1 Corintios15:50-58Nathan Diaz
Victoria sobre la muerte
Transcripción
Adelantándonos a 1 Corintios 15
El domingo pasado comenzamos nuestro estudio de 1 Corintios y vimos, como ya decía Roberto, los primeros nueve versículos del capítulo 1 de 1 Corintios. Si no estuvieron aquí el domingo pasado, pueden escucharlo o verlo ahí en nuestras redes de la iglesia. Y acabamos de arrancar 1 Corintios; estamos en el capítulo 1, apenas empezamos a ver de qué se va a tratar esta carta. Pero hicimos un cambio para hoy, adelantándonos cerca del final de 1 Corintios para ver algo que Pablo va a decir mucho más adelante. Entonces, este mismo sermón lo voy a volver a predicar en unos meses, y está bien, porque es súper importante lo que está en este capítulo.
No tengo ningún problema predicándolo dos veces, porque el contenido es tan importante que tenemos que ser recordados de estas verdades una y otra vez. Y obviamente, cuando lleguemos al capítulo 15 de 1 Corintios, lo veremos todavía mejor en su contexto; habremos estudiado con calma todo lo que viene antes. Entonces, 1 Corintios capítulo 15: cuando Pablo llega, cuando llegamos a esta sección de la carta, encontramos algo de lo que escuchábamos hoy en la mañana, algunas de las exhortaciones que escuchamos en relación a la resurrección.
¿No hay resurrección de muertos?
En el versículo 12, donde una de las preguntas... Si recuerdan, el domingo pasado hablábamos de que los corintios ya habían enviado una carta a Pablo previamente a esta carta, preguntándole cosas, y algunas de las preguntas que ellos tenían aparentemente eran en relación a la resurrección. Entonces, en el versículo 12 Pablo toma este tema y dice: "¿Cómo dicen algunos entre ustedes que no hay resurrección de muertos?". Entonces, aparentemente una de las situaciones que se está dando en la iglesia de Corinto es que algunos están diciendo: "No, no hay resurrección de muertos".
Y en base a eso es que Pablo argumenta que, si realmente no hay resurrección de muertos, entonces Jesús no ha resucitado. Y si Jesús no ha resucitado, entonces nosotros tampoco vamos a resucitar. Y si Jesús no ha resucitado, entonces todavía estamos muertos en sus delitos y pecados, y entonces todos estamos perdiendo el tiempo; la fe cristiana es en vano, la fe cristiana es una fe falsa. Porque, al final del día, lo más importante no es que ser cristiano te haga sentir bien, te haga ser una mejor persona, te ayude en tu vida diaria a poder vivir mejor en general; no es de lo que se trata la fe cristiana.
La fe cristiana solo vale la pena tenerla como tu convicción personal si es verdad. Solamente si lo que estamos creyendo acerca de la Biblia es verdad, vale la pena ser cristiano. Y ese es el argumento de Pablo; lo vamos a ver con calma cuando lleguemos ahí, pero ese es el argumento de Pablo aquí, cuando dice que si Jesús no resucitó, no sirve nada más tener esta bonita idea. Es una bonita idea que Jesús haya resucitado; nos consuela nuestros corazones, es una idea espiritual que nada más nos alienta, y pensar: "No, no está muerto, está vivo".
Como cuando un familiar se muere y dicen: "Yo sé que está entre nosotros, yo sé que nos está viendo desde el cielo". Esos son bonitos pensamientos, pero no necesariamente son ciertos; nos consolamos pensando esas cosas. Pero ¿es cierto, es verdad? La verdad objetiva y absoluta, fuera de nosotros, es lo más importante, porque es lo único que es real. Lo demás pues es solo una ilusión, nada más algo para hacernos sentir mejor, pero pasará. Y por eso Pablo hace tanto énfasis sobre eso.
Adán y el último Adán
Y entonces, a partir del versículo 20, Pablo empieza a hacer contrastes, porque empieza a argumentar a favor de la resurrección, y empieza a hacer estos contrastes entre muerte y resurrección: de dónde viene la muerte y cuál es la esperanza de la resurrección para nosotros que somos cristianos. Entonces habla de cómo a través de Adán, el primer hombre, y su pecado, entró la muerte; es por eso que hay muerte en el mundo. Y el último Adán, como es llamado en 1 Corintios 15, Jesucristo, trae para su descendencia... Así como Adán trajo para su descendencia la muerte física, el último Adán, Jesús, trae para su descendencia, o los que pongan su fe en Él, vida: serán vivificados y serán resucitados.
Y el versículo 23 me encanta, porque explica la historia redentora de la Biblia: "Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Entonces vendrá el fin, cuando Él entregue el reino al Dios y Padre, después de que haya terminado con todo dominio y toda autoridad y poder. Pues Cristo debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el último enemigo que será eliminado es la muerte".
Entonces, en la historia redentora, Cristo resucita primero, y mientras empieza a tener una descendencia para sí, que son aquellos que ponen su fe en Él, está reinando sobre este mundo, poniendo a todos sus enemigos debajo de sus pies. Pero eso es un proceso; no ha sucedido completamente todavía. Evidentemente todavía hay injusticia y todavía hay maldad en este mundo, hay muerte en este mundo. Pero cuando Él regrese nuevamente, Él va a terminar con el último enemigo, que, dice Pablo, es la muerte. Otra vez, lo vamos a estudiar con calma en unos meses, estos versículos.
Comamos y bebamos, que mañana moriremos
En el versículo 32 habla Pablo de todas las tribulaciones que él ha estado viviendo, específicamente en Éfeso. Habla de esas tribulaciones, dice: "Miren, ¿de qué serviría sufrir por el nombre de Cristo?". Porque es lo que le está pasando a Pablo: él está sufriendo por el nombre de Cristo. Y él dice: "¿De qué serviría sufrir si no hay resurrección, si esta vida es todo lo que hay, si yo muero y ahí se acaba todo? Entonces, ¿cuál debería de ser mi filosofía de vida?". Pues un proverbio muy famoso de ese tiempo era: "Comamos y bebamos, que mañana moriremos".
Probablemente lo recuerdan cuando estábamos estudiando Isaías, Isaías 22, ¿se acuerdan? Es cierto: si no hay nada después de esta vida, si cuando morimos se acaba todo, entonces la mejor filosofía de vida es: disfruta el tiempo que tengas, come, bebe, diviértete, pásala lo mejor que puedas con el poco tiempo que tienes, porque ¿qué va a pasar mañana? Vas a morir. Entonces, ¿qué haces con el tiempo que tienes con esa perspectiva en mente?
¿Cómo será el cuerpo resucitado?
Entonces sigue argumentando. Otra pregunta que le hicieron a Pablo los corintios era: "Bueno, ¿y cómo va a ser este cuerpo resucitado? ¿Cómo se va a ver?". Esa es otra pregunta, esa surge en el versículo 35. Y Pablo empieza a dar toda una explicación acerca de cómo Dios, en la misma naturaleza, nos ha dado ejemplos de cómo Él tiene un plan para transformar ciertas cosas. Por ejemplo, una semilla: una semilla se siembra y se ve de una manera cuando la siembras y la entierras, pero después sale una planta. Y dice: eso lo vemos en la creación, y lo que nos rodea, que Dios ha creado, tiene estos mismos rasgos de cómo va a ser la resurrección.
Porque así, este cuerpo es como una semilla: esta semilla tiene que ser plantada, tiene que morir, y va a surgir. No es otra cosa, o sea, no es diferente a su naturaleza; es decir, sigue siendo humano el que ha muerto cuando sea resucitado, pero va a ser un cuerpo que va a ser muy diferente en muchos sentidos, así como una planta es muy diferente a una semilla cuando se siembra. Y dice: y todo pasa con todas las cosas; pasa con los animales, pasa con la luna y el sol, y todas estas cosas que nos rodean tienen estas características que Dios ha creado particulares para tener su propia gloria, para tener su propia manera de manifestar la gloria de Dios.
Y entonces, si cada cosa cae en su propia categoría, dice Pablo, ustedes, seres humanos, han sido creados para que este cuerpo que va a morir un día sea resucitado y traiga una cierta gloria al plan de Dios, así como el resto de su creación trae gloria al plan de Dios. Eso es en general el argumento que hace Pablo. Y pueden ver que habla de cuerpos celestiales, cuerpos terrenales; habla de cuerpos corruptibles y cuerpos incorruptibles; ahora de deshonra, de debilidad, en contraste con gloria y poder. Y cuando nos acercamos ya a nuestro pasaje de hoy, dice el versículo 48: "Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales".
"Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial". Entonces está hablando de dos categorías: las cosas que son perecederas, que vienen de Adán, esas son las cosas terrenales; y las cosas que durarán por siempre son las cosas que tienen que ver con Jesús y con su reino, esas son las cosas celestiales. Me gustaría pasar más tiempo hablando de todo eso, porque estoy resumiéndolo rapidísimo y sé que puede ser confuso, pero está bien, porque vamos a llegar ahí un día; platicaremos con calma sobre todos sus detalles y trataremos de entenderlos juntos.
El clímax de la carta
Versículo 50. En base a todo esto dice Pablo: "Esto digo". Déjenme decirles nada más la razón por la que quería predicar sobre esta sección: porque me parece que aquí hemos llegado realmente, inclusive, al clímax de la carta de 1 Corintios. Muchas de las otras cartas de Pablo llegan al clímax más o menos en medio, como Romanos 8, y eso está en medio de Romanos; o Efesios o Colosenses. Sí, por lo regular encuentras un clímax a la mitad de la carta, pero en 1 Corintios encuentras el clímax justo aquí, que es la parte más gloriosa de todas estas implicaciones de todo lo que ha venido diciendo. Y son las implicaciones para nosotros acerca de la realidad de la resurrección lo que va a venir en estos ocho, nueve versículos.
"Esto digo" es Pablo diciendo: "No se pierdan la importancia de lo que les voy a decir a continuación. Pongan atención, escuchen con calma y con mucho cuidado y con mucho enfoque, porque lo que les voy a decir es de suma importancia". Y regresa: conflicto, tenemos un problema. Eso es un resumen, el versículo 50, de todo lo que ha estado explicando ya hasta el versículo 48, que es: hay un enemigo que tenemos, la carne. Hermanos, "la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios".
Atrapados en un mundo corruptible
¿A qué se refiere eso? No se refiere a que lo físico no puede entrar en el reino de Dios; se refiere a que lo corruptible no puede entrar en el reino de Dios. Y eso lo aclara, porque dice: "ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible". O sea, carne y sangre se refiere a esta carne y sangre presente que nosotros tenemos, tú y yo tenemos, que se enferma y se muere; no puede heredar el reino de Dios. Cuando todo sea perfecto... si todo es perfecto, entonces ¿cómo puede ser que yo me sienta mal y me lastime y me muera? No, no tendría congruencia con la naturaleza y la esencia de lo que significa la creación que viene, que Dios nos promete.
Entonces, carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible. En base a todo lo que ya Pablo ha desarrollado —que no lo vimos con calma, pero ya les di un resumen—, lo que está diciendo Pablo es que estamos atrapados en un mundo corruptible. Estamos en una situación que parece no tener esperanza si este mundo es todo lo que hay. No queremos que este mundo sea todo lo que hay. Todos sabemos que el día de mañana podríamos morir, todos, cualquiera de los que estamos aquí. ¿Queremos que ahí se haya acabado todo, "ya no estoy"? ¿O queremos que haya algo más?
Es el anhelo de nuestro corazón: saber que hay trascendencia, saber que esta vida realmente vale la pena vivirla. Entonces, no queremos estar atrapados en un mundo corruptible. Entonces tenemos un enemigo. ¿Cuál es este enemigo? ¿Qué es lo que se está interponiendo en nuestra vida, que está arruinando nuestros planes, que arruina todo? La muerte. La muerte lo arruina todo. Y entonces estamos tratando de vivir nuestras vidas anticipando ese momento que vendrá: ¿qué hago con el tiempo que tengo antes de eso? ¿Y qué tan permanente, qué tan trascendente puede ser lo que yo haga antes de que muera?
Entonces: "Me voy a inscribir al gym, me voy a poner tan ponchado como pueda antes de morir", o "voy a hacer dietas para bajar de peso, todo lo que pueda, estar en la mejor forma posible antes del día que muera". ¿Saben qué es lo que estamos tratando de hacer cuando hacemos esas cosas? Estamos tratando de ganarle a nuestra propia corrupción, al tratar de lograr tanto como podamos lograr antes de morir. Queremos una mejor vida mientras estemos aquí. Pero la estadística más confiable de todas las estadísticas que hay en este mundo es que diez de cada diez personas mueren. Lo cual significa que la muerte es nuestro mayor enemigo.
Queremos vencer la muerte, pero es imposible vencer la muerte; va a llegar. Nos gustaría poder decir: "Voy a vivir para siempre". Me acuerdo de una entrevista una vez que le hicieron a Michael Jackson —creo que lo usó en uno de sus videos de Aguas Vivientes—; lo están entrevistando y le decían a Michael Jackson: "¿Qué es lo que más anhelas?". Y él dijo: "Nunca morir. Si yo pudiera escoger una cosa, sería esa: nunca morir".
¿Quién tiene la última palabra?
Entonces tenemos esta tensión. Si hablamos de victoria —porque ese es el título de este mensaje, "Victoria sobre la muerte"—, victoria, ¿cómo usamos esa palabra? ¿En qué situaciones usamos "vencer"? Cuando hay un opositor, ¿no? Entonces, me gusta ver partidos de básquetbol; siempre hay un equipo contrincante, y hablas de victoria porque ellos también quieren ganar. ¿Quién va a ganar al final, este u oeste? Y a lo mejor solo por un punto, y a lo mejor es unos milisegundos antes de que toquen la chicharra que dice que ya se acabó el juego, pero uno de los dos equipos tiene que ganar. Y así es en la NBA: nunca hay empates, nunca quedan empatados; cada juego va a tener que terminar con un vencedor.
Entonces, ¿de qué estamos hablando? ¿Cuál es el conflicto que siente Pablo y qué es lo que trata de explicarnos a nosotros? El conflicto que tiene es vida contra muerte. ¿Quién tiene la última palabra? ¿Quién será el verdadero vencedor al final? ¿Quién gana? Y es sumamente deprimente pensar que la muerte al final sea la que gana, porque la muerte no es natural, en realidad. O sea, la gente dice: "Ah, es el ciclo de la vida". Pero todos sabemos que no es natural, porque la muerte siempre, siempre es algo triste; siempre la muerte es algo traumático para nuestra experiencia humana.
La muerte es grotesca, la muerte va en contra de todo lo que significa estar vivo. Cuando tú ves la muerte delante de ti, te pega, porque es el contraste más grande que puedes tener con tu propia existencia, ¿no? O sea, yo estoy vivo, yo estoy respirando, yo veo las cosas, así, ahí está. Y lo vemos en las noticias inclusive, cuando escuchamos de catástrofes: hubo un terremoto en Turquía, o un huracán, y se cayeron casas; o hubo un accidente en la carretera México-Toluca, ahí siempre hay un accidente, y se volteó un camión. Y claro, siempre, lo que hace que sea más trágico es que hubo muertos. O sea, si hay muertos, entonces todavía te pega más fuerte, porque tenemos una repulsión hacia esas cosas.
Y por eso no se publican esas fotos cuando ya están muertos, porque sabemos que esto es lo más trágico de la existencia del ser humano. Es una aberración, y es a lo que más le tenemos miedo; es lo peor que podríamos enfrentar tú y yo, pensamos: es la muerte. ¿Y saben cómo escapamos de esa realidad? Diciendo: "Comamos y bebamos, que mañana moriremos". Pero Dios quiere que pensemos en esta realidad. Así que este pasaje nos está empezando a apuntar en esta dirección: ¿puede vencerse la muerte? ¿Hay alguna manera de vencer esto que viene a todo ser humano? ¿Hay forma de enfrentar esto con confianza y con esperanza?
¿Por qué necesitamos victoria?
¿Por qué necesitamos victoria? Bueno, porque tenemos un adversario y porque la muerte no es natural; por eso necesitamos victoria, porque estas dos cosas son ciertas. Queremos tener un triunfo sobre aquello que trae tristeza a nuestra vida, tragedia a nuestra vida, y lo sentimos como un enemigo. Ahora, no tienes que ser cristiano para creer todo lo que yo te estoy diciendo; todos saben esto. Estas son simples verdades de nuestra vida, de nuestra existencia. Así que eso es por qué necesitamos victoria.
Ahora vamos a ver cómo este pasaje nos dice cómo obtenemos victoria. O sea, surge esta pregunta: ¿hay victoria sobre la muerte? ¿Hay esperanza? ¿Hay algo que podamos nosotros saber acerca de la muerte que nos muestre que hay manera de vencerla? Sí. Y para eso vamos a brincarnos un momento del versículo 51 al 55.
Y vayan al versículo 56, porque creo que aquí Pablo nos explica cómo obtenemos victoria.
El aguijón de la muerte
Primeramente, al entender de dónde viene la muerte. Entonces, Pablo quiere hacer una conexión aquí para decirnos: la muerte tiene un origen, tiene una razón de ser, y no nada más es la causa natural de las cosas; no es solo eso. Hay una razón teológica que da la Biblia para la muerte; hay una razón que Dios mismo estableció para la muerte. Dice el versículo 56: "El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley". Entonces, Pablo quiere que entendamos que sin pecado no habría muerte.
Entonces, esta es la imagen que usa, esta es la analogía: imagínense una abeja, porque una abeja tiene un aguijón. Entonces, la muerte es la abeja y el aguijón es el pecado; eso es como lo dice Pablo: el aguijón de la muerte —o sea, la muerte sería la abeja— es el pecado. El pecado es el aguijón, y digamos que el veneno del aguijón es la ley, lo que hace que sea efectivo o real el efecto que puede tener esa picadura. ¿Ya tienen esa imagen? A mí nunca me ha picado una abeja. No sé si soy alérgico; a lo mejor sí. Y mi tío, el hermano de mi mamá, si lo pica una abeja se puede morir. A lo mejor yo también, pero nunca me ha picado. Así que, si ven una abeja cerca de mí, avísenme.
¿Entienden la imagen? ¿Qué pasa si tú le quitas el aguijón a la abeja? Bueno, sí... pero supongamos que sigue viviendo. A lo mejor voy a buscar otra analogía, ¿verdad? Si tú le quitas el aguijón... Es que eso es lo que te hace tener miedo, ¿no? Tú ves la abeja, ¿y qué es lo que te hace tener miedo? Saber que te puede picar; eso es lo que te hace tener miedo. Si tú supieras que esa abeja no tiene aguijón, entonces ¿qué pasa? Entonces pues la adoptas como tu mascota, y no hay problema: que camine en mi mano y donde quiera, y no me va a hacer nada. Y hay muchos animales que son así, que no tienen aguijón.
Pero la imagen, entonces, es que la muerte ahí está. Pero ¿qué es lo único que hace que la muerte sea en efecto algo que debemos de temer? El pecado. Porque todos hemos sido picados con ese aguijón; ese es el problema, que todos ya hemos sido picados con un aguijón. Y ese aguijón es efectivo porque tiene un veneno que se llama la ley, que manifiesta de qué se trata ese aguijón y por qué es peligroso, y lo hace evidente a nosotros. Entonces, todos ya hemos sido picados por esa abeja; por lo tanto, debemos de tenerle miedo a la abeja, la muerte. Eso es lo que hace que sea temible, es lo que hace que sea una amenaza para nosotros. Pero sin el aguijón, la muerte no tiene ninguna manera de picarnos.
El poder del pecado es la ley
Entonces, a través de la ley —Pablo habla acerca de la ley, y ese es otro tema que va a surgir también—, a través de la ley todos hemos sido confrontados con nuestra culpabilidad, porque la ley nos muestra el pecado. La ley hace que el pecado de hecho sea algo que tiene consecuencias; así como el veneno hace que un aguijón tenga consecuencias, la ley es la que hace que el pecado tenga consecuencias. Y tú y yo lo que hacemos normalmente es ignorar la ley, pensar que no importa la ley, que podemos hacer lo que queramos, y esperar nada más evitar la tragedia lo más que podamos. Pero la ley no está en nuestro radar como seres humanos; no estamos pensando que Dios ha establecido una ley que tú y yo hemos quebrantado, todos.
Y, por otro lado, algunos queremos tomar esa ley y decir: "Ah, bueno, es que Dios quiere que me porte bien". Y entonces queremos que nuestras vidas sean vidas buenas y hacer cosas buenas, y entonces sentimos que de esa manera la ley no va a tener tanto efecto sobre nosotros, porque Dios, de alguna manera, se va a sentir obligado —si es que hay un Dios— a decir: "Bueno, si le echaste ganas, más o menos cumpliste la ley; así que está bien". Pero el veneno ahí está; es innegable. Todos hemos pecado, todos hemos quebrantado la ley de Dios; por lo tanto, todos hemos sido picados con el aguijón del pecado.
Si entendemos este origen, el origen de la muerte —que, como dice Romanos 6:23, "la paga del pecado es muerte"; ese es el resultado del pecado—, entonces entendemos: si va a haber esperanza para vencer la muerte, ¿en dónde radica esa esperanza? ¿Cuál es la única manera de vencer la muerte? Algo tenemos que hacer con el pecado, ¿no? El pecado es lo que se tiene que quitar de en medio; el pecado es lo que tiene que ser neutralizado de alguna manera.
La victoria por medio de Jesucristo
Entonces, ¿cómo obtenemos victoria? A través de lo que dice el versículo 57: "Pero a Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo". Y digo que es un resumen de algo que Pablo ha venido explicando en toda la carta: o sea, que Jesucristo tiene que ser aquel quien tenga la capacidad de quitar el pecado de en medio, para que la muerte ya no tenga efecto sobre nosotros. Esa es la idea: Jesús tiene que haber cumplido la ley perfectamente para que entonces ya no haya pecado.
Y entonces, poniendo nuestra fe en Él, y poniendo nuestra confianza completamente en lo que Él ha hecho por nosotros, y en su vida perfecta, y en su sacrificio en la cruz, donde Él cargó con el precio y el pago de nuestros pecados —cuando nosotros hacemos eso—, entonces el pecado es quitado como consecuencia para nuestras vidas. ¿Y por lo tanto qué? Si el pecado es quitado, si el aguijón del pecado es quitado, entonces la muerte ya no es una amenaza para ti. Pero es a través de Jesús, es a través de lo que Él hizo, su obra perfecta.
Un misterio: todos seremos transformados
Lo cual me lleva al otro punto de cómo obtenemos victoria: versículo 51. ¿Cómo obtenemos victoria? Pablo les va a revelar cómo se va a ver esta victoria, cómo la obtenemos. Otra vez, es una acción externa; es algo que se va a hacer por nosotros. Y empieza el versículo 51 diciendo: "Así que les digo un misterio". Déjenme decirles algo misterioso que la gente no entiende realmente, pero, dice Pablo, yo se los voy a decir. Y es esto, ¿quieren saber cuál es el misterio? "No todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados".
Así es como obtendremos victoria sobre la muerte: a través de algo que Dios va a hacer. El lenguaje que usa Pablo es "no todos dormimos", o sea, no todos habremos muerto, porque cuando Jesús regrese nuevamente, algunos todavía estaremos con vida. La mayoría de nosotros a lo mejor sí vamos a morir antes de la segunda venida, pero habrá algunos que sigan con vida cuando Jesús regrese. Entonces hay dos categorías de cristianos: unos que morirán entre la primera y la segunda venida, y otros que estarán vivos cuando Jesús regrese nuevamente, así como había unos que estaban vivos cuando Jesús vino por primera vez.
"No todos dormiremos, pero todos" —todos los hijos de Dios— "seremos transformados". ¿Qué tan rápido? "En un momento, en un abrir y cerrar de ojos". Lo que te toma parpadear: a esa velocidad será esta transformación. ¿En qué momento? "A la trompeta final". La trompeta final es lo que la Biblia usa para describir el final de los tiempos, el juicio final, cuando Jesús regresa nuevamente. Y ya lo hemos visto antes: creo que es la misma referencia que Jesús dio en Mateo 24:31; es lo mismo que leemos en 1 Tesalonicenses 4:16; y es la misma séptima trompeta de Apocalipsis también, es, creo, la trompeta final. Todos esos son el mismo evento, que es: Cristo regresará y seremos arrebatados en las nubes y seremos transformados.
"Pues la trompeta sonará, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Devorada ha sido la muerte en victoria".
Entonces se hará esto realidad. Todavía la muerte no ha sido vencida; todavía la muerte es parte de nuestras vidas, y es trágico. Y entre más pequeño, para un bebé, es lo más trágico que puede suceder, porque pensamos: tan pequeño. Pero un día no habrá más muerte.
Dormir y vestirse
Y quiero que vean estas dos imágenes que Pablo usa para hablar de esta realidad. Una es dormir, que es como cuando decimos "descansa en paz", "descanse en paz". Bueno, eso lo puedes decir de alguien que está vivo también, si quisieras: "Está descansando en paz, mira qué bonito duerme". Pues la idea de dormir es una idea mucho más bíblica, ¿no es cierto?, acerca de la muerte. Así es como de hecho deberíamos... El próximo funeral que tengamos aquí vamos a decir: "Está dormido", porque eso comunica mejor qué es lo que realmente está pasando. Esto es temporal, esta muerte es temporal; va a despertar un día, y va a tener un nuevo cuerpo, pero sigue siendo la misma persona.
Y otra vez, lo escuchamos hoy en la mañana: si quieres saber un poquito más de cómo se va a ver eso, puedes ver cómo pasó con Jesús. Por eso habla el versículo 23 de que Jesús es las primicias; Él nos mostró cómo se va a ver eso. Cuando Él resucitó, lo pudieron reconocer; era un cuerpo reconocible, pero también un cuerpo diferente en muchos sentidos. Y no entendemos toda la dinámica de lo que eso significa, pero es un cuerpo que ya no va a morir. Entonces, un día me voy a dormir, y sí voy a despertar otra vez.
Y la otra imagen que usa es la de vestirse. Lo ven aquí, como dice: "que esto corruptible se vista de incorrupción, lo mortal se vista de inmortalidad. Pero cuando esto corruptible haya vestido de incorrupción, esto mortal se haya vestido de inmortalidad". Entonces, esa imagen de vestimenta... Es una imagen favorita de Pablo; la usa en otros lugares también, de hecho. Entonces me voy a adelantar más: en 2 Corintios 5 vamos a ver más detalles sobre esta explicación del vestido que usamos y de esta idea de corrupción e incorrupción.
Pero la idea es que tú traes ya tu ropa, y tu ropa ya tiene hoyos, y está toda sucia y desgastada, y pues apenas sirve para lo que es la ropa. Como cuando vas a, no sé, un taller mecánico, lo que están usando, o una construcción, y ves la ropa ya rota; y bueno, pues cumple su propósito, ¿no?, en esa etapa. Y más o menos, cuando tú mueres —otra vez, lo tienes en 2 Corintios 5—, cuando tú mueres es como si esa ropa te la quitaran y la hicieran a un lado. Entonces es como si estuvieras desnudo ahora. Y estás desnudo en el estado intermedio; es como si estuvieras desnudo, ya no tienes tu ropa, pero sigues estando ahí, sigues estando consciente. Y vendrá un día en que se te dará nueva ropa, lo cual representa la resurrección. Esa es la imagen.
Entonces, esos dos son ejemplos de la vida cotidiana que nos ayudan a entender mejor cómo es esta dinámica que se desarrolla en nuestras vidas, desde esta vida hasta la vida venidera. Entonces, este misterio es algo que sucede en el futuro, algo fuera de nosotros; un cambio que nosotros no podemos producir, porque nosotros no tenemos la capacidad de producir este tipo de cambio. Alguien lo tiene que hacer por nosotros. Pero es lo que anhelamos, ¿no es cierto? Tú y yo no podemos agregar ni un segundo más a nuestras vidas del que está establecido, pero nuestro anhelo es la vida, y la vida vendrá.
Lo que Pablo dice en Filipenses 3:20: "Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a Él mismo".
¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?
Y de ahí viene una canción; es la canción: "Devorada ha sido la muerte en victoria". Y esto de Oseas 13, lo acabamos de estudiar: "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?". Como están los porristas en un partido, pero lo que están haciendo es burlándose del otro equipo: "No puede, no puede"... No sé, ya no me sé esas; una porra burlona. Pero ese es el tono que tiene esta cita de Oseas 13: podemos burlarnos ahora de la muerte, porque ya no tiene poder, ya no hay ninguna amenaza ahí; ya la victoria está garantizada.
Es como ver un partido, y eso me pasa todo el tiempo; no me gusta, con el básquetbol no me gusta, pero a veces ya vi cómo ha quedado el resultado final, pero de todas maneras veo algo del juego para ver cómo se desarrolló. Pero ya no estoy nervioso, ya no estoy preocupado; ya sé cómo termina el juego, ya no hay esa ansiedad de "híjole, la falló". O sea, ya sabía que la iba a fallar, ¿no? Y entonces, si tú ya sabes el final, quita todo el suspenso, pues, digamos, toda la preocupación que genera saber cómo va a terminar.
Y eso es lo mismo que nos está diciendo Dios acerca de nuestra muerte. Dice: "Ustedes no tienen que tener miedo a la muerte, porque ya saben cómo termina. La muerte no es lo último que les va a pasar. Sí les va a pasar, probablemente, pero no es lo último que les va a pasar; lo último que les va a pasar es que tendrán un nuevo cuerpo que nunca más morirá". Eso es. Entonces, ¿qué hace eso con tu vida? ¿Qué hace eso con tu manera de ver lo que haces día a día, hoy, para el reino de Dios?
Firmes, constantes, abundando en la obra del Señor
Lo cual me lleva al último punto: ¿qué pasa si vencemos la muerte? Pasa lo que dice el versículo 58: "Por tanto" —¿se acuerdan?, esas son palabras muy importantes siempre en la Biblia: "por tanto"—, sabiendo todas estas cosas, "ustedes, hermanos, estén firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano". Eso es lo que pasa. Por eso es tan importante que Jesús haya resucitado; por eso es tan importante saber estas verdades acerca de nuestra propia existencia en relación a Jesús, porque una vez que sabes eso, cambia todo acerca de cómo vives hoy.
Si tú de veras crees que la muerte no tiene la palabra final sobre tu vida, entonces puedes hablar como hablaba el salmista en el Salmo 112, versículo 6: "Porque nunca será sacudido; para siempre será recordado el justo. No temerá recibir malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor. Su corazón está seguro, no temerá, hasta que vea vencidos a sus adversarios". Salmo 112:6 y 7; 6, 7 y 8. "No temerá recibir malas noticias". "Tienes cáncer, te vas a morir en tres meses". "¿Y eso es lo peor que me puedes hacer? Mi cuerpo resucitará. Así que voy a vivir mi vida hoy a la luz de esa verdad, sin tener miedo de lo que sea que pueda venir a mi vida". Lo que sea. ¿Qué es lo peor que te pueden hacer? ¿Matarte? Pues sí.
Si la muerte no es el último capítulo de nuestra vida, si la muerte no es lo último que nos va a pasar, entonces tenemos una esperanza tan profunda que nos va a mantener sirviendo al Señor día tras día, con la seguridad de que todo esto vale la pena. Todo. Vivimos con esperanza y vivimos con fidelidad. Es lo contrario, hermanos; es lo contrario a "comamos y bebamos, porque mañana moriremos". Es exactamente la otra manera de vivir la vida. No es desperdiciando el tiempo, nada más diciendo: "Ah, pues voy a hacer lo que más me guste hacer y aprovechar cada momento con los placeres que pueda yo tener, porque al fin y al cabo mañana me voy a morir".
Al contrario, estás diciendo: "No, voy a aprovechar cada momento de mi vida para algo eterno, porque la muerte no es el fin. Estar en la presencia de mi Creador, en su gloria, es el fin, para siempre". La muerte vendrá, pero la muerte no nos derrotará, porque Cristo resucitó. Esa garantía es nuestra seguridad, y esa es la razón por la que vivimos para Cristo ahora. Cristo es el centro de nuestra vida hoy porque no es en vano; vale la pena. Lo que nosotros hacemos, para quien sea que trabajemos, en cuanto al reino de Dios, irá más allá de nuestra muerte, más allá de este mundo. La resurrección lo cambia todo. Puestos de pie.
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