Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Mateo 5:1-11MateoRoberto Reyes

Serie: Sermón del monte

Transcripción

Introducción

Los niños vayan a sus clases, hermanos. Dios les bendiga a todos los niños. Y bueno, pues vamos a continuar, hermanos, con este primer estudio, del que ya nuestro hermano Jonathan nos anticipó un poquito qué es lo que vamos a estar haciendo las próximas semanas. Y efectivamente, vamos a estar estudiando el Sermón del Monte, el capítulo 5. Y hoy ya tuvimos un muy buen inicio también, a cargo de nuestro hermano Sergio. Dio una muy buena introducción, con esos dos versículos que nos compartió en esta mañana, hermanos. Y bueno, pues gracias a Dios por todas las formas en como Dios prepara la iglesia, nos ayuda, nos da lo que necesitamos cada vez. Y bueno, eso es solo por la gracia de Dios.

Nathan, pues, no está descansando de predicar, hermanos. Realmente creo que él nunca se cansa de predicar: si no está predicando aquí, está predicando allí abajo; está predicando ahorita en Pinotepa Nacional. Imagínense qué bendición, con nuestro hermano Marcus, allá en Oaxaca. Están... fíjense, su conferencia es de familias que adoran, ¿verdad? Familias que adoran. Pareciera ser algo, pues, muy común, pero la realidad es que no, hermanos. No es tan común que las familias se tomen un tiempo para adorar al Señor a través de una lectura, de un devocional, de un estudio, de un tiempo de oración. Pareciera que como cristianos tenemos ese hábito, pero la realidad es que a veces no se tiene. Entonces, qué bendición. Que Dios bendiga a nuestro pastor Nathan, y al pastor Marcus también, allí en Oaxaca; sean de gran bendición, hermanos, para todas estas personas que estarán escuchándolos.

Y bueno, pues, por periodos prolongados... bueno, periodos prolongados en que no tenemos la oportunidad de estar aquí. Y la verdad, hermanos, es que sí perdemos un poquito la facilidad, si se le puede llamar así; es obra del Espíritu Santo, sin duda alguna. Pero la verdad es que el nervio que siempre se siente al estar aquí, pues, es para la gloria de Dios. Entonces, es un gran compromiso estar aquí después de varios meses. Desde junio del año pasado, finales de mayo, que el pastor Nathan inició la primera carta a los Corintios, y terminó la semana pasada. Imagínense: un poquito más de un año. Pero bueno, estamos en manos de Dios.

El gran predicador

Y ahora, él vino predicando 1 Corintios, la carta del apóstol Pablo, y sabemos quién fue Pablo. Pero este pasaje, hermanos, es el sermón de Jesús. Entonces, imagínense: el gran predicador, Jesús, el Señor. Y pues no es cualquier cosa, hermanos. Entonces, pues, gracias también, Jorge, por la oración. Y hoy, pues, como les digo, durante los próximos domingos estaremos estudiando los capítulos 5, 6 y 7 del evangelio de Mateo. Lean, hermanos, el principio de Mateo: el Sermón del Monte, las bienaventuranzas.

Y la verdad es que Mateo registra con detalles, a diferencia de Lucas, el evangelio de Lucas, en el que también está una porción más resumida de este acontecimiento tan importante. En Mateo vemos cómo el Señor, viendo la gran multitud, como leíamos en la mañana, sube al monte para dar Su mensaje. Y aparentemente, pues, lo hace para que pudiera ser escuchado con mayor facilidad por Sus discípulos y por toda la audiencia que le seguía. Era mucha gente. Recordemos que para el inicio del ministerio de Jesús, pues, tenía ya muchos seguidores, porque la Palabra de Dios registra y dice que hablaba como quien tiene autoridad, ¿verdad? Jesús, la autoridad máxima, el exponente de la propia Palabra que está registrada, y que tenemos la bendición de tenerla aquí escrita en la Biblia.

Los montes en la historia bíblica

Y este gran discurso que Jesús dio hace más de 2000 años, hermanos, pues no pierde vigencia, no pierde poder, no pierde efectividad. Y se da en un monte con una hermosa vista hacia el mar de Galilea, donde el Salvador traería el cielo a la tierra sobre esta montaña. Y no es ninguna casualidad que Dios, a lo largo de la historia bíblica, pues, tiene esta relación entre los montes altos, las montañas, para recibir revelaciones importantes y muy valiosas de parte de Dios para Sus siervos.

Y recordemos, por ejemplo, que el Señor ordenó a Abraham... ¿En dónde le ordenó llevar a sacrificar a su hijo? En el monte Moriah, ¿verdad?, en Génesis 22. Y ahí es donde le mostró el poder intercesor del Mesías, en una ilustración ahí hermosa que podemos encontrar en este capítulo de Génesis. Posteriormente, el monte Sinaí. ¿Qué ocurrió en el monte Sinaí, hermanos? Moisés recibió las tablas de la ley, con los 10 mandamientos, las instrucciones y ordenanzas acerca del tabernáculo, y las instrucciones y enseñanzas para Su pueblo; Éxodo 34 es uno de los pasajes que se menciona. Y luego, en el monte Carmelo. ¿Qué recordamos del monte Carmelo? Si se acuerdan, Dios mostró Su gran poder cuando, por mano de Su profeta Elías, hizo descender fuego del cielo, consumiendo los altares y ridiculizando a los profetas de Baal, ¿verdad? También ahí lo encontramos, en 1 Reyes 18:25 al 40.

Entonces, en cada uno de estos eventos majestuosos, sublimes, pues, estas montañas, estos montes, actuaron como un puente, les digo, acercando los cielos a la tierra: eventos que están registrados aquí en la Palabra, eventos muy importantes, hermanos. Y a diferencia de cuando Moisés recibió los 10 mandamientos que le entregó el Señor, ahora, en lugar de dar una lista de "no harás ciertas cosas", Jesús, en esta lista que encontramos en el evangelio de Mateo, capítulo 5, ahora menciona los conceptos en los que debemos convertirnos, que debemos atesorar, que debemos llevar a la práctica cada día.

Y menciono esto porque más adelante, en este mismo capítulo, en el versículo 17... ¿Ya tienen ubicado ahí el capítulo 5, hermanos, de Mateo? Pues el 17 dice: "No piensen que he venido para abrogar" —para invalidar o revocar— "la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir". No se contraponen el Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento; no se contraponen los 10 mandamientos contra, en este caso, las ocho afirmaciones de las bienaventuranzas que Jesús estará compartiendo a Su pueblo.

La parte mejor conocida y menos obedecida

Y frente a toda esta multitud está un Hombre que cambió radicalmente la forma de ver las cosas de este mundo, no solamente con Sus palabras, sino con Su propia vida, así como sabemos la historia de nuestro Señor. En el libro de este escritor y hermano, John Stott, precisamente su libro del Sermón del Monte, él dice que es la parte mejor conocida de las enseñanzas de Jesús, aunque se puede argumentar que es de las menos entendidas, y en verdad, dice, la menos obedecida. Entonces, para que estemos reflexionando en estos próximos domingos. Porque este sermón, hermanos, está dirigido específicamente, ¿a quiénes? A Sus discípulos, a los discípulos, a la gente que le seguía; así como nosotros, que le conocemos, le seguimos, le servimos y nos esforzamos por obedecerle. Entonces, a nosotros está dirigido el Sermón del Monte.

Lectura: Mateo 5:1-11

Pero vamos a leerlo, hermanos. Vamos a leer Mateo capítulo 5, versículos 1 al 11. Y dice la Palabra de Dios, el Sermón del Monte, las bienaventuranzas, versículo primero, capítulo 5 de Mateo: "Viendo Jesús la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a Él Sus discípulos. Y abriendo Su boca, les enseñaba, diciendo: 'Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados sois cuando por Mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra ustedes, mintiendo'".

Oración

Permítanme orar. Señor Dios, gracias, Padre, por este día hermoso que Tú nos permites, Señor. Nos das la salud, la vida, Señor; nos das la oportunidad de reunirnos en Tu nombre, de hacer memoria de Ti, Señor. Gracias por cada uno de mis hermanos que se preparan, que están estudiando Tu Palabra, que tienen un deseo de servirte a Ti sirviendo a Tu iglesia, Señor; que nos dan mucha información importante, relevante, que a veces habíamos olvidado, perdido de vista, Señor, o no la habíamos entendido con esta claridad. Te agradezco, Padre, por la forma en como Tú, Señor, te gozas y deleitas, Señor, con Tu iglesia, con Tus iglesias, Señor, en todo lugar donde se invoca Tu nombre, donde se expone Tu Palabra, Señor, fielmente, apegado a lo que está escrito aquí en ella, Señor. Y buscamos siempre, Dios, exaltar Tu nombre, darte la honra y la gloria a Ti, Señor, y rogándote que nos des entendimiento, comprensión, y nos ayudes a atesorar todo lo bueno, Señor, que contiene Tu Palabra; que nos ayudes a poner por obra y a practicar cada día, Señor, el contenido de Tu Escritura.

Dios, bendice en este momento mi mensaje, lo que yo tengo para compartir con mis hermanos. Y gracias por la enseñanza que me has dado a mí en primer lugar, Señor, porque sin duda soy el primero que debo corregir, que debo redireccionar muchas de las cosas que me has permitido hacer en este lugar. Y busco, Señor, que de igual forma sigas mostrando Tu misericordia en mi vida, en la vida de mis hermanos, y nos sigas enseñando, Dios, porque mientras estemos en este mundo estaremos aprendiendo cada vez, Señor. En Tus manos pongo este mensaje, y los próximos mensajes de mis hermanos también, hasta concluir el Sermón del Monte y las bienaventuranzas. En el nombre de Tu Hijo amado, Jesús, te pedimos esto, Señor. Amén.

Un estado de bendición que ya existe

Bien, hermanos. Pues en este capítulo 5 del evangelio de Mateo encontramos el Sermón del Monte, que comienza con ocho declaraciones que ya vimos, con el adjetivo de "bienaventurados". Y lo interesante, hermanos, es que en esta palabra, "bienaventurados", ya lo dijo también Sergio, en este caso Jesús muestra un estado de bendición que ya existe. Y este es uno de los puntos principales, hermanos, para que podamos ver, de aquí en los próximos mensajes... no como una lista que Jesús hace de personas a las cuales Él está dirigiendo específicamente Sus afirmaciones. A veces vemos este pasaje, estos ocho versículos, como que está haciendo referencia a personas de otro tiempo, de otro lugar, a personas ajenas a nosotros, a personas... Jesús sabe a quién está refiriéndose, pero nunca para nosotros. Como que parecieran inalcanzables todas estas cosas para que yo pudiera ser parte de estas bendiciones.

Y ese es uno de los problemas principales que tenemos como cristianos: que cuando vemos, pues, eventos o escritura como esta, pensamos: "No, pues está hablando de Sus siervos de aquel tiempo, o de los pastores que tanto se preparan, de otros lugares, o de personas, o misioneros", etcétera. Pero está hablando de nosotros, hermanos. Está dirigiéndose a Su pueblo, que le conoce, que le busca, que se esfuerza en adorarle a través de su propia vida y de muchas formas. Entonces, pensamos que este grupo, por lo general, son considerados como afligidos, pues porque está diciendo: a los pobres de espíritu, a los que lloran, a los mansos, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los de limpio corazón, los pacificadores, los que padecen persecución. A ellos se está refiriendo, y somos nosotros, hermanos. Somos nosotros. Y somos, y seremos, muy bendecidos si atesoramos este mensaje para nosotros.

Declaraciones de la gracia de Dios

Ahora, aquí vemos un primer punto interesante de este gran sermón de Jesús: que los bendecidos no tienen nada que hacer para obtener esta bendición. Es decir, Jesús simplemente afirma que ellos ya han sido bendecidos, porque dan evidencia de algunas de estas cualidades que menciona en cada una de las ocho afirmaciones. Y me refiero a que no tienen que hacer nada específicamente porque, al igual que la salvación... Y esto no tiene que ver nada con la salvación, necesariamente. No son condiciones para asegurar nuestra salvación, para mantener nuestra salvación o para alcanzar la salvación. Debemos considerar estas afirmaciones de Jesús en tiempo presente, y no en futuro. Pues las bienaventuranzas no son inalcanzables, como ya les dije, y son, primero que todo, declaraciones de la gracia de Dios; únicamente gracia de Dios. No son condiciones, les repito, para la salvación, o acciones u obras para ganar la entrada al reino de Dios, sino bendiciones que Dios quiere que ya disfrutemos desde ahora. Eso es lo que... y a veces nos estamos perdiendo de todas estas cosas.

Como sabemos, bienaventurado... Fíjense que Sergio utilizó otras expresiones diferentes, porque realmente bienaventurado significa un nivel superior de alegría, de gran felicidad real, de dicha, que solo se tiene conociendo a Jesús, caminando con Él, atendiendo Su Palabra, y de la mano de Su iglesia, sirviendo juntos. Este tipo de dicha, de bienaventuranza, se obtiene de la mano del Señor únicamente. Podremos tener alegrías temporales que el mundo ofrece; sí, y no son malas del todo, pero es eso: temporales. Se van a acabar en algún momento. Y la dicha de ser bienaventurado, por boca de nuestro Señor, por Su gracia, eso es lo que permanece, y permanecerá en esta vida hasta que el Señor nos llame. Y seguiremos deleitándonos de la bienaventuranza que Dios hizo posible.

Bienaventurados los pobres en espíritu

Entonces, con esto en mente, hermanos, vamos a ver algunas características, implicaciones, de las ocho afirmaciones bienaventuradas que Jesús mencionó. La primera que tenemos, versículo 3, dice: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos". Y ahí es donde empieza nuestra primera confusión, ¿verdad? "Pobres de espíritu": creemos que eso es malo. "No, pues yo no soy pobre de espíritu". Bueno, si sabemos a qué se refiere, estamos diciendo algo cierto. Los pobres en espíritu son aquellos que se sumergen a sí mismos en la gracia de Dios. Porque el espíritu que tenemos nosotros, sin la intervención divina del Señor, pues aquí se va a quedar; va a apagarse, va a entristecerse, va a desanimarse todo el tiempo.

Entonces, los pobres de espíritu son aquellos que se sumergen a sí mismos en la gracia de Dios, que reconocen de forma personal su estado de miseria espiritual delante de Él, de la misma forma en que el recaudador de impuestos en el templo, golpeando su pecho, decía: "Dios, ten piedad de mí, pecador", de Lucas 18. Esta es una confesión honesta de que, efectivamente, todos nosotros también somos pecadores, plenamente carentes de las virtudes morales necesarias para agradar a Dios, ¿verdad? Porque no hay bueno, ni aun uno. Todos pecamos, todos nos desviamos, todos hicimos lo malo; todos tenemos culpa. "Pero ten piedad de mí, pecador". Esa es la pobreza espiritual a la que hace referencia, y que es lo opuesto a la arrogancia, que también se ha mencionado esta mañana. La arrogancia es lo opuesto completamente. Si entendemos el concepto de arrogante, pues entendemos que el opuesto es pobreza de espíritu. Necesitamos, necesitamos la llenura del Espíritu de Dios.

Entonces, pobre de espíritu significa reconocer nuestra necesidad desesperada de Dios. Y Jesús está declarando que es una bendición reconocer nuestra pobreza espiritual y la necesidad de ser llenos de esta gracia, la gracia que viene de Él. Por tanto, el sermón destruye una idea errónea que ha engañado desde siempre a la humanidad: de que nosotros mismos somos capaces de obtener un estado de bienaventuranza por nuestra propia cuenta.

Y ahí es donde estamos también cayendo y tropezando constantemente nosotros mismos: el ego, y la arrogancia, y la autosuficiencia. Y eso es lo que no nos va a permitir disfrutar de la llenura del Espíritu de nuestro Señor. El sermón busca producir en nosotros una pobreza genuina de espíritu. ¿Para qué, hermanos? Para apresurarnos, entonces, a buscar a Aquel que puede llenar esta necesidad, y solo es a través de nuestro Señor Jesús. ¿Sí? Entonces, ojalá que seamos pobres de espíritu, para tener esa necesidad inmediata, constante, esa necesidad de buscar a nuestro Señor y la obra que hace en nosotros.

Bienaventurados los que lloran

Bienaventurados, número dos. Versículo 4: "Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación". Siempre, hermanos, el tema del llanto, de llorar... pues, aunque a veces se llora de alegría, sí, es cierto, pero la mayoría de las veces es por tristeza, por decepción, por coraje, por desilusión, por frustración, por todos los sentimientos que a veces nos llevan a un estado depresivo, de tristeza, de llanto. ¿No lo vemos negativo? Esta segunda bienaventuranza se desarrolla sobre nuestra pobreza espiritual. Ya dijimos cuál es la pobreza espiritual: la necesidad de buscar la llenura del Espíritu. Pero agregando una respuesta emocional de tristeza, ¿sí? Y sucede al enfrentar la perversidad de nuestra propia vida, que nos entristece al continuar en pecado. La tierra gime, ¿verdad?, dice la Palabra de Dios; sufre, llora, hasta que todas las cosas se establezcan por obra de Dios, y todo esto termine.

Entonces, esta tristeza nos debe llevar a reconocer nuestro pecado cada día, hermanos. Y sí nos debiera hacer llorar si no hemos logrado cambiar aquellos hábitos, costumbres, tan arraigados que tenemos del pecado. Nos debe llevar a llorar. Bienaventurados los que lloran en este sentido, porque recibirán consolación de cualquier forma, hermanos. Cuando nos entristecemos honestamente por las malas palabras, por las malas actitudes, acciones que vienen desde nuestro corazón, desde nuestra boca, que es pecado en sí, Dios ve nuestra aflicción y nos consuela con el conocimiento de que no siempre serán así las cosas. Y descansamos en eso, porque dice Apocalipsis 7:17 que Dios enjugará toda lágrima de vuestros ojos, ¿verdad? Dios nos dará ese consuelo finalmente.

En tanto, esforcémonos por cambiar todas estas cosas. Por eso les decía que tenemos que ver en primera persona estas promesas, estas afirmaciones que Dios está mencionando aquí a toda esta audiencia, a todos nosotros, a Sus discípulos en esa montaña frente al mar de Galilea. Imagínense, hermanos, ese escenario hermoso: con el mar, una montaña alta, y ahí escuchando al Señor con toda la quietud, sentado. Dice que, sentándose, abrió Su boca, diciendo, ¿verdad? Entonces, Dios nos dará esta bendición; nos da esta bendición aún en este tiempo. Cuando traemos tristeza a nuestro corazón por causa de un arrepentimiento genuino, recibimos consolación desde ya por parte de nuestro Señor.

Bienaventurados los mansos

La tercera bienaventuranza, del versículo 5, dice: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad". Los mansos. Esta tercera bienaventuranza deja perplejas, o muy confundidas, a las personas. ¿Por qué? En parte, porque no entienden qué significa ser humilde o manso. A veces se toma como que es ser lento, o hasta torpe, el ser manso. Bueno, y aquí es donde muchos fallamos también, porque suponemos que el término significa también débil, o falto de valor, como cobarde. Y la realidad es que nada tienen que ver todos estos adjetivos con la humildad y mansedumbre. La perspectiva bíblica de humildad es poder bajo control. Cualquier poder bajo control.

Y en el Antiguo Testamento, hermanos, Moisés fue descrito como el hombre más humilde de la tierra, en Números 12:3. ¿Y quién más se describió a sí mismo así? Jesús, ¿verdad? Es una de las más breves descripciones que Él hace de sí mismo: Jesús se describe a sí mismo como manso y humilde de corazón, en Mateo 11:28 y 29. Manso y humilde de corazón. Aunque esta afirmación no contradice Su acción valiente al limpiar el templo, ¿verdad?, al volcar las mesas, al correr a la gente con chicote, y decirles: "Mi casa será llamada casa de oración". Ni tampoco contradice el enfrentar cara a cara a todo aquel que lo cuestionaba y trataba de amenazar, ¿verdad? El Señor mostraba ese poder, esa valentía, esa autoridad con la que Él siempre se dirigía.

Entonces, mansedumbre y templanza, realmente, es lo que falta en este mundo violento y hostil, ¿cierto? ¿No? Imagínense, hermanos, antes de continuar: si todas estas cosas se pusieran por obra, realmente, pues, no habría todo lo que están diciendo los noticieros cada día, del motivo por el cual los matrimonios, las familias, se destruyen, se dividen. Vamos a ir avanzando, y ojalá que podamos ir aterrizando cada una de estas bienaventuranzas a las situaciones en las cuales estamos batallando hasta el día de hoy, en nuestras propias vidas, en nuestras familias, en nuestro entorno.

Entonces, este poder bajo control: dice el Señor que necesitamos ser los mansos y humildes, como dice el versículo, "porque ellos recibirán la tierra por heredad". Ellos recibirán la tierra por heredad. Y también el corazón de siervo es el punto crucial del aspecto de la humildad. Corazón de siervo es el aspecto crucial de la humildad. Y el Salmo 37, hermanos, versículo 1, comienza: que no te irrites a causa de los malhechores. Y el versículo 11 dice: "Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz". Otra afirmación, desde la antigüedad también, donde hace referencia a heredar la tierra, como Jesús promete y afirma en esta bienaventuranza número tres, del versículo 5.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia

Vamos a la número cuatro, que es el versículo 6 de Mateo 5: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados". Hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Y entender esta cuarta bienaventuranza nos lleva a buscar lo que Jesús quiso decir con la palabra justicia. Quiere llevarnos a mitigar la injusticia, de la misma forma en que mitigamos el hambre con alimento y la sed con el agua. Así, la injusticia de este mundo: mitigarla, siendo acciones que lleven a exaltar la gracia y la justicia de Dios. Entonces, los justos son aquellos que mantienen relaciones correctas.

Yo creo que todos, pues, o todos los que trabajamos, principalmente, nos hemos visto inmersos en situaciones en las cuales se compromete nuestro testimonio, cada quien en las diferentes profesiones o actividades que realiza en su trabajo. Todo el tiempo estamos siendo expuestos, ¿no? Si son contadores: "Pues mira, aquí se le puede hacer de esta manera, y podemos evadir, y podemos ganar, y podemos hacer". Y ahí es donde tenemos este gran reto de poder hacer la diferencia, ¿no? Estas últimas tres semanas, hermanos, yo, que trabajo en una escuela preparatoria, donde concluimos un semestre, y cada vez es más insistente, y es más común, el tema de la corrupción, pues por calificaciones, por ejemplo. Eso se da, creo, en todas las escuelas. Entonces, ahí es donde se hace la diferencia, y se toma ese reto, y hay oportunidad para hablar y decir lo que es correcto delante de Dios.

Solo con la obra de la gracia de Dios tendremos hambre y sed de relaciones correctas: de relacionarnos con las personas, y ser de testimonio, y dar oportunidad a la enseñanza de la Palabra de Dios. Entonces, estas relaciones correctas no solo con Dios, o entre nosotros, sino con todas aquellas personas cercanas a nosotros. Siempre habrá oportunidad de dar… de la obra que Dios ha hecho con nosotros. Jesús dice que el apetito de aquellos que tienen esta hambre y sed de justicia será saciado. Siempre será muy fácil ver lo malo, pero desear solucionarlo será una forma de mostrar hambre y sed de justicia: al desear que lo malo pueda corregirse.

Y si está en nuestras manos, si está en nuestro campo poder hacerlo, pues hay que hacerlo, hermanos, en todos los aspectos y en cualquier circunstancia.

Bienaventurados los misericordiosos

El versículo 7, esta quinta bienaventuranza: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". Entonces, hermano, si somos bendecidos con el dolor por nuestras propias fallas, y lloramos, de acuerdo a la segunda bienaventuranza, y con relaciones correctas, de acuerdo a la cuarta bienaventuranza, pues no tendría que sernos muy difícil ser misericordiosos, ¿sí? La misericordia consiste en tratar a las personas mejor de lo que merecen. Y todo el capítulo... bueno, los varios capítulos que nuestro pastor Nathan nos compartió a lo largo de 1 Corintios enfatizaban en esto, ¿verdad?, porque es una línea tan delgada, en donde estamos incurriendo en las faltas: una falta de amor, una falta de comprensión, una falta de misericordia, incluso entre nosotros mismos.

El perdón es una clase de misericordia, igual que ayudar a alguien que no lo merece, o a quien no tenemos obligación de ayudar. La misericordia, en todos estos sentidos, es la esencia de la encarnación, muerte y resurrección de nuestro Señor. En todo ello podemos ver la misericordia, pues a través de Jesús nuestros pecados son perdonados. Si somos misericordiosos, podemos entender entonces la misericordia de parte de Dios. 1 Corintios 12 precisamente habló específicamente de este tema.

Ahora, hermanos, hay varias formas de mostrar y practicar la misericordia. No todo es el apapacho, no todo es el confortarlos, el acercarse. Ajá. Hay varias formas de practicar la misericordia a nuestro prójimo. Implica, sí, efectivamente, practicar la empatía, el perdón, ser solidarios, escuchar y acompañar ante situaciones difíciles, y actuar con justicia. Estas acciones reflejan la esencia de nuestra fe cristiana. Asimismo, hacerle saber los errores al prójimo y ayudarlo a corregirlos también son muestras de misericordia. Y eso ocurre mayormente aquí, en la iglesia, o en la familia cercana, ¿verdad? ¿Qué problema ocurrió? ¿Qué pecado se cometió? Vamos a restaurar, vamos a ayudar.

Fieles son las heridas del que ama

En Proverbios 27 se dice: "Fieles son las heridas del que ama". Y siempre que leo ese versículo me acuerdo de nuestro hermano Paco, porque, si recordarán, en el legado de Paco, que se llama el video, el hermano Paco explicó muy bien este pasaje. Él comentó que, así como el médico tiene que abrir y cortar la carne de manera dolorosa para extraer el mal y la enfermedad, así el misericordioso debe hablar la verdad al hermano que está en error, para mostrarle este error y ayudarlo a restaurarse. Tiene que haber dolor, tiene que haber esa cercanía para ayudar a restaurar; no para criticar, sino para ayudar a restaurar. Aunque no a todos les agrada; no todos lo reciben con este mismo sentir. Al contrario: hay rechazo, a veces hay ataque, hay tristeza, hay dolor, y hay una serie de sentimientos negativos. Pero también de esta manera se muestra la misericordia de parte de Dios.

Gálatas 6:9 y 10 dice: "No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos". Versículo 10: "Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente...". ¿A quiénes? "...a los de la familia de la fe". Ahí tenemos una mayor responsabilidad, hermanos, porque hablamos el mismo idioma, y porque hay ese deseo también de saber de quién viene la gracia, la bondad y la misericordia: de parte de nuestro Señor.

Bienaventurados los de limpio corazón

El versículo 8, número seis de las bienaventuranzas: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios". Y esta sexta bienaventuranza nos lleva a repasar el Salmo 24:3 al 5, y es un canto que también tenemos aquí en la iglesia: "¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién podrá estar en Su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro", ¿verdad?, "el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño. Ese recibirá bendición del Señor, y justicia del Dios de su salvación". Manos limpias y corazón puro, como dice; "porque ellos verán a Dios", dice el versículo.

Y pues hablamos también, en este sentido, de la integridad: manos limpias, corazón puro. Pero la integridad va mucho más allá de evitar el engaño o un mal comportamiento de nosotros. La raíz de la integridad es ser de una sola pieza, y no ser de doble ánimo, como la Biblia lo menciona. Jesús pronuncia la bendición de ser puro de corazón no inmediatamente después de la bendición del hambre de justicia, sino después de mostrar misericordia. Va de la mano, hermanos: va acompañada la misericordia de la integridad, pues estas dos tienen mucha relación entre sí. La pureza de corazón no surge de la perfección de nuestra voluntad, sino de la obra única y divina de la preciosa gracia y obra transformadora de nuestro Dios. Todo lo bueno proviene de Él; nada hay bueno en nosotros, ¿sí? Entonces: manos limpias y corazón puro, un corazón misericordioso, para heredar el reino de Dios. Y está fuertemente enlazada una de la otra, hermanos.

Bienaventurados los pacificadores

Y la siguiente bienaventuranza, del versículo 9, es la número siete: "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios". Hermanos, esta bienaventuranza lleva a todos los cristianos a la tarea de la resolución de conflictos, ante cualquier circunstancia, cualquier situación, sea grave o no sea grave, cualquier conflicto. Todos estos, sabemos, surgen cuando las personas tienen diferencias de opinión. Y nuevamente, en un mundo caído, se tiende a ignorar el conflicto, o suprimirlo usando la fuerza, la amenaza o intimidación, o la violencia y la agresión. No en el reino de Dios. Una bendición muy grande es unir a las personas que tienen fuertes diferencias. Eso también lo vemos mucho aquí en nuestra iglesia, y en todas las iglesias del Señor.

Y en todo momento, hermanos, usamos el consejo de Jesús precisamente para resolver estos conflictos, de Mateo... ¿qué? Mateo 18, ¿verdad?, específicamente del 15 al 17. Quiero recordárselo, que dice: "Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano". Versículo 16: "Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o más testigos conste toda palabra". Versículo 17: "Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano". Y se practica la disciplina, y se procede en la gracia de Dios y en la misericordia de Dios, si el hermano así lo quiere, lo permite y lo acepta: la disciplina, la restauración, que siempre es el propósito, el ser restaurado, cuando hay esa voluntad y esa disposición del hermano que ha caído en algún tipo de pecado, y que ya se puso en práctica este Mateo 18:1 al 17, ¿sí?

El resultado de la resolución de conflictos es la paz, y los pacificadores serán llamados hijos de Dios. Dios es el Dios de paz, 1 Tesalonicenses 5:16, y mostramos que somos Sus hijos cuando buscamos la paz en cualquier lugar y circunstancia. Creo que para practicar el ser pacificador, pues, hay muchas oportunidades, y la más común es desde la casa, ¿verdad?, cuando las cosas no están saliendo como esperamos. Y ahí tenemos que practicar la paz del Señor. Cuando salimos y manejamos: creo que en el tema de la conducción y del tráfico, ahí tenemos que poner muy presente el tema de ser pacificadores. Más en nuestra Ciudad de México, porque ahí también se pierde con mucha facilidad la tolerancia, la paciencia, y nos olvidamos de que somos cristianos, a veces. Pero bueno, ahí son las oportunidades, pues, de practicarla. Realmente se debe poner en temas específicos, donde en todo momento el Señor debe ser exaltado, y reconocemos: "Señor, perdóname, porque por poco resbalan mis pies", como dice el salmista, ¿no?

Entonces, la número ocho, hermanos, y última, el versículo 10.

Bienaventurados los que padecen persecución

"Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos". Esta octava y última bienaventuranza pudiera sonar negativa. Pues hasta este punto, hermanos, si lo han notado, las bienaventuranzas se han centrado en la pobreza de espíritu, la humildad, las relaciones correctas, la misericordia, pureza de corazón y construcción de paz; aparentemente, todas cualidades positivas. Pero Jesús incluye la posibilidad de persecución por causa de la justicia. Y esta surge de las siete anteriores, porque las fuerzas que se oponen a lo que Dios desea, y nos instruye a seguir, todavía tienen gran poder en este mundo caído.

Y esto no es ninguna novedad, ¿verdad? Cuántas veces hemos dicho, o hemos escuchado, principalmente a los nuevos creyentes: "Creo que me iba mejor antes de ser cristiano. Creo que no tenía tantos problemas como ahora que me acerqué a la iglesia cristiana; ahora veo más problemas". Porque, efectivamente, el esforzarse, en la gracia de Dios, por hacer y llevar a cabo estas afirmaciones que Jesús nos anima a seguir, pues nos va a acarrear innumerables problemas. Ya no vamos a encajar en la inercia de este mundo, de lo que les decía: si en el trabajo había hábito de robar, de caer en algún tipo de corrupción, de ceder, de hacernos los que no vimos, y había esta tendencia, ya no podemos seguir haciendo esto. Habrá enemistad, habrá señalamiento, habrá acusación. Y Jesús lo menciona de esta manera: está hablando de la bendición de ser perseguidos, ahora, por hacer el bien.

Pero, ¿por qué seríamos perseguidos por causa de la justicia? Pues la realidad es que, si demostramos justicia genuina, pues muchos nos van a rechazar; vamos a ser mal vistos, ¿no? Jesús profundiza la idea señalando que los profetas, así como Él, que habían anunciado el reino de Dios, fueron perseguidos. Y Jesús complementa esta idea en el versículo 11 de Mateo 5: "Bienaventurados son cuando por Mi causa los vituperen" —es decir, los difamen, los denigren, los critiquen, los censuren—, y dice también: "y los persigan, y digan toda clase de mal contra ustedes". Y no solamente eso, sino "mintiendo": con calumnias, con mentiras, con todo lo que también sabemos que sucede en muchos entornos. En el laboral, creo, es uno de los más comunes, o en los familiares también.

El apóstol Pedro escribe en su primera carta, 1 Pedro, en el capítulo 3, información que va de la mano con lo que estamos aquí comentando. En los versículos 11 y 12 de 1 Pedro 3 hay algunos consejos, recomendaciones, para llevarlos a la práctica y considerarlos con mucha seriedad. Dice: "Apártense del mal y haga el bien; busque la paz y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y Sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal". Eso debe animarnos, hermanos: Sus ojos están sobre los justos, Sus oídos atentos a las oraciones, pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. Entonces, bienaventurados, dice. Si por causa del Señor somos perseguidos, somos criticados, somos rechazados, somos discriminados —hoy en día, esas palabras tan de moda—, relegados, somos bienaventurados, hermanos, porque estamos haciendo lo correcto, estamos haciendo la voluntad de Dios, estamos haciendo lo que a Dios le agrada, estamos glorificando Su nombre con nuestra propia vida.

Conclusión: la casa sobre la roca

Y bueno, y concluimos esta parte de la porción de la Palabra con algunas consideraciones y afirmaciones importantes. Las palabras de Jesús en este sermón son tan importantes en la actualidad como lo eran cuando Jesús las pronunció. Imagínense cómo descendió toda esta gente: pues seguramente confundidos, porque nada de esto encajaba con lo que estaban acostumbrados a hacer, o a ver que la gente hacía. ¿Cómo se resuelven los problemas hoy en día? Lo sabemos, ¿verdad? La gente está acostumbrada a resolver sus problemas de cierta manera, fuera de la voluntad de Dios.

Y dice Jesús algo muy importante, que más adelante vamos a estudiar; algún otro hermano va a compartirnos esto. Dice, en Mateo 7:24: "Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace" —las escucha y las hace—, "le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió la lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca". Vendrán batallas, hermanos; vendrán luchas, vendrán pruebas, vendrá oposición, desánimo. Pero estemos bien cimentados para soportar todo ello con el poder del Espíritu de Dios. Seamos pobres de espíritu, para que la llenura del Espíritu de Dios nos alcance, nos fortalezca, nos llene.

Aprendemos hasta aquí que las enseñanzas de este sermón son la base de nuestra fe y del evangelio de la gracia, ¿verdad? Pero la pregunta es: ¿qué vamos a hacer con todo esto, hermanos? ¿Cómo permitiremos que estas palabras transformadoras de Jesús hagan la obra en nuestras vidas? Les comento que este estudio completo del Sermón del Monte ya lo hemos recibido de nuestro pastor Nathan. Seguramente han escuchado infinidad de mensajes por ahí, predicaciones, estudios; son estudios extensos del Sermón del Monte. Pero tenemos ahora una nueva oportunidad de escucharlo y de atesorarlo, ¿no? Esta es una nueva oportunidad que Dios nos está permitiendo, si lo habíamos ignorado, si no lo habíamos tomado en cuenta, si no lo habíamos comprendido, si ya ni nos acordamos qué dijo Nathan de esto. Bueno, Dios nos da una nueva oportunidad, porque nuevas y mejores son Sus misericordias cada mañana, y esta mañana es una de estas misericordias nuevas que el Señor nos permite.

Una invitación a una vida transformada

La elección realmente sí es nuestra, hermanos. Pero dejémonos gobernar por el Espíritu de nuestro Señor. Esforcémonos, sí, no solo en escuchar, sino en que lo practiquemos; no solo que conozcamos el relato, porque lo podemos leer en un minuto —ya leímos las ocho bienaventuranzas, ¿no?—, sino que lo vivamos, porque ahí es donde está el poder verdaderamente transformador del Sermón del Monte, por boca de Jesús, nuestro Señor. Y por último, aprendemos que el Sermón del Monte no es solo un conjunto de reglas, como les decía, como los 10 mandamientos, o principios morales, sino que es una invitación a llevar una vida transformadora, completamente nueva, renovada por la gracia de Dios. Jesús nos está llamando a un cambio radical de nuestro corazón. Entonces tenemos que meditar en esto, apuntar, hermanos, qué es lo que tenemos que cambiar, porque si no, vamos a continuar en esta inercia; no vamos a avanzar verdaderamente.

Podemos ver claramente que las bienaventuranzas describen el carácter del reino de Dios, y no son condiciones, repito, para nuestra salvación. Porque Jesús no dice que solo los puros de corazón podrán entrar al reino de los cielos, ¿verdad? No dice así. Y estas son buenas noticias. Entendemos que, si no fuera por la gracia de Dios, ninguno seríamos bienaventurados, como podemos decirnos hoy: somos bienaventurados. Y entendemos hasta aquí, y con esto termino, que las bienaventuranzas no son un juicio en contra de todos los que no alcanzamos los estándares divinos, sino que son una bendición para cualquiera que decida unirse al reino de Dios mientras podamos hacerlo, mientras esté cerca; y esforzarnos cada día, hermanos, para atestiguar con nuestra propia vida de la grandeza de nuestro Dios Salvador, y lleno de gracia y misericordia, de Jesús, nuestro Salvador. ¿Estamos de acuerdo en esto, hermanos?

Bueno, pues tendremos muchos, o algunos cuantos, domingos para estar meditando, reflexionando en esto. Y bueno, pues nos quedamos con esto, hermanos, hasta este versículo 11, pidiendo al Señor que nos siga ayudando a ser como Él, que nos siga ayudando a despojarnos de todo este pecado que podamos estar teniendo, un pecado activo, vigente; que nos ayude por Su gracia a vencerlo. Que Dios les bendiga, hermanos, y vamos a estar continuando los próximos domingos. Vamos a entonar un canto para seguir alabando a nuestro Señor. Gracias.

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