Juan 17:23-26JuanAlfredo Carrillo
Característica de la iglesia: Amor
Transcripción
Introducción
Buenos días, hermanos. ¿Cómo están? ¿Sí? ¿Bien? ¿Todos seguros? ¿No les ha pasado nada? Es bueno saber que estamos bien. Sí nos pasan cosas, pero estamos bien, gracias al Señor. Vamos a continuar con nuestro estudio en la carta de... en el evangelio de Juan, capítulo 17, para los que no han podido estar en ese tiempo de predicaciones. Y hoy culminamos; hoy cerramos este pasaje de Juan 17, en donde Jesús hace una oración por Él mismo, por sus discípulos y por la iglesia. Esta es la oración más larga que se registra de Jesús.
En base a esta oración, pues se ha estado desarrollando una serie de características que la iglesia debe de tener. Ya nos compartieron nuestros hermanos Jonathan, Arturo, Rob y Chucho, cada uno con un tema en específico. Hoy vamos a ver que la iglesia debe tener y cumplir con la característica del amor, y Dios pone en ese orden también las cosas: finaliza con el amor. Y a lo largo de la semana, esta semana específicamente, he tenido una lucha muy fuerte, una lucha espiritual, una carga tanto familiar como por la iglesia propia. Cuando estudias la Palabra del Señor, te toca y te hace ver muchas realidades sobre nuestras vidas, sobre nuestra condición caída.
Y quiero leer nuevamente toda esta oración para cerrar, para que recordemos un poco de lo que hemos estado viendo. No quiero extenderme tanto, no quiero dar tantas vueltas; quiero que quede claro. El mensaje del Señor es primordial. Juan 17, vamos a leer desde el versículo 1 hasta el versículo 26; vamos a leerlo todo.
Lectura de Juan 17
Dice: "Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; mas estos están en el mundo, y yo voy a ti.
Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos".
Oración
Vamos a orar. Padre, alabado sea el Señor. Gracias por toda tu misericordia mostrada en la cruz. Hoy nos ponemos delante de ti como gusanos, aun cuando no somos capaces, Señor. Te rogamos que tú nos hables. Gracias por tu Palabra; gracias por mostrarnos tu gloria a través de ella, y por revelarnos que somos imperfectos, Señor, que estamos en una total dependencia de ti, Señor. Háblanos a través de tu Espíritu Santo, y que tu Palabra sea esa espada de dos filos que penetra hasta los tuétanos. Gracias, Señor, por tu amor mostrado en la cruz. En tu nombre oramos, en Cristo Jesús. Amén.
Las características de la iglesia
Entonces hemos estado viendo, como decía, estas características de la iglesia. Primero se nos habló de quién es la iglesia, si recuerdan: quién es la iglesia, quiénes la componen, quiénes son los verdaderos cristianos, cómo se caracterizan estos cristianos, nosotros. Y una característica que teníamos que tener como iglesia y como cristianos: él nos habló del gozo. Y el gozo es un mandato; ni siquiera es una opción. Dice: "Gozaos en el Señor". No está diciendo "si quieres gozar"; es un mandamiento: "Estad siempre gozosos". Está en imperativo. El cristiano debe tener esa característica, el gozo, porque hemos sido perdonados. La ira de Dios ya no está sobre nosotros; Cristo tomando su lugar, y su justicia ha sido imputada a nosotros.
Por eso sabemos a quién pertenecemos, y por eso tenemos gozo. Sabemos a dónde vamos, y por eso tenemos gozo: vamos a estar con Cristo prontamente. Y tenemos gozo de ver el gozo como iglesia, porque sabemos que no vamos a estar solos; vamos a tener el Espíritu Santo, tenemos al Espíritu Santo. Otra característica que vimos fue la santidad: hemos sido apartados a través de la obra de Cristo en la cruz, por medio de su muerte y de su resurrección. Hemos sido unidos a Cristo, y a través de ello nos ha santificado también delante del Padre, con ese pago.
La unidad: ¿creen que como cristianos debemos de tener unidad? Claro. Y nos lo muestra durante toda la oración: que Cristo tiene unidad con el Padre, con el Espíritu Santo; decía: antes de la fundación del mundo. Vemos eso: cuando Cristo murió por nuestro pecado, en su muerte fuimos unidos; en su resurrección también fuimos unidos a Él. Y por medio de esta unidad debemos de dar gloria a Dios; ese fue el tema que vimos el domingo pasado, la unidad.
¿Y creen que debemos de tener esas características como iglesia? Están dadas por Dios; deberíamos de tenerlas, y debemos de tenerlas. Porque cuando llegamos aquí cada domingo y celebramos al Señor, es una fiesta muy solemne, claro que sí: el sacrificio de Cristo. Pero también es algo de gozo. Es cosa mía, nada malo lo que les voy a decir, pero a veces... que cantaran con una sonrisa. Y hay tantos que entonamos que sí merecen toda la solemnidad, que hablan de la muerte de Cristo, y está bien pensar en esas cosas, y pensar de esa forma solemne en lo que hizo Cristo en la cruz. Pero tenemos a veces cantos que son de gozo, porque Cristo nos ha rescatado, y así debemos entonarlos: con gozo. O, porque está triste, ¿queremos decir que el sacrificio de Cristo no fue suficiente? Amén que sí fue suficiente, claro que sí; eso es lo que nos proporciona ese gozo. Pero pensar también en la santidad con la que venimos y con la que estamos a diario delante de Dios, porque no es solamente aquí aparentar esa santidad; es en cada uno de los aspectos de nuestra vida, porque Dios está en todas partes. No pensemos en nuestra santidad solamente cuando nos ven, como estamos aquí; tener consciencia de ello.
Mi carga por la unidad
Y la unidad... Cuando hablamos de unidad, creo que esa palabra pesa mucho, y esa es mi carga; pesa mucho. Quizás yo he contribuido a la desunión. Quiero aprovechar estar aquí enfrente para pedir perdón si a alguien le he incomodado. Perdónenme; no quiero ser esa piedra de tropiezo. Si por alguna razón he pasado de largo y no saludé, perdón. También tenemos pecados de omisión; a veces no estamos conscientes, quizás por cosas que tenemos, y no es que traigamos algo contra nadie. Ya le digo a mi hermano: "No me saludó". Salúdenme.
Somos cartas abiertas. Eso es lo que hablábamos en una junta que teníamos como consejo pastoral: somos cartas abiertas. Y siempre decimos eso, y en eso a veces nos saltamos. Somos cartas abiertas; díganmelo, hermanos, a la cara, y vamos a ver. Perdón, tengo mucha carga.
Perfectos en unidad
Del versículo 23 en adelante vamos a ir desglosando un poquito. Entonces, hablamos de la unidad en el versículo 23, y dice: "Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad". Algún día vamos a ser perfectos en unidad, claro que sí: cuando estemos en la presencia de Cristo. Sin embargo, mientras estemos en este cuerpo que se arruga, que se enferma, que le tiene miedo al COVID, vamos a fallar. Pero con la ayuda de Dios, y poniendo los ojos en Él, vamos a permanecer. "Que sean perfectos en unidad". Todos los que estamos al frente como líderes, esa es nuestra oración: quisiéramos ver esa unidad perfecta, que nadie se queje de nadie.
Y más adelante dice: "Para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado". No se preocupe si se tarda en poner las pilas; tenemos toda la tarde, y si no, nos vamos a ver ahí arriba de todas maneras. "Yo en ellos, y tú en mí", dice aquí. "Yo en ellos, y tú en mí". ¿No está hablando aquí Jesús de su obra redentora? ¿Cómo es que podemos saber que Cristo está en nosotros? A través de esta obra redentora de la que hablábamos. Y también esta obra redentora está mostrada en el amor que hay dentro de la Trinidad.
Y esto nos asegura el plan de redención desde antes de la fundación del mundo. El Padre ama tanto al Hijo que ha decretado que todo, absolutamente todo, honre al Hijo, como un respaldo. Y eso es lo que debería verse en nosotros cuando hay ese amor depositado a través de esta obra redentora: honrar al Padre, honrar al Hijo, honrar al Espíritu Santo. Así debe de verse reflejado el amor: primeramente en cómo estamos honrando a Dios, cómo estamos honrando el sacrificio de Cristo.
¿Para qué? La segunda sección del versículo 23 dice ahí: "Para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado". Entonces, para que sean perfectos en unidad. Nuevamente: "Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad". Y dice: "Para que el mundo conozca que tú me enviaste". Jesús, como Hijo, ama al Padre, y obedeció hasta la muerte, y muerte de cruz; es obediente al Padre. Todo el plan de redención que hizo volver nuestros corazones a Dios es debido a este amor que existe dentro de la Trinidad. Como les había dicho, Cristo murió en favor nuestro por amor, por obediencia al Padre. Este es el asombroso amor.
¿Cómo se debe ver esta unidad?
Dice: "Para que el mundo conozca que tú me enviaste". Nuevamente, Jesús está orando por esta unidad, primeramente. Y Jesús estaba orando no solamente... bueno, ya había orado por sus discípulos; esta sección está dirigida hacia los nuevos creyentes, hacia la iglesia futura, y somos nosotros esos. Está orando aquí, pidiéndole al Padre que experimentemos ese amor y esa unidad como la tuvieron los discípulos. Eso es lo que está pidiendo y rogando Jesús al Padre: que experimentemos ese amor y esa unidad como sus primeros discípulos.
Y yo hago una pregunta aquí: ¿cómo se debe de ver esta unidad? ¿Cómo creen, hermanos? Piensen en eso: ¿cómo se debería de ver esta unidad? En la manera en que nos amamos; así debe de ser la unidad, porque está basada visiblemente en el amor de Dios. No está basada en cuán buenos somos. Esta unidad y este amor no están basados en afinidades. Las amistades... y todos tenemos amistades dentro de la iglesia, y esas situaciones que tenemos con los afines, y pues sí tenemos amistades. Pero el amor hacia los demás... no podemos ir con "es que no tengo afinidad con él". Tenemos que amarnos porque Cristo nos amó primeramente, no por afinidad; Cristo no escoge por afinidad.
Entonces así es como debe de verse esta unidad del amor: está basada visiblemente en el amor de Cristo, en el amor de Dios, en el amor que hubo, que hay, en la Trinidad, en esa unidad. De tal manera que cuando los que no conocen a Dios, los que están allá afuera, amigos, familiares, nos vean, de inmediato se percaten y digan: "Ese es diferente; algo se trae", y que nos pregunten qué es lo que nos hace diferentes. Y no porque cargues tu Biblia todo el tiempo en la calle; los mormones cargan su Biblia, también los testigos de Jehová y muchas otras sectas. Pero que ese no sea realmente el distintivo, sino tu manera de vivir; que como iglesia los de allá afuera digan: "Verdaderamente, ahí está Cristo, porque los vemos unidos en amor", no por afinidad.
"De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros", Juan 13:35. Y 1 Juan 3:11 dice así: "Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros". Pero está dirigido específicamente a los cristianos, a los hijos de Dios. Y no estoy diciendo que no amemos a los de afuera; claro que sí los amamos, y por eso es que les compartimos el mensaje del evangelio. Por eso, porque les fue depositado en nosotros, y porque necesitan ellos de la salvación. Pero esta porción está dirigida a los creyentes.
Pero todo esto no puede ser por nuestro esfuerzo moral; es una consecuencia de la unión verdadera, real y tangible que los cristianos tienen con Jesús, y que debemos disfrutar. Y un día la disfrutaremos plena y totalmente, cuando estemos con Él, cuando Jesús nos llame a reunirnos nuevamente con Él.
Así como me has amado
Dice: "Y que los has amado a ellos como también a mí me has amado". Y como decía hace rato, Dios nos amó a través de su sacrificio en la cruz a favor de nosotros. Dice 1 Juan 4:7 al 10: "Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados". A través del sacrificio de Cristo, ahí también se ha revelado el amor. Es una de las razones por las que debemos amarnos.
Dice: "Aquellos que me has dado", versículo 24: "Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado". Y nuevamente vemos aquí el amor de Cristo. Dice: "Aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy...". ¿A dónde va a estar Cristo? Estaba hablando en el futuro. Jesús no solo está preparando un lugar para nosotros, como dice Juan 14:3; Él está deseoso de que estemos con Él, unidos allí; no cada quien por su lado, unidos allí. ¿Para qué? Para que veamos su gloria, pero plena. Aquí solamente vimos... su gloria en la magnificencia total, porque quedaríamos muertos. Pero cuando estemos delante de Él, cuando un día nos llame, cuando reúna a su pueblo, a su iglesia, vamos a poder contemplar en unidad el amor, su gloria plena. ¿Eso quieres, hermano? Amén. Espero que sí; claro. Eso es a lo que apuntamos: estar con Cristo un día.
Viajeros con el pasaporte en la mano
Y quiero preguntarles: ¿estamos genuinamente en la ruta hacia la gloria de Dios, conforme a estas características que hemos estado viendo? ¿Y somos esas personas, por ejemplo, que son viajeros? Yo no he viajado al extranjero, pero mis amigos sí, y cargan un pasaporte, ya sea los que viajan en avión, los que viajan en tren. Y somos como estas personas que viajan con nuestros pasaportes en la mano, y moviéndonos por muchos lugares. Pero cuando llegamos a esos lugares de partida, esas estaciones del tren o del metro, ¿estamos ahí esperando en los andenes, y vemos pasar gente, explicándoles que también se tienen que subir al mismo tren, compartiéndoles ese amor, y diciéndoles a otros pasajeros: "Súbanse a este tren, súbanse a este avión; no se suban en aquel"?
¿Cómo estamos actuando sobre el amor que nos fue dado? Dice: "Aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, allí estén conmigo". ¿Usted no desea que su familiar que no conoce a Cristo esté juntamente con usted allá? ¿Con su vecino, que a lo mejor le poncha las llantas, o le echa esa basura? ¿Cómo estamos actuando sobre el amor que nos fue dado? ¿Cómo estamos administrando ese amor? Y aún más con los que ya conocemos, que son nuestros hermanos en Cristo: hay que terminar de explicarles por qué debemos de seguir en ese tren.
A los que no han subido, les decimos que se suban, para que puedan tener este viaje con nosotros. Pero los que ya hemos subido a este tren tenemos que seguir recordando y explicando cuál es el motivo por el que debemos de permanecer en este tren, cuál es el propósito de viajar y llegar a ese lugar: glorificar al Señor, estando en la honra y la gloria. Sí, "porque me has amado desde antes de la fundación del mundo".
Un amor desde la eternidad
Y nuevamente vemos esta unidad entre el Padre y el Hijo, un amor mostrado desde la eternidad, y que nos fue dado a nosotros. Esto no debe de acabar por un malentendido. Y a veces son malentendidos insignificantes, como decía hace rato: "Es que no me saludó. Es que estábamos tres, y saludó al hermano, a la hermana, y a mí no". El Padre dijo: "Te he amado desde antes de la fundación del mundo". Ese es nuestro mayor ejemplo: Jesús amando en esa cruz, un amor sacrificial, un bien en favor de otro, sin esperar nada. O cuando saludamos, a veces, y saludamos, pero a veces como que... no sé.
El Padre lo dijo desde la eternidad, y eso es lo que muestra su unidad en amor. Sin amor no puede haber unidad. ¿Ustedes creen que sí, hermanos? Podemos aparentar que tenemos gozo, podemos aparentar que tenemos santidad, podemos aparentar que tenemos unidad, pero 1 Corintios 13: sin amor es como un metal hueco. Todo está basado en el amor del Señor.
Y dice el versículo 25: "Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido". Padre justo: Dios es justo, claro, y la vemos mostrada en la cruz. Su justicia sobre nosotros fue mostrada cuando se aplicaron todos los méritos de la redención del Hijo hacia nosotros; nos perdonó, nos libró de la ira del Padre, y nos ha sido dada a nuestros corazones, en nuestra vida, esa justicia. También en esa justicia fue mostrado también su amor, porque no merecíamos esa justicia; sin embargo, a través de Cristo se nos fue imputada. Dice: "Y estos han conocido que tú me enviaste". Se nos ha sido revelado quién es Dios, y por qué hemos conocido a Jesús y su propósito. Fuimos escogidos para la gloria suya.
Para que el amor esté en ellos
Y hace una pregunta: ¿para qué todo esto? Y llegamos al clímax de esta oración: "Para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos". Y quisiera leer 1 Juan; dice así: "Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros". Y 1 Juan 3:1 dice: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que vamos a ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como es".
1 Juan 3:16 dice así, nuevamente: "En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos de poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad". Su mandato. "Y en esto conocemos que somos de la verdad". Fíjense cómo está diciendo, cómo nos está exhortando: "En esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.
Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos todas las cosas que son agradables delante de él. Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado". No dice que nos lo ha sugerido: "como nos lo ha mandado". "Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado".
1 Juan, del 7 al 13: "Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios". Fíjense cómo dice así: "Todo aquel que ama, es nacido de Dios". Entonces, el que no ama, ¿qué pasa? Cuestionémonos: ¿estoy amando? Y si no lo estoy haciendo, ¿en qué lugar me está poniendo, de acuerdo a la Palabra? "El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado su Espíritu". Y esa es la fuerza que nos da el Señor, el Espíritu Santo, por el cual podemos, o deberíamos de, amar. Y así es como la iglesia debería de verse, conforme a su Palabra, en el amor que Cristo nos mostró en aquella cruz; no por nuestro esfuerzo propio, sino por medio de Cristo.
Conclusión
Y cerrando, como resumen de la iglesia, la clase de fruto que glorifica a Dios: número 1, tenemos que ser habitados por Él. Debemos de experimentar su gloria y su santidad. Como iglesia, debemos de ser transformados por la verdad; la oración de Jesús menciona varias veces la verdad, sobre todo la carta de Juan habla sobre la verdad, su Palabra. Debemos de experimentar el gozo de Dios. Y por último, como iglesia, debemos de vivir en unidad y amor. ¿Cómo estamos reflejando estas características de la iglesia: el gozo, la santidad, la unidad y el amor? Mi oración con mi iglesia es que la iglesia esté más unida cada vez, que podamos reflejar ese amor de Cristo en esa unidad, en esa santidad, en ese gozo, y así glorificamos a Dios.
Oración final
Vamos a orar. Señor, primero te alabamos y te bendecimos, Padre, por tu Palabra, porque a través de ella vemos que tú eres un Dios justo y santo, y que a ti te debemos de dar la gloria y la honra, Señor, en todo. Señor, Padre, perdona nuestras ofensas si no hemos amado como tú nos has enseñado que debemos amar, Señor. Perdónanos; perdóname, Señor, por no haber mostrado tu amor siendo intencional, acercarme a mis hermanos, preguntar por sus necesidades, por sus luchas, por sus alegrías, Señor, por sus victorias. Perdóname si no estoy administrando bien lo que tú me has dado. Perdónanos como iglesia si no estamos administrando bien lo que tú nos has dado, Señor.
Y te pedimos nuevamente, Señor, te rogamos que tú nos ayudes para poder tener esta unidad en amor, y podamos mostrarnos ese amor verdaderamente; y no porque no sea, Padre, sino porque debemos de dar testimonio a los de afuera, Señor. También gracias por tu Palabra; tu Palabra es verdad, y creemos en ella, Señor. Ayúdanos a seguir edificándonos, Señor, en tu Palabra, alimentándonos. Señor Jesús, ayúdame a amar más a tu iglesia, Señor, más a mis hermanos. Y te ruego porque ellos me amen, que puedan ver a Cristo en mí, Señor. Gracias, Padre, gracias por tu Palabra. En Cristo Jesús, amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →