Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Juan 1:1-14JuanJavi De La Rosa

Vida y Luz bajo su Gracia

Transcripción

Presentación del predicador

Quería presentarles a Javi. Él es de la categoría de mis amigos que me hacen sentir chaparro; no hay tantos de esos amigos, pero sí hay algunos. Una de las ventajas de Coalición por el Evangelio es que permite que haya una red de iglesias, que nos conozcamos entre varios ministerios, y en diferentes partes del mundo también. Entonces, la manera en que Javi y yo nos conocemos es así, porque Javi pertenece... él es de México, y él ha estado... ¿cuántos años has estado en Australia? "Un poquito más de 13 años ya". Un ratito, 13 años. 13 años, así es, 13 años en Australia. Y entonces él estaba dentro de una red de iglesias en Australia que también pertenece a Coalición por el Evangelio, Coalición Australia.

Entonces, cuando él estaba aquí en México hace unos años —¿hace cuatro años, cinco años? Es como ocho años—, pero la primera vez que nos conocimos, si mi memoria es…, entonces él estaba buscando qué iglesias estaban relacionadas con Coalición aquí en México, y así es como nos conocimos. Vino, estuvimos platicando, y desde entonces hemos seguido platicando. Y hace unos meses, que fue en el verano, ¿no?, que estuviste en el verano, pude conocer a su esposa. Ahora, recién casado ya... ¿Cuántos años... digo, cuánto tiempo tienen? "Apenas nueve meses de casados". Apenas, casi casi un año. Entonces pude conocer a su esposa. Ahora aquí está su mamá; ya nos conocemos también.

Y entonces, cuando estábamos platicando, estábamos viendo la oportunidad de que viniera y compartiera con nosotros. Le dije: "La próxima vez que estés en México, avísame, para que podamos organizar que puedas compartir con nosotros la Palabra". Y él pronto va a estar regresando otra vez a Australia, pero también su corazón está aquí en México. Y entonces nos da gusto que estés con nosotros, Javi. Bienvenido.

Lectura: el prólogo de Juan

Hombre, es un placer. Muchas gracias, Nathan. Es un privilegio para mí poder estar con ustedes aquí; es realmente un privilegio y una alegría estar con ustedes y poder desempacar un poco lo que es la Palabra de Dios con ustedes. Así que muchas gracias por tenerme. Gracias.

Bueno, el día de hoy vamos a visitar el evangelio de Juan. Entonces los invito a que pasen en sus Biblias al evangelio de Juan. El evangelio de Juan está en el Nuevo Testamento, está ahí después de Lucas. Voy a leer el pasaje. Y esta sección es el prólogo de Juan, que introduce todo el evangelio de Juan; es realmente hermoso. Vamos a leerlo juntos. Estoy leyendo de la Nueva Biblia de las Américas:

"En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. Vino al mundo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Este vino como testigo, para testificar de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz.

Existía la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre. Él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no lo conoció. A lo suyo vino, y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, y de la voluntad del hombre, sino de Dios. El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad".

Cuatro puntos para la Navidad

Este prólogo, se me hace, es tan denso; tiene tanto que explorar. En Australia estudié en un seminario cristiano, y el rector del seminario da una clase de doce semanas en solo este prólogo. Es realmente increíble. Y les voy a dar un poquito de expectativas: no vamos a estar aquí 12 semanas, no se preocupen. Sin embargo, vamos a explorar tan solo los primeros 14 versículos —el prólogo son los 18, pero vamos a centrarnos en los 14—, y vamos a centrarnos en cuatro importantes puntos que siento que son relevantes para la época navideña en la que nos encontramos. Si les gusta tomar notas, estos cuatro puntos son: el autor, la vida, la luz y la gloria de Dios.

Y mientras exploramos este pasaje, te quiero invitar a que te preguntes estas preguntas: ¿qué es la vida para ti? ¿Cuál es su significado? ¿Qué oscuridad hay en tu vida hoy: interrogantes, problemas, preocupaciones, ansiedades? Mi esperanza y deseo es que tengas confianza hoy de que vives una vida plena con Dios, y de que tengas certeza de cómo vivir una vida llena y plena con Él. Así que déjame abrir en oración. Te invito a que ores conmigo, y vamos a ver qué es lo que tiene preparado el Espíritu Santo para nosotros hoy.

Dios celestial, danos fe para recibir tu Palabra, entendimiento para conocer lo que significa, y la voluntad para ponerlo en práctica. Te lo pedimos a través de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Encontrando a Vivian Maier

Pues, como ya les dijo Nathan, yo vivo en Australia, y mi esposa y yo tuvimos el privilegio de venir aquí a México. Y únicamente me preguntaban qué tal allá arriba, y cuánto te tardó el viaje. Nada más me tardo unas 24 horas; imagínense aventarse 24 horas en avión. Y recientemente, sobre todo estando en el avión, me surgió el interés por ver documentales. ¿A alguien le gusta ver documentales? Bueno, a mí no, pero me surgió. Y quiero platicarles acerca de este documental que me encontré, que se llama "Encontrando a Vivian Maier".

El documental cuenta esta increíble historia de cómo un hombre que se llama John, en el 2007, en Nueva York, va a una subasta, y en la subasta compra él una caja, ¿no? Y compra esta caja, y adentro de la caja encuentra rollos de fotografía. Si estás aquí y naciste después de los 90, a lo mejor no sabes lo que son los carretes y los negativos de fotografía. Para aquellos que recuerdan, ¿se acuerdan?, teníamos estos carretes de fotografía que tenías que llevar a la farmacia, ¿no? Llevabas tu fotografía, y no era como hoy, que tomas una foto en el celular y luego sabes cómo se ve, ¿no? En aquel tiempo tenías que esperar unos días para recibir las fotos, y darte cuenta de que pusiste el dedo en la foto, ¿no? Ya ahí están los recuerdos del cumpleaños, ¿no?

Entonces, él encuentra en esta caja todos estos carretes de fotografía y negativos, y decide mandarlos a revelar. Y los manda a revelar, y descubre en estas imágenes algo increíble: encuentra fotos, encuentra más de, creo que más de cien mil fotos, que capturan de una manera artística y poética la vida de los años 50 en Nueva York. El arte en estas imágenes es realmente increíble. Y rápidamente se vuelven famosas; se empiezan a exhibir en varios lugares de arte en Nueva York, y ganan gran celebración. Y, como se pueden imaginar, entre más fotos se revelaban, más intrigante era la pregunta: ¿quién es el autor? Y después de ponerse a indagar...

Y a descubrir y tratar de ver quién es el autor detrás de estas fotos —mira, aquí... aquí están escuchando mi sermón—, encuentra una de las fotos, un autorretrato, y encuentra a Vivian Maier. Bien, Maier era una mujer francesa que trabajaba como niñera en Nueva York, y que solía salir a pasear a los niños a las calles de Nueva York, y salía ya con una cámara, y tomaba fotos de lo que pasaba en Nueva York. Se dice, o se estima, que ella tomó más de cien mil fotografías que nunca nadie vio; fotografías extraordinarias que hoy podemos apreciar.

El autor detrás de la obra

Esa historia, cuando vi el documental, me encantó, y se me hace hermosa, no solo por el arte y la belleza de las fotografías, sino porque la historia nos enseña que cuando se revela el autor detrás de estas imágenes, las imágenes toman profundidad, toman perspectiva, y se puede celebrar al autor y a su obra. De manera similar, en el evangelio de Juan... Somos testigos en nuestra vida de un arte extraordinario, ¿o será? Observamos en el universo una complejidad y armonía incomprensibles. Observamos en nuestro mundo un diseño magnífico e inigualable: en el cielo, la atmósfera, la naturaleza, las plantas, los animalitos, nosotros mismos. Encontramos en nosotros mismos un detalle perfecto y complejo; vemos en nosotros mismos un arte increíble: la capacidad de relacionarnos, de pensar, de soñar, de vivir.

Y de igual manera que con las fotografías de Vivian Maier, cuando se revela el autor detrás de nuestra creación —nuestro arquitecto, nuestro diseñador, el artista detrás de la extraordinaria creación y de nuestra vida—, podemos encontrar una profundidad y una perspectiva; encontramos el sentido y el significado de la creación y de nuestras vidas. Este pasaje de Juan, este prólogo, nos enseña a Jesucristo como creador de nuestras vidas, como el arquitecto, el diseñador. Nos revela a Jesucristo como la vida, la luz que ilumina nuestra creación, nos da conocimiento y nos da entendimiento del significado de nuestras vidas.

En el principio era el Verbo

Vamos a acercarnos al texto: "En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios". La palabra "verbo" que nosotros vemos aquí proviene del griego "logos", y significa mensaje, significa palabra, significa verbo. Y para los judíos del tiempo de Juan era fácil asociar esta palabra, "logos", verbo, palabra, con la creación de Génesis, con la personificación de la sabiduría en Proverbios, y también con la revelación divina en la ley de Moisés. Sin embargo, Juan nos revela en este prólogo que la palabra "logos", el Verbo, se refiere a Jesucristo. El Verbo, la palabra, la sabiduría y la revelación divina es Jesucristo. Entonces, si leemos el primer versículo otra vez, eso significa que en el principio ya existía Jesucristo, y Jesucristo estaba con Dios, y Jesucristo era Dios; Jesucristo estaba en el principio con Dios.

Ahora, quisiera indagar un poquito más en las palabras que tenemos aquí enfrente. La palabra "principio" es también traducida del griego "arjé", que significa no únicamente principio; significa también primera causa. Y personalmente me gusta utilizar esta traducción, "primera causa", porque siento que la traducción "primera causa" nos revela a Jesucristo no solo como aquel que estaba en el principio, sino como causa, como origen de la creación.

Otra palabra que es interesante explorar es la palabra "estaba" con Dios. La palabra "estaba" también viene del griego... bueno, se traduce del griego "pros", que significa proximidad. Pero no solo significa proximidad; también significa relación cercana. Imagínate cuando nosotros usamos la palabra "estaba", por ejemplo: "No, pues estaba yo en el metro, estaba en el camión", ¿no?, cuando estás junto a una persona. Cuando tú usas la palabra "estaba" en esa situación, imagínate, estás en el metro y dices: "No, estaba junto a una persona", pero no volteas a la persona; es más, como que casi ni la ves, ¿no? Nomás estás paradito con tu... Pero cuando Juan utiliza la palabra "estaba" aquí, en este versículo, significa un poco más, o se refiere un poco más, como al matrimonio, como si dijeras "estaban casados". En este significado hay una unidad y una relación cercana. Entonces, si nosotros usamos esta traducción, "relación cercana", nos revela, nos indica que Jesucristo y Dios Padre estaban desde el principio no solo en proximidad, sino en una relación unificada, perfecta.

La última palabra que quiero descubrir con ustedes, explorar —y les prometo, aquí acaba la clase de griego antiguo—, es la palabra "era". La palabra "era" igual se traduce del griego "en", y viene del verbo ser. En el versículo nos dice que el Verbo, Jesucristo, era Dios. Sin embargo, si leemos el versículo completo, la frase nos indica que Jesucristo estaba con Dios, lo cual implica dos personas aquí. Por lo tanto, una traducción más compleja de este pedazo del versículo que incluye la palabra "era" es la siguiente: "Lo que Dios es, el Verbo, Jesucristo, es".

Un solo Dios en Trinidad

Entonces acabamos con una traducción, que está en la pantalla, que lee: "El Verbo, Jesucristo, es la primera causa, y el Verbo, Jesucristo, estaba en relación cercana con Dios, y lo que Dios es, el Verbo, Jesucristo, es. Él estaba en relación cercana con Dios desde la primera causa". Si te pones a pensar en esta traducción, esto nos revela una verdad teológica sumamente importante acerca de la Trinidad: lo que Dios Padre es, Jesucristo es, y el Espíritu Santo también es. La misma esencia de deidad, divinidad, de Dios Padre es la misma esencia de deidad, divinidad, de Jesucristo, y es también la misma esencia de deidad y divinidad del Espíritu Santo.

Esto es a lo que se refería... No sé si han escuchado de Atanasio de Alejandría. Atanasio de Alejandría era uno de los padres de la iglesia en el siglo cuarto, y en ese siglo cuarto él escribió el siguiente credo —nada más un pedacito del credo completo—, y dice: "Adoramos a un solo Dios en Trinidad, y la Trinidad en unidad, sin confundir sus personas ni dividir su esencia. Porque es una la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; pero la divinidad del Padre, Hijo y Espíritu Santo es una, igual en gloria, coeterna en majestad".

Por eso Jesucristo, más adelante en el evangelio de Juan, en el capítulo 10, dice: "Yo y el Padre somos uno". También dice en el capítulo 14: "Si ustedes me hubieran conocido, también hubieran conocido a mi Padre; desde ahora lo conocen y lo han visto". Y también nos dice en el capítulo 17, en la segunda parte del versículo 11, dice: "Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno". Estos dos primeros versículos nos revelan a Jesucristo como Dios, y dan peso y significado a los siguientes versículos.

Todas las cosas fueron hechas por medio de Él

Vamos al versículo 3: "Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho". Una vez más, este versículo nos revela a Jesucristo como Dios, como el autor de nuestros carretes y negativos; nos revela a Jesucristo como creador de nuestras vidas. Y esta idea de la creación, y de Jesucristo como el Verbo, tiene una conexión directa con Génesis capítulo 1. Los invito a que vean Génesis capítulo 1. Génesis 1 dice: "En el principio Dios creó los cielos y la tierra. La tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo".

"Y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas". Ahora, fíjate lo que dice en el versículo 3 y más adelante: "Entonces dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz". Versículo 4: "Dios vio que la luz era buena; y Dios separó la luz de las tinieblas". Versículo 5: "Y Dios llamó a la luz día, y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y fue la mañana: un día". Como podemos ver, Dios ordena la creación a través del Verbo, a través de Jesucristo, de su palabra.

Y esto continúa del versículo 6 al versículo 24; dice: "Entonces dijo Dios"; versículo 8: "Y Dios llamó"; 9: "Entonces dijo Dios"; "Entonces dijo Dios"; "Entonces dijo Dios"; "Dios los bendijo, diciendo"; "Entonces dijo Dios". Y finalmente llegamos, en Génesis, a los versículos 26 y 27: "Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra en la tierra. Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó".

Creados a su imagen

Sin adentrarnos mucho en la teología, estos versículos 26 y 27 nos reiteran la Trinidad de Dios: nos reiteran la Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo en el "hagamos a nuestra imagen, a nuestra semejanza", y en el "Dios creó al hombre a imagen suya". Este último versículo no solo nos reitera a Dios como trinitario, como nuestro Creador; nos dice que nuestro autor nos ha creado a su imagen y a su semejanza. Ojo, algo que de repente escucho es: "Ah, bueno, si Dios nos creó a su imagen y semejanza, entonces eso nos hace Dios". No, eso no es lo que significa. El que nos haya creado a su imagen y semejanza nos revela el propósito de su creación, que es que nos ha creado para reflejar su forma y su función; nos da cierta capacidad y autoridad diferente a la de cualquier criatura de la creación.

Un buen amigo en Australia —él es maestro de obras— el otro día compartió conmigo y con unos amigos. Decía que su hijo Blake, de seis años, lo sorprendió en la mañana en la puerta de la entrada de su casa, vestido como constructor: tenía sus botitas, tenía en las manos sus herramientas, y bajo el brazo tenía su casco. Y cuando mi amigo se acercó y le preguntó: "Oye, Blake, ¿a dónde vas?", él le contestó: "Voy a trabajar, porque yo quiero ser como tú".

Me pregunto si cuando eras pequeño, cuando eras niño, seguías algún ídolo, o querías ser como alguien. O quizá hay algo o alguien que hoy te inspira a ser la persona que quieres ser. Déjame decirte que Dios te ha creado a su imagen y semejanza para que, como Blake, el hijo de mi amigo, tú puedas reflejar a Dios; para que puedas entenderlo, conocerlo, relacionarte con Él, y reflejar su amor en tus relaciones y en la creación; para que, como Jesucristo, puedas tener una relación cercana e íntima con Él.

En Él estaba la vida

Pero este prólogo de Juan no solo nos presenta a Dios como nuestro Creador, como nuestro autor; nos dice que en Él está la vida. El versículo 4 dice: "En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres". Este versículo nos dice que Jesús es la vida. Pero ¿alguna vez te has preguntado qué es la vida? ¿Qué es la vida? Esta es quizá una de las preguntas más difíciles para el ser humano, y es una de las más significativas.

Había un filósofo que se llamaba Albert Camus, y cuando le preguntaron un día la definición de la vida, él dijo que la vida era como la tarea que se le dio al héroe de la mitología griega, Sísifo. La leyenda nos dice que Sísifo fue condenado por los dioses a pasar su vida rodando una piedra a la cima de una montaña. El problema era que al día siguiente la piedra rodaba abajo de la montaña, y día con día se encontraba Sísifo empujando y rodando esta piedra a la cima de la montaña, por la eternidad.

Me pregunto: ¿qué es para ti la vida? ¿Es acaso tu vida parecida a la definición de Sísifo? ¿Te levantas día con día a rodar la misma piedra? O quizás, como escuché el otro día, la vida es como un laberinto del cual tratas de evitar la salida. Te voy a dar un momento para que pienses qué es la vida para ti; quizás, si estás tomando notas, lo quieres anotar. Tómate un momento: ¿qué es la vida?

Conocerle a Él

Adelantándonos unos capítulos en el evangelio de Juan, Jesús nos da la respuesta de qué es la vida. Fíjate lo que dice Juan capítulo 17, versículo 3: "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado". El autor, el Creador del universo, nos dice que el propósito de tu vida, de mi vida, de nuestra vida, es conocerlo a Él, es conocer a Jesús, y que en ello llegamos a tener una vida llena, plena y eterna. El mismo Juan, en su evangelio, nos dice el propósito de su evangelio en el capítulo 20 de Juan: nos dice que lo que ha escrito, lo ha escrito "para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer tengan vida en su nombre".

Esta es la respuesta de la vida, y esa es la respuesta que precisamente celebramos en la Navidad: celebramos que Dios ha venido al mundo en Jesucristo a darnos vida y a tener una relación con nosotros. El significado de las fotos de Vivian Maier estaba en conocer a la misteriosa autora de estas imágenes, y de igual manera nuestro significado y propósito se encuentra en conocer a Dios, a Jesucristo, y creer en Él.

Sin embargo, saber la respuesta correcta es solo el principio. Nos podemos preguntar: "Oye, pero, Javier, ¿por qué es importante? ¿Qué significa esta vida con Jesucristo?". Y Juan continúa. Hay muchas razones por las cuales es importante. Si Dios lo creó todo, entonces Dios lo puede todo. Si Él es el autor del universo, sus reglas son absolutas. Eso significa que Él puede brindar entendimiento donde hay preguntas, paz donde hay ansiedad, perdón donde hay rencor, luz donde hay tinieblas, vida donde hay muerte, descanso donde hay ansiedad, como lo escuchamos hace un momento. Sin embargo, más allá de lo que Dios puede traer a tu vida, esto es importante debido a la situación y al espacio en el que tú y yo nos encontramos.

Una noche en Uluru

En Australia hay una piedra en el desierto, en el norte de Australia, que se llama Uluru, y esta piedra es la piedra más grande del mundo. Imagínatela; para los que la conocen, imagínate la Peña de Bernal, pero unas diez veces. Es enorme: tiene casi 350 metros de alto, y tiene un perímetro de casi 10 kilómetros. Esta piedra es un lugar sagrado para los aborígenes de Australia. Y lo que es bien bonito es que, por las noches, está tan alejada de cualquier comunidad que en las noches lo que ilumina la oscuridad es la luna y las estrellas, y es padrísimo. Hace unos años tuve la oportunidad de visitar esta piedra y de quedarme a acampar ahí en la noche. Y aconteció algo único: el cielo estaba completamente cubierto por nubes.

Entonces no había luz, ni de las estrellas ni de la luna, y es una experiencia única. Era tal la oscuridad —imagínate— que casi no podía ver más allá de mi mano. Impresionante: la oscuridad más profunda que he experimentado. Era tan pesada esta oscuridad que tenía yo una linterna, pero la linterna parecía que se la comía la oscuridad. Y aquí, en la oscuridad, estaba yo en mi sleeping, tratando de calentarme. Y esta oscuridad era tan pesada que no me dejaba dormir. El frío no me deja dormir; la inseguridad de los ruidos que se escuchaban fuera no me dejaba dormir. Era abrumante.

Nuestra oscuridad

Y de similar manera a esta temible y pesada oscuridad, la Biblia nos dice y nos revela que todos nosotros nos encontramos en una oscuridad parecida. Tanto en Efesios como en Colosenses, Pablo hace alusión a esta oscuridad. En Efesios 5:8 nos dice: "Porque antes ustedes eran tinieblas". En Colosenses 1:3 se nos dice: "Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas". Estas tinieblas y oscuridad representan lo que está en contra de Dios: representan el pecado, representan la rebeldía, representan la soberbia que nos aleja de Dios. Y ojo: entre más nos alejamos de Dios, más nos adentramos en esta oscuridad y en sus consecuencias.

En esta oscuridad las mentiras abundan; en esa oscuridad las relaciones no perduran; en esa oscuridad los esfuerzos no satisfacen, y la verdad es inalcanzable; la maldad reina, y el sufrimiento es debilitante. Quizás has experimentado en tu vida lo que es esta oscuridad: la soledad, la tristeza, la decepción, la injusticia, la inseguridad, la ansiedad, el sufrimiento, el dolor. Y he aquí lo interesante: continuamente estamos buscando algo en nuestras vidas que nos traiga un poquito de luz en esta oscuridad, un poquito de calor en el frío y las tinieblas.

Nuestras lucecitas

Si te pones a pensar, en nuestra vida perseguimos estas pequeñas lucecitas. Y en tu vida eso puede ser Facebook, las redes sociales; pueden ser relaciones; puede ser el ejercicio, el deporte, el fútbol; los hábitos que no son sanos, las adicciones; ideologías, programas de televisión, el trabajo; cualquier cosa que llene ese vacío. El problema de todas estas cosas que buscamos para que nos iluminen es que al final no satisfacen, decepcionan; en muchos casos no brindan calor, no nos brindan entendimiento, y más que acercarnos a personas, comúnmente nos alejan y nos hacen sentir más solos.

Hace unos años alguien se percató de la oscuridad que había en esta piedra en Australia, en Uluru, y se les ocurrió instalar unas lucecitas. Hicieron esta instalación de arte, de luces. Y esa instalación es tan hermosa, es tan bonita, que más gente va a visitar las lucecitas que la piedra. Se ha vuelto tan atractiva que los tours de la noche, los tours durante la oscuridad, están más llenos que los tours del día. Imagínate. De igual manera, cuando encontramos algo en nuestra vida que ilumina un poquito de nuestra oscuridad, ¿qué hacemos? Lo valoramos y lo perseguimos por encima de todo. La Biblia nos dice que lo idolatramos.

Me pregunto qué hay en tu vida hoy que te dé esa lucecita. Me pregunto si hay algo en tu vida que estés persiguiendo para llenar ese vacío que el pecado trae. ¿Qué o a quién...? ¿Qué o quién es tu instalación de lucecitas? ¿Cómo estás reemplazando hoy la necesidad espiritual que solo Dios puede satisfacer?

La luz brilla en las tinieblas

Juan nos dice en el versículo 4 que "en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron". Tengo allá abajito la traducción de la Reina-Valera; me gusta esta traducción, dice: "La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella". He aquí la importancia y la necesidad de la vida en Jesucristo. Jesucristo es la luz que no depende de nosotros, que no se agota; es la luz que combate perfectamente la oscuridad, que ilumina nuestro camino, que da paz, conocimiento, entendimiento. Él es la única luz que nos satisface, que brinda calor y amor. Es la única luz que va a estar ahí después de nuestra muerte, y que va a seguir dándonos luz después de nuestra muerte.

Seguir a Jesucristo, seguir a la luz, nos lleva a florecer como seres humanos, nos lleva a ser enriquecidos, nos lleva a ser bendecidos por el Creador que nos ama. Suena bien bonito, ¿no? Suena que hasta te motivas: "Quiero, quiero seguir a Dios". Sin embargo, Juan nos dice en el versículo 9 que nosotros rechazamos la luz. Conmigo, dice: "Existía la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre. Él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no lo conoció. A lo suyo vino, y los suyos no lo recibieron".

Tres actitudes del corazón

Quiero compartir contigo tres perspectivas de nuestro corazón, de tu corazón, que impiden que recibamos a Dios. Si te das cuenta, a menudo la soberbia en nuestros corazones, cuando alguien te dice que nosotros… o al escuchar que nosotros estamos en la oscuridad, al escuchar que nosotros somos malos, esa soberbia en nuestros corazones nos dice: "Nada, no somos tan malos". Lo negamos. Nuestros corazones nos iban a decir: "Pues mira, a lo mejor sí soy un poquito malo, pero nomás poquito, eh". O nos iba a decir: "Mira, sí soy un poquito malo, pero no tan malo como él, no tan malo como ella". Negamos, minimizamos y comparamos.

Pero he aquí lo interesante: Dios nos dice en Efesios 2:1, dice Dios: "Él les dio vida a ustedes, que estaban muertos en sus delitos y pecados". Todos estamos muertos en la oscuridad. Para darte una idea: no es como que estemos corriendo la carrera un poquito lentos, no. Este versículo nos dice que no estamos en la carrera; que estamos muertos.

Otra perspectiva de nuestros corazones es que la soberbia de nuestros corazones nos lleva a pensar que no necesitamos a Dios; que nosotros mismos podemos encontrar algo que ilumine esta oscuridad. ¿Cuántas veces he escuchado...? ¿Cuántas veces tú mismo te has dicho: "Yo, yo puedo solo"? ¿Cuántas veces alguien ha tratado de brindarte ayuda y tú dices: "No, no, yo solito me la aviento"? En Romanos capítulo 1, Pablo dice: "Porque ellos cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén". Si te das cuenta, la soberbia en nuestros corazones nos inclina a pensar que nosotros somos dioses, que nosotros mismos somos luz, y que no necesitamos a Dios.

La luz no solo guía, sino que la luz también expone. En Juan 3, Juan nos dice: "Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas". La tercera razón de nuestros corazones que nos impide recibir a Cristo es que rechazamos la luz. Es que, cuando viene la luz, cuando nos damos cuenta de que somos pecadores, nos sentimos avergonzados; nos sentimos avergonzados y nos alejamos de Dios. Nos da miedo, tenemos temor a ser juzgados, y rechazamos la luz. Así que te invito a preguntarte, a reflexionar: ¿puedes identificar alguna de estas perspectivas en tu vida? ¿Qué hay en tu corazón? ¿Cómo trabaja tu corazón para rechazar a Dios?

¿Y entonces qué nos queda? ¿Qué esperanza tenemos? ¿Qué esperanza queda, entonces, para nosotros, que habitamos en la oscuridad y que rechazamos a Dios? ¿Cómo podemos entrar a la luz? ¿Cómo podemos alcanzar la vida en Jesucristo?

El Verbo se hizo carne

Y esto nos lleva al último punto de hoy. El capítulo 14 dice: "El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad". Verás, el plan de Dios para reconciliarnos con Él está en Jesucristo: el Verbo, la palabra hecha carne, habitó entre nosotros. Esto es lo que celebramos en la Navidad: que Dios nos ve en la oscuridad, nos ve en el pecado, nos ve en el sufrimiento, y en su misericordia se acerca a nosotros. Se acerca a nosotros, que estamos en el frío, que estamos en el temor; a nosotros, que lo rechazamos, y nos extiende su mano en el nacimiento de Jesucristo. La Navidad es un recordatorio del plan de redención y de salvación: la luz y la vida, que entra a la fase climática con el nacimiento de Jesucristo.

La segunda parte de este versículo menciona gloria: gloria llena de gracia y de verdad. Si te pones a pensar, los apóstoles vieron a Jesús en la carne, pero más que eso, ellos fueron testigos de la gloria llena de gracia y de verdad. Gracia: la gracia aquí significa la crucifixión de Jesucristo. Esta gracia fue consumada en la crucifixión de Jesucristo, donde no solo se sustituye Él por nuestros pecados, sino que vence a la muerte y a la oscuridad en su resurrección. Esa es la gracia, esa es la gloria. Y también nos dice "la verdad". Y la verdad es aquella que nos revela nuestra situación en la oscuridad; la verdad es aquella que nos revela nuestra rebelión y nuestro pecado en contra de Dios. Nos revela también la necesidad de Dios, y la necesidad de ser perdonados.

La promesa: hijos de Dios

Y aquí está la promesa de Dios que te puedes llevar hoy contigo, en el versículo 12; dice: "Pero a todos los que lo recibieron les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios". Quizás hoy estás aquí escuchando este mensaje, o estás en línea; quizás solo estás explorando la cristianidad; quizás todavía no conoces a Jesucristo; quizás estás experimentando lo que es venir a la iglesia, o lo que es compartir con otros; quizá algo de lo que hayas escuchado hoy resuena con lo que estás viviendo. Y de ser así, quiero que sepas que esta Navidad no solo celebramos la venida de Jesucristo al mundo; celebramos su plan de redención y de salvación.

No es un accidente que estés aquí, que hayas escuchado de Jesucristo. Y te invito a que no hagas a un lado lo que has experimentado hoy, lo que has escuchado de Jesucristo hoy. No dejes el significado de la belleza de la vida en ese baúl de carretes y negativos de fotografías. Dios es el autor de tu vida, y Dios te está invitando a revelar esas imágenes, a ponerlo primero en tu vida. Jesús vino a este mundo para darte vida y para darte luz, para que lo conocieras y estuvieras con Él.

Jesús no es solo una más; Jesús no es solo una luz más en tu vida, no es una luz más que puedas prender. Jesús nos dice que Él es la verdadera luz, y que seguirlo a Él no es solo una forma de vivir, sino que es la única forma de vivir. Por eso Jesús dice: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí". Ser cristiano es caminar en fe en Jesús, en la confianza de que Él es el autor de nuestra vida y de que Él es la luz, y decir: "Jesús, yo quiero confiar en ti, yo quiero seguirte, yo quiero conocerte".

Para los que ya creen

Ahora, quizá estás aquí y ya recibiste a Jesús. Gloria a Dios por eso. De ser así, quizás hoy simplemente haya sido una oportunidad de recordar la importancia de Jesús en nuestras vidas. Puede que hoy también te hayas dado cuenta de que hay áreas en tu vida que siguen en la oscuridad, o áreas en donde estás poniendo tu confianza en algo más que Jesús. De ser así, hermano, hermana, te invito a que te arrepientas; te invito a que tengas tu confianza en Jesucristo, que Él te perdona en su gracia, y te llena de su Espíritu para que puedas caminar con Él en la luz.

La Navidad es una época para recordar, para celebrar. Pero la Navidad también puede ser una época difícil. Puede ser que esta Navidad la celebres con aquellos que ya no están aquí. Puede ser que esta Navidad sea difícil porque hay alguna persona, o amigos, o familia, con los cuales no te llevas bien; alguna persona que te ha lastimado, o a la cual tú hayas lastimado. Quiero que sepas que esta Navidad Dios te invita a ser luz: a llevar su luz, a reflejar su luz a donde vayas; a llevar perdón, a llevar reconciliación, a llevar verdad, y a llevarlo a Él.

Puede ser que esta Navidad esté llena de preocupaciones para ti; que estés tan ocupado con organizar la cena o el evento que te veas tentado a olvidar lo que es más importante esta Navidad. Estar ocupado no es pecado, pero te invito a que te des un tiempo para recordar el sentido de la Navidad, a dar gracias, y a celebrar a Dios, y celebrar que hoy puedes caminar en la confianza de la luz y de la vida en Cristo.

Oración final

Te invito a orar conmigo. Padre, te damos gracias porque, a pesar de que nos encontramos en la oscuridad, a pesar de que nos podemos sentir afligidos por la vida, rodando piedras a la cima de una montaña una y otra vez, te damos gracias, Dios, porque, a pesar de que estamos en la oscuridad, tú nos extiendes tu mano en Jesucristo, y tú nos extiendes la vida y la luz. Tú iluminas nuestros corazones, iluminas nuestro pecado, no para enjuiciarnos, no para juzgarnos; iluminas nuestro pecado para perdonarnos.

Padre, te pido hoy que, si hay alguien aquí que está escuchando estas nuevas por primera vez, si alguien está aquí escuchando que tú eres luz, y ellos están en oscuridad, y te quieren alcanzar, te pido, Señor, que extiendas tu mano a ellos, y que los ayudes a encontrarte, y a conocerte, y a encontrar vida plena en ti. Padre, también te pido que a nosotros, que confiamos en ti, que te hemos recibido, Señor, te pido que nos ayudes a no caminar más en la oscuridad, a no caminar más en el pecado; y que hoy, y en esta Navidad, nos acerquemos a ti con la confianza de que tú nos perdonas, de que tú quieres una relación con nosotros, y de que en ti podemos encontrar una luz que no únicamente cambia nuestras vidas, sino una luz que se refleja en nosotros, que puede cambiar a los demás.

Señor, te pido que en esta época nos ayudes a derramar tu amor y tu luz, no solo en nuestras vidas, sino en la vida de los demás. Y te pedimos todo esto en el bendito nombre de nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina. Y te pedimos todo esto en su nombre, Señor, y juntos podemos decir: amén.

Volver al vídeo ↑

Escúchanos

Ven un domingo

Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.

Qué esperar si vienes →