Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Jeremías 18:1-10JeremíasPaco Díaz

Barro en Manos del Alfarero

Transcripción

Un documental en la casa del alfarero

Jeremías capítulo 18, versículos 1 al 10. Y vamos, por favor, sí, con la ayuda del Señor, por supuesto, a echar a volar nuestra imaginación. Vamos a imaginarnos, vamos a contemplar con nuestros ojos, con nuestros sentidos, con todo lo que tenemos de referencia en cuanto a lo que es la alfarería, en cuanto a lo que son las artesanías. En Cuajimalpa tenemos fiestas que les llaman la del barro, y jarros, y quién sabe qué tantas cosas ponen por ahí, todas con una gran variedad, una gran diversidad de modelos. Hermanos, que el Señor nos ayude a poder entender este cuadro de Jeremías capítulo 18, versículos 1 al 10. Vayamos, pues, a ver esta película; vayamos a ver este documental de la casa de un alfarero.

Capítulo 18, versículo 1: "Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo...". Jeremías, el profeta llorón. Y en verdad que sí fue el profeta llorón; en su caso, lean lo que sigue después de estos versículos, del 18 en adelante: es el más duro reclamo a Dios por hacer la voluntad de Él. Jeremías, el profeta llorón. Sí, ese no es el tema, pero comprendan a Jeremías en este sentir de los versículos 18 y del capítulo 19, que es en verdad tremendo. Pero estamos en este versículo 18: Jeremías, este profeta llorón, este profeta que fue llamado a predicar, a decir lo que Dios quería, sabiendo que no le iban a hacer caso, sabiendo que iba a ser rechazado, sabiendo que su vida la pondrían en peligro.

Y le dice el Señor: "Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír Mis palabras". Allí te haré oír Mis palabras. Jeremías recibía directamente de Dios los mensajes, y él fielmente los transmitía al pueblo; él fielmente podía transmitir lo que Dios le había dicho. Pero en este caso Dios dice: "Yo te puedo decir el mensaje directo, pero ahorita quiero que vayas a casa del alfarero, contemples, observes, y ahí tú mismo puedas ser inspirado en forma inmediata, para que entiendas con más fuerza lo que habrás de decirle a Mi pueblo. Cuando hayas visitado la casa del alfarero, ahora tú vas a predicar habiendo escuchado y observado, para que puedas predicar con esa inspiración que vas a tener al ver la casa del alfarero. Quiero que utilices esto como una realidad de lo que vas a decir".

Y Jeremías, sabiendo dónde estaba la casa del alfarero, no se niega: busca, va y encuentra, obedeciendo esa orden: "Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír Mis palabras". Y obediente, Jeremías "descendió a casa del alfarero, y he aquí que el alfarero trabajaba sobre la rueda".

La rueda es la vida

Todos hemos visto, por documentales, por diferentes formas, que el alfarero trabaja en una rueda, y le está dando vueltas. Y como tiene toda la masa toda deforme, toda amorfa, toda sin forma, la tiene ahí, y entonces va dándole vuelta. Obviamente le va poniendo, con toda la artesanía, con toda su experiencia, va dándole forma, y se moja las manos, le sale por todos lados el barro, y le va dando vuelta a esa rueda. Para que, en una fórmula: una vuelta a la rueda es una vuelta en las manos del alfarero.

¿Qué es la rueda? La rueda es la vida, es el tiempo de la vida. La rueda es el tiempo de la vida; cada vuelta que da la rueda es un día de nuestra vida. Y ahí está el alfarero con un barro, una calidad de barro, una fórmula de barro, una fórmula de tierra gruesa, o espesa, fina, áspera, no lo sé; cuánta humedad, cuánta blandura tiene que tener para ser moldeado, no lo sé; solo el alfarero lo sabe.

Pero esa rueda, esa rueda... vamos a ponerle fecha a esa rueda. Hoy, en estos momentos, ¿qué día es hoy? 18 de noviembre. Esa rueda tiene una fechita aquí; tiene todas las fechas de los 365 días del año. Y hoy dice 19... 18 de noviembre de 2012. Va dando vuelta, terminan las 24 horas de hoy en esa rueda. Y en esa rueda están las manos del alfarero. ¿Se lo están imaginando? Está el alfarero, está sentado, está la rueda, está el barro, y va dando vuelta.

La vasija se echó a perder

Y dice el versículo 4: "Y la vasija de barro que él hacía"... ¿qué pasó? "...se echó a perder en su mano". Lo que menos pretendería un alfarero cuando recibe la visita en su taller es equivocarse, es hacer algo mal. Al contrario, con la experiencia que tiene, con todo lo que sabe, con todo lo que conoce y los materiales que tiene, con una visita... Y esa visita va a observar que precisamente en el tiempo de su visita, en el tiempo en que está viendo para admirar y aprender, y todo lo que Dios le quiere enseñar, el alfarero, con esa experiencia, está sobre la rueda, tiene esa masa amorfa, esa masa llena de barro y de todas las características para hacer un vaso, y esa se le echó a perder en su mano.

¿Qué pudo haber ocasionado que ese barro se le haya echado a perder? Entendamos que nosotros somos ese barro que está formando el Señor. Pero ese alfarero, con su experiencia... Y si el alfarero es Dios, si el alfarero es Cristo Jesús, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, es perfecto, ¿cómo es posible que en Sus manos perfectas se le eche a perder ese vaso? ¿Qué pudo haber ocasionado eso? Una piedrita, que lo hiciera brincar, que hiciera que se quebrara, que se rasgara, que no saliera la forma que Él quisiera.

En nuestras vidas, una simple piedrita de orgullo —de vernos a nosotros mismos, y pensar en nosotros mismos, y exaltarnos a nosotros mismos— puede ser suficiente para echar a perder, dañar, lo que Dios está haciendo en nosotros. Como nos ha tocado ver en todas las festividades de 15 años: a las mujercitas que celebran sus 15 años, hermosísimas, esperando por 15 años ese momento en que su familia se goce y vea todo ese moldeo de 15 años; la rueda del tiempo, la rueda de la vida, por 15 años estar dando vuelta en las manos del Señor, cuando son creyentes. ¿Qué hizo que se le echara a perder ese vaso al alfarero? ¿Qué fue?

Tras nuestros ídolos iremos

Aquí hay un contexto hacia el pueblo de Israel, que orgulloso se afanaba, y orgulloso, que aun conociendo la Palabra de Dios, empezó a imitar las costumbres de los pueblos alrededor. Aprendió a adorar otros dioses, aprendió a sucumbir ante la presión de la sociedad, como muchos cristianos tienen todavía hoy en día: que tienen todavía a la Virgen de Guadalupe ahí, o tienen algún ídolo ahí; o bien todavía celebran el Día de Muertos llevando comida al panteón, y sucumben ante este sincretismo, ante esta situación de... que no están en la Biblia, pero que estos usos y costumbres únicamente ofenden a Dios.

El pueblo de Israel se había alejado. Y todavía, miren lo que dice en el versículo 11: "Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá". Después de haber observado todo, dice: "...habla a todo hombre de Judá y a los moradores de Jerusalén, diciendo: 'Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí Yo dispongo mal contra vosotros, y trazo'". Trazo: hay arquitectos, hay ingenieros; hemos trazado en la ropa, cuando están diseñando ropa trazan, hacen trazos, hacen todo. El Señor trazó "contra vosotros designios; conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras".

¿Y qué creen que contestó el pueblo de Israel? Por eso el Señor le llama a Jeremías a que observe todo lo que hay en la casa del alfarero. Porque dice en el versículo 12: "Y dijeron: 'Es en vano'". Lo que Tú nos mandas decir a través de Jeremías, todo lo que Tú digas, Dios, es en vano, "'porque en pos de nuestros ídolos iremos'". ¿Cuáles son nuestros ídolos? Puede ser el trabajo mismo, puede ser el deporte, pueden ser las novelas, puede ser el exceso de adornos en tu vida, en tu vestir, en tantas cosas. Iremos en pos de nuestros ídolos.

"...y haremos" —fíjense nada más qué forma de hablarle, qué ofensa al Creador— "y haremos cada uno el pensamiento de nuestro"... ¿qué? Ay, ¿quién se atreve a decir "de nuestro malvado corazón"? Aceptar que tengo un malvado corazón, y que del malvado corazón fluye todo esto. Pues ese es todo el propósito por el cual Dios le pedía a Jeremías que observara todo lo que estaba pasando: para poderle hablar a gente tan dura, tan difícil.

Porque dice en el versículo 13: "Por tanto, así dijo Jehová el Señor: Preguntad ahora a las naciones, quién ha oído cosa semejante". Su pueblo, el pueblo de Israel, siendo Su pueblo, se atrevió a hablarle así a su Creador. Hay otras naciones que lo hacen, y se hace mucho, y en nuestro país, México, también lo hacen: cuando están en el Zócalo alabando y haciendo limpias, y qué tantas cosas, brujería y hechicería, tanto ídolo que tenemos, tanta mezcla, Santa Muerte, y tantas cosas. "Por tanto, así dijo Jehová: Preguntadle ahora a todas las naciones, quién ha oído cosas semejantes". Pues nuestros paisanos, nuestro mismo México, ha hablado de su malvado corazón.

Y dice: "Gran fealdad ha hecho la virgen de Israel". Una nación entera. Nuestro México, nuestro México también, como muchas otras naciones; aun Estados Unidos, siendo el país que conoce, y tiene en sus billetes In God We Trust, "En Dios confiamos", y tiene fundamento en la Palabra de Dios, aún está haciendo gran fealdad como nación.

Volvió y la hizo otra vasija

Volvamos al versículo 4: "Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano". Cuidado, hermanos, con todo nuestro caminar: que nosotros no hagamos un obstáculo en la rueda de la vida y nos echemos a perder en las manos perfectas del Alfarero. ¿Y qué dice? Punto y coma: esa vasija que se echó a perder en su mano, "volvió y la hizo otra vasija". Volvió y la hizo otra vasija. Vean la experiencia, vean la autoridad, vean el poder, vean todo el absoluto poder y perfección que tiene nuestro Alfarero, Dios —y nosotros en Sus manos—, como para poder corregir, para poder modificar.

¿Para poder alterar el principio de Su diseño que tenía para cada uno de nosotros? ¿Cómo nosotros podemos, a través de nuestro orgullo, a través del pecado, a través de muchas cosas que nos distraen y que se vuelven prioridad en nuestras vidas más que Dios, alterar...? Y aquí es donde creo que hace poco Josué pidió en la Cena del Señor, o alguien pidió, el himno de "Esas manos cariñosas". Es un himno que tiene mucha poesía, puesto que las manos del Señor no eran como a veces... como las pinta Miguel Ángel y las pintan otros. Eran manos de un carpintero, eran manos de un trabajador, eran manos de hombre, pero tan tiernas y dulces como para poder acariciar a los niños y decir: "Dejadlos venir a Mí". Esas manos perfectas, esas manos que fueron horadadas en la cruz del Calvario, son manos perfectas que tienen en Sus manos el barro, nuestras vidas, para irlas moldeando en la rueda de la vida y darles la forma que Él quería.

Las repisas del alfarero

Me imagino a Jeremías en la casa del alfarero, con las diferentes herramientas de trabajo que tiene el alfarero, y muchas repisas alrededor con muchas vasijas ahí: unas quizá quebradas, otras quizá no terminadas, otras bien terminadas, otras muy, muy bonitas. Y me imagino que alrededor de ellas podríamos pensar, en una forma simbólica, en una vasija, en un vaso. Porque este énfasis que Dios usa en la Biblia acerca del alfarero es el énfasis de hacer los vasos. En la época antigua lo más esencial eran los vasos: ahí ponían el vino, ahí guardaban hasta la ropa, ya guardaban el arroz, guardaban todo en los vasos.

De tal manera que es tan abundante en la arqueología encontrar alfarería, o pedazos de alfarería, en los cuales los arqueólogos y antropólogos pueden determinar el grado de cultura, el grado de avance; tantas cosas pueden interpretar acerca de todos estos vasos que se hicieron, el material y la forma en que se labró. De ahí se puede... da imagen, da idea de lo que eran.

Pues aquí yo me imagino al alfarero ver esos vasos ahí, y uno de esos vasos, por ejemplo, ser Sansón, que conocía de Dios, enfermo de la mente en el sexo; llevó su vida, por las mujeres, a un vaso de deshonra. Y veo ahí el vaso de Sansón, todo con grietas. Veo otro vaso: a George Müller, el favorito de Mónica. Veo a George Müller, un vaso en otra repisa, pero en donde están los vasos hechos con esas manos gloriosas: a George Müller. Y en otra repisa veo un vaso que se llama Hitler, todo desquebrajado, hecho pedazos. ¿Se imaginan, en este sentir, ver todos esos vasos alrededor de la casa del alfarero?

Ahí estás tú, ahí está Paco, ahí está Marilyn, ahí estamos cada uno de nosotros por nuestro nombre, con un diseño particular, con un diseño firme. Y quizá en la vida de Paco el Señor hubiera querido hacer un vaso con diferentes formas, siluetas, y a lo mejor una parte está muy quebrada, muy lastimada, porque ahí yo me resistí: mi orgullo, mi pensar en mí, mi énfasis en lo que soy. Pero ahí están esos vasos, vasos que el Señor quiere que nosotros entendamos.

¿Quién eres tú para que alterques con Dios?

Como dice en Romanos 9 —y Nathan nos ha estado haciendo mucho énfasis en esos versículos—, Romanos capítulo 9, versículos 20 al 23. Imagínense al apóstol Pablo, haberse imaginado también la casa del alfarero: repisas con vasos terminados, a medio terminar, bien terminados, quebrados, lastimados. Y dice en el versículo 20 del capítulo 9 de Romanos, en el que Nathan nos ha estado haciendo énfasis. "Mas antes" —dice el apóstol Pablo—, "oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios?". ¿Se imaginan la rueda, la rueda de la vida, donde tiene el alfarero el barro, dialogando el barro con el alfarero y el alfarero con el barro? Imagínense. Dice el apóstol Pablo: "¿Quién eres tú para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: '¿Por qué me has hecho así?'".

"Yo quería ser panzón, yo quería ser delgadito, yo quería ser como este florero estilizado; yo quería que todos me vieran y me conocieran por mi diseño propio, personal, con mis prejuicios, con mis usos y costumbres". El barro le dice al alfarero. Y el alfarero dice: "No, yo no te voy a hacer así", y lo aprieta. Y el barro dice: "Ay, me aprietas, no aguanto; me salgo de la iglesia, me voy a otro lado, me voy a mi trabajo, pienso en mí, pienso en todo; no aguanto, no me aprietes, Señor". Eso: "¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: '¿Por qué me has hecho así?'".

Versículo 21: "¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar Su ira y hacer notorio Su poder, soportó con mucha paciencia" —fíjense, las repisas llenas de vasos en la casa del alfarero— "soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para la destrucción" —versículo 23—, "y para hacer notorias las riquezas de Su gloria...". Esa maestría, esa destreza del alfarero manejando el barro. Dice: "...soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de Su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que Él preparó de antemano para gloria".

Vasos de honra y vasos de deshonra

Vasos de honra y vasos de deshonra. 2 Timoteo... El apóstol Pablo en Romanos de veras nos deja lo de los vasos de honra y vasos de deshonra. ¿Qué eres tú: vaso de honra, vaso de deshonra? ¿Qué es lo que vemos en la casa del alfarero? Y dice 2 Timoteo capítulo 2, versículo 20 —otra vez la casa del alfarero, con esas repisas llenas de vasos—: "Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles". Viles. "Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor y dispuesto para toda buena obra".

¿Tienen algunos vasos en casa que sean para deshonra, o hayan sido para deshonra? Yo me imagino que si tú eras un bebedor, algún vaso te recuerda que con eso te llenabas de tequila, te llenabas y te embriagabas, y con eso insultabas a tu esposa, a tus hijos, y te gastabas todo lo que Dios te daba con tus amigotes, en una forma débil. Es el testimonio que escuchamos de muchos hermanos casados, muchos hermanos principalmente, que ofenden al Señor gastándose todo lo que tienen, perdiendo el tiempo con sus amigos, llegando a casa borrachos. Cuando vean ese vaso en donde tomaron, donde bebieron: ese vaso es de deshonra. Hay vasos que son para deshonra; hay vasos que son para honra.

Esa copa que ponemos aquí, sencillita, comprada en Walmart creo, ni siquiera es de cristal cortado ni de fábrica —lo vemos—, es una copita sencilla; tiene un diseño. Le hemos dado a esa copa un uso ¿de qué? De honra. ¿Por qué? Por lo que contiene. ¿Se dan cuenta? Eso es lo que quiere Dios ver en todos nosotros. Nosotros, el barro; el Alfarero, Él, quiere ponernos aquí, y que podamos ser para honra del Señor, y no para deshonra porque le ponemos todo el orgullo, todo el pecado, todas las prioridades: primero yo, luego yo, y siempre yo, hermanos.

El divino Alfarero no tiene prisa

Esto es lo que nos dice Romanos 9 de los vasos de honra y deshonra, de todo lo que se observa en derredor. Como divino Alfarero, Él no nada más moldea, sino que tiene dominio sobre la calidad del barro, de todo lo que está en Sus manos. Él puede hacer lo que quiera. Aunque el barro se resista, Él puede hacer Su voluntad, y le va a dar la figura y la forma que Él desea, en el tiempo que quiera, porque el Señor no tiene prisa.

Y damos gracias a Dios por todos los hermanos y hermanas que están preocupados por su esposo, por sus familiares que no andan bien en el Señor. Hermanas que veo en su angustia estar orando por sus seres queridos: andan en la pornografía, andan en el exceso, y en el alcoholismo del trabajo, porque el trabajo se vuelve alcohólico también. Son vasos de deshonra, que pueden, en las manos del Alfarero...

La luz por las grietas

Imagínense —y quiero usar esta figura—: un vaso en las manos del Alfarero se le rompe, como decía aquí Jeremías, visitándolo; ese vaso todo agrietado. Pero al fin y al cabo el Señor sigue Su obra. Imagínense: en la noche, a ese vaso todo agrietado le ponemos una luz adentro, y la luz va a salir por esas grietas. Vamos a poder ver cómo se transmite la luz a través de esas grietas. Así hay muchas vidas de cristianos, todas agrietadas por el pecado. Setenta veces siete perdona el Señor, pero están agrietadas, y la misericordia de Dios se ve a través de esas grietas. ¿Cómo no las ha tirado y las ha desechado el Señor? "No sirves, barro": no ha dicho eso, sino que sigue trabajando, y a través de esas grietas sale la luz de Su misericordia y de Su gracia. Espero que no seamos eso, pero si lo somos, aun así la gracia del Señor se va a manifestar.

Los cántaros de Gedeón

Vemos, como esos jarrones que usaron en la guerra de Gedeón, que de 300,000 soldados... Dice: "Ustedes van"; hay un ejército de más de un millón, o sea, de gente, multitudes. Dice: "Pues no van a ser 300,000". Y el Señor lo redujo nada más a ¿cuántos? 300 nada más. Dice: "Para que no se lleven la gloria ustedes, de quebranto". Y dice: "Nada más van a ser 300 los que van a atender a toda esa multitud del enemigo". Y les dice: "Ahora, ¿qué van a hacer?". 300, 300 contra cientos de miles de bárbaros. Era como para decirle a Gedeón: "No vamos, Gedeón, estás loco, nos van a hacer papilla inmediatamente".

¿Y qué dice el Señor? "Nada más vayan esos 300; ubíquense en diferentes zonas alrededor de todas estas personas" —que ya están psicológicamente afectadas—; "pónganse alrededor, lleven esos jarrones". Y ahí está: vasos. Vidas, vidas llevando vasos. Estos guerreros llevaron esos jarrones con una tea adentro; con su tea aquí, la meten en el jarrón. Van en la noche, todo oscuro, y a una voz rompen el jarrón, y sale la luz. Se mataron; ganaron a un ejército de cientos de miles 300 nada más. Vasos obedientes, vasos que van emanando toda la figura deseada por el Señor; nuestro tiempo en las manos del Señor dará esa forma.

Sobre una nación y sobre un hombre

Job 34:29. Job 34:29 —estoy llegando al final de este mensaje—, para que nuestra imaginación, guiada por el Espíritu Santo, nos ayude a entender esta casa del alfarero. Job 34:29, Job 34:29: "Si Él diere reposo, ¿quién inquietará? Si escondiere el rostro, ¿quién lo mirará? Esto sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre". Esto, el Señor se refiere... Y Jeremías estaba recibiendo instrucción para observar en lo individual un vaso, pero esto aplicarlo a una nación, que era el pueblo de Israel.

Todos podemos ver, y sabemos, a través del exceso de noticias que hay hoy en día, cómo Dios ha venido trabajando sobre el pueblo de Israel. Y Nathan nos ha estado hablando en Romanos acerca de los judíos que se han alejado de Dios, que abusan y se creen mucho por haber sido elegidos por Dios, y no creen en el Señor Jesucristo; desechan al Señor Jesucristo, y todavía están orando y pensando que venga un Mesías que ya vino en la persona del Señor Jesucristo. Israel es una nación que también es un vaso gigante; está, como leímos nosotros en Jeremías, con un corazón malvado. La fealdad de su corazón se revela al Señor, y vemos cómo está trabajando cada día el Señor en esa nación.

Estos días, los palestinos, a través de estos grupos de Hamás —por mucho tiempo no habían lanzado cohetes hacia Tel Aviv—, al pueblo de Israel... Por cada cohete que envíen, por cada bomba que envíen hacia los judíos, los judíos responden con 10 veces más. Y esto hace que el ambiente en nuestro mundo... ese punto neurálgico que Dios utiliza en una nación, una nación pequeñita que está en el mero centro de todos los continentes habitados, está siendo para demostrarnos que Dios sigue trabajando, que Dios sigue moldeando las cosas, dando Su forma, Su tiempo, para mostrar Su voluntad.

Nunca será un perdedor

Hermanos, el divino Alfarero, nuestro Dios —que quede claro—, aun cuando tenga vasijas rotas, aun cuando tenga vasijas agrietadas, aun cuando tenga vasijas hermosas en derredor, nunca será un perdedor por alguien, por una persona o por una nación, sino que Él será glorificado sobre ellos, aunque Él no sea glorificado por él o ellos. Si el vaso roto no sirve en su diseño original, definitivamente podrá servir para otro uso.

Por lo tanto, para todos los hermanos y hermanas que tienen hijos rebeldes, o hijas rebeldes, o nietos rebeldes, que se están rebelando, que andan en cosas no agradables para el Señor, o que andan engañando a papá o a mamá: tengan paciencia y oren al Alfarero para que los mantenga sobre la rueda de la vida. Y aunque se le salgan de las manos y se le quiebren en las manos, Él podrá rehacerlos, por Su misericordia y gracia. Y si Él pensaba que serían... déjenme poner un ejemplo: si serían para litros de perfume de nardo puro, a lo mejor nada más van a ser para un litro, pero van a seguir siendo usados. Pueden seguir siendo usados. Sigan orando por sus familiares, sigan orando por todos aquellos, y más por los que conocen la Palabra de Dios y se rebelan al Señor; más por todos aquellos que retan y dicen: "Yo quiero hacer lo que mi malvado corazón desea: yo, y siempre yo".

Y, hermanos, si Él no es glorificado por él o por ellos, Él será glorificado sobre ellos. Aquellos —y me gusta esta frase—, aquellos que no serán monumentos de misericordia, van a ser monumentos de justicia de Dios. Han rechazado al Señor: "Al fuego eterno te vas". Porque hay casos, como el que menciona Jeremías, en que estos pueblos o personas definitivamente se han cerrado las puertas a la misericordia y gracia de Dios. Pero Dios le ha prometido, y Jeremías está hablándole al pueblo de Israel y les dice: si se arrepienten, Dios se va a arrepentir del mal que tenía destinado para ustedes. Ese es el reto que para todos nosotros tenemos.

La soberanía del Alfarero

Proverbios 16:4. Estos versículos sirvan para rematar y hacernos entender lo de la casa del alfarero. Proverbios 4... dice así, Proverbios 16:4: "Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo, y aun al impío para el día malo". Aun para el malo, aun para el que se resiste; aun al impío para el día malo. O sea, sí hay días malos, y hay impíos para esos días; aun así, Dios, Él ha permitido eso. Y nuevamente en Romanos 9:21 —y Romanos 9 será la bandera de toda esta enseñanza de los vasos—, Romanos 9:21, 9:21: "¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?". Esa es la soberanía del Señor.

Isaías capítulo 29. Isaías capítulo 29: estos versículos, ojalá y los pudieran subrayar en sus Biblias, porque son versículos que nos deben hacer meditar cuando sintamos que nos estamos resistiendo al moldeo que el Señor está haciendo. Isaías capítulo 29, versículos 15 y 16, dice así: "¡Ay de los que se esconden de Jehová" —de Dios, del Señor Jesucristo—, "encubriendo el consejo, y sus obras están en tinieblas, y dicen: '¿Quién nos ve, y quién nos conoce?'". Versículo 16: "Vuestra perversidad ciertamente será reputada como el barro del alfarero. ¿Acaso la obra dirá de su hacedor: 'No me hizo'? ¿Dirá la vasija de aquel que la ha formado: 'No entendió'?". Esta lucha del barro queriéndole ordenar al alfarero.

¡Ay del que pleitea con su Hacedor!

E Isaías 45:9, este versículo es una joya. Isaías 45:9, en signos de admiración y en forma de advertencia: "¡Ay, ay del que pleitea con su Hacedor!". Ay del que pleitea con... "¿Por qué no fui güera? ¿Por qué no tuve ojos azules? ¿Por qué no fui como Barbie, para traer a todos arrastrándose? ¿Por qué no fui como un titán, para que todas me vieran? ¿Por qué no fui director, o gerente, o general? ¿Por qué no fui ingeniero? ¿Por qué no fui artista? ¿Por qué no tuve hijos? O, ¿por qué me llené de hijos? ¿Por qué no pude comprar en el Buen Fin? ¿Por qué no tengo esposo? ¿Por qué no tengo esposa?". Tantas cosas que hay en estas preguntas.

"¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡El tiesto con los tiestos de la tierra!". Sí sabemos lo que son los tiestos: ese barro, esos pedazos. El tiesto con los tiestos de la tierra. "¿Dirá el barro al que lo labra: '¿Qué haces?'". ¿Qué haces conmigo? "Dame un moldeo, un cuerpazo; hazme un jarrón hermoso, que todos se peleen por él". Y a lo mejor el Señor quiso hacer nada más un barro liso y llano, en el cual resalte Su obra y no la persona. Hermanos, ¡ay del que pleitea con su Hacedor! ¡El tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: "¿Qué haces?"; o "tu obra no tiene manos"? "No sirves, alfarero".

Versículo 10: "¡Ay del que dice al padre: '¿Por qué engendraste?', y a la mujer: '¿Por qué diste a luz?'!". Versículo 11: "Así dice Jehová el Señor, el Santo de Israel, y su Formador" —otro nombre para nuestro Dios: Alfarero, Formador—: "Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de Mis hijos, y acerca de la obra de Mis manos. Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, Mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé".

¿Y qué pasó? Forma a cada uno de nosotros. Somos moldeados siempre bajo las reglas de equidad y bondad de nuestro Dios. Nuestro Dios, Él otorga favores de acuerdo a Su soberanía, pero nunca ha castigado, ni nunca actuará o castigará arbitrariamente a Su pueblo, a Su creación. Cuando Dios puede hacer que podamos crecer y arrepentirnos, para que entonces el Señor pueda remoldear, formar lo que está haciendo.

Como el barro en la mano del Alfarero

Hermanos, terminamos con Jeremías capítulo 18, versículos 1 al 10. Hemos visitado la casa del alfarero, y ojalá y nos hayamos ubicado dentro de la casa del alfarero y nos veamos en Sus repisas, que tiene ahí, en donde Él observa la obra de Sus manos. "Levántate, vete a casa del alfarero, y allí te haré oír Mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda" —de la vida—. "Y la vasija de barro que hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: '¿No podré Yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel?'". Oh casa... ponte tu nombre, ponte tu nombre ahí.

"'¿No podré Yo hacer de vosotros como este alfarero?', dice el Señor. 'He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en Mi mano'", oh iglesia de Cuajimalpa. "'En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, Yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y plantar'". Primero dice arrancar, derribar y destruir, y después dice que si se arrepienten, es para edificar y para plantar. "'Pero si hiciere lo malo delante de Mis ojos, no oyendo Mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle'".

O sea, el Señor tiene un diseño precioso, pero si tú te resistes, ese diseño se va a afectar, romper. Pero si tú te arrepientes, Él vuelve a tomar ese barro y lo vuelve a hacer atractivo delante de Dios. Que el Señor nos ayude a ser el barro dócil, y nunca reclamarle a nuestro Alfarero. Y pensar que todos nuestros seres queridos, y todos los que nosotros queremos ver cerca del Señor, si se han resistido y se han quebrado en Sus manos... Si ha habido hermanas que han sido madres solteras, o bien las han dejado, cualquiera que sea la razón de un hogar quebrado, el Señor quiere usar ese hogar, esa esposa, esos hijos, con un uso que los haga ser útiles, y para honra y gloria de Dios. Pero nadie, nadie en las manos del Alfarero va a ser inútil si se deja moldear por el Señor.

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