Mateo 7:24-29MateoJonathan Adams
Como construir una vida perdurable
Transcripción
Una advertencia de vida o muerte
Como mencionaba el pastor Roberto, hoy es el último mensaje sobre este Sermón del Monte. Creo que nuestro Señor Jesucristo lo pudo predicar en algo… yo creo que toma, cuando mucho, yo creo que 30 minutos leer el mensaje completo. Lo pudo predicar Él en 30 minutos, y a nosotros nos toca, nos toca exponer con un poco más de detenimiento, porque no tenemos esa capacidad de ser tan concisos. Pero, pero bueno, vamos a tratar de ser concisos en esta mañana. Y recordemos que desde mediados de julio, como mencionaba Roberto, hemos estado estudiando este, este gran sermón.
Comenzamos con las bienaventuranzas, que nos dicen… realmente es como la parte doctrinal del sermón: qué es lo que tienes que… qué es un cristiano, ¿no? Y después viene la parte práctica de cómo vive un cristiano, ya siendo cristiano. No es "tienes que hacer todas estas cosas para ser cristiano"; no, es: si eres cristiano, si eres seguidor de Cristo, vas a hacer estas cosas, así se va a ver tu vida. Y al final, como es un sermón, tiene un llamamiento a la acción: nos llama a tomar una decisión. Y la decisión es muy, muy importante, y, como veremos, es una decisión que sí es de vida o muerte.
Entonces podemos pensar en una advertencia que el Señor nos está dando. Una advertencia: si vemos que alguien va a cruzar una calle, y vemos nosotros que viene un coche a toda velocidad —tal vez uno de estos eléctricos; nada en contra de los eléctricos, pero como no se escuchan…, o tal vez un motor muy pequeño y silencioso, para no ofender—, y lo vemos, y de repente lo tacleamos, ¿no? Y puede vernos: "Oye, ¿qué te pasa? ¿Por qué…?". "No, bueno, te acabo de salvar la vida". Ya se da cuenta: "Oye, gracias, me salvaste la vida, estoy muy agradecido. Muchas gracias. Me hubieras tacleado más fuerte, no importa. Excelente, muchas gracias".
O tal vez un médico que detecta cáncer, y obviamente es una noticia que consideramos mala noticia, ¿no? Y el médico le dice: "Bueno, este es el diagnóstico, esto es lo que tienes; tienes que tomar acción inmediatamente, ¿no?, para salvarte la vida". Y la buena noticia es que, aunque el Señor nos da una fuerte advertencia aquí de vida o muerte, los que están aquí en esta mañana, todos, todos tienen a la mano la cura de este cáncer, del pecado. No es tarde para nadie que está aquí en esta mañana escuchando; tenemos esa promesa de Dios.
Lectura del pasaje
Entonces vamos a leer, comenzando con el versículo 24 del capítulo 7, las palabras de nuestro Señor Jesucristo. Y nos acordaremos que viene de darnos los ejemplos de la puerta angosta, la puerta ancha, el camino angosto, el camino ancho. Después nos dio el ejemplo de los falsos maestros, y después también de los frutos, el árbol malo y el árbol bueno, que es la forma en que reconocemos a los maestros fieles y a los maestros falsos. Y entonces nos da esta última metáfora.
Nos dice: "Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y esta se derrumbó, y grande fue su ruina. Cuando Jesús terminó de decir estas cosas, las multitudes se asombraron de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tenía autoridad, y no como los maestros de la ley".
Nuestra autoridad en esta mañana está cimentada en la Palabra de Dios y en el Señor Jesucristo. No seguimos a meros hombres, sino que seguimos al hombre, a Dios que se hizo hombre.
Lo que tienen en común los dos constructores
Vamos a ver primero, en primer lugar de este mensaje, que he llamado "Cómo construir una vida perdurable", la diferencia entre estos dos constructores. Pero tenemos que comenzar con los puntos en los que son parecidos estos constructores. Si se fijan, los dos oyen la Palabra. Entonces no son los que están, como decimos a veces, "allá afuera"; son los que están escuchando las palabras de Cristo. Entonces, ojo: esto no es un mensaje en contra de los que nunca han escuchado, ni en contra de nadie; es a favor de pecadores en esta mañana. Pero Jesús está hablando con personas que han oído la Palabra.
Y el símil que tiene, que tiene, es que los dos construyen casas; están en esta labor de construir una casa. Pueden ser seguramente muy parecidas las casas; no nos dijo Jesús nada en cuanto a diferencias entre las casas. El necio también oye; puede hasta estudiar mucho la Biblia, puede hasta tener maestrías, doctorados, ser un gran orador; todas esas cosas puede ser. Y el pasaje de la semana pasada hasta nos dijo que los falsos maestros hasta pueden hacer milagros, maravillas. Pero ¿cuál es la diferencia? No obedecen las palabras de Jesús. Eso es muy importante.
Los dos constructores estaban buscando las ventajas y las bendiciones de ser cristiano; querían construir, en el símil, una casa que los protegiera de los elementos. Si todos los días fueran bonitos días, pues pudiéramos estar como estuvimos hace un par de semanas, ahí en tiendas de campaña, en carpas, y pues todo andaría súper bien. Pero es cuando vienen las tormentas, las inundaciones, que realmente necesitamos esa protección. Pero los dos tienen esa intención de construir una casa. La única diferencia realmente, como les decía, es que uno obedecía las palabras de Jesús y el otro no.
Una falsa sensación de seguridad
Hay muchos que dicen, y hasta creen, ser cristianos, pero es falsa su esperanza, porque no obedecen las palabras de Cristo. Y el constructor que construye sobre la arena sí puede engañar a otros, pero en la mayoría de los casos se está engañando primeramente a él, o a ella misma. ¿Por qué? Porque viene, se congrega, está escuchando, sabe mucho seguramente, pero no obedece las palabras de Cristo.
Ahora, una nota de esperanza aquí: como dije, no es muy tarde. Esta advertencia la da Jesús no para que sepamos: "Ah, pues mira, se cayó esa casa; pues debió haber construido mal". Pues sí, eso pasa, pero también le está dando la advertencia, ¿no? Se está dando la advertencia en esta mañana, y que no es muy tarde. No es muy tarde. Nos da esta advertencia precisamente para que escuchemos su voz y para que hagamos obediencia de lo que Él nos enseña.
Y sí es muy importante subrayar que existe una falsa sensación de seguridad. Si no has sentido esas punzadas de corazón, de arrepentimiento, en meses, en semanas, en días recientes, es hora de realmente pensar si estás siguiendo las palabras de Cristo. Si tu respuesta es: "Ah, pues es que yo acepté a Jesús hace 10 años, hace 15 años, hace 2 años, hace 6 meses", es una señal de peligro. Porque debemos de constantemente estar escuchando las palabras de Jesús y obedeciendo esas palabras.
Porque sabemos que al final de cuentas, cuando Jesús estaba hablando del juicio final —y vamos a hablar de esto un poco más adelante—, ¿qué fue lo que les dijo a estos que creían…? Creían que iban a ser aceptados; eso es lo que realmente, hermanos, nos debe llamar la atención: creían que iban a ser aceptados. Le mostraron a Jesús todo lo que habían hecho, y Jesús les dijo: "Apártense de mí". ¡Qué palabras más horribles! No hay palabras más horribles que podamos escuchar. Un diagnóstico de cáncer es un mosquito en comparación; no es nada.
¿Cuál es tu deseo más profundo? Tenemos que revisar, escrutar nuestros corazones. ¿Es los beneficios, las bendiciones de ser cristianos, de estar siguiendo a Cristo: las bendiciones materiales, los beneficios emocionales, los resultados positivos de vivir una vida ordenada y en paz? ¿O realmente tenemos hambre y sed de justicia? ¿Realmente queremos a Dios, o a sus beneficios?
Hacedores de la Palabra
Quiero leerles de Santiago, porque creo que esta gran carta creo que no la acabó de entender muy bien Lutero. No critico a Lutero; como dijo Whitefield de Charles Wesley: "creo que no lo voy a ver en el cielo, porque va a estar demasiado cerca del Señor". Si lo hubiera entendido, este libro, hubiera amado este libro con todo el corazón. Pero quiero leer de Santiago, capítulo 1, versículos del 22 al 25. Dice la Palabra de Dios, Santiago 1:22-25: "No se contenten solo con oír la Palabra, pues así se engañan ustedes mismos" —ahí está el autoengaño—. "Llévenla a la práctica. El que escucha la Palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo, y después de mirarse se va y se olvida enseguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla".
Entonces, hermanos, ¿qué hacemos después de escuchar un mensaje, de leer la Palabra? Nos vamos directo a ver… a una plática, este, inofensiva con el hermano, y pues ya, ya ni me acuerdo qué era, ¿no? Si me preguntan en la tarde de qué trataba el sermón, seguramente, si hubo alguna ilustración interesante, seguramente me acordaré, pero de lo demás, no. No, hermanos, tenemos que estar meditando sobre la Palabra, que la Palabra realmente esté transformando nuestros corazones.
Santiago 3, mismo libro, Santiago 3, versículos del 13 al 18: "¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que da la sabiduría. Pero si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón, dejen de presumir y de faltar a la verdad. Esa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, no espiritual y demoníaca. Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas. En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, respetuosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz".
Cuando todo aparenta estar bien
Entonces, la importancia de obedecer las palabras de Jesús. Y vamos a pensar un poquito más acerca de estas cuatro comparaciones que hace Jesús, los cuatro cuadros: la puerta y el camino; el árbol malo y el árbol bueno; los lobos y las ovejas; y ahora la casa construida sobre la arena. La Biblia nos advierte acerca de los peligros que existen cuando todo aparenta estar bien. No vivimos en una edad que… Y esto es un peligro muy grande para todos nosotros: el tema de redes sociales, ¿no? Todos queremos —y creo que es natural del ser humano— pues estar bien presentados, y poner pues la mejor apariencia, ¿no?
Pero cuando es cien por ciento apariencias, y en realidad no conocemos a las personas, pues ¿qué tanto nos pueden enseñar esas personas, no? Creo que es algo que sí deberíamos de pensar, y pensar: "Bueno, pues si realmente les está yendo así de bien, pues qué bueno, pero no tiene nada que ver conmigo", ¿no? La Biblia nos dice, Salmo 37:35, dice: "He visto al déspota y malvado extenderse como árbol frondoso en su propio suelo". Entonces, ¿cuántos de estos que están en redes sociales en realidad son déspotas y malvados? Yo diría que posiblemente un muy buen número de ellos. Y sigue el salmista: "Pero pasó al olvido y dejó de existir; lo busqué y ya no pude encontrarlo". Es lo que pasa con la casa que está cimentada sobre la arena.
Cavar bien hondo
Ahora vamos a ver en Lucas 6:46-49, que es el sermón en la planicie, creo que a veces le dicen. Pero son enseñanzas muy parecidas, algunas adicionales, otras no están incluidas en Lucas, y nos da un poquito más de detalle sobre esta metáfora de los dos constructores, y van a ver también otros puntos de similaridad. Lucas 6, del 46 al 49: "¿Por qué me llaman ustedes 'Señor, Señor', y no hacen lo que les digo?". Parecido, muy parecido a Mateo, ¿no? "Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, oye mis palabras y las pone en práctica: se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear, porque estaba bien construida. Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como lo azotó el torrente, la casa se derrumbó, y el desastre fue terrible".
Entonces vemos aquí otra característica del hombre sabio: es que cava bien hondo. Y nos da la idea, entonces, de que quizás las dos casas en Mateo estaban construidas lado a lado, y en realidad no era un problema del terreno; era sencillamente que había que cavar más hondo. Ahí, más hondo, es donde está la roca. Y el necio, el necio siempre trae prisa, se enfoca en lo exterior, en las apariencias; no se toma el tiempo de cavar bien hondo. Y esto lo podemos ver en todas las características, y debemos de examinarnos a nosotros mismos.
Las marcas del necio
Y el necio no tiene tiempo para escuchar instrucción o hacer las cosas bien. El necio siempre considera que sus propias ideas son las mejores, y si va a estar en un debate, va a estar ahí para interrumpir al otro, para pensar: "¿Ahora qué le voy a contestar? ¿Ahora cómo voy a torcer sus palabras para salirme con la mía?", ¿no? El sabio escucha y sabe que muy posiblemente el otro tenga razón, y "yo puedo aprender, y puedo cambiar mi forma de pensar".
Y vemos que los necios son así: traen prisa en todo lo que hacen, en los negocios, en el trabajo, en los matrimonios; todo, todo rápidamente para resolver, o para salir del apuro. En construir un patrimonio, todo lo quieren rápido, y sin mucho esfuerzo, y sin tener que realmente aplicarme; todo rápido y fácil. No se toman el tiempo para pensar, para planear; todo es espontáneo, y lo que me vino en ese momento, improvisado.
Y el necio también: todo gira alrededor suyo, ¿no? Todo lo que dice y hace se centra en sí mismo, ¿no? ¿Cuánto pensamos realmente en los demás? Es algo que seguramente lo he mencionado, pero creo que es un principio tan importante. Estuve preparándome ayer —no pude llegar a las sesiones—, pero un punto muy, muy importante de la consejería es que las personas vienen, y casi siempre sus problemas que ven: "Bueno, yo tengo este problema y quiero que me lo resuelvas", ¿no? Y mi padre, una de las cosas que siempre ha hecho en esos casos, cuando se amerita, es enfocar a la persona en los demás: encargarles trabajar, ayudar a los demás.
En vez de estar enfocados: "Ah, tengo este problema, tengo muchos temores, tengo depresiones, siento que todo me va mal y que todo el mundo está contra mí", les dice: "Bueno, pues vayan a ayudar a esta viuda, o vayan a ayudar a este grupo de jóvenes que no tienen padres". Pero el necio siempre está enfocado en sí mismo, y busca los beneficios, muchas veces, de las mismas iglesias, ¿no? En las iglesias, ¿qué tenemos? Gente amable, perdonadora, gente que a veces se come el cuento, ¿no?; gente que le da el beneficio de la duda, es empática. Eso es lo que buscan muchas veces los necios cuando están en las iglesias: "¿Qué puedo sacar de esta situación, de esta responsabilidad?". Es el pensamiento del necio.
Y en tercer lugar, no es una persona que realmente escudriña la Palabra, que ama la Palabra de Dios. Es una persona que sí muy pronto se mete, se mete a controversias, o a doctrinas que están de moda, o a pronunciar doctrinas que estén de moda. Y ojo, los que me conocen: yo no estoy en contra de estudiar, de leer, de empaparnos de buena doctrina, ¿no? Pero nuestra intención tiene que ser amar mejor a Dios y mejor al prójimo. Ese es el fruto de un estudio bíblico: siempre estar enfocados en la santidad y la reverencia. No todo el que dice "Señor, Señor", como vimos en el pasaje la semana pasada, entrará al reino; pero sí lo tenemos que reconocer como Señor, en obedecer sus palabras.
De vuelta a las bienaventuranzas
Y quiero que volvamos, como ejemplos de esto, a las bienaventuranzas, que vimos ya hace… creo que ya hace casi… bueno, más de dos meses. Debemos de ser pobres en espíritu; nunca debemos demostrar ese orgullo o esa satisfacción en nosotros mismos. Debemos llorar por nuestros pecados. Y es una actitud que debemos de ver en las personas que tienen esa humildad que trae el saber que somos pecadores perdonados por Cristo Jesús, inmerecidamente. ¿Se acuerdan que el apóstol Pablo decía que predicaba con temor y temblor? Y esa es la actitud que debemos de tener, hermanos, como cristianos. Es una actitud que no vende muy bien en el mundo, ¿no? Pero Jesús tenía esa actitud. Los hermanos firmes, y que han llevado el camino, han sido así. El cristiano permite que la Palabra lo examine, lo redarguya, lo convenza y lo entristezca por el pecado; por eso llora. También es manso ante la ofensa, porque sabe que no tiene valor en sí mismo. Si quieres, en esta mañana que hemos escuchado el Sermón del Monte, si quieres, y tu anhelo es vivir así —aunque sabemos que no lo logramos, y batallamos constantemente y todos los días—, pero si ese es el anhelo de tu corazón, te quiero animar: Dios está obrando en tu corazón en esta mañana. Pero si lo ves como un estorbo, como: "¡Qué pesadez! Y pues ojalá ya salgamos de esto, del Sermón del Monte, porque pues está muy difícil, me hace la vida imposible", entonces, ojo: estás actuando como necio, estás pensando como necio. Pero no es muy tarde, hermanos, no es muy tarde; Jesús nos llama al arrepentimiento.
El cristiano también tiene hambre y sed de justicia. Si añoramos esa vida, ese es hambre y sed de justicia. Es misericordioso; no condena o juzga al hermano. ¿Cuántas veces, hermanos, no hemos reaccionado ante alguna interacción, y nos hemos enterado que ni siquiera estaban hablando conmigo, o la intención era otra? Seamos, seamos misericordiosos, hermanos, y no seamos como ese trabajador que no tuvo misericordia, ese siervo que no tuvo misericordia. Y el cristiano también quiere una vida santa. Si la santidad te parece algo aburrido y pesado, estás pensando como necio.
El cristiano es de limpio corazón, hermanos, y ama a Dios por quien Él es, no por sus beneficios, o "lo que voy a sacar", o "que me va a ir bien". Cuando escucho eso, hermanos, me da mucha tristeza: "Es que… ¿por qué no estoy llegando a la iglesia? Es que me está yendo mal, es que las cosas no están saliendo como yo quiero que salgan". Ese es un mensaje clarísimo, hermanos. Es como un niño que trata de esconderse poniendo una bolsa sobre su cabeza: es muy obvio dónde está. Y es muy obvio, hermanos, dónde está una persona que se aleja del Señor porque no le está yendo bien: en lo que realmente es su dios, sus ídolos. Sus ídolos le están fallando, y entonces va a castigar a Dios. Ese es un necio, hermanos. Que Dios nos libre de ser necios, y que en todo esto seamos pacificadores.
Cuando llega la tormenta
Ahora, ¿cómo es el constructor sabio? La tormenta llega. Y es muy importante, es muy importante entender, hermanos, que como cristianos no debemos de esperar que ahora sí la vida vaya sobre ruedas y todo, todo excelente. No, no, no. Dios manda la lluvia sobre el justo y el injusto, pero también nos llueven calamidades. Algunas son nuestra propia culpa: no planeamos bien, no cuidamos bien las cosas. Pero otras son sencillamente que nos tocó estar ahí, en ese momento y en esa situación, y estas cosas pasan, ¿no? Enfermedades, pérdidas de seres queridos, nos llegan a todos nosotros; no debemos de pensar que es algo extraño, raro.
Pero lo que sí, hermanos, es que como cristianos sabemos que Dios está en control de todo. Y eso nos puede llegar a desanimar si estamos mal en nuestros corazones: "A ver, Dios, ¿por qué me mandaste esto?". Pero sabemos, tenemos que confiar en Él, que Él sabe lo que está haciendo, que lo hace por nuestro bien. El necio no tiene esa promesa. El necio está hecho para el día de destrucción, hermanos, y no podemos dar esa esperanza falsa a una persona que está fuera de Cristo.
Muchas veces manda estas tormentas. Y, hermanos, la tormenta de la que está hablando por lo general se entiende como el juicio final, y vamos a hablar un poquito de eso. Pero también sabemos que va a haber tormentas en nuestras vidas que sí pueden alejarnos del Señor y derrumbar la construcción que estamos haciendo. Pero estas pruebas, dificultades, nos pueden preparar para ayudar a otros, nos pueden santificar a nosotros mismos, nos pueden alejar de ídolos que tenemos. ¿Cómo pensamos en el final de nuestras vidas? ¿Tenemos temor a la muerte? ¿Tenemos temor a la venida de Cristo? ¿Sentimos cerca a nuestro Señor, o es algo que olvidamos hasta que estemos en problemas?
El que habla con autoridad
Y finalmente vamos a pensar sobre quién es el que nos dice estas palabras. Son palabras de Jesús, y nos habla de que Él es quien habla con autoridad, ¿no? Él decía: "Bueno, han escuchado que se ha dicho, pero yo les digo". Y esto lo vimos en los primeros mensajes. Él está diciendo que tiene esa autoridad de dar la Palabra de Dios. Si lo seguimos a Él, vamos a ser sal y luz en el mundo. Esto no es cierto de ningún otro líder; es porque Él es Dios.
Y Él nos habla de un juicio final que ciertamente viene. A veces hablamos de la muerte: que a todos, a todos les toca morir, ¿no?; que el cien por ciento de las personas van a morir. Y bueno, yo siempre pienso, si estoy en un lugar pues no cristiano, siempre pienso para mí: "Pues no es cierto, no es cierto". La Biblia nos dice que no todos vamos a morir. No… quizás todos los que estamos aquí, posiblemente sí, pero hablando de todas las personas en toda la historia, no: va a haber muchos que están aún vivos cuando regrese nuestro Señor Jesucristo. Es una certeza.
Pero lo que sí podemos decir del cien por ciento de las personas que han vivido es que tendrán que enfrentar ese juicio final. Eso sí se los garantizo, cien por ciento: todos estaremos ante su trono en el día del juicio. ¿Y quién va a juzgar? Es este mismo Jesús. Él dice: "Yo les diré: nunca los conocí". Él será el juez y dictará una sentencia sobre cada uno de nosotros. La ley, como Jesús la explicó, es más difícil de cumplir aún de lo que pensaban los fariseos y los escribas; es imposible. Y si no estamos en Él, somos necios y estamos condenados por esta misma ley.
Pero Jesús vino a darnos vida. Y si vemos en nosotros las bienaventuranzas, quiere decir que somos parte del pueblo de Dios. Si esas bienaventuranzas tú las ves y dices: "Bueno, ojalá pudiera ser así", bueno, busca a Cristo; no dejes que pase el día de hoy, porque es urgente. La vida no tiene garantías; nuestro Señor puede regresar en cualquier momento, y ya no hay segundas oportunidades. Es muy, muy serio, pero a la vez da ánimo, porque hay esperanza hoy. Y el que es cristiano vive en conformidad, y anhela estar en conformidad, con las enseñanzas de Jesús en el Sermón del Monte.
Construir sobre la roca
Quiero terminar con 1 Juan… perdón, no lo apunté bien. Creo que es 3… Sí, está bien. Alguien que busque rápido: 1 Juan 3:7. "Queridos hijos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como Él es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha estado pecando desde el principio. El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo. Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; no puede seguir pecando, porque ha nacido de Dios. Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: el que no practica la justicia no es hijo de Dios, como tampoco lo es el que no ama a su hermano".
¿Cuál es la tendencia en esta mañana de tu vida? ¿Qué es lo que caracteriza tu vida? ¿Es huir de las enseñanzas del Sermón del Monte, o es aferrarnos a ellas, anhelar tener esa sed, hambre y sed de justicia, seguir el camino que Jesús nos ha trazado? Aunque es angosto, aunque es difícil, pero lo amamos, porque es el camino que nuestro Señor Jesucristo nos enseñó.
Y quiero terminar con 2 Timoteo 1:12, que son palabras de ánimo y de aliento para nosotros. Dice Pablo en 2 Timoteo 1:12: "Yo sé en quién he creído, y estoy seguro de que tiene poder para guardar hasta aquel día lo que le he confiado". Que en esta mañana, hermanos, todos nosotros nos aseguremos de estar construyendo sobre la roca, de estar cimentados en la roca de la obediencia a las palabras de nuestro Señor Jesucristo.
Oración
Vamos a orar. Padre nuestro, te pedimos que en esta mañana tú toques cada corazón en este lugar, y los que puedan escuchar después; que los que no están viviendo las bienaventuranzas te busquen a ti con todas sus fuerzas, y no dejen pasar este día sin estar encaminados en ese camino angosto, y construyendo sobre la roca, cimentados en la roca de la obediencia a las palabras de Jesús. Y que cada uno que sí está viviendo, y que las bienaventuranzas lo caracterizan, Señor, que nos animes, que nos llenes de gozo, porque tú traes gozo real a nuestros corazones. En Cristo Jesús, amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
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