Colosenses 3:5-17ColosensesRoberto Reyes
La Vida Antigua y Nueva
Transcripción
Introducción
Bien, hermanos, pues hoy quiero compartirles una porción de la Palabra de Dios. Vamos a la Biblia, la Palabra de Dios, a la carta del apóstol Pablo a los Colosenses. Y este pasaje, no sé por qué —o estoy descubriendo por qué— el Señor me lo ha puesto desde hace ya algún tiempo; que le he estado dando vueltas, y he estado, pues, leyéndolo y tratando de saber qué es lo que el Señor quiere mostrarme aquí, a través de Su Palabra, en esta porción. Pero, pues, ¿qué mejor que poderlo compartir con ustedes y poder saber qué quiere decirnos el Señor nuestro Dios?
Como decía nuestro hermano Paco, pues esta semana que pasó, que concluyó el día de ayer, fue una semana difícil. Pero gracias a Dios, hermanos, podemos sentir el respaldo y el apoyo de la oración, el poder de la oración, palpable prácticamente, y doy gracias a Dios por ello. Porque a pesar de que las cosas no parecían del todo bien, estamos esperanzados en el Señor, Aquel que todo lo puede, Aquel que da todo y quita todo también, de acuerdo a Su voluntad, a Su propósito. Y doy gracias a Dios por ello.
Vamos a leer, hermanos, para tener idea de qué es lo que vamos a compartir, lo que vamos a estar tratando. Y ya leí en la mañana los primeros versículos de Colosenses capítulo 3; en la mañana leíamos del 1 al 4. Pero donde quiero que estemos meditando ahorita es del 5 al 17, y que en la Reina-Valera se subtitula "La vida antigua y la nueva". Y aunque nuestros hermanos han estado tocando varios aspectos —los hermanos que han estado predicando: su hermano Paco hablaba del barro, y ya Alfredo nos daba un resumen de los hermanos que han estado predicando desde que concluimos el estudio de Romanos con Nathan, y nuestro hermano Salvador, "Estableciendo prioridades"—, entonces es un tema que va de la mano también.
Lectura del pasaje
Vamos a leer, versículo desde el 1. Vamos a leer, hermanos, para saber qué es lo que Pablo les está diciendo a los colosenses. Dice: "Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria".
Sí. Luego dice "La vida antigua y la nueva", versículo 5: "Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.
"Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él".
El contexto de Colosas
Pues es parte de los saludos ya finales de esta carta que escribe el apóstol Pablo a los colosenses. Hermanos, quiero que veamos un poco el contexto histórico de Colosas, de la ciudad de Colosas, siendo el autor Pablo, como de muchas de las otras cartas, y escrita, al igual que Efesios, Filipenses y Filemón, desde la cárcel, probablemente desde Roma. Sí, y ahí es donde toma algo extraordinario también, ¿verdad?: la forma en que Pablo escribe guiado por el Espíritu Santo, aun en condiciones mucho muy adversas, estando en prisión. Esto fue escrito aproximadamente entre los años 60 y 64 después del Señor Jesús.
Y fue dirigida a la iglesia en Colosas, en donde se mencionan tres ciudades importantes: Hierápolis, Laodicea y precisamente Colosas, que están ubicadas en la provincia de Éfeso, en donde también Pablo establece una de las iglesias principales como centro de operaciones en sus viajes misioneros. Entonces, todo esto está situado en lo que conocemos como Turquía, en Asia Menor actualmente; ahí está el centro del mundo, también parte del centro del mundo como lo conocemos. Y estos cuatro capítulos es una carta... pues a lo mejor hay cartas más breves, pero esta es breve también: cuatro capítulos que conforman la carta a los Colosenses.
Y Pablo les escribe con la finalidad de contrarrestar lo que estaba ocurriendo en esta iglesia. Como en muchas otras, había una situación de errores doctrinales que surgían de la mezcla de los judaizantes, lo que trataban de hacer los judaizantes, con las filosofías orientales, filosóficas de ese tiempo. Era una situación difícil; había mezcla de todo tipo, y principalmente por todo lo que traían los habitantes en Colosas. Y estas herejías, pues, oscurecían la gracia divina del mensaje de Cristo, que había sido llevado en toda la pureza del Evangelio.
La epístola a los Colosenses tiene un parecido considerable con la de Efesios; tenía situaciones muy similares. Pero Pablo hace en Efesios... hay un distintivo muy característico: que a los Efesios muestra la figura de la iglesia como el cuerpo de Cristo, mientras que a los Colosenses resalta a Cristo como la cabeza de la iglesia. Dos puntos diferentes, pero con una misma esencia, que es el Señor Jesús: como la cabeza, como el cuerpo, Su iglesia, y Cristo allí guiando en todo tiempo.
El énfasis predominante de esta carta —y es lo que ocurre en nuestros días también— es la advertencia contra la confianza en la sabiduría mundana. Y es algo que nos aqueja hoy en día, la sabiduría mundana: un grave problema. Y la advertencia es igual a la que aparece en 1 Corintios, que nuestro hermano Humberto compartía, o decía algo en la mañana, que es una conducta... la conducta humana, específicamente. Y es porque en Corinto, la ciudad de Corinto, la situación era también extrema en cuanto a depravaciones sexuales, y todo lo que se daba allí, a los Corintios, cuando escribe. Entonces también hay una similitud: lo que escribe en 1 Corintios también aparece a los Colosenses, pues padecían igualmente problemáticas similares en ese tiempo, en las diferentes iglesias que Pablo había establecido.
Históricamente, hermanos, se sabe que Pablo pasó algunas veces por la región de Frigia, de acuerdo a Hechos 16 y 18, en sus viajes misioneros; pasaban por toda esa región, pero sin visitar la ciudad de Colosas. Incluso algunos han pensado que posiblemente Pablo nunca estuvo en Colosas. Podríamos preguntar: "Entonces, ¿cómo es que se estableció una iglesia allí?". Piensan también algunos que sí estuvo ahí, y que incluso él mismo fue quien fundó la iglesia en Colosas. El hecho es que sí se estableció una iglesia, y que posiblemente Epafras —de quien hace mención el apóstol, dando un testimonio de mucho aprecio, de mucha admiración y de mucha estimación hacia este hermano de Pablo—... El hecho es que la influencia del apóstol Pablo tuvo ahí un gran revuelo en toda esta región, en los diferentes viajes, y la obra del Espíritu Santo, pues, usándolo en todo momento.
Bien, pues la estructura básica de la carta nos muestra el prólogo en los primeros capítulos; primer capítulo: la obra salvadora del...
...Señor; el ministerio de Pablo; el que vamos a estar tratando hoy, la nueva vida en Cristo; concluyendo con salutaciones finales del apóstol.
¿Por qué volvemos atrás?
Y ya leímos, hermanos, esta porción. Y aquí es donde nos preguntamos a veces, para tratar de entender qué es lo que estaba ocurriendo en esta iglesia, qué es lo que ocurre en las iglesias de hoy en día. Viendo el programa general de la carta a los Colosenses, y habiendo leído el pasaje, vamos a tratar de entender, y entendernos también a nosotros: ¿por qué se dan ciertas situaciones en las iglesias? Nos preguntamos a veces, cuando leemos en el Éxodo, cuando el Señor abre el mar, cuando pasan en seco, cuando una nube los protege —una nube para protegerlos del sol durante el día, y la llama de fuego durante la noche para darles también calor y protección—.
Y habiendo visto esto todos los israelitas, pareciera que inmediatamente después se voltean, olvidan lo que el Señor había hecho en sus vidas, y otra vez se vuelven a hacer cosas ofensivas al Señor. Y es donde nos detenemos a preguntar: si lo acababan de experimentar, de vivir y de ver, ¿por qué razón es que otra vez vuelven a las cosas que saben que Dios no acepta? ¿Qué situación vemos aquí, hermanos, en este pasaje de los Colosenses? ¿Qué podemos decir al leer esta carta? ¿Por qué causa podemos pensar que existían estas situaciones dentro de las familias, que obviamente venían a repercutir en las iglesias, en la comunidad en sí? Es lo que es la línea que siempre vienen los problemas, ¿no?: problemas en casa, problemas en la escuela, problemas en la iglesia; en automático vienen a repercutir en las iglesias.
Y debemos considerar que los creyentes que se reunían en Colosas constituían un grupo principalmente de procedencia gentil, y que estaba compuesto de personas en su mayoría, o tal vez en su totalidad, que traían un antecedente de unas costumbres, que habían profesado cultos paganos, y que traían todavía ataduras tal vez, o cosas muy fuertes en sus propias vidas. Y era una realidad que estaban muy vulnerables todavía a recaer en situaciones, o retomar situaciones que ya habían dejado o habían tratado de dejar.
Podemos pensar entonces que aquellas cosas que teníamos costumbre de hacer nosotros en nuestra vida anterior, antes de conocer y de tener la luz del Evangelio, en aquel tiempo, siguen siendo en la actualidad tal vez una lucha que estamos teniendo. Y cada quien, en lo personal, en lo secreto, lo está viviendo. Y ahí es donde tenemos que detenernos a evaluar si realmente es esta lucha que estamos teniendo: ¿ya dejamos de luchar, o la estamos tratando de ignorar por comodidad, o por muchas razones?
Entonces, hermanos, esta situación es la que prevalecía en Colosas, en los hermanos, en los colosenses. Y pues, al igual, como el apóstol habla aquí en el capítulo 3: "Si habéis resucitado con Cristo"; es decir, vuelve al fundamento. Tenemos que volver al fundamento bíblico de aquello en lo que hemos creído, en lo que nos sacó de aquella inmundicia en aquel tiempo a nosotros, y que tenemos que retomar y volver a darle el valor tan precioso que debe tener, que tiene de hecho, y que lo debe tener para nosotros.
Volver al fundamento: Romanos 5
Vamos a Romanos, hermanos —ya nuestro hermano les decía: nos ha dado abundante enseñanza en las series de los estudios de Romanos—. Y vamos a Romanos capítulo 5, versículo 17. Romanos 5:17 en adelante, y vamos a ir viendo; vamos al fundamento. ¿Por qué la situación que nos acongoja a veces se vuelve tan difícil, pareciera tan difícil, que no podemos dar batalla a estas luchas? ¿Hay algo todavía ahí, hermanos, que pudiera estarnos impidiendo esa plenitud de la libertad en Cristo Jesús?
Dice el versículo 17 de Romanos 5: "Pues por la transgresión de uno solo" —a quien hace referencia: a Adán— "reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo", esto es, Jesucristo. ¿A quiénes? "...los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia". Y aquí vamos a estar retomando este primer pasaje: la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Aquí vemos que esta es una promesa del Señor, sí: que mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo. Esa es la promesa para todos los que la quieran aceptar. Lo hemos aceptado.
Dice el versículo 18: "Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres" —y aquí ya no existe la excepción: la condenación vino para todos, ¿verdad?, toda la humanidad—, "de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida". Y aunque aquí otra vez, hermanos, menciona "a todos", no significa que de manera automática va a ser esta bendición, ¿verdad? Sabemos que realmente es para, como dice el versículo 16, solo aquellos que reciban la abundancia de la gracia y el don de la justicia. No es para todos, no es en automático. Por el sacrificio del Señor todos tienen derecho, todos tienen la oportunidad, pero todos aquellos que reciban —como dice el versículo 17—, que reciban la abundancia de la gracia y el don de la justicia.
Versículo 19: "Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos". ¿Quiénes serán constituidos justos? Aquellos que reciban la abundancia de la gracia, el don de la justicia, a través del sacrificio del Señor, y la elección de la que ya nos ha hablado Nathan, capítulo 10 de Romanos. El versículo 20 dice: "Pero la ley se introdujo para que el pecado abunde; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia". Y ahí descansamos también, ¿verdad?, en este confort que el Señor nos da: mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia. Y eso lo hemos podido experimentar de muchas formas en nuestras vidas.
Versículo 21: "...para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro". Y este es el Evangelio de fe que predicamos, ¿verdad? Esto es lo que creemos; eso es lo que una vez nos anunciaron, lo que una vez les anunciaron a los colosenses, y de lo que a veces nos estamos desviando también.
Muertos al pecado
Entonces, hermanos, enseguida, en el capítulo 6, Pablo pues también habla acerca de la nueva forma de vida —igual de lo que les habla a los colosenses—, o estilo de vida que debemos llevar en la nueva naturaleza que hemos adquirido a través del sacrificio del Señor. Y seguimos leyendo "Muertos al pecado", capítulo 6 de Romanos. Y dice Pablo, habiendo ya explicado lo anterior, el contexto que estamos viendo: "¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?". O sea: "¿Queremos más gracia? Vamos a pecar más". Es lo que está preguntando. "En ninguna manera", ¿verdad? "Porque los que hemos muerto al pecado" —y ahí es pregunta para todos—, "¿cómo viviremos aún en él?". Ya no debe haber cabida para esto. Dice Pablo: hemos muerto al pecado, ¿no, hermanos? Así debiera ser.
Versículo 3: "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte?". Son preguntas que Pablo está haciendo, y nos las está haciendo a nosotros. Versículo 4: "Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva", o "en novedad de vida", como dice otra versión. Esa es la idea: que andemos en esta nueva naturaleza, novedad de vida, en vida nueva, y todo lo que eso encierra, todo lo que esto conlleva: la vida nueva en Cristo Jesús.
Entonces, hermanos, ¿estamos de acuerdo en que Dios nos ha provisto de una nueva naturaleza en el momento en que hemos creído en Él? Sí. En el momento en que llegamos al conocimiento de Su Palabra, esa es la nueva relación que ahora tenemos con el Señor: hemos puesto cuentas con Él, la nueva relación que hay...
Y acabamos de leer Romanos 6:4: "Porque fuimos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo" —que todos hemos realizado—, "a fin de que como Cristo resucitó de los muertos para la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva". Esa es la idea, es la meta que tenemos que alcanzar, y tenemos que mantenernos, siendo este el fundamento, hermanos, para todo creyente que ha entendido, atendido, el llamado de Dios. Y sabiendo Pablo que los colosenses ya lo habían escuchado, habían recibido este mismo mensaje, les exhorta ahora a llevar una vida de acuerdo a la fe que han recibido. Por eso es que escribe ahí esos versículos del 5 al 17.
Haced morir lo terrenal
Y vamos a ver, hermanos, dice primeramente aquí "La vida antigua y la nueva", en Colosenses 3, versículo 5. Vamos a retomar Colosenses 3:5. Dice, inicia: "Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros". Dice Pablo: ¿quieren realmente dejar de padecer tantas situaciones tan difíciles en sus vidas? Hagan morir, pues, lo terrenal. Los colosenses, en su gran mayoría recién convertidos, como les decía, pues habían venido de prácticas mucho muy extremas de paganismo, en todos los aspectos. Eran altamente vulnerables, en el peligro de recaer en esta situación; se descuidaban en muchas áreas espirituales, y ahí era propicio que Satanás pudiera tener ahí la ventaja.
Aquí Pablo menciona algunas de las principales cosas que amenazaban a los colosenses, y que hoy en día nos amenazan a todos nosotros, al pueblo de Dios. Y vamos a leer las que menciona el apóstol. Dice el versículo 5: "Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros", y dice cuáles son: "fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría". Y esta palabra es interesante: "que es idolatría". ¿Qué pudiera tener que ver con estos cinco...? Esta lista de cinco vicios, o cinco cosas, que están causando grandes problemas a los colosenses.
Esta lista con cinco vicios —vamos a llamarle así— describe al pecador como él es en sí mismo: pecados que son propios de cada persona, sí, que no tendrían una relación directa con el prójimo, y que recaen específicamente dentro del aspecto sexual. Fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia recaen en este aspecto, que brotan de pensamientos pecaminosos. Obviamente Pablo menciona que estos vicios son idolatría.
Lo que es idolatría
Y en el pueblo cristiano siempre tenemos la tendencia a relacionar esta palabra, idolatría, con el culto, veneración o adoración a figuras, ¿no? Nosotros, como cristianos, vemos —ahorita van a estar todo el tiempo pasando por la carretera las peregrinaciones— y tal vez venga a la mente "idolatría, idólatras", porque llevan sus imágenes y llevan todo en sus camionetas, en sus mismos cuerpos, bicicletas, etcétera. Y hay esa tendencia a nada más relacionar la idolatría con imágenes, fotografías, etcétera. Pero sabemos, hermanos, o debemos saber, que idolatría es todo aquello que nos aleja, o nos separa, o nos llama la atención de lo que es el Señor Jesús. Todo aquello a lo que le damos una mayor importancia de lo que es importante viene a ser idolatría.
Ajá. Y principalmente aquellas cosas que nos cuesta dejar, o aquellas que nos cuesta mucho reconocer en nosotros mismos. Ahí es donde tenemos que estar trabajando y pidiendo la ayuda del Señor. Aquí el apóstol menciona aquellos en los cuales existe un mayor arraigo para las personas. Y Juan Calvino, al respecto de este pasaje, afirma que estos vicios son llamados miembros. ¿Por qué miembros? Como nuestras piernas, nuestros brazos, porque son parte de nosotros. Y los llama así debido a la fuerza con que se adhieren a nosotros: es difícil luego desprenderse de todas estas cosas.
Los hijos de desobediencia
El versículo 6 de Colosenses 3 dice: "...cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia". Y aquí ya está subiendo de tono el apóstol: "sobre los hijos de desobediencia". Y veamos que este mismo sentir escribe a los Efesios; como les decía, hay mucha similitud en esta carta a los Colosenses y a los Efesios. Vamos a Efesios capítulo 2, versículo 1, y vamos a ver la similitud que hay, como muchas otras cartas que mencionan estas mismas listas, con otro contexto diferente.
Y dice Efesios 2:1, otra vez yendo al fundamento: "Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia". Y ahí está, así como dice: "cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia". Es Satanás el que está actuando; dice que "ahora opera sobre los hijos de desobediencia", es decir, teniendo el control Satanás.
El versículo 3 de Efesios 2 dice: "...entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne" —ahí estábamos, hermanos—, "haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás". A todos aquellos que volteamos a ver, y a veces hasta criticar: por naturaleza ahí estábamos también nosotros. Y esta era la condición en la que se encontraban los colosenses, y la condición en la que nos encontrábamos en otro tiempo también nosotros.
Retomando Colosenses, versículo 7 del capítulo 3, sigue diciendo el apóstol —pareciera que estamos leyendo la misma carta a los Efesios—, dice el versículo 7: "...en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas". Un tiempo pasado. Y Pablo da por hecho que estos pecados, que este estilo de vida, ya no existe en nosotros; ya no están activos en nuestra vida, ya no gobiernan en nuestras vidas todo esto.
La segunda lista: ira, enojo, malicia
Continúa Pablo ahora con una segunda lista, en el siguiente versículo, de otros cinco vicios, o miembros, como decía Juan Calvino. Ahora, aunque parecieran menos graves, también traerán consecuencias muy lamentables. Y dice el versículo 8: "Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas", y empieza la lista: "ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca". Y esta segunda lista, a diferencia de la primera lista, que les decía que describe al pecador como él es en sí mismo —deseos de la carne, propios de inmoralidades sexuales—, ahora esta segunda lista muestra vicios con relación a nuestro prójimo, en donde ya atentamos, o ya ofendemos, a nuestro prójimo.
La ira, pues, todo lo que desprende la ira, ¿verdad?: ofensas, gritos, insultos, etcétera. O el enojo, que va de la mano. La malicia, cuando ya actuamos llevados o cegados por la ira y el enojo. Maldecimos, como blasfemia. Y ahí, pues, las palabras deshonestas, malas palabras que vienen de nosotros. Entonces continúa el apóstol; el versículo 9 dice: "No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos". Dice "no mintáis", sí; viene como haciendo una siguiente categoría: no mientan tampoco, dice el apóstol. En la vida del creyente, hermanos, la mentira debe ser abandonada, porque esto también nos va a llevar a situaciones lamentables, como hipocresía o engaño. Esto conlleva a la mentira, ¿verdad?
Revestidos del nuevo
Y dice el apóstol, versículo 10: "...y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno". O sea que hay que revestirnos de este nuevo hombre que el Señor nos ha conferido. Y este conocimiento pleno del que hace referencia aquí Pablo es una promesa. Dice: "...el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno". Esa va a ser la meta: el conocimiento pleno.
Y esta promesa del conocimiento pleno a la que se refiere tiene que ver directamente con el corazón y la mente, que es de lo que viene hablando en sus dos listas que ya ha hecho. ¿De dónde vienen todos los malos pensamientos?, decía el Señor. Del corazón, ¿verdad? Entonces, de ahí hace referencia: para que haya este conocimiento pleno, pues se tiene que trabajar directamente con el corazón y la mente. Y debe ser experimental y vivencial; no nada más saber que se tiene que hacer, compartirlo incluso como recomendación o medidas para poder vivir de una manera correcta, sino que primeramente debe ser experimental en nuestras propias vidas. De ahí va a tener un mayor alcance lo que podamos compartir.
Y tiene como meta todo esto el llevar a cabo la santa voluntad de Dios en nuestras vidas, y esto es en lo que debemos perseverar siempre. El versículo 11 menciona en lo que estaban ocupados debido a los judaizantes, la labor de los judaizantes de tratar de estar agregando cosas a la salvación a través de la fe. Dice: "...donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, sino libre" —perdón—, "siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos". Es decir: déjense ya de señalamientos, de críticas, de envidias, de egoísmos, y concéntrense en esto, que es importante, dice Pablo.
Vestíos como escogidos de Dios
"Vestíos, pues" —versículo 12—, "como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia", que es el fruto del Espíritu, todo esto. Y ahí vamos viendo cómo va tomando forma ahora la contraparte de las listas que ya había hecho el apóstol. Ajá: entrañable misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre y paciencia; "soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros".
El perdón
Y aquí habla del perdón, hermanos: algo fundamental para todo creyente, y para toda persona, incluso sin el conocimiento de la Palabra. Si no hay un perdón, va a haber, de lo que comentaba en el libro Nathan ahorita, infinidad de problemáticas espirituales interiores, como la depresión, por ejemplo. ¿Por qué es tan difícil perdonar, hermanos? Aquí el apóstol dice, y hace referencia al Señor Jesucristo, que entregó todo: "Si alguno tuviera queja contra otro, de la manera que Cristo perdonó, así también hacedlo vosotros". ¿Qué mayor ejemplo puede presentar Pablo? Pudiera él decir: "Yo perdoné de muchas formas a los que me agredieron", estando él en la misma cárcel. Pues estamos seguros de que había perdonado las causas, o a aquel que sin razón alguna lo llevó a prisión. Entonces pone el mayor ejemplo del perdón: a Cristo Jesús, que nos perdonó.
Sabemos, hermanos, que es difícil hacerlo, incluso en el pueblo de Dios. Sabemos la infinidad de problemáticas que acarrea el no haber perdonado: desde lo conyugal, en los padres a los hijos, los hijos a los padres, los padres a los hijos, y que se mantiene en secreto ese rencor, esa falta de perdón. Y pronto vienen situaciones lamentables; eso va a ser inevitable cuando no existe el perdón como el Señor nos lo enseñó, y como hace referencia aquí el apóstol.
Vestíos de amor, el vínculo perfecto
El versículo 14 dice: "Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto". Y Alfredo hablaba precisamente del amor en su participación en la Cena del Señor. Y vínculo es ligadura: una ligadura perfecta, el amor. Dice: el amor, que es el vínculo, o ligadura perfecta. El énfasis que da Pablo en esta virtud de supremacía que es el amor por sobre todas las cosas; dice: "Sobre todas estas cosas vestíos de amor". Ajá. Es el amor el que precisamente encabeza la lista de 1 Corintios 13, ¿no?, si recuerdan esa parte, 1 Corintios 13.
Y vamos a leer 1 Corintios 13, versículo 13, nada más, en donde resume todo lo que conlleva el amor, lo que el amor debe predominar en la vida de cualquier creyente, ajá, que conoce al Señor, y el verdadero amor, que es a través del Señor Jesús. Y dice 1 Corintios 13, versículo 13: "Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor". Entonces aquí otra vez a los colosenses les habla esto mismo: sobre todas estas cosas —ya dejaron todas esas cosas—, vístanse del amor, que es el vínculo perfecto, para un conocimiento pleno, para ser revestidos del nuevo hombre, para todo lo que Pablo ya les viene diciendo. Ajá.
Y vemos la concordancia, hermanos, de los demás autores en sus cartas, como decíamos en la mañana: Juan, el discípulo amado, cómo habla del amor, de un amor a la manera que el Señor lo enseñó; de Pedro también; del autor de Hebreos; y de la misma forma Pablo, siempre considerando la importancia vital de esta virtud. Por ejemplo, a los Filipenses —les voy a leer—, dice lo primero que pide a los Filipenses en su carta, en el versículo 9. Dice: "Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento". Es decir, después del saludo que hace el apóstol a los Filipenses, en el capítulo 1, el versículo 9 dice esto: "Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento". Conocimiento.
Y a los Gálatas también escribe; vamos a leerlo: Gálatas 5, versículo 6. Gálatas 5, versículo 6, dice: "Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino que la fe que obra por el amor". Es decir, todo eso háganlo a un lado; no se detengan, no se estén estancando y tratando de batallar en esas cosas que no les van a llevar a nada, sino la fe que obra por el amor. Y más adelante, versículo 13, también de Gálatas 5: "Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros".
Y es muy enfático el apóstol en que sin esta virtud tan importante del amor pues no van a funcionar las cosas. Veía una frase que dice que el amor es el lubricante que permitirá funcionar suavemente a las demás virtudes. Porque podemos hablar de paciencia, pero si no hay amor, pues va a ser una paciencia hipócrita, a lo mejor. Podemos hablar de la exhortación; el hermano Paco normalmente dice: "Vamos a exhortar en amor". Porque, les repito la frase, el amor es el lubricante que permitirá funcionar suavemente a las demás virtudes. Si no está, si no anteponemos esta virtud, va a ser difícil tratar de llevar las demás; va a ser superficial nada más, no va a tener el efecto que esperamos, o que podemos esperar en el Señor.
La paz de Dios y la gratitud
Y por último, hermanos, el efecto que habrá de suceder habiendo atendido a todas estas recomendaciones y exhortos que les hace a los colosenses, y que nos hace a nosotros el Señor. Colosenses 3:15 dice: "Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones". Gobierne en vuestros corazones: es decir, que haya un control absoluto de parte de Dios en nuestras vidas. "...a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed"... ¿qué? "...agradecidos". Y ahí viene otra virtud mucho muy importante: la gratitud, siendo un privilegio y un deber de todo creyente, principalmente, y de todas las personas.
Conocemos gente que no tiene el conocimiento de Cristo, pero saben ser muy agradecidos, ¿no? Y decimos: son estas personas propicias para el Evangelio; nada más les falta conocer al Señor, pero ya tienen todas las cualidades, ¿no?, que pudiera uno incluso anhelar, y que a veces nos cuestan trabajo. Dice: "sed agradecidos". Y siempre debemos verla así, hermanos: como un privilegio y un deber, la gratitud. La gratitud contribuye a la paz y a mejores relaciones entre todos. Si no hay gratitud, siempre va a haber estorbos en nuestras propias vidas.
La palabra de Cristo more en abundancia
Entonces, el versículo 16 dice: "La palabra de Cristo" —otra vez— "more". Ya dijo que gobierne, ¿verdad?: "la paz de Dios gobierne en vuestros corazones"; ahora, "la palabra de Cristo more en abundancia en vosotros". Hablamos de la paz de Dios; ahora, la palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, "enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría" —para el conocimiento pleno del que venimos hablando—, "cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales". Ese va a ser el resultado: un canto pleno, con gracia en nuestros corazones, que verdaderamente lo podamos sentir, y que sintamos que es para el Señor, y que viene desde muy dentro de nosotros.
Y el versículo 17, que es conexión con el versículo 23 también de este mismo pasaje: "Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del...
...Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él". Y el versículo 17 también nos dice: "Y todo lo que hagáis"... el versículo 23, perdón: "Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo" —es decir, estando plenamente seguros— "que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia". Porque ¿a quién servimos, hermanos? A Cristo Jesús. Y este programa que estamos por hacer hoy es el ensayo general, como si ya estuviéramos haciéndolo el próximo sábado, pues es para esto mismo, ¿verdad?: para el Señor.
Entonces, el versículo 17, vamos a leerlo nuevamente: "Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él". La gratitud otra vez, y todo lo que ya el apóstol vino diciendo, hermanos.
Deberes sociales de la nueva vida
Entonces, los siguientes versículos que siguen allí, como dice en la Reina-Valera, "Deberes sociales de la nueva vida": ya son deberes sociales, que también son importantes; es importante que los atendamos. Y ya nuestro hermano Salvador nos compartió algo al respecto la semana pasada, muy relacionado con esto, en "Estableciendo prioridades". El versículo 18, por ejemplo, habla a las casadas, sí; el 19, a los maridos; el 20, a los hijos; el 21, a los padres; el 22, a los siervos; y el 23 pues resume allí lo principal: que todo debe hacerse de corazón, como para el Señor y no para los hombres. No nos detengamos a tratar de agradar o quedar bien con nadie, sino que exista en nosotros el amor, la gratitud, y buscando siempre el ser agradecidos con el Señor Jesucristo.
Conclusión
Es un hecho, hermanos, que debemos cambiar cosas en nuestras vidas, ¿verdad? Todos lo sabemos; cada quien sabe con qué está batallando, con qué estamos luchando, dónde están nuestras debilidades. Y aunque muchos no las sepamos —aunque somos una iglesia pequeña y sabemos tal vez alguna buena parte de estas situaciones—, el Señor Jesucristo sí sabe perfectamente todas estas situaciones. Y si bien, pues, cada año se hacen peticiones especiales, deseos, y se retoman cosas —"ahora sí voy a tratar de hacer"—, pues ¿qué mejor momento, no?, para hacerlo. El Señor siempre estará allí con los brazos extendidos, esperando a que atendamos Su enseñanza, y que aprendamos de las enseñanzas que el Señor nos da cada día.
Y dice Pedro: "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis" —de preferencia no lo hagan—; "pero si alguno pecare, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo". Entonces el Señor, por todos los lados que queramos verlo, ahí está siempre, con el amor que el Señor Jesús vino a enseñar y que vino a mostrar en el sacrificio.
Y para terminar, hermanos, quiero que leamos el privilegio que tenemos todos los que hemos creído en Cristo Jesús como nuestro Señor. Vamos también a 2 Tesalonicenses capítulo 2, versículos 13 al 17, porque esta es la gran esperanza que tenemos, el gran privilegio del cual ya estamos disfrutando, y podemos seguir disfrutando, en un conocimiento pleno, con nuestra mente y corazón. Y dice el versículo... vamos a leerlo todos, hermanos: "Escogidos para salvación", dice, capítulo 2, versículos 13 al 17: "Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a la cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra".
Esto es lo que el Señor hizo por nosotros y está haciendo con nosotros, hermanos. Entonces, vamos a atender eso. Vamos a ver qué es aquello que está estorbando a este conocimiento pleno al que el Señor quiere que lleguemos. Y que el Señor nos siga ayudando como iglesia, sabedores de que las cosas que nos acontecen cada día aquí como iglesia, la gran familia que somos, no pudieran ser tanto por un pecado generalizado, sino porque a lo mejor ahí estamos cada quien en lo personal, y el Señor quiere trabajar en lo personal, como lo hizo una vez con nosotros.
Oración final
Vamos a dar gracias. Señor Jesús, te agradecemos por este tiempo, mi Señor. Gracias porque Tu Palabra es buena, Señor; es fresca, Señor, a nuestra alma, Padre. Y te agradecemos, Señor, porque nos muestras, Padre, aquello en lo que Tú quieres que nos detengamos a reflexionar, Señor: qué es lo que estamos haciendo mal, qué es lo que estamos ya tan acostumbrados que ya lo vemos como normal, y que sabemos que es algo que te está ofendiendo y que nos está limitando en una relación plena contigo, Señor. Ayúdanos, Padre, a que verdaderamente, Señor, podamos atender todos estos llamados, Padre, todas las formas diferentes en las que Tú nos hablas, en las diferentes circunstancias y situaciones que permites en nuestras vidas, Señor: desde enfermedades, desde accidentes, desde situaciones de conflictos, Señor.
Que en todo aquello, Padre, nos detengamos a ver qué es lo que nos quieres decir, Señor; qué es lo que quieres que dejemos de hacer, y que lo atendamos con toda reverencia, Señor, y con toda agilidad también. Ayúdanos a ver todas estas cosas, Padre, y que, como en lo personal, en lo familiar, podamos establecer, Señor, prioridades, Señor, como nos hablaba nuestro hermano, y que, Señor, te pongamos a Ti en primer lugar. Y que seamos honestos, Señor, para reconocer todo aquello que nos impide este conocimiento pleno acerca de Ti, Señor. Ayúdanos, Padre; Tú conoces nuestras debilidades, nuestras limitaciones, y que en todas ellas Tú estés con nosotros, Señor. Te doy gracias por esta Tu Palabra, y te agradecemos en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor. Amén. Amén.
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