El Evangelio Rechazado por Israel
Transcripción
La triste realidad de la incredulidad de Israel
El día de hoy vamos a concluir nuestro estudio de Romanos 10. Hoy es el último domingo en este capítulo; lo cubrimos en cuatro domingos. Y hemos estado viendo diferentes cosas con respecto a Israel desde el capítulo 9, porque ese fue el tema que empezó Pablo en el capítulo 9, y el capítulo 10 realmente es una continuación de ese tema, en el que Pablo está lidiando con la triste realidad, la triste realidad de la incredulidad de Israel. Porque, si se acuerdan, el capítulo 9, al empezar, es exactamente lo que dijo, ¿verdad?: "Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas".
Ese es de dónde viene todo lo que hemos estado leyendo: de esta angustia de Pablo, de sentir, de saber que los judíos en general han rechazado a Jesús como su Mesías, y por lo tanto no son salvos. No son salvos. Y es una triste realidad que hasta el día de hoy estamos viendo en la mayoría de los judíos —no todos los judíos, pero la mayoría han rechazado a Jesús como su Mesías—. Y estos tres capítulos están lidiando con eso. Y si ustedes tienen la oportunidad de platicar con judíos —y ustedes saben que hace poco hubo un evento en el Auditorio Nacional que se enfocó en el Evangelio hacia los judíos—, este es el mensaje que podemos compartir. Porque si ustedes entienden bien lo que están diciendo estos capítulos, ustedes van a poder bien explicarle a un judío cuál es el problema en relación a lo que ellos creen con respecto a Jesús.
¿Cómo oirán sin haber quien les predique?
Pero vean el capítulo 10, en la parte en donde ahora estamos. Se acuerdan que el domingo pasado vimos esta cadena de requisitos que dice Pablo que son la manera en que se da la conversión de una persona. O sea, terminan invocando el nombre del Señor; pero porque escuchan ese mensaje, lo creen primero; y antes de eso lo escuchan; y antes de eso alguien va a decírselos, porque fue enviada esa persona a decírselos. Entonces aquí tenemos un argumento muy fuerte para las misiones y el apoyar a misioneros que están en otras partes del mundo. Pablo aquí nos está diciendo la gran importancia que tiene el que salgan personas a predicar el Evangelio y que dediquen sus vidas a hacer eso.
Hay gente que dedica todo, todo su tiempo y todo su esfuerzo, nada más a compartir el Evangelio; es todo lo que hacen. Entonces, qué privilegio es como iglesia saber que podemos colaborar con eso, y apoyarlos en oración y económicamente. Porque eso es a lo que se refiere, creo, principalmente, cuando dice "enviar". Enviar, ¿no? ¿Cómo enviamos? Pues con dinero enviamos a gente; con dinero también apoyamos lo que otros están haciendo; y también con nuestras oraciones. Y como veíamos el domingo pasado, también entre nosotros nos animamos a hacer esta labor dondequiera que estamos, en nuestras escuelas, trabajos; donde estemos, también nosotros estamos siendo enviados por Dios a cumplir la Gran Comisión.
Y terminamos en el versículo 15 la semana pasada, en cuanto a lo hermoso que es el privilegio del mensaje. El mensaje es hermoso, y por lo tanto, dice, los pies que llevan este mensaje son hermosos: "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!", versículo 15 de Romanos 10.
No todos obedecieron al evangelio
Hoy comenzamos en el versículo… Y el versículo 16 dice que hay una realidad con respecto a la predicación del Evangelio. O sea, Pablo está diciendo: "Miren, pueden ser enviadas personas, pueden predicar, pueden escuchar, pero eso no significa que van a creer". No significa que van a creer. Dice el versículo 16: "Mas no todos obedecieron al evangelio". Pablo, imagínenselo ahí en las sinagogas, predicando siempre a los judíos, y explicándoles cómo funcionaba el que Dios haya enviado a Su Hijo a morir por nosotros, qué es lo que tenían que hacer en relación a Jesús. Y que al final le dijeran: "No nos convenciste. Nosotros tenemos nuestra ley, somos judíos, somos celosos de esta ley. Déjanos seguir viviendo nuestras vidas, Pablo. Muchas gracias". Y la frustración que esto causaba en Pablo, el ver cómo rechazaban este mensaje.
Y aquí es un reconocimiento de esta realidad de parte de Pablo en su mismo ministerio: gente, mucha gente, rechazando este mensaje. "Mas no todos obedecieron al evangelio". Y entonces hoy vamos a ver algo muy importante, hermanos, que es algo que quiero que piensen en relación a todo lo que venimos viendo de Romanos 9.
La soberanía de Dios, en contraste
Porque si ustedes se acuerdan, en Romanos 9 estuvimos hablando sobre la soberanía de Dios y sobre Su elección. Y leímos versículos en el capítulo 9, como el versículo 15, donde dice: "Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y me compadeceré del que Yo me compadezca". "No depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia". Y veíamos que parte de la razón por la cual Dios no ha fallado —que es lo que plantea Pablo en el versículo 6: si los judíos no están creyendo, entonces ¿Dios falló?—, dice: "No, no falló". ¿Por qué? Porque Dios sabe qué es lo que está haciendo. Dios tiene un plan, no nada más para los que son salvos, sino también para los que se están perdiendo y los que rechazan el Evangelio, como fue el caso de Faraón, que es el caso que menciona Pablo en el capítulo 9.
A Dios no le sorprende eso. Dios no dice: "Si la gente me acepta, mi plan funciona; si no me acepta, no funciona". No, el plan de Dios siempre funciona. Dios sabe exactamente lo que pasa y por qué pasa, y Él va a llevar todo a un final que Él quiere que suceda, que es lo que vimos en el versículo 23 del capítulo 9: "...y para hacer notorias las riquezas de Su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que Él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado", nosotros, los gentiles. Sí. Entonces, eso ya lo estuvimos viendo; pasamos muchos domingos hablando acerca de esos versículos. Entonces no voy a hablar de eso ahorita, pero se los menciono porque lo que vamos a ver hoy quiero que lo vean en contraste con eso.
Porque Pablo ahora está apelando a otro lado sobre el rechazo de los judíos. Primero dice: rechazan a Dios, ¿por qué? Porque Dios es soberano y tiene el control de todo, y el hombre no es más libre que Dios; Dios es más libre que el hombre de hacer lo que quiera. Y entonces muchos de nosotros empezamos a tener una batalla dentro de nosotros con respecto a todo lo que venimos hablando, porque decimos: "A ver, entonces...". Y Pablo ya lidió con esto en el capítulo 9: "Entonces, si Dios es soberano, si Dios hace lo que quiere, ¿cómo, pues, inculpa? O sea, ¿cómo nos encuentra culpables, responsables, si es algo de Dios la salvación?". Se acuerdan, eso está en el capítulo 9, en el versículo 19: "Me dirás: '¿Por qué, pues, inculpa? Porque ¿quién ha resistido a Su voluntad?'".
¿Quién se resiste a la voluntad de Dios? Nadie. ¿Ves lo que ha venido diciendo Pablo? Nadie se puede resistir a la voluntad de Dios. "Entonces, ¿cómo te va a decir Dios 'eres culpable', si no te puedes resistir a Su voluntad? Y si Él quiere llamarte, te llama, y vas a ser salvo; y si no, no".
La responsabilidad humana
Bueno, hoy vamos a ver una cosa muy importante con respecto a eso, que es la responsabilidad humana. ¿Qué papel juega la responsabilidad del hombre dentro del plan de Dios? Porque aquí es lo que está lidiando Pablo en estos versículos, desde el versículo 16 hasta el versículo 21, donde termina este capítulo. Pablo está lidiando con el concepto de la responsabilidad humana dentro del plan de Dios y dentro del rechazo hacia Dios. ¿Ha fallado Dios? No —capítulo 9, versículo 6—, no ha fallado. ¿Por qué? Porque tú eres responsable de tus decisiones. Por eso no ha fallado.
¿Dios? Eres responsable. Sí, sí eres responsable. Nadie puede decir: "Ah, bueno, es que como Dios escoge, entonces pues es Su culpa, ¿no? Como Dios hace las cosas, entonces si yo no obedezco a Dios, pues es culpa de Dios, porque no me hace obedecerlo. No; si quiere, pues que me haga obedecer; si quiere, que me haga creer". No, dice Pablo, no pienses así, porque tú eres responsable. No obedecieron al evangelio. Ellos no obedecieron el Evangelio; ellos lo están rechazando. Ellos están decidiendo: "No, no queremos nada que ver con ese Mesías; deja de hablarnos de Él, Pablo; sal de nuestras sinagogas". Eso es lo que Pablo está ahora confrontando sobre los judíos: esta parte que tiene que ver con la realidad de la responsabilidad humana, y que es parte de la razón del fracaso de nuestra predicación.
Fracaso lo pongo entre comillas, porque acuérdense: no es fracaso, porque, dice, el capítulo 9 ha venido argumentando: no, Dios no falla. A Dios no lo sorprende; Dios no dice: "Híjole, ahora sí voy a tener que cambiar todo mi plan". No, Dios sabe qué está haciendo, cómo lo hace. Él salva, Él endurece; Él está haciendo cosas que Él quiere hacer. Eso no cambia esa realidad del capítulo 9. Y sin embargo, ahora está diciendo: pero la razón por la cual algunos no creen es porque son responsables delante de Dios por esa decisión. Ellos están decidiendo rechazar a Dios; ellos están decidiendo decir que no. Y Dios tiene toda la autoridad y todo el derecho a juzgarlos y a condenarlos por ese rechazo.
¿Quién le va a reclamar a Dios? ¿Quién le va a decir: "Uy, Dios, pues yo no... no es mi culpa"? No: todos son culpables delante de Dios, y Dios tiene todo el derecho a juzgarnos de acuerdo a nuestras decisiones, a condenarnos de acuerdo a nuestras decisiones.
¿Quién ha creído a nuestro anuncio?
Y aquí Pablo cita Isaías 53, versículo 1, donde dice Isaías: "Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?". ¿Quién ha creído? Miren, aquí eso es lo increíble, y me encanta: si ustedes no nada más leen este versículo, sino que de hecho van a donde está citando Pablo, se dan cuenta de todo lo que había venido leyendo Pablo. O sea, Pablo está sacando unos versículos ahí de Isaías, pero saben que Pablo conocía todo el contexto, y algo de todo ese capítulo y el capítulo anterior —eso lo vimos el domingo pasado, Isaías 52— hace que Pablo empiece a usar estos versículos para apoyar su argumento. ¿De qué habla el capítulo 53 de Isaías? Principalmente de Jesús, ¿no?
O sea, podrían ustedes decir: "Ah, bueno, Isaías dijo: '¿Quién ha creído a nuestro anuncio?'". Hay muchas historias que van a encontrar en todo el Antiguo Testamento donde los profetas fueron rechazados. Pero aquí en particular, en Isaías 53, tiene gran peso el rechazo. ¿Por qué? Porque está a la luz ¿de quién? Del Mesías. O sea, este que iba a venir, iba a sufrir, iba a cargar el peso de nuestro pecado: ese es el "¿Quién ha creído a nuestro anuncio?". Ahí es donde está la incredulidad, con respecto a ese personaje en particular. Entonces creo que tiene mucho significado que Pablo de hecho está sacando de ahí precisamente su argumento, para decir: Israel, en su responsabilidad delante de Dios, ha rechazado al Mesías.
La fe es por el oír
Y aquí es donde dice —y vuelve a regresar este concepto que habíamos visto el domingo pasado—: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios". La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios. Así que la responsabilidad humana la podemos ver como una de las razones por las cuales la gente rechaza el Evangelio que ellos escuchan. O sea, al ser expuestos al Evangelio, rechazan ese Evangelio. Y dice: la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios.
Ahí quiero también decir algo con respecto a este versículo, porque no nada más es... O sea, cuando digo "palabra de Dios", ¿en qué piensan? En la Biblia, ¿no? Pero piensen lo que estamos diciendo: la palabra de Dios. La razón por la cual este libro es tan poderoso es porque Dios lo dice. O sea, la Biblia en sí misma no es gran cosa. No, no es gran cosa la Biblia en sí misma; lo que hace que la Biblia sea especial es que Dios dice estas cosas. ¿Entienden? O sea, ¿qué significa este libro si no fuera lo que Dios dice? Dios está diciendo lo que dice en cada una de las páginas de este libro. Dios. ¿Se dan cuenta?
Entonces no es nada más decir: "Ah, mira qué bonito lo que está diciendo, ¿no? Sí, sí me llama la atención, suena muy bien". Dios está hablando. El oír: la fe viene por el oír, y la gente cree porque Dios es el que lo dice. No una persona: Dios mismo está diciendo estas palabras. Por eso la gente, cuando lo oye, lo cree; los que lo creen.
¿No han oído?
Y ahora Pablo va a citar... Dice: "Hmm, alguien me podría decir, habiendo dicho eso" —o sea, se está regresando—, "alguien me podría decir: 'Bueno, a lo mejor nadie les ha dicho a los judíos sobre el Mesías, ¿no? Por eso no han creído. Pues si la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios, entonces a lo mejor la razón, Pablo, de lo que dijiste en el versículo 16, "no todos obedecieron al evangelio", a lo mejor la razón ahí es: pues nadie les ha dicho, no han escuchado. Díganles, y a lo mejor sí van a creer'".
¿Y qué dice Pablo? "¿No han oído?". ¿Cuál es la respuesta? "Antes bien, por toda la tierra ha salido la voz de ellos, y hasta los fines de la tierra sus palabras". Han oído. Sí, sí han oído; no pueden decir: "Ah, es que nadie nos dijo". Sí les dijeron. Esta cadenita que Pablo ya explicó anteriormente, que vimos el domingo pasado —de que alguien sea enviado, y alguien predique, y de ahí escuchen, y de ahí crean—, esa cadenita se ha cumplido hasta ese punto, antes, justo hasta que crean, ¿no? Eso ya no se cumplió: nada más fueron enviados, dijeron, escucharon, y ahí se detuvo. Y ese es el caso de mucha de la predicación del Evangelio: hasta ahí llega nada más; ya no produce nada en el corazón de la persona. Y vimos eso cuando estuvimos hablando también acerca de la parábola del sembrador, ¿se acuerdan?, lo que sucede después de que el mensaje es predicado. ¿Qué puedes hacer? Ya lo dijiste; ya no hay más que puedas hacer más que orar por ellos.
Las dos revelaciones de Dios
Y lo interesante aquí, hermanos, es que Pablo cita el Salmo 19. Y el Salmo 19 me llama la atención porque nos habla acerca de dos cosas con respecto a la revelación de Dios. Dios se revela... ¿Saben que Dios se revela de dos maneras a la humanidad? Porque si ustedes me preguntan: "Bueno, ¿cómo se revela Dios al hombre?", la respuesta obvia es ¿qué? Aquí está. Pero si ustedes leen Romanos 1, versículo 20, nos habla acerca de otra revelación de Dios, por la cual nadie tiene excusa. Nadie puede decir: "Ah, es que yo no sabía". ¿Qué dice Romanos 1:20? A través de la creación vemos el poder de Dios, Su eterno poder y Su deidad, de modo que nadie tiene excusa, porque todas las personas están viendo lo que Dios hizo, que da testimonio acerca de Él.
Y lo interesante, hermanos —aunque esto no lo cita Pablo, pero de aquí lo sacó—, es que el Salmo 19 precisamente empieza con ese argumento. ¿Qué dice el Salmo 19:1? "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de Sus manos". De ahí probablemente Pablo sacó Romanos 1:20. Los cielos están diciendo: Dios es un Dios glorioso. Hace unos domingos estábamos viendo cosas acerca del universo: lo grande que es el universo, lo pequeños que somos nosotros dentro de este universo. ¿Y qué es lo que nos está diciendo eso con respecto a Dios? Nos está diciendo: Él es así de glorioso como es nuestro universo; Él es así de grande como es nuestro universo, porque por lo menos… porque de Él viene todo lo que vemos. Todo lo que ven ustedes tiene que venir de alguna parte, ¿no? Todo. ¿De dónde? Pues de algo que tenga la capacidad de hacerlo. Y la Biblia nos está diciendo: todo ser humano tiene ese testimonio. Nadie puede decir: "No, yo no sabía". Pero en el versículo 4 es donde Pablo toma este argumento, donde dice: "Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras".
Así que, dice Pablo, la responsabilidad humana también se ve en la revelación natural, que es lo que tú y yo vemos, y también en la revelación escrita. Esta palabra es la palabra, ahora, del Evangelio, a la que se está refiriendo Pablo; no nada más la revelación natural. Todo lo que está revelado a través de Jesucristo, lo que Él vino a hacer, en la Palabra de Dios, se está extendiendo a todo el mundo, de manera que la mayoría del mundo está escuchando este mensaje. Entonces esos son doblemente responsables: no nada más por parte de la revelación natural, de lo que están viendo, que evidentemente está apuntando hacia un Creador, sino también que están escuchando: "Jesús vino, existió físicamente, dio Su vida por ti, porque tú tienes un problema con Dios. Tu pecado te hace culpable delante de Dios, pero la solución es: pon tu fe en Jesús. Su justicia puede ser tuya".
Ese mensaje está siendo predicado en todo el mundo: en países musulmanes, en África, en China, en América del Sur, en Europa, en todas partes del mundo se está predicando este mensaje. En todas partes Dios tiene un remanente fiel de personas que están haciendo una labor de llevar este mensaje. Y los judíos lo han escuchado; los judíos lo han escuchado. Ese es el argumento de Pablo: ellos saben, ellos saben. "Cada vez que llego a una ciudad", dice Pablo, "el primer lugar a donde voy es a las sinagogas. Ese es el primer lugar a donde voy: voy primero a hablarle a mi propia gente, para que ellos sepan, y me asegure de que sepan. Si ellos rechazan, rechazan, pero yo ya les dije". Y que sean responsables delante de Dios por haber rechazado ese mensaje.
¿No ha conocido esto Israel?
El otro argumento que da Pablo en Romanos sobre la responsabilidad humana es que son responsables y saben bien, no nada más porque han escuchado, también por otra razón. Porque ahora Pablo... Pablo ya había platicado con tantas personas que sabe exactamente qué es lo que le decían después de que desarrollaba sus argumentos. No sé si levantaban la mano en ese tiempo, pero me imagino que todo el tiempo decían: "A ver, Pablo, Pablo, yo tengo un punto. A ver, tú acabas de explicar esto, pero entonces...". Él ya tiene todos estos argumentos siempre en mente. Entonces, cuando escribe Romanos, es evidente eso. O sea, Pablo siempre está diciéndonos lo que mucha gente ya le había dicho con respecto a estas cosas.
Y dice que otra objeción podría ser: "A lo mejor sí escucharon; tienes razón, Pablo, ahí fuiste, les dijiste. Pero a lo mejor nada más no te entendieron, porque así como hablas tú, Pablo, nadie te entiende. Entonces a lo mejor ese es el problema. Mejor que sea otra persona la que les explique, y a lo mejor con palabras más sencillitas, y entonces sí van a entender, y entonces sí pueden creer". "¿No ha conocido esto Israel?". ¿No han entendido bien?
Y aquí vuelve nuevamente al Antiguo Testamento, a sacar el argumento para explicar que sí han entendido. Porque dice: su responsabilidad también radica en el hecho de que han sido movidos por Dios a celos y a ira. Dios los ha movido a esas dos cosas. Dice Moisés: "Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo; con pueblo insensato os provocaré a ira". ¿Cómo funciona este argumento? La única razón —fíjense bien, este creo que es lo que está detrás en la mente de Pablo, la razón por la que saca esto—, la única razón por la cual ellos se podrían poner celosos y enojarse es porque entienden lo que está pasando. ¿Se dan cuenta?
O sea, ellos no tendrían nada de qué estar celosos si no supieran que realmente la salvación de parte de Dios se está extendiendo fuera de su propia nación. ¿Entienden? Si ellos dijeran: "No, pues eso está mal; o sea, eso no es Dios, no los está salvando", no tendrían ninguna razón para enojarse, ni para estar celosos. Pero el hecho de que entiendan que de hecho sí se está extendiendo esta salvación, y que de hecho este mensaje sí está cubriendo a más que ellos, y que Dios está tomando gente de otras naciones para decir: "Este es el verdadero Israel"... Eso, dice, Dios los está provocando a celos, a rechazarlo aún más.
Celos y enojo en vez de gozo
Fíjense, esto es lo más triste: en vez de que digan: "¡Qué bueno, qué bueno que las promesas dadas a nosotros estén cubriendo a todo el mundo! ¡Qué bueno que no nada más seamos nosotros!", en vez de decir eso, se están enojando y se están poniendo celosos, y están diciendo: "No, no, no, esto nada más es nuestro. No puede ser; Dios no puede dárselo a otras personas". Y en vez de que atesoren lo grande y lo universal del Evangelio, aún más están rechazando al Mesías, y aún más se están enfocando en su propia ley, diciendo: "No, no, así no funciona Dios. Es así como funciona: tenemos que obedecer todos estos mandamientos que Tú nos diste a nosotros, y nada más a nosotros, y que no se meta nadie más". ¿Entienden? Es tan triste, hermanos.
O sea, aquí se siente el peso en el corazón de Pablo sobre esta situación, viendo lo que está pasando, y los judíos delante de sus ojos viendo lo que está pasando. "Y saben lo que está pasando", dice Pablo; "han escuchado, han entendido, y aun así están rechazando el mensaje". Y la razón por la que eso los hace enojar tanto es porque creo que reta su propia justicia, ¿no? Porque amenaza su propia autoestima de los judíos, ¿no?: "Es que nosotros somos hijos de Abraham". Y eso los hace sentir bien con respecto a sí mismos. Entonces, en el momento en que Dios dice: "No, no nada más ustedes", ¿se dan cuenta dónde está el problema?
Un pueblo que no es pueblo, un pueblo insensato
Y Pablo lo señala en dos cosas aquí. Una es que dice: "Os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo"; es decir, que no tiene ventajas étnicas. O sea que no tiene nada que ver con quiénes fueron tus padres; no tiene nada que ver. Y por otra parte —fíjense, y aquí está el punto, hermanos, aquí está el punto, y aquí es bueno regresarse a pensar en Romanos 9 nuevamente—: "con un pueblo" ¿qué? Insensato. "Con un pueblo insensato os provocaré ira". O sea, no es porque dijo Dios: "Ah, mira, aquí están los malportados, que son Mis hijos los judíos, y aquí están los bien portados; mejor me voy con los bien portados, así va a funcionar mejor Mi plan". No. Dice: estas personas no nada más no tienen ventaja en su sangre; no tienen ninguna ventaja moral tampoco sobre los judíos. Son tan tercos y tan malos como cualquier otra persona.
Eso aún más los hace enojar: "¿Esos impíos, que comen carne de cerdo? O sea, ¿y esas personas que no guardan el día de reposo, y no se ponen a descansar todos los sábados? ¿A esos los vas a salvar, Dios? ¿De veras?". ¿Se dan cuenta? Y ahí vamos nosotros, como si nada, ¿no?, viviendo nuestras vidas paganas, todos, cada quien con su trasfondo de cómo le enseñaron en su familia, y también las cuestiones paganas culturales que tiene todo país y toda nación. Ahí vamos. Y sin embargo, aquí estamos. Aquí estamos. ¿Se dan cuenta?
¿Qué ventaja teníamos sobre los judíos? Ninguna, ninguna. No nacimos en una familia privilegiada, y no andábamos buscando nosotros a Dios. No andábamos diciendo: "Ah, pues es que los judíos lo rechazaron; ahora sí vamos a entrarle nosotros". No: Dios nos buscó a nosotros. Dios tuvo la iniciativa para que tú y yo el día de hoy creyéramos en este Mesías, y tuviéramos lo que los judíos no tienen. Entonces, eso es increíble, hermanos: cómo es que dice Pablo que desde el Antiguo Testamento, desde Moisés, ya se estaba viendo que esto es lo que iba a suceder. Dios ya estaba diciendo, profetizando: "Así va a ser".
El hermano del hijo pródigo
Y nos recuerda una parábola en particular. ¿Se acuerdan de la parábola del hijo pródigo? ¿Qué pasó en la parábola del hijo pródigo? Ahí están los dos hijos, ¿no? Y uno agarra y dice: "Ah, dame mi herencia, me voy". Se lo malgasta todo, pero después de esa experiencia se da cuenta de lo que realmente tenía con su padre, y regresa arrepentido. Pero ¿cuál fue la reacción del hermano? El hermano no dijo: "Ay, qué bueno que mi hermano regresó, qué bueno que está arrepentido". Dijo: "No, yo aquí he estado sirviendo, yo sí he sido fiel, yo sí te he estado bendiciendo. ¿Cómo puede ser que a él nada más así lo perdones, nada más después de haberse gastado todo tu dinero? ¿Y ya regresa y dice 'Ay, perdón', y ya lo perdonas? ¿De veras, papá?". Así le dijo el hermano al papá en la historia del hijo pródigo.
Y creo que aquí es la misma idea que Pablo está mostrándonos: que los judíos creen que hayan estado fieles y que hayan estado obedeciendo todo el tiempo lo que nosotros no obedecimos, lo que nosotros no habíamos hecho, que era, pues... ahí estamos, trabajando el sábado, por ejemplo, ¿no? Y ellos dicen: "No, entonces, ¿cómo vas a salvarlos a ellos? Ellos no han guardado el sábado, y nosotros sí. Mira la iglesia de Cuajimalpa: cada vez que tienen una comida traen carnitas, carne de cerdo. Tú dijiste, Dios, Tú dijiste en el Antiguo Testamento que no comieran esas cosas". Entonces, bien. ¿Ven de dónde viene este enojo y este celo? Y nuevamente, irónicamente, es que en vez de darles gusto que esta promesa se está extendiendo a todo el mundo, aún más rechacen el mensaje.
Pero eso es lo que significa la gracia, ¿no? Significa que no tenemos ninguna ventaja, ninguna. Aquí estamos en el mismo nivel que todos los demás, y sin embargo Dios nos llama Su pueblo.
Fui hallado de los que no me buscaban
Y el versículo 20 todavía profundiza más sobre esto, citando de Isaías 65, versículo 1, donde dice: "Fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por Mí". Esto habría sido particularmente especial para Pablo. ¿Por qué? Porque ese es el caso de Pablo; esa es su historia. ¿Pablo estaba buscando a Jesús? Pablo no estaba buscando a Jesús. Pablo estaba persiguiendo a todos los que hablaban de Jesús; eso es lo que él estaba haciendo. O sea, él estaba en la dirección más opuesta que puedes tener a un cristiano; en esa dirección iba.
Tú y yo estábamos en esa posición. ¿Nosotros estábamos buscando a Dios? Nosotros íbamos en la dirección contraria a ser cristianos, que es depender de nuestra propia justicia, que es lo que dijo Pablo en el versículo 3 del capítulo 10: depender de nuestra propia justicia para presentarnos delante de Dios. Es lo que todos estábamos haciendo, que es lo más contrario al Evangelio que puedes tener.
¿Sabes por qué eres cristiano? ¿Sabes por qué has creído? No tiene nada que ver con tus buenas intenciones, nada. No es porque tú le estabas echando ganas, no es porque tú ya estabas más sensible, no es porque... Y nuevamente, no digo que no importa esta parte; sí es importante, y Dios también usa estas cosas. Pero tampoco es porque naciste en un hogar donde te enseñaron acerca de la Biblia. Yo no soy cristiano fundamentalmente porque mis papás me enseñaron la Biblia. Dios usó eso, pero la razón por la que soy cristiano es porque Dios me buscó, Dios me halló, Dios me cambió. Esa es la razón. ¿Usó a mis papás? Claro que usó a mis papás. ¿Usó la iglesia? Sí, usó la iglesia para hacer eso. Pero la razón principal es Dios. "Fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por Mí".
¿Se dan cuenta del énfasis? Subráyenlo ahí en sus Biblias: el "no". El "no" es vital aquí, porque nos muestra algo con respecto a nuestra propia naturaleza como seres humanos. Nuevamente, ¿quiere decir que no somos responsables? A ver, ¿cuál es la respuesta? ¿Quiere decir que no somos responsables? Pues no quiere decir eso. Sí somos responsables delante de Dios, entonces, hablando nuevamente de los judíos.
Un misterio que no voy a resolver
Ahora, miren, hermanos, ahora quiero que vayan pensando esto, porque hacia ahí vamos ahorita; es el siguiente punto. Yo no estoy tratando de solucionar el misterio que hay en la Biblia con respecto a la responsabilidad humana y la soberanía divina. No estoy ni tratando de hacerlo hoy, porque no puedo. Yo nada más les estoy diciendo cómo es el misterio. Dios es soberano, Dios escoge, Dios hace lo que quiere: sí. El hombre escoge, el hombre es libre, el hombre es responsable: sí. ¿Cómo funcionan esas dos cosas juntas? No sé. No sé; yo nada más les estoy diciendo lo que está aquí, lo que estamos leyendo. Así que si estaban esperando que en este mensaje se solucionara el problema, van a irse muy desilusionados, porque no lo estoy solucionando; solo lo estoy declarando.
Hay dos aspectos que está mostrando aquí Pablo, y van juntos. Y estamos viendo a Israel y lo que está pasando con ellos, y Pablo está diciendo: "Están rechazando a Dios. Son responsables. Y su problema no es que no han escuchado, no es que no han entendido; su problema es que lo han rechazado". Ese es el problema. Así que ahí está la responsabilidad humana que está mostrando aquí Pablo.
¿El otro lado es qué? La soberanía divina. Ya vimos muchísimo acerca de esto en estos capítulos. Y Dios es soberano, ¿sí o no? A ver, quiero escuchar lo que ustedes creen sobre esto: Dios es soberano, ¿sí o no? Sí. O sea, no tengan miedo de decir... "Ay, no, bueno, quién sabe; no, qué tan soberano es". Sí es soberano. Él tiene control de todo; Él hace lo que Él quiere, punto. Así es: nadie está por encima de Dios. Dios no se sujeta a nadie; Dios tiene el control. Satanás, los demonios, tú y yo, el que sea, está bajo una autoridad y un poder más grande, que nadie puede vencer.
Todo el día extendí mis manos
Pero dice el versículo 21 —ahí vamos; ¿sentían tensión hasta ahorita sobre lo que he venido diciendo?, pues ahí va más—, dice: "Pero acerca de Israel dice"... ¿Qué dice sobre Israel? "Todo el día extendí Mis manos a un pueblo rebelde y contradictor". Todo el día extendí Mis manos a un pueblo rebelde y contradictorio. ¿Cómo se está poniendo aquí Jesús? O sea, es una imagen visual, ¿no es cierto?: "Todo el día extendí Mis manos". O sea, ahora, ¿se dan cuenta de lo que está mostrándonos Pablo sobre Dios? O sea, no está así, extendiendo Sus manos; está así, extendiendo Sus manos. ¿Se dan cuenta de la diferencia? Así.
Nos está diciendo tres cosas con respecto a la naturaleza del amor de Dios, este versículo: tres cosas con respecto a la naturaleza del amor de Dios.
Un amor continuo
La primera cosa que nos dice sobre el amor de Dios es que Su amor es continuo. Eso lo entendemos de la frase "todo el día". Todo el día. ¿Han tratado de sostener sus brazos así todo un día? A ver, los reto: cuando se levanten en la mañana, pónganse así, a ver hasta la noche cómo están. Todo el día: es continuo. Entonces, no pueden mantener sus brazos abiertos todo un día; imagínense 4000 años, porque eso es lo que Dios ha estado haciendo desde Génesis; 6000 años, si contamos desde Génesis, Adán y Eva, hasta el día de hoy. Dios ha tenido Sus brazos extendidos; ha sido continuo. Nunca los ha cerrado; nunca ha dicho: "Ya me cansé, ya fue suficiente de mantener Mis brazos abiertos". No, no dice eso. Dios dice: "Desde que Yo creé este mundo, desde que creé al primer hombre y a la primera mujer, he tenido Mis brazos abiertos".
Y ustedes leen todo el Antiguo Testamento, y ese es el tema, ¿no?, están leyendo acerca de los judíos, de Israel, de todo lo que vivieron. Y ahí estaba Dios con Sus brazos extendidos.
Un amor compasivo
La segunda cosa que nos habla este versículo sobre la naturaleza del amor de Dios es que es compasiva. Esta naturaleza es compasiva. Esto lo vemos en la palabra "extendí". Es esta imagen nuevamente, ¿no? Esto es lo que hace ¿qué? Un papá con un hijo, un esposo con una esposa, un amigo con su amigo, ¿no? Eso es lo que hacemos para mostrar nuestro apoyo, para mostrar: "Aquí estoy para ti", ¿no? Cada vez que yo extiendo mis brazos a mis hijos para abrazarlos, eso es lo que les estoy diciendo: "Soy tu papá, te amo, aquí estoy". Y eso, dice Pablo, es lo que Dios está haciendo con ellos. Y habla de Su naturaleza, la naturaleza del amor de Dios, que no nada más es continua; también es compasiva.
Un amor costoso
Y aquí viene el Evangelio, hermanos; aquí viene la parte del Evangelio. Porque dice: la tercer cosa, la tercer cosa sobre la naturaleza del amor de Dios, es que es costosa. Romanos 5, ¿se acuerdan? "En esto sabemos que Dios nos amó". ¿En qué? En que Cristo dio Su vida por nosotros. Así es como sabemos que nos ama. Esa es la naturaleza del ofrecimiento del amor de Dios a todo el mundo: es el hecho de que lo que es continuo es que está extendiendo ¿qué? Sus manos. Sus manos. ¿Y cómo están Sus manos?
¿Se acuerdan de la incredulidad de Tomás con respecto a la resurrección de Jesús? ¿Qué fue lo que cambió el corazón de Tomás? Cuando Jesús dijo: "Mira Mis manos; sí soy Yo". Pero no nada más es Dios mostrándonos Sus manos; es mostrándonos Sus manos horadadas. Cuenta que cuando Dios muestra Su amor de esa manera, nos está diciendo: "No nada más es que tengo Mis brazos extendidos; es lo que costó que Yo pudiera tener Mis manos extendidas hacia ti. Eso es lo que quiero que veas".
Y eso es lo que les está ofreciendo a los judíos; es lo que le está ofreciendo a Israel: manos lastimadas por clavos. Y eso, hermanos, es lo que nos está ofreciendo a nosotros también. O sea, nosotros hemos entrado... Pablo no nada más está hablando de lo que Dios le ha ofrecido a Israel; está hablando de lo que nos ha ofrecido a todos, a toda la humanidad. Pero con el contraste de que Israel principalmente ha rechazado esas manos. Israel principalmente ha dicho que no; han dicho, principalmente como nación, que no les importa. O sea, han dicho: "No, no me importa Dios; no importa que el Mesías fue crucificado y derramó Su sangre y murió por nosotros. No nos importa eso. Nosotros no queremos nada que ver; no queremos tener nada que ver con este personaje".
Coser otra vez el velo
¿Y entonces saben qué pasó? ¿Se acuerdan de lo que pasó? Ya vimos cómo estaba el templo: estaba el Lugar Santo, el Lugar Santísimo. ¿Y se acuerdan qué es lo que sucedió con el que separaba estas dos partes cuando Jesús murió? ¿Qué pasó con ese velo? Se rasgó. Pero ¿qué hicieron los judíos? En vez de que dijeran: "Ahí están las manos extendidas de Dios; esta es la manera de entrar del Lugar Santo al Lugar Santísimo", en vez de que dijeran eso, ¿qué hicieron? "A ver, vamos a coser otra vez este velo; tiene que separar estas dos cosas".
La parábola de los labradores malvados
Mateo 21: quiero que vean esta parábola, porque hay dos características que Pablo dice con respecto a los judíos. Por una parte dice que son desobedientes, o rebeldes, y por otra parte dice que son contradictores, o tercos, es otra palabra buena. Y en Mateo 21 Jesús narró una parábola —y pongan mucha atención, porque creo que aquí es lo que Pablo está explicando en más detalle—. Dice el versículo 33: "Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera.
"Finalmente les envió su hijo, diciendo: 'Tendrán respeto a mi hijo'. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: 'Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad'. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: 'A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo'. Jesús les dijo: '¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los de él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará'. Y oyendo Sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron...".
Esto es lo que me encanta. ¿Se dan cuenta? Ellos están escuchando esta parábola y dicen: "Ah, está hablando de nosotros; nosotros somos esos labradores". "Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque este le tenía por profeta". Y ese es el asunto aquí en esta parábola: que Dios está diciendo: "A cada uno de Mis profetas rechazaron". Ellos venían en el Antiguo Testamento, y ustedes leen una y otra vez que llegan con el mensaje, y lo rechazan, y los matan. Y dice Dios: "Ahí va Mi Hijo; ¿qué van a hacer con Él?". Y hacen exactamente lo mismo: también lo rechazan y lo matan.
Rebeldes y contradictores
Entonces, con esta parábola entendemos de qué está hablando Pablo cuando usa estos dos adjetivos del Antiguo Testamento, tomados de Isaías 65, versículo 2, de estas dos características de los judíos: una, que son contradictorias, y otra, que son rebeldes. ¿Rebeldes a qué? ¿En qué están siendo desobedientes? En esto están siendo desobedientes: el mensaje del Evangelio, el mensaje que Dios está dando a toda la humanidad, es: "Arrepiéntanse, arrepiéntanse". Ese es el mensaje de Dios; eso es lo que quiere que escuchemos, y eso es lo que quiere que obedezcamos: "Arrepiéntete. No sigas como estás; arrepiéntete". Y si tú no te arrepientes, estás siendo desobediente.
Y eso es exactamente lo que los judíos están haciendo: no se están arrepintiendo. Están diciendo: "No, nosotros vamos a seguir buscando nuestra propia justicia, haciendo las cosas a nuestra manera, no como Tú nos estás diciendo". Por lo cual no son salvos. Hechos 17:29 al 31 habla acerca de este mensaje. Ese es el mensaje de Dios en el Evangelio: el arrepentimiento.
¿Cómo respondemos?
Voy a concluir con esta pregunta: ¿cómo respondemos? Porque eso es lo más importante acerca de estos pasajes, ¿no? ¿Qué vas a hacer tú en relación a lo que estamos leyendo aquí? Porque aun en nuestra misma iglesia esto es una realidad. No estoy hablando de un misterio aquí; la realidad es que no todos responden al llamado de Dios, a Sus brazos abiertos, de la misma manera. Algunos siguen con su vida como si nada hubiera pasado, como si Jesús nunca hubiera venido. Viven para ellos; siguen diciendo: "Yo voy a seguir haciendo lo que a mí me gusta hacer. Yo no tengo que obedecer a Dios, yo no tengo que arrepentirme; yo estoy bien".
¿Cómo respondemos? Ahora voy a responder esta pregunta causando todavía más confusión sobre lo que hemos venido hablando de la responsabilidad humana y la soberanía divina. Porque cuando decimos "¿cómo respondemos?", cuando yo les digo "¿cómo vas a responder tú a lo que he dicho?", hay dos pensamientos que pueden venir a tu mente, dos cosas que puedes pensar: "Pues no sé; Dios, esa es una... A ver qué decide hacer Dios; ya Él dirá cómo respondo", ¿no? O la otra, puedes decir: "Ah, no, pues sí, o sea, soy yo. A ver, a ver, a ver, voy a echarle ganas para responder correctamente". Y entonces entra en su mente esta pregunta: ¿cuál de esas dos es verdad?, o ¿cuál es la respuesta correcta de esas dos? A ver, piensen; yo quiero que ustedes razonen esto, porque la respuesta, ¿saben cuál es? Sí. Esa es la respuesta. Ahora, no parece que es la respuesta, pero esa es la respuesta. ¿Cuál es verdad: la elección divina o la elección humana? Sí. Así contesten esa pregunta: sí. No quiero que digan: "Hmm, no sé, quién sabe cuál de las dos, o pues no". Y sí, no: sí, punto. Esa es la respuesta.
¿Cuál es cierta? ¿Tú tienes que escoger? Sí, tú tienes que escoger. ¿Dios tiene que escoger? Sí, Dios tiene que escoger, punto. No sé cómo funciona eso; no me pregunten, solo les estoy diciendo lo que dice la Biblia. Tú tienes que escoger, tú tienes que responder, y Dios tiene que escoger, Dios tiene que tener la iniciativa y hacerlo. Así que es un misterio. Nuevamente les digo: no les estoy solucionando un problema; les estoy creando un problema, que no es normalmente lo que trato de hacer. Pero en este caso quiero mostrarles rápidamente, en tres pasajes, lo que les acabo de decir.
Tres pasajes: los dos lados juntos
Mateo capítulo 11. Mateo capítulo 11, versículo 25; vean lo que dice. Dice: "En aquel tiempo, respondió Jesús, dijo: 'Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque'"... ¿qué? "'...escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por Mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiere revelar'". ¿Y luego qué sigue? El versículo 28, muy conocido: "'Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar'".
¿Vieron? En ese mismo pasaje dice dos cosas: "se los escondiste a algunos", "a algunos se los quieres revelar", y luego dice ¿qué? "Venid a Mí todos". Ahí está abierta la puerta: "Mis brazos extendidos, todos los que quieran venir a Mí". Nuevamente, no está solucionando este pasaje el misterio; lo está creando. Yo no les di este pasaje para que vieran cuál es la solución al problema; se los estoy mostrando: que sí está en muchas partes de la Biblia, a lo largo de toda la Biblia.
Vean lo que dice Juan capítulo 6, versículo 35. Dice: "Jesús les dijo: 'Yo soy el pan de vida; el que a Mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en Mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que a Mí viene, no lo echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda Yo nada, sino que lo resucite en el día postrero'". Y el versículo 40 —fíjense, el versículo 40, aquí está el otro lado—: "'Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna; y Yo le resucitaré en el día postrero'". ¿Todos, o los que el Padre quiere? ¿Cuál de los dos? Pues los dos. No, no les estoy diciendo que escojan cuál de los dos es cierto; los dos son ciertos. No es de escoger cuál les gusta más.
Y por último, Hechos capítulo 13, ya narrando lo que sucedió en la primera iglesia. Y nuevamente aquí encontramos una explicación de lo que sucede cuando se predica el Evangelio. Vean lo que dice el versículo 38 de Hechos 13. Dice: "Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de Él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en Él es justificado"... ¿quién? "...todo aquel que cree". Todo aquel. Ahí está la invitación: todos los que crean serán salvos. Es una invitación universal, absolutamente incluyente. Versículo 48: "Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron". ¿Quiénes creyeron? "...todos los que estaban"... ¿qué? "...ordenados para vida eterna". Aquí habla de la parte del plan de Dios, ¿no? Dios había predestinado a algunos a que se convirtieran ese día, y esos fueron los que se salvaron. No sé, no sé cómo funciona. Dios sabe, y yo no. Y esa es la diferencia entre Dios y yo, ¿no? Yo no soy Dios. Esa es la diferencia principal entre Dios y yo.
Cree, y punto
¿Cómo respondemos? Sí. Entonces, cuando la Biblia dice: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo"... "Ah, pero a ver, explícame la teología de eso: a ver, si Dios predestina desde antes de la fundación del mundo, y también nosotros somos libres y responsables delante de Dios...". No. Así respondemos: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo". ¿Qué haces si te está diciendo eso Dios? Crees. Eso es lo que haces. No empiezas a formular todas estas preguntas para tratar de entender a Dios y cómo hace Dios las cosas, porque eso nunca lo vas a entender. Tú cree. Cree, cree, punto.
Y cuando estamos predicando el Evangelio, estamos diciéndoles de qué se trata el Evangelio; eso es lo que les decimos que hagan. Ya más adelante, en su vida como cristianos, empiezan a leer la Biblia y empiezan a entender que su conversión, y la razón por la que ellos creyeron, es mucho más profunda y misteriosa de lo que ellos podrían entender. Y es el caso de cada uno de los que estamos aquí: la razón por la que tú eres cristiano es mucho más profunda que simplemente tu voluntad, mucho más profunda. Eso es parte de la historia, pero eso es muy superficial; eso es solo un pedacito de la razón por la que eres salvo. Tu voluntad no es toda la respuesta a todo lo que Dios hace; Dios es la respuesta a todo lo que Dios hace. Y eso lo vas descubriendo conforme vas leyendo y estudiando la Biblia.
El mensaje que predicamos
Y al meditar sobre este pasaje de Romanos 10, y al concluir con este gran clímax con respecto al corazón de Dios, eso es lo que tenemos que decirles a nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros familiares, y especialmente también si se encuentran a judíos o conocen judíos. Esto es lo que les tienen que decir: Dios ha estado ahí con Sus brazos abiertos todo el día. Desde que les dio la ley de Moisés, desde que llamó a Abraham de Ur, desde que ustedes fueron a conquistar la tierra que Dios les había prometido, cuando estuvieron dando vueltas en el desierto; todos los profetas, Isaías, todos estaban hablando de un Dios que tenía Sus brazos extendidos hacia ustedes.
Y cuando hablamos con nuestros vecinos y nuestros amigos que no creen en Cristo, esto es exactamente también lo que les decimos: Dios tiene Sus brazos extendidos, Sus manos horadadas, que muestran Su amor por ti, y está diciendo: "Aquí estoy". Eso es lo que predicamos. Ese es el mensaje del Evangelio que predicamos. Y el mensaje... Dios sabe quién lo va a aceptar y quién no; nosotros no. Pero nosotros buscamos ser obedientes: "Id y proclamar ese mensaje"; "Id y predicar el evangelio a toda criatura". Toda tribu, toda nación tiene que escuchar eso, y Dios hará la obra y hace crecer la semilla.
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