Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Mateo 5:8MateoJosué Ortiz

limpios en Él

Transcripción

Saludo y lectura

Los niños pasen a sus clases. Muy bien. Buenos días. ¿Sí se escucha? Sí, ¿verdad? Está prendido. Sí, muy bien. Ahora abrirás, por favor, en el evangelio de Mateo, capítulo 5. Olvidé preguntar qué versión de la Biblia ocupan ustedes. ¿Nueva Biblia de las Américas? Excelente, muy bien. Mateo capítulo 5, y acompáñenme a leer, por favor, del versículo 1 al 8. Yo voy a empezar con el primer versículo, y me gustaría que ustedes leyeran el siguiente, y así sucesivamente, hasta que lleguemos al versículo 8.

Es un placer estar aquí. A Nathan ya lo conocemos, a él, a su familia, de varios años, y lo considero un verdadero amigo. Es un hombre de Dios, es un hombre humilde, es un hombre que ha buscado ser guiado por el Espíritu. Y la verdad es que estamos muy contentos de ver el ministerio de Nathan; es un placer tenerle en nuestra iglesia. Hicimos un intercambio de iglesias; entonces él está por allá ministrando en este momento, en el sur de la Ciudad de México, y nosotros estamos por acá.

Trajimos unos libros, pero trajimos muy poquitos libros; se nos están acabando rápidamente. Así que, si pueden, hagan lo que me pedían en mi librería allá en Gracia: antes, que ustedes lo pidan aquí, y con gusto se los podemos hacer llegar aquí, si alguno no alcanza los libros. Nathan sí se llevó como 150 libros de él; entonces no vamos a tener problema nosotros de allá, porque ahí trajo hasta un carrito y demás. Pero es lo que le pedimos, y estábamos muy impacientes por ya tener su libro en la mano nosotros allá en Gracia Abundante. Pero, de nuevo, trajimos muy poquitos hoy. Si ustedes gustan, pueden tener una orden o pedirnos, y con gusto se los podemos traer después.

Mateo capítulo 5, versículo 1, por favor. Yo voy a empezar; a ustedes me gustaría que en voz alta leyeran el versículo 2, y así sucesivamente. Muchas gracias. Dice la Palabra de Dios: "Cuando Jesús vio a las multitudes, subió al monte; y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a Él". Ustedes, por favor. Gracias. "Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos". Ustedes. "Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra". "Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia". Todos juntos leemos el versículo 8, que vamos a estudiar esta mañana; dice: "Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios".

Oración

Vamos a Dios en oración esta mañana, por favor. Una vez más, algo que a mí me gusta siempre hacer es que cada uno se ponga a cuentas con Dios, pidiendo iluminación, pidiendo guía, porque este libro, a diferencia de un libro de historia o de matemáticas, no se puede entender con la mente humana, sino que tiene que ser entendido a través de la guía del Espíritu Santo. Así que ahí, en tu lugar, pide a Dios sabiduría y entendimiento también, y todos juntos oramos.

Señor, te damos gracias por este tiempo que podemos estar juntos. Te damos gracias por el ministerio de esta iglesia en esta región de la Ciudad de México. Te doy gracias por la manera en la que tú estás obrando, por la manera en la que tú estás abriendo puertas para que esta iglesia pueda seguir ministrando. Y te damos gracias, Padre, por la buena relación que tenemos como iglesias, como hermanos en Cristo, sabiendo que no es la creación de una iglesia, sino que es la creación y la expansión de la iglesia alrededor de todo el mundo. Gracias por estos hermanos que vienen aquí, que toman de la cena, y que alaban, y que cantan, y tienen reflexiones bíblicas, todo para conocerte mejor y conocerte más y expandir tu reino en la tierra.

Pero, Señor, no podemos ser ingenuos en pensar que vamos a entender esta Palabra, y mucho menos aplicarla, si tenemos corazones sucios, corazones que no han tenido un tiempo de confesión real, verdadera. Así que queremos tomar un minuto, y de manera congregacional yo te pido que limpies nuestros corazones y que perdones nuestros males y nuestros pecados que hemos cometido esta semana cada uno de nosotros. Pero eso es individual. Así que cada quien en su lugar: tuvimos unos segundos para ponerse a cuentas con Dios y pedir iluminación.

Sí, una vez más te agradecemos por este tiempo. Ayúdanos, guíanos. Las distracciones de los autos, de los anuncios, de nuestras propias mentes, rápidamente se van en los minutos, y no nos damos cuenta de que ya estamos distraídos. Ayúdanos, Padre, a pelear esto, porque este es un momento espiritual; el estudio de la Palabra es un momento espiritual en el que tú quieres que nosotros atendamos tu llamado. En el nombre de Cristo Jesús ponemos esto en tus manos. Amén.

Atrápame si puedes

En el año 2002, una película salió a la pantalla grande que cautivó a todas las personas que la vieron. El elenco, el director, la película como tal, llamaba mucho la atención. La producción había reclutado a dos de los nombres más populares, más famosos de esa época: Tom Hanks y Leonardo DiCaprio. La película se llama "Atrápame si puedes", y está basada en una historia real. ¿Alguien de aquí vio esta película cuando salió, más o menos? Los dos o tres van a entender la predicación; el resto no la van a poder entender.

La trama se desenvuelve explicando las astutas acciones de un joven que se hace pasar por médico, y abogado, y piloto de avión, profesor de escuela, sin realmente ser nada de eso. Según él, el secreto para que las personas le creyeran —porque le preguntaban: "Oye, ¿cómo hiciste todo eso?"—, el secreto, decía, es actuar con confianza, como con total confianza en lo que estás haciendo, y nadie se va a dar cuenta de tus engaños.

El nombre del joven en la vida real —que ya hoy no es un joven, ya es un adulto mayor— es Frank Abagnale. En la vida real, después de salir preso —porque sí estuvo preso—, se dedicó a corregir, dijo él, el rumbo de su vida. Fundó una consultoría para ayudar a instituciones bancarias a pelear en contra de los falsificadores de cheques, a proteger las instituciones, incluso contra ataques cibernéticos, cuando eso empezó ya a hacerse una realidad más. Después, también se dedica hoy día a dar conferencias empresariales; muy famoso en expos, muchas empresas lo contratan, donde habla de su vida, habla de sus experiencias, de cómo rehuyó él, y por tantos años.

Y en esas pláticas él recuenta de su juventud, y él dice que en su juventud era buscado en más de 26 países alrededor del mundo. Logró escapar del FBI decenas de veces. Se escapó de un avión en movimiento por la taza del baño; imagínense nada más. Escapó de una prisión de alta seguridad en los Estados Unidos. Aseguró que pasó el examen de leyes para ser abogado sin nunca cursar la universidad, y el haber pasado el examen de leyes lo llevó a trabajar para el procurador de justicia del estado de Luisiana, en los Estados Unidos.

Él dice que a los 18 años trabajó como jefe del departamento pediátrico en un hospital durante todo un año, sin saber nada de medicina. Y él explica que se memorizaba los términos médicos y hablaba con confianza a sus subordinados, y que nadie le cuestionaba absolutamente nada. También dice haber falsificado miles de cheques, para haber ganado más de dos millones de dólares, y asegura haber volado más de 3 millones de kilómetros en aviones donde él se hacía pasar por piloto y lo dejaban pasar gratuitamente en ese avión. Pero él explica que ya después de su tiempo en prisión decidió aliarse con el FBI, trabajar para ellos, reconocer sus faltas, aceptar todos sus fraudes, decir toda la verdad y recomponer su vida, y hacer un bien a la sociedad.

Nada de lo que dijo fue real

Bueno, ya ustedes podrían entender por qué esta película se quiere hacer película, y se dirigió por Steven Spielberg; se llevó a la pantalla grande. Cada una de estas afirmaciones se mostraba en esta película de manera magistral. Pero hay un problema muy grave en toda esta historia. Con los reflectores puestos sobre la famosa película en el 2002, y por los actores que actuaron en ella, y por el director que la dirigió, hubo muchísimo escrutinio acerca de la veracidad de cada una de estas afirmaciones que este hombre hacía. Y algo increíble fue descubierto: se descubrió que Frank Abagnale no reconoció todas sus mentiras, ni dijo toda la verdad, y tampoco reveló todos sus fraudes.

¿Qué le había faltado? Bueno, en realidad, todo. Y es que, después de varias investigaciones, se ha revelado que nada de lo que dijo que hizo fue real. Todo es una mentira; todos son exageraciones o simples inventos. Nunca se escapó de una prisión de alta seguridad.

Porque nunca estuvo preso en una prisión de alta seguridad; nunca trabajó en un hospital por un año haciéndose pasar por pediatra, porque no existía esa posición en ese momento; ni mucho menos estuvo en vuelos haciéndose pasar por piloto; ni tampoco pasó el examen de leyes, y nunca trabajó para el procurador de justicia. Nunca hizo nada de lo que dice que hizo. Sí defraudó, y defraudó mucho; y sí falsificó cheques; y sí llegó vestido en alguna ocasión como médico, como abogado. Pero ninguno de sus fraudes llegó tan lejos como él lo quiso hacer ver. Y se hizo pasar por médico unos cuantos días, no un año. En algún momento sí llegó a una escuela para reclutar azafatas, vestido como piloto, para reclutar azafatas. Pero nunca hizo todo lo que dijo que había hecho.

Otra clase de limpieza

El punto es este, iglesia: Frank Abagnale nunca dejó de ser un fraude, porque aun sus confesiones eran fraudulentas, porque lo que confesó ni siquiera había ocurrido. Sus confesiones fueron mentiras, sus historias fueron fraudes, sus verdades no eran verdad. Simplemente quería fama y llamar la atención, para hacerse presentar como una persona capaz de engañar a todos con su inteligencia. Amigos, Frank Abagnale en realidad nunca limpió su nombre; siempre estuvo sucio, aun cuando decía que ya no lo estaba, aun cuando daba conferencias —y las sigue dando, por cierto; están en YouTube, las puedes tú ver—. Él sigue dando conferencias acerca de cómo había corregido su vida. Siempre fue un mentiroso, y perpetuó sus mentiras hasta el día de hoy.

En un sentido similar, hoy vamos a ver acerca de otra clase de limpieza, todavía más importante que la de limpiar tu nombre. Esta limpieza no nada más limpia tu reputación; esta limpieza limpia tu alma. Y vamos a ver que sin esta limpieza nadie podrá ver a Dios. Esta limpieza te abre las puertas del reino, esta limpieza te abre las puertas a una vida feliz, te hace una nueva persona, con nuevos apetitos, y te da una clase de vida que nadie puede obtener de ninguna otra manera.

En nuestra iglesia, en Gracia Abundante, hemos estado estudiando las bienaventuranzas, en lo que yo he denominado "el sermón del siglo", el de Mateo 5, 6 y 7. Y hoy quise compartir con ustedes una de las bienaventuranzas que más recientemente hemos estudiado: es la sexta bienaventuranza. Y quiero que ustedes vean que Dios bendice a sus hijos con bendiciones extraordinarias, bendiciones que nadie puede ofrecer. Y en la bienaventuranza de hoy vamos a ver que esta bendición viene a través de una clase de limpieza de corazón que no se compara con nada. De hecho, es esa limpieza la que te abre la puerta a la parte más importante del reino de Dios. ¿Cuál es la parte más importante del reino de Dios? Es Dios mismo. Y esta limpieza es la que te da acceso a la presencia, al rostro de Dios.

Y mi punto principal esta mañana es que Dios quiere que entiendas en este versículo, Mateo 5:8, que sin limpieza de corazón es —no complicado, no difícil— imposible ser parte del reino de Dios. Sin limpieza de corazón, nuestras vidas son impuras, sucias, desagradables a Dios. Y, por cierto, así nos encuentra Dios: sucios, lejanos de su santidad y perfección, manchados por el pecado, embarrados por las desgracias putrefactas del mal. Pero, según nuestro texto, el Señor toma personas sucias y las convierte en personas bendecidas, y les da una clase de limpieza que es como ninguna otra.

Vamos a ver tres puntos. En primer lugar, vamos a ver felicidad total; después, limpieza total; y finalmente estudiaremos visibilidad total.

Felicidad total

Vean conmigo la primera parte del versículo 8: felicidad total. Número uno: felicidad total. Y lean junto conmigo la primera palabra del versículo 8, y la tienen en la pantalla. Yo me he hecho un adicto a las pantallas y las diapositivas y demás, así que... pero ustedes tienen sus Biblias también, de cualquier manera. Pero pueden leerlo, por favor, porque nada más quiero que leamos esta palabra que está en la pantalla, del versículo 8. Todos juntos decimos: ¿qué dice? "Bienaventurados".

Lo primero que quiero que vean es que Dios no se cansa de decirnos que somos bienaventurados. Somos bendecidos; los hijos de Dios somos doblemente afortunados, que es lo que la palabra "bienaventurado" quiere decir. Y si no tienes cuidado, puedes acercarte a Mateo 5 y ser un lector de la Palabra de Dios —tal vez vienes a esta iglesia desde hace mucho tiempo y has leído estas bienaventuranzas—, y si no tienes cuidado, puedes pensar que es incluso redundante que en nueve diferentes ocasiones nos diga lo mismo: bienaventurados, bienaventurados, bienaventurados.

Pero atención aquí, iglesia: Dios no repite las cosas para su beneficio; Dios repite las cosas para nuestro beneficio. Y los hijos del Rey, nos dice aquí, somos libres, somos bendecidos, elegidos, guardados, protegidos, amados, preservados, salvados, santificados, justificados, perdonados, renovados, restaurados, establecidos en los fundamentos más firmes de su reino. Amigos, los hijos del Rey verdaderamente tenemos una vida bienaventurada. Y las bienaventuranzas son la colección de estas bendiciones que Cristo pone sobre la mesa.

Las bendiciones de los hijos de Dios

Y ustedes pueden leer con anterioridad algunas otras bendiciones en su casa, cuando lean Mateo 5 del 1 hasta el 12. Pero nada más, porque sabía que no íbamos a poder ver todas estas, les quiero poner en esta pantalla las bienaventuranzas que nos da Dios. Por un lado de la columna ustedes pueden ver a los hijos de Dios, y por otro lado de la columna pueden ver las bendiciones de Dios. Y porque no las hemos estudiado ustedes conmigo, pero se las traigo a ustedes para que podamos saltar hasta el versículo 8: vemos que el versículo 3 nos dice que los hijos de Dios son pobres espirituales, pero la bendición de los pobres espirituales es que poseen el reino. Y eso es una gran herencia, eso es un gran obsequio.

La segunda dice que nosotros, los hijos de Dios, nos caracterizamos por lamentarnos, por llorar por la condición pecaminosa de nuestra naturaleza pecaminosa, la que tenemos. Y por lo tanto, ¿qué dice la siguiente parte de la pantalla? Nosotros poseemos consolación. Eso es una gran promesa, es una gran bendición. No nada más se queda ahí: dice que nosotros somos humildes. Los hijos de Dios tienen un corazón humilde; antes no lo era, pero ahora es humilde. Y por ser humilde, Dios nos da la posesión de la tierra; nos dice que heredaremos la tierra.

No nada más eso: los hijos de Dios tenemos hambre y sed, y por lo tanto poseemos satisfacción permanente, que nunca vamos a tener hambre y sed, porque Dios nos satisface. Otra vez, la Palabra de Dios nos dice que somos misericordiosos, y los que son misericordiosos poseen misericordia, reciben misericordia. Y, finalmente, el texto que vamos a estudiar hoy nos dice que los de limpio corazón poseen la habilidad de ver a Dios.

¿Qué es una vida bendecida?

Amigos, quiero que vean la clase de vida bendecida de los hijos del Rey. ¿Quién más te puede ofrecer esta clase de bendiciones? ¿Quién más te puede dar esa clase de promesas? No tenemos razón de sufrir, entonces; no tenemos razón de quejarnos o de pensar: "Dios no es bueno". ¿Qué otra clase de bendiciones se pueden comparar con estas bendiciones? Ahora, cuando nosotros decimos: "Es que yo siento que Dios no me está bendiciendo", en realidad estamos teniendo un entendimiento incorrecto de qué quiere decir una vida bendecida. Porque nosotros queremos medir a veces las bendiciones de Dios en términos humanos, en términos materiales, y la peor de todas, en mi opinión, en términos de inmediatez: qué tan inmediato es como Dios me puede dar las cosas.

Decimos que somos bendecidos cuando nuestros hijos están bien. "¿Cómo estás?", te preguntan, y ¿qué contestas? "Gracias a Dios". Todavía decimos: "Gracias a Dios estamos bien, mis hijos están sanos, hay salud, me está yendo muy bien en la escuela". Pero, amigos, esas no son bendiciones; esos son más bien deseos egoístas que solamente se enfocan en nosotros. Porque claro que queremos que nuestros hijos estén bien, y claro que queremos tener salud; no está mal que queramos eso para ellos. Pero cuando eso se convierte en la manera en que mides si Dios te bendice o no, entonces no estás entendiendo la manera en la que Dios derrama sus bendiciones sobre tu vida.

Porque ¿qué pasa cuando tu hijo sí se enferme y te pregunten cómo estás? ¿Qué vas a responder? "No estoy bien, Dios no me está bendiciendo en este momento". ¿Qué pasa cuando no tengas salud? ¿Tendrás coraje con Dios? ¿Vas a tener frustración, hasta resentimiento con Él?

Pero cuando entiendes que las bendiciones que Dios derrama sobre tu vida no necesariamente cumplen tus deseos, sino que sus bendiciones te hacen más y más a la imagen de Cristo, entonces verás que, no importa cuáles sean tus circunstancias, siempre tienes el reino de Dios, siempre tienes consolación, siempre tienes la herencia de la tierra, y la misericordia, y la habilidad de ver a Dios, y la satisfacción y la consolación. Siempre estás satisfecho, siempre recibes misericordia de Dios. Y entonces entiendes que eres sumamente bendecido todo el tiempo, y siempre puedes observar las bendiciones de Dios en tu vida.

El varón bienaventurado del Salmo 1

Quiero mostrarte algo más de la primera palabra del versículo 8, "bienaventurados". Mucha atención aquí, iglesia: las personas sin Cristo no son bienaventuradas, ¿de acuerdo?, en ese sentido. Entonces, nadie nace siendo bienaventurado, porque simplemente las bendiciones de Dios llegan hasta que nosotros llegamos al conocimiento de Cristo. Pero entonces, ¿cuál es nuestro referente de una persona bienaventurada? O sea, ¿qué es una persona bienaventurada? Dijimos en un primer plano que la palabra "bienaventuranza" habla de doblemente feliz, inmensamente afortunado. Pero ¿quién es ese referente de alguien bienaventurado?

Vean el Salmo 1 para responder esa pregunta, y léanlo junto conmigo, porque el versículo 1 está en la pantalla. Todos juntos, ¿qué dice? "Bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche". ¿Cómo va a ser? "Fuerte será todo lo que hace". Bien, ahí tenemos al varón bienaventurado; ese es nuestro referente.

Y este es el punto, amigos: yo quiero ser ese varón bienaventurado, tú quieres ser esa mujer bienaventurada, pero evidentemente nosotros no somos esa clase de varón y de mujer. A ver, ¿quién aquí puede levantar la mano y decir: "Yo nunca he andado en consejo de malos"? ¿Quién puede decir: "Yo me deleito en la ley de Dios de día y de noche; es de mis cosas más favoritas de hacer todos los días de la semana"? ¿Quién puede decir de aquí: "Todo lo que hago prospera; no, hombre, o sea, negocio que abro... ya no sé ni qué hacer con tanto dinero"? Nadie de nosotros puede decir esas cosas.

¿Quién es ese varón del Salmo 1? ¿Quién es el único que cumple con cada una de esas características? Amigos, Jesús. El Rey Jesús es el varón bienaventurado del Salmo 1. Él es el único que nunca ha estado en silla de escarnecedores. Él es el único que realmente está plantado junto a corrientes de agua, y nada lo mueve, nada lo destruye, nada altera el rumbo de su voluntad.

Ser como Cristo es ser bienaventurado

Entonces, cuando Mateo 5:8 dice que tú y yo también podemos ser bienaventurados, está afirmando que cuando Jesús nos perdona y nos hace nuevas criaturas, entonces somos hechos a la semejanza de Cristo. Regresamos a nuestro diseño original, regresamos a ser como Cristo. Mucha atención, amigos: el ser como Cristo es ser bienaventurado. Ser como Cristo es regresar a nuestro diseño original. Ser como Cristo es vivir una vida bendecida. Porque al venir a la tierra, Jesús nos estaba mostrando cómo ser un ser humano. Y cuando nos dice que seamos como Él, nos está mostrando la manera correcta en la que tú y yo podemos ser seres humanos; nos está dando el molde que debemos de seguir, y nos está diciendo que los que estamos ahora en Cristo hemos sido hechos a ese molde.

Es lo que Pablo dice en Romanos 8:29: "A los que de antemano conoció, también los predestinó"... ¿para qué? ¿Para que tengan todas las cosas materiales que piden cuando oran? ¿Esa es la razón por la que nos salvó? No. El texto nos dice, todos juntos, en amarillo: hemos sido predestinados "a ser hechos conformes a la imagen de su Hijo". Iglesia, cada bienaventuranza de Mateo 5 nos hace más como Cristo, porque de eso se trata la vida del ciudadano del reino de Dios: de ser seres humanos en la manera en que Dios nos diseñó originalmente.

Y como Adán no pudo, y Moisés no pudo, e Israel ni David, Jesús viene a la tierra para mostrarnos ese ser humano perfecto, ese ser humano bienaventurado. Y nos rescata de nuestra condición, y nos pone en ese molde, para que seamos hechos según su imagen. Y ser pobres espirituales, y lamentarte por tu pecado, y ser humilde, y ser misericordioso, y tener hambre y sed de justicia, nos ayuda a ser más como nuestro Rey; y el ser más como Cristo nos hace bienaventurados. Y quiero que quede esto muy claro: en la infinita misericordia de Dios, cuando uno de sus hijos se acerca a Él en arrepentimiento genuino y verdadero, Dios no ve nuestras bondades, las cuales son nulas; Dios ve la perfecta justicia de Cristo imputada en ti. Y eso nos hace profundamente bienaventurados. Bien, ahí tenemos felicidad total.

Limpieza total

En segundo lugar, vean conmigo limpieza total. Número dos: limpieza total. Juntos lean, por favor, la siguiente porción del versículo 8, y está en la pantalla. Todos juntos, en voz fuerte, ¿qué es lo que dice, iglesia? Mucha atención con esto: en este versículo el Rey está diciendo algo totalmente extraordinario. En el Sermón del Monte, Jesús está afirmando —mucha atención con esto—, entonces, en el Sermón del Monte, Jesús está afirmando que sus ciudadanos son y están limpios. Y esto es totalmente "¡guau!". O sea, si pecamos todo el tiempo, si caemos a cada rato, si nos apartamos del camino y hacemos nuestra propia voluntad, ¿de dónde saca el Señor Jesucristo que somos y estamos limpios?

Podríamos preguntarnos: ¿acaso Jesús sabía lo que Pedro iba a hacer cuando dijo esto? ¿No sabía que Pedro lo iba a defraudar, y lo iba a traicionar, y lo iba a abandonar, y que los otros discípulos también lo iban a dejar solo? ¿Cómo es que ellos se iban a considerar limpios de corazón? ¿Por qué se atrevió Jesús a decir estas palabras? ¿Cómo es que somos limpios de corazón? Bien, vamos por partes. Y quiero responder tres preguntas: primero vamos a responder la pregunta "¿qué es ser limpio?"; después vamos a responder la pregunta "¿cuál es el proceso de limpieza?" —entonces, ya que sé qué es ser limpio, bueno, ¿cómo me limpio, entonces?—; y después vamos a ver qué es lo que tengo que limpiar. Así que vamos por partes.

¿Qué es ser limpio?

Número uno: ¿qué es ser limpio? O sea, ¿a qué se refiere el Señor Jesucristo cuando Él dice que somos limpios de corazón? Mucha atención aquí, iglesia. Cuando hablamos de limpieza, tenemos varios aspectos. Lo pongo en este cuadro para que sea algo sencillo. Cuando nosotros estamos hablando de aspectos de limpieza del corazón, tenemos que ver que hay tres diferentes capas. La primera capa es la más importante, desde luego: es el momento en que somos salvos, y eso se llama limpieza posicional. En este momento Dios nos declara limpios, justos delante de sus ojos.

Pero no nada más se queda allí. Después viene el aspecto de limpieza de santificación, y eso nosotros le llamamos limpieza progresiva. Y esto es un andar continuo y constante acerca de tu corazón, y examinándolo, y orar junto con el salmista: "Ve si en mí hay perversidad alguna". Porque la idea del salmista es: "Yo no puedo ver; estoy ciego, y pienso que estoy bien". Entonces, ¿te ha pasado alguna noche que llegas a tu casa y dices: "Señor, hoy te quiero pedir perdón por... y la verdad no pequé mucho hoy; no se me ocurre algo grande que yo haya hecho hoy. No, pues no"? Y eso es lo que llamamos la limpieza progresiva: estamos tan cegados a nuestro propio pecado que ya no lo vemos.

Y no nada más se queda allí. El tercer aspecto, y el más profundo de todos, es la glorificación, donde tendremos un día limpieza permanente, limpieza eterna. Amigos, quiero que vean el poder purificador de Dios sobre el corazón humano: cada ángulo de nuestro corazón va a ser limpiado por el poder del Señor Jesucristo. De un corazón muerto, no nada más nos pone un corazón vivo que late; ahora sí, nos dice el texto que estamos estudiando hoy que de un corazón muerto nos pone un corazón vivo, que sí tiene una habilidad de latir, pero que no nada más es vivo: es un corazón limpio. O sea, Dios, en el momento de salvación, no nada más hace un trasplante de corazón, de un corazón enfermo a uno menos enfermo, sino que en el momento de salvación Dios nos otorga un corazón totalmente limpio, perfecto, posicionalmente justificado, perdonado.

Y limpiado. Y a través de los años, y madurez y crecimiento espiritual, Dios también va limpiando, detallando, exfoliando, esterilizando, sanitizando. Y vemos que Dios quiere que el perdón, nuestra limpieza posicional que Él hace en el momento de salvación, corra de manera paralela con la limpieza progresiva. O sea, eres salvo, y debe haber crecimiento en tu vida; si eres salvo, debe haber un cambio progresivo. Tal vez no a la velocidad que quisiéramos, pero debe estar presente. Y eventualmente todo eso acabará en un cuerpo totalmente incorruptible, o sea, un cuerpo perfecto, imposibilitado a enfermarse, y obviamente a morir.

Sin mancha ni arruga

Amigos, el Rey Jesús está diciendo aquí que sus ciudadanos se caracterizan por ser limpios en todo lo que son. Sus hijos son sin manchas, sin arrugas, sin defectos. Y esto es lo que Pablo explica a los esposos en Efesios 5:25, cuando les dice: "Maridos, amen a sus mujeres como Cristo ama a la iglesia, y Él se dio a sí mismo por ella". Y la pregunta es: ¿cómo Cristo ama a la iglesia? ¿No? Ah, nos dice —excelente pregunta—, versículo 26: "Santificándola, purificándola por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga" —todos juntos, ¿qué dice?— "mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa e inmaculada".

Amigos, quiero que vean la obsesión que Dios tiene por la pureza. Dios no acepta nada que no esté limpio. Los sacrificios del Antiguo Testamento tenían que ser perfectos, sin defecto, sin mancha. Y mucha atención aquí: las personas del Antiguo Testamento, o sea, los judíos, tenían que vivir puramente, limpiamente, santamente; ese era el llamado de Dios. Vean ustedes mismos: esa es la oración que David hace en el Salmo 51. Créanme, desearíamos que dijese: "Crea en mi esposa un corazón limpio", "crea en mi esposo un corazón limpio". Pero dice el salmista: "No, crea en mí un corazón limpio".

Era la promesa de Dios a Israel en Ezequiel capítulo 36: "Entonces los rociaré" —viene un momento en que los voy a rociar— "con agua limpia, y quedarán limpios" —evidentemente no estaban limpios en ese momento— "de todas sus inmundicias; y de todos sus ídolos los limpiaré. Además, les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Y pondré dentro de ustedes mi Espíritu, y haré que anden en mis estatutos y que cumplan cuidadosamente mis ordenanzas".

Isaías se lo ordena así a Israel: "Lávense", y después les dice: "límpiense; quiten la maldad de sus obras de delante de mis ojos. Cesen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien, busquen la justicia, reprendan al opresor, defiendan al huérfano, aboguen por la viuda. Vengan ahora, y razonemos —dice el Señor—. Aunque sus pecados sean como la grana, como la nieve serán"... ¿qué, iglesia? ¿Ves la línea de limpieza en las Escrituras? "Aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán". El llamado de Dios hacia su pueblo en el Antiguo Testamento siempre fue: "Sean limpios; que sus vidas sean transparentes, íntegras, rectas; amen la justicia, hagan el bien", les decía Dios. Pero ellos no quisieron. Es más, no pudieron, porque sus corazones estaban sucios, muy sucios.

Un problema de la humanidad

Y este no era un problema exclusivo de Israel, sino que es un problema de la humanidad. ¿Recuerdas lo que Dios vio en los días de Noé, cuando se asomó Dios a ver qué había abajo, en la creación que Él había hecho? Vean, por favor, junto conmigo, todos juntos, vean lo que el Señor encontró en la tierra. Todos, ¿qué dice? "El Señor vio que era... y que cada intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre"... O sea, Dios nos creó para que seamos limpios, pulcros, pulcros, y santos y puros, pero hacemos exactamente lo opuesto todo el tiempo.

Por eso, iglesia, en Mateo 5:8 es teológicamente relevante que el Rey se atreva a hacer una clase de afirmación que hasta ese momento parecía imposible: que los ciudadanos del reino de Dios fuesen limpios. ¡Imposible! Pero Jesús está diciendo: "Ahora, bajo mi administración, mis ciudadanos son bienaventurados, porque son limpios de corazón". Guau. Ahora, diríamos: tiempo, pausa. Ni por un instante piensen que esto es algo nuevo. Mucha atención con esto, está padrísimo: la declaración de Mateo 5:8 es el cumplimiento de Daniel capítulo 12.

La promesa de Daniel 12

A mí es una obsesión la teología del reino, la teología bíblica; por eso los libros que he escrito. Y a mí me encanta ver cómo es que todo se conecta, las Escrituras. Daniel... Podríamos preguntarnos: ¿qué tiene que ver Daniel capítulo 12 con Mateo 5:8? Déjame mostrarte. Daniel, al final de su libro, nos está dando una visión futura de lo que habría de pasar con los ciudadanos del reino de Dios. Estaban ellos en Babilonia; recuerden que ellos estaban cautivos. ¿Alguien se acuerda cuántos años estuvieron cautivos en Babilonia? Yo sé que tal vez no están súper conectados con esa parte aún, pero a ver, ¿cuántos? Setenta años cautivos en Babilonia.

Y están llegando... las personas empiezan a morir; están viejos, ya se empiezan a fallecer. Y hay consternación entre los judíos, porque dicen: "Oye, Daniel, ¿qué va a pasar con mi abuelo, que acaba de fallecer? No estamos en Jerusalén; esta no es la tierra prometida. ¿Qué va a pasar?". Y Daniel entonces les da esta profecía —más bien, Dios les da esa profecía a través de Daniel— que habla de esperanza, de vida eterna y de resurrección. Véanla, por favor, con ustedes; esta es una profecía extraordinaria.

Vean conmigo, Daniel capítulo 12, dice el versículo 1: "En aquel tiempo" —lo que nosotros llamamos el fin del mundo, esto es lo que va a suceder en el fin del mundo— "se va a levantar Miguel, el gran príncipe que vela sobre los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de angustia cual nunca hubo desde que existen las naciones hasta entonces; y en ese tiempo tu pueblo será librado, todos" —bueno, no todos, pero todos los que se encuentran ¿en dónde?—. "Y en ese tiempo tu pueblo será librado" —ahí está otra vez—, "todos los que se encuentren inscritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el desprecio eterno. Los entendidos brillarán como el resplandor del firmamento, y los que guiaron a muchos a la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad".

A ver, ¿de qué se está tratando esta visión? Muy simple: los judíos que tenían sus nombres inscritos en el libro de la vida, no importa si estaban muriendo en Babilonia —les está diciendo Dios a través de Daniel—, no importa, porque viene un día en que van a resucitar, van a despertar, van a tener vida eterna. Y quiero que piensen lo que los judíos sintieron cuando escucharon esto. Cuando ellos oyen estas palabras, son palabras de felicidad, son palabras de esperanza.

Purificados, emblanquecidos y refinados

Pero ve la manera en la que Dios cierra esta profecía, en Daniel capítulo 12, versículo 9, un poquito más adelante; dice esto: "Anda, Daniel, porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo". Es decir, es una promesa, y se va a cumplir. Y todos juntos leamos el versículo 10, porque es aquí donde se conecta con Mateo 5:8. Todos juntos, en voz alta, fuerte, dice: "Muchos serán purificados, emblanquecidos y refinados". Esa era la promesa de la profecía que se le dio a Daniel: que vendría un día en que serán purificados, emblanquecidos, refinados.

Entonces tenemos la promesa de resurrección —que le dice a Daniel: van a resucitar para vida eterna, unos—, y junto con la promesa de purificación. Por eso son tan cruciales las palabras de Jesús en Mateo 5:8, cuando dice: "Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios". Ahora, tú y yo no hemos resucitado aún; tenemos cuerpos corruptibles, y tampoco hemos sido limpiados en su totalidad. Les acabo de mostrar el cuadro, donde la tercera fase, y la última, es cuando seamos glorificados. Pero sí vemos que estas promesas de limpieza y de resurrección ya se están cumpliendo en nuestras vidas; vemos un cumplimiento parcial de las promesas de Dios de limpieza.

Y este es mi punto, amigos: Dios siempre ha querido que sus ciudadanos sean limpios. En Cristo, esa limpieza finalmente ha llegado. Vemos que Dios desea que seamos limpiados de nuestra maldad; de eso se trata todo el Antiguo Testamento, ¿no es cierto? No es posible permanecer limpios...

Pero en Cristo eso cambia, porque ahora somos limpios en Él. Por lo menos así lo dice Pedro en 1 Pedro 1:16: "Escrito está: sean santos, porque yo soy santo". Y decimos: "No podemos; ese es el problema, Pedro, no podemos ser santos como el Santo; es demasiado". Y dice Pedro: "Ah, no, no digan eso; ustedes sí pueden". Dice el texto: "Ustedes saben que no fueron redimidos de su vana manera de vivir, heredada de sus padres, con cosas perecederas como oro o plata, sino que han sido redimidos con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo. Por medio de Él son creyentes en Dios, que lo resucitó de entre los muertos". ¿A quién resucitó de entre los muertos? A Jesús; lo resucitó a Él, y ustedes son creyentes en Él. "Y le dio gloria, de manera que la fe y esperanza de ustedes sean en Dios".

En Cristo se cumple la promesa

Mantengan eso en mente: resucitó, con Daniel capítulo 12. "Puesto que han obedecido a la verdad, ustedes" —¿qué ha pasado?— "han purificado su alma", y no nada más eso, dice: "para un amor sincero, ámense unos a otros entrañablemente", y finalmente podemos tener ahora así un "corazón puro". Entonces, vean que en Cristo la promesa de resurrección y la promesa de limpieza se cumplen, de lo que había prometido Daniel. Otra vez, no del todo, pero sí parcialmente. ¿Por qué? Porque acabamos de leer que Dios resucitó a Cristo, y por lo tanto la idea es que tú y yo un día vamos a resucitar también. Y también acabamos de leer que en Cristo ahora nuestras almas han sido purificadas.

¿Y todo para qué? Para que el reino de Dios se quede instalado en la tierra, y para que ustedes, sus ciudadanos, sean limpios y puedan entrar al reino. De eso se trata toda la Biblia, amigos: sin la limpieza de corazón es imposible ser parte de su reino. No hay nadie, jamás, nunca, que pueda llegar a la presencia de Dios sin antes haber sido totalmente purificado, limpiado, santificado.

Dios ya nos ve limpios

Pero vuelvo a poner la pregunta sobre la mesa: ¿cómo se atrevió Jesús a decir tales palabras, cuando sabía que sus discípulos lo abandonarían cuando fuese arrestado? Es más, ¿cómo se atrevió Jesús a decir eso cuando sabía de ti y de mí? ¿Por qué Jesús describe a sus hijos como limpios de corazón, cuando sabía que tú y yo le fallaríamos todo el tiempo? Muy simple; ya lo dije, pero lo voy a volver a repetir: el Señor Jesús se atreve a decir que sus ciudadanos tienen corazones limpios porque cuando Jesús nos salva, Él pone estas cualidades en nosotros, y Dios ya nos ve limpios.

Es lo que puse en ese cuadro hace unos minutos: vemos una salvación posicional, y Él nos va limpiando santificadamente a través de una progresión, y después tenemos una limpieza que aún viene en camino. Esto es extraordinario, amigos: que Dios ya nos ve limpios. Y no es que Dios se haga de la vista gorda. Jesús no está diciendo que vamos a tener corazones limpios porque suena bonita la idea de que vamos a estar limpios, sino que es la promesa que Dios había hecho de antaño. Lo puse hace un minuto, lo vuelvo a poner: "Entonces los rociaré con agua limpia, y quedarán limpios de todas sus inmundicias; y de todos sus ídolos los limpiaré".

Esa promesa de Ezequiel no está hablando a los mexicanos, a ti y a mí; a los judíos. Y les está diciendo que ese Israel rebelde, lejano de Dios, un día va a estar cercano, y un día va a estar limpiado. Pero ahora Jesús, en Mateo 5:8, está tomando esa promesa de Ezequiel y está diciendo: no nada más los judíos, sino cualquier otra persona que quiera ser limpiada a través de la obra de la cruz puede ser limpiada.

Entonces, ¿qué es ser limpio? Esa es la definición que te puedo dar, la mejor manera en que puedo escribir qué es ser limpios de corazón, en Mateo 5:8: ser limpios de corazón es tener limpieza posicional, que viene en el momento de salvación; es seguir siendo limpiados, que es ese proceso de santificación progresiva; y es saber que un día seremos totalmente limpios, que es la glorificación. Eso es lo que Jesús está diciendo en Mateo 5:8.

Pero mucha atención aquí, iglesia: solo los hijos del Rey tienen tal promesa, y por ende solo ellos son doblemente afortunados; exclusivamente ellos son inmensamente felices. Lo que quiere decir que los que no son hijos del Rey no pueden nunca ser plenamente felices, amigos, en su diario vivir. Iglesia, nunca olviden que la limpieza es un proceso; no olviden que la salvación no se pierde; no olviden la grandeza de la promesa de resurrección, un día donde seremos finalmente hechos limpios. Bien, ahí está, entonces, qué es ser limpios: es tener salvación, es trabajar en nuestra santificación, y es saber que un día vamos a ser glorificados.

¿Cuál es el proceso de limpieza?

Siguiente pregunta: ¿cuál es el proceso de limpieza? ¿Cuál es el proceso de limpieza? Mucha atención aquí: el proceso de limpieza de tu corazón incluye aspectos en los que tú puedes participar y aspectos en los que no puedes participar. ¿Por qué? Bueno, por ejemplo, en el proceso de salvación una persona no tiene participación. Dios nos salva, Dios nos guarda; nosotros no hacemos nada para salvarnos, no le echamos la mano a Dios para que nos salve. Él hace todo, absolutamente todo. Lo mismo con nuestra glorificación futura: un día vamos a tener ese cuerpo mortal... Él lo va a hacer inmortal, incorruptible; nosotros no vamos a hacer nada al respecto.

Pero cuando hablamos de santificación, ahí no se trata de que Dios va a hacer todo por nosotros, sino que nosotros tenemos algo que ver allí. Es lo que Pablo dice en Filipenses 2:12. Vamos a leerlo todos juntos, en voz alta; ¿qué es lo que dice? Está en la pantalla. Todos, fuerte: "Ocúpense en su salvación con temor y temblor". Porque entonces vemos que Dios pone en nosotros el deseo de hacer, pero somos nosotros los que nos ocupamos de nuestra salvación con temor y temblor. No que nos ocupemos en el sentido de salvación de muerte eterna, porque esa ya nos la dio Dios; pero sí nos ocupamos en nuestra salvación en el sentido de santificación, de seguir limpiando las cosas que no están bien en nuestras vidas.

Cultivando cada bienaventuranza

¿Y cómo hacemos eso? Bueno, lo tienen frente a sus ojos, si es que tienen abierta su Biblia en Mateo 5. ¿Cómo puedes tener un corazón limpio? La única manera en la que puedo ponerlo, en este cuadro, es cumpliendo cada una de las cosas que estamos trabajando y cultivando en el Sermón del Monte. Número uno: los pobres en espíritu. Cultiva ese deseo, una pobreza, que tú entiendas: "Tengo bancarrota espiritual, no soy nada espiritualmente". Número dos: ten un llorar, un lamento por tu pecado, por la condición en la que te encuentras. Y después eres humilde: cuando alguien te dice: "Oye, yo veo esto en ti", ¿reaccionas y dices: "Ay, yo veo esto también en ti"? Si eres humilde, dices: "Sí, es cierto, ese fue mi error; yo caí, yo caí".

Versículo 6, o el número cuatro en los círculos: veo que para tener un corazón limpio tienes que tener hambre y sed de justicia. Y después eres misericordioso con otros, y tú recibes misericordia. Y entonces llegas al número seis, o bien al versículo 8: tienes un corazón limpio. Amigos, mucha atención: estos van de manera conjunta. No puedes decir: "Mira, a mí sí me gusta el uno, pobreza espiritual, pero el de misericordia no; ahí sí yo no le entro, porque mi esposo ya llegó hasta acá, y yo ya no puedo tener más misericordia con él". No. ¿Quieres un corazón limpio? Tienes que estar cultivando cada una de estas virtudes y aspectos. Tienes que ser todas estas cosas todos los días de tu vida, sin falta, sin cansancio, por amor a Dios y con agradecimiento total.

Todo empieza con el versículo 3: somos pobres en espíritu. Y lo pongo de esta manera: el hacer del versículo 3 al versículo 7 te lleva a la cúspide de la vida cristiana. ¿Cuál es la cúspide? Tener un corazón limpio. Amigos, tengamos una vida bienaventurada. ¿Ya ves por qué todas las bienaventuranzas son tan importantes? Tu felicidad literalmente está en juego; tu satisfacción está en el limbo si es que decides hacer la vida a tu modo. Porque aquí nos dice que solo los que están comprometidos con esta clase de vida serán plenamente felices, inmensamente satisfechos, doblemente alegres y gozosos. Y finalmente, ¿cómo limpiamos...

Entonces, a través de cultivar cada una de las bienaventuranzas.

¿Qué debemos limpiar?

La tercera pregunta que quiero explorar con ustedes: ¿limpiar qué? ¿Limpiar qué? ¿Notaste qué es lo que debemos limpiar? El texto no dice "bienaventurados los limpios de ojos"; el texto no nos dice "bienaventurados los limpios de manos". El texto nos lleva al centro de todos nuestros problemas: el corazón. Amigos, todos los problemas del ser humano son problemas del corazón. El corazón es el centro del ser humano, es el órgano regulador de tus emociones, es el origen de todo lo malo que tienes. Así lo dijo Jesús en Mateo 15:19: del corazón proviene todo lo malo: malos pensamientos, homicidios, fornicaciones, calumnias.

No es accidente, entonces, que Jesús diga: "Del corazón proviene todo lo malo, pero mis ciudadanos son caracterizados por tener un corazón limpio". Porque si el corazón es limpio, entonces todo lo demás de tu cuerpo será limpio también, que es exactamente lo que Jesús explica en el evangelio de Lucas, 6:45: "El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón, saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro, saca lo que es malo; porque" —todos juntos leemos este versículo muy popular, todos juntos dice— "de la abundancia del corazón...".

Sin exagerar, el Rey Jesús está diciendo que el estado de tu corazón, que es algo interno, va a determinar tu conducta, que es algo externo. ¿Te ha pasado que dices: "No me puedo dejar de enojar", "es que ya no quiero decir mentiras, pero no puedo", "no puedo dejar la pornografía", "no puedo dejar de decir esta clase de mentiras"? Nos dice el Señor Jesucristo: revisa tu corazón. Bienaventurados los de corazón limpio. La limpieza de corazón te abre la puerta a una vida bienaventurada, que tiene como clímax ver a Dios.

Despojarse de los deseos engañosos

Ahora, ¿cómo limpiamos nuestro corazón? Muy simple: para limpiar tu corazón tienes que eliminar los ídolos y deseos pecaminosos de tu corazón. ¿Cómo se hace eso? Bueno, es todo un proceso que se trabaja en consejería, pero te puedo dar una versión resumida aquí. El corazón es un productor de ídolos o deseos, y, como seres humanos, nuestros deseos tienen pecado. Creamos sueños, metas, objetivos que se tratan nada más de nosotros, y por un tiempo funcionan; nos traen todo lo que pensamos. Pero unos meses después de la luna de miel, o años después de comenzar el trabajo que tanto querías, o meses después de que sacaste el auto de la agencia, entonces te das cuenta de que todo fue un engaño; sigues con ese vacío. Y como somos necios, ahora ponemos nuevos sueños, nuevos objetivos, nuevas metas, para ver si ahora acaso logramos la paz y tranquilidad.

Amigos, mucho tiene Pablo que decir al respecto, pero nada más te pongo un texto aquí en la pantalla, Efesios 4:22. Dice —todos juntos leemos, está en la pantalla—: "Que en cuanto a la anterior manera de vivir, ustedes se despojen del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, y que sean renovados en el espíritu de su mente, y entonces se vistan del nuevo hombre, que se ha hecho a la semejanza de Dios". Entonces vemos esta realidad, ¿no es cierto?: te despojas de deseos engañosos, instalas deseos piadosos, tienes una mente renovada, una mente con pensamientos bíblicos, y todo resulta en una vida piadosa, una conducta piadosa.

Y lo pongo en este diagrama, que es fácil de poder ver, cómo es que todo comienza en tu corazón. ¿Qué deseos tienes tú? ¿Tienes el deseo de que tu esposa te deje de decir cosas enfrente de los niños? ¿Tienes el deseo de que me avisen dónde están en cada minuto del día? ¿Tienes el deseo de que no haya tráfico en el carro? Entonces tus pensamientos van a ser pensamientos también que vayan en esa línea, y vas a estar enojado, vas a estar pensando: "Me tengo que salir más temprano para evitar el tráfico". ¿Por qué? Porque tu conducta, cuando encuentras el tráfico, cuando encuentras que no te mandaron el mensaje como querías, es de enojo. ¿Ves cómo va relacionado todo? En cambio, nos dice Dios: tengan deseos piadosos, con pensamientos piadosos y con una conducta piadosa, y tu vida va a ser feliz, independientemente de las circunstancias que te rodeen.

Entonces, quiero que vean que una vida feliz, una vida bienaventurada, no pasa por accidente. Iglesia, tengan corazones limpios. Y la única manera de tener corazones limpios es ser hijos del Rey, y la única manera de saber si eres hijo del Rey es tener corazones limpios. Y es un ciclo, porque ya vimos que Dios pone tanto el hacer como el querer.

El fariseo y el publicano

Ahora, ¿qué pasa cuando no tienes un corazón limpio? ¿Qué pasa cuando no tienes este diagrama en tu vida y no tienes esa vida bienaventurada, pero aun así te haces llamar cristiano? La única palabra que yo escribí en mis notas es esta: hipocresía. Jesús contó una parábola que viene y explica esto, Lucas capítulo 18. Dice: "Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, y otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera, diciendo: Te doy gracias porque no soy como los otros hombres" —¡hombre, qué agradecido estaba el fariseo!—, "ladrones, injustos, adúlteros" —y ahí estaba parado junto a él, dice—, "ni aun como este publicano" que está aquí junto a mí. "Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano".

"Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo" —eso es pobreza espiritual, versículo 3 de Mateo 5—, "sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador". Eso quiere decir lamentarse por su pecado, versículo 4 de Mateo 5; vemos todas las bienaventuranzas aquí. "Os digo que este descendió a su casa justificado". Vemos que recibió misericordia antes que el otro. El publicano regresó justificado, limpiado, exfoliado de toda culpa. Y vemos el ciclo de la bienaventuranza: descendió limpiado, porque Dios lo limpió; pero lo limpió porque el hombre pidió limpieza, porque estaba en bancarrota espiritual.

Vemos todas las bienaventuranzas aquí: es pobre en espíritu, misericordioso, limpieza de corazón; salió con un corazón limpio. De la otra manera, te vas a quedar como el fariseo, con una máscara cubriendo tu verdadero yo, y eso se llama hipocresía. Pareces feliz, pareces normal: "¿Cómo estás, hermano?". "Todo bien, todo bien". Pero estás escondiéndote detrás de una máscara, porque no quieres que nadie vea tu verdadero yo. Iglesia, confiesen sus pecados, lamenten su pecado, lloren, entristézcanse por su maldad, y entonces disfruten de una vida bienaventurada.

Visibilidad total

Y muy brevemente, con esto cerramos, versículo 8: visibilidad total. Ya vimos "bienaventurados"; ya vimos "los de limpio corazón": qué es limpieza, cómo se hace el proceso, limpiar qué. Juntos leemos todo el versículo 8 para cerrar esta bienaventuranza, en voz alta. ¿Qué dice? "Bienaventurados...". Antes de que Cristo nos rescatara, nadie podía ver a Dios. Estábamos ciegos, sin poder acceder a su presencia, y mucho menos verlo. No conocemos a Dios, no sabemos quién es Él; corazones endurecidos antes de conocer a Cristo.

Pablo lo dice así: "Ustedes ya no anden como los gentiles, que andan en la vanidad de su mente, con un entendimiento entenebrecido" —oscurecido; no pueden ver—, "excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón". Sin Cristo estamos así. Pero cuando Dios nos rescata, entonces podemos decir lo que Job dijo: "He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven". Antes éramos ciegos, pero ahora lo vemos. Eso es lo que la limpieza de corazón hace: nos abre los ojos para ver a Dios.

Pude haber terminado mi sermón aquí, y tenía muchísima tentación de terminarlo aquí: Dios, podemos verlo, podemos tener comunión con Él. Pero quiero que rasquemos un poco más y exploremos por qué al Señor Jesucristo se le ocurrió decir la frase de que los de limpio corazón pueden ver a Dios. Para el judío del Antiguo Testamento, y para el judío del primer siglo, ver a Dios era algo impensable. Nadie podía ver a Dios; es más, nadie quería ver a Dios.

El primer sermón del monte

Te quiero contar esta historia, está increíble. Cuando Moisés estaba en el desierto, en camino hacia la tierra prometida, llevaba a Israel guiándolos, y Dios dio un sermón en un monte también, por cierto. Yo le llamo —en nuestra iglesia le llamamos— el primer sermón del monte: el monte Sinaí. Y en ese momento Dios puso su sermón escrito en tablas, y se lo predicaron a la gente de Israel. En ese primer sermón, Dios llegó a predicar a su púlpito, y vean lo que pasó en aquella ocasión, cuando Dios llegó a predicar su sermón en ese monte. Éxodo capítulo 19 dice: "Aconteció que al tercer día...

Y me encanta esa frase, "tercer día"; hay muchísimas conexiones. Noé... Jonás predicó por tres días en Nínive; pidió que se hiciese un ayuno por tres días. Hay muchísimas conexiones alrededor de esta frase. Pero "aconteció que al tercer día, cuando llegó la mañana, hubo truenos y relámpagos, y una densa nube sobre el monte" —ya había llegado Dios, y estaba por predicar el mensaje del sermón del monte, del monte Sinaí, monte de Mateo 5—, "y un sonido tan fuerte de trompeta que hizo temblar a todo el pueblo que estaba en el campamento".

Nadie puede ver a Dios y vivir

Cuando llegó Dios a predicar el sermón del monte en aquella ocasión, con Moisés, la gente no lo celebró; la gente se atemorizó. Y un poco más adelante vean lo que de plano le piden a Moisés, en Éxodo 20: "Todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonido de la trompeta y el monte que humeaba; y cuando el pueblo vio aquello, temblaron". ¿Y qué sucedió? "Se detuvieron a la distancia. Entonces dijeron a Moisés" —"Moisés, mira, está padrísimo que viniste aquí, y está padrísimo que Dios... pero, por favor, Moisés"—: "Háblanos tú, y que Dios no hable con nosotros, no sea que"... ¿qué? No querían oír a Dios, porque se sabían pecadores; su voz era demasiado para ellos.

Al igual que Adán y Eva, cuando comieron del fruto prohibido. ¿Se acuerdan qué es lo primero que hicieron Adán y Eva cuando comieron? ¿Qué hicieron? Se escondieron, se mantuvieron a distancia. Aquí también estas personas se esconden de Dios, se mantienen a distancia, porque se sabían muy pecadores, se sabían muy sucios. Y esa suciedad les hacía sentirse lejos de Dios.

Es más, un poquito más adelante, Moisés pide ver a Dios. Y dice Moisés: "¿Sabes qué? Tal vez ellos no quieren estar cerca de ti, pero yo sí". Y entonces le dice Moisés: "Te ruego que me muestres tu gloria". Y el Señor le respondió: "Yo voy a hacer pasar toda mi bondad delante de ti, y proclamar el nombre del Señor delante de ti; tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión de quien tendré compasión". Pero añade esto —esto está increíble—, dice: "No puedes ver mi rostro, porque nadie me puede ver". Y otra vez, piensa en esa última frase: nadie puede ver el rostro de Dios y vivir.

O sea, eso está tremendísimo, porque nuestra suciedad nos aparta de Dios. Por eso dice Habacuc: "Muy limpios son tus ojos para mirar el mal". Amigos, literalmente Dios le dijo a Moisés: "Nadie me puede ver", porque si alguien veía a Dios, en la condición en la que estaban, moriría. Por eso es teológicamente relevante que Jesús diga, versículo 8: "Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos sí verán a Dios".

En Cristo hay acceso a Dios

En Cristo, amigos, hay acceso a Dios. En Cristo hay apertura, entrada, bienvenida, no solo al reino de Dios, sino a una relación de intimidad como nunca antes había ocurrido. Podemos ver a Dios, podemos ver su bondad y su gloria y su majestad; podemos acceder directamente a su trono y decirle "Padre". Podemos arrodillarnos delante de Él y sentir su amor, apreciar su poder y admirar su belleza. Y le decía: los que hemos sido limpiados con la sangre del Cordero podemos ver a Dios, porque nos ha hecho una nueva criatura. Y ya no nos escondemos, como lo hizo Adán, y tampoco huimos, como lo hizo Caín, y no nos da miedo el ver a Dios, como al Israel de Moisés en el monte Sinaí.

Sino que en Mateo 5:8 tenemos el revés de Éxodo 33. Cuando Dios dijo: "Nadie puede ver a Dios", Jesús dice: "No; sí, los que sean limpios en mi sangre pueden ver a Dios". Y no nada más podemos ver a Dios, sino que podemos acercarnos a Él, y podemos decir: "El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce" —va enfrente de mí—. "Él restaura mi alma" —Él está dentro de mí—. "Me guía por senderos" —va delante de mí—. "Aunque pase por el valle de sombra, no temeré mal alguno, porque Él está junto a mí; tu vara y tu cayado me infunden aliento. Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza" —está sobre mí—; "mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días".

Señores y señoras, moraremos en el reino del Señor por largos días, y le veremos el rostro, y le veremos cara a cara, y contemplaremos su presencia, y no moriremos, todo gracias a la misericordia perfecta y eterna de nuestro gran Rey.

El gran revés

Te muestro este cuadro para que veas todos los reveses que hay aquí. De la familia de Adán, nosotros vemos que él se escondió, pero nosotros nos acercamos. De la familia de Adán vemos que Israel no podía ver a Dios, pero nosotros sí podemos ver a Dios. De la familia de Adán, nosotros vemos que Moisés no podía ver a Dios —Dios le dijo: "No puedes"—, pero nosotros podemos ver a Dios. En la familia de Adán, ellos, si veían a Dios, morían; en la familia del Rey, si vemos a Dios, vivimos. Amigos, vean el extraordinario revés que obtenemos en Cristo: podemos ver a Dios, podemos acercarnos a Él.

En el Antiguo Testamento no querían acercarse, por su suciedad; pero en Cristo hemos sido limpiados, y por lo tanto acercarnos no nada más es una posibilidad: es una orden. Vean lo que dice Hebreos 4:16: "Por tanto, acérquense". Y dicen: "Pero ¿te acuerdas de nuestra...?". Él dice: "Acérquense con confianza" —de que han sido perdonados, y que pueden llegar— "al trono de la gracia, para recibir" —ya no truenos y relámpagos, sino— "misericordia y gracia para el momento oportuno".

Amigos, en Cristo podemos ver a Dios. ¿Cómo vemos a Dios? Bueno, vemos a Dios en la creación, en las Escrituras, pero especialmente vemos a Dios en Jesús. Vemos la vida de Cristo, vemos la persona de Cristo, y vemos a Dios revelado en Él. Así lo dijo Él mismo en Juan 14:8: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre". Iglesia, Mateo 5:8 es gigantesco: en Cristo, la relación con Dios ha quedado perfectamente restaurada. Adán es la única persona que ha existido sobre esta tierra que ha podido ver a Dios directamente, pero en Cristo ahora nosotros recuperaremos esa clase de relación. ¿Ves cómo la Biblia es una gran historia, una sola gran historia: la historia de quién es Dios y de cuál es su plan para la humanidad?

Dos preguntas

Iglesia, Dios quiere que entiendan: sin limpieza de corazón no es posible ser parte de su reino. Nadie puede ver a Dios sin ser limpiado primero; nadie. Así que te dejo con dos preguntas solamente esta mañana, esta tarde: ¿has sido limpiado por la sangre del Cordero? Si no estás seguro, si no ves fruto en tu vida, si sabes que no eres salvo, habla con uno de los pastores, habla con algún líder de esta iglesia, y sé salvo hoy. Pide limpieza de corazón por todos tus pecados. Si ya eres salvo, y estás aquí y dices: "No, Josué, yo sé que soy salvo", entonces mi pregunta para ti es: ¿vives en este ciclo de limpieza? ¿Vives confesando y pidiendo limpieza continua? ¿Qué cambios radicales tomas en tu vida para no volver a caer en falta de limpieza?

Y no puedo pensar en cerrar de una mejor manera este sermón que pidiéndoles a cada uno de ustedes que leamos en voz alta el Salmo 51:10. Pero lo vamos a leer detenidamente, lentamente, en forma de oración, como si lo estuvieras orando a Dios, en realidad. Así que todos juntos leemos: "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí".

Oración final

Oremos. Sí, ahorita damos gracias por este mensaje, damos gracias por este texto, del que solamente podemos ver la superficie de todo lo que hay allí. Podríamos pasar horas hablando de la limpieza, limpieza de corazón, hablando acerca de ver a Dios, cómo lo hacemos. Pero en este texto podemos ver claramente: tú quieres ciudadanos limpios. Tú ya nos has hecho posicionalmente limpios; ahora quieres que continuemos esta limpieza. Yo sé que hay personas aquí que necesitan ponerse a cuentas contigo, tal vez de pecados ocultos, que piensan que nadie ve, pero tú sí; tal vez de pecados públicos, que ya las personas saben, y han tenido corazones endurecidos y cauterizados. Señor, crea en nosotros un corazón limpio. Y gracias porque finalmente la brecha se ha acercado, y no nos escondemos de Dios; nos podemos acercar a Él. Gracias. Él me quitó esos…

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