Mateo 5:21-32MateoAlfredo Carrillo
Serie: Sermón del monte
Transcripción
Introducción
Nuevamente, buenos días, hermanos. Y sí, prepárense, porque de verdad que quiero ser breve, pero hay mucha información. Vamos a continuar con este Sermón del Monte, y vamos a ir al capítulo 5, para los que no estuvieron hace ocho días: Mateo 5. Y vamos a ver a partir del versículo 21 hasta el versículo 32. Ya nuestro hermano, el pastor Roberto, nos habló de las bienaventuranzas, y espero que todos hayan atesorado esto que nos compartió nuestro hermano, porque básicamente las bienaventuranzas van dirigidas al pueblo cristiano. Terminó con la parte en donde Jesús cumple la ley.
¿Sí se oye? Ah. A lo mejor grito mucho, y me lo pego más... Lo despego ahí. Ahí está bien. Ya era yo. Y bueno, vamos a continuar con el versículo 21. Y antes de comenzar: Jesús... A partir de esta porción que vamos a leer, y terminando todo el capítulo, hay seis contraposiciones que Jesús hace respecto a la ley de Dios. Y vamos a leer nuestro texto. Pero antes, yo quisiera comentarles también que hay un título que yo le puse a este sermón de hoy, porque básicamente ese es el tema central de lo que vamos a hablar esta mañana: es la integridad, pureza y santidad del corazón. Y eso es básicamente donde Jesús está atacando.
Lectura: Mateo 5:21-32
Dice así la Palabra del Señor, Mateo 5:21: "Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: 'No matarás', y 'Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte'. Pero Yo les digo que todo aquel que está enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga 'insensato' a su hermano será culpable ante la corte suprema; y cualquiera que diga 'idiota' —o 'fatuo', en la Reina-Valera— será merecedor del infierno de fuego. Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y seas echado en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo".
Y luego Jesús viene a hablarnos sobre un tema muy, muy controversial, acerca del adulterio y del divorcio. Y dice, versículo 27: "Ustedes han oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'. Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo y tíralo, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtala y tírala, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo el cuerpo vaya al infierno. También se dijo: 'Cualquiera que repudie a su mujer, que le dé carta de divorcio'. Pero Yo les digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada comete adulterio".
Oración
Bendito Dios, gracias, Padre, porque nos has dado Tu Palabra. Señor, gracias porque Tu Espíritu nos redarguye, Tu Espíritu confronta. Y te rogamos que nuevamente, Señor, Tu Espíritu sea con nosotros esta mañana, que hable a nuestro corazón, Señor; que podamos atesorar Tu Palabra, Tus enseñanzas. Gracias, Padre, porque Tú has pagado en la cruz nuestros pecados. Nos ponemos en Tus manos. Bendice Tu Palabra, Señor. Sé conmigo, porque vamos a hablar de parte Tuya y delante de Ti. Gracias, Padre, en Cristo Jesús, amén.
Integridad, pureza y santidad del corazón
Integridad, pureza y santidad del corazón. Y vamos a dividirlo realmente como está aquí, ya, digamos, bosquejado: "No matarás", "No cometerás adulterio", ¿y qué pasa con la santidad en el matrimonio? Que eso es lo que vamos a hablar acerca del divorcio; básicamente vamos a hablar de la santidad del matrimonio. Entonces, "no matarás": veremos ahí que tenemos que tener integridad en el corazón, cómo son nuestras relaciones personales, y la falsa interpretación de la ley. Ya vamos a ver tres principios de la ira: que no solo es la letra, también es el espíritu; la ira lleva al desprecio; la ira lleva a la ofensa. Y el número dos de ese mismo punto sería que debemos hacer la reconciliación.
"No matarás"
"No matarás". Entonces dice nuestro texto: "Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: 'No matarás'". Bueno, entonces, ¿qué pasaba? ¿Por qué Jesús estaba haciendo esta contraposición de lo que se había enseñado en la ley? ¿Y por qué Jesús estaba viendo que había un error en la manera en que se estaba enseñando la ley de Dios? Y como les había dicho, hay seis contraposiciones que vamos a ver. Ahorita vamos a ver solamente las tres primeras este domingo; el siguiente domingo veremos las otras tres. "Ustedes han oído que se dijo", pero dice Jesús: "Yo les digo". Éxodo 20:13: está ahí el mandamiento. Deuteronomio 5:17: nuevamente se vuelven a repetir estos mandamientos.
Entonces, ¿cuál era el problema? Los fariseos estaban restringiendo el significado y las exigencias de la ley, como dice Números 35:30 al 31. Y dice así: "Estas cosas serán por norma de derecho para ustedes por sus generaciones, en todas sus moradas. Si alguien mata a una persona, al asesino se le dará muerte ante la evidencia de testigos; pero a ninguna persona se le dará muerte por el testimonio de un solo testigo. Además, ustedes no tomarán rescate por la vida de un asesino que es culpable de muerte, sino que de cierto se le dará muerte. Y no tomarán rescate por el que ha huido a la ciudad de refugio para que vuelva y habite en la tierra antes de la muerte del sacerdote. Así que no contaminarán la tierra en que están, porque la sangre contamina la tierra, y no se puede hacer expiación por la tierra por la sangre derramada en ella, excepto mediante la sangre del que la derramó".
Ah, si tú matas a alguien, hay una consecuencia, ¿verdad? Y básicamente tú no matas a alguien porque tienes miedo de ir a la cárcel; tienes miedo de que te juzguen, y tú vayas a la cárcel, y tengas ahí una condena. Entonces, cualquiera que cometiera homicidio sería culpable de un juicio. Básicamente, eso es lo que está enseñando la ley, o, hasta ahí, aparentemente es lo que enseñaba la ley y lo que enseñaban los fariseos. Y al parecer, efectivamente, eso dice la ley, y era lo que enseñaban los fariseos y escribas. No había duda de que enseñaban la ley; no había duda de que decían "no matarás". Y el pueblo decía: "No voy a matar, y si cumplo esto, cumplo la ley".
Lo que los fariseos habían agregado
Pero viene la pregunta: ¿en qué estaban fallando los fariseos y los escribas? Le habían agregado algo a la ley, como siempre: reglas. Redujeron el contenido del mandamiento "no matarás" al único y solo hecho de llevarlo a cabo. ¿Sí? Vamos entendiendo poco a poquito; quiero tratar de ser lo más entendible. A mí me costó mucho. Entonces, lo único que importaba era el temor de ser enjuiciado. Y hasta la fecha, cualquiera tiene temor si llegara a suceder, por decirlo así. Yo sé que ustedes no lo harán, porque tienen a Dios en su vida, tienen a Cristo. Pero el temor de no matar a alguien es porque estoy consciente de que voy a recibir un castigo. Si tú matas una mosca y te van a meter a la cárcel, todos estaríamos presos; todos en algún momento hemos matado una mosca.
Ah, pero la vida del hombre es tan valiosa para Dios, y por eso puso este mandamiento. Ya es el grado de valor que tienen las cosas: no es lo mismo matar una mosca que matar a una persona. No es la misma consecuencia. Entonces, "no matarás" se reducía al único y solo hecho de llevarlo a cabo. Eso es como enseñaban la ley: si tú no matabas, entonces ya cumplías la ley. Perfecto, cualquiera la puede cumplir así. Lo único que importaba era el temor de ser enjuiciado en la corte, temor a la consecuencia, y no al hecho de desearlo. Entonces vamos poco a poco.
Una cuestión del corazón
Entonces, se trataba de una cuestión del corazón, de concebirlo en el corazón, no solo el hecho. Ellos solamente tenían temor de ser presos, pero no a lo que había en el corazón. No estaban enseñando que era un problema de la raíz: estaba en el corazón, no en el hecho. Por lo tanto, si lo deseabas pero no lo hacías, habías cumplido la ley. Solo aceptaban la letra y se olvidaban del espíritu. Ah, ya vamos viendo el problema.
Entonces, hermanos, puedo no hacerlo. Yo creo que mentiríamos si dijéramos que nunca hemos deseado la muerte de alguien. Pero todos nos hemos enojado con alguien. Quizás no digo: "Ah, bueno, en el momento en que pueda, quisiera matarlo". Pero el sentimiento de la ira Dios nos lo proporcionó como una defensa, cuando vemos peligro o alguien atenta contra nosotros. Y así sentimos a veces: cuando alguien nos hace algo, sentimos ese enojo. Y quizás literalmente no estamos pensando en matar a esa persona, pero quisiéramos no tenerla enfrente y deshacernos de ella. Y entonces esto es precisamente lo que Jesús pone al descubierto: la manera en que enseñaban la ley no era la manera en que Dios la había dictado. Porque Dios la había hecho porque también Él estaba pensando en lo que había en el corazón.
Lo que importa es el espíritu
Lo que importa es el espíritu. Entonces, hay tres principios sobre este mandamiento. Lo que importa es el espíritu: la ira es algo espiritual, ¿verdad? La ira no es algo físico; la ira no la ves. Yo puedo aparentar estar bien contigo, pero tú no ves mi corazón. Yo puedo estar muy molesto contigo, pero te puedo saludar, te puedo abrazar, te puedo sonreír; es más, te puedo besar. "No matarás": si no lo hago, ya cumplí; soy un gran cristiano porque no mato. Pero Jesús dice que no solo es el acto físico de matar, sino también es la ira contra tu hermano. ¿Qué dice más adelante? "Aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte". Hay un juicio de parte de Dios, porque es pecado; es lo que hay en tu corazón.
El pueblo judío se había olvidado del contenido espiritual. También nosotros nos olvidamos del contenido espiritual. Estamos bajo la gracia, y no quiere decir que no tenemos nada que ver con la ley porque estamos bajo la gracia. Amamos la ley, y cumplimos la ley por amor de Dios, no por obedecer reglas. Jesús siempre va más allá; Jesús siempre va directo al corazón, y nos dice que no podemos anidar ira y enemistad en nuestro corazón. De eso está hablando Jesús: "No matarás". Porque, ¿dónde se origina este sentimiento? ¿Dónde se origina el deseo de matar a alguien? En el corazón. ¿Y cómo empieza? ¿Porque estoy amando a la persona? No. ¿Empieza porque la estoy odiando? Empieza porque tengo enojo con ella. Y Jesús dice que si hacemos esto, somos culpables de homicidio.
Me da mucho temor a mí pensar esto: cuántas veces he sentido coraje contra alguien, o contra mi hermano. ¿No te da temor, hermano? ¿No te da temor saber que estás enojado con alguien y ya eres culpable de homicidio? "Ah, pero Jesús murió por mí en la cruz". No podemos usar eso de pretexto. Tener resentimiento y odio contra alguien nos lleva a la ira, y para Dios esto es igual que matar. Y sobre todo a los de la fe. No solamente está hablando Jesús de que no lo hagas con los de afuera porque estás dando un buen testimonio; dice: mayormente a los de la fe. Son tus hermanos. ¿Quién quiere matar a un hermano? Nadie. ¿Por qué? Es tu sangre. Perdón que me exalte.
La ira nos lleva al desprecio
Pero Jesús todavía va más allá. Número dos, dice que la ira nos lleva al desprecio. ¡Híjole! Gracias porque Jesús ve nuestro corazón. Y lo digo con todo temor, porque yo puedo ocultarlo, o podemos ocultarlo, pero Jesús ve nuestro corazón, y por eso nos enseña esto. Dice que la ira nos lleva al desprecio. El versículo, parte a: "Pero Yo les digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga 'insensato' a su hermano será culpable ante la corte suprema".
No solo es no enojarnos, porque cuando nos enojamos, nos lleva a sentir desprecio. ¿Alguien ha sentido desprecio por alguien? Ahí, a lo mejor: "Me ignoras"; ya algo como que no estás. No solo es enojarnos, sino también despreciar a la persona cuando tienes este sentimiento. "Cualquiera que diga 'insensato' a su hermano" significa despreciar a alguien. Y esto se anida en el corazón; esto va quedando ahí, hermanos. No piensen que es algo pasajero, que dije: "Ah, ya, hoy sentí desprecio, mañana ya no". No es cierto: lo sigues generando, se sigue anidando, mientras sigas teniendo ese sentimiento de enojo y de ira hacia tu hermano.
Jesús siempre incluye los malos pensamientos con los homicidios, que dice Mateo 15:19: "Porque del corazón provienen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, falsos testimonios y calumnias". En la Biblia se habla mucho del corazón como el centro del hombre. El corazón es el centro de las personas, y en el corazón están las sedes del pensamiento, la voluntad, las decisiones y los sentimientos, las emociones; todo se encuentra ahí. ¿Cómo estás cuidando tu corazón? ¿Cómo estamos cuidando nuestro corazón? Cuando fomentamos pensamientos de este tipo contra otros, hemos cometido... Lamentablemente, muy a menudo nos hemos matado unos a otros, hermanos. Créanme: hay muchas formas de hacernos daño, muchas. Hay muchas formas de hacernos daño sin tener que cometer asesinato físico. Y eso es de lo que está hablando Jesús: "No matarás", pero no solamente se refiere al acto. ¿Qué hay en tu corazón?
La ira nos lleva a la ofensa
La ira nos lleva también a la ofensa. Versículo 22, nuevamente, inciso b, dice: "Y cualquiera que diga 'idiota' será merecedor del infierno de fuego". Esta palabra que están usando aquí es una ofensa, ¿verdad? A nadie le gusta que le digan "el idiota". ¿Cómo nos sentimos cuando alguien hace eso? Y esta palabra equivale a difamar a alguien, porque yo no lo soy, ¿verdad? No estoy tantito. Pero si tú me dices eso, me estás difamando, porque no lo soy; me estás diciendo algo que no soy.
Tener odio y enemistad en el corazón también se manifiesta de forma verbal. Entonces, no solamente me dan ganas de desaparecerte, no solamente empiezo a generar ese odio, ese enojo; cuando ya se ha acumulado, perdón lo que voy a decir, vomitamos. Todos hemos hablado de alguien, todos, en algún momento. Que Dios nos perdone. Y si lo hemos hecho, dice: deja tu ofrenda, y ve y reconcíliate. Otra vez: no solo es el homicidio de hecho; es todo lo que el corazón puede guardar, sentimientos y deseos que espiritualmente equivalen como un homicidio para Dios.
Jesús contrapone la justicia de tu propia mano. ¿Quién eres tú para hacer justicia por tu propia mano? Déjaselo a Dios. Si en verdad alguien te hizo algo, tiene algo contra ti, déjaselo a Dios. Arréglalo, arréglalo, pero también déjalo en manos de Dios. ¿Qué pasa con los que tienen hambre y sed de justicia? Ya lo vimos: déjenselo a Dios. De tu propia mano... Mm. Cuando hacemos eso, ¿saben qué están haciendo? Estamos rechazando la gracia de Dios, porque estamos diciendo que él no merece perdón: "No merece mi perdón. ¿Por qué voy a hablar con él? ¿Por qué voy a perdonarlo?". Cristo murió en la cruz por él, por tu hermano, con el que tienes enojo. ¿Tú quién eres para decidir quién merece perdón y quién no merece perdón?
Dice Efesios 4:31 al 32: "Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia". Versículo 32: "Sean más bien..." ¿Cómo? A ver, en coro, si se la saben: "...amables unos con otros". No dice "sean amables con quien tienes afinidad". Lamentablemente hacemos eso: soy más amable, o soy amable con quien tengo afinidad, y me olvido de que todos somos hijos de Dios, que todos son mis hermanos, que Cristo murió por todos, por ellos y por mí. "Sean más bien amables unos con otros". ¿Qué más dice? "Misericordiosos". "Estás en problemas, pero bueno, solamente voy a orar por ti". "Perdonándoos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo". ¡Wow! Como Dios te perdonó en Cristo, tú perdónalos. Perdóname.
La ira rompe la comunión
Vemos además que dice, en los versículos 23 al 26, que la ira rompe tu comunión con Dios y tu hermano: "Ponte de acuerdo pronto con tu adversario". No solo se trata de no anidar malos pensamientos, omisiones, en el corazón contra alguien; se trata de la comunión y la unidad. Hemos estado hablando aquí en el púlpito, con nuestro hermano Nathan, de 1 Corintios. ¿Qué hablamos de la unidad? ¿Qué hablamos de la moral, del cuerpo de Cristo? Todos somos miembros: unos ojos, unos pies; al final, somos el cuerpo de Cristo. Esto está hablando de la unidad; trata de la comunión y la unidad, primeramente con Dios y luego con el hermano. El mandamiento de no matar, en realidad, nos ordena que busquemos la reconciliación con nuestro hermano. Ese es el significado, hermanos; no solamente "no voy a matar, y no mato".
¿Tienes algo contra alguien? ¿Qué dice Mateo 18? Y aquí somos expertos en decir: "Mateo 18, aplícalo". Pero no lo aplicamos. No digo que sea siempre; sí hay hermanos que tienen el valor y me dicen mis cosas, y lo arreglamos. Gloria a Dios por eso: Mateo 18. Debemos contener nuestras palabras. Aunque tenga muchas ganas de decir algo, y aunque lo quiera hacer, no debo hacerlo. Pero no solamente es no decírselo al hermano; es no decírselo a alguien más: "Oye, hermano, ¿qué crees? Este hermano no cambia; este siempre es lo mismo". Se pone uno contra él. Dicen por ahí: pico de cera. Háblalo. Debemos contener nuestras palabras, aunque tenga muchas ganas de hacerlo. Pero lo mejor es evitar anidar malos pensamientos y amarguras en el corazón. Hay que eliminar la causa del problema.
Y déjenme decirles algo, hermanos: a veces queremos compensar nuestro pecado, y nos parecemos a los fariseos. Queremos llenarnos de actividades eclesiásticas: "Ah, estoy en este ministerio, estoy en ministerio, hago esto, hago aquello", y ya me siento bien, aunque no esté bien. Somos fariseos. "Ah, ayudo aquí y allá", dedicando tiempo a algunas cosas. Y no digo que no lo hagan; está bien. Como ahora lo hicimos en la escuela bíblica de verano, ¿verdad?: vimos cómo trabajó el cuerpo de Cristo. Amén. Pero que eso no... ¿Cuáles son las motivaciones de tu corazón? ¿Estás compensando algo? Espero que no. No confrontamos nuestra envidia o enojo que tenemos contra nuestro hermano, y de eso está hablando Jesús: "No matarás".
Tomar la iniciativa
Romanos 12:17 al 18 nos dice esto. Fíjense... deberíamos de cortar ciertos versículos, creo, a veces. "Nunca paguen a nadie mal por mal. Respeten lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible...". Fíjense esto; ya lo dije alguna vez también, hace poco. Dice: "Si es posible, en cuanto de ustedes dependa". En cuanto de ustedes dependa: "Estén en paz con todos los hombres". No siempre va a ser posible, pero cada uno, cada uno, tenemos la obligación y la responsabilidad en Cristo Jesús de tomar la iniciativa.
¿Se imaginan? Yo me enojo con Fran. No estamos enojados, Fran. Yo me enojo con él; nos enojamos los dos. Pero si él dice: "Voy a tomar la iniciativa, voy a hablar con Alfredo", y en ese mismo instante yo también digo: "Voy a tomar la iniciativa y voy a hablar con Fran"... Yo preferiría pelearme con él por tomar la iniciativa y arreglar las cosas, que pelearme por él y no hacerlo. Tomemos la iniciativa. ¿Por qué? ¿De quién lo aprendimos? De Cristo Jesús. ¿Quién tomó la iniciativa para arreglar el problema de la humanidad? Tú no fuiste, ni lo hubieras hecho. Cristo Jesús tomó la iniciativa. Otra vez: no solo es el homicidio de hecho; es todo lo que el corazón puede guardar, sentimientos y deseos, ¿verdad? Debemos buscar la reconciliación con nuestro hermano, y entonces poder continuar con nuestra ofrenda.
La mesa del Señor
Cada ocho días venimos a celebrar la Santa Comunión, que representa los símbolos del pan y el vino. Cada ocho días tenemos la oportunidad de venir y confesar nuestros pecados, no solamente en tu casa. Antes de salir, ora al Señor, pide perdón. Esta mesa no se trata de los mejores cristianos. Esta mesa no está hecha para aquel que es perfecto. Esta mesa está diseñada para confrontar nuestro pecado, para decir que necesito de Cristo. Y cada ocho días está puesta y preparada para los que necesitamos de Cristo, diario y a cada momento. Reconcíliate con tu hermano. La obediencia es la mejor ofrenda y sacrificio que puedo dar a Dios. Busquemos la reconciliación.
Hazlo pronto
Pero, ¿qué más nos dice el texto? Hazlo pronto. Hazlo pronto. ¿Por qué? "Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta...". Porque: "Ponte de acuerdo pronto, ponte de acuerdo pronto con tu adversario mientras vas por el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez". Tenemos que hacerlo pronto. No lo dejes para después, no lo dejes para mañana. Supongamos que yo tengo un problema con alguien, y yo me muero mañana. No lo arreglaste conmigo; se acabó. El problema: vas a vivir con eso por la eternidad, porque vas a verlo en la eternidad; nos vamos a ver en la eternidad. Hazlo pronto. Quizás mañana ya no puedas, porque ya no esté tu hermano, y nos pasaremos la eternidad con lo que hayamos dejado aquí. Pregunta: ¿cómo estás con tu hermano? ¿Cómo estoy con mi hermano? ¿Cómo está tu corazón respecto a él?
"No cometerás adulterio"
Versículo 27 al... Y Jesús empieza con algo en el corazón, con cosas que se están anidando en el corazón, y viene a enseñarnos acerca del adulterio. Aquí vemos la pureza de nuestro corazón, que así debería de ser. Pero hay algo aquí también que podemos ver acerca... Sí, vamos a hablar del adulterio y cómo se origina, pero tenemos que entender primeramente la doctrina del pecado. Dice así: "Ustedes han oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'. Pero Yo les digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón".
"Ustedes han oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'". Nuevamente, los fariseos habían minimizado este mandamiento a simplemente el hecho del acto físico. "Ah, entonces, si yo no estoy con alguien, ya la libré; no lo estoy haciendo, cumplí la ley". Entonces, siempre y cuando no cometas el acto físico, no pecabas, y por lo tanto cumplías la ley. Eso es lo que estaban enseñando mal los fariseos. Se estaban olvidando, y no estaban viendo que iba más allá, que iba al corazón. Nuevamente, solo la letra importaba, y no el espíritu. Ese era su error, de los escribas y los fariseos. De hecho, el mandamiento "no codiciarás a la mujer de tu prójimo" va junto, o podía haber estado junto. Pues: "No cometerás adulterio", porque si codicias, ya cometiste adulterio. La ley siempre ha insistido en la importancia del corazón, pero los fariseos no lo veían. Solo eran ritualistas: haz esto, haz lo otro, cumple esto, cumple lo otro. Solo seguían una receta. Pero Jesús contrapone esa enseñanza: "Todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio". Hermano, si decimos que no hemos pecado, ¿qué dice? Hacemos a Él mentiroso.
Un evangelio sin la doctrina del pecado
Jesús siempre apuntaba al corazón. El único propósito de la ley es mostrar nuestra condición caída, pero la mala interpretación de los fariseos la había debilitado. Entonces, un evangelio sin la doctrina del pecado es un evangelio diluido, incompleto. ¡Ah! ¿Cuántos hemos oído hablar solamente: "Ah, sí, ven a Dios, porque Dios es amor, porque Dios tiene grandes cosas para ti, porque Dios tiene grandes maravillas para ti"? Que es lo que se predica en las iglesias de la prosperidad: solamente "ven a Dios porque te va a dar". Pero no confronta tu pecado.
El verdadero evangelio es confrontar nuestro pecado, decirnos y hablarnos de nuestra condición caída, y que ese fue el motivo por el que Cristo Jesús vino a este mundo: hacerse humano, como veíamos hoy en la cena, encarnarse, subir a ese monte, ir a la cruz, morir y al tercer día resucitar. Es por mi pecado, por tu pecado, porque estábamos en una creación caída. No prediquemos un evangelio diluido. El evangelio verdadero es saber lo que nos dice la ley acerca de nosotros con respecto a la santidad de Dios: porque Dios es santo y nosotros no, y que merecemos el infierno. El pecado conduce al infierno. Romanos 6:23: "Porque la paga del pecado es la muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro".
Solo si el hombre puede ver su maldad y su culpa, puede acudir a Cristo para salvación. Cuando tenemos los ojos vendados, no podemos ver esta condición caída que tenemos. No es solo lo que hagas; también son los deseos que hay en tu corazón, y no meramente una conducta. La santidad nos lleva a ser más vigilantes de nuestro corazón y a hacernos un autoexamen a través de la Palabra de Dios. Salmo 139, versículos 23 y 24, dice: "Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes". Versículo 24 de ese mismo salmo: "Ve si hay camino en mí, camino malo, y guíame en el camino recto". 2 Corintios 13:15 nos dice también: "Pónganse a prueba para ver si están en la fe; examínense a sí mismos. ¿O no se reconocen ustedes mismos de que Jesucristo está en ustedes, a menos que en verdad no pasen la prueba?".
Rendición de cuentas
Necesitamos rendición de cuentas. Varones, busquen rendir cuentas. Es importante. Hablamos mucho de rendición de cuentas, pero no lo hacemos. Mujeres, dicen: "¿Rendición de cuentas?". Normalmente el hombre peca por la vista; esa es nuestra naturaleza caída. No siempre la mujer es igual, pero también peca; también tiene esos deseos en el corazón. Rendición de cuentas: hay que rendir cuentas. Lamentablemente no lo hacemos, y cuando lo hacemos... no sé si usar la palabra, si soy muy ofensivo, pero mejor voy a usar otra: no somos sinceros. Decimos: "Ah, no, yo estoy bien. No, mi vida marcha bien. Esto va bien con mi familia. Ah, yo no lucho nunca con esto. No, jamás en la vida".
Estamos plagados de pornografía. No solamente es lo que ves en internet, como un video gráfico de pornografía; lo ves en letreros del camión, en los anuncios espectaculares. Ahora me causa... cada que veo esos comerciales de las cuestiones físicas de la mujer, y me enseñan literalmente lo que está sucediendo con ellas para anunciar su producto. Ya no hay pudor, y eso nos afecta. Rindamos cuentas, pero seamos sinceros y verdaderos, porque yo puedo engañar a los hermanos, pero a Dios no lo engaño. Necesitamos rendir cuentas con alguien maduro. Hermanos, no anden contándoles sus luchas a todos. Busquen hermanos de la fe que sean maduros, para no decir chismosos, porque no vamos a ayudar en nada a ese hermano. Queremos ayudarles en su pecado.
Hay que examinar el corazón. La santidad es más que acciones. Por tanto, Jesús nos dice que el pecado no solo es un asunto de acciones; es algo que ya hemos concebido en nuestro corazón, y después da a luz ese pecado. Primero lo concebimos, y se puede manifestar en esa concepción cuando sucede. No puede ser un cristiano isla, o un cristiano como el Llanero Solitario. Tienes que rendir cuentas; tenemos que rendir cuentas. El hombre caído desea y codicia. Debemos reconocer nuestro pecado para ver nuestra necesidad absoluta de Cristo, y entonces aborreceremos, como pecadores, el pecado. Y entonces aplicar la bienaventuranza, dice: y seremos esos pobres en espíritu, mansos, que lloran y tienen hambre y sed de justicia, y rendirnos a Cristo. No es lo que hago; es lo que me hace hacerlo.
"Tuve tentación, pero no caí"
Lo que decía: de hecho, ver pornografía es adulterio. Estás cometiendo adulterio cuando ves pornografía. La palabra pornografía se deriva de la palabra griega porneia, que significa fornicación. Estás fornicando en tu mente. Decir: "Tuve tentación, pero gracias a Dios no caí"... ¡Qué equivocado estás! En cierto modo, sí, está bien: tentación, y no caíste. Pero, ¿qué es lo que dice Jesús? "Ya". Y a veces nos sentimos cómodos con decir: "Ah, sí, tenía tentación, pero no caí". Pero es algo equivocado, porque habla del corazón. Y pregúntate por qué deseaste hacerlo. ¿Cuál fue la motivación de tu corazón? ¿Por qué deseaste hacerlo? Sinceramente, ¿no has cometido adulterio bajo esta forma en que Jesús enseña?
Hay personas que parecen muy respetables, muy, muy respetables, y que te dirían que nunca han luchado con esto; es más, que ni se imaginarían poder hacerlo. Pero quizás pecan con la mente. Y ha habido casos de hombres que aparentemente eran hombres de Dios y que tenían grandes ministerios. No quiero decir nombres, pero había uno que era apologeta, y parecía muy respetable. Entonces, ¿qué tenemos en el corazón?
El adulterio destruye
El adulterio destruye. El adulterio destruye. Dice: "Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo y tíralo, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtala y tírala, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno". Mm. No es que Jesús quisiera ser literal, que cortaras tu mano. Estaba hablando de que en aquel entonces la mano derecha y el ojo derecho eran algo muy importante; tenían más valor que el lado izquierdo. Entonces, las cosas, por muy valiosas que parezcan, si te están haciendo pecar, quítalas.
Si tu televisor... a ver, no quiero sonar legalista, pero si es algo que te está haciendo pecar, no lo veas. Tu teléfono: desinstala ciertas aplicaciones que te llevan a ver videos; quítalas. Quita todo lo que estorbe de tu vida. Y me arriesgo a decir que si tu trabajo te está haciendo pecar, cámbiate. El pecado ha pervertido al hombre, convirtiendo lo bueno en malo. Dios nos creó con ojos y con manos. Dios nos creó con esas manos para construir, para crear. Dios nos dio estos ojos para ver Su gloria, y los estamos ocupando para el pecado. El hombre introdujo el pecado en su vida, y el pecado lleva a la muerte espiritual, y su destino es el infierno. Es lo que nos dice aquí. La relación matrimonial compromete las manos que protegen, los ojos que vigilan y cuidan, y el corazón que ama, al igual que Dios, al igual que Cristo ama a Su iglesia: la relación de Dios con Su pueblo, ¿verdad?, aunque fallamos como pueblo. Ezequiel 6:9 dice: "Porque he sufrido a causa de sus corazones adúlteros, que se apartaron de Mí, y a causa de sus ojos, que se prostituyeron tras ídolos". ¿Cuáles son tus ídolos que te están haciendo pecar? "Pero se aborrecerán a sí mismos por los males que han cometido, por todas sus abominaciones".
Entonces, la pureza del matrimonio, con respecto al adulterio, demanda una mutua y exclusiva devoción de los cónyuges en cada aspecto de su vida. Y ese compromiso excluye desear a otra persona, o entregarse de cualquier forma a esa persona. Mirar lascivamente a otra mujer rompe el vínculo de unidad que un hombre tiene con su esposa. "No cometerás adulterio". "Claro que no". Pero lo hago en el corazón; está en mi imaginación. ¿Qué es lo que veo? Aún: ¿qué cosas hablo con personas del sexo opuesto?
Y volviendo a los versos, Jesús nos está hablando de miembros valiosos, nuevamente: nuestros ojos y nuestras manos, que Él diseñó. Bueno, entonces, no se corten la mano literalmente; eso no está enseñando. Entonces, deshazte de las cosas que te hacen pecar, por muy valiosas que puedan ser para ti, porque esos son tus ídolos. Si algo nos hace tropezar, quítalo. Y es aquí donde vemos la importancia de la santidad, nuevamente: no solo cometer ciertos actos, sino el contaminarse en tu corazón. Normalmente apuntamos estos versos a los hombres. Ah, pero va dirigido a hombres y mujeres. Ese reloj siempre me…
La santidad del matrimonio: el divorcio
Por último, vamos a hablar sobre qué enseña Jesús acerca del divorcio. Hermanos, solamente voy a dar mi punto de vista; no es un dogma, pero es parte de lo que queremos como iglesia también. Y vemos que el matrimonio es santo; ya desde ahí quiero empezar. El matrimonio es santo porque es diseño de Dios. Matrimonio y divorcio. Dice también, versículo 33: "También han oído que se dijo a los antepasados"... Ah, perdón, me equivoqué: versículo 31. "También se dijo: 'Cualquiera que repudie a su mujer, que le dé carta de divorcio'. Pero Yo les digo que todo aquel que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada comete adulterio".
De verdad, es un pasaje muy, muy, muy difícil y muy controversial. Voy a tratar de ser lo más sencillo, y que no pueda confundir a nadie. Es lo que estuve orando toda la semana, por eso: por todo el sermón, pero especialmente por esto. Dice... Por tanto, vamos a la base, que dice Génesis 2:24: "Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer en una sola carne". Marcos 10:8 al 9 dice: "Y los dos serán una sola carne; así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió, no lo separe el hombre".
Entonces vamos a analizar tres aspectos rápidamente. Número uno: ¿qué enseñaba la ley de Moisés realmente sobre el divorcio? Vamos a ver lo que realmente enseñaba. Número dos: los escribas y los fariseos, ¿cuál era su interpretación? Y, ¿qué es lo que Jesús enseña acerca del matrimonio y del divorcio?
Lo que enseñaba la ley de Moisés
¿Qué enseña la ley de Moisés? Deuteronomio 24, del 1 al 4, nos dice lo siguiente: "Cuando alguien toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable en ella, y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, y ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro; si el segundo marido la aborrece y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, o si muere este último marido que la tomó para ser su mujer, al primer marido que la despidió no le es permitido tomarla nuevamente como mujer, porque ha sido despreciada; pues eso es abominación ante el Señor. No traerás pecado sobre la tierra que el Señor tu Dios te da por heredad".
A ver: en la ley de Moisés, la razón para divorciarse era la pasión y la lujuria, porque decía que si encontraba en ella algo que no le gustaba, prácticamente, pues, le daba una carta de divorcio y buscaba otra persona. No estaban dándole el valor de lo que significaba el matrimonio. Entonces, la ley sobre el divorcio se hizo para regular y controlar las separaciones y abandonos hacia la mujer y los hijos, y que dejara de ser injusto para ella, porque básicamente cualquier cosa podías encontrar para divorciarte de la mujer. Pero vamos a ver algo importante aquí más adelante: ¿realmente dice que es un mandamiento, que está ordenando que te divorcies? ¿Eso dice?
Entonces, había tres principios sobre el divorcio, sobre la carta de divorcio. Limitaba el divorcio a ciertas causas. Número dos: deberían de dar carta de divorcio en presencia de testigos, con el fin de que se supiera que no había cometido adulterio y estaría huyendo de la ley, basado en Levítico 20:10. Dice así: "Si un hombre comete adulterio con la mujer de otro hombre, que comete adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera ciertamente han de morir". ¿Saben cómo morían? Los apedreaban. Los sacaban en alguna placita, o directamente, dice, afuera de la puerta; el esposo comenzaba la lapidación, y todo el pueblo. Mm.
Entonces, lo que buscaba esta carta de divorcio era proteger a la mujer. Aparentemente es como: "Ah, ya, que se salga la mujer". No; era proteger a la mujer, porque si no existía esta carta de divorcio, podría ser causa de que no supieran por qué fue, y lo primero que dirían es: "Ah, infidelidad, adulterio: muerte". El hombre que se divorciaba no podía volver a casarse con la exesposa. Pero la ley de Moisés nunca mandó que se divorciara de su mujer. Eso no dice la ley. ¿O sí dice así en el texto? No están los mandamientos, ¿o sí? No dice "mando que te divorcies"; eso no dice el texto. Y eso es lo que estaban enseñando los fariseos. Entonces, la ley de Moisés nunca mandó que se divorciaran; no era un mandamiento; estaban sugiriendo. La intención de esta ley era hacer que entendieran que el matrimonio no es algo que se puede disolver a la ligera.
Lo que enseñaban los fariseos
Vamos: ¿qué enseñaban los fariseos y los escribas? Ellos decían que la ley de Moisés mandaba. Y no es cierto: no mandaba, no decía eso. Lo que sí ordenaba era dar esta carta de divorcio, solo, de cierta forma, como un respaldo para la mujer, y no ser víctima de la ley, o de otra ley. Lo que no estaban viendo los fariseos era el verdadero significado del matrimonio, que había en Génesis 2:24. Dios lo había establecido como indisoluble, indisoluble.
Lo que enseña Jesús
¿Qué es lo que enseña Jesús? Mateo 19, del 3 al 4, nos dice así: "Y se acercaron a Él algunos fariseos para ponerlo a prueba, diciendo: '¿Le está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?'. Jesús les respondió: '¿No han leído que Aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra, y dijo: Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe'. Ellos le dijeron: 'Entonces, ¿por qué mandó Moisés darle carta de divorcio y repudiarla?'. Él les contestó: 'Por la dureza de corazón, por la dureza de su corazón, Moisés les permitió a ustedes divorciarse de sus mujeres; pero no ha sido así desde el principio. Pero Yo les digo que cualquiera que se divorcia de su mujer, salvo por infidelidad, y se case con otra, comete adulterio'". Vamos a ver esa cláusula de "salvo por infidelidad".
Más que un contrato civil
El matrimonio no es meramente un contrato civil. Sí, tenemos que obedecer las leyes para comprobar que estamos casados. Dios puso las leyes, y tenemos que ir al registro civil y hacer este contrato, porque eso es lo que ordena Dios. Pero no solamente queda ahí, en un contrato civil; es algo que va más allá. Es algo espiritual que incluye a Dios, porque es de Dios, porque Él lo creó, porque Él lo fundó. De Él fue la idea, no tuya. Entonces, lo que Dios unió se convierte en un pacto delante de Él. Es algo donde dos personas se convierten en una sola carne. Dice: "Lo que Dios unió, no lo separe el hombre". Marcos 10, del 8 al 9, nos dice esto.
Lo que Dios hizo fue una concesión debido a la dureza del corazón de los hombres. No fue una ordenanza; fue una concesión, porque se estaba saliendo fuera de control. Básicamente, si mi esposa no cocinaba bien, yo le daba carta de divorcio. Ya, jovencitas, aprendan a cocinar... No es cierto. Si la veía fea después de un tiempo, me podía divorciar de ella. Si no me hablaba bonito, me podía divorciar de ella. Básicamente, había muchas tonterías por las que querían divorciarse. Entonces, era una forma de controlar y proteger a la mujer y al vulnerable. Dios siempre cuida y ha cuidado de la mujer y del vulnerable. Entonces, solamente era una excusa.
El matrimonio tiene tres aspectos importantes. Número uno: que somos una sola carne. Número dos: que es indisoluble. Número tres: es la imagen de Cristo y Su iglesia como esposa; es el evangelio puro. Dios nunca, en ninguna parte, mandó a nadie que se divorciara por ninguna razón. Los fariseos y escribas daban a entender esto. Lo único que se ordenaba era dar carta de divorcio para proteger a la mujer y al vulnerable. Y no como el mundo cree, que Jesús era misógino: Jesús siempre defendió a la mujer, y la ha defendido. El matrimonio es indisoluble, y también es para mostrar... Oigan, y también es para mostrar perdón y amor. Para los que no han leído Pacto matrimonial, léanlo; habla sobre esto.
La excepción de la infidelidad
Jesús enseñaba que había una sola cosa como excepción que era motivo de divorcio, dice: la infidelidad, o fornicación, ¿verdad? O sea, el adulterio. Pero bueno, entonces vamos a ver: si la mujer cometía adulterio, ¿qué sucedía? ¿Qué iba a pasar con los que cometieran adulterio? Iban a morir apedreados. Entonces... pero estamos bajo la gracia. A partir de entonces, no más muerte por adulterio, porque también tiene perdón. La persona culpable de adulterio rompe el vínculo al unirse a otra persona. Pero Jesús no ordenó el divorcio; solamente dijo que podía ser un motivo. Pero no estaba diciendo: "Divórciate porque Yo lo mando, porque soy Dios mismo, y Yo puedo contradecirme de Mi mandamiento, o del diseño original". Eso no está diciendo Jesús. Jesús no ordenó el divorcio tampoco; solo dijo que era motivo de divorcio.
Entonces, esta ley fue pasajera. El castigo del adulterio era la lapidación, pero ahora, en la gracia, Jesús abroga esta ley. ¿Qué pasó con la mujer adúltera que encontró? ¿Qué hizo? ¿Le habló al pueblo y dijo: "Matemos, vamos a lapidarla, porque sé que es adúltera"? No. ¿Qué le dijo? Lucas 7:48 dice: "Tus pecados han sido perdonados. Tu fe te ha salvado; vete". Y en la versión… dice "vete en paz"; en la Reina-Valera dice "vete, y no peques más". A partir de entonces, no se da muerte a nadie por adulterio. Ahora estamos bajo el perdón de pecados, que es a través de Cristo. Cristo murió también por eso en la cruz.
¿Puedo divorciarme?
Entonces viene la pregunta: ¿puedo divorciarme o no? Y yo tampoco quiero inducir a nadie en alguna decisión sobre este asunto, pero sí puedo decir algo sobre este asunto, y que no parezca que es un permiso, o no lo es; cada quien en su conciencia. Pero creo que la Palabra de Dios es muy clara. Entonces, si nos vamos al corazón del evangelio, al corazón puro del evangelio, lo que podemos decir es que ni siquiera el adulterio, que es un pecado terrible —sí, es un pecado terrible—, no es un pecado imperdonable. El adulterio, al igual que otros pecados, es un pecado que se puede perdonar; es un pecado que perdona Cristo. Si Cristo perdona este pecado, yo puedo perdonar este pecado. Cristo también murió en la cruz por esta razón, mostrando Su perdón y Su sacrificio en la cruz. Y para Dios, esto no queda fuera de Su gran amor y fuera de Su reino.
Si la persona que comete el adulterio se arrepiente genuinamente, reconoce su pecado y viene a los pies de Cristo, puede estar seguro de que será perdonado. Y debe de ser perdonado, porque la sangre de Cristo se derramó por esa persona. Pero a veces somos prontos para juzgar, solamente para no perdonar. Quizás tú no hayas cometido el adulterio físico, pero yo no sé cómo están nuestros corazones, y eso es peor aún.
La institución del matrimonio es de Dios. Él la creó para mostrar Su evangelio. Él es fiel con ella, aunque ella no lo es siempre. Pero Cristo nunca abandonará a Su iglesia. Y esa es la razón por la que no debemos divorciarnos: porque Cristo perdona a Su iglesia aun cuando comete adulterio con otros ídolos, aun cuando le rechazamos con nuestro pecado. Cristo es fiel con ella. Cristo nunca abandonará a Su esposa; Él siempre será fiel a Su pacto. Y esa es la razón por la que no deberíamos divorciarnos: tenemos que ser fieles a ese pacto, como Cristo lo es. Cristo perdonará a Su iglesia, y la santificará, pura y sin mancha. Por lo tanto, no nos debemos divorciar. Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.
Y me duele en el corazón, porque vemos divorcios, y vemos cómo se destruyen familias, porque no le dan la importancia a la santidad que representa el matrimonio, y queremos tomarlo a la ligera. Es una cuestión del corazón. ¿Qué hay en tu corazón? Busquemos la santidad y la pureza de nuestros corazones. Vengamos a los pies de Cristo todo el tiempo.
Conclusión: Filipenses 1
Y en la mañana, mi hermano Roberto nos hablaba de un versículo que era en Filipenses 1, del 3 al 8, y lo voy a leer nuevamente: "Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de ustedes" —hagan de cuenta que yo lo escribí—, "pido siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos ustedes, por su participación por el evangelio desde el primer día hasta ahora; estoy convencido precisamente de esto: que Él comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. Es justo que yo sienta esto acerca de todos ustedes, porque los llevo en el corazón, pues tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio, todos ustedes son participantes conmigo de la gracia. Porque Dios me es testigo de cuánto los añoro a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús".
Que Dios bendiga Su Palabra, y busquemos la integridad de nuestro corazón, la pureza de nuestro corazón y la santidad de nuestro corazón.
Oración
Gracias, Dios, por Tu hermosa Palabra. Gracias, Dios, por Tu hermosa iglesia. Perdónanos, Dios, porque somos infieles. Perdónanos, Dios, porque a veces no amamos. Bendice Tu Palabra, Dios. Gracias, Jesús, por Tu sacrificio en la cruz. Gracias. Vamos a cantar…
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