Juan 17:1-12JuanJonathan Adams
¿Quién es la iglesia?
Transcripción
Recordar la resurrección
Buenos días, hermanos. Pues sí, debemos de recordar, no de una forma idólatra, sino de una forma de recordar en el año. Es bueno recordar, tener tiempos del año. Así como no sabemos exactamente en qué época del año fue el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, y algunos están en contra de celebrar la Navidad porque no es algo que está en la Biblia, que esté instituido como una celebración, un día apartado para celebrar. Pero sí es bueno, creo, recordar con la tradición de la iglesia a través de los siglos, en diferentes épocas del año; podríamos haber escogido otro tiempo, pero para Navidad, y también en este tiempo. Pues no hacemos como algunos de los que no tienen al Señor e idolatran otras creencias, pero sí ciertamente recordamos en estos días lo que la Palabra enseña acerca de la muerte y resurrección, estos eventos tan céntricos, sumamente céntricos, para nuestra fe.
Y bueno, recuerdo que cuando era chico y vivíamos en Bogotá, Colombia, todos los domingos de resurrección nos levantábamos muy temprano, mucho antes de que saliera el sol, y caminábamos, subíamos una peña, donde teníamos un pequeño culto de adoración al amanecer. Me acuerdo de una cita que hizo un predicador del siglo 18, Jonathan Edwards —qué bueno, mi padre me puso mi nombre por él y por Jonathan de la Biblia—, pero él decía: "Creo que el Señor recomendó levantarnos temprano de mañana, porque Él se levantó de entre los muertos antes de que rayara el alba". Entonces, pues, no es necesariamente un mandamiento o algo así, pero creo que tiene algo de verdad. Entonces, para celebrar juntos este evento tan importante, la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y el viernes también conmemorar Su sacrificio en la cruz.
Una serie en Juan 17
Como estaba mencionando el pastor Roberto, estamos haciendo un paréntesis de, creo, cinco semanas, un paréntesis en esta temporada del año, de los mensajes que nos ha estado trayendo el pastor Nathan acerca de Isaías. Y vamos a estar enfocándonos en Juan 17, que algunos conocen como la oración sacerdotal de nuestro Señor Jesucristo. Como se acordarán, en Isaías, ¿en qué capítulo vamos? 40, 40, creo. Nos dijo que van a ser tres mensajes; hemos escuchado dos y falta uno, así que retomaremos en breves semanas. Pero varios miembros del consejo pastoral vamos a estar abriendo la Palabra en Juan 17, y hoy vamos a estar evaluando la primera parte de la oración, determinando quién es la iglesia.
Después vendrán otros mensajes, y varios de los hermanos del consejo pastoral vamos a estar dando estos mensajes. Y después de este primer mensaje, de quién es la iglesia, vamos a ver varias características de la iglesia. La primera característica que vamos a ver, el Domingo de Resurrección, el próximo domingo, con nuestro hermano Arturo, es la característica del gozo, en el 17:13. Después vamos a ver la característica de la santidad, la característica de la unidad y finalmente la característica del amor. Entonces, evaluando con base en este pasaje las características de la iglesia.
Esta oración del capítulo 17 es conocida como la oración sacerdotal de Jesús. Jesús ora primero por sí mismo, luego por los discípulos, los 11, y después por todos nosotros, los que hemos llegado a creer por el testimonio de los discípulos. Es una oración única. También tenemos otra oración, que es llamada el Padre Nuestro, que todos, creo, nos la sabemos desde muy chicos, y es una oración en la que Jesús nos enseñó, a Sus discípulos y por medio de ellos a nosotros, cómo orar. Pero esta oración sacerdotal no es una oración que nosotros podemos orar, y vamos a ver por qué. Pero es muy importante que tengamos esta oración en nuestras Biblias y podamos aprender de esta oración.
Vamos a leer toda la oración. Estuve pensando: bueno, quería tratar de ser breve en esta mañana; creo que puede ser a veces importante. Pero sí quiero tomar el tiempo de leer la oración completa de Juan 17. Es una oración que Jesús nunca hará; una oración así jamás. Fue un momento muy particular: Él estaba yendo hacia la cruz, ya sabía lo que le esperaba; era un momento muy especial en la historia de la iglesia. Y vamos a estar viendo, a lo largo de este mes, tres grandes temas aquí, y en todos los mensajes de alguna forma van a salir estos tres temas, aunque en algunos quizás esté más enfatizado algún punto que otro. Pero vamos a estar viendo el mérito de Cristo, la palabra de los apóstoles y el consuelo para nosotros, para los creyentes. Entonces, vamos a plantearnos esta primera pregunta: ¿quién es la iglesia?
Lectura de Juan 17
Y vamos a leer este capítulo, Juan 17. Lo estoy leyendo de la Nueva Versión Internacional, porque se me enreda la lengua con los "vosotros fuisteis" y "pensasteis" y "obrasteis". "Después de que Jesús dijo esto, dirigió la mirada al cielo y oró así: «Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, ya que le has conferido autoridad sobre todo mortal para que él les conceda vida eterna a todos los que le has dado. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.
»A los que me diste del mundo les he revelado quién eres. Eran tuyos; tú me los diste y ellos han obedecido tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les he entregado las palabras que me diste, y ellos las aceptaron; saben con certeza que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos. Todo lo que yo tengo es tuyo, y todo lo que tú tienes es mío; y por medio de ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar por más tiempo en el mundo, pero ellos están todavía en el mundo, y yo vuelvo a ti.
»Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros. Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba mediante el nombre que me diste, y ninguno se perdió sino aquel que nació para perderse, a fin de que se cumpliera la Escritura. Ahora vuelvo a ti, pero digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, para que tengan mi alegría en plenitud. Yo les he entregado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
»No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mi mensaje" —perdón— "en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí. Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo. Padre justo, aunque el mundo no te conoce, yo sí te conozco, y estos reconocen que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo mismo esté en ellos»".
¿Eres parte de la iglesia?
Nos vamos a estar enfocando en los primeros 12 versículos de este capítulo, haciéndonos la pregunta: ¿quién es la iglesia? Y podría parecer un poquito extraño, porque ahí en sus Biblias aparece que Jesús ora primero por Él mismo, después por Sus discípulos, y apenas a partir del versículo 20 comienza a orar por los creyentes, todos los creyentes, por nosotros, si estamos en Él. Pero vamos a darnos cuenta de que en estos primeros versículos Jesús nos va a definir quién es la iglesia. Podemos ver en la oración por Él mismo y por Sus discípulos quiénes estamos en la iglesia.
Ahora, hoy es Domingo de Ramos, ¿verdad? Y celebramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Como se acordarán, Jesús no era de la capital, no era de Jerusalén; no era capitalino, era pueblerino, era de Galilea; se le notaba por su acento, bastante rural. Pero Jesús venía a Jerusalén con un propósito muy práctico: sabía que venía Su hora, y Su hora representaba ser torturado, matado cruelmente por los romanos como criminal. Y como sabemos, pidió en ese domingo, que era el día antes del… perdón, era el día después del día de descanso, pidió que consiguieran un burrito, y entró en la ciudad montado en el burrito como un rey humilde. Y las multitudes lo recibieron con palmas en señal de júbilo, y Jesús recibió sus alabanzas. Le decían "Hijo de David", y así le estaban diciendo Mesías.
Pero hay un problema con estas personas, muchas de estas personas que lo estuvieron recibiendo en ese momento, en ese Domingo de Ramos. ¿Qué pasó ya para el viernes? Muchos de los que estaban ahí con palmas, gritando a Su favor, ya para el viernes muchos de esos mismos estaban pidiendo Su tortura y muerte. Y muchos de nosotros hubiéramos pensado en ese momento del Domingo de Ramos: "Bueno, pues todos los que van allí con sus palmas y gritando, pues han de ser del pueblo de Dios", ¿verdad? Pero vemos que ya para el viernes se vio que en realidad no eran parte del pueblo de Dios esos que estaban clamando por Su muerte. Ahora bien, en muchos de los que estaban ahí muy posiblemente Dios hizo una obra en sus corazones, pero en ese momento no estaban siguiendo al Señor.
Así que es muy importante preguntarnos si somos parte de la iglesia. ¿Eres parte de la iglesia en esta mañana? Hubo muchos que agitaron palmas, pero no eran del pueblo de Dios. En esta mañana quiero que todos, desde los que están por primera vez hasta los que somos miembros del consejo pastoral, nos preguntemos: ¿somos parte del pueblo de Dios? ¿Somos parte de la iglesia universal? Este pasaje nos da las características de los que son miembros de la iglesia.
El cristiano busca primero la gloria de Cristo
Y en primer lugar vamos a ver que el cristiano busca primero la gloria de Cristo. En esta oración, capítulo 17, vemos que Jesús ora primero por sí mismo. Dice primero aquí: "La hora ha llegado". Y se acordarán, en los pasajes anteriores de Juan, en las bodas de Caná, por ejemplo, le dijo a Su madre: "Aún no ha llegado", cuando convirtió ahí el agua en vino. O cuando Sus hermanos fueron a la fiesta en Jerusalén y le dijeron que los acompañara para que demostrara toda Su gloria —y nos dice la Palabra que no creían en Él todavía en ese entonces—, y Él dijo que no había llegado Su hora. Pero ahora sí la hora había llegado. ¿Y qué es lo que le pide al Padre? Que lo glorifique a Él.
Por eso decía que es una oración que nosotros no podemos hacer. Pero aun así nos puede parecer un poco extraño. ¿No era que los líderes comen de último? Por lo menos es el deber ser: los líderes deben de asegurar que todos hayan comido primero. Entonces Jesús aquí está diciendo: "Glorifícame a mí, Padre". Pero Jesús no es como otros líderes en un sentido muy importante. Nosotros podemos ser líderes en nuestros hogares, en escuelas, en trabajos, en la iglesia, en muchas cosas, pero hay una diferencia muy importante, y es que Jesucristo es Dios, y no hay un ser más excelso, mayor que Él, en todo el universo. Él hizo todas las cosas; por medio de Él fueron hechas, y para Su gloria fueron hechas.
¿Se acuerdan de un mensaje que les compartí hace unos meses sobre Juan 20? Y les decía que de muchos de los grandes líderes de la historia del mundo podemos tomar sus frases, y cualquiera de nosotros puede tomar esas frases y hacerlas propias. Es decir: "Bueno, yo puedo decir…" con Confucio o con Mao, o con los líderes que sean. Uno puede usar esas palabras y hacerlas mías; la verdad es que calzan bien, por lo general. Pero las palabras de Jesús son diferentes, porque Él es Dios. Los que dicen: "Bueno, nada más fue un buen maestro", no han leído Sus palabras. Y aquí está uno de esos ejemplos: le está diciendo al Padre que lo glorifique a Él.
La gloria de otro igualmente digno
Ahora, veamos bien lo que dice aquí. ¿Por qué está pidiendo Jesús que lo glorifique a Él mismo? ¿Para qué? "Para que te glorifique a ti", hablando al Padre. Entonces Él está buscando la gloria de otro igualmente digno, que es Su Padre. Y en esto vemos la importancia de la Trinidad. Los que niegan la Trinidad, ya sean los testigos de Jehová, los mormones, los musulmanes, ninguno de estos puede decir que el amor es una parte intrínseca de Dios. ¿Por qué? Porque si no fuera por la Trinidad, no podría existir este amor eterno de Dios entre las tres personas de Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Una persona solita no puede amar, porque no hay un otro. Entonces sabemos que Dios es uno, pero en tres personas; tenemos un Dios en tres personas.
Y vemos otra cosa aquí, también maravillosa, y es que este amor se extiende más allá de la Trinidad. Jesús dice que va a glorificar al Padre porque el Padre le ha dado autoridad sobre todo mortal, "para que él les conceda vida eterna a todos los que le has dado". Entonces los discípulos también son parte de esta gloria. Y vemos aquí que gran parte de la gloria de Cristo consiste en que los discípulos vean Su gloria. Esto es maravilloso: cómo Dios nos incluye a nosotros, Sus criaturas, en Su gloria. El hecho de que nosotros le damos gloria es algo que lo hace llenarse de gozo.
Y vemos que más adelante va a hablar de los que creeríamos por su testimonio; está hablando de nosotros, aquí sentados en esta mañana. Vamos a ver eso con más detalle en esos mensajes. Pero vemos entonces que un cristiano es un hombre, una mujer, un niño, una niña, que busca la gloria de Cristo Jesús, que se deleita en glorificarlo aquí en la tierra y en prepararse para ver Su gloria en Su presencia, cuando Él venga, cuando muramos y estemos con Él en ese momento.
Y entonces quiero que nos preguntemos en esta mañana, hermanos: ¿eres tú un hombre, una mujer, un niño o una niña así, que busca la gloria de Cristo Jesús? Si estás buscando tu propio avance, tu propio placer, tu propio poder, por medio de lo que Dios puede hacer por ti, entonces no estás buscando en primer lugar la gloria de Cristo Jesús, y no eres pueblo de Dios, no eres parte del pueblo, de la iglesia. Y no importa en realidad lo que digan o piensen otros de ti, o que te vean como un líder; no importa. Tú solamente y Dios conocen tu propio corazón: ¿estás buscando la gloria de Cristo Jesús? No estoy diciendo que no fallamos, que no somos tentados, y que a veces hasta cedemos ante la tentación de buscar nuestra propia gloria. Pero nuestras vidas tienen que estar encaminadas hacia glorificar a Cristo Jesús, nuestro Señor.
Glorificar a Dios disfrutándolo
Uno de los catecismos muy importantes de la historia, el Catecismo de Westminster, tiene una de sus preguntas más importantes: ¿cuál es el fin del ser humano? Y contesta… a ver si alguien se lo sabe: ¿cuál es el fin del hombre, cuál es el fin del ser humano? "…Y disfrutarlo para siempre". Muy bien. Les recomiendo mucho, si no lo han leído, un libro de John Piper que se llama Deseando a Dios. Creo que pronto lo vamos a poder sacar en una versión más económica, porque ha estado con una editorial que es un poquito carera, desde España, y otra editorial que es un poquito más económica, de Colombia, creo que va a sacar pronto este libro que se llama Deseando a Dios.
Pero John Piper agrega algo, cambia algo de este catecismo clásico, y en vez de "glorificar a Dios y disfrutarlo para siempre", dice "glorificar a Dios por medio de disfrutarlo para siempre". Porque es en ese disfrute, en ese deleite, que glorificamos a Dios; así lo glorificamos: deleitándonos en Él. Entonces, un cristiano es uno que busca la gloria de Dios, que se deleita en Su gloria.
El cristiano tiene vida eterna
La segunda característica es que el cristiano tiene vida eterna. Ahora, si alguien se me acercara en la calle y me preguntara: "Bueno, ¿qué es vida eterna?", yo probablemente diría: "Pues es no morir; ya no mueres, entonces es vida eterna". Y de alguna forma tendría razón. Pero el mundo básicamente entiende "no morir" como seguir existiendo, ¿verdad? Recuerdo las primeras veces que leí los primeros capítulos de Génesis, donde Dios les dice: "Bueno, el día en que ustedes coman del fruto de este árbol, ciertamente morirán". En hebreo —yo no sé hebreo, pero lo he estudiado un poco—, el Antiguo Testamento dice "morirán, morirán". Se repiten las palabras; en hebreo repiten una palabra para ponerle énfasis. Entonces es "morirán, morirán", y pues en español suena raro; entonces decimos "ciertamente morirán".
Y mi primera reacción fue: no murieron. Bueno, tal vez en efecto, o algo así. Adán vivió más de 900 años. No sabemos exactamente qué edad tenía cuando fueron echados del huerto, pero parece que no fue inmediato, ¿o no? Entonces yo decía: "Bueno, pues tal vez Dios tuvo misericordia y no los mató en ese momento", tal vez como nuestros padres, que amenazan con algún castigo y ya luego, a la hora de la hora, se arrepienten: "Le doy otra oportunidad". Pero el problema es que yo estaba viendo la vida como el mundo ve la vida: seguir existiendo.
Vida eterna o muerte eterna
Pero piensen en una cosa: en ese sentido, hermanos, todos los seres humanos tenemos vida eterna. Pero no es cierto; para algunos es muerte eterna. Todos seguiremos existiendo para siempre, para siempre, todos los que estamos aquí. Eso sí se los puedo decir con toda certeza: todos los que estamos aquí en esta mañana seguiremos existiendo para siempre. Pero los que rechazan a Cristo seguirán existiendo en una muerte eterna, separación de Dios para siempre. Y cuando estén en ese lugar de tormento, se darán cuenta de que en realidad su vida aquí en la tierra fue el inicio de esa muerte eterna, separados de Dios. Estaban ya separados de Dios, están ya separados de Dios por su propia voluntad. Eso es estar muertos en delitos y pecados, como dice Efesios 2:1. Y quiero que consideren esa separación de Dios: para los que no son parte de Su pueblo no habrá segunda oportunidad.
Y a veces pensamos, los jóvenes, los que pensamos que somos jóvenes: "Bueno, pues nos falta un buen de vida". Y ayer estaba meditando en este mensaje, haciendo los últimos preparativos, y una noticia: un joven quarterback de los Acereros de Pittsburgh falleció en la madrugada de ayer, 24 años. Un tipo enorme, muy capaz, un atleta increíble; a los 24 años murió en un accidente de tránsito. No sabemos si conocía o no a Dios, pero así de rápido, hermanos, así de rápido es la vida; así de rápido puede cambiar y pasar la vida. Y si este joven no tenía a Dios, van a pasar 100 años, van a pasar 200 años, los que tiene México como país; van a pasar 500 años, los que tiene México desde la Conquista; pueden pasar mil años, y todavía, hermanos, no es ni el inicio de la eternidad, una eternidad de separación de Dios. Eso es lo que implica no ser parte del pueblo de Dios, hermanos.
Para los que buscan la gloria de Cristo, en cambio, no tendremos ese temor de "ahí se están acabando los buenos tiempos, se me está acabando la juventud, se me están acabando las vacaciones". No, hermanos: sabremos que estamos con Él para siempre, y es solo el inicio de la vida. Y nos dice aquí lo que es la vida: estar con Cristo para siempre, glorificándolo para siempre. Y veremos en retrospectiva, hermanos, que nuestra vida aquí era solo el inicio de la vida. Pero ya estamos viviendo esa vida. ¿Por qué? Porque nos dice: la vida eterna es… algo que yo seguramente no contestaría de inmediato. Debería de contestar así: la vida eterna es conocer al Padre, al único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien el Padre nos ha mandado.
Conocer al único Dios verdadero
Me gusta muchísimo Juan, por ello lo llegué a estudiar, los primeros capítulos, en griego, en la universidad; llevé dos, dos semestres en la universidad. Y se me hacía siempre, en el español y en el inglés, que había muchas frases y muchas oraciones que como que no seguía una cosa de la otra, como que decías: "Oye, eso está raro; como que tal vez hay algo en la traducción que no está bien, porque pues no parece que una cosa sigue de la otra". Pero en el griego es igual, es igual. Y uno no esperaría esto, ¿no? "La vida eterna es…", y nos dice: conocer al Padre, al único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien el Padre nos ha mandado. Es lo que dice, hermanos. Y esa es la forma en que tenemos que pensar. Dios tiene que abrir nuestros ojos para que veamos lo que es vida real. Todavía estamos tentados a pensar como el mundo: que la vida es sencillamente seguir existiendo.
Y esa no es vida, hermanos; no es vida.
Ojos abiertos: Giezi y los carros de fuego
Tenemos que tener un cambio de perspectiva, como lo tuvo el siervo de Eliseo, en 1 Reyes. Me encanta esa historia de Giezi, este hombre, el siervo de Eliseo. Y me llama la atención que, ¿se acuerdan?, hay otra historia de este mismo siervo, y fue en el capítulo anterior: llegó Naamán de Siria, tenía lepra; Eliseo lo mandó al Jordán a lavarse; regresó, quería darle pues muchos regalos a Eliseo, y Eliseo dijo: "No, no necesito nada; esto es de Dios". Y entonces Giezi dijo: "Yo voy a aprovechar esto, porque ni modo que nos quedemos sin las mudas de ropa y el oro". Pues fue corriendo y le pidió, le mintió; le dijo: "Bueno, pues en realidad llegaron otros profetas y ocupamos este oro y estas mudas de ropa muy fina". Y bueno, fue, lo escondió, y Eliseo… no lo detectó; bueno, Dios, al parecer en el pasaje, Dios fue quien se lo reveló; tal vez Eliseo lo vio. Pero Dios lo castigó con lepra, ¿no?
Entendíamos: "Bueno, pues hasta ahí llegó ese cuate", ¿no? Pero vemos en el capítulo siguiente que Giezi sí está ahí, en 2 Reyes, y leemos aquí brevemente, comenzando con el versículo 13. Me encanta este pasaje: "Cuando le informaron…", perdón, "Cuando le informaron que Eliseo estaba en Dotán, el rey envió allá un destacamento grande, con caballos y carros de combate. Llegaron de noche y cercaron la ciudad. Por la mañana, cuando el criado del hombre de Dios se levantó para salir, vio que un ejército con caballos y carros de combate rodeaba la ciudad. —¡Ay, mi señor! —exclamó el criado—. ¿Qué vamos a hacer? —No tengas miedo —respondió Eliseo—. Los que están con nosotros son más que ellos".
Entonces él oró. ¿Oró Eliseo que vinieran al rescate? Solo oró que Dios le abriera los ojos: "Señor, ábrele a Giezi los ojos para que vea. El Señor así lo hizo, y el criado vio que la colina estaba llena de caballos y de carros de fuego alrededor de Eliseo". Las tropas del Señor estaban rodeando a todos los que estaban rodeando la ciudad. Y no era que no estaban antes; Dios solo tenía que abrir los ojos de Giezi. Y eso es lo que yo oro por todos nosotros en esta mañana, hermanos: que Dios nos abra los ojos para que veamos lo que es la vida realmente; que no estemos viendo nada más los carros y los caballos del enemigo a nuestro alrededor. Sí, están ahí, son reales, pero si tenemos ojos de fe, si Dios nos ha abierto los ojos, vemos que los que están con nosotros son muchos más que los del enemigo.
Que Dios abra nuestros ojos para ver que la vida verdadera es conocer a Dios y estar en Su presencia, y es algo que puede comenzar hoy mismo. Al inicio tal vez no se sienta muy diferente, pero Dios va obrando en nuestros corazones, en nuestras mentes, para que veamos esa realidad de lo que es la vida. Los montes están llenos de las tropas del Señor, pero necesitamos ojos de fe para ver. Entonces vemos que el cristiano, el miembro de la iglesia universal, es uno que busca la gloria de Cristo Jesús en primer lugar; es uno que sabe lo que es la vida realmente.
Después del viernes viene el domingo
Y el cristiano sabe que, aunque estemos en situaciones que parecen ese viernes, ese viernes de la muerte de nuestro Señor, viene el domingo, viene el Domingo de Resurrección. Meditemos un momento en lo que Jesús estaba pasando cuando oró de esta forma. Esta misma noche van a llegar soldados por Él, y aun antes de que llegaran esos soldados, le iba a estar rogando a Su Padre que, si fuera posible, la copa pasara de Él, que no tuviera que experimentar la ira de Dios. Y aquí le está pidiendo al Padre que lo glorifique. ¿Es que Jesús tal vez no estaba pensando una cosa, limpió su mente: "Yo no voy a pensar en eso, voy a pensar en esto"? No. Él sabía. Las peticiones no son una contradicción. La gloria de Jesús, la gloria que Él busca, tenía que pasar por esa maldición en la cruz, porque Sus discípulos no hubieran podido estar con Él para siempre.
Fue el precio que Él pagó para que Sus discípulos vieran Su gloria, para que ellos disfrutaran con su Señor. En Apocalipsis 5:12 vemos que se le da esa gloria a Cristo, pero es Cristo el Cordero inmolado, ese Cordero que ha sido sacrificado. Entonces esa gloria que vemos allí en Apocalipsis tiene que pasar por el sufrimiento y la maldición de la cruz. Y como cristianos tenemos la certeza de que estamos cubiertos por esa sangre, de que no tendremos que pasar por esa maldición de Dios como tuvo que pasar nuestro Señor Jesucristo. No tendremos que sufrir la ira de Dios, porque Cristo lo pagó. Solamente por eso no tenemos que pasar por esa maldición.
Un gozo que el mundo no puede quitar
Y por eso, hermanos, nos debe caracterizar un gozo profundo como cristianos, y es algo que también debemos evaluar en nuestras vidas, hermanos. Hay personas que son, pues, yo creo que constitucionalmente o naturalmente, muy jocosas, personas que siempre están riendo y bromeando, y eso puede ser una señal de alegría, de gozo en el corazón, pero también puede ser una forma de tapar una angustia interna muy, muy fuerte, ¿no?: bromear para no pensar en la angustia interna. Y hay otros que sí tienen ese gozo profundo y tal vez no lo manifiesten, o no lo manifestemos externamente como deberíamos de hacerlo. Y si ese es el caso, pues hay que trabajar en eso, hermanos, y pedir que Dios nos permita manifestar ese gozo profundo que debemos de tener siempre, pensando en el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo: que ya no tenemos esa ira sobre nosotros, sino que tenemos la gloria que es nuestra en Cristo Jesús.
Un gozo que el mundo no puede entender, pero un gozo que el mundo no nos puede quitar. Nunca se lo ha quitado a un solo cristiano, a un solo miembro de la iglesia de Cristo. No ha podido, con torturas, con maldiciones, con exclusiones, con todo, hermanos; no han podido quitar ese gozo de un solo cristiano. Aunque parezca viernes a veces, el día de la crucifixión, sabemos ciertamente que viene ese Domingo de Resurrección.
Conclusión
Atesoremos entonces, hermanos, esta oración de nuestro Señor Jesucristo, que nuevamente nosotros no podemos orar directamente, pero que nos enseña tanto acerca de la intercesión de nuestro Señor Jesucristo por nosotros. Los seguidores de Cristo tenemos estas características. Sabemos que estamos hechos para la gloria de Dios y que no hay meta más alta que buscar esa gloria de Dios. Y es la única forma, la única forma en que podemos realmente, como seres humanos, ser felices; no hay otra forma. Toda la felicidad que el mundo promete son mentiras, hermanos. Hay mucha gente que está convencida de que no es así, hay mucha gente que está convencida de que está feliz, pero son mentiras, hermanos; al final de cuentas son mentiras. La única forma en que podemos tener ese gozo, esa felicidad, es buscando la gloria de otro: de nuestro Señor Jesucristo.
En segundo lugar, el cristiano es uno que sabe que la vida cristiana, que la vida eterna, no es sencillamente seguir existiendo. Es una persona que ya ha visto todas las tropas del Señor en las colinas, alrededor de los carritos y los caballitos que tiene el enemigo acercándose. Ya hemos visto esas tropas magníficas, esos carros de fuego que están en las colinas alrededor. Quizás no todos los días podemos ver esos carros de fuego, esas tropas del Señor; quizás no todos los días; hay días en que fallamos. Pero ya los hemos visto, sabemos que están ahí. Sabemos que la vida eterna no es sencillamente seguir existiendo, que la vida real es conocer al Padre y a Su Hijo.
Y en tercer lugar, el cristiano tiene el gozo de saber que, no importa lo que pase en este mundo, seremos glorificados con Cristo. Y lo que parezca triste y desastroso en esta vida, si estamos en Cristo, es parte de Su plan. No lo entendemos; casi nunca lo entendemos. Y hay cosas que no vamos a entender mientras estemos en esta existencia, ahora, en el globo terráqueo, pero que vamos a entender cuando seamos glorificados con nuestro Señor Jesucristo.
Vamos a cantar, a adorar a nuestro Señor Jesucristo por esta salvación tan grande que Él nos da. Y hermanos, examinen sus corazones en esta mañana para saber si están en Cristo Jesús, si son parte de esa iglesia universal. Y si no están seguros, busquen, hermanos, a algún miembro del consejo pastoral; pueden buscar a mi hermano Roberto o a cualquier miembro del consejo pastoral, para asegurarse de que están viviendo esa vida eterna desde ahora mismo.
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