Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Juan 14:15-31JuanNathan Díaz

Sí, Cristo me ama

Transcripción

Sí, Cristo me ama

Cantábamos en la escuela dominical: «Sí, Cristo me ama; sí, Cristo me ama; la Biblia dice así». Esa era la canción que cantábamos pensando en el amor de Dios. Y hoy vamos a meditar sobre el amor de Dios, sobre la manera en que Cristo nos ama. Y este pasaje ya lo estudiamos el miércoles, pero vamos a repasarlo nuevamente. En nuestro estudio de los miércoles estamos estudiando el evangelio de Juan, y meditamos sobre toda esta sección del aposento alto; pero aquí, justo a la mitad del capítulo 14, en el versículo 15, dice:

Lectura de Juan 14:15-31

"Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos. Entonces Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce; pero ustedes sí lo conocen, porque mora con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos; vendré a ustedes. Un poco más de tiempo y el mundo no me verá más, pero ustedes me verán; porque Yo vivo, ustedes también vivirán. En ese día conocerán que Yo estoy en mi Padre, y ustedes en Mí, y Yo en ustedes. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y Yo lo amaré y me manifestaré a él".

"Judas (no el Iscariote) le dijo: 'Señor, ¿y qué ha pasado que te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?'. Jesús le respondió: 'Si alguien me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada. El que no me ama no guarda mis palabras; y la palabra que ustedes oyen no es mía, sino del Padre que me envió. Estas cosas les he dicho estando con ustedes. Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho'".

"'La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo. Oyeron que les dije: Me voy, y vendré a ustedes. Si me amaran, se regocijarían porque voy al Padre, ya que el Padre es mayor que Yo. Y se lo he dicho ahora, antes que suceda, para que cuando suceda crean. No hablaré mucho más con ustedes, porque viene el príncipe de este mundo, y él no tiene nada en Mí; pero para que el mundo sepa que Yo amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levántense, vámonos de aquí'".

Gracias, Señor, por tu Palabra y por el mensaje tan profundo que entendemos en este pasaje sobre tu amor, tu amor infinito, tu amor glorioso expresado a través de la obra de Cristo. Y queremos entender ese amor y reflejar ese amor fielmente. En nombre de Cristo Jesús oramos. Amén.

Un amor para una categoría específica

Vamos a hablar del amor de Cristo por nosotros, pero una de las cosas que encontramos en este texto es que el amor de Cristo es un amor especial para una categoría de personas muy específica. Es cómo Jesús ama a ciertas personas solamente: un amor exclusivo. Y ese es el tipo de amor que está siendo expresado aquí en este pasaje. Hay una diferenciación entre los del mundo, entre aquellos que no conocen al Espíritu y no van a tener al Espíritu, y no lo pueden recibir porque no lo ven ni lo conocen; pero dice: «Pero ustedes sí lo van a conocer». Y tiene un mensaje muy especial para una categoría muy particular, y queremos entender si nosotros formamos parte de esa categoría.

O sea, antes de pensar en el amor de Cristo por nosotros, pensemos si el amor del que estamos leyendo aquí aplica a nosotros. ¿Quiénes son a los que Jesús ama de esta manera? Y el texto es muy claro sobre quién es esta categoría. La categoría es: los discípulos que aman a Jesús. Esa es la categoría. Vean en el versículo 15; aquí empieza: "Si ustedes me aman". Ahí está la condición: "Si ustedes me aman". Luego, en el versículo 21: "El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama". Luego, en el versículo 22: "Si alguien me ama, guardará mi palabra". Versículo 24: "El que no me ama no guarda mis palabras". Y luego, en el versículo 28: "Si me amaran, se regocijarían".

Entonces pueden ver ahí claramente que Jesús está hablando de esta categoría. Hay una categoría de gente que ama a Jesús; ama a Jesús, y su amor por Jesús los motiva a guardar los mandamientos de Jesús. Entonces, los discípulos que aman a Jesús son motivados a obedecer. Y tenemos que pensar en esto seriamente. O sea, podemos pensar en todo lo que Jesús dijo y todo lo que dice la Biblia acerca del estándar moral que Dios ha establecido para nosotros, sí. Y es muy fácil irnos directo a eso, ver la Biblia como: «Ah, bueno, es un montón de reglas que Dios nos ha puesto, y entonces vamos a tratar de obedecerlas». Pero se dan cuenta de que el pasaje es muy claro en que así no es como funciona.

La obediencia fluye del amor

Lo que está diciendo Jesús no es: «Vayan y busquen todas las reglas que Yo les he puesto y traten de obedecerlas». Lo que dice Jesús es: «Si ustedes me aman, van a querer obedecerme». Es decir, todo fluye de algo interno dentro de nosotros: el amor por Dios. De ahí surge la obediencia; no nada más de decir: «Yo quiero ser una buena persona, yo quiero que Dios esté contento conmigo, así que voy a tratar de hacer todo lo correcto». No; surge de una relación en la cual amamos a Dios. Y cada uno de nosotros tiene que ser confrontado con esto, pensando en cómo vemos nuestra obediencia a las leyes de Dios, a sus mandamientos.

Normalmente, normalmente estamos pensando en términos de: «¿Sí cumplo todas las cosas?». Y en nuestra mente empezamos la lista con todas las cosas que son fáciles de cumplir. Y muchas veces esas cosas que son fáciles de cumplir comienzan con ciertas cosas que no hacemos. Entonces nos empezamos a sentir bien sobre nosotros mismos: «Sí, claro, Señor, yo obedezco tus leyes morales, porque no digo groserías». Para algunos a lo mejor sí es difícil no decir groserías, especialmente cuando manejan en esta ciudad; pero a lo mejor otros de nosotros estamos acostumbrados a no decirlas, y no representa ningún reto; no es nada difícil para nosotros no decir esas cosas.

A lo mejor alguien dice: «Yo no fumo, yo no tomo, yo no bailo». La razón por la que yo no bailo es porque no quiero que me vean bailar. No, no, no es porque... Pero eso es fácil. No me cuesta trabajo decir: «No, no, yo no bailo», si estoy en una fiesta. Pero normalmente estamos pensando sobre la vida cristiana en esos términos, de estas cosas que no hacemos y que no son difíciles para nosotros. Pero los mandamientos de Dios no son un bufé. No es como que Dios nos pone ahí todas las opciones: «Mira, aquí están todos mis mandamientos. Escoge cuáles quieres obedecer y siéntete bien sobre los que sí obedeces».

Eso no es lo que está diciendo Jesús, porque Jesús se está poniendo a sí mismo como ejemplo de amor. O sea, Él dice: «Yo amo al Padre. Y vean cómo Yo amo al Padre: en mi sometimiento a su voluntad, lo cual significa que voy a obedecer aun en las cosas más difíciles, como dar mi vida, como entregarme a mí mismo, sufrir la cruz», que es lo que viene. Hacia allá va esta conversación que está teniendo con sus discípulos: es justo antes del momento en el que va a entregar su vida en la cruz, y tiene en mente: «Mi obediencia al Padre significa una obediencia sacrificial».

Entonces, antes de que pensemos: «Ah, sí, claro, yo amo a Jesús, guardo sus mandamientos», pensemos en aquellos mandamientos que realmente involucran verdadero sacrificio, que involucran ir en contra de lo que es natural para nosotros. Por ejemplo, si ustedes se regresan al capítulo 13, ¿recuerdan lo que les dijo Jesús a sus discípulos?

Les dijo en el capítulo 13, versículo 34: "Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros; como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. En esto conocerán todos que son mis discípulos, si tienen amor los unos a los otros". Entonces, en el mismo contexto, el mandamiento más significativo que les está dando Jesús a sus discípulos, ¿cuál es? «Si me aman, guardarán mis mandamientos». ¿Cuáles son mis mandamientos? «Ámense los unos a los otros». Eso no es tan fácil. Ustedes saben que no es fácil, porque aquí estamos, y entre más somos, más difícil.

Pero esa es la expresión de lo que significa experimentar el amor de Dios en nuestras vidas. Jesús me ha amado; por lo tanto, yo lo amo a Él; por lo tanto, expreso mi amor hacia los demás. Esa es la lógica que tiene todo este pasaje, y toda la Biblia, en cuanto a los dos mandamientos más importantes. ¿Recuerdan cuáles son? "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, mente, fuerza, y amarás a tu prójimo como a ti mismo". Entonces, no es tanto lo que no hacemos. Hay algo de eso ahí, pero no es tanto lo que no hacemos; más bien se trata de lo que hacemos.

En el legalismo, en una cultura legalista de una iglesia, es muy fácil poner reglas y decir: «No hagan esto, y no hagan esto, y no hagan esto, y no hagan esto». Y eso, hasta cierto punto, es fácil de cumplir. Lo que es difícil es hacer cosas que nuestra propia naturaleza está inclinada a ignorar. Y vivimos en un mundo individualista, un mundo en el cual el enfoque siempre está en nosotros, y en lo que la gente nos hace a nosotros, y en cómo me siento yo; y siempre estamos viendo hacia adentro. Entonces es muy difícil, muy difícil; va en contra de nuestra naturaleza empezar a pensar hacia afuera y decir: «¿Qué puedo hacer yo por alguien más? ¿Qué puedo hacer yo por otros? ¿Cómo me puedo sacrificar yo por el bien de mi hermano?». Pero vivimos en una cultura de victimización. No siempre somos la víctima. Jesús nos está invitando a pensar diferente con respecto a obedecer sus mandamientos.

La obediencia sin amor es justicia propia

Hermanos, esto es muy importante. Esta conexión entre amar a Jesús y obedecer sus mandamientos es muy importante, porque la obediencia sin amor es justicia propia. La obediencia sin amor es justicia propia. Tú puedes tratar de obedecer a Dios todo lo que quieras, sus mandamientos, su ley moral; pero si no hay amor, estás tratando de construir algo que te hace sentir mejor acerca de ti mismo y que tú piensas que gana el favor de Dios. Y eso es exactamente lo que el evangelio está diseñado para destruir: esa idea de que yo puedo obedecer a Dios por la fuerza de mi voluntad. Dice Jesús: «No, tiene que fluir de amor. Tiene que fluir de un amor por Mí».

Entonces, aquí hay una clave importante, hermanos. La clave es que somos motivados a obedecer en todas las áreas de nuestra vida. Y cuando tenemos una lucha interna y decimos: «Me cuesta trabajo obedecer, me cuesta trabajo hacer lo que Dios me pide que haga»... ¿Se sienten así a veces? No a veces: muy seguido nos cuesta trabajo, y decimos: «Señor, no puedo, no puedo. ¿Cómo te puedo obedecer? ¿Cuál es la clave? ¿Tratar más duro de obedecerte?». ¿Eso es? ¿No saben cuál es la clave para poder obedecer? Ama a Cristo más. Esa es la clave. Si no estás pudiendo obedecer, es porque tienes que desarrollar tu amor por Cristo. Enamórate más de Él.

Y por eso —y esto lo conecto con todo lo que se ha estado hablando de la Biblia, de si podemos confiar en la Biblia—, ¿saben por qué está escrito este libro, y saben por qué lo leemos? Para enamorarnos más de Jesús. Eso es; de eso se trata. Cada vez que abres tu Biblia, ¿qué estás buscando? ¿Consejos prácticos para el día? No: «Señor, quiero amarte más. Por eso leo, por eso medito en este libro. Quiero que de conocerte más fluya más amor hacia Ti». Y automáticamente, automáticamente, mi obediencia va a empezar a ser evidente cuando eso suceda.

Si me amaran, se regocijarían

Y este pasaje muestra algo muy, muy importante. Eso está en el versículo 28. Vean lo que dice: "Oyeron que les dije: 'Me voy, y vendré a ustedes'". Luego les dice: "Si me amaran, se regocijarían porque voy al Padre, ya que el Padre es mayor que Yo". Hay algo muy interesante que les está diciendo Jesús, porque los discípulos están sumamente tristes de que Él se va. Les dijo: «Me voy», y eso los pone tristes. Y entendemos por qué los pone tristes: «Pues hemos estado contigo, Jesús, por tres años, y ahora nos dices que te vas».

Pero hay algo acerca del amor por Cristo que señala aquí Jesús de una manera muy clara, que es: si ustedes me aman, las circunstancias presentes que enfrenten no van a ser lo más importante para ustedes, sino la perspectiva más amplia de qué es lo que glorifica a Dios. Eso es lo que va a ser más importante para ustedes, y por lo tanto van a poder enfrentar las circunstancias presentes, porque van a pensar: «Lo más importante es que Dios sea glorificado, así que me gozo en eso. No me gusta lo que está pasando ahorita», como para los discípulos era: «No me gusta que te vayas».

Pero si ustedes entienden, dice Jesús, el panorama más amplio de lo que está pasando aquí, y lo que Yo estoy haciendo, y lo que se está logrando en la historia de la redención —y si entienden todo lo que vamos a meditar en un momento acerca del Espíritu Santo—, si entienden todo eso, entonces tendrían gozo. Tendrían gozo en sus vidas, porque se trata de la gloria de Dios. Cuando tú amas a Jesús, tú crees que Él está en control y que lo que sea que Él escoja para ti es lo mejor. Y honramos a Jesús en nuestro amor por Él al depender de Él y decir: «Señor, estoy en tus manos, y yo quiero vivir para tu gloria».

Así que aquí está un poco esta estructura que creo que está en el pasaje: los que aman a Jesús son motivados a obedecer en todas las áreas de la vida para la gloria de Dios, y lo reflejan con gozo, aun en las circunstancias difíciles. Eso le pueden agregar ahí.

Amamos porque Él nos amó primero

Ahora quiero que vean conmigo... Ahora sí entienden a quiénes está hablando Jesús aquí. Es esta categoría, esta categoría de gente. No, no son todos; no todos somos hijos de Dios. No todos somos amados por Dios en este sentido especial de Padre. Entonces vamos a meditar. Primeramente hemos sido confrontados a pensar si a lo mejor yo no soy de esta categoría. Pero si eres de esta categoría —y espero que anheles serlo—, entonces ahora lo más profundo que podemos entender de este pasaje es de dónde viene este amor por Él. ¿Por qué amas a Jesús de esta manera? Bueno, ¿amas a Jesús de esta manera? Porque has meditado y has entendido la manera en que Él te ama a ti primero. Y eso es lo que leemos en 1 Juan, ¿no?: "Nosotros amamos a Dios porque Él nos amó primero".

Así que ya está establecida esta categoría. Así son los que aman a Jesús, los que son amados por Él, que es lo que dice el versículo 21. Ahí está: "El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y Yo lo amaré y me manifestaré a él". Así que ahora vamos a meditar en el amor de Jesús por sus discípulos. El versículo 21 es el resumen de esta idea; resume todo lo que creo que está en este pasaje, que tiene que ver con cómo se ve el amor de Dios por nosotros, cómo se ve el amor de Cristo por nosotros.

«Sí, Cristo me ama; sí, Cristo me ama; la Biblia dice así». Lo cantábamos de niños, y pensamos: «Es un canto de niños; qué simple es».

Y hasta ahora que les estaba comentando a algunos de los músicos, ni siquiera lo conocen. Pero, hermanos, si entendiéramos las implicaciones, si entendiéramos las implicaciones de lo que significa ser amados por Dios, todo en nuestra vida cambiaría, si realmente lo entendiéramos; si esas palabras tan simples, «Sí, Cristo me ama», fueran palabras en las que meditáramos y profundizáramos. Pensar en que el Creador del universo nos ama, el que hizo todas las cosas: su gloria, su majestad, su santidad, todo lo que es Dios expresado en la Palabra de Dios. Entendemos, entendemos lo que significa el condescender a nuestro nivel para poder expresar su amor por nosotros. Si empezamos a pensar en esto... y esto es, hermanos, lo que transforma nuestras vidas.

Entonces, lo cantábamos de niños y sonaba muy simple, pero es la verdad más profunda que puedes experimentar en tu vida. Si tú has creído en Jesús, si tú amas a Jesús, Él te ama, no como su criatura, sino como su hijo.

No los dejaré huérfanos

Por eso dice el versículo 18: "No los dejaré huérfanos". Ellos sentían... Tenemos que pensar y ponernos en la posición de los discípulos. Ellos sentían que se estaban quedando huérfanos. Aquel a quien habían seguido por tres años, a quien veían como un padre, les está diciendo: «Me voy, me voy, y ya no me van a ver más». «Me van a ver» —en un momento vamos a ver eso—, «me van a ver, pero luego ya no me van a ver». Imagínense la tristeza en su corazón. Esta es la experiencia, exactamente; esta es la experiencia de un huérfano, ¿no es cierto?, que es abandonado, abandonado por sus padres.

Y cuando estaba meditando en este pasaje, estaba pensando: esta es la manera en que Dios quiere que procesemos nuestra relación con Él, pensando en esta idea de lo que vemos en nuestra sociedad. ¿Cómo es no tener a alguien que te proteja y te cuide y que te muestre su amor? ¿Cuál es esa experiencia en nuestra sociedad? Y por eso es que todo este ministerio, y lo que estamos hablando hoy acerca de la adopción y el acogimiento, es tan importante y tan significativo: porque Dios quiere que pensemos en la manera en la cual Él suple una necesidad que tenemos todos, de ser amados y de ser protegidos y de tener una provisión para nosotros por alguien que quiere mostrarnos ese amor.

Y quiere que pensemos en eso y que lo expresemos en la manera en la cual buscamos involucrarnos en nuestra sociedad hacia aquellos que no han experimentado eso, pensando: «Dios, Tú has sido como un padre para mí. Tú no me dejaste huérfano. Ahora ayúdame a mí a expresar esto a alguien más, de una manera física y tangible». Los discípulos sentían que Él los estaba abandonando, y Jesús les dice: «Les aseguro que no los abandono. Les aseguro que no los estoy dejando huérfanos. Y les voy a mostrar el amor del Padre y mi amor de tres maneras». Y eso es lo que está en este pasaje.

Porque Yo vivo, ustedes también vivirán

Número uno: la primera manera en que Jesús les muestra que los ama está en el versículo 19: "Un poco más de tiempo y el mundo no me verá más; pero ustedes me verán; porque Yo vivo, ustedes también vivirán". ¿No les encanta ese versículo? Esta frase: "Porque Yo vivo, ustedes también vivirán". Jesús iba a morir, ya no lo iban a ver, iba a ser enterrado; pero después iba a resucitar, y sí lo volverían a ver. Y esa parte la experimentaron los apóstoles. Nosotros nunca hemos visto a Jesús resucitado.

Pero esta otra parte de la promesa —"porque Yo vivo, ustedes también vivirán"—, eso sí lo experimentamos nosotros, porque creemos que resucitó, y creemos que a través de su resurrección Él nos está mostrando su amor, porque nos da su vida. La manera en que Él derrotó a la muerte se convierte en la manera en que nosotros derrotamos a la muerte, y su vida es nuestra. Ese es su amor. Dice: «En mi resurrección ustedes van a experimentar mi amor. Mi vida para ustedes representa vida eterna». El que les dio vida física también les está dando vida espiritual. Y no nada más eso, sino que aun la vida física les será dada eternamente cuando ustedes sean resucitados.

Otro Consolador

Número dos: ¿cuál es la segunda manera en la que Jesús mostró su amor por sus discípulos? Bueno, eso está a lo largo de todo este pasaje. Versículo 16, dice: "Entonces Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce; pero ustedes sí lo conocen, porque mora con ustedes y estará en ustedes". ¿Cuál es la promesa aquí del Espíritu Santo? Ya hemos hablado de esto antes: no es que el Espíritu Santo esté ausente antes de esto, sino que aquí el Espíritu Santo está siendo prometido de una nueva manera.

Así como «un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros» —no era en realidad un nuevo mandamiento, porque ese mandamiento está desde el Pentateuco—, así ahora el Espíritu Santo tiene una nueva manera de guiarlos, que es continuar con lo que Jesús empezó. Eso es lo que es nuevo aquí, lo que les está prometiendo: «Yo me voy, pero el Espíritu Santo sigue estando con ustedes, haciendo exactamente lo que Yo he venido haciendo con ustedes tres años. Él lo seguirá haciendo: guiándolos y mostrándoles la verdad, y ahora apuntándolos hacia Mí». Entonces, algo nuevo está sucediendo en cuanto a la presencia del Espíritu Santo con sus apóstoles.

Y noten que aquí está esta conexión tan importante: les dice: "Yo les daré otro Consolador". Lo cual significa que Jesús es ¿qué? Jesús es Consolador. Entonces no es: «Ahora les daré un consolador». No: «Él hará lo mismo que Yo hacía». Es la misma cosa, es el mismo ministerio, la misma función que Jesús tenía con sus discípulos, ahora el Espíritu la tiene con los discípulos y con todos los que están en Él. Es esta palabra, paracleto: el que va a un lado, el que camina a un lado de nosotros, el ayudador, el consolador, el abogado. Todas estas ideas están conectadas a esta palabra. Y entonces va a lo largo, va caminando al lado de nosotros, guiándonos y ayudándonos, y nunca estamos solos. Ese es el punto: nunca estamos solos.

No está Jesús, pero es como si estuviera Jesús. No importa que no esté Jesús, porque Él está aquí conmigo a través de su Espíritu. Nunca se fue, en un sentido. ¿Alguna vez han querido hablar con Jesús en persona? Decir: «Me encantaría poderme sentar junto a Jesús y hacerle preguntas, y decirle: "Oye, Jesús, ¿y cuál es tu postura escatológica?"». Hermanos, anhelamos a lo mejor tener esta experiencia que tenían los discípulos, de tenerlo ahí, de carne y sangre. Pero dice Jesús: «No, no se preocupen; es lo mismo, lo mismo». Ustedes no tienen menos que los apóstoles. Ustedes, que solo tienen al Espíritu Santo, tienen exactamente lo mismo que tuvieron los apóstoles.

El Espíritu nos recuerda que somos amados

A veces —y esa es una tendencia de muchas iglesias reformadas— como que queremos no hablar mucho del Espíritu Santo, y como que minimizar el rol del Espíritu Santo. Pero el Espíritu Santo es central y clave en nuestra vida como cristianos, porque la manera en que tú sabes que tienes a Jesús es si tienes al Espíritu. Es la única manera. No puedes tener a Jesús sin el Espíritu. Y no está ahí el Espíritu para darnos nueva revelación. No está ahí para que empecemos a hacer sonidos de animales o para que nos carcajeemos incontroladamente.

¿Para qué está ahí el Espíritu? Está ahí para recordarnos las palabras de Jesús, para guiarnos a Él, para consolarnos a través de las palabras que Él dijo y para fortalecernos cuando pensamos en su obra por nosotros. El Espíritu Santo está con nosotros para recordarnos que somos amados por el Hijo y por el Padre. Para eso está ahí. No se les olvide: son amados, no son huérfanos. Y el versículo dice: es el Espíritu de verdad. Aquí está. Eso es lo que nos recuerda el Espíritu: esta verdad, una verdad que ya ha sido establecida, que ya ha sido revelada a nosotros.

La pregunta de Judas

Ahora, hay una pregunta interesante que surge en el versículo 22. Judas —no el que traicionó a Jesús; Juan quiere dejar eso claro— le hace una pregunta muy peculiar a Jesús: "¿Y qué ha pasado que te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?". ¿Cómo que te vas a mostrar a nosotros, pero al mundo no? Porque, claro, ellos tienen la mentalidad de que el reino de Cristo es un reino terrenal, y de que el reino mesiánico se trata de darle libertad política al pueblo de Israel. Y entonces no están entendiendo: ¿cómo es que vas a revelarte a Ti mismo como el Mesías si el mundo no te ve como el Mesías? Básicamente esa es la pregunta de Judas.

Y es interesante cómo Jesús contesta la pregunta, porque en el versículo 23 le contesta: "Si alguien me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada". Yo estoy seguro de que en ese momento Judas dijo: «Jesús, ¿escuchaste lo que te pregunté? No pareces haber escuchado mi pregunta». Pero se dan cuenta de lo que le está diciendo Jesús en ese momento. Le está diciendo: «Sí, me voy a manifestar a ustedes, y me voy a manifestar a ustedes no solamente en el sentido del que Yo estaba hablando cuando empieza este capítulo», versículo 2. Vean, vean el 1 y el 2; ustedes conocen este pasaje: "No se turbe su corazón; crean en Dios, crean también en Mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, se lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para ustedes".

Ya estamos con Él

Entonces, ¿cómo está contestando Jesús a la pregunta de Judas? Le está diciendo: «No tienen que esperar para que Yo me manifieste a ustedes». No es algo futuro: «Un día, cuando nos muramos, entonces estaremos con Cristo». Y más vale que cuando hablemos en los funerales corrijamos un poco nuestro lenguaje, ¿no?: «Ahora ya está con Cristo». «Ahora ya está con Cristo porque se murió». No, dice Jesús: "Si alguien me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada". Ya ahorita disfrutamos del amor de Dios y de morar con Él. No es nada más «un día estaremos con Él». Ya estamos con Él. Ya se ha manifestado a nosotros; ya lo estamos experimentando.

Y el Espíritu Santo, versículo 26: "El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho". Jesús le está explicando a Judas cómo es que se va a manifestar a ellos, para que entienda ahora sí cómo es que el mundo va a conocer a Cristo. Versículo 31: "Pero para que el mundo sepa que Yo amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago". Entonces, el mundo, el mundo... va a haber una manifestación de Jesús, sí. ¿Cuál? A través de los que conocen a Jesús, porque hacen morada con Él, con el Padre. Así verán a Cristo. Así escucharán acerca del amor que el Hijo tuvo por el Padre al entregarse en la cruz.

Y el mundo en realidad sí tendrá una manifestación de Cristo, a través del mensaje que proclama su iglesia; la iglesia que está fundamentada sobre lo que estos apóstoles fueron guiados a escribir por el Espíritu Santo: "Él les enseñará todas las cosas, les recordará todo lo que les he dicho". Es lo que Dios va a usar para manifestarse al mundo. ¿Entienden esta secuencia? Es un poquito rara, y está un poco extraña la primera vez que lo lees, pero así es como la pregunta de Judas es contestada por Cristo.

El anillo de compromiso

Y el amor de Jesús, entonces, es experimentado y mostrado no solo a través de su resurrección, sino a través de su Espíritu. Su Espíritu es nuestro. Y he usado esta analogía antes: el Espíritu Santo es como un anillo de compromiso. Ese anillo de compromiso representa que la boda sucederá: «Y yo no estoy contigo todo el tiempo todavía, porque todavía no nos hemos casado, pero aquí está un anillo para que te acuerdes de la promesa que yo te hago de que sí estaremos juntos para siempre». Y el Espíritu Santo está ahí, como dice Efesios 1:13: "En Él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria".

Mi paz les doy

Por último, por último, en este pasaje encontramos que Jesús nos muestra su amor a través de su paz. ¿Qué es lo que dice el versículo 27? Ustedes lo conocen: "La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo. Oyeron que les dije: 'Me voy, y vendré a ustedes'. Si me amaran, se regocijarían porque voy al Padre, ya que el Padre es mayor que Yo. Y se lo he dicho ahora, antes que suceda, para que cuando suceda crean. No hablaré mucho más con ustedes, porque viene el príncipe de este mundo, y él no tiene nada en Mí; para que el mundo sepa que Yo amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levántense, vámonos de aquí".

La tercera manera en la cual Jesús nos muestra su amor es que nos da su paz. Nos ha dado su resurrección, nos ha dado su Espíritu y nos da su paz. Y así es como se saludaban los judíos; este es el saludo de los judíos, ¿no?: shalom. Pero ¿es eso a lo que se refiere Jesús, como un saludo? «Les doy mi saludo: paz con ustedes». No, es paz con Dios. Esa es la paz que les está dando a sus discípulos: paz con Dios. Tú tienes un problema con Dios. Tú eres enemigo de Dios, porque has quebrantado su ley, y eso te pone en enemistad con un Dios santo, y necesitas reconciliación.

Y eso es lo que Jesús aquí está ofreciendo a sus discípulos. Como a sus hijos les está diciendo: «Miren lo que les estoy dando. Lo que viene en unas horas, en unas cuantas horas, es un sacrificio que cumple la ley y la justicia de Dios de una manera perfecta, para que ustedes, cuando pongan sus ojos en Mí y en ese sacrificio, puedan encontrar verdadera esperanza, y digan: "Jesús pagó por mí. Jesús es la razón por la cual Dios me ha perdonado, porque creo que Él es todo y es suficiente por mi transgresión"». Esa es la transacción legal que sucede a través del sacrificio de Cristo, y es la paz que tenemos de saber: «Estoy bien con Dios», como cantamos en el himno.

Y sabemos que si yo muero hoy y me presento delante de Dios, y Él dice: «¿Qué hiciste con tu vida en relación a mi Hijo?», podemos decir: «Puse mi confianza enteramente en Él, y sé —porque Tú lo prometiste, y esa es tu promesa—, sé que soy inocente delante de Ti». Tengo esa confianza en mi vida y en mi muerte: mi confianza está en Cristo.

El príncipe de este mundo, derrotado

Y vean, dice Jesús: «No nada más he derrotado el pecado en lo que voy a estar haciendo, sino que también he derrotado a Satanás». Por eso dice el versículo 30: "No hablaré mucho más con ustedes, porque viene el príncipe de este mundo, y él no tiene nada en Mí". No es él el que me está llevando a la cruz. Esto queda claro a lo largo de Juan: Dios es soberano sobre este sacrificio que se está dando. Nadie está obligando a Jesús a ir a la cruz. Él, por la misma voluntad del Padre, como parte de su plan, está entregándose a sí mismo. Y dice: «No es Satanás el que me va a crucificar. Es más, en mi muerte Yo triunfaré sobre él». El príncipe de este mundo ya ha sido derrotado.

Pero esta paz, hermanos, vino a través de gran violencia; vino a través de algo sumamente sangriento. D. A. Carson dice: "La paz romana fue ganada y mantenida por una espada brutal. No pocos judíos pensaron que la paz mesiánica tendría que ser asegurada por una espada aún más poderosa. En cambio, fue asegurada por un hombre inocente que sufrió y murió a manos de los romanos, de los judíos y de todos nosotros. Y por su muerte efectuó para sus propios seguidores la paz con Dios, y por lo tanto la paz de Dios que trasciende todo entendimiento".

¿Conoces ese amor?

«Sí, Cristo me ama; sí, Cristo me ama; la Biblia dice así». No nos ha dejado huérfanos. Nos da su vida en su resurrección. Nos da su Espíritu para consolarnos, y nos da su paz a través de su muerte, al reconciliarnos con Dios. Eso es amor. Así que la pregunta más importante que te puedes hacer es: ¿conoces ese amor? ¿Lo has experimentado en tu vida? Y si la respuesta es sí, la segunda pregunta más importante es: ¿cómo muestras ese amor a otros?

Primeramente, en la familia de la fe tenemos la responsabilidad de amarnos unos a otros; pero después, a un mundo que no ha conocido el amor de Dios. Y los más vulnerables, los más vulnerables de nuestra sociedad, pueden conocer el amor de un Dios que dice: «No los dejaré huérfanos», experimentando primero nuestro amor; nuestro amor, cuando decimos nosotros: «No los dejaremos huérfanos».

Oración

Señor, ayúdanos a experimentar tu amor de una manera tan profunda que se derrame hacia afuera, hacia aquellos que no te conocen, y que la manera en que nosotros podamos amar a otros refleje tu amor, el amor que hemos experimentado ya. Que sea tangible en la manera en que nos sacrificamos, que sea tangible en la manera en que buscamos mostrar amor real, de protección y de provisión, en una sociedad, Señor, que no ha experimentado el amor de una familia y tampoco ha experimentado tu amor. Así que, Señor, ayúdanos a cumplir con una misión enorme que tenemos delante, que es ser fieles representantes tuyos en esta tierra, en la manera en que buscamos amar a otros. En nombre de Cristo Jesús. Amén.

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