Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Juan 3:22-36JuanMartín Maquivar

Cristo por encima de todo

Transcripción

Los 3000 metros con obstáculos

Buenas noches, hermanos. Dios les bendiga. Vamos a seguir estudiando el evangelio de Juan. Entonces les pido que abran sus Biblias en Juan capítulo 3, versículos del 22 al 36. Evangelio de Juan, capítulo 3, versículos 22 al 36. Y antes de que podamos iniciar, pues, este camino en cuanto a estos versículos, quiero platicarte que dentro del atletismo hay una prueba que se denomina o se llama los 3000 m con obstáculos. En esta prueba, que es una prueba olímpica, también la vimos en los pasados Juegos Olímpicos. Esta prueba es dominada regularmente por kenianos y por etíopes; sin embargo, desde Tokio 2020 y también en París 2024 hubo, digamos, una excepción, debido a que un marroquí llamado Soufiane El Bakkali ganó la medalla en Tokio, la medalla de oro, y en París también ganó la medalla de oro.

¿Y a qué viene al caso esto? Quiero decirte que cuando inició la carrera, la carrera final que iba a llevar a las medallas, ya inició la carrera y tenía enfrente El Bakkali a una muralla etíope, con tres representantes etíopes y tres kenianos. Entonces, la estrategia de ellos era no dejarlo pasar en ningún momento, y esto funcionó durante las primeras dos vueltas. Pero en la última vuelta de la competencia hubo un cambio, hubo una modificación allí, porque de pronto se vio cómo otro marroquí, llamado Mohamed Tindouft, comenzó a correr y a rebasar a todos los que estaban delante de él, para sorpresa de los kenianos, de los etíopes y de todos los competidores que estaban allí. Él se fue hasta la punta, iba hasta adelante, y esto generó que el pelotón se tuviera que alargar más. Y de pronto ya no tenían en la mira a El Bakkali, sino al otro marroquí que estaba compitiendo y que estaba al frente.

Faltaban alrededor de 400 o 500 m, más dos obstáculos, para llegar a la meta, cuando de repente El Bakkali comenzó a correr aún más rápido, y empezó a escalar lugares, y se acercó a la meta, y él fue el que ganó. El Bakkali fue el que ganó la medalla de oro. Y lo primero que hizo El Bakkali, después de cruzar la meta y, pues, mostrar alguna demanda de triunfo, lo primero que hizo fue voltear y regresar hacia donde estaba Mohamed. Seguramente ya se te había olvidado Mohamed, porque se notaba... No lo saludó, sino lo abrazó, como en una forma de agradecimiento por lo que había sucedido.

Y parecía, hermanos, que había una estrategia dentro de lo que ocurrió allí, y era que Mohamed tenía que adelantarse para que el pelotón perdiera de vista a El Bakkali, y que al final terminara ganando. Porque Mohamed sabía que él no era el más rápido, sino que el que venía detrás de él era más rápido, más veloz, y era el que tenía que ganar. Entonces, así terminó esta prueba, y El Bakkali se llevó la medalla de oro. Entonces, lo que vamos a ver el día de hoy, hermanos, es de una forma supremamente más grande de lo que te estoy narrando en estos momentos de la competencia olímpica.

Lectura: Juan 3:22-24

Y por eso vamos a entrar en el estudio de Juan 3, y vamos a leer los primeros versículos. Dice la Escritura, Juan 3, versículo 22: "Después de esto, Jesús vino con Sus discípulos a la tierra de Judea, y estaba allí con ellos, y bautizaba. Juan también bautizaba en Enón, cerca de Salim, porque allí había mucha agua; muchos venían y eran bautizados". Versículo 24: "Porque Juan todavía no había sido puesto en la cárcel".

Dice el texto: "Después de esto, Jesús vino con Sus discípulos". ¿Después de qué? Después de un encuentro con Nicodemo, después de uno de los pasajes más memorizados por el pueblo evangélico, que es Juan 3:16. Para muchos creyentes, su fe inicia en Juan 3:16, descansa y termina en Juan 3:16; literalmente, su fe es sostenida por un solo versículo. Por eso representa un enorme reto, hermanos, para mí, poder predicar este pasaje. No porque no sea relevante, porque sabemos que la Escritura es inspirada por Dios, sino porque, hermanos, desafortunadamente hay cristianos que no quieren alimentarse con toda la Palabra de nuestro Señor. Pero estamos enfrente de un pasaje igualmente importante que Juan 3:16.

Dos ministerios que se cruzan

Así que de este contexto viene Jesús, y estamos en el comienzo de Su ministerio. Jesús ya ha sido bautizado por Juan, el hijo de Elizabeth, en Lucas 1:5; fue señalado por el Espíritu Santo, y el Señor, con voz de trueno, dijo: "Tú eres Mi Hijo amado; en Ti tengo complacencia". Y para este momento ya mostró Su primera señal, Su primer milagro, al convertir el agua en vino. Y, hermanos, esto fue suficiente para que algunos discípulos comenzaran a seguirlo. Tenemos en este caso a Andrés, a Simón, a Felipe, a Natanael y a Juan. Ellos ya estaban con el Señor Jesucristo como Sus seguidores.

Y lo interesante, hermanos, de esto es que tenemos el ministerio de Jesús y el ministerio de Juan cruzándose; están al mismo tiempo. Y tenemos dos detalles rápidos. Primeramente, es este: que se encontraban en el mismo lugar; no exactamente en el mismo lugar de forma geográfica, sino muy cerca, porque ambos estaban bautizando. Y en segundo lugar, es este detalle: que Jesús bautizaba, que Juan bautizaba; los dos estaban haciendo lo mismo. Aunque después, en Juan 4:2, Juan el evangelista nos detalla que no era Jesús directamente el que estaba bautizando, sino Sus discípulos. Pero los ministerios de ambos estaban haciendo lo mismo al mismo tiempo.

La influencia de Juan el Bautista

Mis hermanos, muchos venían y eran bautizados por Juan. Y quiero que, por favor, tú notes que Juan se había posicionado como un personaje de una gran influencia. Tenía una gran popularidad, al grado de que él tuvo la oportunidad de señalar al gobernador Herodes Antipas por su matrimonio inapropiado con su sobrina. Así era de influyente el ministerio de Juan el Bautista. Y es indudable que la gran cantidad de personas que seguían al Bautista no lo hacían por su carisma y su diplomacia como conferencista, porque llamaba a los fariseos "generación de víboras". Tampoco lo era por su vanguardista sentido de la moda, porque vestía con pelos de camello y un cinturón de cuero. Y mucho menos por sus dietas, pues comía saltamontes y miel silvestre. La razón por la que seguían a Juan el Bautista era por el fuego de su predicación y el carácter con el que él vivía este mensaje. Lo seguían por ese fuego ardiente que había.

Y por supuesto que tú ya sabes, tú ya conoces a Juan el Bautista, y por eso no quiero detallarte aún más acerca de su persona. Pero lo que sí me interesa, y mucho, es que podamos, hermano, entender el tamaño de influencia que tenía y el concepto que la gente tenía de él. En algunos textos comparan a Juan el Bautista con Elías. Tenemos Lucas 1:17, Mateo 11:14, Marcos 9:13. Y tenemos también Mateo 16:13. Si recuerdas aquella declaración de Pedro cuando dice: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Pero antes de eso tenemos a Jesús preguntándole a Sus discípulos: "¿Quién piensa la gente que soy Yo?". Y la respuesta de los discípulos es: "Bueno, la gente está diciendo que Tú eres Juan el Bautista, o que eres Elías". Entonces, aquí podemos observar que la gente ponía a Juan el Bautista a la misma altura que Elías, que Jeremías o que cualquiera de los otros profetas.

Y en verdad, mi hermano, esta es una posición de honor para Juan el Bautista. Piensa en distintos hombres que Dios ha usado a lo largo de la historia, que han aportado grandes cosas a la iglesia, como Agustín de Hipona. Tenemos a Atanasio, a Lutero, Calvino, John Owen, a Edwards, a Spurgeon, John MacArthur, John Piper. En alguna ocasión, Steve Lawson dijo que John MacArthur era el Calvino de nuestro tiempo. ¿Ves cómo se empiezan a comparar unos con otros? Todos estos nombres de hombres son respetables, pero no son comparables con Elías, o con Jeremías, o con Juan el Bautista, por el simple hecho, hermano, de que estos últimos son personajes que están dentro del relato bíblico. No vemos a Juan Calvino o a Lutero en la transfiguración, ¿verdad? Vemos a Moisés y vemos a Elías.

Hermanos, de ese tamaño es el ministerio y la persona de quien estamos hablando, de Juan el Bautista. Y esto le había dado a Juan el Bautista, sin duda, esta posición de privilegio. Pero, sin duda, hermanos, sin duda, no superaba a todos menos a uno... Superaba absolutamente a todos menos a uno.

La controversia de los discípulos

Con base en esto, pongamos ahora en la mesa la fantástica controversia y escena de celos que se traían los discípulos con Juan el Bautista en los versículos 25 y 26. Y bueno, hermano, algo pasa con nosotros cuando vemos discusiones, las discusiones de otras personas, cuando vemos peleas de todo tipo. Incluso en los accidentes de carro se duplica el tráfico, no solamente por las personas que han tenido este percance, sino por la cantidad de personas que se detienen para ver qué fue lo que pasó, ¿verdad? A todos nos ha ocurrido. Todo esto es como miel, y nosotros como estos osos hambrientos. Y claro, siempre y cuando, por supuesto, siempre y cuando le pase a otra persona, ¿verdad? Eso es interesante; no a nosotros. Pero por esta ocasión, mi amado hermano, no te sientas culpable por querer escuchar la discusión, y mucho menos por querer saber lo que pasó hasta el final.

Y dice el versículo 25: "Siguió entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación". Versículo 26: "Vinieron a Juan y le dijeron: 'Rabí, mira, Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien diste testimonio, está bautizando, y todos van a Él'". Los discípulos tienen una discusión con un judío acerca del ritual de purificación que ellos practicaban, y por supuesto estaba siendo comparado con el bautismo que estaba llevando a cabo Juan.

El ritual de purificación

El ritual de purificación consistía en sumergirse en una especie de tambos grandes, de aproximadamente 75 cm de altura, que podían contener hasta 120 l de agua, y se metían las personas y se sumergían. ¿Qué es lo que representaba esto? Y la realidad es muy sencilla, hermanos. Creo que tú vas a estar de acuerdo conmigo en que el agua lava, ¿verdad? Creo que casi todas las cosas las lavamos con agua. El agua es un símbolo de quitar la suciedad. Entonces, además de los sacrificios animales que se hacían por parte del pueblo judío para cubrir sus pecados, también tenían un ritual de limpieza de la suciedad de su corazón.

Y, mi hermano, quiero que recuerdes esto: nuestros métodos predican. Lo que nosotros hacemos como iglesia entrega un mensaje a todas las personas que no son de nuestra iglesia, sean cristianos o no sean cristianos. Entonces, de una forma de la que posiblemente ellos eran conscientes, el ritual de purificación decía: "Estamos esperando al Mesías, quien un día, como esta agua, lavará nuestros pecados, pero de forma definitiva". Lo mismo estaba esperando Juan el Bautista. Pero nosotros, hermanos, ya no esperamos. Cuando a ti y a mí nos bautizaron, le dijimos al mundo: "Cristo es el agua viva, y lavó mis pecados permanentemente". Ellos predicaban la espera, y nosotros ya predicamos el cumplimiento de esto.

¿Estás en un ministerio o es tu ministerio?

Pero el verdadero incendio, el verdadero problema, no fue este. Lo que llenó de celos el corazón de los discípulos fue que alguien más estaba haciendo lo mismo que ellos estaban haciendo. Estaban viendo una competencia adicional que no se les había presentado. Pepsi y Coca-Cola han mantenido una rivalidad casi eterna; han gastado miles de millones de dólares en tratar de demostrar a la gente cuál es la mejor marca de refresco. Tenemos otros ejemplos, como las rivalidades de Messi y Cristiano Ronaldo, como los Beatles y los Rolling Stones, como Sylvester Stallone y Schwarzenegger, como el América y Chivas. Y tal vez la que más causa controversia, y nadie va a poder ponerse de acuerdo, es si es Thalía o es Paulina Rubio.

Pero la realidad, hermano, y hablando en serio, es que lo mismo pasa con nosotros cuando servimos en un ministerio. Y de hecho, la pregunta es: ¿estás en un ministerio, o es tu ministerio? Ahí está el problema, hermanos. Hemos desviado nuestra mirada; nos hemos desviado en pensar que es nuestro. Fomentamos y fermentamos este celo insano, que cuando ves venir a una persona que quiere servir, lo ves como una competencia en lugar de verlo como una ayuda. Es un soldado que viene a pelear contigo, y no contra ti, hermano. Y la verdad es que nos haría muy bien, nos haría muy bien, dejar de usar nuestro tiempo para proteger nuestro ministerio y así prolongar nuestra vida allí, y en lugar de eso, mi hermano, usar bien ese tiempo, ya sea mucho o sea poco, para poder hacer con pasión lo que Dios nos ha llamado a hacer.

Esa fue la desviación que tuvieron: "Todos van a Él. El trabajo que nosotros hacemos, Él lo capitaliza, y eso no es justo". Ese era el reclamo que hacían los discípulos: "¿Quién se cree que es?". Y, hermano, precisamente Juan se va a encargar de decirles no quién se creía que era, sino quién era Jesús. De eso se iba a encargar Juan el Bautista.

Nada si no le es dado del cielo

Dice en el versículo 27: "Juan les respondió: 'Ningún hombre puede recibir nada si no le es dado del cielo. Ustedes mismos me son testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de Él. El que tiene la novia es el novio; pero el amigo del novio, que está allí y le oye, se alegra en gran manera con la voz del novio. Y por eso, este gozo mío se ha completado'".

En ocasiones, hermano, se escucha incluso ya un poco robotizado de nuestra parte cuando agradecemos lo que Dios nos ha dado, lo que tenemos. Y poco a poco vamos recorriendo un camino debidamente pavimentado por Satanás, sin baches, sin inundaciones, un buen camino, que tiene como vehículo nuestro corazón engañoso. Y terminamos en el estado del individualismo, del "yo me lo gané, es mío, y nadie me ha regalado absolutamente nada". Y cuando Juan dice que todo lo que tenemos nos es dado del cielo, no nos está invitando, hermanos, a que nos dejemos de esforzar. La Escritura dice que si alguien no trabaja, que tampoco coma. Hermano, haz lo que te toca, pero no olvides que es el Señor el que te dio un nuevo día; es el Señor el que te dio habilidades y actitudes para poder desempeñar tu trabajo; te dio el deseo de hacerlo bien, y también te dio un salario, pues el obrero es digno de su salario.

En el evangelio de Lucas, de hecho, se nos confirma lo que Juan está diciendo. Dice ahí, en Lucas 3, versículos 2 y 3: "Vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y Juan fue por toda la región alrededor del Jordán, predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados". Allí está muy claro, hermanos, que nada le pertenece a Juan, porque vino la palabra del Señor a él y le encomendó un ministerio para que lo pudiera desempeñar. Es claro para Juan que nada, absolutamente nada, de lo que tiene le pertenece, sino que es un regalo de gracia. Y también, mi hermano, debería de ser para nosotros algo visible y claro. Pero cuando estas cosas no están claras, tenemos las Escrituras para que nos puedan hacer este recordatorio, como lo están haciendo ahora mismo. Y lo interesante es que Juan nos deja ver su función al predicar el arrepentimiento y el bautismo, en un señalamiento que no va hacia él mismo, sino hacia Cristo, porque él dice: "Yo no soy el Cristo".

El amigo del novio

Y antes de que Juan apunte al punto, nos deja una bella ilustración acerca del novio, y la novia, y el amigo del novio. En las costumbres judías se tenía que, cuando había una boda, el amigo del novio hacía los preparativos para la boda. Los preparativos finales él los desarrollaba, simplemente para que el novio pudiera llegar y se pudiera casar con su novia. Eso era lo único que tenía que hacer. Él no tenía, por supuesto, permitido en lo absoluto de pronto confundirse y decir: "Bueno, pues yo preparé todo, pues yo me voy a casar". No, eso era completamente impensable. Él se gozaba; el amigo del novio se gozaba simplemente en ver cómo se concluía, o cómo se unía, ese matrimonio.

Y quiero citarte la parte de un artículo de Lifeway que dice, y abro la cita: "Jesús, el novio perfecto, es siempre fiel a Su amor por Su novia. Nunca la dejará ni la abandonará". No es fortuito que Juan el Bautista esté hablando acerca del matrimonio. Él tenía en sus ojos, en su mente, al novio como nuestro Señor Jesucristo y a la novia como la iglesia. Y eso es algo importante, hermanos. De nuevo, no es algo fortuito; es algo que estaba bien pensado.

Y lo que está diciendo simplemente Juan el Bautista es... no sé, imagínate la foto de una boda: los novios, que están allí al frente, son los protagonistas. Y al final, hasta atrás de la fotografía, está el mejor amigo sonriendo. Simplemente está feliz, pero está hasta atrás; nadie le presta atención. Solamente él mismo, yo creo, se reconocería. Eso es lo que trata de decir Juan el Bautista, al momento en el que quita la mirada de las personas en él mismo y la pone en nuestro Señor Jesucristo.

"Es necesario que Él crezca"

Y el versículo 30 de nuestro texto dice: "Es necesario que Él crezca y que yo disminuya". Podrían predicarse series y series de sermones, escribirse un sinfín de libros o artículos explicando la mitad de este versículo, descubriendo las profundidades de por qué era necesario que Él creciera. Pero surge una pregunta en medio de esto: ¿Jesús necesitaba crecer? Y si Jesús es Dios, ¿el texto está diciendo que Dios no es suficientemente grande, y por eso necesitaba crecer? Y la respuesta simple es: no. No, claro que no. Pero no podemos ser tan simples en algo como esto.

En primer lugar, sabemos, y debemos recordar, que en Dios no hay cambio ni sombra de variación. Eso lo dice en Santiago 1:17. De manera que en el texto no se está hablando de un crecimiento en el carácter o en los atributos de nuestro Señor Jesucristo, sino que está hablando de Su ministerio. Dice Salmos 105: "Desde la antigüedad Tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de Tus manos. Ellos perecerán, pero Tú permaneces; todos ellos como una vestidura se desgarrarán; como vestido los cambiarás, y serán cambiados. Pero Tú eres el mismo, y Tus años no tendrán fin". Él es inmutable. Él no crece; no va aumentando de poder, ni de sabiduría, ni de bondad, ni de amor, ni de justicia, porque Él es inextensible. Él es absoluto; es un Dios que no conoce ninguna medida.

Sin embargo, recordemos que Jesús "se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo", dice Filipenses 2, del 7 al 8. Y esto significa que Jesús añadió a Su naturaleza eternamente divina una nueva naturaleza, que es la naturaleza humana. Y es por eso que en el Nuevo Testamento se llama a sí mismo el Hijo del Hombre. Y Él es el Hijo del Hombre, Hijo de Dios: eternamente hombre, eternamente Dios. Y entonces, como todo hombre, Jesús está sujeto al crecimiento físico, igual que todos nosotros, y también al crecimiento espiritual... perdón, al crecimiento ministerial, igual que Juan el Bautista.

Lo poco que debo o puedo añadir, y que creo que es necesario y es importante para ti en este momento, hermano, es que tú necesitabas que el ministerio de Jesús fuera en ascenso, que creciera, que obtuviera más influencia, que se hiciera más visible, hasta llegar a su cumbre en el Gólgota, con Su muerte, y muerte de cruz. Pero eso, por supuesto, y tú lo conoces, no fue el fin. "Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doblara toda rodilla de los que están en el cielo, de los que están en la tierra y de los que están debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios el Padre". Lo necesitabas, mi hermano, para poder doblar tus rodillas y que tu boca lo adorara.

El que procede de arriba

Y de hecho, hermano, este es el enfoque del evangelio de Juan: Jesús es Dios encarnado, superior a la creación, y a quien la creación debe someterse. Versículo 31: "El que procede de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra procede de la tierra y de la tierra habla. El que procede del cielo está sobre todos. Lo que Él ha visto y oído, de eso da testimonio; y nadie recibe Su testimonio".

Y quiero que notes en el versículo 31 que hay una especie de sándwich que está haciendo Juan allí. Menciona primero que Él procede de arriba; después habla de los que somos de la tierra; y cierra la tapa mencionando que otra vez Jesús procede del cielo. Entonces vemos una repetición ahí que es muy importante, y por eso es lo que estamos diciendo: que Jesús es Dios encarnado, superior a la creación, y a quien la creación debe someterse.

Y, mi hermano, esta no es la única vez que vamos a ver esta similitud, o esta forma de hablar de Juan. También lo tenemos en Apocalipsis, capítulo 1, versículos 7 al 8. Dice así: "He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por Él. Sí, amén. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, dice el Señor, el que es, el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso". Claro que el contexto en el que se repite esta situación, que Él viene de arriba, del cielo, es completamente distinto; es diferente el contexto. Pues en el evangelio de Juan vemos el inicio del ministerio de Jesús, y en Apocalipsis vemos Su regreso. Y sin embargo, hermanos, el que viene de arriba, del cielo y de las nubes, es el mismo Rey de gloria.

Quiero que observes algunas de las distintas y variadas formas que Juan está utilizando dentro del evangelio de Juan para poder describir a Jesús: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios", Juan 1. "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como la del unigénito del Padre", Juan 1:14. "Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí, porque era primero que yo", Juan 1:30. "Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre, que está en el cielo", Juan 3:13. Y tenemos también Juan 3:31, del que estamos hablando.

El exorbitante Rey

Son incontables las formas en las que el ser más excelente, excepcional, excelso, exótico, extraordinario, exultante, exuberante, extravagante... Y aunque, hermano, lo estoy intentando, jamás voy a poder escucharme lo suficientemente exagerado al tratar de describir al exorbitante Rey, porque Él no tiene ningún límite. No alcanzan los testimonios o las descripciones disponibles para poder acercarnos ni siquiera ligeramente al conocimiento y apariencia de Su identidad y obra. Ese es nuestro Rey, que es por encima de todo. Lo que Él habló se escribió; lo que se escribió es inspiración del Espíritu de Dios.

"Nadie recibe su testimonio"

Por eso dice el texto: "Nadie recibe Su testimonio". Es decir, que nadie cree lo que Él vio y lo que escuchó. No es nuevo para nosotros esto, hermanos, porque sabemos que no hay quien busque a Dios, no hay ni siquiera uno. Eso lo menciona Romanos 3; estamos convencidos de eso. Nosotros hacemos lo que deseamos, y en el estado caído en el que se encuentra nuestra humanidad, lo único que desea es no buscar a Dios, y mucho menos escuchar Su testimonio, o el testimonio de Jesús: que Él es sobre todos, y que no vino a juzgar al mundo, sino a salvarlo.

Esta afrenta en contra de Dios tiene distintas presentaciones. Por ejemplo, el empaque religioso moralista de los Testigos de Jehová o de los mormones: ellos incluso se han atrevido a cambiar las Escrituras para no escuchar el testimonio de que Jesús es Dios. O podemos verlo en el empaque de la ciencia, donde cada vez es más común que distintos científicos refuten la teoría de la evolución con la teoría del diseño inteligente. Pero aun así, hermanos, no se someten al Diseñador del universo. Y de esta forma podríamos mencionar muchas otras formas de no recibir el testimonio del Mesías.

Una antinomia

Sin embargo, el texto parece tener una contradicción, pues dice en el versículo 33: "El que ha recibido Su testimonio ha certificado esto: que Dios es veraz". Pero acaba de decir que nadie recibe Su testimonio. ¿Qué es lo que deberíamos de creer? Pues la realidad, hermanos, es que son las dos cosas. A esto se le conoce como una antinomia, es decir, una antiley. Y en efecto, esto es lo que es: la ley de este mundo establece que, en nuestra condición de pecadores, no buscamos a Dios. Pero Dios irrumpe esa ley e interviene con Su misericordia, con Su gracia, con Su perdón. Por la fe en Cristo nos justifica, que quiere decir que nos declara justos. Absolutamente nadie, hermano, nadie puede venir a acusarnos de nada, porque Jesús ya nos lavó.

No sé si recuerdas que en Hebreos 12:1 dice que hay alrededor de nosotros una gran nube de testigos. Y eso es lo que nosotros somos, porque nosotros hemos recibido el testimonio de Dios, y somos testigos. Y nota el versículo 34: somos testigos de tres cosas. Uno, somos testigos de que Dios el Padre envía al Hijo. Somos testigos de que el Hijo habla las palabras de Su Padre. Y número tres, somos testigos de que el Hijo de Dios da sin medida al Espíritu Santo. También somos testigos, hermano, de esta manera tan sublime en que actúan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Estas son palabras de Juan el Bautista, que era igual de trinitario que nosotros.

La ira de Dios permanece

Y por último, y por si no nos ha quedado claro, el versículo 35 dice: "El Padre ama al Hijo, y ha entregado todas las cosas en Su mano". Cristo es por encima de todo. Sigue el texto: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él". Con esto, Juan el Bautista les estaba diciendo a sus discípulos: "Tiemblen, tiemblen, porque han mostrado que aman más la fama y la influencia de un ministerio que la verdad. Y si se niegan a ver la verdad, hay una consecuencia grave". ¿Cierto? ¿Por qué? Porque Cristo los negará delante de Su Padre, y esa negación es un sinónimo de ira.

Nadie, hermano, nadie debería ser superficial o simple cuando mencione la ira de Dios. Salmo 7:11 dice: "Dios es juez justo, y Dios está airado con el impío todos los días". Jonathan Edwards lo describió de la siguiente forma, y abro la cita: "El arco de la ira de Dios está tensado; la flecha está lista contra la cuerda; la justicia inclina la flecha hacia tu corazón y tensa el arco. Tan solo el mero beneplácito de Dios, de un Dios airado, sin ningún compromiso ni obligación para cumplir, retiene la flecha un momento antes de embriagarse con tu sangre. Así están todos ustedes que nunca han pasado por el gran cambio de corazón por el grandioso poder del Espíritu de Dios sobre sus almas; todos los que nunca han nacido de nuevo ni han sido hechos nuevas criaturas; los que no han sido resucitados de su muerte en el pecado, ni han resucitado de la muerte al pecado a un nuevo estado de luz y de una nueva vida nunca antes experimentada. Por más que hayas reformado tu vida en muchos aspectos, por más que puedas haber tenido alguna devoción religiosa, que puedas haber mantenido una forma de religión en tu familia y en tu aposento, en la casa de Dios, y puedas haber sido estricto en esto, por tanto estás en manos de un Dios airado. Solo porque a Él le place te guarda, para que no seas absorbido en este instante en eterna destrucción". Fin de la cita.

Ahora, hermano, todo esto debe ser multiplicado por toda la eternidad. Esta horrible miseria no se detiene; se renueva, se prolonga todos los días, a toda hora. Aquellos que no recibieron el testimonio de Cristo recibirán esta ira que no caduca. Y a todos los presentes: este mensaje no expira. Y así como en los tiempos de Juan el Bautista, la ira de Dios no se apaga. Por tanto, que todo el que esté fuera de Cristo huya de la ira verdadera, de la ira venidera. Escapa, escóndete en Cristo, que sigue estando por encima de todo, y que continúa salvando a pesar de la maldad de los hombres. Él extiende Su mano, porque es un Dios de ira y un Dios de salvación.

El lirio de los lirios

Y quiero finalizar simplemente con un pequeño verso de Luis Román, y dice: "Y siempre hay paralelos; por más alto que sea un hombre, un buen poeta puede hacerlo. Pero este es otro caso, y hoy no sé cómo decirlo: hablo de Jesús, el Cristo, el lirio de los lirios". Que Su palabra corra y sea glorificada.

Oración

Vamos a orar, hermanos. Señor, Tú eres grande. Señor, sabemos que Tú estás por encima de nosotros. Señor, perdónanos. Señor, te rogamos que ayudes a aquellas personas que no han depositado su fe en Ti, que vengan en arrepentimiento y fe, Señor. Y a los que ya estamos en Tu camino, Padre, que no se nos olvide que Tú eres grande, que nosotros no somos el punto, que no tenemos que enfocarnos en nosotros, en lo que nos pasa, sino en darte gloria a Ti a través de las circunstancias de nuestra vida. Padre, gracias, Señor, por Tu Palabra, que sabemos no volverá vacía. En el nombre de Jesús oramos, amén.

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