Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Marcos 14:1-21MarcosAlfredo Carillo

Un amor pródigo

Transcripción

Introducción

Bueno. Nuevamente, Dios les bendiga, hermanos. Se ve la iglesia con poquitas asistencias, pero la Palabra de Dios es la misma; no importa el número. Y bueno, pues, como nos había comentado nuestro hermano Robert, nuestro pastor Robert, pues sí, estos pasajes que vamos a estar viendo a partir de hoy van muy de la mano ya con lo que sigue en Isaías, con lo que hemos estado viendo también con Nathan. A partir de este Marcos 14 empezamos a ver lo que se le llama el sufrimiento de Cristo, o el siervo sufriente, que es lo que viene en Isaías a continuación, después de que terminemos esto. Y aquí es donde vamos a empezar a ver esas profecías cumplidas en Jesús.

Y vamos a abrir nuestra Biblia en Marcos, el evangelio de Marcos, capítulo 14, por favor. Y ya en los estudios también, por algún tiempo, hemos venido estudiando acerca de este evangelio con algunos otros hermanos que están también participando dentro de la predicación expositiva, gracias a Dios, porque también está ese ministerio que nos está instruyendo en esa área. Y vamos a leer Marcos 14 desde el versículo 1; esa es la porción, la primera porción que vamos a escuchar esta mañana.

Lectura de Marcos 14

Y dice así: "Dos días después era la pascua, y la fiesta de los panes sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle por engaño —refiriéndose a Jesús— y matarle. Y decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto del pueblo. Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso, se lo derramó sobre su cabeza. Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque podía haberse vendido por más de 300 denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella. Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Ésta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.

Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle. El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua? Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí. Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.

Y cuando llegó la noche, vino él con los doce. Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar. Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo? Él, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido".

Oración

Señor, te agradezco, Padre, por esta oportunidad, Señor, de estar aquí al frente, Señor, y por esa gran responsabilidad que también tengo. Yo ruego porque tu Espíritu Santo sea el que obre, Señor, a través de tu Palabra; que tu Espíritu Santo sea el que hable a través de mí, Señor, que pueda transmitir lo que tú me has enseñado. Primeramente, Señor, prepara los corazones de mis hermanos, Señor. Queremos conocerte más, Señor, para entregarte aún mejor nuestra vida. Gracias, Padre, por todas las bendiciones que permites, Señor, a través de tu Palabra. Gracias por ello, en Cristo Jesús. Amén.

Un amor pródigo

Pues yo le titulé a este estudio "Un amor pródigo", porque básicamente es lo que está tratando aquí este pasaje: acerca del contraste que hay entre el amor de una persona y el amor que existe en otra persona, si es que existiera. Y quisiera hacer un poquito de contexto. Dice aquí que iba a ser, dos días después, la pascua y la fiesta de los panes sin levadura: "Buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle". Entonces estaban a punto de esta celebración; era una de las tres más importantes celebraciones que tenía el pueblo judío.

Y a partir de aquí, de este pasaje que nos escribe Marcos, es donde empieza, digamos, la última parte de la vida de Jesús, la más difícil. A partir de aquí podemos decir que es el último acto de Jesús. ¿Y por qué digo que es el último acto? A lo largo de todo lo que hemos estado viendo de Marcos, Marcos es un evangelio de acción. Hemos estado viendo a Jesús en acción, un siervo en la acción; así nos estaba presentando Marcos a Jesús. Y a partir de aquí va a ser el último acto de Jesús, y lo que podríamos nombrar como la parte de la historia del siervo sufriente.

Entonces yo dividí en cuatro puntos este pasaje. El primero lo titulé "Un amor generoso"; el segundo punto es "Un amor falso"; el tercer punto, "Un banquete de amor"; y el cuarto punto es "La última llamada de amor". Entonces, para que lo tengan un poquito presente, ¿no? Antes yo nunca he hecho presentaciones; esto a lo mejor va a ser un poco diferente.

El contexto de la pascua

Entonces les comentaba, haciendo un contexto sobre las fiestas, que eran las tres celebraciones más importantes de guardar, ¿no? Entre ellas está la pascua; las otras dos eran la fiesta de los tabernáculos y la de Pentecostés. Pero esta era una de las fiestas en la que más se albergaban multitudes, porque todos tenían que converger en Jerusalén; a estas fiestas estaban obligados todos los judíos adultos. Tengo aquí un dato que quiero compartirles acerca de la cantidad de personas que llegaban a este lugar. ¿Y por qué es importante saber esto? Porque dice aquí que los principales sacerdotes no querían prenderle durante esta fiesta, y hay una razón muy importante.

Dice el historiador Josefo que en Judea, en el año 65, hizo un censo el gobernador Cestio, de Palestina. Eso fue después de Jesús, pero es un censo que nos puede dar una idea. Entonces este gobernador quería persuadir a Nerón acerca de la importancia que tenía la región judía. Entonces él hizo un censo en donde nos dice que se albergaban alrededor de 3 millones de peregrinos; es lo que llegaba a Palestina, 3 millones de palestinos. Y la cantidad de corderos que se tenían que sacrificar eran 256,500 corderos, para que se den una idea de todo lo que se necesitaba; era toda una logística.

Entonces toda esa cantidad de personas pues no convergían realmente en Jerusalén todas, porque no podrían caber todas ahí, pero también se empezaban a hospedar en los pueblos, las comunidades cercanas, entre ellas Betania. Bueno, teniendo ese contexto, entonces era una gran cantidad de personas que asistían a esta celebración aquí en Jerusalén. Entonces ahí es donde estaba el problema. ¿Por qué? Porque era donde se incitaba la nacionalidad de los judíos; estaban subyugados por el Imperio romano. Entonces tenían miedo de que, debido a esto, nacía el sentimiento nacionalista de los judíos; tenían un temor, porque seguían a Jesús. Mucha gente ya seguía a Jesús.

Entonces, si prendían a Jesús durante esta fiesta, tenían miedo de que se podían molestar, de que estaban aprehendiendo a su maestro. Entonces, con este sentimiento nacionalista, podrían causar un alboroto, quizás una guerrilla, porque pues la mayoría estaban viendo... Porque la pascua era el recordatorio de la liberación de Egipto; entonces ellos estaban esperando que este Mesías también liberara ahora al pueblo de los romanos. Por lo tanto, ellos tenían ese miedo de que se alborotaran y se formara ahí algo político con este nuevo Mesías. Entonces era el temor, y prefirieron esperar a que pasara esta fiesta.

Entonces vemos aquí que todo el último momento de la vida de Jesús también tiene que llevarse a cabo con una gran multitud, para que todos vieran quién era finalmente. Y ahí es donde el libertador de la humanidad pues culminaría su obra, en esta cruz. Bueno, teniendo ese contexto acerca de la cantidad de personas que había, lo que se estaba celebrando y el temor de las autoridades, porque no querían aprehender a Jesús, nos vamos a adentrar ahora acerca de lo que es un amor generoso.

Un amor generoso

¿Y por qué le puse a esta prédica "Un amor pródigo"? Normalmente, cuando hablamos de pródigo, lo asociamos con la historia del hijo pródigo, que en realidad este pasaje debe llamarse "el Dios pródigo", no "el hijo pródigo", porque nuevamente presentamos al hijo como el personaje central. Esa es otra cosa, pero rápidamente, ¿verdad?: el punto central de ese pasaje es Dios; es un Dios pródigo. ¿Qué significa pródigo? Que da generosamente, que está en derroche, que sirve incondicionalmente; eso significa pródigo. Y por eso decidí poner este título a esta prédica, acerca de un amor pródigo.

Entonces dice aquí —ya lo hemos leído— que estaba Jesús en Betania; no estaba en Jerusalén. Dice que estaba en casa de Simón el leproso. Quizás Jesús había sido invitado especialmente por este Simón, que tenía lepra; había sido sanado por Jesús. No nos dice específicamente, pero había sido sanado, y en agradecimiento él quiso invitar a Jesús a esta convivencia, a este banquete. No es en la pascua; también para dejar claro: ese banquete no se hizo en la pascua, se realizó seis días antes de la pascua. Dice: "Vino una mujer con un vaso de alabastro".

Entonces, estando en casa de Simón, también quiero darles un contexto de cómo hacían este banquete. Nuevamente, nosotros en Occidente tenemos sillas; nos sentamos a la mesa, tenemos sillas. Pero ellos no; en la costumbre oriental, lo que hacían era recostarse, con los pies... Estaba la mesa, con los pies hacia atrás, y recargados en un brazo, y con el otro libre para poder comer. Entonces todos los que estaban alrededor de la mesa... si llegaba alguien, quedaba por encima de ellos.

Entonces, cuando llega la mujer, dice que llega con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio, y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza a Jesús. Se le acercó esta mujer. Ella no estaba siendo invitada al banquete; sin embargo, ella entró a este lugar. Ella preparó este perfume; sabía que era la única ocasión, quizás, en la que podía realizar esto.

Entonces vemos aquí este vaso de alabastro, estos costosos perfumes. Este perfume de nardo, se nos cuenta, al investigarlo, que era traído desde la India; de estas flores se extraía ese perfume. Por eso era muy, muy, muy costoso. Y algo que podemos ver aquí es que no solamente derramó unas gotitas de este perfume. La costumbre de los banquetes sobre los invitados era precisamente esa: se derramaba un poco de perfume sobre el invitado para crear un ambiente encantador, pero solo unas gotitas. Sin embargo, esta mujer no solamente decidió poner unas gotas; decidió quebrar el vaso, o quebrar el frasco.

Dicen que estaban tallados. No sé si algunos conozcan aquí el alabastro. El alabastro es una especie de mármol; es una piedra muy dura, semitransparente, pero también un poco delicada, porque tiene unas vetas, y hay que tratarlo con delicadeza para trabajarlo, porque se puede quebrar fácilmente. Entonces había mucho trabajo dentro de este frasco, mucho valor. Bueno, esta mujer derramó este perfume sobre Jesús. A los invitados especiales se les derramaba un poco de volumen para que se creara este ambiente agradable.

Dice: "Y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?". ¿Había una buena razón para, es decir, ocasionar este enojo? Quizá sea una buena razón, y quizás no. La razón era que era tan valioso que dice aquí que valía alrededor de 300 denarios. Entonces nos cuenta que con 200 denarios se pudo dar de comer a la multitud, en donde dan de comer a esta multitud junto con Jesús: doscientos denarios. Los trescientos denarios, ¿se imaginan a cuánta más gente podrían darles de comer? Por eso la molestia que tenían, principalmente Judas, que nos dice.

Pero Jesús la defiende. Quizás María tenía en mente ya... y podríamos decir un poquito —quiero atreverme—, quizás estaba profetizando la muerte de su Señor. No estoy diciendo que lo dice la Palabra; solamente es algo, una conjetura, que quizás podría traer, mejor dicho, que María tenía, o presentía, de acuerdo al conocimiento y todo lo que Jesús les venía diciendo anteriormente acerca de los últimos tiempos, en el capítulo 13, que ya su Señor estaba a punto de morir. Por eso es que Jesús dice aquí... "Porque podría haberse vendido por más de 200 denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella. Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho".

Entonces la obra de María quizás no les pareció a algunos muy agradable, y vemos que el principal molesto podría ser Judas, porque a través de lo que vemos en los evangelios, vemos que Judas era codicioso; él era uno de los que administraba el dinero. Entonces Jesús sí estaba viendo este hecho, acerca de lo que estaba haciendo María: estaba ungiéndole, porque sabía que ya estaba a punto de morir. De alguna manera, María quizás estaba ungiendo ya a un muerto, o más bien, esta era su última oportunidad de hacer algo por Jesús, de demostrarle su amor total a Jesús haciendo este acto de derramar este perfume de nardo.

Entonces esta sería la última ocasión en que alguien le pudo hacer un acto bondadoso a Jesús. A partir de aquí no vemos a nadie, ni a sus discípulos, hacer algo bueno por Jesús. Y María no quiso dejar pasar esta oportunidad de hacer algo por su Señor, de mostrarle este acto de amor. Y a pesar de que Jesús todo el tiempo les estuvo diciendo que partiría, ¿qué es lo que más les preocupaba a sus discípulos? Lo hemos estado estudiando en Marcos: no les preocupaba más que el lugar que iban a ocupar en su reino; les preocupaba más quién era el mayor, quién era el mejor. Porque, a pesar de la convivencia que tenían con Jesús, no estaban visualizando con quién estaban realmente. Todo el tiempo Jesús estaba recordándoles quién era y a qué venía, y eso es lo que más les preocupaba a los discípulos.

Y vemos hasta que les preocupaba lo económico; quisieron hacer una buena acción, y el pensar en los pobres, como dice Deuteronomio, que es el pasaje que cita Jesús: "Los pobres estarán siempre con ustedes". Y eso es cierto: la pobreza no va a terminar. No vamos a acabar con la pobreza; hasta el día en que el Señor venga se acabaría la pobreza. Sin embargo, pobres siempre va a haber, y por eso Jesús decía esto. Ella ha escogido la mejor parte, como María. Los pobres siempre van a estar, pero Jesús ya no estaría.

Entonces aquí vemos este acto de amor generoso de parte de María hacia Jesús. El amor nunca se debe delimitar a hacer cosas, y cosas buenas, sino cosas que encanten. Entonces, a veces, a veces somos así: solo queremos actuar haciendo cosas buenas, y está bien, pero va más allá el amor que tenemos de Cristo. El amor siempre se debe de dar con derroche, y hablando de la escuela de vacaciones: no es algo solamente para los niños, no es algo solamente para la iglesia, sino que es para expandir el reino de Dios. Por lo tanto, tenemos que dar con derroche en amor, como lo hizo esta María. Hagámoslo para el Señor; todo lo que hagamos, hagámoslo para el Señor, con derroche, de forma generosa. Su amor no tuvo límite, y eso es lo que nos está enseñando María: el amor hacia nuestro Señor no debe tener límites, como Él no lo tuvo, ni lo tiene. Ese es el amor de Cristo.

El amor nos enseña que hay cosas que no se pueden dejar para otra ocasión. ¿Y por qué digo esto también? Dios primero deposita en nosotros ese deseo de buscarle; ese amor nos está llamando. Pero quizás es la última ocasión, y no puedes dejarlo para otra; quizás sea tu última oportunidad de darle al Señor tu vida. Jesús estaba recibiendo un poco de lo mucho que le entregaría en la cruz.

Un amor falso

Ahora dice en el versículo: "Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle". ¡Qué contraste! Y cómo Marcos, de alguna manera, acomoda estas historias para ver ese contraste de amor: María es la antítesis de Judas. Y habíamos visto también anteriormente, en los pasajes de atrás de Marcos, en donde habla de la viuda y las dos monedas: la viuda es la antítesis de los fariseos, y María es la antítesis de Judas.

Entonces, aparentemente, Judas amaba al Señor: le seguía, predicaba junto con ellos, que también habían hecho milagros, echaban demonios. Sin embargo, era un amor falso, y eso es lo que quiere Marcos resaltar en este pasaje: ese contraste entre María y Judas. Y vemos aquí esta tensión que hay, estas diferentes maneras de amar al Señor. Judas estaba buscando cómo sacar algo todo el tiempo; así actuaba Judas.

Entonces, ¿qué podemos ver detrás de la actitud de Judas? Había codicia. Mateo 26:15 dice que cuando Judas estuvo con las autoridades, les preguntó cuánto estaban dispuestos a pagar. Dice que Judas hizo un trato con las autoridades por treinta monedas de plata. 30 monedas de plata era el precio de un esclavo; ese es el valor que le dio a su Señor. Ese era el gran amor que le tenía: 30 piezas de plata. Y Judas sabía que su Señor ya estaba, de parte de las autoridades, siendo observado como fuera de la ley, y por eso quería aprovechar esta ocasión y hacer esta traición.

En Juan 12:6 nos dice que sustraía de la bolsa. Entonces tenía codicia; tenía celos Judas también. Y a veces así es como actuamos: a veces no actuamos por amor, amamos por codicia. Queremos que nos vean, queremos tener un lugar, queremos sacar provecho. Hay cosas diferentes a las de Judas que a veces tenemos nosotros, y estas son las cosas que hicieron que traicionara a Jesús.

Un banquete de amor

Y nuevamente vemos otro contraste: Jesús, conociendo lo que había en los corazones, seguía preparando la pascua, este banquete de amor. Dice en el versículo 12: "El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua?". Jesús tenía todo planificado; no se le estaban ocurriendo las cosas. Él había predispuesto y preparado para estar estos últimos momentos con sus discípulos, y la manera en que se van a encontrar a una persona con un cántaro: "Díganle esto", y él va a llevar al lugar que ya tiene dispuesto.

Ya todo lo tenía preparado el Señor; sabía que era su último momento. Y el Señor siempre hace esa invitación a su banquete; Él ha preparado todo. Y en la mañana lo veíamos: esta mesa, que representa esa comunión, un banquete preparado. Y eso nos recuerda cada domingo que Jesús siempre tiene este banquete preparado, ese banquete de amor.

La última llamada de amor

Por último, del 17 al 21 dice así: "Y cuando llegó la noche, vino él con los doce. Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar. Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo?". Y el otro decía: "¿Seré yo?". Y bueno, aquí hay muchas cosas interesantes acerca de por qué los discípulos empezaron a cuestionar si ellos serían. La pascua empezaba a las seis de la tarde, que sería el nuevo día, y terminaba a las seis de la mañana del otro día.

Y rápidamente, nada más para explicar un poquito acerca de cómo estaban comiendo ahora la pascua: en paz. La primera pascua, ¿cómo la tomaron? De pie, si recuerdan; la tomaron de pie y con la prisa. ¿Por qué? Porque estaban huyendo. Ahora Jesús había preparado, mejor dicho, era la costumbre después de aquella primera pascua sentarse a la mesa en paz. Número uno: sentarse para disfrutar de ella, sentados y en paz; no había prisa. Querían recordar lo que Dios había hecho acerca de esa liberación y cómo lo había hecho. Ahora sería tranquilo, porque eran libres, y eso es lo que recordaba esta pascua: que ya habían sido libres.

Y eso es lo que nos recuerda también a nosotros esta mesa que se prepara: que ahora somos libres también. Y por eso es que debemos de tomarla de esa misma manera: sentados alrededor, en paz, en comunión y en amor, como lo hizo el Señor. Pero algo interesante, que quiere decir que ellos se entristecieron en gran manera, y se cuestionaban uno por uno. Jesús les dice: "Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato".

Cualquiera podría pensar que cada quien tenía su plato, y que Judas, como sabemos que fue el que lo traicionó, Judas metió su pan ahí en su plato. Pero no; la costumbre en los banquetes que los judíos tenían era que se tenía un plato para todos, donde había una especie de sopa. Entonces todos mojaban su trozo de pan ahí y lo comían; Jesús mismo mojaba el pan. Por eso es que se preguntaban: "¿Seré yo?", porque todos habían metido su pan en el plato. Por eso es la insistencia entre ellos, y dice que se entristecieron en gran manera, porque todos habían metido en el plato.

Si ustedes hicieran eso en un banquete y les dijeran esto, pues se sentirían igual: "Igual yo metí de mi pan, ¿no?". Y Jesús fue un poco ambiguo; no quiso darles realmente un indicio muy específico. Entonces la otra era que, si no tenían ese plato, había muchos platitos y se los pasaban, y mojaban su pan. Entonces, teniendo ya este contexto cultural, le dice que era uno de los doce, el que moja conmigo en el plato: "A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre se ha entregado! Bueno le fuera no haber nacido".

Marcos no nos da todos los detalles que nos narra Juan. Vamos a buscar Juan 13:25 rápidamente, aunque no nos gusta hacer mucho de buscar pasajes. Vamos a leer desde el 21. Dice: "Habiendo dicho esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. Y uno de los discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús". Judas por un lado, Juan por el otro. También siempre Juan estaba a un lado de Jesús; estaba recostado sobre su regazo. Lo vemos aquí también: los contrastes de amor, Juan a un lado, y Judas.

Y entonces: "Los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estando recostado al lado de Jesús. A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era él de quien hablaba. Él entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? Respondió Jesús: A quien yo diera el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo pronto. Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres. Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era de noche". ¡Qué fuerte!

Hay algo dentro de la costumbre en la comida de los judíos: la comunión en torno a la mesa significaba más que un encuentro social. Significaba paz, como les he dicho; significaba confianza, significaba perdón y fraternidad. Por lo tanto, no se esperaba que alguien sentado a la mesa traicionara al anfitrión. Y mucho menos, porque dentro de la costumbre en las comidas se podía remojar un cacho de pan en la sopa y dárselo directamente al invitado en la boca, y Jesús hizo eso con Judas. Se estaba expresando todavía su amor.

Y quizás Jesús tenía en mente —no estoy diciendo que lo dice aquí— el Salmo 41:9, que dice: "Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó el pie contra mí". Jesús sabía lo que iba a pasar. A Él le hubiera sido fácil detener a Judas, pero ya estaba el plan de Dios establecido, y Él fue obediente hasta la muerte de cruz; fue obediente hasta el final. Pero aun así Dios, Jesús, estaba haciendo la última llamada de amor a Judas: le estaba dando el pan en la boca.

Jesús podía ver el corazón de Judas; sabía lo que ya estaba dispuesto a hacer, porque Judas no se los dijo; los discípulos no tenían la mínima idea, porque ellos pensaban que iba a ir a comprar algo. Sin embargo, Jesús estaba haciendo esta última llamada de amor a Judas. Y esto puede aplicar a nosotros también: a veces podemos ocultar a nuestros hermanos, o a nuestros compañeros, ciertas cosas, pero a Jesús no se las podemos ocultar.

Hay dos cosas que también podemos ver acerca de este pasaje con Judas. Nuevamente, que Jesús está haciendo últimas llamadas de amor. Judas ya tenía su decisión: rechazar al Señor. Sin embargo, como les decía, Jesús estaba haciéndole la última llamada al ofrecerle este pan; Jesús también estaba muriendo por él. Pero Judas había tomado su decisión. También Jesús estaba haciendo una última llamada de advertencia; sin embargo, Judas ya había tomado su decisión.

Y a veces lo martirizamos, hacemos mártir a Judas; decimos: "Dios escogió a Judas para sus planes". Sin embargo, no debemos olvidar que todo hombre es responsable de su pecado, como lo fue Judas. Él tomó su decisión. Todos somos responsables delante de Dios al rechazar su llamado; no podemos culpar a Dios, aunque nos haga la última llamada. El amor de Dios es un amor pródigo, un amor generoso, y ese es el contraste entre María y Judas.

Conclusión

Y yo te digo: si no has conocido al Señor, Él te está haciendo una última llamada también, una última llamada de amor, una última advertencia. La paga del pecado es la muerte, mas la dádiva de Jesús es vida en Él. Atiende a su llamado. Y también nosotros, aunque pareciera que ya estamos de este lado, Jesús siempre nos está haciendo una última llamada de amor; siempre nos está haciendo una advertencia de amor. Pudiéramos ser como cualquiera de los 12, y hemos visto cómo hay hermanos que han sido como Judas, y pareciera que eran de Él, pero no.

Grande es Dios; siempre va a ser generoso en todo lo que hace, y debemos de atender a ese llamado. Y debemos de tener y ser conscientes de que también somos responsables de lo que hacemos delante del Señor. Atendamos este llamado de amor, y este mismo llamado de amor podamos darlo a todo aquel que no conoce del Señor. Pero también, al mismo tiempo, debemos dar al Señor generosamente, y no estoy hablando de lo económico; estoy hablando de cómo le servimos al Señor.

Quizás es nuestra última oportunidad hoy para hacer algo por el Señor, para darle algo al Señor. Y hemos estado escuchando de muchas actividades: escuela bíblica, plantación en Toluca, los discipulados y muchos más servicios en la iglesia, que son para el Señor. Demos generosamente; seamos y tengamos ese amor generoso, como lo tuvo María con su Señor. Que Dios bendiga su Palabra, y vamos a ponernos de pie.

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