Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 4:12-13HebreosAlfredo Carrillo

¿Por qué confiar en la Biblia?

Transcripción

La necesidad de la Escritura

No se vayan a dormir, hermanos, por favor. Hay muchos lugares aquí enfrente, por si quieren pasarse; siento feo, están todos hasta allá. Y vamos a continuar con nuestra serie «¿Por qué confiar en la Biblia?». ¿Por qué confiar en la Palabra de Dios? Y rápidamente quiero hacer un resumen —ya son las doce, prácticamente—. Hemos visto desde el inicio de esta serie cómo la Palabra de Dios tiene autoridad, porque Dios es la autoridad. Y después fuimos desarrollando algo que le llaman, digamos, las cuatro doctrinas principales sobre la Palabra de Dios.

Y empezamos a estudiar que la Palabra de Dios es suficiente, ¿verdad? Ya vimos que la Palabra de Dios también es clara, o perspicua. El domingo pasado yo no pude estar, pero estudiaron con nuestro hermano Adams acerca de que la Palabra de Dios es final, es nuestra autoridad final. Y este domingo vamos a ver la necesidad de la Escritura: la Palabra de Dios es necesaria, como la tenemos en nuestro libro de apoyo. Y vamos a estudiar por qué es de importancia la Biblia para el cristiano, porque es de suma importancia: necesitamos estudiar nuestras Biblias, necesitamos estudiar la Palabra de Dios.

Entonces, hermanos, también hace poco, en el mes de octubre, estuvimos —digamos, podemos decir— celebrando la Reforma, y se estudiaron las cinco solas, y una de ellas es la Sola Escritura, que quiere decir que es nuestra única autoridad para el cristiano. No hay otro libro. Estos libros que nos recomiendan domingo a domingo solamente son un apoyo para ayudarnos a comprender un poquito más acerca de ciertos temas y profundizar más en ellos. Pero al final la Escritura es nuestra autoridad final, y es lo que necesitamos para nuestra vida cristiana. No necesitamos otra cosa más que la Escritura: cómo conducirnos, cómo tener la relación dentro y fuera de la iglesia, cómo experimentar comunión o cómo deberíamos de hacerlo, cómo debemos de amarnos unos a otros. Para eso necesitamos la Palabra de Dios.

Una Palabra respirada por Dios

Y hemos visto que la Palabra de Dios es la manera en que Dios se reveló a nosotros, la manera en que Dios reveló su mensaje y su ley para nosotros, para la humanidad. La Palabra de Dios es inspirada por Dios. ¿Qué quiere decir «inspirada»? Podemos decir que fue respirada. Cuando Dios en el principio —hablando de «La batalla por el comienzo»— creó todas las cosas, habló y se hizo: está respirado. Y de la Palabra de Dios vamos a ver en un momento más también que la Palabra es viva. Entonces, la Palabra de Dios es respirada por Él, y todo lo que en ella está viene de Dios.

Dice en 2 Timoteo 3:16 al 17, que ya hemos estudiado, que toda la Escritura es inspirada por Dios. Todo viene de Él. Sí, ciertamente Dios usó hombres para escribirla y dejarla plasmada, y ahora la tenemos nosotros ya completa. Mas, sin embargo, fue inspiración de Dios mismo. No fue algo que se le ocurrió al apóstol; fue dictada por Dios a través del Espíritu Santo.

Ahora, ¿por qué necesitamos la Palabra de Dios? Porque es el medio en donde podemos ver y conocer a Dios. En ella nos ha sido revelado su carácter, el carácter de Dios, su naturaleza, su soberanía y poder, su razón para crearnos a nosotros, ¿verdad? Y no solamente a nosotros, sino a toda la creación. En ella podemos ver cuál fue la razón por la que Él creó todo. Él es nuestro Creador. Y a través de la Escritura podemos aprender eso, podemos ver eso; nos ha sido revelado eso.

Lectura de Hebreos 4:12-13

Dice Hebreos 4:12 —por favor—, versículo 13. Yo sé que ya se ha estudiado esta epístola, y vamos a tomar este pasaje de una manera un poquito aislada, digamos, acerca de por qué necesitamos la Palabra de Dios. Y dice así Hebreos 4, versículos 12 y 13: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. No hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta".

Señor, nuevamente queremos pedir tu dirección. Sé Tú en mí; que tu Espíritu Santo, Señor, hable a través de mí, Señor. Que no sea mi ego, que no sea lo que yo pude haber estudiado, Señor, sino sé Tú, tu Espíritu Santo en mí, Señor. Úsame. Úsame como instrumento tuyo. Prepara el corazón de mis hermanos de antemano, Señor. Y queremos rogar tu bendición, en Cristo Jesús. Amén.

Necesitamos que se nos exponga la Palabra

Y ciertamente, hermanos, yo sé que muchos estudian su Biblia en sus casas, y si casi no lo hacen, pues deberán de hacerlo. Pero también necesitamos que se nos exponga la Palabra los domingos. Por eso es que lo hacemos cada ocho días: exponemos la Palabra de Dios. Necesita ser predicada. Ahora, necesitamos conocer no solamente su bondad y su gracia, su luz y su amor, su misericordia y su compasión. Necesitamos conocer su santidad, y necesitamos saber que hay un juicio.

Hoy en la mañana, cuando estaban exponiendo mis hermanos en la Cena del Señor, y los pasajes de los que nos hablaban, de «Consumado es». Has creído en Cristo Jesús, ya tienes ese sello, como decía nuestro hermano. Pero el juicio que vamos a tener es diferente, y al final sí vamos a tener un juicio, como ya hemos estudiado otros domingos. Entonces, también necesitamos conocer en la Palabra acerca de su santidad y de su juicio, de la justicia de Dios, que no es nuestra justicia. Porque a veces nos sentimos agredidos, sentimos que nos causaron daño, y le pedimos al Señor: «Señor, haz tu justicia con el hermano». Pero esa es la manera en que nosotros queremos justicia. Al final Dios va a hacer justicia de todo lo que hagamos, porque Él es santo.

Y dice nuestro texto... bueno, podemos encontrar cuatro cosas aquí. La Palabra de Dios es necesaria. ¿Por qué? Porque es viva y eficaz; es cortante y afilada; es poderosa; pero también juzga.

La Palabra de Dios es viva y eficaz

La Palabra de Dios es viva y eficaz. La Palabra de Dios ha sido constante, activa, y en ello podemos ver que tiene vida. Podemos ver cómo actúa la Palabra de Dios desde los antepasados, como hemos estado estudiando, que Dios se manifestó a los antepasados también. Desde ahí empieza, y ha sido constante; la Palabra no ha variado, no ha cambiado. La Palabra tiene vida y da vida.

Dice en 1 Pedro 1:3 al 23, hablando de por qué la Palabra es viva, y de que esa viveza de la Palabra, o esa vivificación de la Palabra, nos produce vida a nosotros. Dice: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos". Versículo 23 de ese mismo capítulo de Pedro: "Pues han nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece".

Esta carta, hermanos, no fue dirigida a gente que no conocía a Cristo; no fue dirigida a gente que no había puesto su fe en Cristo. Está dirigida a gente que ya tiene su fe en Cristo Jesús. Y si recuerdan, estos versículos están en el contexto de que Dios está emitiendo un juicio, porque no querían dejar los ritos, las costumbres; estaban teniendo su reposo en guardar el sabbat, en guardar el sábado, y no habían entendido que el reposo es Cristo Jesús. Por eso necesitamos la Escritura para entender estas cosas.

Dice: "Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos. Porque si la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, después que fue anunciada primeramente por medio del Señor, nos fue confirmada por los que oyeron. Dios testificó junto con ellos, tanto por señales como prodigios, y por diversos milagros y por dones repartidos del Espíritu Santo según su propia voluntad".

La Biblia nos revela cómo Dios desde el principio nos ha elegido. Por eso necesitamos la Escritura: nos ha elegido para tener su propio pueblo. Su Palabra es viva, y no podemos tomarla a la ligera, hermanos. No estamos aquí porque seamos motivadores. No quiero darte la receta para que tus hijos te obedezcan; yo no puedo darte eso. ¿Cómo darte la receta para que tu matrimonio sea exitoso si tu vida no la entregas a Cristo? Y eso está claro en la Palabra, porque la Palabra es clara y la Palabra es suficiente.

Entonces, la Palabra de Dios no debe ser tomada a la ligera, no debe ser ignorada. Y prácticamente cualquier persona ahora tiene acceso a la Palabra de Dios, por lo menos en la mayoría del mundo. Sabemos que en China, en Corea, en donde está el islam, es difícil. Mas, sin embargo, Dios ha obrado para que les llegue la Palabra. No a todos, pero ya por años ha estado penetrando la Palabra de Dios, aun ahí. Ahora tenemos tal acceso, hasta a través de internet, que no hay excusa para ignorar la Palabra de Dios, y la necesitamos como cristianos para saber cómo conducirnos.

Entonces, hermanos, Jesús es nuestro verdadero descanso, porque su Palabra es viva y es eficaz. Y están plasmadas aquí las enseñanzas de Jesús, sus estatutos, sus ordenanzas; las ha dejado por escrito por medio de los apóstoles que Dios ha usado, que Él ha escogido, y su Palabra sigue estando viva. Cuántos cientos y miles de años han pasado desde que se escribieron todos estos pasajes, desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento. Sin embargo, es constante; permanece la Palabra de Dios. No pasará. La Palabra de Dios es eterna. Nosotros no; mas, sin embargo, su Palabra sí.

Y su Palabra es viva, porque cuando leemos en ella podemos ver al Dios vivo, podemos sentirlo, podemos conocerlo. ¿O qué sucede? ¿Sientes eso cuando tú abres tu Biblia y la lees? ¿Puedes ver a Dios y sentirle? ¿O necesitas una experiencia mística para decir: «Dios me tocó, Dios me abrazó»?, sentir esas cosas. Y no digo que esté mal; si llegara a pasar, pues no sé, a lo mejor quedaría muerto debido a la santidad de Él, quizás, como decía Isaías en el capítulo 6. Mas, sin embargo, a través de Cristo Jesús podemos conocerle por medio de su Palabra y de lo que Él nos enseñó y nos dejó, Cristo Jesús mismo. En su tiempo la Biblia era el Antiguo Testamento, y Él enseñó que eran palabras de vida.

Entonces, la Palabra de Dios es viva y eficaz. Sigue estando viva, sigue actuando en nosotros; no solamente en los antepasados: sigue actuando en nosotros, en el pasado, en el presente y en el futuro. Como nos decía también nuestro hermano Carlos, tiene esa efectividad, y Dios no tolera la desobediencia. "Así que, amados míos, tal como siempre han obedecido, no solo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocúpense en su salvación con temor y temblor. Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para su buena intención. Hagan todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones, para que sean irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual ustedes resplandecen como luminares en el mundo, sosteniendo firmemente la palabra de vida, a fin de que yo tenga motivo para gloriarme en el día de Cristo, ya que no habré corrido en vano ni habré trabajado en vano". Filipenses 2, del 12 al 16.

Entonces, la Palabra de Dios ha sido dada en el pasado, y ahora en el presente, y en un futuro para nuestras generaciones, si es que el Señor no viene antes. Es constante la Palabra de Dios, y por eso la necesitamos. No podemos andar por ahí. Y de hecho, Dios no nos hizo así. No somos como ovejitas que las compro y las echo al corral, y que ahí hagan lo que quieran y que se conduzcan como quieran. Dios dejó la Escritura, porque Él ha pensado en todo.

"Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, el Hijo se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, siendo mucho mejor que los ángeles, por cuanto ha heredado un nombre más excelente que ellos". Hebreos 1, del 1 al 4.

Dios se ha manifestado de muchas maneras, y nos ha dejado en ello la Palabra escrita, y nos sigue hablando ahora, hermanos. Y precisamente una de las batallas que la Escritura está sufriendo ahora, en estos últimos tiempos, es eso: que esto ya es anticuado para este mundo, para estas nuevas generaciones; creen que ya no aplica. Y por eso tenemos nosotros que amarla, preservarla y pasarla de una generación a otra generación. La Palabra de Dios es necesaria porque es vida y nos da vida.

Una Palabra efectiva y activa

La Palabra de Dios es eficaz: es efectiva en nuestra vida, es activa. La Palabra de Dios no está ahí como inerte; actúa en nosotros. No solo está viva, sino que tiene efecto real en nuestras vidas. La Palabra de Dios no es impasible. ¿Cuántos libros hay que pueden transformar vidas? Quizás el efecto podría darse, pero no duradero; no es el efecto permanente de la Escritura. No tengo nada en contra de la psicología, pero hay muchos libros de psicología que se han escrito para cambiar la vida del ser humano, para hacerla mejor. Mas, sin embargo, la Palabra de Dios es efectiva, tiene efecto, es activa todo el tiempo; está haciendo ese efecto en nosotros, nos está confrontando.

Y por eso hablaba de la necesidad de tener que predicar la Palabra domingo a domingo, no solamente porque ustedes la estén estudiando en su casa. Cuando predicamos la Escritura, estamos emitiendo juicio de parte de Dios, y a veces eso no es agradable, ¿verdad? Y para los que estamos acá arriba quizás no es cómodo decir: «Tengo que hablar de estas cosas».

Dice en 1 Tesalonicenses 2:13: "Por eso también nosotros sin cesar damos gracias a Dios que cuando recibieron la palabra de Dios que oyeron de nosotros, la aceptaron no como la palabra de hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios, la cual también hace su obra en ustedes los que creen". ¿Está haciendo esa obra en ti la Palabra de Dios? ¿Crees que la Palabra de Dios es necesaria para tu vida? ¿Está haciendo este efecto? ¿Está siendo eficaz la Palabra de Dios en tu vida?

Y más adelante, en el libro de Efesios, capítulo 2, versículo 10, dice: "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". Somos hechura suya, y a través de la Palabra nos enseña que el efecto de tener nuestra fe en Cristo Jesús y de recibir la Palabra de Dios nos prepara para hacer buenas obras. La Palabra de Dios es la única que tiene el poder efectivo de transformar vidas. Y hago esta pregunta: ¿está transformando mi vida en verdad, o mi orgullo es más grande que Dios y no le permito hacer ese efecto?

La Palabra de Dios tiene un poder efectivamente transformador que ningún otro libro tiene, tanto para redimirnos como para restablecer nuestra comunión con Él, y por ende se hace horizontal. Pero si ese efecto no lo estás teniendo de una manera vertical, menos puedes tener efecto horizontal. Necesitamos la Palabra de Dios no solo para alcanzar salvación, sino también para nuestra santificación. La Palabra de Dios tiene el poder para limpiarnos, y por eso es necesaria. ¿De qué te estás nutriendo? Y aquí podemos poner ese ejemplo que normalmente se usa, un ejemplo muy burdo: que tienes dos perros, el perro del pecado y un perro que habla acerca de tu santidad.

Suena medio feo decir «perro», pero ¿a quién estás alimentando más? Bueno, al que alimentas más es el que va a estar más gordo y más fuerte, y es el que va a predominar y va a vencer. ¿Cómo estás siendo alimentado de la Palabra de Dios para tu santificación, para que seas limpiado, para que cada día seas más santificado? Y la pregunta es: «Bueno, entonces, ¿no somos santos?». Claro, hemos sido apartados; eso significa santidad: santo, apartado para algo, para alguien, apartado de lo demás. Sin embargo, nuestra santidad no está completa. Hoy lo veíamos también en la Cena: no ha sido completada nuestra santidad, y necesitamos la Palabra de Dios para ser filtrados.

Juan 17 al 19 dice: "Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. Yo también los he enviado al mundo. Y por ellos Yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad". No podemos separarnos tajantemente del mundo. Vivimos en él, y luchamos contra todas las cosas que hay en el mundo y que nos atacan, las cosas que a veces son más atractivas. Y por eso necesitamos la Palabra de Dios. Y esta oración la hacía Jesús también por nosotros, porque ya estaba pensando en su iglesia, para que a través de su verdad seamos santificados y que produzca ese efecto en nosotros.

2 Corintios 10, del 4 al 5, dice —la Palabra de Dios nos da el poder para vencer al pecado, y para que nuestros pensamientos puedan estar en obediencia espiritual a Dios—: "Porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo". La Palabra de Dios es efectiva y activa, y dice que pone todos nuestros pensamientos en cautiverio: todos aquellos pensamientos que no provienen de Dios y que ofenden a Dios. Si usamos la Palabra de Dios, esos pensamientos van a ser cautivos. La Palabra de Dios es viva y eficaz.

Más cortante que una espada de dos filos

La Palabra de Dios la necesitamos también porque dice que la Palabra de Dios es cortante, y más afilada que una espada de dos filos. Ahora, no sé desde hace cuánto tiempo ya no usamos espadas nosotros, pero creo que, visto a través de películas, en la antigüedad la espada de dos filos era la mejor arma que había para derrotar al enemigo. Y para nosotros la espada de dos filos —esa figura que está usando el autor nos quiere hacer pensar en ello— es nuestra mejor arma. Corta por arriba y corta por abajo. No es como los cuchillos que tenemos, que tienen un filo abajo nada más, y si lo volteas no corta. La Palabra de Dios, por donde quiera que la uses, corta.

La Palabra de Dios es afilada, y nos está hablando de juicio. Vamos a empezar a ver un juicio, acerca de lo que dice su Palabra. Su Palabra no es solamente, como les decía, hablar del amor de Dios. La necesitamos porque necesitamos que Dios nos examine a través de ella. Necesitamos que nos corte. Como dice la Escritura en este pasaje, Dios es soberano sobre su creación, y todos los que rechazan su Palabra enfrentarán juicio y muerte con esta espada que corta, que penetra. Pero también nosotros la necesitamos para ser cortados. Necesitamos ese filo en nuestras vidas también.

Predicar la Palabra es para confrontarnos. Estamos hablando de parte de Dios y delante de Dios. Tenemos ese temor como predicadores, y ese temor como predicador es: no puedo ocultar las cosas que debo de decir, que están en la Palabra de Dios. Debemos de confrontar el pecado en la predicación. Y por eso necesitamos la predicación; necesitamos exponer el texto fielmente, lo más fiel que podamos, porque necesitamos ser confrontados en nuestro pecado; porque entonces no podemos tener crecimiento espiritual. No podemos solapar el pecado, y eso no es fácil. Y por eso no debemos tomar la Palabra de Dios a la ligera.

Necesitamos la Palabra para ser expuestos por esta espada, para que el mensaje de Dios que vemos en las Escrituras penetre, penetre hasta lo más profundo de nuestro ser. Y si te incomodo, hermano, no soy yo: es Dios. Yo no tengo nada en contra de nadie, pero tengo que decir lo que dice la Palabra; es mi obligación. La necesitamos para ser expuestos. Yo soy expuesto a la Palabra; Dios expone mi pecado, y la necesito, y la necesitamos.

Penetra hasta el alma y el espíritu

Dice que penetra el alma y el espíritu. La Palabra de Dios, con ese filo que tiene y que es penetrante, dice que divide nuestra persona. No voy a ahondar en este tema, porque hay diferentes posibles interpretaciones acerca de cómo divide el alma y el espíritu, pero ese no es el tema de hoy. La Palabra de Dios corta y divide nuestro ser para examinarnos hasta lo más profundo. ¿Estás siendo cortado? ¿Estás siendo dividido? ¿Estás dejándote examinar hasta lo más profundo de tu ser?

Hay una figura que usaba alguien —no me acuerdo quién— en donde, cuando tú entregas tu vida al Señor Jesús, tu ser es como un edificio donde hay muchas habitaciones, y le das todas las llaves, pero solo queda una. Y esa llave no la quieres entregar a Cristo. No quieres que entre en ese cuarto que está en lo más profundo del sótano. La predicación de la Palabra es el medio que Dios usa también para juzgarnos; primeramente al que predica la Palabra, para juzgar nuestras vidas. ¿Cómo estamos en relación a Dios? ¿Cómo va nuestra vida cristiana? ¿Estamos siendo obedientes? ¿Estamos honrando a Dios? ¿Estamos dando gloria con lo que hacemos? ¿Cuáles son nuestras motivaciones del corazón? Y ya lo vamos a ver adelante: ¿cuáles son las intenciones?

La Palabra es necesaria porque es viva y eficaz, porque penetra y corta. Hebreos 13:20 al 22 dice: "Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas, mediante la sangre del pacto eterno, los haga aptos en toda buena obra —o en toda obra buena— para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él, mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Les ruego, hermanos, que soporten la palabra de exhortación, pues les he escrito brevemente". Soporten la palabra de exhortación.

Hemos visto también durante estos domingos que la Palabra de Dios es una ventana a través de la cual podemos ver la gloria de Dios, a través de la cual podemos ver adecuadamente a Dios, al mundo y a nosotros mismos. Por eso necesitamos la Escritura. Por eso necesitamos ser divididos, para ver claramente las cosas de Dios. Necesitamos la sabiduría de Dios para conducirnos. Necesitamos la predicación domingo a domingo, la exposición de su Palabra. Necesitamos todo el tiempo el evangelio. El evangelio no solamente es para los que no creen en Cristo. El evangelio lo necesitamos día a día, como ya lo hemos repetido, para ser confrontados con nuestro pecado. No importa el predicador que esté aquí, porque hablamos de parte de Dios y delante de Él.

Las coyunturas y los tuétanos

La Palabra penetra, divide cada parte de nosotros. Y dice también: las coyunturas y los tuétanos. Todos sabemos cuáles son las coyunturas, y todos sabemos cuál es el tuétano. Digamos que la coyuntura es la parte externa del cuerpo, y el tuétano no se ve, porque es la parte interna, es la parte que da vida. La Palabra de Dios es necesaria para nuestras coyunturas: ¿cómo estamos siendo transformados y alimentados por la Palabra de Dios en relación a las coyunturas, que son la parte externa, y en relación al tuétano, que es la parte interna? Bueno, cuando habla de los tuétanos, nos está diciendo la Escritura que llega hasta lo más profundo de nuestro ser, hasta donde tú quieres o piensas que Dios no debería de llegar. Sin embargo, hasta ahí llega. No hay nada que podamos ocultarle a Dios.

Y eso viene más adelante también. Nuestros pensamientos y nuestras actitudes son confrontados por el filo de la espada de Dios; o deberían de ser confrontados por el filo de la espada de Dios, si es que aún no lo son. Si eso lo hace internamente, en los tuétanos, se va a manifestar externamente en las coyunturas, que es la parte exterior de nosotros: ¿cómo hablamos?, ¿cómo nos conducimos?, ¿cuál es nuestra conducta externa en general? Dios es el único que puede conocer nuestros pensamientos y nuestras actitudes del corazón, y también es el único que puede corregirlos. Podemos engañarnos entre nosotros y a nosotros mismos, pero Dios no será burlado.

1 Pedro 4:17 al 19 dice: "Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si comienza por nosotros primero, ¿cuál será el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios? Y si el justo con dificultad se salva, ¿qué será del impío y del pecador? Así que los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, haciendo el bien". 1 Pedro 4:17 al 19. El juicio comienza por la casa de Dios. Penetra hasta las coyunturas y los tuétanos. No dice que el juicio comienza por afuera.

Salmo 119 al 11: "¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra Ti". La Palabra de Dios es clara; creo que no tengo que explicar mucho ese texto. Salmo 15: "Señor, ¿quién entrará en tus atrios? El de manos limpias, el de corazón puro". Suena bonito cuando nos lo aprendemos de memoria y lo repetimos, pero cuando lo queremos aplicar a nuestra vida, ya no nos gusta. Necesitamos la Palabra de Dios para que nos corte, que nos divida, que llegue hasta lo más profundo, hasta la parte donde está la vida, que son los tuétanos, y de ella emana todo lo demás.

Poderosa para discernir el corazón

Vemos también que la Palabra de Dios es poderosa, y por eso la necesitamos: porque discierne nuestros pensamientos y las intenciones del corazón. Salmo 139, del 1 al 3, dice: "Oh Señor, Tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos". No hay nada oculto para Él. Él sí nos conoce realmente.

Necesitamos la Palabra de Dios para encontrar sabiduría, porque el principio de la sabiduría es el temor a Dios: sabiduría para nuestra orientación, para cómo conducirnos en esta vida cristiana. Necesitamos la sabiduría de Dios, porque la Palabra de Dios es nuestra lámpara, la que alumbra nuestros pies: Salmo 119:105. Jesús nos enseñó a depender de la Palabra de Dios, y debemos alimentarnos de ella. Dice Mateo 4:3 al 4: "Y acercándose el tentador, le dijo: 'Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan'. Pero Jesús le respondió: 'Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios'".

Cuando nos vemos tentados, cuando estamos en medio de pruebas, ¿cómo recurrimos a la Palabra? ¿O no recurrimos a ella? ¿O la estamos ignorando? ¿Cómo evaluamos para hacer o no hacer? Y Jesús lo dejó claro; Él fue tentado también: "Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". ¿Nos estamos preparando? ¿Nos estamos equipando? La Palabra de Dios nos equipa y nos capacita para servirle, para honrarle, porque es nuestra única arma, y es la más poderosa que podemos tener, porque es esta espada de dos filos. Y es la manera en que podemos contrarrestar las tentaciones de Satanás, y dice: aun los poderes de las tinieblas.

Todo el mundo conoce Efesios 6, del 13 al 17: "Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. Estén, pues, firmes, ceñida su cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia, y calzados los pies con la preparación para anunciar el evangelio de la paz. Sobre todo, tomen el escudo de la fe, con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno. Tomen también el casco de la salvación", y al final dice, en este orden, "y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios".

La Palabra de Dios nos equipa, y por eso predicamos domingo a domingo la Palabra de Dios, porque lo que buscamos como iglesia es equiparlos, es prepararlos; y no solamente para enfrentar al mundo, no solamente para la comunión entre nosotros: queremos equiparlos para el día en que vamos a ser llamados delante de Dios. 2 Timoteo 3:16-17 dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra". Ese poder tiene la Palabra de Dios. Transforma vidas.

La Palabra juzga

Por último —y esta es la parte que no nos gusta—: juzga. La Palabra de Dios juzga. Nada hay oculto para Dios. Él es omnisciente. Seremos descubiertos, seremos expuestos. La Palabra de Dios descubre todo sobre nosotros; por eso la necesitamos. Dios mismo es quien está revelando nuestra condición a través de la Escritura, a través de la predicación. Dios conoce todas las cosas. No hay nada oculto para Él. Es imposible escondernos de Dios.

Es imposible esconder nuestras intenciones pecaminosas, nuestra lujuria, pecados que no se ven. Los pecados visibles, pues sí, los podemos ocultar; pero lo que hay en mi mente, eso no lo pueden ver ustedes. Yo no puedo ver qué hay en los pensamientos de cada uno. Mas, sin embargo, Dios sí puede, y de Él nadie se esconde. Dios lo sabe todo, Dios lo ve todo. No importa dónde quieras esconderte: todo será expuesto. Así de poderosa es su Palabra, que juzga.

Salmo 139, del 7 al 12, dice: "¿Adónde me iré de tu Espíritu? ¿Adónde huiré de tu presencia? Si subo a los cielos, allí estás Tú; si en el Seol preparo mi lecho, allí Tú estás. Si tomo las alas del alba, y si habito en lo más remoto del mar, aun allí me guiará tu mano, y me tomará tu diestra. Si digo: 'Ciertamente las tinieblas me envolverán, y la luz a mi alrededor será noche', ni aun en las tinieblas son oscuras para Ti, y la noche brilla como el día. Las tinieblas y la luz son iguales para Ti". Tremendo el juicio de Dios.

Todos rendiremos cuentas a Dios. ¿A quién hemos de rendir cuentas? La Palabra de Dios es necesaria porque necesitamos que nuestras vidas sean examinadas. Todas las cuentas que tenemos van a ser revisadas por Dios. ¿Has pensado en eso? Lo que hablamos de otros, lo que pensamos de otros, lo que hacemos en favor de otros, cómo amamos a otros, cómo estamos trabajando para su reino. Y aclaro: esto no es para juicio de muerte. Sin embargo, dice que Dios tiene preparadas coronas. ¿Cómo será tu corona, la que le vas a ofrecer a Jesús? ¿De hojarasca? ¿De oro? ¿Va a permanecer?

Hoy en la mañana hablaban de una factura, pero por ahí hay otras notitas, ¿verdad?, que Dios va a revisar en los libros. En los libros cae nuestra conciencia. Cuando estemos delante de Él, nada se escapará. Podemos ocultarles a los demás, a nuestros hermanos, nuestros pecados secretos, pero dice la Palabra que ante Dios quedaremos desnudos y descubiertos. Por eso necesitamos la predicación de la Palabra. Por eso necesitamos la Palabra, alimentarnos de ella, para ser equipados para ese día, cuando venga el juicio final; no solamente para esta vida, que es pasajera, sino equiparnos y prepararnos para cuando estemos delante de Él.

¿Por qué necesitamos la Palabra de Dios?

¿Cómo estás siendo equipado? ¿Estás considerando que necesitas la Palabra de Dios? ¿Por qué necesitamos la Palabra de Dios? Necesitamos la Palabra para vivir la verdadera buena vida cristiana. Necesitamos la Palabra para vivir la vida eterna. Necesitamos la Palabra porque es viva, y su mensaje nos vivifica. Necesitamos la Palabra porque es efectiva en nuestra vida. Necesitamos la Palabra porque es transformadora y nos santifica. Necesitamos la Palabra porque es poderosa y conoce nuestros corazones. Necesitamos la Palabra porque desnuda y expone nuestros pecados.

Necesitamos la Palabra porque es nuestro reposo y descanso verdadero. Por eso necesitamos la Palabra de Dios: es nuestro reposo, que es en Cristo Jesús. No todo es desesperanza, hermanos. No todo es juicio. Cristo es nuestro reposo, y nos ha dejado su Palabra. Él es nuestro descanso verdadero.

Oración

Gracias, Señor, por tu Palabra. Ayúdanos a dejarnos cortar por ella. Ayúdanos a abrirnos, Señor, y a ser dóciles, para que Tú llegues hasta lo más profundo de nuestro ser. Síguenos equipando, Señor, a través de tu Palabra. Ayúdanos a entender por qué es necesaria. Gracias nuevamente, Señor, por lo que nos has dejado escrito, y porque tu Palabra es la misma ayer, hoy y siempre. Amén.

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