¿Qué es el Evangelio?
Transcripción
Una fe de erratas
Primero lo que quiero hacer es hacer una fe de erratas. Hace ocho días, dentro de lo que estaba diciendo, solamente me equivoqué al mencionar algo. Tenía que decir que le diéramos la gloria a Dios y dije otra cosa por ahí; si alguien no lo captó... pero alguien sí lo captó y me dijo. Entonces ahí luego checan el video. Solamente este fue un error mío. Y bueno, como ya hemos dicho, vamos en el capítulo 4, porque también en el video hay un error que dice capítulo dos.
Entonces, nuestro hermano Roberto nos expuso los primeros dos capítulos juntos, y hace ocho días vimos el tercer capítulo, que es el hombre pecador. Y bueno, en este sentido, hoy sí es el cuatro de esta serie, que es el evangelio, y hoy nos toca ver acerca de Jesucristo, el Salvador.
Repaso: la caída del hombre
Entonces, la semana pasada estuvimos estudiando la importancia de explicar acerca del pecado, la condición caída del hombre, la situación en donde ahora se encuentra —y nos encontrábamos, y nos encontramos— delante de nuestro Creador a causa de la rebelión, ¿verdad?, por esa desobediencia de Adán y Eva, cómo fue introducida la teología de Satanás. Y Satanás usó un instrumento, porque normalmente, cuando leemos la Biblia y vemos a la serpiente, literalmente pensamos que Satanás es la serpiente. Sin embargo, era parte de la creación, y Satanás usó a la serpiente.
Entonces el hombre rechazó la ley de Dios, rechazó a Dios, y la consecuencia es un juicio; un juicio con consecuencias cósmicas, porque se vino todo junto: con el hombre también cayó la creación. Y no solo el hombre; de esta manera vemos que el hombre tenía una situación mal con Dios, sino toda la creación, porque toda la creación después de esto empezó a morir también. Dice en Génesis 3:17: "Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené diciendo: No comerás de él, será la tierra por tu causa. Con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida". Entonces vemos aquí cómo Dios sí maldijo la tierra.
Y hay algo importante que podemos aclarar también. Si se dan cuenta, en el texto Dios no maldice al hombre como tal. No le dice: "Maldito serás". Hay un juicio. Es un juicio que es una maldición, pero directamente no maldijo al hombre y a la mujer. La maldición era que iban a morir, que iban a ser sacados del Edén.
Entonces, ni el hombre ni la mujer aceptaron su responsabilidad por sus acciones. Los dos evadieron su pecado. ¿Se acuerdan que les hacía la pregunta? Dios: "¿Dónde estás?". Y primero Dios le pidió cuentas a Adán, y no asumió su responsabilidad. ¿Y qué le dijo? "La mujer que me diste". Eva tampoco asume su responsabilidad, y dice: "La serpiente". Y así es el hombre, así somos. No nos gusta asumir nuestra responsabilidad y queremos culpar a otro a causa de nuestro pecado: "Fallé. Fallé porque el otro me hizo caer". Y así viene siendo la naturaleza del hombre.
Los dos se valen de su pecado tratando de justificarse el uno al otro, culpando a otro. Entonces, Adán y Eva, lejos de probar la gloria comiendo del fruto prohibido, lo único que trajo fue —lo vimos también— vergüenza, culpa y miedo. Pero hay un "pero", y eso es importante. Aquí es donde esta palabra tiene mucha relevancia para todo el plan divino para el hombre. Tenemos una promesa de redención para el hombre dada en Génesis 3:15. Vamos a orar.
Oración
Señor, gracias por Tu Palabra. Sabemos que Tu Palabra es bendita, y no me queda más que rogarte que Tu Espíritu Santo, Señor, sea el que hable hoy. Permíteme exaltarte, Señor, y glorificarte a través de Tu mensaje, Señor. Que Tu iglesia, Señor, tenga un corazón dispuesto, Señor, sencillo y humilde, que todos juntos podamos entender, Señor, Tu mensaje en Cristo Jesús. Amén.
La promesa de Génesis 3:15
Entonces vamos a Génesis 3:15, en donde vamos a ver esta declaración que Dios le hizo a la mujer y a la serpiente. Hoy en la mañana estuvimos escuchando con Abraham acerca de la simiente. Entonces, sería que a través de esta simiente de la mujer se daría el cumplimiento de la restauración, de la comunión entre Dios y el hombre. Y dice así: "Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el talón".
Y vamos a ver tres puntos. El primer punto es el plan de salvación. El segundo punto es la encarnación de la salvación. Y el tercer punto es la culminación de la salvación.
El plan de salvación
La humanidad se cayó, pero no queda ahí. No queda solamente en un escenario tenebroso. Hay esperanza. Y Dios ya había planeado esto. Dios es santo, Dios es justo, pero también es infinitamente misericordioso. Él no abandonó al hombre, ¿verdad?, al expulsarlo del jardín. No lo abandonó a las tinieblas solamente, cuando lo sacó del Edén, para que pereciera más en su pecado. Tenía un plan para restaurar a la humanidad.
La rebelión del hombre ya no lo hacía apto para que permaneciera en el jardín del Edén. Pero antes de que Dios dictara la sentencia de esta expulsión, juzgó primero a la serpiente. Dice así que la serpiente fue maldecida por haber sido la boca de Satanás. Entonces, la serpiente no era Satanás, solamente fue la boca de Satanás; fue usada, y ella sí llevó una maldición.
Versículo 14 dice: "Y el Señor Dios dijo a la serpiente: Por cuanto has hecho esto, serás más que todos los animales y más que todas las bestias del campo. Pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu simiente y su simiente, y él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el talón". No quiero entrar más en detalle acerca de la serpiente, si estaba parada o si tenía pies o no los tenía. Simplemente la maldijo por haber sido usada como instrumento por Satanás.
Entonces dice que pondrá enemistad entre la mujer y ella. A partir de ahora quedarían también enemistadas la serpiente, que había hecho amistad con la mujer... Si analizamos el texto, ¿cómo es que la mujer le hizo caso a la serpiente? Había una amistad, aparentemente; si no, de alguna manera no le hubiera hecho caso o no se le hubiera acercado. A partir de ahora esa era la enemistad que Dios había hecho también entre la mujer y la serpiente, además de las simientes.
Entonces, en el texto, la enemistad fue porque la serpiente le propuso comer de este fruto, y de una manera tan sutil y tan engañosa que la mujer fue tentada y accedió. Y a partir de aquí también podemos entender que se hace una separación entre los hijos de Dios y los hijos del diablo, los que obedecen al diablo y los que obedecen a Dios. Dice en 1 Juan 3:9-10: "Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él. No puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se conocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia no es de Dios, tampoco aquel que no ama a su hermano". 1 Juan 3, del 9 al 10.
Una lucha generacional
Entonces, hermanos, la maldición empieza por la serpiente. Primero hay un juicio para ella, porque Dios es santo y justo. No es justo a la manera de nosotros. Y a partir de aquí comenzaría una lucha generacional en la descendencia del hombre, una lucha competitiva a causa del pecado. Y lo podemos ver porque, cuando los expulsan del Edén, dice la historia de la creación que Adán y Eva tuvieron dos hijos, Caín y Abel. Y podemos ver ahí cómo está la lucha constante generacional.
Todo el mundo ya sabe qué es lo que pasó con Caín y Abel, ¿verdad? Ofrecieron ofrendas, Caín se disgustó, mata a su hermano. Y de alguna manera estamos viendo cómo Satanás quiere que esta simiente se corte, que no llegue a su culminación con la promesa redentiva.
Mas, sin embargo, Dios le da otro hijo a Adán y Eva, y a través de él continúa la línea que nos lleva hasta el Mesías: "entre tu simiente y su simiente". Entonces, Dios le dio al hombre una promesa: que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente. Y es importante que estudiemos desde Génesis cómo el plan redentivo y todas estas narraciones nos están apuntando directamente a Jesús, a Jesús nuestro Salvador, nacido de mujer. Y es importante ir viendo por qué nacido de mujer, por qué sería el medio para redimirnos del poder del pecado y la muerte.
Por un hombre entró el pecado al mundo, y por un hombre será quitada la muerte del pecado. Dice en Romanos 5:12: "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron". "Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por obediencia de uno los muchos serán constituidos justos".
Pieles para cubrir el pecado
¿Se acuerdan, dentro de esta historia? El hombre quiso tapar su pecado con hojas. Se cosieron hojas, pero Dios cubrió con pieles a Adán y Eva. Les estaba enseñando que la consecuencia de su pecado necesitaba cubrirse con una muerte. No nos lo narra la Biblia, porque Dios podía aparecer pieles y ponérselas. Mas, sin embargo, nos está dejando algo muy claro: que tuvo que haber la muerte de dos inocentes en este caso, o de un inocente —no sé cuántos mató, cuántos tuvieron que morir— para cubrir el pecado.
El hombre no puede hacer nada para cubrir su pecado. Tiene que haber muerte de un inocente que Dios va a ocupar para cubrir ese pecado, para cubrir esa falta a causa de la desobediencia del hombre. Y eso también está apuntando a Cristo. Cristo, como inocente, tendría que morir en nuestro lugar; iba a tomar nuestro pecado, iba a cubrir nuestro pecado.
El pecado trajo la muerte por medio de Abraham... perdón, ya ven, me equivoco. El pecado trajo la muerte por medio del primer Adán, y a partir de ahí todos los sacrificios eran la sombra de lo que Cristo haría una vez y para siempre en la cruz. Y continuamos con sacrificios a lo largo de la historia de la Biblia. Cristo es el segundo Adán. El primer Adán falló, rechazó la gloria de Dios. Ahora en Cristo tenemos un segundo Adán, en quien no hay pecado ni imperfección, y a través de Él tendríamos vida.
Y es así como vemos que se va desarrollando el plan redentivo hasta llegar a Cristo. Pero es importante entender por qué tenía que Dios encarnarse, y no otro hombre tomar nuestro lugar para pagar el pecado. Y esto lo vamos a ver en este segundo punto, que se llama la encarnación de la salvación.
La encarnación de la salvación
Entonces, ya había un plan de salvación. No solamente eran malas noticias; había buenas noticias, como ahora decimos cuando predicamos que el evangelio son las buenas noticias. Hay malas, porque tenemos que dar a entender, y que conozcan todos, que tenemos una condición caída, que estamos en problemas; pero también hay buenas noticias.
Plenamente Dios y plenamente hombre. Dios mismo vendría para alumbrar a este mundo. Dios mismo se haría carne para crecer entre nosotros, para habitar entre nosotros y cumplir el propósito del plan redentivo. Ay. Dice en Isaías 7:14, y luego saltamos al 9:6. Dice así: "Por tanto, el Señor mismo dará esta señal: Una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel". 9:6: "Porque un niño nos es nacido, un hijo nos es dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz".
Era necesario que se encarnara Dios para poder llevar el castigo de la humanidad: Jesús, el Salvador. Dios tenía que encarnarse a causa de la condición del hombre caído. Era necesario. Dios mismo vino a proveer esa salvación. Dios mismo vino a proveer ese remedio.
La simiente preservada hasta María
Eva habla de Set como otra simiente, en lugar... Eva habla de Set como otra simiente que va a seguir la línea para llegar hasta Jesús, cuando Caín mató a Abel. Entonces, hermanos, así es como Eva ve la posibilidad de un posible cumplimiento de lo prometido. Su descendencia no sería cortada; continuaría. Y a partir de ahí vienen otras genealogías, y lo podemos ver a través de la Biblia hasta llegar a Abraham y Sara nuevamente.
Hay otra promesa ahí. Y ahora Dios reafirma esta promesa, la misma que le dieron a Eva; ahora la reafirma con Abraham y Sara: esta promesa que le da a Abraham, junto con las bendiciones que fueron transmitiendo de generación en generación, y que fue guardada hasta María. Y eso lo podemos ver en Génesis 18:14 con Abraham, y con María en Lucas 1:37. No lo vamos a leer.
Plenamente Dios y plenamente hombre
Entonces era necesario que quien pagara por esta maldición, por el pecado, tuviera que ser plenamente Dios y plenamente hombre. Y esa es la manera en que debemos entenderlo: no cien por ciento Dios, sino plenamente Dios, porque Dios no está en porcientos; es plenamente Dios y plenamente hombre. En los evangelios vemos cómo describen a Jesús como un hombre que no era ordinario. En Mateo y en Lucas, Jesús fue concebido por medio del Espíritu Santo. ¿Para qué? Para que naciera santo y perfecto, sin ningún pecado.
En Lucas 1:34-35 dice: "Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto?, puesto que soy virgen. El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado Hijo de Dios". Era necesario que su nacimiento fuera así para cumplir la profecía mesiánica; es decir, que Dios mismo habitaría entre nosotros. Mateo 1:22; Isaías 7:14 también está ahí. Apúntenlo solamente.
Así como el evangelio de Juan nos afirma y nos confirma la divinidad desde el principio hasta el fin —el evangelio de Juan nos está confirmando que Dios, que Jesús era Dios—: "En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios". Juan 1, del 1 al 2. Por lo tanto, solamente aquel que fuera plenamente Dios y plenamente hombre cumplía con los requisitos para que la humanidad fuera salvada de la ira de Dios.
Y así es como tenemos que entender el evangelio. Nadie más puede interceder por el hombre. Nadie más puede quitar pecados; ya no más sacrificios. Un hombre ordinario no puede ocupar el lugar de otro hombre ordinario para pagar su pecado. Dice en Romanos 3:10 al 12, y luego el versículo 23: "No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se han desviado, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay siquiera uno". "Por cuanto todos pecaron, y no alcanzan la gloria de Dios".
Plenamente Dios y plenamente hombre. Jesús vino como Hijo de Dios, que nació sin pecado y plenamente en perfección divina, como Dios su Padre. Y de esta manera, que tenía que nacer así Jesús, y ser así, es como le hacía apto como el sacrificio requerido por Dios para salvarnos de la ira de Dios, para salvarnos del pecado, para ocupar nuestro lugar, para llevar toda nuestra culpa y justificarnos, para representarnos completamente como mediador delante del Padre.
Hebreos 4:14-16 nos dice: "Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia por la ayuda oportuna".
Entonces, Jesús el Salvador era el plan que Dios tenía para la reconciliación entre Él y los hombres, para que fuéramos librados de la muerte. Plenamente Dios y plenamente hombre. Él habitó entre nosotros. Él puso Su tabernáculo entre nosotros.
La consumación de la salvación
Y tercer punto: viene la consumación de la salvación. Hay un plan que se va cumpliendo a lo largo de la historia redentiva, a lo largo de la historia bíblica, de generación en generación. Y vemos esta lucha de simientes, cómo Satanás está tratando de que no se cumpla, y que hasta la fecha está siendo estorbo para el hombre. Y por eso es que tenemos que predicar el evangelio.
¿Qué hizo Jesús en la cruz? Todos predicamos el evangelio, pero tenemos que también entender qué hizo Jesús en la cruz. Ya sabemos que murió ahí. Sabemos que sufrió ahí. Pero ¿qué hizo Jesús en la cruz?
Un sacrificio efectivo
Uno es que Él proveyó un sacrificio efectivo. Porque a lo largo de la historia, después de que Adán y Eva fueron expulsados, Caín y Abel ofrecieron una ofrenda. Pero también lo podemos entender como un sacrificio a Dios, esta ofrenda, porque es un recordatorio de que alguien tuvo que ser ofrendado para cubrir nuestro pecado. Abel tomó de lo que no le pertenecía, que le pertenecía a Dios, y eso fue lo que ofrendó: un sacrificio, una ofrenda. Y vemos cómo a lo largo de la historia bíblica hay sacrificios momentáneos que no duraban, y a los tiempos de Jesús se seguían ofreciendo estos sacrificios, que eran solamente temporales. Pero Jesús proveyó un sacrificio efectivo.
Adán y Eva complacieron su deseo de ser iguales a Dios y nos sumergieron a todos, a todo el mundo, en una maldición, ¿verdad?; en un mundo caído, en un mundo perdido, lleno de pecado, rechazando a Dios, no buscándole, como dice Romanos. Entonces se han hecho sacrificios hasta que llega Jesús. Y estos sacrificios los podemos ver empezando por Abel, después con Noé, cuando termina el diluvio ofrecen un sacrificio, y por último Abraham. Y este último sacrificio que vemos aquí con Abraham, cuando iba a sacrificar a su hijo, nuevamente nos apunta a Cristo: el Padre ofreciendo a Su Hijo, a Su único Hijo.
Después viene el éxodo, otra cosa que apunta a Cristo: un sacrificio para que con la sangre cubrieran los dinteles y que la muerte no pasara ahí. Y que también apunta a Cristo, y un mensaje que es la liberación: el sacrificio de Cristo nos libera del pecado. De este modo, el ángel de la muerte no pasaría en ese hogar. Y es lo mismo que pasa con Cristo, con Su sangre. La muerte pasa de largo por los que ponen la fe en Él, por los que ponemos nuestra fe en Él. A esto le llamamos que es un sacrificio judicial: uno que sí repara el abismo que hay entre Dios y el hombre, el abismo que hay en la relación entre Dios y el hombre causado por el pecado.
Un sustituto penal
Número dos, dentro de ese punto: proveyó un sustituto penal. Jesús fue la víctima que recibió toda la ira de Dios. Jesús fue la víctima que tomó nuestro lugar en esa cruz para ser perdonados. No solo era morir en la cruz; era ser ejecutado judicialmente en nuestro lugar, en mi lugar, de cada pecador que pone su fe en Él. Cristo murió como nuestro sustituto penal. Él recibió nuestro castigo sin merecerlo, como todos los sacrificios que había habido en la historia bíblica: estos corderos inocentes tomando el lugar del hombre.
Isaías 53:4 al 6 dice: "Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por Su llaga fuimos nosotros curados. Todos, todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros".
Una vez y para siempre
Número tres de este punto: proveyó un sacrificio efectivo. Hebreos 7:26 al 27 dice: "Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos, que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo. Porque esto Jesús lo hizo una vez y para siempre, cuando Él mismo se ofreció". Un sacrificio efectivo. ¿Has pensado en eso?
La muerte de Jesús en esa cruz fue efectiva. Pagó todo, quitó todo, cubrió todo, redimió todo, liberó todo, quitó la ira de Dios sobre el pecador. Pero únicamente hay una condición: si el pecador se arrepiente. Juan 3:16 es comúnmente usado: "Porque de tal manera amó Dios al mundo", ¿verdad?, "que ha dado Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna". Y siempre llegamos y predicamos y decimos este versículo, pero el pecador tiene que arrepentirse. Si no, este sacrificio efectivo no funciona.
Entonces, sí, la buena noticia: Cristo logró la redención de todos los que acuden en arrepentimiento y creen en Él en fe. El evangelio es predicar la salvación lograda en la cruz. Es un llamado que tenemos que hacer para hombres y mujeres de todo el mundo. Mateo 28:18. Mateo 28... 28.
Cristo vive
El mundo tiene necesidad de una fe personal en Cristo, el cual fue crucificado, pero también resucitado. Y tenemos que decir el evangelio completo. No solamente murió en la cruz, no solamente tomó nuestro lugar: Cristo vive. En la mañana celebramos la Cena; proclamamos Su muerte, pero también proclamamos Su resurrección y Su segunda venida. Por eso es que tenemos que predicar el evangelio. El mundo tiene necesidad de volver a recuperar esta relación con su Creador.
Él no solo murió: venció a la muerte, pisando la cabeza de la serpiente, para darnos vida por medio de Su resurrección. Y hoy nos hablaban acerca de esta semilla que es sembrada. Abraham nos compartía en la Cena que si esta no muere, no puede dar fruto. Así Jesús tendría que estar oculto para que al tercer día pudiera dar fruto, pudiera resucitar, y que pudiera ser completo, efectivo, el sacrificio. Él murió en tu lugar. Él murió en mi lugar, y debemos creerlo en fe.
Un llamado
No sé si es la primera vez que vienes o has escuchado esto, pero si has entendido esto, si has reconocido que tienes una relación quebrada con Dios, que estás caído, que eres alguien que rechaza la gloria de Dios: Cristo murió por ti en la cruz, como lo hizo por mí. Y puedes arrepentirte de eso y reconocer que mereces la ira de Dios, pero también entender que hay un sustituto, que es Jesús el Salvador.
Y por otro lado, quiero hacer otra pregunta: ¿en verdad estás del lado correcto? Jesús nos enseña en las parábolas que habitará la cizaña con el trigo. Puedes recapacitar. Y si estabas viviendo una vida como cristiano falsamente, también esta promesa aplica para ti. Puedes reconciliarte con el Señor mientras estés en vida.
Y esas son las buenas noticias. No se pongan tan serios. Tenemos a un Salvador, un sustituto, alguien que sí pudo pagar, alguien que sí fue acepto. Y gracias a Dios por Su Palabra. Gracias a Dios por Su Hijo Jesucristo, que es nuestro Salvador. Vamos a orar.
Oración final
Amado Dios, gracias, gracias, Señor, porque Tú tomaste nuestro lugar. Gracias porque, sin merecerlo, nos amaste, nos llamaste, nos compraste, nos rescataste. Gracias, Señor. Gracias por Tu Palabra, en Cristo Jesús. Amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →