, esto es algo serio; y esto es algo que realmente ustedes lo toman a la ligera y creen que nada más pueden decir: "ah, pues sí, ya me cansé, me divorcio". No, esto es serio para Dios. Dios pone reglas y pone límites sobre lo que podemos hacer en cuanto al pacto matrimonial.
Lo que Pablo añade
Entonces, ¿cómo lo resume Pablo? Es lo que dice Pablo ahora en el versículo 12: "a los demás digo yo, no el Señor". O sea, este tema específico no es algo que trató Jesús mismo; entonces Pablo dice aquí: yo cuento con mi autoridad apostólica para darles mi opinión acerca de una situación que Jesús no abordó directamente. Yo sí la voy a abordar, que es: ¿qué pasa si la persona con la que estoy casada no es cristiana? Es la pregunta específica.
Y esto es lo que contesta Pablo: quédate con esa persona; que no sea tuya la iniciativa del divorcio. Él entiende también, Pablo, que por la dureza del corazón y por el pecado que hay entre nosotros, a veces lo que va a terminar pasando —y esto es lo que normalmente hemos visto— es que la persona que no es creyente finalmente empieza a buscar el divorcio y empieza a empujar: "yo quiero el divorcio, yo quiero el divorcio, yo quiero el divorcio". Y ese ha sido nuestro consejo ya por…
…años en esta iglesia, a todos los que están en una situación difícil: decimos, deja que él o que ella sea la persona que inicie este proceso; no lo hagas tú. ¿Por qué, de acuerdo a este pasaje? Porque tú tienes un poder santificador en tu hogar; tú eres una fuerza de influencia en cuanto al evangelio y la santidad, no solamente para tus hijos, sino para tu esposo o para tu esposa. Está apelando Pablo no a nuestro poder, sino al poder de Dios, a lo que Dios puede hacer a través de nosotros.
"Pero es que no has visto a mi esposo, Pablo, es tan mundano, nunca se va a convertir, nunca; no lo conoces, es un mujeriego, es un patán, me trata mal, no me cuida como debería; es que si lo conocieras…". Pablo dice: tú no sabes el poder que Dios tiene, en su gracia, para transformar a una persona; y a lo mejor Dios quiere usarte a ti para hacer eso. Ese es el punto.
Entonces, ese es el principio: solo cuando el incrédulo tiene la iniciativa es que pueden proceder hacia el divorcio. Cuando él está empujando, cuando ella está presionando, entonces decimos, como dice Pablo aquí en el versículo: "Dios nos ha llamado para vivir en paz". Si es posible, en cuanto dependa de ustedes —Romanos 12:18—, estén en paz con todos los hombres. Va a haber un momento en el que, nada más por la paz, tienes que conceder el divorcio al cónyuge no creyente. Pero ahí está el principio, es muy claro: solo el no cristiano puede tener esa iniciativa, no el cristiano.
Ya di unas provisiones previas; por eso hablé de separación primero, porque yo entiendo que hay otro tipo de circunstancias que se pueden dar, y ya sabemos cómo operar bajo esas circunstancias, donde hay una separación temporal mientras pasa el peligro y consideramos que hay una amenaza inminente: dejamos que se separen, pero no divorcio. El divorcio será algo que será platicado con más calma, con más paciencia, en cuanto a quién está promoviéndolo y por qué se está dando. Y ese es el principio que nos da la Palabra de Dios.
¿Puede volverse a casar el que se divorcia?
Ahora, en base a esto, hermanos, viene la pregunta: ¿qué pasa si alguien se divorcia, puede volverse a casar? Todo lo que he dicho hasta ahora no es tan controversial, por lo menos en la iglesia cristiana, el tema del divorcio. Hay algunos que han tratado de promover que hay más razones para el divorcio, pero en general hay un consenso de que hay dos cosas que harían legítimo un divorcio: y una es infidelidad, y la otra es abandono. O sea, cuando… y ustedes saben, estos son algunos de los casos que hay aquí mismo, cuando la otra persona inclusive ya se ha ido a hacer una familia con alguien más, la esposa ya se fue con otro hombre y ya tiene otros hijos, o el hombre ya se fue con otra mujer y ya tiene otros hijos, y ahí está este abandono de la familia y de la relación. Entonces, en general el consenso ha sido que esas son las dos situaciones que harían legítimo un divorcio.
Pero aun ahí hay tensión y hay controversia. Y en esto —no traje el libro, pero hay un libro de Jim Newheiser que se llama Noviazgo, matrimonio, divorcio y volverse a casar; creo que todos esos están ahí en el título—, les recomiendo ese libro como un buen recurso para estudiar esto más a fondo. Nada más les voy a dar un panorama breve sobre esto.
Primera postura: la permanencia
Pero la primera postura es la postura que se llama postura de permanencia. Y esa postura de permanencia implica que sí hay razones legítimas para divorciarse, pero que no hay razones legítimas para volverse a casar. Algunos sostienen esta postura, varios maestros, teólogos también que respetamos sostienen esta postura; entre ellos, John Piper, en su libro Pacto matrimonial, lo explica.
Aunque les doy esta cláusula porque quiero que entiendan cómo es que ninguna de estas cosas… inclusive, aun los que sostienen la postura, no la sostienen de una manera dogmática, porque aun en sus iglesias normalmente hay personas con diferentes posturas. Y aun Piper, porque tenía una cierta postura, se sometía a otra postura que la iglesia y los ancianos habían establecido como el consenso. Entonces él recomendaba una cosa, pero ni siquiera en su propia iglesia había un consenso sobre este tema. Entonces es difícil, es muy complicado.
Pero el principio es que lo que Dios unió no lo separe el hombre; ese es el principio que Dios dio. Y entonces, por lo tanto, la unión que Dios hizo, aunque haya un divorcio formal que se dé, a los ojos de Dios sigue estando ahí. Por lo tanto, por eso diría Mateo 5, Mateo 19, que el que se vuelve a casar después de haberse divorciado comete adulterio; porque a los ojos de Dios, aunque están divorciados legalmente, a los ojos de Dios siguen casados, esa unión sigue siendo válida para Dios. Y ese es el argumento, un poco.
Y si quieren hablar más sobre el tema… no tengo tiempo para meterme en todos los detalles de lo que implica este argumento, pero ese libro también lo explica. Pero tiene que ver con el uso de ciertas palabras: porneia como palabra, no la palabra específica de adulterio, en Mateo 19, como la cláusula. Y entonces, ¿a qué se está refiriendo? A divorcio como fue entre María y José, donde él quería divorciarse de ella porque, aunque estaban comprometidos, requerían una carta de divorcio. A ese tipo de divorcio se refiere, a ese; por eso usa "fornicación", porque entonces es sexo antes de que se casaran, por lo tanto no califica como adulterio. Y eso es de lo que está hablando Jesús. Ese es el argumento. O realmente Jesús está dando una cláusula más amplia, que tiene que ver con el adulterio dentro del matrimonio.
Segunda postura: la de Erasmo
El consenso general, hermanos —tengo la tentación de hablar más tiempo sobre esto, pero vamos a resumirlo—, el consenso general de la mayoría de las iglesias es lo que se conoce como la postura de Erasmo. Y la razón por la que se llama así esa postura es porque obtuvo popularidad más fuerte a partir de Erasmo en el siglo XVI, y el movimiento reformado lo empezó a desarrollar de una manera más profunda: cuáles son las cláusulas que admiten el divorcio y el volverse a casar.
Y entonces, si ustedes leen la Confesión de Westminster, capítulo 24, tiene estas cláusulas; ahí explica eso, lo que creemos que hace válido, legítimo, un divorcio. Y si el divorcio es legítimo… ese es el asunto: si el divorcio es legítimo, entonces el volverse a casar también sería legítimo. Y si el divorcio no es legítimo —eso es como lo explica MacArthur—, si el divorcio no es legítimo, entonces el volverse a casar no es legítimo. Es decir, si una persona se divorció sin las razones correctas, entonces no debe poderse volver a casar; pero si una persona se divorció por las razones, por las provisiones bíblicas para el divorcio, entonces sí se puede volver a casar. O sea, infidelidad y abandono.
La postura, básicamente, es: si alguna de estas dos cosas ha sucedido, entonces, en términos prácticos, es como si la otra persona hubiera muerto; o sea, como si fuera viudo o viuda. Y entonces aplicaría lo que dice el versículo 39, que vamos a ver más adelante, pero es el versículo 39 de este mismo capítulo: "la mujer está ligada mientras el marido vive, pero si el marido muere, está en libertad de casarse con quien desee, solo que sea en el Señor". Entonces, aquí está hablando de una viuda: una viuda puede volverse a casar. Pero esta misma palabra de "ligada", en griego deo, es una…
…palabra que tiene la misma raíz, o que está conectada, con lo que Pablo dice en el versículo 15: "en tales casos el hermano o la hermana no están obligados" —o no están atados, o no están en servidumbre—, "sino que Dios nos ha llamado para vivir en paz".
Entonces la pregunta es: ¿qué significa ese versículo? ¿Significa que no están obligados a seguir en el matrimonio, o que no están obligados a mantenerse como solteros? ¿Cuál de los dos es? Entonces hay un debate hermenéutico aquí que surge sobre el significado del texto. La mayoría creen que es que no están obligados a mantenerse solteros, que pueden volverse a casar, de la misma manera que lo expresa el versículo 27: "¿estás unido a la mujer? No procures separarte. ¿Estás libre de mujer? No busques mujer; y si te casas, no has pecado". O sea, estás libre de mujer, y si te casas no es pecado. Bueno, aplicaría esto a solteros, pero también aplicaría a aquellos que se han divorciado por las razones que Pablo ya dio.
Entonces, ese es el argumento, es la manera en que estos pasajes se usan. Y recuerden, estamos tratando de ser fieles a la Palabra de Dios; estamos tratando de no agregar algo a la Biblia que la Biblia no dice, queremos ser fieles a lo que la Biblia sí dice.
¿Qué postura tengo yo?
Entonces, ¿qué postura tengo yo de estas dos? Es una lucha para mí. Pero otra vez, les hablo desde una perspectiva pastoral: yo no quiero agregar una carga que no tiene que cargar. Creo que una persona que se ha vuelto a casar, especialmente si viene de un matrimonio que originalmente se dio como inconversos, y de un divorcio que también se dio como inconversos, creo que eso es diferente. Creo que aquí está apelando a cristianos, y a cómo nosotros como cristianos vemos el divorcio; pero como no cristianos hacemos toda clase de cosas, y Dios nos perdona. Y si tú ya estás en otro matrimonio, te tienes que quedar en ese matrimonio y honrar ese matrimonio.
Y dos pistas nos muestran eso. Uno es lo de Deuteronomio 24, porque Deuteronomio 24 dice que una mujer que se vuelve a casar no puede regresar con el esposo original, lo cual implica que Dios sí tomó en serio el segundo matrimonio, ¿no es cierto? No es como que "ah, no, no, nunca se casaron, porque solo el primer matrimonio contó, no el segundo". En la ley mosaica, por lo menos, está diciendo: no, el segundo matrimonio de hecho tuvo un impacto, a tal grado que no puede volverse a casar con el primer esposo.
La otra cosa: sí hay detalles que surgen en la Biblia. Se acuerdan de la conversación entre Jesús y la mujer samaritana en Juan 4; en esa conversación, ¿cuántos esposos había tenido? Y vean que Jesús hace una distinción: no dice "has tenido cinco…"; no, "son cinco esposos, y el que ahora tienes no es tu esposo". O sea, Jesús sí les está dando la definición, a los otros, como esposos.
Recuerden, ahí hay algo diferente que está pasando. Cuando no somos cristianos hacemos toda clase de cosas sin entender lo que realmente significan las cosas que hacemos, y por eso es que el divorcio es tan común en los no cristianos —y debería ser común en los no cristianos y no común en los cristianos—; pero la razón es porque no entendemos la profundidad y el significado del matrimonio. Pero ya como cristianos, entonces tenemos otro tipo de reglas.
Y por eso es que, cuando veo hacia atrás, digo: es que tú no eras cristiano cuando te divorciaste; está bien, Dios te perdona y Dios te restaura. Es que estás en un segundo matrimonio; está bien, Dios te perdona, Dios te restaura. O sea, todas estas cosas son un nuevo comienzo, ahora ya conociendo a Cristo.
Entonces, cada caso va a ser diferente, y aconsejamos cada caso diferente. Estoy dando unos principios muy generales aquí, pero en realidad evaluamos y consideramos, en oración y en la Palabra de Dios, cada caso individualmente. Mi consejo es el mismo consejo de 1 Corintios 7, especialmente para los divorciados: considera quedarte como estás, considéralo. Contentamiento; el principio es contentamiento: a lo mejor Dios quiere que me mantenga en esta situación el resto de mi vida, y está bien. Pero si viene una serie de circunstancias que consideramos, sí, a lo mejor Dios está guiando en otra dirección; y puede ser, puede ser que conozcas a alguien, puede ser que alguien creyente… Y ese es otro principio: que tiene que ser creyente y que sea en el Señor, como vamos a estar estudiando en este pasaje, "que sea en el Señor" el matrimonio. También queremos estar abiertos a la posibilidad de que esto pueda ser parte de lo que Dios permite en su providencia dentro del caso de los que se han divorciado.
Esos son, a grandes rasgos… si quieren hablar más de esto, podemos platicar con calma, con gusto; hay muchas otras cosas que no estoy diciendo ahorita por tiempo, pero esos son los principios a grandes rasgos de lo que creo que el pasaje nos está mostrando. Considera que tu condición actual es una condición que Dios quiere usar para su gloria. Esa es una manera en que podríamos resumir el capítulo 7 de 1 Corintios: considera que donde estás es donde Dios quiere que estés, y que estés en contentamiento, buscando cómo servirle a Él.
El matrimonio es un pacto para toda la vida
Así que, ¿qué nos enseña todo esto? Nos enseña que el matrimonio es un pacto para toda la vida; así fue diseñado por Dios. Cuando nos casamos dijimos "hasta que la muerte nos separe". ¿O cambiamos los votos mejor? Si queremos ser honestos, podríamos cambiarlos y decir: "bueno, pero si me engañas…", o "si la verdad empiezas a cambiar mucho, y digo: este no es la persona con la que me casé, entonces hasta ahí". Eso deberíamos de añadir, todas las cláusulas adicionales que quisiéramos tener cuando nos casamos, ¿no?, si realmente fueran cláusulas válidas. Pero no las decimos, es el pacto que Dios nos ha encomendado como cristianos.
Recuerden, como cristianos —ahora estoy hablando a todos los que estamos aquí como matrimonios, en donde ambos somos cristianos y entramos dentro de ese matrimonio como cristianos, o ahora ya somos cristianos ambos—, Dios nos ha dado el privilegio de estar dentro de un pacto que lo refleja a Él. Es un privilegio: nuestro pacto es un reflejo del pacto de Dios.
Solo hay una persona correcta
Y ¿saben? Les dije lo que les dije hace un rato, de que nadie se casa con la persona correcta, por una razón. ¿Saben por qué? Porque solo hay una persona que es perfecta: Cristo. Solo Jesús es el esposo perfecto, solo Él. Y eso es lo que estamos tratando de reflejar: lo que Él ha hecho con nosotros.
Dios le dio a Israel un decreto de divorcio, en Jeremías 3:8, y entonces Israel fue exiliado a Asiria por su adulterio; por su adulterio fue exiliado. ¿Pero qué hizo Jesús? Jesús fue exiliado en la cruz por nuestro adulterio, y Él experimentó el divorcio del Padre para asegurar nuestra unión con Él. Y en la cruz Él hizo un compromiso para amarnos para siempre. Los votos que Dios hizo para con su pueblo son inquebrantables, porque fueron hechos y sellados con su misma sangre. Así que con Dios no es "hasta que la muerte nos separe", sino que con Dios es: es por mi muerte que nunca nos separaremos.
¿Te casaste con la persona equivocada? Probablemente es lo que estamos pensando: "me casé con la persona equivocada", porque es un pecador, lo acabas de descubrir. Por eso estudiamos este libro —me encanta— en la consejería matrimonial: Cuando dos pecadores dicen "acepto". Porque esa es la realidad que tenemos que entender: pues estamos casados con otro pecador. ¿Cómo podemos honrar a Dios en matrimonios imperfectos y llenos de pecado? Al darnos cuenta de que Jesús también se casó con la persona equivocada, y la menos merecedora, todos nosotros.
¿Qué hiciste tú para ganarte esta relación de intimidad con Dios, este pacto permanente y eterno con Dios? Nada. Ahora muestra esa relación en tu matrimonio; muestra el compromiso permanente e incondicional que Dios ha hecho con nosotros, muéstralo con la persona con la que tú te casaste, pensando en lo que dice Romanos 8:38: "porque estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados, ni lo presente ni lo porvenir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro".
Oración final
Gracias, Padre, por tu Palabra. Gracias por la manera en que tu Palabra nos muestra tu voluntad para nuestras vidas. Y te pedimos hoy, específicamente, Señor, hoy te pedimos que tú seas glorificado y honrado a través de nuestros matrimonios. Señor, ayúdanos a manejar bíblicamente los principios que tú nos has dado, para tu gloria. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
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