Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 2:1-18HebreosPastor Luis Angeles

La Gloria de Cristo

Transcripción

Saludo y lectura de Hebreos 2

(La grabación comienza con el mensaje ya empezado.) …también que tuvimos ayer de Living Waters Español. Pero bueno, hoy quiero compartir otro mensaje con ustedes, y ruego a Dios que este mensaje sea de bendición, que sea de edificación a cada uno de nosotros, que el Señor sea exaltado. Quiero agradecer a cada uno de los pastores, a sus familias; han sido muy amorosos con nosotros, nos han mostrado esa amistad, ese amor, esa hermandad en el Señor. Pero de igual manera a la iglesia, y gracias por cada uno de ustedes, por las expresiones de cariño, las palabras que nos han dado; nuestro corazón se goza en ello. Y también mi corazón se goza de que está Mauricio y Laurita con su familia aquí, de Tulancingo. Y gracias al Señor, es bueno tener porra. ¡Gloria a Cristo, hermanos!

Quiero invitarles, por favor, si podemos abrir nuestras Biblias en Hebreos capítulo 2. Y he titulado la enseñanza de esta mañana «La gloria de Cristo», la gloria de Cristo. Y quiero invitarles a que leamos juntos el texto; vamos a leer todo el capítulo, los dieciocho versos del capítulo 2 de Hebreos, y después de eso, si me pueden acompañar en oración, se los voy a agradecer. Dice así la Palabra del Señor:

"Por tanto, es necesario que con mayor diligencia —o con más diligencia— atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites? Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos; todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.

Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor a la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados."

Oración

Oremos. Precioso Dios y Padre, Señor, oramos porque podamos tener reverencia a tu Palabra, que el temor de Jehová venga a nuestras vidas cuando exponemos estas Escrituras, Señor, abriéndolas con temor, abriéndolas con reverencia, en humildad, reconociendo la gran necesidad que tenemos de ser conformados a la imagen de tu Hijo. Señor, yo ruego por la vida de mis hermanos; ruego, Señor, que seas tú abriendo sus oídos, sus corazones, para recibir esta Palabra, siendo de edificación, de bendición a sus vidas, y mostrando a Cristo glorioso en todos los aspectos. Señor, ruego que te sirvas también de mi vida. Sé que soy limitado en muchas cosas, Señor, y dependo de ti, y ruego, Señor, que me ayudes a transmitir este mensaje, que pueda ser claro y que pueda ser aplicado al corazón de cada uno de nosotros. Señor, nos abandonamos en tus manos, rogando que tu Palabra produzca el fruto conforme a tu voluntad. Te damos la gloria y damos las gracias, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén y amén. Gloria al Señor.

La gloria de Cristo debe trastornar nuestro corazón

La gloria de Cristo, la gloria de Cristo. Nosotros podríamos pensar como iglesia que Cristo es glorioso, y es algo que evidentemente recordamos cuando tenemos un conocimiento por lo menos suficiente de las Escrituras para saber que Cristo es glorioso, y que Él y su gloria deben de ser exaltados, deben de ser reconocidos, porque fuimos creados para la alabanza de la gloria de Dios. Y por lo tanto, hablar de la gloria de Cristo es algo que probablemente nosotros constantemente estamos anunciando, comunicando; está en nuestro diario hablar. Decimos: "La gloria de Dios, la gloria de Cristo, todo lo debemos hacer para su gloria". Pero, hermanos, la gloria de Cristo debe de ser en nosotros algo tan profundo y de gran impacto, al punto y al grado de que trastorne nuestra mente y corazón. Todos nuestros afectos deben de ser afectados de tal manera que nosotros podamos verdaderamente reflejar que Cristo es glorioso.

Ahora, yo no estoy hablando de que ese resplandor emana de nosotros, sino que el resplandor de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo pueda ser comprendido en nosotros a tal grado que podamos verdaderamente maravillarnos cada día de quién es el Señor. Hermanos, nos acostumbramos constantemente a hablar de Cristo; fácilmente caemos en ese pecado de la familiaridad y de la comodidad cristiana, y olvidamos quién es el Señor. Y ruego a Dios que esta mañana, al final del mensaje, puedas tener una apreciación y un aprecio mayor por Cristo en tu corazón y en tu vida, porque Él es la razón, Él es el motivo del porqué hacemos todo lo que hacemos. Somos iglesia por causa de Cristo, somos el cuerpo de Cristo, somos los redimidos, los escogidos, los elegidos de Dios por la misericordia de Dios, en el llamamiento que Dios ha hecho en Cristo Jesús. Significa, por lo tanto, que Cristo lo es todo para su iglesia, y para nosotros debe de ser así.

Algunos de aquí son padres, otros quizás abuelos, o hay jóvenes que en algún momento se casarán, y tendremos todos la responsabilidad, en amor, humildad y misericordia, de transmitir este sentir a las siguientes generaciones. Hermanos, no se trata solamente de decirle a las personas: "Tienes que obedecer a Cristo, tienes que obedecer el evangelio". Tenemos que mostrar la gloria de Cristo; tenemos que presentarles a un Cristo que es glorioso, maravilloso, el cual no es comparable con nada de su creación. ¿Qué quiero decir con eso? Aunque podamos ver impresionantes y maravillosas las galaxias, los planetas, la naturaleza —hermanos, aunque te veas maravilloso en el espejo—, absolutamente nada se compara con la gloria de Cristo. Y tus ojos y mis ojos deben ver eso cada vez que vamos a las Escrituras.

Cuando vamos a la Palabra de Dios, Cristo debe brillar, y debe ser como un espejo donde te compares con Él, no con el que está a tu lado. Es fácil compararnos con los que están a nuestro alrededor y pensar: "Mi vida va bien, ahí vamos; ciertamente vamos avanzando de gloria en gloria".

Y de victoria en victoria en el Señor. No obstante, nuestra comparación no debe de ser con otros, sino con Cristo, porque Romanos 8:29 nos dice que fuimos predestinados precisamente para ser hechos conforme a la imagen de Cristo. Y por lo tanto, hay un propósito en Dios de formar a su Hijo en nosotros, y la revelación de Dios a través de Cristo es con el propósito de que le conozcas y que le des a conocer a otros: quién es el Señor. Pero si tú no tienes ese aprecio de la gloria de Dios, difícilmente hablarás de Él como lo es, o como quien es Él. Hablaremos de Cristo, hablaremos de Él solamente como: "Ah, sí, mi Señor; ah, sí, mi Salvador", pero sin pasión, sin amor, sin una convicción profunda en nuestros corazones de: "¡Oye, escucha! Lo más glorioso y maravilloso es que hubo alguien que te amó tanto que murió en una cruz por ti".

Y eso, hermanos, debe transmitirse de tal manera que la gente diga: "¡Wow! Yo quiero eso, yo quiero conocer a ese Dios que transformó la vida de esta persona de tal manera que no puede dejar de hablar ni pensar en Él". ¿Eso es Cristo para ti? Analízalo, analiza tu corazón esta mañana, porque pecamos de la familiaridad cristiana: cinco, diez, quince, veinte, treinta, cuarenta años en el Señor, y fácilmente nos acostumbramos. Pensamos, sí, en nuevos cielos, tierra nueva, pensamos en la eternidad con el Señor, pero no estamos magnificando la gloria de Dios cada día en nuestras vidas, que nos incline y humille en nuestro corazón para buscar su rostro y decir: "Señor, santifícame, cámbiame, sírvete de mi vida, Señor, a pesar de mis limitaciones, de mi pecado, de mis fallas. Señor, perfecciónate en mi debilidad, y que yo pueda testificar fielmente quién eres tú. Quiero ser tu testigo, Señor".

Y no solamente se trata de un anhelo en el corazón, sino de que Él nos ha dado su Espíritu para testificar acerca de Él. Jóvenes, no se avergüencen del Señor. Y padres de familia, no tengan temor de estorbar a sus hijos: tienen que hablarles de Cristo, tienen que mostrar la gloria de Cristo en sus hogares. Pero tienes que creerlo, y tienes que abrazar eso.

El autor y el propósito de Hebreos

Por eso el autor de Hebreos… Aunque no sabemos quién escribe esta epístola, por supuesto era alguien muy cercano a los apóstoles, gran conocedor y vasto en conocimiento acerca de la ley. El conocimiento que tiene acerca de la transición, del cambio de pacto, cambio de sacerdocio, cambio de ley, es impresionante, hermanos. Muchos aluden que el apóstol Pablo lo escribe; considero que si él lo hubiera hecho, lo hubiera mencionado de alguna manera. No obstante, seguramente el autor de Hebreos conocía al apóstol Pablo. A su vez, sabemos que fue escrita antes del año setenta, antes de la destrucción de Jerusalén por mano del general Tito Flavio. Y esto lo entendemos porque, a la luz de la epístola o de la carta a los Hebreos, vemos que seguían ofreciéndose los sacrificios de los judíos según la ley.

Pero Hebreos tiene un propósito específico, y presentar a Cristo es su objetivo. Pero fíjese en lo que hace el autor a los Hebreos: su propósito inicial es presentar a Cristo mayor, superior y mejor que Moisés; mayor, superior y mejor que los ángeles; y por lo tanto, mostrar la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Hebreos tiene ese propósito: escrito a judíos convertidos, por convertirse, o quizá que jamás se convirtieron. Pero para nosotros hoy, como iglesia, entendemos que es Palabra inspirada de Dios, y que nos da a nosotros un panorama de cómo el autor tenía la meta y el propósito, por inspiración del Espíritu Santo, de que los judíos pudieran ver la gloria de Cristo.

Que no solamente le vieran como el Mesías encarnado, no solamente le vieran como Jesús, el profeta que caminó entre nosotros, sino que pudiesen entender: Él es Dios, Él es el Redentor, Él es Emanuel, Dios con nosotros, quien caminó en las calles polvorientas de Jerusalén con el propósito de tener empatía contigo, relacionarse contigo, pero morir en tu lugar. Esto es algo importante, porque a veces vemos a Cristo un tanto distante; sin embargo, Jesús es un Salvador personal, y tú y yo tenemos la responsabilidad de conocerle de esa manera, cara a cara, persona a persona, porque Él dio su vida por ti. No pienses: "Él murió por nosotros"; tienes que considerar: "Él murió por mí". Y eso va a hacer de Cristo un gran tesoro en tu vida, y vas a apreciarle, y vas a amarle, y vas a querer conocerle más. En eso has de gloriarte, hermano y hermana: en conocerle y en entenderle.

Con más diligencia

"Por tanto, es necesario", dice el autor, ya dando esta introducción, "que con más diligencia…". Lo que requiere diligencia: fervientes en espíritu, sirviendo al Señor. Entonces, ese "por tanto" es una conclusión a la luz del primer capítulo, que nos muestra a Cristo superior a los ángeles, y por el otro lado, hablándonos de que los ángeles son ministros de Dios para servirnos a nosotros. No están a nuestra disposición; sirven a Dios sirviendo a su iglesia. Para que no digamos: "Señor, envía tus ángeles y que hagan esto y lo otro". No, hermanos: Dios guía sus huestes según su voluntad, pero están al servicio de la iglesia en el sentido de servir a Dios para los propósitos que Él tiene para nosotros. Gloria a Cristo por ello.

Pero, no obstante, no debemos perder de vista esto, porque entonces podríamos pensar: "¡Oh, los ángeles!". No; el autor quiere que veamos a Cristo exaltado y glorificado, y que todos los demás seres creados no sean para nosotros, mis hermanos, nuestro motivo de admiración o de adoración. Solo Cristo merece la gloria. "Por tanto, es necesario que con mayor diligencia —o más diligencia— atendamos a las cosas que hemos oído". Ahora, no solamente se trata de oír desde el púlpito, sino que podrías transcribir esto como "las cosas que hemos leído". ¿Has leído tu Biblia? Todo cristiano tiene hambre y sed de la Palabra del Señor.

Y si no puedes pasar un día sin comer unos buenos tacos, probablemente tampoco podrías pasar un día sin alimentarte de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es necesaria como alimento espiritual; por lo tanto, es importante y necesario, es una necesidad que tenemos. Y el autor a los Hebreos quiere que lo recordemos: hay una necesidad que tú y yo tenemos, y es atender lo que hemos oído, o lo que hemos leído, "no sea que nos deslicemos".

No sea que nos deslicemos

Hermanos, la idea que tiene aquí precisamente es una idea donde podríamos ir a la deriva; es una idea náutica. Entendemos, por lo tanto, que si un barco, una boya, no tuviese su ancla clavada firmemente en los suelos, fácilmente los vientos y la marea lo podrían mover de su lugar. De igual forma, si tu vida y mi vida no está anclada a Cristo, fácilmente podemos ser movidos. Pero el punto al que quiero llegar con esto, de manera introductoria, es el siguiente: fácilmente podemos deslizarnos de la posición en la que estamos. Porque vuelvo a lo mismo: te puedes acostumbrar. "La vida cristiana es lo que hago el domingo; ah, es lo que hago en mi tiempo libre". Y nos olvidamos de la importancia que implica la muerte sustitutiva de Cristo y su resurrección en victoria por nosotros.

Tienes que ver a Cristo glorioso no el día del Señor: todos los días, toda tu vida. Así que hay que tener diligencia en esto, porque nos podemos deslizar. Fíjate, no dice "caer": de un día a otro no cambia tu pensamiento y tu forma de ver a Cristo; es algo que paulatinamente vamos permitiendo. Porque podemos permitirlo a nuestro corazón, que es muy idólatra, ¿sí o no? "Nuestro corazón es una fábrica de ídolos", dijo Calvino.

Y por lo tanto, fácilmente podemos comenzar a sustituir la gloria de Cristo por las glorias vanas de esta vida, por la vanidad del mundo, por lo que nuestros ojos quieren ver, por lo que capta nuestra atención. Jesús fue muy claro al decir: "Donde está tu tesoro, ahí estará tu corazón". Entonces comenzamos a sustituir, por idolatría en el corazón, la gloria de Cristo por las cosas creadas. Solamente tenemos que ver en qué invertimos nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestros pensamientos, qué llena y satisface nuestra alma, porque somos seres emocionales también. Y por lo tanto, tenemos que entender que si las cosas comienzan a reemplazar y a sustituir la gloria de Cristo en tu vida, fácilmente comienzas a deslizarte. Y esto eventualmente nos lleva a enfriarnos, nos lleva a alejarnos del Señor, y probablemente puedes estar aquí sentado, pero con un corazón distante de Cristo.

Y Él quiere hablar eso a nuestro corazón esta mañana: "Tengo que volver a ver la gloria de Cristo en mi vida, para que pueda ver realmente quién es Él y poder amarle como Él lo merece". "Si me amas", dice el Señor, "guarda mis mandamientos", y ponlos por obra. Hermanos, podemos cantar, podemos hacer tantas cosas, pero el Señor se deleita en que esa adoración que ofrecemos a Él sea en la obediencia. La obediencia al Señor… el amor a Dios se manifiesta en nuestra obediencia. Y cuando descuidamos nuestra comunión con Cristo… como se lo recalcó a la iglesia de Éfeso en Apocalipsis capítulo 2: servían, hacían de todo, incluso eran tan capaces de discernir a los falsos apóstoles; sin embargo, Cristo tenía contra ellos que habían dejado su primer amor.

Cuando nosotros venimos a Cristo, llegamos emocionados, ¿verdad?, gozosos, con alegría en el corazón de saber lo que Él hizo por nosotros. Y a veces va pasando el tiempo, y comenzamos precisamente a deslizarnos por no atender lo que hemos oído y leído. Y vemos a las personas que están comenzando su camino en Cristo, y nos atrevemos a decir cosas como: "Ah, es que están en su primer amor". Y la pregunta es: ¿y por qué tú no? ¿Por qué tú no permaneces igual? ¿Qué has permitido en tu corazón para no estar caminando de la misma manera?

Toda transgresión recibió justa retribución

Así que el capítulo 2, el verso 2 —perdón—, tiene que ver ahora con la cuestión de la entrega de la ley, que de alguna manera nos deja ver el autor de Hebreos: que los ángeles intervinieron de alguna manera para ser instrumentos de Dios para la entrega de la ley a Moisés. Nos está diciendo: "Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme" —esto tiene que ver con la entrega de la ley— "y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución…". En otras palabras, la ley que fue dada por Moisés al pueblo de Israel, claro, siendo ángeles los instrumentos que Dios usó para que llegara esa ley a Moisés. ¿Cómo fue esto? No lo sabemos, pero aquí lo dice, y creemos que así es, porque la Palabra de Dios así lo menciona.

No obstante, el punto principal es el hecho de que toda desobediencia y transgresión contra esa ley trajo consecuencias. Lo que quiere dejarnos ver el autor a los Hebreos es que lo que Dios ha transmitido y lo que Dios ha dado es una ley perfecta, donde Él espera ser obedecido. Él dice: "Hagan esto", y espera que el ser humano responda positivamente. Sin embargo, el ser humano, por naturaleza caída, no obedece a Dios; al contrario, resiste las instrucciones que Dios da. Y por eso Dios debe obrar de tal manera que nos debe dar un nuevo corazón, nos debe renovar el entendimiento, para que nosotros podamos obedecer verdaderamente y agradar a Dios.

Ahora, no le agradamos en nuestras fuerzas: todo lo que a Dios le agrada es Cristo en nosotros. Por ahí alguien dijo: "Todo lo bueno que veas en mí es Cristo, y todo lo malo soy yo". Así que toda transgresión y toda desobediencia recibió —es decir, Dios otorgó— la justa retribución. Ayer hablábamos durante la conferencia de evangelismo acerca de Romanos 6:23, que es un verso fuerte y que está en el Nuevo Testamento, y nos dice que la paga del pecado es muerte. Pero, por el otro lado, Dios da una dádiva, da un regalo: su misericordia se manifiesta de tal manera que nos da perdón en Cristo Jesús. Pero toda desobediencia trajo su justa retribución, y vean lo que dice: "justa retribución". No dice solamente "retribución", sino que es justa: es lo que merece nuestra desobediencia.

¿Cómo escaparemos nosotros?

Y por lo tanto, hermanos, la pregunta que hace en el versículo 3 a los Hebreos es importante: "¿Cómo vamos a escapar nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?". Ahora, lo que quiero que notemos y recordemos es que la epístola a los Hebreos está dirigida a hebreos, a judíos: algunos de ellos todavía bajo la ley, algunos ya convertidos, y otros potencialmente serían convertidos. Por eso es que el autor utiliza este tipo de lenguaje, para que precisamente se den cuenta de la importancia del pacto que Dios ha hecho en Cristo Jesús. Muchas veces nosotros nos acomodamos en la posición de: "Soy salvo por gracia y de aquí nadie me mueve; estoy bien, haga lo que haga y pase lo que pase, Dios me perdona".

Y, hermanos, ciertamente en Cristo hay perdón, hay misericordia, y claro, por supuesto, aquel que es de Cristo… el Señor jamás pierde un caso como abogado, y el Señor nos va a salvar y nos va a preservar; esa parte la creemos. Pero también toda desobediencia y toda transgresión trae su justa retribución. "No erréis; Dios no puede ser burlado". ¿Dónde encuentras eso? ¿En dónde está escrito? En Gálatas, ¿verdad? ¿Gálatas está en el Nuevo o en el Antiguo Testamento? En el Nuevo Testamento. ¿Y a quién está escribiendo esto el apóstol Pablo? A una iglesia, a los creyentes en Galacia. No perdamos de vista que hay confrontación, y que hay una justa retribución también a la desobediencia, incluyéndonos bajo el nuevo pacto.

Piensa en Ananías y Safira: cómo Dios dejó ejemplo con ello en cuanto a lo celoso que... tiene que ver incluso el nuevo pacto, y la obediencia que debe de haber en él y para Él. Y a su vez, el no mentir al Espíritu Santo es una evidencia palpable de que Dios sigue siendo santo, de que Dios sigue siendo quien es Él: que el Dios del Antiguo Testamento es el mismo Dios del Nuevo Testamento; es el mismo Dios que en el Antiguo Testamento demandaba sangre para remisión de los pecados, y que bajo el nuevo pacto fue un pacto sellado con la sangre del Cordero de Dios. Entonces, hermanos, no tomemos a la ligera lo que Él ha hecho por nosotros.

La salvación no es por obras. Yo no estoy hablando aquí de legalismo; yo no estoy hablando de "sé religioso y compórtate de tal manera que Dios te pueda salvar", porque no podemos. Pero tenemos que entender que Dios nos ha hecho a nosotros un pueblo celoso de buenas obras, que Dios nos ha creado en Cristo para buenas obras que Él preparó de antemano para que andemos en ellas. En otras palabras, Dios espera que todo salvo, que todo redimido por la sangre del Cordero de Dios, le obedezca. Pero eso no va a suceder si Cristo no es glorioso para ti: va a ser una imposición, va a ser una carga.

Vas a escuchar los sermones aquí de los pastores y vas a decir: "Es que Cristo exige demasiado, es mucho lo que el Señor pide. Yo me quedo así, no pasa nada. Mejor ya creo que puedo alejarme, porque esto es demasiado". Pero, ¿saben?, eso pasa porque perdemos de vista lo que Cristo ya hizo por nosotros. Cristo ya satisfizo la ley en tu lugar. La gracia también es: "Cree en mí", dice el Señor.

"Porque yo ya cumplí lo que tú no puedes". Claro, pero una vez salvo, el Señor dice: "Agrádame, vive para mi gloria". "Basta ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agradaba a los gentiles", como dice Pedro. "Pero ahora santifícate; búscame en la intimidad", dice el Señor, "refúgiate en mis brazos, que yo sea tu fuerza, tu consuelo, que yo te ayude en la debilidad". Eso es lo que el Señor quiere: que cada uno de nosotros entendamos: "Señor, en nuestras fuerzas nadie podrá estar de pie, pero si confío en ti, yo sé que me levantarás y que me fortalecerás, porque también esperas de mí que yo anhele más de Cristo".

¿Qué dijo en Juan 3:30 Juan el Bautista? "Es necesario que Él crezca, y que yo mengüe". Y aunque tiene que ver con un tema ministerial, no obstante también tiene que ver con el menguar de nosotros. Nosotros debemos menguar, la carne debe menguar, nosotros debemos ser reducidos cada vez más, y que Cristo controle nuestras vidas. En otras palabras, tenemos que ser gobernados por el Espíritu Santo, como enseña Romanos 8:16: "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios". Fíjense: "porque todos los que son guiados" implica tomarte de la mano del Señor, a través de su Espíritu y su Palabra, para tener dirección: "¿A dónde voy?".

Tú tienes que saber que tu fe y tu cristianismo tiene un propósito, tiene una meta. Tu vida en Cristo no es "a ver hoy qué pasa". No: tú despiertas con un propósito específico de ver más de Cristo en ti y menos de ti, y a aguardar el día en que el Señor vuelva por tu vida, o que el Señor te llame a su presencia, aguardando ese día glorioso. Pero ¿cómo esperamos ese día? ¿Cómo estás viviendo tu día a día a la luz de la Palabra, a la luz de lo que Dios espera de ti, entendiendo y sabiendo que el llamado que Dios ha hecho es un llamamiento santo?

Por eso dice el autor a los Hebreos, para traer conciencia a su audiencia: "¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?". No tiene comparación con la ley, no tiene comparación con lo que Moisés vivió y experimentó, con lo que el pueblo de Israel experimentó en el Antiguo Testamento. Estamos hablando del Cordero de Dios, estamos hablando de Jesucristo, del Mesías, de la segunda persona de la Trinidad, viniendo a morir por nosotros. ¿Cómo vas a reaccionar y cómo vas a vivir a la luz de esa verdad? Eso es lo que Dios quiere transmitir.

Anunciada por el Señor, confirmada por los que oyeron

Y no solamente dice esto, sino que "fue anunciada primeramente por el Señor" esta salvación, "y nos fue confirmada por los que oyeron". ¿Quién fue el que dijo: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado"? Cristo. Hebreos capítulo 1, si están familiarizados con el libro, saben que Dios ha hablado a los padres en otros tiempos de muchas formas, de muchas maneras, por medio de los profetas, pero ahora nos ha hablado por el Hijo. Cristo es el último profeta, por decirlo así, quien cierra el canon con su revelación del Nuevo Testamento. Y el Señor la anunció, Él testificó del evangelio, pero a su vez nos fue confirmada por los que oyeron.

El autor a los Hebreos les está recordando: los apóstoles nos testificaron el testimonio del Señor. El Señor habló, el Señor testificó, el Señor murió, el Señor resucitó, y todos los que estuvieron con Él también nos han dado el mismo testimonio. Y hoy, 1900 años después, estamos aquí por causa del testimonio de ellos, y creemos, por lo tanto, que esto es verdad. Pero si creemos que esto es verdad, debemos recordar entonces, en el versículo 4, que Dios testificó juntamente con ellos. En otras palabras, Dios intervino en todo lo que tiene que ver con el mensaje del evangelio. Si estás hoy en Cristo, si la salvación ha llegado a tu vida, si la salvación ha llegado a tu familia, es porque Dios te trajo a Él, porque a Él le plació que le conocieras y revelarse a tu vida.

El Señor testificó. ¿Y qué testificó juntamente con ellos? "Con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad". Así que el testimonio del evangelio, hermanos, no es una buena historia. No se trata de: "Esta historia me convence más que la de Buda, que la de Krishna, que la de Mahoma". "¿Qué crees? Me convence más que lo de María, y me convence más que lo de Guadalupe y Juan Diego". No, hermanos: aquí se trata de que la verdad de Dios fue revelada, y que el testimonio que Dios dio fue acompañar a sus mensajeros, a sus heraldos, con milagros y repartimientos de su Espíritu Santo. En otras palabras, Dios se aseguró de que lo que Él estaba haciendo y lo que Él estaba diciendo era la verdad.

¿Has creído el evangelio de Cristo? Es la verdad de Dios. Dios se ha revelado a través de su Hijo, y Él ha enviado a su Hijo, hablando del Padre, para darnos a conocer al eterno Dios. "Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y a quien el Hijo lo quiera revelar". ¿Cómo puedes entonces conocer al Padre si descuidamos nuestra comunión con su Hijo? Si no tenemos una comunión ferviente con Cristo, mis amados, fácilmente descuidaremos nuestra comunión con el Señor.

No sujetó a los ángeles el mundo venidero

Y a partir del versículo 5 hace un giro. Y no es que sea un giro y un cambio de tema, sino que quiere dejarnos ver que el ser humano, que el hombre, ha sido el objeto de la salvación de Dios, y no los ángeles. Cristo no murió por los ángeles; Cristo no murió por los animales —aunque a veces los niños se consuelan con que hay un cielo para perritos—. No obstante, Cristo murió por la raza humana, Cristo murió por el ser humano. Él se hizo hombre; Él no es un ángel, Él no se hizo un ángel: Él es Dios y se hizo hombre. Dice: "Porque no sujetó" —hablando de Dios— "a los ángeles…", es decir, no encomendó y no puso bajo su dominio y control, "el mundo venidero".

Tú y yo tenemos una promesa clara en el Señor, que es la salvación eterna; la vida eterna es la promesa que Dios nos ha dado en Cristo. Pero esta vida eterna, amados hermanos, conlleva también una promesa gloriosa: de que estos cielos y esta tierra serán también destruidos, y vendrán nuevos cielos y vendrá nueva tierra, donde morará la justicia y donde estaremos eternamente con el Señor. ¿Creemos eso? Gloria al Señor. Entonces, ese mundo venidero le fue sujeto a los hombres, a los redimidos, a los escogidos de Dios, y no a los ángeles.

El punto al que quiere llegar el autor de Hebreos es: date cuenta de que todo lo que Cristo hizo, y lo que Cristo logró y compró con su sangre, fue tu salvación, tu perdón, tu vida eterna, para que puedas disfrutar del mundo venidero que Él ha puesto para ti. Porque le ha placido a Dios darnos el reino, ¿no dice el texto así? A Dios le ha placido esto, y dárnoslo por medio de Cristo. Así que Él no sujetó a los ángeles el mundo venidero acerca del cual estamos hablando.

¿Qué es el hombre?

Y entonces utiliza del Salmo 8 la siguiente referencia: "Pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites?". Ese es un buen pensamiento: "Señor, realmente, ¿qué somos nosotros para que nos consideres de esta manera, para que consideres el darnos todo esto como un regalo, como un beneficio de tu salvación?". Hermanos, si somos analíticos, debemos considerar eso: no somos dignos de que Cristo se haya hecho hombre, no somos dignos de que el cielo se haya humillado hasta la muerte, no somos dignos de ser llamados hijos de Dios.

Porque todos vivíamos en rebelión y enemistad contra Él. Ayer hablamos precisamente de cómo todos nuestros pecados realmente participaron para que Cristo muriera en la cruz. Todos somos culpables, mis amados hermanos; todos participamos de alguna manera para que Cristo muriera en la cruz. No obstante, Él lo hizo por amor; lo hizo por amor y por misericordia, con el grande amor con que nos amó. Dice además que nos hizo un poco menor que a los ángeles: "O el hijo del hombre, para que le visites. Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos; todo lo sujetaste bajo sus pies". Hablando del dominio que el ser humano recibe en Adán sobre toda la creación.

Pero el ser humano peca; el ser humano se subordina bajo aquel que lo venció, bajo Satanás. ¿Recuerdan cuando Cristo es llevado al desierto? Bueno, creo que esas tentaciones fueron en su mente, no tanto como llevado geográficamente a algún punto; si piensas que fue llevado también, no hay problema. Pero el punto es que Satanás le ofrece los reinos de esta tierra, de este mundo, y dice algo muy curioso: "Porque a mí me fueron dados". Y podrías pensar: "Pero ¿cómo?". Sí, porque en el momento que Adán es vencido, todo lo que Dios le había dado a Adán a cuidar se subordina bajo la autoridad que venció al hombre. Es importante entender esto.

Por eso dice: "Bueno, todo lo sujetó bajo sus pies", pero vemos que aún no todas las cosas le son sujetas, como dice al final del versículo 8. Porque todavía el plan redentor, aunque ya se consumó en la cruz, no obstante no llega a su cumplimiento final, lo cual será en la gloria eterna.

Jesús, hecho un poco menor que los ángeles

Y en el versículo 9 hace una transición, y ahora nos va a hablar de nuestro Señor Jesucristo, y nos va a hablar de su encarnación. Dice: "Pero vemos a aquel…" —¿a quién?— "que fue hecho un poco menor que los ángeles". ¿Saben? Este versículo sería maravilloso para los Testigos de Jehová, para decir que Jesús era un ángel y que fue un ser creado. ¿Y eso está diciendo el texto? No está diciendo que sea un ángel, pero sí que fue creado. Pero en el capítulo 1 claramente nos deja ver que es superior a todo, y que Él no fue creado, sino el Creador. Sin embargo, a lo que está aludiendo aquí el autor de los Hebreos es a la encarnación de Cristo: Jesús como hombre tuvo que ser formado en el vientre de María. No obstante, Él es el eterno Dios; esa parte la entendemos.

Pero el autor a los Hebreos quiere ver cómo precisamente esta creación de Jesús como hombre tiene un propósito específico. Y mire lo que dice: "Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles", porque el ser humano es un poco inferior a los ángeles en el sentido del orden de la creación. Pero nosotros fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios; los ángeles no. Entonces, en ese sentido tenemos un valor intrínseco por tener el imago Dei, o la imagen de Dios. Pero Cristo es coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte, "para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos".

Gustó la muerte por todos

Cuando ustedes comen algo, están gustando o degustando el alimento; y cuando estamos hablando de degustar o gustar algo, saboreamos. Cristo literalmente saboreó todos los aspectos que tienen que ver con la muerte. Él no murió poética y románticamente; Él murió literalmente, y saboreó todo lo que tiene que ver con la muerte. Él padeció la muerte real, y no quiere el autor de los Hebreos que ignoremos esto. Dios no quiere que ignores que Jesús sí murió por ti, que Jesús dio su vida por ti, que Él murió en rescate por tus pecados, y que Él padeció una muerte terrible como un malhechor, siendo inocente.

Ahora, todo esto, hermanos, tiene precisamente la meta y el objetivo, en el capítulo 2, de mostrarnos la gloria de Cristo. Cuando hablamos de la gloria de Cristo, hermanos —una vez más reitero—, estamos hablando nosotros, mis amados hermanos… Estoy sudando mucho, ¿verdad? Estamos hablando precisamente de que Dios ha manifestado su esencia, su naturaleza, en Jesús: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre". Cuando tú hablas de "Jesús me salvó", debes de entender quién es Él y conocerle a Él, para que puedas darlo a conocer a otros.

Cuando tú presentas a una persona con otra, te dicen: "Oye, quisiera hablar con fulano". "Ah, no te preocupes, yo lo conozco y te lo puedo presentar". Eso da a entender que conoces a la otra persona y que la puedes presentar. Entonces, cuando tú y yo estamos hablando de Cristo, debemos entender que ciertamente le conocemos, para poderlo presentar a otros. ¿Se imaginan qué terrible sería llegar al cielo y decir: "¿Quién es Jesús? No sé quién sea, porque no tuve comunión con Él, porque realmente no le conocí, no tuve conocimiento en su Palabra"? Hablando de personas que tengamos tiempo en el Señor, yo creo que cada uno de nosotros debemos de entender que el conocimiento de Cristo es nuestra gloria, y ese es el beneficio que Dios nos concede en Él. Ahora, algo también nos queda claro: Él conserva las heridas de la cruz, y fácilmente lo vamos a poder identificar.

Perfeccionado por aflicciones

Pero, hermanos, nos dice aquí el versículo 10 que convenía —esto era conveniente, era importante—: "Convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria" —está hablando del Padre— "perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos". Jesús no murió solamente con un padecimiento durante ese día, sino que Él fue perfeccionado por medio de la aflicción: vino un perfeccionamiento en Jesús hombre. Quiero que entendamos esta parte, porque Él se identificó en todo con nosotros; Él nos representa en todo. Él nos representa cumpliendo la ley a la perfección, Él nos representa muriendo juntamente con Él en la cruz, como dice Gálatas 2:20, nos representa en su resurrección y nos representa en su gloria eterna.

Él nos representó en todo. Hay quienes aluden a este capítulo 2 de Hebreos como "Cristo, nuestro hermano mayor", dándonos a nosotros el ejemplo claramente de los padecimientos que Él tuvo para que tú y yo podamos ser llevados a la gloria eterna. A Dios le convenía, dice el texto, que Cristo fuera perfeccionado por medio de los padecimientos. Los padecimientos de Cristo tienen precisamente el propósito de perfeccionar al autor de nuestra salvación, que es Cristo mismo. Él puede compadecerse de ti, puede compadecerse de mí, hermanos, porque Él padeció siendo tentado en todo, pero sin pecado.

Él es autor de eterna salvación; es el autor de nuestra salvación, y es el autor y el consumador de esa salvación. Pero para poder ver esto, hermanos, Él tuvo que padecer algo para llegar a ese punto. Por eso Él se identificó con nosotros en todo; por eso Él es fiel sumo sacerdote; por eso Él es nuestro abogado, nuestro intercesor, el que es capaz de hacer todas esas cosas, por cuanto Él mismo padeció lo mismo en la carne. No veas a Jesús como alguien desinteresado en tu vida, en tus problemas, en tu situación. Él sabe perfectamente la condición de tu corazón esta mañana, y Él sabe la gran necesidad que tienes de Él, todos nosotros. Pero Él puede lograr esto porque Él mismo lo padeció.

Hermanos, esto no es un Salvador distante; no estamos hablando de alguien desentendido, sino de alguien comprometido con su obra y con la iglesia. El Señor está comprometido, mis amados hermanos, con su obra, con su iglesia, con su propósito, con su plan.

Y ese plan nos involucra y nos incluye a ti y a mí. Gloria al Señor por esto, hermanos, porque le convenía al Padre hacer esto. Dice Isaías 53 que Jehová Dios quiso quebrantarlo. Eso es algo maravilloso, hermanos, porque vemos la perspectiva del plan redentor, donde involucró sufrimiento, dolor y muerte, derramamiento de sangre. Celebramos hoy la Cena del Señor gracias a que Cristo padeció por nosotros. Y estos elementos, aunque representan el cuerpo y la sangre del Señor… el cuerpo sí fue lacerado y su sangre sí fue derramada. Y tenemos que apreciar el sacrificio de Cristo y ver la gloria de Cristo en todo lo que hacemos como iglesia, porque Él padeció en aflicción por nosotros.

Mostrar a Cristo glorioso a nuestros hijos

Hermanos, ruego al Señor que este mensaje de verdad sacuda nuestra mente y nuestro corazón, que nos lleve verdaderamente a reconocer la necesidad que tenemos de Cristo y de verlo como es Él. Esto va a afectar tu adoración, va a afectar tu obediencia, va a afectar tu servicio y va a afectar tu evangelismo; en todos los aspectos, en todos los aspectos de tu vida cristiana. El saber y el entender quién es Cristo, lo que hizo por ti, para transformar las cosas. A veces quizá los padres piensan: "Cómo quisiera que mis hijos tuvieran pasión por el Señor". Pero a veces los padres no la tienen, y solo queremos imponerles que sirvan al Señor, que caminen con el Señor. Les decimos que les conviene, les decimos que es lo mejor, les decimos: "Es que es lo que tu mamá y yo hacemos", pero no nos encargamos de presentarles a Cristo glorioso.

"Hijo, hija, ve lo que el Señor hizo por nosotros". Es como sentar a ese pequeño, a esa pequeña, y explicarle: "Mira, Dios, en su misericordia, vino a este mundo y se hizo hombre por amor a nosotros, pero para padecer la peor de las muertes, siendo afligido, siendo atribulado y siendo asesinado como el peor de los asesinos, como si Él fuera culpable. Pero lo hizo por amor a nosotros. Él quiere que le conozcas, hijo; Él quiere que le conozcas, hija. Quiere que sepas que Él te amó tanto que murió por ti, para que, arrepintiéndote y creyendo en Él, puedas tener vida eterna". Pero si, por el contrario, no nos damos el tiempo para presentarles a Cristo y quién es Él, y solamente les ponemos normas y reglas, la realidad es que fácilmente crecen y se alejan y se apartan, porque mostramos una religiosidad, pero no estamos mostrando el amor del Señor, y no estamos mostrando verdaderamente quién es Cristo.

Ahora, mostrar a Cristo también implica que en momentos estorbes a tus hijos. Va a haber momentos donde tus hijos se están desviando, y tendrás que estar ahí también para mostrar el amor del Señor y ejercer la autoridad que como padre se te ha dado. Pero todo se hace en mansedumbre y en humildad, mostrando a Cristo tú también en todo. Tus hijos no van a anhelar algo que no vean en ti. Ellos van a anhelar a un Dios genuino y verdadero cuando tú lo vives, cuando tú lo transmites. Anhelarán eso, crecerán y dirán: "Es que cada vez que sucede algo, yo vea cómo mis padres oraban, cómo dependían del Señor, cómo ellos amaban a Cristo, cómo testificaban a otros, cómo hablaban siempre del Señor, y cómo nos instruyeron piadosamente en sus caminos para que hoy le podamos conocer".

Eso tus hijos lo van a recordar, eso lo van a recordar. Pero también pueden recordar si fuiste legalista, si fuiste impositivo y no mostraste la misericordia y el amor del Señor. Así que es importante esto, porque el autor de Hebreos quiere demostrarles a los judíos, que eran tan necios… Ellos pensaban estar en la verdad por cuanto "estamos bajo la ley de Moisés", y Cristo no era el Mesías; aunque esperaban al Mesías, para ellos no lo era. Pero quiere dejarles saber y dejarles ver: Él es el cumplimiento de lo que el profeta Isaías nos dijo, Dios con nosotros. Él es quien dijo ser, y lo que los profetas anunciaron y dijeron de Él se cumplió.

Y por lo tanto, los judíos tenían que abrir sus ojos a esas verdades, porque esas verdades debían cambiar sus doctrinas o entendimiento y su concepción acerca de la ley, y ver precisamente la gloria de Dios en su Hijo Jesucristo. El capítulo 2 —perdón—, el Salmo número 2 nos habla a nosotros precisamente de cómo debemos honrar al Padre, pero también al Hijo. Desde el Antiguo Testamento la revelación de la Trinidad existe, y por lo tanto ellos no debían dudar de que Jesús es Dios y que era el Hijo de Dios.

No se avergüenza de llamarlos hermanos

Jesús debía ser perfeccionado por medio de aflicciones. Y el versículo 11 de nuestro pasaje del capítulo 2 de Hebreos dice: "Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos". Finalmente, todo proviene de Dios. Y el punto aquí, hermanos —no lo perdamos de vista—, es que nos están presentando a Jesús encarnado. No estamos hablando aquí de Jesús en su divinidad, sino que estamos hablando del autor de la salvación a través de las aflicciones. Y dice: "Porque el que santifica…". ¿Quién es el que santifica? Dios. ¿Y quiénes son los santificados? Nosotros. De uno somos todos: Cristo es el que santifica, nosotros somos santificados, y todos pertenecemos al Señor.

Por eso dice que no se avergüenza de llamarnos hermanos. ¿Cómo nos llama Jesús? Hermanos. Por eso este pasaje es precioso, porque nos presenta a Jesús como nuestro hermano mayor, como el que nos representó en todo, pero también como el que tiene empatía, amor y cuidado de su iglesia, porque está cuidando de nosotros como su familia. Somos parte de la familia de Dios. "Diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio". ¿Te has dado cuenta de que, si tú estás en Cristo, eres un precioso regalo del Padre para Él? Eso es algo maravilloso: "Los que Dios me dio". "Padre, los que me diste, los guardé, porque son tuyos; a todos los guardé, excepto el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura".

A lo largo de las Escrituras podemos darnos cuenta del amor y la no vergüenza que tiene Cristo de llamarnos familia, hermanos. Pero nosotros, en muchas ocasiones, con nuestro comportamiento, con nuestro distanciamiento —como lo dice el versículo 1—, por nuestro deslizamiento y apartarnos del camino del Señor, fácilmente perdemos de vista la gloria de Cristo, y dejamos de verle como Él nos ve a nosotros. ¿Quién convoca en el día del Señor a su iglesia? ¿Los pastores? No: Cristo, el Príncipe de los pastores. Si estamos aquí es porque Cristo nos ha convocado; Él nos ha llamado, porque Él quiere esa comunión con su iglesia.

Él ama estos tiempos: el que tú te preparas desde un día antes en oración, preparas a tu familia, preparas tu Biblia, preparas todo para no llegar tarde en el día del Señor. Todo es porque Cristo nos convoca, porque Él no se avergüenza de haber muerto por ti. Pero a veces nosotros nos avergonzamos del Señor. Pero ¿cómo es eso posible, que podamos avergonzarnos de Cristo? Hermanos, a veces no solamente se trata de que no estemos testificando acerca de quién es Él, sino de que realmente no apreciemos lo que Él ha hecho por nosotros, de que no amemos genuinamente su sacrificio redentor. Pecamos de la familiaridad; creemos merecer la salvación, cuando en realidad lo que merecemos es el infierno.

Hermanos amados, Cristo es glorioso, y tienes que verlo así. Él no se avergüenza de llamarte hermano; Él no se avergüenza de publicar el nombre de su Padre y de testificarlo a nosotros. No nos avergoncemos de Él. No te avergüences de Cristo: vive para su gloria, vive para Él, testifica de Él.

Participó de carne y sangre

Y en el versículo 14 nos recuerda algo muy importante: "Así que…" —es una conclusión— "por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo". Él es Cristo, hermanos, nuestro Salvador: se hizo hombre, participó de las mismas debilidades y carencias que tú y yo tenemos, para compadecerse de nosotros. Yo no quiero que olvides una cosa: en este instante, en este momento, Jesús está intercediendo delante del Padre por todos nosotros, en todo momento, en todo momento. Él no se olvida de su obra; Él no se olvida de su plan y su propósito en cada uno de nosotros. Él está atento a ello, Él está invertido en ello, y Él espera que nosotros, de la misma manera, nos invirtamos en Él en todos los aspectos de nuestra vida: en nuestra devoción, en nuestra adoración, en nuestra comunión, en nuestra oración.

Que no nos olvidemos de la gloria de Cristo, que no dejemos de ver ese resplandor de su majestad en nuestras vidas. Que no dejemos nuestra Biblia, al regresar a casa hoy después del culto, en el buró o en algún librero, y hasta el otro domingo preguntar: "¿Dónde dejé la Biblia?". No, hermanos: Él anhela esa comunión constante con nosotros, y la necesitamos. Necesitamos esa comunión con el Señor; no podemos estar distantes ni lejos de Cristo. Pero si te has alejado —porque es probable que digas: "Estoy aquí hoy, pero mi corazón está lejos"—, acércate al Señor, y Él tendrá misericordia.

Dice la Escritura que si tú confiesas tus pecados, Él es fiel y justo para perdonar, en Primera de Juan. Y si Él es fiel y justo para perdonar, Él perdonará también tu pecado de distanciamiento y de alejamiento de Él, de no darle a Él la gloria que merece y de no verlo como Él es digno. No te acostumbres: maravíllate cada día de tu Señor. Y para esto tienes que ir a las Escrituras; tienes que ver la gloria de Cristo en su Palabra. Así que, "por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo". No lo olvides.

Para destruir al que tenía el imperio de la muerte

Pero aquí está el propósito: "para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo". Hermanos, vemos la victoria de Cristo; aquí vemos la gloria de Cristo. Vemos cómo en el Antiguo Testamento Dios profetiza cómo la muerte sería destruida y absorbida en victoria, como lo enseña también 1 Corintios capítulo 15. Y ahora aquí nos dice: Él lo hizo para destruir al que tenía el imperio de la muerte. Había un control, un dominio, un reino de las tinieblas. Pero Jesús claramente dice: "He aquí viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí". No hay influencia, no hay absolutamente nada corrupto en nuestro Señor.

Él es fiel, Él es poderoso, Él es santo, Él es justo, y Satanás no puede tener ninguna influencia sobre el Señor. Y eso a nosotros nos da la seguridad y la garantía de que estamos con el vencedor, mis hermanos; de que estamos en la verdad, de que estamos en la seguridad de la salvación en el Hijo del Señor, en el Hijo de Dios. Y por lo tanto, la muerte ha sido destruida, el imperio de la muerte ha sido destruido, y destruye al diablo: Él resucita en poder y en victoria sobre la muerte, sobre el pecado y sobre Satanás.

Ahora, existe una tensión entre el ya y el todavía no, porque todavía hay muerte; todavía sabemos que él anda ahí como león rugiente, buscando alrededor a quien devorar. Sin embargo, la Palabra nos dice: él ya fue vencido; su imperio y su reino fueron destruidos, y la muerte de la misma forma. Hermanos, esto tiene que dejarnos ver a Cristo glorioso, porque los enemigos que nosotros teníamos, los enemigos de nuestra alma, los enemigos que nos apartaban de la presencia de Dios, fueron conquistados por Jesús. Y eso tiene que cambiar tu perspectiva de Cristo, y tiene que traer motivación a tu corazón todos los días, para que con denuedo atendamos su Palabra y obedezcamos absolutamente todo lo que Él nos pide, porque Él ya venció. Gloria al Señor.

Librar a los que estaban sujetos a servidumbre

Porque ciertamente, entonces, dice: "…y librar a todos los que por el temor de la muerte…". Miren lo que ocasiona temer a la muerte: servidumbre, esclavitud. "…Estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre". ¿Saben por qué existe la adoración a la muerte? Por temor a ella. Sin embargo, aquellos que somos de Cristo no tenemos temor a morir. Pero escucha lo siguiente: si para ti el vivir no es Cristo, morir no será ganancia. No lo olvides.

"Por lo cual", el Señor ciertamente no socorre a los ángeles. Jesús no murió por los ángeles. Los demonios que han sido condenados ya, hermanos, lo son, y no murió por ellos. Hay quienes dicen: "¿Y por qué no oramos por él? ¿Por qué no oramos para que se arrepienta? ¿Por qué no oramos para que los demonios vengan al Señor?". Hermanos, no es así: hay una sentencia sobre ellos, y Jesús no murió por ellos; murió por nosotros. Tienes que apreciar eso, hermanos, porque si no socorrió ni siquiera a los seres angelicales, sino que lo hizo por nosotros, ¿cómo nosotros vamos a menospreciar lo que el Señor ha hecho por nuestras vidas?

Misericordioso y fiel sumo sacerdote

"Por lo cual debía ser en todo…". Esta parte es importante, porque Cristo nos representa en todo, hermanos. En todo debía ser semejante a sus hermanos, para venir a ser —¿qué dice?— "misericordioso y fiel sumo sacerdote", nuestro intercesor, "en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo". Cristo es fiel, Cristo es perfecto, Cristo es nuestro intercesor. Pero Él también se hizo hombre para poder tener misericordia de ti y de mí. Y el versículo 18 cierra con lo siguiente: "Pues en cuanto él mismo padeció…". ¿Se dan cuenta? La Biblia no quiere que ignoremos los padecimientos de Cristo. Y por lo tanto, Él no quiere que ignoremos que nuestra pasión por Él tiene que ser proporcional a la pasión que Él tuvo por ti: Él lo dio todo; nosotros debemos darlo todo por Él.

"Pues en cuanto él padeció siendo tentado, él es poderoso…". ¿Cómo es Cristo, hermanos? Poderoso para socorrer. No sé, pero Él sí sabe la condición de cada uno de nosotros esta mañana. Y algo sí es fácil saber: que Él es poderoso para socorrernos en todo momento. Él es poderoso para socorrer a los que son tentados. Yo soy tentado, hermanos, y sé que ustedes también, pero Él es poderoso, porque Él fue tentado, pero nunca pecó, y Él tiene el poder para socorrernos en medio de todo. Pero el contexto general de esto es recordar lo siguiente: Él es poderoso para socorrernos cuando también somos tentados a alejarnos de Él, cuando somos tentados a distanciarnos, cuando somos tentados a deslizarnos y poner nuestros ojos en el mundo y no en la gloria de Cristo.

Oración final

Oremos. Padre, que tu Hijo sea exaltado hoy. Permítenos ver a Cristo glorioso; permítenos ver, Señor, a través de este pasaje… Es un pasaje profundo en cuanto a la revelación de tu Hijo, pero que nos permite ver, Señor, su gloria, sus padecimientos, ciertamente su aflicción, el perfeccionamiento, Señor, sobre su vida, que vino a través de las aflicciones que tú permitiste sobre Él, para que Él viniese a ser autor de eterna salvación. Señor, permite que hoy cada uno de nosotros pueda ver a Cristo como lo que es: verdaderamente glorioso. Que podamos ver en nuestros corazones esto, y nos mueva, Señor, verdaderamente a comprometernos con tu obra.

Señor, pedimos perdón si también hemos permitido que las cosas de este mundo nos seduzcan, si hemos cambiado tu gloria, tu luz, Señor, por los reflectores y el resplandor de las cosas de esta vida. Perdónanos, Señor, si nos hemos dejado seducir y atraer por lo que este mundo ofrece, en comparación a tu gloria eterna, Señor. Pero aquí estamos, reconociendo también nuestro pecado, nuestra debilidad, pero también reconociendo lo que dice tu Palabra; y aprendimos el día de hoy que tú eres poderoso para socorrernos, porque somos tentados. Señor, gracias por tu Palabra, gracias por Cristo y gracias por tu salvación. A ti la gloria por los siglos de los siglos. Amén y amén.

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