Mateo 22:34-40MateoSalvador Toledo
Estableciendo Prioridades
Transcripción
El gran mandamiento
Mateo 22, del 34 al 40. Y a lo mejor esta escritura se nos hace muy conocida a todos, ¿verdad? Creo que el subtítulo de alguna de sus Biblias debe decir "El gran mandamiento"; algunos lo conocemos como las reglas de oro, ¿verdad? Y creo que si partimos de aquí vamos a tener realmente la visión de lo que el Señor quiere para nuestras vidas, y cómo... Muchas gracias, Nathan, y Roberto también, disculpa la molestia. Para ver cómo, partiendo de esto, nosotros podemos agarrar de esta escritura y saber cómo establecer nuestras prioridades.
Mateo 22:34 al verso 40 dice así: "Entonces los fariseos, cuando oyeron que había hecho callar a los saduceos, se reunieron. Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó para tentarlo, diciendo: 'Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?'". Siempre me gusta en estas, ¿verdad?, cuando empieza este tipo de pregunta, ¿verdad?, como que quieren agarrar al Maestro en algo y se les voltea la tortilla, ¿verdad? "Jesús le dijo: 'Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón'". No un cachito: con todo tu corazón, "con toda tu alma y con toda tu mente". Miren lo absoluto que el Maestro está hablando aquí. Dice "con todo"; no dice un pedacito, no dice "con tu corazón", dice "con todo": términos absolutos.
38: "Este es el primero y grande mandamiento". Ah, pues hay un segundo: "Y el segundo es semejante: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo'". ¿Qué habrá querido decir con eso? ¿O sea que si me maltrato voy a maltratar a mi prójimo, verdad? Ahorita en amor tocamos un poco eso. "De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas". O sea que todo lo que se había escrito hasta el momento —todo, ahorita le llamaba, ¿verdad?, Jesús "la ley y los profetas"—, lo que en ese momento se había escrito, se resumió. Y la verdad que es un gran resumen, porque el Deuteronomio, Números —no sé si han tenido oportunidad de leerlo—, a veces dice uno: "¿Por qué tiene esta ley aquí, que no puede hacer aquello, y esto y lo otro?". Se resumió en esas dos cosas.
O sea que de estas dos cositas, ¿verdad?, salió el resumen de todo esto. O sea que de aquí el Maestro nos quiere decir algo muy, muy importante. Si todo lo que se había establecido hasta ese momento se resumía en estas dos cosas, es porque tiene una gran validez y tiene una profundidad bien amplia. Bueno, y aquí, como he mencionado, se resumía en dos cosas, ¿verdad? Y parece que tal vez la cosa se nos hace un poco sencilla, ¿verdad?, porque ya no vamos a tener que aprendernos toda esta ley, ¿verdad?, que nadie puede cumplir, ¿verdad? Y pues son dos cositas, así que es bien fácil. Ahora sí que nos pusieron el balón en nuestra cancha y vamos a meter ese gol, donde va fácil.
Con todo tu corazón, tu alma y tu mente
Bueno, el primer mandamiento dice que es con todo tu corazón amar a Dios. Pero ¿realmente estamos pensando lo que Jesucristo nos dice aquí: "Ama con todo tu corazón"? Hay veces que, si nos ponemos honestamente a pensar sobre esto, ¿estamos dejando que el Señor entre en nuestro corazón hasta donde nadie más ha podido entrar en nuestras vidas? Una buena pregunta para hacernos, y que realmente nos la contestemos honestamente, porque eso es lo que el Maestro nos está diciendo: que lo amemos con todo nuestro corazón. Del corazón salen todos los sentimientos, y los miércoles hemos venido hablando, ¿verdad?, sobre los sentimientos santos, ¿verdad? O sea que el corazón es muy importante en todo esto de crear esos sentimientos.
Pero no tan solo el Maestro nos invitó a eso, sino que es con toda nuestra alma. Del alma, no sé si pudieran recordar algunos de los versículos que nos menciona la Palabra —muchísimos, especialmente los Salmos, ¿verdad?—, nos habla sobre el alma: es de donde emana la vida. El Señor la da, el Señor la quita, ¿verdad? Y cuando vemos esos salmos que profundizan en la esencia de lo que somos, casi siempre utilizan esta palabra: alma.
También dice "con toda tu mente". La mente, aunque no lo creamos así, aunque no lo usemos así, controla todo nuestro cuerpo. Si me di un cantacito en el dedo gordo de acá abajo, ¿verdad?, yo le puedo decir a mi mente: "Silencio, alaba a Dios", u otra cosa, ¿verdad? Pero es nuestra mente la que primero recibió el cantazo que se dio, ¿verdad?, un impulso por acá, y después actúa de acuerdo a eso y dirige tal vez la voz, o lo que sea, o el pensamiento, a hacer lo que tiene que hacer. O sea que nuestra mente es poderosísima.
Y el Señor aquí por alguna razón nos dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón", que es de donde salen todos los sentimientos; "con toda tu alma", de donde realmente mana la vida que Dios nos ha dado; y también "con toda tu mente", que es donde se controla todo nuestro cuerpo. En resumen, es como que el Señor está haciendo que le entreguemos nuestros sentimientos, nuestro cuerpo y la vida misma que el Señor nos ha dado. Realmente no nos pertenece, porque yo no sé usted, pero yo mismo no me pude crear, ¿verdad? Yo mismo no escogí ser puertorriqueño, yo no escogí tener los padres que tengo, yo no escogí... Bueno, tal vez escogí a mi esposa, ¿verdad? Pero lo anterior a eso, no tuve nada que ver con ello. Y es simplemente aceptar eso: "Señor, aquí estoy". Es lo único que puedo hacer. O: "Señor, aquí no estoy", también puedo decir, ¿verdad?
Sujetos a las autoridades
Bueno, ahora vamos un momentito a Romanos 13. Romanos 13 —yo creo que Nathan pronto… llegaremos allá, tengo la esperanza de que lleguemos a Romanos 13—, del 1 al 10. Y de verdad que nos hemos deleitado con ese estudio de Romanos. Romanos 13, del 1 al 10, porque Pablo nos abunda un poquito más al respecto. Romanos 13, del 1 al 10, y vamos a ver. Dice: "Sométase toda persona a las autoridades superiores". Cambió, ¿verdad?, el gobierno: Peña Nieto, ¿verdad? No me estoy equivocando todavía. "Porque no hay autoridad que no provenga de"... ¿de quién? ¿De los electores? De Dios.
Yo no tengo el placer de votar aquí, porque no me permiten, obviamente, pero voté en Estados Unidos; tuve la oportunidad de hacerlo. Y tal vez, como muchos de ustedes, tal vez de mi parte también se eligió al que no quería yo, honestamente, allá. Pero bien claro el Señor dice esto: "Porque no hay autoridad que no provenga de Dios". Y estamos llamados, como hizo el hermano Roberto, a orar por nuestros líderes. Aunque no nos guste, eso es nuestro deber: orar por ellos. "Y las que hay, por Dios han sido establecidas". Esa es bien difícil de tragar, ¿verdad? A veces a lo mejor su jefe... Yo tengo un jefe muy bueno, gracias a Dios, honestamente, pero tal vez he tenido otras veces jefes que no han sido tan buenos, ¿no? Pero ahí dice bien claro que han sido establecidas por el Señor. No es fácil tragarnos eso.
"De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste". Oiga, me enteré ayer que hubieron muchos vandalismos en la toma de posesión. Lamentablemente, a lo establecido por Dios se resiste. "Y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo". Y ahí le está hablando ya a las personas líderes, ¿no? Algunos que somos líderes en cualquier capacidad debemos prestar mucha atención a eso. "¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y serás alabado por ella". Tremendo consejo.
Continúa en el versículo 4: "Porque está al servicio de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues está al servicio de Dios para hacer justicia y para castigar al que hace lo malo". "Ah, es que mi jefe me dijo esto, pero yo voy a hacer otra cosa". Van viendo cómo lo podemos aplicar: estamos acarreando condenación para nosotros. Ahorita vamos a ver un ejemplo muy crítico en cuanto a ello. "Por lo cual" —versículo 5— "es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia".
"Pues por esto pagáis también los tributos, porque las autoridades están al servicio de Dios, dedicadas continuamente a este oficio. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto". Tenemos que pagar nuestros impuestos, hermano. "Al que respeto, respeto"; honrar al que tenemos que honrar, eso es lo próximo: "al que honra, honra. No debáis a nadie nada" —no hacemos mala paga—, "sino el amaros unos a otros". Y aquí empezamos la razón por la cual quise escoger este versículo: "Pues el que ama al prójimo, ha cumplido la ley". Está repitiendo lo que Jesucristo dijo, ¿verdad?, anteriormente, lo que leímos, ¿verdad?, en Mateo 22.
"Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor". Y aquí Pablo está tratando de expandir un poco lo que Jesucristo le empezó a decir al saduceo —¿era o fariseo?, uno de los otros, los confundo, ¿verdad?—. Pero realmente vemos cómo se resume realmente en amar, ¿verdad? Ambos, el primero y el segundo, ¿verdad?, es amar: amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como... ¿verdad?, a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Y vamos a tratar de profundizar en eso.
Ananías, Misael y Azarías
Pero hay un ejemplo que tal vez nos ayude en esto, en el primer mandamiento; está en el ejemplo de Ananías, Misael y Azarías. ¿Se acuerdan de ellos? No, vamos a buscar Daniel 1:6. Daniel 1:6, vamos a ver quién era Ananías, Misael y Azarías, mejor conocidos como Batman y Robin y Gatúbela, no. Dice Daniel 1:6: "Entre ellos estaba Daniel, Ananías, Misael y Azarías" —estamos en Daniel 1:6—, "de los hijos de Judá. A estos el jefe de los eunucos puso nombres" —les cambiaron los nombres—: "fue a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego". Ah, esos son. ¿Se acuerdan? Ahora sí los conocemos, por los nombres paganos, pero no los conocemos por los nombres reales.
Bueno, ahí vayamos a Daniel 3, del 10 al 18. Y fíjense, antes de llegar ahí, Daniel 3:10... Muy interesante, ¿verdad?, la historia. No sé cuántos se recordarán de todo lo que pasó aquí, pero Daniel fue uno... La verdad es que era bien valiente, porque fue de los escogidos, ¿verdad?, de Nabucodonosor en ese tiempo. Y realmente él hasta se negó a comer de la comida que el rey les había dado a este grupo de selectos para comer. Dijo: "No, yo no me voy a contaminar con la comida del rey", y se expuso a que realmente lo matasen por eso.
Pero más adelante el rey tuvo un sueño y les dijo a los sabios: "Vengan acá, díganme el sueño y la interpretación del sueño". Y los sabios eran: "Bueno, su majestad Nabucodonosor, si usted nos dice el sueño, seguro que le damos la interpretación". Y Nabucodonosor era más listo que eso; decía: "No, no, no, si tú eres sabio de verdad, tú me vas a decir qué sueño yo tuve y la interpretación. Porque si yo te digo el sueño, tú me puedes decir cualquier bobería, ¿y quién va a decir que realmente estás diciendo lo que es?". ¿No les parece? Ninguno de ellos pudo descifrar el sueño. Así que les dio un decreto: "Vamos a matarlos a todos, porque no sirven para nada; para nada sirven".
Y vino Daniel, escuchó esto cuando ya estaban a punto de buscarlos a ellos también, porque estaban incluidos entre este grupo. Dijo: "No, no, no, deme chance, aguántese un tantito ahí", ¿verdad? Así es: "Un tantito ahí, déjeme orar a mi Dios para que pase esto". Y Daniel, pues ya saben, ¿verdad?, el Señor se apiadó de Daniel y de Nabucodonosor, y le dijo el sueño y la interpretación del sueño. Aquí aparece una estatua, ¿verdad? No sé si se recuerdan que la estatua representaba todos los reinos que iba a tener, ¿verdad?, el reino. Y el primero que estaba ahí era Nabucodonosor, con algo de oro, y después seguía, creo que era plata; seguían distintos metales, de mayor valor a menor valor, y el último era barro, si no me equivoco.
Delante de la estatua de oro
El punto fue que esto, en vez de provocar a Nabucodonosor a tener más temor de Dios —en cierta parte lo tuvo, porque reconoció que el Dios de Daniel era el Dios de verdad—, pero hizo una estatua para que lo adorasen a él. "Ah, yo soy la cabeza, yo soy el de oro. Así que voy a hacer esta estatua, y el que no adore la estatua lo vamos a mandar a cortar como papas fritas y a freírlo también". Y ahí es donde estamos, en Daniel 3, del 10 al 18: "Tú, rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, la flauta y la cítara, el arpa, el salterio, las zampoñas" —no me preguntes cuáles son esos instrumentos, porque no sé— "y todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro", que estamos hablando ahorita.
Versículo 11, estamos en Daniel 3: "Y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiente. Hay unos hombres judíos...". Y aquí están ya murmurando, y todo esto fue el compinche que se estaban haciendo esta gente, porque les caían mal: Sadrac, Mesac... No pregunto los nombres reales, porque no me acuerdo ahorita: Misael, ¿verdad?, Ananías... Y estaban murmurando contra ellos porque querían acabarlos. Decía: "...a los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia" —tenían celo—: "Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos hombres, oh rey, no te han respetado".
Oiga, si hay algo que le importa mucho a las autoridades, y más si son hombres, honestamente —mujeres, escuchen esto—, es el respeto. Si faltamos al respeto a las autoridades, eso es lo peor. Y si somos hombres, es lo peor que se puede hacer, porque nos pica mucho el orgullo, ¿no? "No adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado". Versículo 13: "Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajeran a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos delante del rey. Habló Nabucodonosor y les dijo: '¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios'" —letra minúscula— "'ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
"'Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, la flauta, la cítara, el arpa y el salterio, la zampoña, y todo instrumento de música, os postréis y adoráis la estatua que he hecho? Porque si no la adoráis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiente; ¿y qué dios'" —letra minúscula— "'será el que os libre de mis manos?'". Está diciendo aquí: "Hacen lo que digo, o sea, o tienen las consecuencias". ¡Qué gran reto! ¿No pueden ver que la autoridad que Dios estableció —porque ahorita leímos que Dios es el que establece las autoridades, de acuerdo a Pablo; se recuerdan que tenemos que someternos a la autoridad— está diciendo hacer algo en contra de lo que ellos creen con respecto a Dios?
Y usted tal vez, y yo, nos hemos encontrado en esa encrucijada —no sé si esa palabra... sí, encrucijada—, de que estamos: "Tengo que amar a Dios sobre todas las cosas, pero la autoridad que Dios ha puesto delante de mí me ha mandado hacer algo en contra de lo que yo sé que es de Dios". ¿Usted ha estado en eso? Vamos a ver este ejemplo: "Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo" —yo quisiera que nosotros fuésemos así—: "'No es necesario que te respondamos sobre este asunto'". Mire qué respetuosamente le estaban contestando al rey. "'Nuestro Dios'" —letra mayúscula— "'a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente'". ¡Qué clase de fe tenían ellos! Pero miren la manera respetuosa en que se están dirigiendo a su líder. "'Y de tus manos, rey, nos librará. Y si no'" —esto es lo que me parte el corazón— "'has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoremos la estatua que has levantado'". Eso es realmente fe: que aunque estemos en las circunstancias en que estamos ahorita, que no vemos salida...
Y aunque el Señor no escoja, por Su voluntad y gracia, darnos la salida que nosotros creemos que es la mejor, ¿verdad? Ya tanto Romanos 8, ¿verdad?: porque solamente el Espíritu sabe lo que nos conviene, por más que a veces queramos. Aunque el Señor no cumpla lo que nosotros queremos que Él cumpla —Él no está obligado—, debemos aprender a confiar de esa manera, como estos tres varones del Señor: "Aunque Tú no me saques de aquí, yo sigo confiando en Ti".
Volviendo al tema original: el primer mandamiento es amar al Señor con todo nuestro corazón, ¿verdad? Pablo nos exhortó a que tenemos, ¿verdad?, que honrar y sujetarnos a nuestras autoridades. Más sin embargo, estos tres caballeros aquí no se sujetaron a las autoridades. ¿Están incumpliendo con lo que Pablo está diciendo? Esa es la pregunta, ¿verdad? Porque el primer mandamiento dice: "Ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con toda tu alma", ¿no? Dios está por encima de cualquier autoridad. Vemos cómo las cosas las podemos poner en la perspectiva correcta.
Vamos viendo: ellos a la muerte natural no le temieron, porque sabían que su muerte, o más bien su vida eterna, estaba puesta realmente en lo que estaban haciendo en el Señor. Aquí hay realmente un gran ejemplo del primer mandamiento.
Primero yo, y segundo Dios
Hay veces que existe un conflicto entre el primer mandamiento y nosotros: yo primero, y segundo Dios. Yo no sé ustedes; a lo mejor yo soy el único aquí. Pero a veces quiero ponerme en el lugar de Dios, y no en el sentido de que me adoren, sino en que: "Ay, Dios, me dijiste esto, pero yo voy a hacer otra cosa". No sé si han experimentado ello. El Señor claramente a veces nos dice... Ah, esto es como Jonás: "Ah, voy para el lado opuesto: me mandaste para Chihuahua, voy para Chiapas". Lo tengo bien, ¿no?, ¿verdad? Por lo menos he aprendido algo, ¿verdad? Primero yo y segundo Dios: "A mi manera", había una canción por ahí, ¿verdad?
Lucas 22:39-44, un gran ejemplo de ello. Lucas 22:39 al 44, el máximo ejemplo. Dice Lucas 22:39: "Salió y se fue, como solía" —ah, solía hacer esto de vez en cuando, ¿quién sería?—, "como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos lo siguieron". Ah, alguien lo estaba siguiendo: los discípulos. A ver quién es. "Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: 'Orad para que no entréis en tentación'". Por algo les dijo "orad"; es Jesús hablando, por si acaso. "Se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra" —no me pregunten cuánta distancia es esa—, "y puesto de rodillas oró, diciendo: 'Padre, si quieres...'".
Esto tiene que haber sido horroroso de parte de Jesús, decir esto: "'...pasa de mí esta copa'". Porque la verdad que: "Tú me enviaste aquí, y yo acepté venir aquí para hacer Tu voluntad. Pero esta gente aquí me vino con el pollino —pollino, ¿verdad?, burrito, ¿verdad?— y me adoraron, y todo eso; me hicieron tremenda fiesta. Pero ahorita, mira: les he dado comida sin comer, más de una vez; he sanado enfermos que nadie ha podido sanar; he levantado muertos, y siguen dudando de que yo soy Tu Hijo. Y tras de eso, ya me están rechazando los judíos: Tu pueblo, mi pueblo. Yo no puedo con esto. ¿Qué se creen ellos? Tú y yo los creamos desde el principio. No tan solo eso: los escogimos para propósito nuestro, y nos están volteando la cara. ¿Qué hago yo aquí? ¿Para qué me enviaste?". Todo eso es lo más probable que está pasando por Su mente ahorita: "Pasa de mí esta copa", porque no la quiero beber, "'pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya'".
Y cuántos de nosotros deberíamos de aprender a hacer esto. Si es para Chihuahua, montémonos en el camión y vámonos para Chihuahua, porque ahí es donde Dios nos quiere. Entonces, el 43: "Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle". Se me hace curiosísimo eso: Dios Hijo, hecho carne, requirió ayuda de un ángel para fortalecerlo. Así de fuerte era la intensidad. A veces tenemos ese conflicto entre primero yo y Dios; eso era exactamente lo que estaba viviendo Jesucristo en ese momento. Como dice —creo que es una canción, ¿verdad?—, que dice que ahí pudo haber enviado millares de ángeles, ¿verdad?, en ese momento. Pregúntese: cuando en la caída de Adán y Eva, ¿Él no pudo haberlo hecho y tirarnos? Pero no lo hizo. ¿Quién hubiera dicho algo? ¿Quién se hubiera enterado? No lo hizo así.
"Lleno de angustia, oraba más intensamente". Pero a veces nosotros, en vez de orar, vamos a murmurar, o vamos a... complain... quejarnos —gracias—, hacemos cualquier otra cosa que no es el ejemplo del Maestro. "Lleno de angustia" —versículo 44— "oraba más intensamente; y era Su sudor como grandes gotas de sangre" —médicamente se puede probar eso— "que caían hasta la tierra". La clave para vencer esto fue la oración. Y ese ejemplo es Jesucristo, Dios Hijo, ¿verdad? Creo que podemos aprender un poquito de ello, ¿no?
Amar al prójimo como a ti mismo
Ahora, ¿qué tal del segundo mandamiento? "Ya entendí: tengo que amar a Dios sobre todas las cosas. Pero ¿qué pasa con el resto: amar a mi prójimo como a mí mismo? ¿Cómo le hago?", ¿verdad? Bueno, la realidad es que, si nos ponemos en esto, dice: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Ahorita sarcásticamente les dije que si me maltrato voy a maltratar a mi prójimo. Porque si no sé tratarme con cariño, ¿cómo voy a tratar a mi prójimo con cariño, si no lo sé? Yo no puedo dar algo que yo no tengo. Y al poder entender eso, nosotros tenemos que realmente dejar que el Señor nos ame.
Y fíjese, esto es bien importante, porque algunos de nosotros han pasado por muchas experiencias en la vida que los han marcado, y no saben lo que es amor. Usted sabrá, y no importa —se lo digo con mucho respeto—, porque realmente lo que importa es el Señor. Él es el que pone ese amor en nuestras vidas, el que tal vez nadie ha puesto en nuestras vidas, y nos va a enseñar a amar. Dejémonos ser primero amados por el Señor. Luego, cuando sintamos ese amor del Señor —y no lo estoy poniendo... cuando digo "luego" no es en término de tiempo, ¿no?, es algo que puede ocurrir en paralelo, ¿no?—, entonces podemos amarnos a nosotros mismos.
Porque si yo no me amo, ¿cómo voy a pretender amar a mi esposa? Si yo no me respeto, ¿cómo voy a respetar a mis compañeros de trabajo, no? Y es importante ese orden, no brincarlo: "Tome cuidado de usted primero antes de tomar cuidado de su prójimo", dice, ¿verdad? Para amar a mi prójimo tengo que amarme a mí mismo; si yo no me amo, no voy a poder amar a otro. Y aquellos pendientes, que están en esas de empezar esa etapa muy hermosa de buscar su pareja —y espero que sigamos la Palabra del Señor: idónea—, ese es el mejor consejo que les puedo dar. No que yo, ¿verdad?, sea el mejor para dar consejo, pero honestamente, si algo es, es eso: ámese usted a sí mismo, para que realmente pueda pedirle al Señor que le muestre esa ayuda idónea.
El amor en el matrimonio
Y hablando de eso, esta dinámica, cuando llegamos al matrimonio, es bien complicada. Vamos a ver, porque Efesios 5:22 al 33 —Efesios 5, del 22 al 33—, y aquí amárrense el cinturón, porque a lo mejor vamos a hablar de dos o tres cositas que no nos gusta escuchar, tal vez. Gracias, pastor. Mateo 5:22 al 33... Gracias. Ajá, Efesios 5, del 22 al 33. Y dice... y vamos a hablar de ambos. Así que, mujeres, aguántense un momentito: vamos a hablar también de los maridos. Simplemente Pablo empezó por las mujeres, no sé por qué; se supone que empieza por los hombres, ¿verdad?, porque siempre habla en términos de masculino, qué sé yo. Pero mujeres primero, creo que hizo aquí.
Pero Efesios 5:22 al 33: "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor". Y no pretendo entrar en detalle en cada una de estas cosas, porque esto en sí mismo es un estudio, y libros se han escrito sobre ello, ¿no? Pero es para fuerte: "Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es Su cuerpo".
"...y Él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo". Y yo he tenido el privilegio de experimentar ello, y le digo que hay veces que yo he tomado decisiones que no han sido las más apropiadas, pero Dios, por honrar a mi esposa de sujetarse a mí, nos ha bendecido, a pesar de lo torpe que he sido para tomar decisiones. Y se lo digo literalmente: hemos sido bendecidos por la obediencia de ella a sujetarse a mí, ¿verdad?, a tomar la decisión equivocada.
"Maridos" —25—, "amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella". Lo leemos, pero ¿realmente lo estamos entendiendo? Cristo dio Su vida por esos... como en mi país dicen, sinvergüenzas que somos todos nosotros —no sé si aquí se usa ese término—, que no nos merecíamos el sacrificio de Cristo. O sea, Dios envió... le dijo a Oseas que se casara con la prostituta, ¿verdad?, para experimentar un poco sobre ello. Pero ahí nos dice que tenemos que amar con esa intensidad y profundidad, de dar nuestra vida a pesar de que la otra persona no se lo merezca. ¿A ese nivel realmente estamos amando a nuestras esposas?
¿Para qué? 26: "para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de" —y esta es nuestra responsabilidad, 27— "presentársela a sí mismo" —a Cristo— "una iglesia gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha". ¿Qué estamos haciendo para ello, varones? Estamos llamados a santificar a nuestras esposas; a eso es a lo que estamos llamados, así mismo como Cristo hizo. 28, ¿verdad?: "Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama". O sea que si realmente nos amamos, vamos a mostrarlo a nuestra esposa. "Pues nadie odió jamás a su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, como también Cristo a la iglesia". Perdón.
Y eso es lo importante de lo que mencionamos anteriormente: tenemos que amarnos nosotros primero para poder amar a nuestra esposa, ¿no? Porque si me maltrato, vamos a probar a maltratar a mi señora, y eso no es a lo que estamos llamados. Cuando lo ponemos en el absoluto —el absoluto es Cristo, ¿no?—, y cuando nos comparamos con el absoluto de Cristo: Cristo no maltrató a la iglesia, Cristo amó a la iglesia hasta la muerte, que no la merecíamos. "Porque somos miembros de Su cuerpo, de Su carne y de Sus huesos. Por esto dejará" —muy importante; esto va en contra tal vez de algunas de las culturas latinoamericanas— "por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne".
Y esta es la parte complicada del asunto, porque ahorita me están diciendo: "Ama a Dios sobre todas las cosas; ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero mi esposa es mi prójimo, pero ahora es yo mismo. No sé si pueda entender lo que... ¿me puede explicar? Mi esposa y yo somos una sola carne. Ahorita, ahí es que se pone lo complicado. "Grande es este misterio". Ah, mira lo de: pero me refiero a Cristo y a la iglesia. Bueno, está hablando de Cristo y la iglesia, aunque el matrimonio también es un gran misterio, ¿verdad?, muy hermoso, por lo demás. 33: "Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer" —como mencioné anteriormente— "respete a su marido". Respeto es lo que nosotros, los hombres, entendemos como lo máximo.
Primero el cónyuge, luego los hijos
O sea que, dentro de esto de establecer prioridades, nuestros cónyuges vienen primero que... Voy a decir dos cosas que son totalmente, culturalmente, opuestas a lo que dice la Palabra: a nuestros padres y a nuestros hijos. Nuestra cultura, incluyendo la mía, ¿verdad?, que la compartimos, a veces nos dice: "No, la mamá es la santa", ¿verdad? Y a la mamá la ponen en el pedestal, que ni los hijos la pueden... Los hijos míos no podrían tumbar a mi mamá, ¿verdad?, culturalmente hablando, ¿no? Y nuestros hijos: ¿cuántos ponemos a nuestros hijos por encima de nuestros cónyuges? Y no digo que en discordia ni en pleito, pero les prestamos más atención a nuestros hijos y mostramos más amor a nuestros hijos que a nuestros cónyuges. Examínese si estamos haciendo eso, porque es en contra de lo que dice la Palabra.
O tal vez lo ponemos por encima de nuestro trabajo. "Jefe"... Yo se lo digo literalmente a mi jefe: "El jefe aquí es usted, pero el jefe de mi vida es Dios, y después mi esposa". Y de hecho ella ya trabaja más que yo en la casa. Así que, esposos, debemos amarlas con un amor que se entregue, para santificarlas al Señor, hasta la muerte. A lo mejor suena medio difícil, o palabra rara, no sé, pero implica tanto. Lo único que le pido es que se acuerde del sacrificio que hizo Jesucristo por usted y por mí. A ese nivel es que Dios nos está llamando a ser con nuestras esposas, a ese nivel. Señoras, deben respetar y sujetarse en todo a sus maridos; eso fue lo que dijo Pablo.
Ahora, ¿qué estamos haciendo para cumplir esto? ¿Qué estoy haciendo yo para cumplir ello? Pregúntele a su esposa ahorita —te pregunto, mi amor—, para que realmente supla las necesidades de nuestros cónyuges. Porque es lo que dice la Palabra: amar a Dios sobre todas las cosas, a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Y nuestro primer prójimo, aunque somos una sola carne, es nuestro cónyuge, aquellos que tenemos la dicha de estar, ¿verdad?, en matrimonio.
El orden en la casa del líder
Ahora, ¿qué hay de otras relaciones? Qué bueno que pregunta. Vamos a 1 Timoteo 3, del 2 al 5. 1 Timoteo 3, del 2 al 5. Porque ya vimos que es Dios primero, ¿verdad?; después tenemos que aprender a amarnos, pero tenemos que dejar que el Señor nos ame, ¿no? Y después que el Señor nos ama, nosotros podemos entonces amar a nuestro prójimo, ¿no? Y empezamos con el primer prójimo, con quien somos una sola carne: con nuestro cónyuge. 1 Timoteo 3:2 al 5, y después el versículo 12 también; vamos por ahí.
Dice el versículo 2 de 1 Timoteo 3: "Pero es necesario que el obispo...". Aquí vamos a hablar de dos cargos en la iglesia que se daban en el tiempo: obispo y los ancianos. Porque es un gran ejemplo si tomamos el ejemplo de los que llamamos los líderes de la iglesia, ¿verdad? A ellos se les llama a un estándar —"estándar", ¿está bien en español?—, a un estándar mayor, ¿verdad?, que tal vez a las personas que tal vez no sean líderes. Y por eso es un buen ejemplo.
Al ver aquí 1 Timoteo 3:2: "Pero es necesario que el obispo sea irreprochable" —disculpen—, "de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; que no sea dado al vino ni amigo de peleas, que no sea codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro". Versículo 4: "que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad". Y la razón por la cual traje esto es el versículo 5: "(pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)". Vamos viendo cómo esto nos ayuda a ver cuál realmente es el orden bíblico. "Que no sea un neófito, no sea que, envanecido, caiga en las condenaciones del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo".
Y menciona algo también muy interesante en el versículo 12: "Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y lo mismo, que gobiernen bien a sus hijos y sus casas". No podemos pretender cuidar a la iglesia si no cuidamos de nuestros hijos primero. Ahí bien claro el versículo 5 lo dice: "Pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?". A veces ponemos... Espero que a lo mejor vayan viendo el garabatito que traté de dibujar ahí, ¿verdad? A nuestros hijos por encima de los demás. Vamos viendo: primero Dios; tenemos el yo, ¿verdad?; mi pareja, somos una sola carne; luego aquí nos dice: nuestros hijos.
Y después los demás.
No confundir el ministerio con la relación con Dios
Y un punto que tal vez quiero que pensemos es que hay veces que confundimos nuestro ministerio con la relación con Dios, y es bien fácil mezclar esas dos cosas. El amor que yo tengo por Dios no es en función de lo que yo haga por Dios, entre comillas, porque yo no puedo hacer nada por Dios, pero lo que a Dios le ha placido: que yo pueda servirle a Él. No sé si me hago explicar. Primero, que yo no me creé; segundo, que aunque Él me haya creado, y todo lo demás, Él hace conmigo lo que Él quiera, ¿no? O sea que yo de mí mismo no puedo dar nada; o sea que mi amor por Él no depende de mí, depende de Él.
Y a veces malinterpretamos, o decimos: "Yo amo más a Dios si canto aquí", o qué sé yo, lo que usted haga, ¿verdad?: barro aquí, o lo que sea, enseño allá. Y decimos: "Si hago, si canto más o barro más, estoy amando más a Dios". Pero a lo mejor por cantar o barrer más estamos yendo en contra del orden bíblico del que ahorita hemos venido hablando. No sé si me hago explicar. No confundamos el ministerio, ni pongamos el ministerio, ¿verdad?, más allá de lo que el Señor quiere, que es nuestra relación con Él. Si mañana tal vez me quedo sin voz y estoy en una cama, el Señor me va a seguir amando, aunque no pueda hablar más, ¿no?
Pero el Señor me dio una encomienda bien clara a mí, según lo hemos leído: amarlo a Él primero; amar a mi prójimo; primero dejar que Él me ame, ¿verdad?; amar a mi prójimo, cuando dentro de ese prójimo está mi esposa; luego de mi esposa, mis hijos; y luego los demás. Eso es bien claro.
Mayormente a los de la familia de la fe
Bueno, luego, ¿quién sigue? Porque ya hemos llegado, ¿verdad?, hasta dos o tres calidades, y empezamos desde Mateo, ¿verdad?, 22, creo que fue. Gálatas 6:9 al 10. Gálatas 6, del 9 al 10; ya estamos concluyendo. Luego, ¿quién sigue? Gálatas 6, del 9 al 10: "No nos cansemos, pues, de hacer bien". Nunca nos cansemos de hacer eso, hermano. Si sabemos hacerlo bien, hagámoslo bien, ¿verdad? "Porque a su tiempo segaremos". "Ah, pero es que no me hacen caso". "Ah, pero es que le hablo de la Palabra y no me escucha". "Ay, pero me hace muecas, y no lo voy a saludar ya, porque cada vez que lo saludo me sale con otra cosa", ¿verdad?; "ni me saluda; al contrario, me sale con regaños". Ah, no, eso no es a lo que estamos llamados a hacer, "porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos".
"Así que, según tengamos oportunidad" —usted está respirando, yo estoy respirando; creo que significa que tengo la oportunidad de hacerlo—, "hagamos bien a todos". "Ah, no, no voy a hacérselo más que al que me cae bien, aquel que me saluda todos los días; a ese lo saludo". ¿Y el que no me saluda? "Mira, que el Señor lo bendiga". "Y mayormente a los de la familia de la fe". Mírese esto, interesante: él hace una distinción de que mayormente a los de la fe. O sea que los de la fe son un poco más importantes que tal vez los demás, ¿no?, en este sentido.
Conclusión
Y tal vez podríamos ponerlo así: Dios primero, nosotros, nuestro cónyuge, nuestros hijos, la iglesia y los demás. Y así tal vez podemos establecer prioridades que a diario vayan de acuerdo a lo que la Escritura nos diga. Meditemos en ello; meditemos qué realmente el Señor quiere de mí; meditemos en Su Palabra: "Señor, háblame a través de Tu Palabra; no tan solo ello, ayúdame a actuar conforme a Tu Palabra". Y esto es un pedazo, tal vez, de lo que el Maestro nos quiso decir con aquel Mateo 22, de amar a Dios sobre todas las cosas y amar a mi prójimo como a mí mismo.
Oración final
Para concluir, me gustaría hacer una oración; después tenemos...
Señor, gracias por la oportunidad, Señor, que nos has dado hoy de un día más. Gracias por Tu Palabra, que tenemos la oportunidad de conocerla. Gracias por conocerte a Ti, Maestro. Señor, ayúdanos a poder entender Tu Palabra, meditar en ella, ponerla en acción de acuerdo a la voluntad Tuya. Señor, te pido, Maestro, que Tu Palabra, Señor —y es Tu promesa—, no retorne atrás vacía, y que la pongamos en práctica, Señor. Ayúdanos a entenderla, Señor; ayúdanos a meditarla; ayúdanos a ejecutarla, Señor. Señor, porque muchas veces no sabemos cómo conviene; pero, Espíritu Santo, Tú estás ahí no tan solo para animarnos, sino para interceder por nosotros cuando aún nosotros no podemos hacerlo por nosotros mismos.
Te damos las gracias, Espíritu Santo, por esa obra maravillosa que estás haciendo en cada uno de nosotros, y confiamos también en Tu promesa de que Tú la llevarás hasta que se perfeccione cada una de nuestras vidas. Gracias por Tu provisión y por Tu amor, Señor. Que podamos seguir caminando delante de Tu presencia, en Tu caminar, Señor. Y cuando nos toque, tal vez como le pasó a Jonás, desviarnos, ayúdanos a ver: envía la calabacera, sea lo que sea; envía la mula para que nos hable; envía lo que tengas que hablar, Señor. Pero no nos permitas, en Tu gracia, en Tu misericordia, desviarnos de Tu voluntad, Señor. Confiamos en ello, Señor. Te damos las gracias. En Tu nombre hemos orado. Amén.
Escúchanos
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