Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Mateo Bixby

tesoro en vasos de barro parte 3

Transcripción

Presentación y bienvenida

…(la grabación comienza con la presentación ya empezada) …gente; cada día ha habido diferentes personas. Entonces, está bien, algunos ya han escuchado un poquito de esta introducción. Pero hemos estado en varias conferencias a lo largo de los años juntos, hemos convivido y nos hemos ido conociendo, también en Monterrey y en algunas otras ciudades. Realmente ha sido una bendición conocer a Mateo, y cada vez que lo escucho compartir la Palabra aprendo muchas cosas y soy edificado. Así que es un gozo para mí que hoy pueda también compartir con la iglesia y edificar a toda la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa. Así que bienvenido, Mateo.

Ya… Hermanos, de nuevo, es una bendición poder estar con ustedes y compartir este tiempo. Estos días han sido hermosos para nosotros. Siempre es bonito poder conocer a hermanos y ver la obra que Dios está haciendo en diferentes lugares, y ver su hospitalidad. Agradecemos a Nathan y a Christine por habernos cuidado muy bien, y a cada uno de ustedes por haber sido tan amables. También me encantó ver a los jóvenes, a tantos jóvenes participando en los talleres; también fue de mucha bendición, y espero que como jóvenes sigan adelante sirviendo al Señor con esa misma actitud, con ese mismo deseo, esa misma disposición. Pero muchas gracias por estar aquí el día de hoy para escuchar la Palabra de Dios.

¿Por qué hacemos la obra misionera?

Y quisiera que abrieran sus Biblias a uno de los pasajes misioneros más importantes de la Biblia, y es 1 Crónicas, capítulo 16. Quizás dices: "¿1 Crónicas? Eso no me lo esperaba; quizás Mateo 28". Bueno, pero ya prediqué sobre Mateo 28. Ya sé: Hechos 1, o Romanos 10, algún otro pasaje. Pero vamos a ir a 1 Crónicas, capítulo 16. Y si seguimos un poquito la secuencia de los días y las sesiones que hemos estado juntos, las predicaciones: el primer día hablamos de que nosotros somos vasos de barro y que el evangelio es un tesoro de valor infinito; más o menos nos ubicamos en nuestra realidad de quiénes somos, porque a veces perdemos un poquito la noción de quiénes somos en realidad. Entonces, eso fue el primer día. El día de ayer hablamos de Mateo 28, y fue un mensaje que hablaba un poquito más acerca del cómo tenemos que hacer la obra misionera, el cómo debemos de hacerlo.

Y el día de hoy quisiera hacernos la pregunta: ¿por qué hacemos la obra misionera? Esa es la pregunta para nosotros el día de hoy. ¿Por qué la obra misionera? ¿Por qué alguien dejaría su familia, su ciudad, su nación, e iría a otro lugar para invertir su vida en la obra misionera? ¿Por qué una iglesia enviaría a sus jóvenes, o no tan jóvenes, para servir al Señor, cuando esas personas pudieran hacer tantas cosas aquí con nosotros? ¿Por qué enviaríamos dinero, recursos que muchas veces son escasos, enviarlos a otros lugares? Queremos hacernos esa pregunta, y queremos contestar esa pregunta de 1 Crónicas, el capítulo 16. Pero antes de entrar en este pasaje, pues vamos a orar un momento.

Oración

Padre, venimos delante de Ti con un corazón lleno, porque hemos predicado el evangelio de manera simbólica a través de los elementos que hemos tomado; hemos cantado la verdad del evangelio en los cantos que juntos hemos hecho delante de Ti. Y Señor, ahora venimos también delante de Ti pidiendo que Tu Palabra llegue a expresar de nuevo delante de nosotros lo que es el evangelio y la importancia de la obra misionera, de llevar ese evangelio a todas las naciones, reconociendo que nosotros somos meros vasos de barro y que ese evangelio es un tesoro infinito. Pero, Padre, el día de hoy queremos preguntarnos, todavía de una manera más directa y profunda, por qué hacemos esa obra. Y entonces, Padre, pedimos que Tu Palabra sea expuesta con claridad, que el Espíritu Santo obre entre nosotros, tocando nuestros corazones, enseñándonos ahí esas áreas donde somos rebeldes a Tu deseo y diseño para nuestra vida; que podamos doblegarnos delante de Ti, que podamos servirte como solamente Tú mereces ser servido. De esta manera, Padre, Tu nombre sea glorificado, no solamente en esta iglesia y en esta colonia, sino en todo este país y en todas las naciones de este mundo, porque sin duda Tú mereces que esto sea así. Entonces pedimos que Tú estés con nosotros el día de hoy. En nombre de Cristo.

El entusiasmo de quien comparte su producto

No sé si alguna vez te ha tocado hablar con una persona que está muy metida en alguno de esos programas de nutrición. Pueden ser, no sé, en su momento Herbalife, o algo parecido; no es el único, ¿verdad? Más recientemente, lo de los aceites, ¿no?, el Young Living y el dōTERRA y todo eso. Pero es impresionante cuando hablamos con estas personas: cualquier ocasión que tienen para hablarte de su producto, te van a hablar de eso, ¿verdad? No sé si algunos alguna vez han probado alguno de esos batidos o cosas así, pero saben horribles, ¿verdad? Es horrible. Veo a algunos que están enojados conmigo, y ya sé quiénes son. Pero a pesar de que el sabor es horrible, ellos te van a contar las mil maravillas de ese producto, que para ellos les ha transformado la vida, ¿verdad? Creo que todos hemos tenido esta experiencia; si no, pues eres uno de los pocos con suerte que no ha tenido que experimentar eso.

Pero es impresionante esa pasión que ellos tienen por comentar, por compartir contigo algo que ellos consideran importante. Y sin duda nosotros, como cristianos, podemos aprender algo de esas personas que quieren compartir ese producto que es tan importante para ellos en su vida.

David danza delante del arca

Y cuando nosotros llegamos aquí, a 1 Crónicas 16, podemos observar que empezando en el versículo 8 y hasta el versículo 36 tenemos un salmo que David está cantando al Señor. Pero si vemos unos versículos hacia atrás, empezando quizás por ahí del versículo 15, podemos observar qué es lo que estaba sucediendo en ese momento. Y lo que estaba sucediendo en ese momento es que David está llevando el arca del pacto, trayéndola a la ciudad de Jerusalén. Y David está tan lleno de lo que está sucediendo —su corazón está lleno de lo que Dios ha hecho en su vida y de lo que ahora está sucediendo ahí en Israel— que él no se aguanta, y él se pone a danzar delante de Dios.

Y lo que David está haciendo como rey, danzando delante de Dios a la vista de todas las demás personas, no era algo común. Un rey no se comportaba de esa forma; eso no era como debía de hacer las cosas. De hecho, su esposa, que lo estaba viendo, que era una princesa también, que sabía cómo debía de portarse un rey, lo mira y lo ve, y lo desprecia en su corazón y se burla de él. Pero David está tan lleno en su corazón de lo que Dios está haciendo en su vida y en su nación, que él no se aguanta. Y entonces llegamos al capítulo 16, y ahí, en el versículo 8, inicia este salmo de alabanza a Dios. ¿Por qué? Porque su corazón está saciado y extasiado con lo que Dios está haciendo.

Hermanos, esa es una realidad: la alabanza a Dios fluye naturalmente de un corazón que está lleno de Dios. La alabanza a Dios fluye de nuestro corazón cuando estamos llenos de Dios. De la misma manera como una persona te puede compartir acerca de su producto natural para tu salud —su corazón está lleno de eso y entonces te habla de eso—, pues la alabanza a Dios fluye de un corazón que está lleno de la grandeza de Dios. Y empezando en el versículo 8, David alaba a Jehová.

Y vamos a notar en estos primeros versículos del salmo que la mayoría del salmo, o de esos versículos, se centran en la nación de Israel; lo va a mencionar una y otra vez. Y es lógico que este sea su enfoque, porque David es el rey de Israel y está llevando el arca del pacto, que es la señal del pacto y de la presencia de Dios con Israel, a Jerusalén, que es la ciudad capital de Israel. Y toda la nación de Israel está rodeando ese evento y celebrando ese evento. Entonces es natural que se centre en Israel. Y entonces, por ejemplo, en el versículo 16 va a hablar de Abraham, de Isaac; el versículo 17 va a hablar de Jacob y de Israel; va a hablar en el versículo 18 de la tierra de Canaán, que es la heredad de la nación de Israel. Entonces el enfoque una y otra vez está sobre Israel.

Cantad a Jehová toda la tierra

Pero cuando llegamos al versículo 23 vamos a notar que hay un gran cambio de énfasis. Voy a leer los versículos 23 al 25, y a ver si ustedes pueden captar cuál es el cambio de énfasis que observamos en estos versículos: "Cantad a Jehová toda la tierra, proclamad de día en día su salvación. Cantad entre los gentiles su gloria, y en todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza, y de ser temido sobre todos los dioses". ¿Detectaron cuál es el cambio de enfoque en estos versículos? El enfoque ya no está sobre la nación de Israel y lo que Dios está haciendo en esas 12 tribus, sino que el enfoque está en adorar y alabar a Dios entre las naciones, en todas las naciones.

Y la realidad, hermanos, es que cuando nuestro corazón está lleno de Dios, la alabanza fluye de manera natural. Pero no nos podemos quedar ahí. Cuando nuestro corazón está lleno de Dios, no solamente vamos a alabar a Dios entre las personas que ya conocen a Dios; cuando nuestro corazón se llena de Dios, entonces queremos alabar a Dios entre aquellas personas que no le conocen a Dios. ¿Y sabes cómo llamamos esto? La obra misionera. La alabanza fluye de un corazón que está lleno de Dios, y la obra misionera también fluye de un corazón que está lleno de Dios. Y eso es lo que David está haciendo aquí: está alabando a Dios porque él sabe que Dios se merece ser alabado, no solamente entre las personas que lo conocen ahora, pero Dios se merece ser alabado entre todas las personas, en todas las naciones.

Y eso es lo que David va a enfatizar en estos versículos, en la segunda parte de este salmo, que va a ser el enfoque de nuestro estudio. Dios es digno de suprema alabanza, pero no solamente aquí, en este lugar donde estamos nosotros, que nos juntamos, que ya conocemos a Dios. Él es digno de suprema alabanza en todos los lugares, en la boca de todas las personas, de todas las naciones, de todas las tribus, de todo el mundo. Es por eso que Jesucristo dijo: "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos", ¿de qué?, "de todas las naciones". ¿Por qué? Porque Él es digno de esa suprema alabanza.

Una visión exaltada de Dios: la plataforma de lanzamiento

Y eso es lo que nosotros queremos considerar el día de hoy: que la obra misionera existe porque nosotros servimos a un Dios grande que merece ser alabado. Y hermanos, cuando tú y yo tenemos esa perspectiva, esa visión exaltada de Dios, cuando vemos a Dios como un ser excelso, maravilloso, digno de suprema alabanza, entonces brotará la obra misionera; entonces surge la obra misionera. De hecho, pudiéramos decirlo así: una visión exaltada de Dios es la plataforma de lanzamiento de la obra misionera. Esa visión exaltada de Dios es la plataforma de lanzamiento: es donde la obra misionera comienza, es donde toma impulso la obra misionera, es lo que propulsa la obra misionera.

Y si nosotros no tenemos una visión exaltada de Dios, no vamos a participar de la obra misionera, o vamos a distorsionar la obra misionera cuando la hacemos. Necesitamos tener esta visión exaltada de Dios, porque es la plataforma de lanzamiento de la obra misionera. Y David, en esta segunda parte del salmo, nos va a destacar dos aspectos de la grandeza de Dios que motivan, que propulsan, que impulsan la obra misionera. Y quisiera que notáramos esto: los aspectos de la grandeza de Dios en este pasaje.

La supremacía de Dios

Y el primer elemento que vamos a ver es la supremacía de Dios. Una visión exaltada de la supremacía de Dios es la plataforma de lanzamiento de las misiones. En estos versículos que ya hemos leído, noten la perspectiva que David tiene de Dios, versículo 23: "Cantad a Jehová toda la tierra, proclamad de día en día su salvación. Cantad entre los gentiles su gloria, y en todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza, y de ser temido sobre todos los dioses". David tiene una perspectiva exaltada de quién es Dios. ¿Quién es Dios? Es el Dios supremo de la tierra. No hay nadie que se compare con Dios, nadie que sea comparado con Él. "¿Quién como tú entre los dioses?", se pregunta David también. No hay nadie como Jehová.

Y esa perspectiva entonces hace que nosotros digamos: todos los pueblos tienen que conocer Sus maravillas; todos los pueblos tienen que darle a Dios esa suprema alabanza. ¿Por qué? Porque Él es digno de ser temido sobre todos los dioses. Porque el versículo 26 nos dice que "todos los dioses de los pueblos son ídolos". Son ídolos. Y esa palabra que se traduce aquí "ídolos" es sumamente interesante. De hecho, quisiera que tomaran sus Biblias y buscaran Job, capítulo 13, versículo 4. Porque en Job 13:4, Job usa esta misma palabra; no se traduce de la misma forma, pero quisiera que leyéramos cómo se traduce en Job 13:4, porque nos va a dar una mejor comprensión de lo que David quiere decir cuando dice que todos los dioses son ídolos.

En el 13:4 dice así: "Porque ciertamente vosotros sois fraguadores de mentira; sois todos vosotros médicos nulos". Ahora, ¿dónde está la misma palabra que encontramos ahí en 1 Crónicas, en el 26? Es la última palabra del versículo: es la palabra "nulos". Es la palabra "nulos". Dice Job que sus amigos eran médicos nulos; o sea, eran médicos que habían venido para ayudarle a sanar, pero no le estaban ayudando a sanar. Nosotros a veces describimos a médicos así como charlatanes, ¿verdad?: son embusteros, son farsantes, son inútiles, no hacen lo que deberían de hacer, no logran lo que deberían de lograr.

Los dioses nulos de este mundo

Y eso es lo que David está diciendo acerca de los dioses de las naciones. Si regresamos a 1 Crónicas… 16:26, David va a decir —y entendiendo lo que hemos aprendido en el 13:4, vamos a leer lo que David dice—: "Porque todos los dioses de los pueblos son nulos". Son inútiles, son farsantes, son charlatanes. Piensa un momento en cómo son los dioses, o qué debería de hacer un dios. ¿Qué debería de poder hacer un dios? Un dios debería de poder darte paz y satisfacción en tu vida. Pero los dioses de este mundo no te pueden dar paz y satisfacción en esta vida. Nuestro mundo sirve al dios del dinero, pero el dinero no te puede dar paz y satisfacción. Sirve al dios de la salud, pero la salud y la búsqueda de la salud no te pueden dar satisfacción y paz en esta vida, porque algún día te enfermarás y algún día morirás. Nuestro mundo sirve al dios de la carrera, o del estatus social, o incluso al dios de nuestros propios hijos.

Pero ninguna de estas cosas puede darte paz y satisfacción. Todos esos dioses son dioses nulos, son dioses farsantes, son inútiles, no sirven de nada. Pero un dios también debería de poder darte vida eterna. Pero los dioses de las naciones son dioses nulos, que no les pueden dar vida eterna, no les pueden dar perdón de sus pecados. Vivimos en un país donde muchas de las personas adoran a la Virgen de Guadalupe, adoran a los santos. Pero ni la Virgen de Guadalupe ni los santos pueden darte vida eterna y perdón de tus pecados. Si los sirves como dioses, son dioses falsos, nulos, inoperantes e inútiles; no te pueden dar lo que un dios debería poder darte.

Alrededor del mundo, el día de hoy, hay millones y millones de personas que están adorando a sus ancestros muertos, pero sus ancestros muertos no les pueden dar perdón de pecado y vida eterna: son dioses nulos. Hay personas que adoran las estrellas, y el sol, y la luna, pero esos son solamente astros que el Dios verdadero colocó en el cielo; como dioses, son dioses nulos, que no les pueden dar vida eterna y perdón de sus pecados. Hay personas que adoran a los ángeles y a los demonios, y aunque pudieran ser entidades reales, como dioses son dioses nulos, porque no les pueden dar perdón de pecado y vida eterna. Son dioses nulos, son inoperantes.

Jehová hizo los cielos

Pero mira el maravilloso contraste que tenemos en la segunda parte del versículo. Mira cómo es nuestro Dios. Nuestro Dios, nuestro Dios Jehová es un Dios verdadero: nuestro Dios Jehová hizo los cielos. Este es un Dios de verdad. Este es el Dios Creador del universo, este es el Dios genuino, y Él merece que nosotros le demos suprema alabanza. Él es digno de ser temido sobre todos los dioses. Hermanos, este es nuestro Dios. Y si este Dios pudo crear el universo, sin duda puede satisfacer nuestras necesidades. Si este es el Creador del universo, sin duda Él puede darnos perdón de pecado y vida eterna. Este es nuestro Dios verdadero.

¿Y sabes qué es lo triste? Que muchos cristianos viven en su vida diaria sirviendo a los mismos dioses nulos que las personas de allá afuera que no conocen a este Dios. Están persiguiendo también la salud, un buen empleo, una casa, unas buenas vacaciones, unos hijos que les van a hacer felices. Y estos son dioses nulos; no te pueden dar satisfacción y paz en esta vida. Y muchas veces, como cristianos, nosotros tenemos un dios en miniatura, un dios que es como una figurita que podemos poner ahí, en una repisa en nuestra casa, y cuando necesitamos un poquito de buena suerte, vamos y le damos un besito: "A ver que el día me vaya bien". Y ese dios es un dios no como el Ser supremo y exaltado del universo, sino es el dios que nos sirve a nosotros para que nos vaya bien en nuestro día; es nuestro mayordomo cósmico, que debe suplir mis necesidades. Pero ese no es el Dios de la Biblia.

El Dios de la Biblia es digno de suprema alabanza, porque es el Creador del universo. Y esa perspectiva magna de Dios es la plataforma de lanzamiento de la obra misionera. Cuando empezamos a ver a este Dios de esta forma, entonces empezamos a pensar que tenemos que compartir de Él con las personas que no le conocen; tenemos que alabar a Dios entre las naciones que no le conocen, porque nuestro Dios es el Dios supremo del universo, el que merece suprema alabanza, y tenemos que proclamar Su nombre. A veces las personas dicen: "Ay, eso de ser misionero, qué sacrificio más grande". Pero cuando tienes una perspectiva exaltada de Dios, ser un misionero no es un sacrificio, sino que es un privilegio, y es el resultado natural del llamado de Dios sobre tu vida. ¿Por qué? Porque es un Dios grande y digno de suprema alabanza.

¿A qué dios estás sirviendo?

Cuando tenemos esta perspectiva de Dios, será natural que nosotros hablemos de Dios con las personas que nos rodean. Hace unos años hablaba con un amigo mío, y me comentó que su madre siempre había sido una mujer que compartía el evangelio. Dijo: "Si mi mamá hablaba contigo cinco minutos, ya te estaba compartiendo el evangelio". Y dijo: "Hace unos años se involucró en una de esas modas de alimentos naturales, y ahora, si tú hablas con mi mamá por cinco minutos, te va a compartir la grandeza de su batido". Es incoherente: el Dios Creador del universo se ha reemplazado por un batido de proteínas y minerales. Pero esta es una realidad en la vida de muchos de nosotros: tenemos una perspectiva muy pequeña de Dios, y el Dios supremo del universo ha quedado como un dios en miniatura.

Y yo le pregunto: ¿a qué dios está sirviendo usted? ¿Qué estás buscando que tú crees que te hará feliz en esta vida? ¿Qué estás buscando tú que piensas que te dará también perdón de tus pecados y vida eterna delante de Dios? ¿A qué dios estás sirviendo en verdad? Dices: "Hermano, es que no sé; yo creo que estoy sirviendo a Dios, creo que realmente adoro a Dios". Bueno, déjame darte tres preguntas de diagnóstico que pueden realmente mostrar quién es, o qué es, tu dios.

La primera pregunta es esta: ¿de qué platicas? ¿De qué platicas? Hay hermanos que, a pesar de que podamos terminar la predicación y haber sido bendecidos por Dios, salimos de este lugar y solamente te quieren hablar de su trabajo, y ese es su dios. Solamente te quieren hablar de su equipo de fútbol, solamente te quieren hablar de sus hijos, solamente te quieren hablar de su carro o de sus vacaciones, y ese es su dios. Una segunda pregunta: ¿en qué inviertes tu dinero? Invertimos nuestro dinero en las cosas que son importantes para nosotros, y donde tú inviertes tu dinero —ese dinero disponible, ese dinero cuando te sobra un poquito—, ese es tu dios. Otra pregunta: ¿en qué usas tu tiempo libre? Ese es tu dios: donde tú inviertes tu tiempo libre, ese es tu dios.

Y cuando contestamos esas preguntas, podemos detectar si tenemos esa perspectiva exaltada. Y cuando tenemos esa perspectiva exaltada de Dios, entonces vamos a buscar que las demás naciones, que las demás personas, conozcan a nuestro Dios.

Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos

Eso es lo que David hace en los versículos siguientes. En el versículo 27 dice: "Alabanza y magnificencia delante de él; poder y alegría en su morada. Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, dad a Jehová gloria y poder. Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrenda, y venid delante de él; postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad". ¿Quién es este Dios? Es el Dios que merece suprema alabanza. Cuando le damos honra, le damos la honra debida a Su nombre. Y ahora David invita a las familias de los pueblos: "Vengan y tributen a Jehová la honra debida a Su nombre".

Y el día de hoy, si usted está aquí sin Cristo, yo le invito a que venga a Cristo y le tribute a Cristo la honra debida a Su nombre. No hay otro dios que se compare con nuestro Dios. Él merece que tú le des toda tu vida, y Él es el Dios verdadero que puede darte vida eterna y perdón de tus pecados. Él es el Dios verdadero que puede dar paz y satisfacción a tu vida. No que te va a solucionar todos tus problemas, como si fueran a desaparecer en un instante, pero es el Dios que realmente puede dar ese significado, ese propósito, eso que realmente puede llenar tu corazón. Y te invito a que dejes esos dioses inútiles que están llenando tu corazón y que tú vengas a Cristo. David invita a las naciones a venir a Jehová y tributarle esa honra que es debida a Su nombre. Y esa supremacía de Dios, comparado con todos los demás dioses, es esa plataforma de lanzamiento de la obra misionera.

La soberanía de Dios

Pero David, en la segunda parte de esta porción del salmo, nos dice otro aspecto de la bondad de Dios que hace que Él sea digno de la obra misionera. Y lo que va a enfatizar del versículo 31 en adelante es la soberanía de Dios. Una visión exaltada de la soberanía de Dios es la plataforma de lanzamiento de las misiones. Algunas personas a veces se ponen incómodas al pensar sobre la soberanía de Dios y la obra misionera, ¿no?: "Si es que se enfatiza demasiado la soberanía de Dios, eso va a matar nuestro impulso misionero". Pero para David era todo lo contrario: el pensar en Dios como soberano le motivaba a proclamar la grandeza de Dios delante de las demás naciones. Y esto es lo que él enfatiza.

Mira cómo describe a Jehová en el versículo 31: "Alégrense los cielos, y gócese la tierra, y digan en las naciones: Jehová reina". Jehová reina. Jehová reina sobre este universo. Y a veces nosotros, por conseguir que las personas vengan a Jehová, presentamos a Jehová como un dios en miniatura; convertimos a Jehová en ese mayordomo cósmico. De una manera, para incitar a las personas a que vengan a Jehová, les decimos cosas: "Ven a Cristo y Él te soluciona todos tus problemas". Y eso no es cierto. Te soluciona tu problema más grande, que es el problema de tu pecado, que te va a mandar al infierno, alejado de Dios. Y sí es verdad que luego llena tu corazón de paz y de satisfacción cuando tú le buscas como el Ser más supremo del universo.

Pero nuestro Dios no es nuestro mayordomo. Nuestro Dios es el reinante, el gobernante, el soberano Dios de este universo. Y si tú vienes a Cristo, tú vienes a Cristo reconociéndole como Rey de reyes y Señor de señores. Y nosotros, que hemos conocido a Cristo, nosotros le reconocemos como Señor y Rey de nuestra vida también. Y eso significa que lo que nuestro Rey manda, nosotros obedecemos. Y uno de los mandatos de nuestro Señor es: "Id, y haced discípulos de todas las naciones"; lo hablamos ayer. Y si tú reconoces la soberanía de Dios en tu vida, a ti no te queda más opción que participar en la obra misionera: quizá yendo para ser misionero, quizás enviando, y orando, y apoyando la obra misionera. ¿Por qué? Porque nuestro Jehová es soberano, Señor de señores, Rey de reyes, el que gobierna este universo. Y Él nos manda a nosotros a someternos voluntaria y alegremente a Su señorío, y a predicarles a las naciones que Él reina. Y Él nos manda a participar de esa gran comisión, y Él nos llama a algunos de nosotros a dejar nuestra familia, dejar nuestro país, a proclamar Su soberanía.

"Heme aquí, envíame a mí"

¿Recuerdas cuando Dios llamó a Isaías? Fue en un momento trágico para la nación, porque el rey Uzías era un gran rey y había muerto, y la nación estaba sacudida, pensando: "¿Qué va a ser de nosotros?". Pero en el año que murió el rey Uzías, Isaías vio a Adonai, al Señor, sentado sobre el trono; no el de Jerusalén, sino sobre el trono del universo. Y le cantaban: "Santo, santo, santo". Ese es nuestro Jehová. Y en ese momento Dios puso Sus ojos de manera muy específica sobre Isaías y le dijo: "¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?". Fue un mensaje teledirigido para la vida de Isaías. Y entonces Isaías dijo: "Heme aquí, envíame a mí".

Y el día de hoy quizás Dios está poniendo Sus ojos sobre la vida de algunos de ustedes, y está poniendo esa pregunta delante de ti, y te está diciendo a ti: "¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?". Y Dios quiera que entre este grupo algunos digan: "Heme aquí, envíame a mí". Ese es el llamado de Dios. Y si ese es el llamado de Dios sobre tu vida, tú no tienes derecho a decirle que no, porque Jehová reina; Jehová es el soberano Dios del universo, y Él nos llama a participar de esta obra.

El Juez universal

No solamente es Él el Jehová soberano del universo, pero destaca aquí que Él es el Juez universal del universo. Nos dice en el versículo 31 que Él reina, y ese concepto de que Él reina es una fuente de gozo. Versículo 31: "Alégrense los cielos, y gócese la tierra, y digan en las naciones: Jehová reina. Resuene el mar, y su plenitud; alégrese el campo, y todo lo que contiene. Entonces cantarán los árboles de los bosques delante de Jehová, porque viene a juzgar la tierra". Y de repente nos detenemos a pensar que para nosotros, que conocemos a Jehová, el hecho de que Él reina es una fuente de gozo y de alegría. A pesar de que este mundo está roto, este mundo está quebrantado, un día Él vendrá y Él pondrá todas las cosas en su lugar, y la maldad será juzgada, y nos regocijamos con esa realidad.

Pero también tenemos que pensar que lo que para nosotros es una fuente de gozo, para miles de millones de personas en este mundo es una fuente de terror absoluto, porque Jehová viene a juzgar la tierra. Y hay personas que no le conocen, hay personas que no se someten a Su soberanía, y para ellos la venida del Dios justo y soberano resultará en una condena eterna. Malaquías 3:2 lo describe así: "¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿O quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores". Y las personas que no han reconocido Su soberanía van a sufrir esa soberanía, siendo condenados, siendo juzgados de manera merecida, porque han pecado en contra de un Dios santo. Pero será una condena horrible.

Y nosotros, que conocemos a este Dios supremo, a este Dios soberano, conocemos que tenemos la necesidad de ir y proclamar Su grandeza ante esas personas que van a sufrir una condena eterna. Tenemos que ir y predicar el evangelio; tenemos que participar de esa obra misionera.

Su misericordia es eterna

Y Dios nos dice algo aquí, en los últimos versículos de este salmo, que nos da esperanza ante ese juicio aterrador. El versículo 34 dice: "Aclamad a Jehová, porque él es bueno; porque su misericordia es eterna. Y decid: Sálvanos, oh Dios, salvación nuestra". Y nuestra esperanza es que nuestro Dios es un Dios de bondad y misericordia. Nuestro Dios es un Dios de salvación. Para toda persona que viene a Jesucristo en arrepentimiento y fe existe la promesa de perdón, y de salvación, y de bondad, y de misericordia. Esa es la bendita esperanza que nosotros podemos ofrecer.

Es interesante, porque en el Antiguo Testamento la nación de Israel pensaba en la salvación como algo político, algo militar, algo nacional: querían ser salvos de las demás naciones que les oprimían. Pero conforme se va desplegando el plan de Dios, entendemos que la salvación que Dios nos ofrece es mucho más grande que la salvación nacional o militar, ¿verdad? Es una salvación de nuestro problema más grande, que es el pecado. Es una salvación más grande, que no solamente nos libra del ejército enemigo, sino que nos libra de la muerte eterna. Es una salvación tan gloriosa que tuvo que ser realizada cuando Dios mismo, el Hijo de Dios, segunda persona de la Trinidad, se encarnó en forma humana y vino a esta tierra a vivir una vida perfecta y morir una muerte vicaria, una muerte en sustitución por cada uno de nosotros: cada uno de nosotros que se ha rebelado en contra de la soberanía de nuestro Dios, cada uno de nosotros que ha hincado la rodilla delante de esos dioses nulos y falsos; cada uno de nosotros que vive destinado al infierno, si no es por la misericordia de Dios. Jesucristo murió en la cruz para tomar nuestro lugar, y resucitó tres días después.

Digno de ser predicado hasta lo último de la tierra

Y entonces pensamos en ese Jesús, y nos damos cuenta de algunas de las cosas que cantamos hace un momento: que Él es el Cordero inmolado antes de la fundación del mundo; que Él es la raíz de la vid; que Él es el León de la tribu de Judá; que Él es el que redimió al esclavo; Él es el que adoptó al huérfano; por Su obra resucitó al muerto. Él es la puerta, Él es el buen Pastor, que Su vida dio por las ovejas. Él es la verdad y la vida, Él es el único camino a Dios. Él es digno de que Su nombre sea predicado de aquí hasta lo último de la tierra.

Y hermanos, esa perspectiva exaltada de Dios es la plataforma de lanzamiento de la obra misionera. Y cuando nosotros nos saturamos de esa perspectiva de Dios, entonces será lo más natural del mundo que yo cruce el mar para contar de Cristo, que yo cruce la calle para contarte de Cristo, que yo le entregue mi vida en todas sus facetas, sin reservarme nada para mí, y que yo lleve a Dios y el nombre de Dios a lo último de la tierra, para que en lo último de la tierra Él reciba la suprema alabanza debida a Su nombre. Hermanos, lo que nos mueve a la obra misionera no es un simple mandato que tenemos que cumplir; no es una sensación de culpa porque "mira lo que yo tengo y los demás no lo tienen". Es una comprensión, una visión exaltada, del Dios supremo y soberano del universo, que merece esa suprema…

Oración final

Padre, Tú eres único entre todos los dioses que el mundo se ha inventado. No hay nadie como Tú. Y nos hemos llenado de dioses inútiles, de dioses falsos, de dioses que no se comparan con quién eres Tú, y hemos predicado las alabanzas de esos dioses, y hemos callado nuestra voz, y no te hemos predicado como el Dios supremo y soberano del universo. Padre, con razón nuestro esfuerzo evangelístico ha decaído; nuestro interés por las misiones ha desaparecido, porque nuestros corazones están llenos de otros dioses. Y Padre, yo te pido que Tú llenes nuestro corazón de Ti, y que, llenos de Ti, algunos de nosotros vayamos a otros lugares a predicar el evangelio. Llama jóvenes, llama adultos, Señor, para predicar Tu Palabra. Haznos vivir para Ti con nuestros vecinos y con nuestros compañeros de trabajo. Haznos sacrificar de nuestro tiempo y nuestros ingresos para Tu obra.

Y Padre, si hubiera alguien aquí que no te conoce, te pido que Tú mandes que la luz resplandezca en su corazón y que pueda ver Tu hermosura, que vea Tu soberanía, Tu supremacía, Señor, y te reconozca como Rey, y Señor, y Salvador de su vida. Y Padre, te pido que Tú bendigas los esfuerzos misioneros de esta iglesia, que Tú promuevas Tu reino por medio de esta iglesia, y sus esfuerzos, y su inversión, y su energía, y su tiempo, sus recursos. Padre, gracias por haber sido bondadoso y misericordioso con nosotros. Permítenos cantar Tus alabanzas delante de todas las naciones, porque Tú eres digno de suprema alabanza. En nombre de Cristo pedimos esto.

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