2 Corintios 132 CorintiosNathan Díaz
¿Cómo puedo saber si soy salvo?
Transcripción
Un mensaje breve para un día de bautismos
(La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.)
… dijo Jonatán: un mensaje breve. Y esa es la meta, que sea un mensaje breve; pero queremos terminar también 2 Corintios, que creo que termina de una manera apropiada para la celebración del día de hoy, de estos bautismos. Último capítulo de 2 Corintios, que es el capítulo 13. Dice:
"Esta es la tercera vez que voy a visitarlos. Por el testimonio de dos o tres testigos se juzgarán todos los asuntos. Dije previamente, cuando estuve presente la segunda vez, y aunque ahora estoy ausente, lo digo de antemano a los que pecaron anteriormente y también a todos los demás, que si voy otra vez no seré indulgente, puesto que ustedes buscan una prueba del Cristo que habla en mí, el cual no es débil para con ustedes, sino poderoso en ustedes. Porque ciertamente Él fue crucificado por debilidad, pero vive por el poder de Dios. Así también nosotros somos débiles en Él; sin embargo, viviremos con Él por el poder de Dios para con ustedes".
"Pónganse a prueba para ver si están en la fe. Examínense a sí mismos. ¿O no se reconocen a ustedes mismos de que Jesucristo está en ustedes, a menos de que en verdad no pasen la prueba? Pero espero que reconocerán que nosotros no estamos reprobados. Y rogamos a Dios que no hagan nada malo; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que ustedes hagan lo bueno, aunque nosotros aparezcamos reprobados. Porque nada podemos hacer contra la verdad, sino solo a favor de la verdad. Pues nos regocijamos cuando nosotros somos débiles, pero ustedes son fuertes. También oramos por esto: que ustedes sean hechos perfectos".
"Por esta razón les escribo estas cosas estando ausente, a fin de que cuando esté presente no tenga que usar de severidad, según la autoridad que el Señor me dio para edificación y no para destrucción. Por lo demás, hermanos, regocíjense, sean perfectos, confórtense, sean de un mismo sentir, vivan en paz; y el Dios de amor y paz estará con ustedes. Salúdense los unos a los otros con un beso santo. Todos los santos los saludan. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes".
Oración
Señor, bendice este mensaje de Tu Palabra, especialmente para podernos evaluar cada quien; saber si estamos en la fe, saber si somos salvos, de acuerdo a lo que Tu Palabra nos dice. En el nombre de Cristo Jesús. Amén.
"Pónganse a prueba"
Muy bien. Tres cosas que creo que nos muestra este pasaje. Y vamos a partir de este imperativo que hace Pablo a los corintios en el versículo 5, cuando dice: "Pónganse a prueba para ver si están en la fe. Examínense a sí mismos". Entonces, vamos a partir de aquí, porque esta es la pregunta crucial. Creo que la razón por la que Pablo escribe esta carta es para que puedan realmente entender cómo es que el Espíritu Santo trabaja en nuestras vidas de tal manera que sabemos que sí somos genuinos cristianos. Entonces, son tres cosas: tres características de un verdadero cristiano, tres cosas que nos ayudan a saber si somos salvos.
Cuatro tipos de personas
Y hay cuatro tipos de personas en relación a la seguridad de la salvación. Hay cuatro tipos de personas, creo, que existen. Número uno: las personas que son salvas y saben que son salvas. Esa es una categoría. Y muchos de nosotros aquí estamos dentro de esa categoría. Somos salvos y sabemos que somos salvos; tenemos la seguridad de nuestra salvación.
Pablo tenía la seguridad de su salvación. Por eso les dice que si ellos realmente son salvos —en el versículo 6—, si ellos son salvos, van a reconocer que él también es salvo, porque reconocen su vida, su testimonio, su mensaje, como marcas auténticas de un cristiano. Pablo está seguro de su salvación.
Pero también hay otra categoría, número dos, que es la categoría de los que no son salvos y saben que no son salvos. O sea, hay una categoría de gente que ha rechazado el mensaje que ellos conocen del evangelio. Entonces, aunque a lo mejor han escuchado la Palabra de Dios, han escuchado lo que dice acerca de Jesucristo, y de Su muerte y de Su resurrección, y han evaluado lo que la Biblia dice acerca de la realidad del ser humano, dicen: "No, yo no creo eso, y yo tengo una mejor manera de vivir, independiente de Dios. No me importa lo que dice la Biblia, no me importa lo que Jesús hizo por mí. Yo soy mi propio dios, yo voy a vivir para mis propios propósitos, mi propia moral. Yo establezco la moral por la que vivo".
Y entonces han rechazado abiertamente el mensaje del evangelio. Y entonces ellos saben claramente que, si la Biblia es verdad, ellos están condenados. No creen que es verdad, pero saben que si es verdad están en problemas. Y mucha gente está también dentro de esta categoría de un rechazo abierto, y ellos saben que no creen lo que dice este libro y lo que significa el mensaje de Cristo.
Es la categoría de lo que Efesios 4 describe, versículo 18: ellos tienen entenebrecido su entendimiento, están excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas. Ustedes... están viviendo para ellos mismos, básicamente.
Número tres, tercera categoría posible de seguridad de la salvación: los que son salvos, pero no saben que son salvos, o no están seguros de que son salvos; pero sí son salvos. Y yo me encuentro con esta categoría muy seguido, porque es gente que sí tiene una lucha genuina, y vienen conmigo y dicen: "¿Cómo sé que soy salvo? A lo mejor no soy salvo, y es que he estado pecando, y yo sé que un genuino cristiano no peca de esta manera, y no quiero ser de la categoría de los que no son salvos". Y entonces tienen una lucha de inseguridad dentro de ellos.
Y muchas veces —no siempre, pero muchas veces—, cuando vienen conmigo de esa manera, con esa actitud, les digo: "Mira, el hecho de que estés teniendo una lucha contra el pecado, y te sientas incómodo sobre el pecado en tu vida, probablemente es una muestra de que sí eres salvo. Y yo quiero ayudarte a tener seguridad en esa salvación, porque estás luchando y no estás cómodo con tu pecado". Vamos a ver eso en un momento.
Y hay una cuarta categoría. Ya probablemente han descifrado cuál es la cuarta categoría: son los que creen que son cristianos, pero no lo son. Ellos sí están seguros de su salvación. Ellos dicen: "No, sí, yo sí soy cristiano". Y en realidad no lo son. Entonces, Pablo aquí quiere confrontarnos con esto. ¿Cómo sé que realmente soy cristiano?
Espero que hoy, con estas tres cosas, podamos contestar esta pregunta. Y esto es lo que representa lo que vamos a ver hoy en el bautismo. Este es el testimonio de los que se están bautizando. Creo que la convicción que hay en su corazón afirma estas tres categorías de las que vamos a hablar.
¿Cuál es esta fe?
Dice Pablo, esta es la pregunta: "Pónganse a prueba para ver si están en la fe". Pónganse a prueba para ver si están en la fe. Entonces, ¿cuál es esta fe? Alfredo nos dio un resumen hoy en la mañana, durante la Cena del Señor, de qué es el evangelio; pero Pablo también lo resume en 1 Corintios 15, versículos 1 al 4. ¿Cuál es esta fe? Dice: "Ahora les hago saber, hermanos, el evangelio que les prediqué, el cual también ustedes recibieron, en el cual también están firmes, por el cual también son salvos, si retienen la palabra que les prediqué, a no ser que hayan creído en vano. Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí". Este es el evangelio: "que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras". Ahí está. Esa es la fe clara del evangelio.
Y entonces dice Pablo... ¿cuál es la pregunta crucial aquí? Que Jesucristo está en ustedes. Es lo que hace que seas un genuino cristiano: que Jesús está en ti. Ahora, ¿cómo sé que Jesús está en mí?
La gracia, el amor y la comunión
Entonces, ahora vámonos a algo que sucede al final de este capítulo, porque quiero mostrarles cómo a lo largo de toda la carta él ha estado escribiendo esta verdad del evangelio de diferentes maneras. Pero justo en este capítulo describe el evangelio de una manera muy peculiar: en la manera en que se despide, a Pablo le fluyen naturalmente estas verdades de quién es Dios y cómo nos relacionamos con Dios. Vean el versículo 14, lo que dice: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes".
Ahí está qué es el evangelio en relación a la obra de la Trinidad, de las tres personas que componen al único Dios. Y eso es lo que creemos como cristianos. Somos monoteístas: creemos que es un solo Dios y que son tres personas, y que esas tres personas tienen una relación entre sí —hay una triunidad en la Trinidad—, y que todos son la misma esencia de Dios, como uno solo, y al mismo tiempo se relacionan y cumplen diferentes roles.
Y aquí están estos roles; Pablo los describe. Gracia del Señor Jesucristo. Número dos: el amor del Padre, o de Dios; aquí es el amor del Padre. Y número tres: la comunión del Espíritu. Entonces, el atesorar el evangelio involucra... Y pueden ver la fórmula trinitaria que está desarrollando aquí Pablo, mencionando a los tres; están en otras partes de la Biblia también.
Por qué el Hijo va primero
Pero pueden pensar en cómo el orden que pone Pablo es muy singular, porque normalmente, cuando hablamos de la Trinidad, decimos "en el nombre del..." —y lo van a escuchar en los bautizos—, "en el nombre del...". Entonces, por lo regular empezamos con el Padre. Pero aquí, ¿con quién empieza Pablo? Con el Hijo. ¿Por qué un cambio en el orden de las personas?
Bueno, creo yo que la razón por la que es este orden aquí para Pablo es porque este es el orden en el que experimentamos la salvación como cristianos. No podemos conocer al Padre si no hemos conocido al Hijo primero. Esa es la manera en que ha sido revelado a nosotros: es a través de Jesucristo, y es en la gracia de Jesucristo, lo cual Pablo ya ha desarrollado en otras partes de este libro.
2 Corintios, capítulo 5, versículo 18, dice: "Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió con Él mismo por medio de Cristo y nos dio el ministerio de la reconciliación; es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios! Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él". Es la gracia del Señor Jesucristo.
Y en el capítulo 8, versículo 9, dice: "La gracia —conocen ustedes—, la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a ustedes se hizo pobre, para que por medio de Su pobreza ustedes llegaran a ser ricos". Esa es la gracia que hemos experimentado: que Dios se encarnó en la persona de Cristo Jesús, se hizo pobre por nosotros para darnos Su justicia, y para que nuestra culpabilidad cayera sobre de Él, y nosotros pudiéramos ser inocentes delante de Dios.
El amor del Padre
Y eso, ¿qué es lo que revela? Revela el amor del Padre. Entonces, esa es la segunda fase de esta revelación que tenemos al conocer el evangelio, que es lo que dice Romanos 5:5: "La esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado". Y más adelante, en el versículo 8, dice: "Dios demuestra Su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros".
Todos, todos, hermanos, deseamos ser amados. Todos queremos sentir lo que significa recibir amor, y ser valorados, y ser atesorados por alguien. Por eso es que tenemos estas relaciones horizontales, y por eso nos casamos. Estuve en una boda ayer, en donde eres testigo de la manera en que Dios une vidas. Todos deseamos ser amados.
Y cuando conocemos el amor del Padre, el amor del Padre es expresado a nosotros a través de Jesucristo, no como una pequeña llovizna, unas gotitas por aquí y por allá, sino como llueve aquí en la Ciudad de México: torrentes, torrentes cayendo sobre nosotros, que expresan el amor del Padre a través de Jesucristo. Esa es la experiencia que tenemos. Sí, Dios me ha amado tanto que entregó a Su propio Hijo por mí. Y al ver el maravilloso tesoro que es la salvación que encuentro en Él, puedo encontrar la sobreabundante riqueza del amor del Padre, siendo expresado a través de la gracia que encuentro en el sacrificio de Cristo Jesús.
La comunión del Espíritu
Y la tercera cosa que dice Pablo es que es la comunión del Espíritu lo que experimentamos. La comunión del Espíritu, que tiene que ver con dos dimensiones, creo. Una de las dimensiones: cómo es que tenemos comunión con Dios a través del Espíritu, porque el Espíritu es el que nos trae la revelación de la gracia de Cristo, y entendemos eso. Y también el Espíritu es el que nos muestra al Padre a través de Cristo.
Y entonces el Espíritu es finalmente el que movió toda esta obra en nuestros corazones para que pudiéramos ver —como dice 2 Corintios 4— cómo se abrían los ojos de nuestro corazón para ver la realidad de la persona de Cristo como representante fiel y verdadero de Dios mismo. Pero también la comunión del Espíritu significa que empieza a haber una relación, una comunión del Espíritu horizontal entre nosotros, que vamos a ver en un momento.
Primero: si atesoras el evangelio
Entonces, ¿qué significa ser cristiano? ¿Cómo sé que soy salvo? Número uno: si atesoras el evangelio. Y uso la palabra "atesorar" porque creo que es la palabra apropiada en todas estas categorías. No es nada más conocer estas cosas: es amar estas cosas, es atesorar estas cosas. Esto es lo más valioso que hay en mi vida. Esto es lo que significa ser cristiano: que no hay nada más precioso en mi vida que mi relación con Dios a través de Cristo Jesús.
Segundo: si atesoras la santidad
Número dos. Y esto es todo el desarrollo de la mayoría de este capítulo. Pablo habla de cómo es que él va a ir como un testigo fiel de la Palabra de Dios, citando de Deuteronomio 19 para decir: "Yo quiero ser testigo de la manera en que la santidad está progresando en ustedes, de la manera en que ustedes están manifestando que realmente son cristianos, porque atesoran su santidad delante de Dios". Y no nos vamos a detener a analizar todo lo que está diciendo en estos versículos, porque si no, ya voy a quedar mal en la promesa de que este iba a ser un mensaje corto.
Entonces, nada más les doy el resumen de lo que está diciendo Pablo aquí. Él fue ya dos veces a Corinto. La primera vez fue cuando se plantó esta iglesia: les predicó el evangelio y ellos creyeron, se estableció la iglesia. La segunda vez es la vez que describe al principio de esta carta, que es una ocasión de tristeza y de dolor para él, porque ve que las cosas no están bien en la iglesia. Y es la razón por la que detiene sus planes de volverlos a visitar, y prolonga este espacio de tiempo que no los está viendo. Y entonces escribe esta carta, y ahora dice: "Bueno, sí va a haber una tercera vez, pero yo espero que cuando yo vaya, yo realmente encuentre una iglesia arrepentida".
Yo realmente encuentre una iglesia que ha tomado en serio mis advertencias a lo largo de esta carta, y que aquellos que se oponen a mí no hayan prevalecido entre ustedes con sus falsas enseñanzas de qué es el evangelio; que no hayan prevalecido entre ustedes con los ataques que tienen contra mí. Porque ellos cuestionaban el ministerio apostólico de Pablo. Decían: "Él no es un genuino apóstol, porque él no tiene las características que nosotros consideramos importantes en una persona: como sus habilidades de oratoria, su carisma, su presencia, y que haga cosas espectaculares todo el tiempo".
El poder de Dios en juicio
Y Pablo dice: "Yo no voy a venir a ustedes de esa manera, y espero que no estén desilusionados cuando llegue de esa manera. Pero si ustedes quieren ver el poder de Dios, a lo mejor sí lo van a ver, porque voy a venir a ustedes en juicio, y los voy a reprimir, los voy a regañar por no estar viviendo en santidad". Y Dios puede ser que escoja manifestarse en juicio delante de ustedes, en poder, de la misma manera que se manifestó con Coré y con los que se rebelaron contra Moisés; o de la misma manera en que se reveló con Ananías y Safira, que mintieron a Dios y murieron ahí, en ese instante, delante de los apóstoles. Entonces, puede ser que se les cumpla ver el poder de Dios a través de mí si persisten en su pecado.
El corazón pastoral de Pablo
Pero ¿cuál es la oración de Pablo? ¿Qué es lo que él desea para ellos? Es decir: "Yo no quiero aparecer como alguien fuerte, alguien con autoridad. Eso no es lo que me importa. Lo que me importa es que ustedes sean obedientes, que hagan lo bueno", como dice el versículo 7. "Porque a mí lo único que me importa", como dice el versículo 8, "es la verdad. No me importa tanto mi reputación con ustedes; lo que me importa es que ustedes conozcan el amor y la gracia de Dios de tal manera que esté transformando sus vidas, que haya evidencia de un cambio en ustedes".
Y vean el corazón de Pablo; y él ya lo manifestó en el capítulo 12. Lo vimos, porque él llora en el versículo 2... 21, perdón, del capítulo 12. Él llora por los que han pecado y los que viven en inmoralidad; eso le duele en su corazón, y eso no es lo que quiere, y él no quiere ir a regañarlos y a exhortarlos. Y dice en el versículo 9 —este es el corazón pastoral de Pablo—, dice: "Nos regocijamos cuando nosotros somos débiles, pero ustedes son fuertes. También oramos por esto: que ustedes sean hechos perfectos. Por esta razón les escribo estas cosas estando ausente, a fin de que cuando esté presente no tenga que usar de severidad, según la autoridad que el Señor me dio para edificación y no para destrucción".
Membresía y disciplina
"Yo no quiero llegar a ustedes regañándolos y mostrándoles que así no es como vive un cristiano. Y si es necesario, los voy a expulsar de la membresía delante de todos, en excomunión, que ustedes entienden". Por eso tenemos membresía en la iglesia: porque si alguien no está viviendo la vida que esperamos que un cristiano viva —y no es una vida de perfección; simplemente es una vida que no persiste en el pecado de la misma manera, sin ningún cambio—...
Y cuando vemos un pecado público y un pecado no arrepentido de alguien, es nuestro trabajo como cristianos decir: "Ese no vive como cristiano. Él no es de los nuestros. Porque así no vive un cristiano, y dudamos que sea cristiano. Probablemente no es creyente". No queremos darle una falsa seguridad de su salvación si está viviendo en pecado.
Pablo tiene esa convicción, y él sabe: va a llegar con los corintios, y a lo mejor va a tener que llamar a convocar una asamblea de todos los miembros de la iglesia de Corinto y decir: "Expúlsenlos". Pero no quiere hacer eso. Él quiere llegar a una iglesia que ha sido quebrantada por la Palabra de Dios y la convicción del Espíritu Santo en sus vidas, de tal manera que ahora se han arrepentido, y Pablo puede ver un cambio en ellos. Lo cual significa, entonces: ¿cómo sé que soy salvo? Porque atesoro la santidad. No nada más atesoro el evangelio: también atesoro la santidad.
Tres preguntas sobre la santidad
Y aquí hay unas preguntas que traté de resumir de lo que creo que Pablo está expresando en este capítulo. Número uno: ¿entiendo lo grave que es el pecado, o justifico el pecado en mi vida? Y digo: "Yo soy así porque otros han sido así conmigo. Por eso yo estoy justificado. Yo estoy justificado de odiar a mis padres, porque fueron malos padres. Yo estoy justificado de no perdonar a esta persona, porque lo que me hizo fue muy grave. Yo estoy justificado".
Y entonces empezamos a justificar nuestro pecado, y no entendemos que es grave. No entendemos que necesitamos arrepentirnos y reconocerlo delante de Dios, y que yo soy responsable de mi pecado delante de Dios, no del pecado de otros. No importa lo que otros me hagan. Yo tengo la responsabilidad de actuar delante de Dios como yo sé que Él me pide que actúe. ¿Y cómo me pide que actúe? Mostrando la misma gracia y amor que Él me mostró a mí.
Por eso es que no hay ningún cristiano que tenga pretexto para no perdonar: porque lo que tú le has hecho a Dios es infinitamente más grave que lo que otra persona te pudo haber hecho a ti, y Dios te perdonó a ti. Entonces, ¿cómo puedes justificar no perdonar a alguien más? Entonces, número uno: entiendo lo grave del pecado.
Número dos: ¿cómo me siento sobre mi pecado? Esto regresa al punto que mencionaba hace rato: la gente que está luchando con "¿soy salvo?, ¿no soy salvo?, no estoy seguro, no tengo seguridad de mi salvación". Y yo les digo: "Mira, tú te estás sintiendo mal sobre tu pecado, tú estás luchando con tu pecado". Esa es una de las características de un genuino cristiano: que nunca, nunca se va a sentir cómodo con el pecado. Siempre va a haber algo que lo incomoda y que lo hace sentir como que las cosas no están bien, y sabe que las cosas no están bien, y no va a estar en paz hasta que confiese y se arrepienta delante de Dios. Y una vez que confesamos y nos arrepentimos, sabemos que el perdón de Dios es perfecto y absoluto, y también entendemos Su perdón, y no tenemos que vivir con la carga de la culpabilidad de las cosas que hemos hecho en el pasado.
Y número tres: ¿estoy dispuesto a enfrentar las consecuencias de mi pecado? Atesorar la santidad tiene que ver con aceptar que muchas veces nuestro pecado trae consecuencias, y merecemos esas consecuencias; y cuando genuinamente estamos arrepentidos, aceptamos esas consecuencias. Aun entendiendo que el perdón de Dios es infinito y absoluto, en un nivel horizontal siempre hay cosas que el pecado descompone. Y tenemos que estar dispuestos, como cristianos que atesoramos la santidad de Dios, a aceptar lo que sea que nuestro pecado trae a nuestra vida; que a veces... bueno, no a veces: siempre son cosas malas.
Un genuino cristiano se arrepiente
Entonces, creo que la mayor parte de este capítulo Pablo está tratando con la santidad de la iglesia de Corinto, y confrontando la santidad de la iglesia de Corinto, los falsos apóstoles que hay ahí, para manifestar al final quiénes son genuinos cristianos y quiénes no. Porque los que no se arrepientan no son genuinos cristianos. Un genuino cristiano siempre se va a arrepentir cuando ha pecado y es confrontado con ese pecado.
De la misma manera que David se arrepintió cuando Natán lo confrontó. Había estado ignorando su pecado, ignorando, reprimiendo su pecado; no lo había confesado. Pero una vez que fue confrontado, y Natán le dijo: "Tú pecaste contra Dios", dijo: "Sí, sí es cierto. He pecado, me arrepiento, y acepto las consecuencias que vendrán". Y una de esas consecuencias fue la muerte de su hijo. Pero delante de Dios él sabía que había sido genuinamente perdonado, y que podía vivir como inocente delante de Dios. Atesoras la santidad.
Número tres. Y eso está en el versículo 11.
Tercero: si atesoras a la iglesia
11 y 13: "Por lo demás, hermanos, regocíjense, sean perfectos, confórtense, sean un mismo sentir, vivan en paz; y el Dios de amor y paz estará con ustedes".
Número uno es gozo. El gozo es la característica de un genuino cristiano. Pero ¿gozo en qué sentido? Sí, gozo en nuestras propias vidas, pero también gozo en la comunidad de la fe, que es hacia donde va este versículo. Porque recuerden que esa era la misión de Pablo. Así empezó esta carta, en el capítulo 1, versículo 23, ¿se acuerdan? Capítulo 1, versículo 23 de 2 Corintios, dice: "Yo invoco a Dios como testigo sobre mi alma, que por consideración a ustedes no he vuelto a Corinto. No es que queramos tener control de su fe, sino que somos colaboradores con ustedes para su gozo, porque es en la fe que permanecen firmes".
Entonces, Pablo explica que su misión es ¿qué? El gozo de los corintios. Cuando tú eres un genuino cristiano, te unes a la iglesia de Cristo, y ahora, como parte de la iglesia de Cristo, ¿cuál es tu misión? Promover el gozo de Dios en otros. Para eso existo: para que tú te goces en Dios.
Número dos, dice Pablo —y estos son los imperativos—: "sean perfectos", o restáurense, sean completos. Ese es el mandamiento, lo cual ya vimos también en el capítulo 12, versículo 21. Restauren, restauren las relaciones que hay entre ustedes. Busquen la manera en la cual el evangelio trae restauración, no nada más de nosotros con Dios, sino unos con otros.
Busquen consolarse unos a otros. Ese es el tercer mandamiento. ¿Recuerdan? Capítulo 1, versículos 3 y 4: la razón por la que somos consolados es para consolar a otros. ¿A quiénes? A nuestros hermanos en la fe.
Número cuatro: vivan en unidad. "Sean de un mismo sentir": tienen que estar de acuerdo en cuál es la doctrina esencial, porque ese es el problema de los corintios, que están confundidos inclusive con la doctrina. ¿No? Tienen que estar unidos en doctrina, en qué es lo que creen acerca de Dios, en qué es lo que creen acerca de la salvación. Estén unidos, como dice 1 Corintios 1:10: "Les ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos se pongan de acuerdo, y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer".
Número cinco: vivan en paz. Hermanos, hemos sido llamados a ser pacificadores. Hemos sido llamados a buscar la paz en el cuerpo de Cristo. Esa era la misión de Pablo, a lo que los está exhortando en este versículo; pensando que si Dios es un Dios de paz, si Dios es un Dios que vino a traer paz entre Dios y el hombre a través de Jesucristo, entonces nuestra misión también debería ser traer paz unos con otros. No hemos sido llamados a causar conflictos; hemos sido llamados a traer paz y unidad a la iglesia.
Y por eso dice: "Y el Dios de amor y paz estará con ustedes". Porque el amor y la paz que deben de existir entre nosotros son el reflejo de los mismos atributos de Dios. Dios es un Dios de amor y paz. Por eso nosotros tenemos que ser gente de amor y paz; no al estilo de los hippies, sino al estilo de la restauración que trae el evangelio a nuestras vidas. Nosotros reflejamos los atributos de Dios en comunidad.
El bautismo: identificarse con el pueblo de Dios
Un genuino cristiano no solo atesora el evangelio, no solo atesora la santidad, sino que atesora a la iglesia misma de Cristo, porque la Iglesia es el cuerpo de Cristo. Tú no puedes ser un genuino cristiano y no amarla también, porque es a través de la iglesia que tenemos la oportunidad de expresar de una manera más clara al mundo la clase de Dios que tenemos. Si tú no te congregas, si tú no eres parte de una iglesia, no tienes una manera de animar a otros creyentes, y otros cristianos no tienen la oportunidad de animarte a ti en tu fe y en tu vida como cristiano: no vas a poder vivir como cristiano.
Lo que hoy vamos a presenciar en los bautizos no solamente son personas diciendo: "Yo he creído en Cristo Jesús". Eso es solamente una parte de lo que están diciendo. ¿Saben cuál es la otra parte de lo que están diciendo? "Yo me identifico públicamente con el pueblo de Dios". Eso es lo que están diciendo también. No lo están haciendo en aislamiento, como si esto fuera un acto individual; lo están haciendo como un acto de comunidad. Por eso estamos todos aquí para presenciar los bautizos, porque creemos que es una identificación que tenemos unos con otros, que nos hace una familia.
Y acaban de decir esto, lo acaban de decir en una de nuestras meditaciones de Operación Mundo, los miércoles, que oramos por diferentes países —no recuerdo exactamente en qué país estaba, o cómo lo estaban diciendo—, pero estaban diciendo que, de hecho, en varios países donde hay otras religiones predominantes, como el islam, no es tanto problema que una persona diga que cree en Cristo; no es tanto problema que una persona lea su Biblia, o lea libros cristianos. El problema es cuando se bautizan. Eso es cuando genera un conflicto, porque esa es la declaración pública de que ahora yo me identifico con el pueblo de Dios.
Y eso es cuando viene el rechazo de las familias que odian el cristianismo y no quieren tener nada que ver, y es donde desheredan a sus hijos. Y eso es lo que están haciendo: los que se están bautizando están reflejando su participación y su identificación con la comunidad del pueblo de Dios a través de la fe.
Un beso santo: somos familia
Y vean, versículo 12: "Salúdense los unos a los otros con un beso santo". Eso es sumamente interesante, porque pensamos que esto del beso es algo cultural, como nosotros nos saludamos de beso. Pero es diferente, porque si alguien me viera saludar a alguien más de beso allí afuera, nadie pensaría que es raro. Así se saluda a toda la gente; es parte de la cultura mexicana.
Y ya hemos estudiado esto, pero se los recuerdo porque esto es importante. Pablo es el primero de todos los maestros éticos de la antigüedad en animar a gente de diferentes clases sociales, de diferentes grupos étnicos, de lo que sea, que están mixtos, que no son realmente una familia, a hacer esto: a saludarse de beso. En la cultura grecorromana esto no era una práctica común. No hay ningún registro tampoco en el judaísmo, en las sinagogas, en el judaísmo del segundo templo, en Qumrán; no hay nada de evidencia de que hubiera esta práctica de saludarse de beso entre personas que estaban congregadas juntas.
Entonces, ¿por qué es que Pablo pone esta instrucción, "Salúdense con un beso santo", a los corintios? Pero ¿saben qué? ¿Saben dónde era solamente aceptado un beso públicamente, culturalmente? Si eran familiares. Lo único que justificaba ese tipo de expresión. De otra manera se veía mal. ¿Qué está tratando de decir Pablo cuando les dice: "Salúdense con un beso santo"? Les está diciendo: "Ustedes son familia". Por eso está bien.
Por eso inclusive en el versículo 11 les dice: "Hermanos". "Hermanos", porque eso también era extraño en la cultura grecorromana. Nadie se decía "hermano" si no era realmente tu hermano, y se veía mal, y era ilegal inclusive llamar "hermano" a alguien que no era tu hermano en la sangre, en la carne. Pero los cristianos están haciendo estas cosas revolucionarias, como llamarse hermanos y hermanas, o como saludarse de beso, porque esas cosas solamente serían aceptadas dentro de una familia, no fuera de una familia.
Pero la iglesia ahora tiene una nueva identidad para todos los que pertenecen a esta comunidad, en donde es apropiado hacer algo que refleje la cercanía y la identificación que tenemos unos con otros. Somos familia en la fe. "Ustedes son ahora mi verdadera y más cercana familia". Eso es lo que están diciendo los que se van a bautizar hoy: "Ustedes son la familia que tengo, no nada más ahorita, sino por toda la eternidad".
Y creo que Pablo los está animando a darse estos besos santos; que obviamente esta palabra, "santo", nos indica que tiene una motivación pura. No hay ningún morbo ni ningún otro tipo de cuestión aquí. Es realmente, genuinamente, el deseo de tener cercanía y de manifestar públicamente nuestra identificación como una familia en la fe. Y dice: "Todos los santos los saludan". O sea, que la iglesia en Éfeso, otras iglesias, también pertenecen a esta familia más grande, la familia católica o universal de iglesias cristianas; es la familia que también se identifica con ellos.
Lo que Dios demanda, Él lo da
Pero quiero que vean que cuando dice: "Y el Dios de amor y paz estará con ustedes", no es solamente que estamos reflejando a Dios en el amor y la paz que hay entre nosotros; sino, ¿saben qué más está pasando? Esto es muy difícil de vivir. Es más, podríamos decir que es imposible de vivir, pero Dios demanda esto de nosotros. Y cuando dice: "El Dios de amor y paz estará con ustedes" —y no nada más "el Dios de amor y paz estará con ustedes", sino "la gracia del Señor, el amor de Dios", que ustedes han experimentado, "y la comunión del Espíritu sean con ustedes"—, está diciendo Pablo que tenemos la capacidad de hacer lo que Dios pide que hagamos, porque Dios nos da la capacidad de hacer lo que nos pide que hagamos.
Dios nunca nos va a pedir que hagamos algo que Él mismo no nos provea primero. Él nos da los recursos para hacer lo que Él pide de nosotros. Lo que Dios demanda, Él lo da. Y todos los que somos genuinamente cristianos hemos sido equipados para cumplir la voluntad de Dios y cumplir la ley de Dios en nuestras vidas, nuestras familias y en la iglesia.
Hoy vamos a ser testigos de esta verdad juntos en estos bautizos. Y creo que 2 Corintios termina mostrándonos lo que nos puede dar la seguridad, la verdadera seguridad, de que somos hijos de Dios. Cada persona que se va a bautizar atesora el evangelio, atesora la santidad y atesora la iglesia. Ese es el testimonio que vamos a escuchar hoy. Vamos a preparar el bautisterio.
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