Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Efesios 5:21-33EfesiosJaime Adams

Un espejo para ver el amor de Dios

Transcripción

Matrimonios que reflejan el amor de Dios

Pues yo recuerdo muy bien la última vez de estar aquí: fue una conferencia sobre misiones, y toda la iglesia, pues, preparó diferentes misiones, de Corea del Norte, de México, a diferentes partes del mundo, y todo muy bien hecho. Tenía todo esto con diferentes palabras de los misioneros históricos, y todo. Pero lo que yo recuerdo más que todo fue que nosotros nos quedamos aquí en la casa de Paco y Madeleine. Y pues, hablando todos estos días de la misión, él me traía matrimonios: "Este matrimonio, cómo ellos reflejan el amor de Dios ahora en su vida"; y otro matrimonio, y otro, y otro. Fue casi, pues, aun después de la conferencia, y él iba trayéndome este matrimonio para hablar con ellos: cómo están ya reflejando el amor de Cristo en su relación, en el matrimonio. Y para mí esto fue algo bello de ver: cómo es algo que Dios sí tiene como el fundamento de su iglesia, los matrimonios, el hogar cristiano.

La Palabra de Dios en Efesios

Y nosotros llegamos a esta carta de Efesios, que es un libro, una carta tan importante; es, como podemos decir, la reina de la teología, o mejor dicho, la carta... del apóstol Pablo. Y nosotros llegamos esta mañana no para las opiniones de los hombres, ni tampoco de las cosas de lógica, o cosas así de tradiciones, sino a la Palabra de Dios, como dice Pablo cuando comienza esta carta, con autoridad; es decir: "Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios". No es algo de filosofía, sino Palabra de Dios. Y esta Palabra llega hoy con un propósito: de transformar nuestras vidas personales y la iglesia de Cristo.

Entonces, llegamos al capítulo 5, realmente. Y vamos a enfocarnos realmente en lo que es, para mí, después de predicar por este libro, yo creo que por lo menos tres veces a través de los 50 años en el ministerio, yo puedo ver que el centro de este libro es el versículo 18 del capítulo 5. Dice: "Llenaos del Espíritu de Dios". Y eso quiere decir que hay necesidad del control de la Palabra de Cristo sobre nuestras vidas y nuestras relaciones personales. Entonces, vamos a tratar con los versículos que encontramos en Efesios 5, comenzando con el versículo 21. Y voy a leer este versículo con una versión del pueblo, con palabras sencillas, y dice así: "Estén sujetos los unos a los otros, por reverencia a Cristo". Es una sumisión mutua.

Oración

Entonces, vamos a orar pidiendo la ayuda de Dios para entender cómo es este asunto de las relaciones personales y la llenura del Espíritu Santo en nuestras vidas. Oh, Señor, no somos capaces de entender tu Palabra sin el Espíritu Santo. Ayúdanos, oh Señor, con ojos abiertos, por medio de la obra de tu Espíritu, a entender tu Palabra para nuestras vidas. Necesitamos este mensaje para nuestros hogares, nuestras vidas personales. En el nombre de Cristo Jesús.

Una visión global de la carta

Yo creo que hay algo tan importante allí, al llegar a este punto; es decir, que necesitamos nosotros tener una visión global de lo que está haciendo Pablo. Hay hombres pecadores que llegan a algunos de estos textos —creo que especialmente el asunto de la sumisión de las esposas a los esposos— y se pegan con esto. Yo creo que Pablo llega de otra forma; tiene la enseñanza, pero él tiene la enseñanza con esta carta comenzando con el capítulo 1, con el asunto de que somos el pueblo de Dios, todos. Como dice, somos escogidos en Él antes de la creación del mundo; como dice: "Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos y sin defecto en su presencia". Entonces, él comienza con este asunto del amor de Dios, que no es porque nosotros merecemos este amor; es por la pura gracia.

Y él sigue en el capítulo 2, cómo es que él dice: la salvación es por gracia, por medio de la fe; pero siempre es por medio de la pura gracia de Dios. El capítulo 3, interesante, él tiene este entonces: que todos, sin distinción de raza, es decir, que somos coherederos de las promesas de Dios. Dice... es decir, que los gentiles —nosotros, casi 16, y unos de Israel aquí, unos dos o tres, parece—, somos gentiles fuera del pueblo de Dios; pero dice aquí: "miembros de un mismo cuerpo, y participantes igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio". No hay rechazo de pueblo ni lengua, e invitados a la familia de Dios. Hay un pueblo de Dios de toda raza, lengua, pueblo y nación: los escogidos de Dios. Buenas noticias para todas las naciones.

Entonces tenemos el capítulo 4: el caminar digno del llamamiento recibido, con humildad, dulzura, paciencia, tolerantes —podemos decir, tolerantes unos con otros— y el amor. El capítulo 4 nos habla de la necesidad de esforzarnos por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. El capítulo 5 tiene algo que me gusta tanto: nos habla de que nosotros debemos reflejar el amor de Dios, reflejar la imagen de Dios, nosotros, todos nosotros.

Sumisión mutua

El versículo 21, yo creo que está hablando así, de todos: "Estén sujetos los unos a los otros, por reverencia a Cristo". Todos, hombres y mujeres: hay una sumisión voluntaria en Cristo que debemos todos nosotros practicar. Y hay algo interesante en este pasaje: creo que el versículo 21, pues, tiene esta palabra de sumisión, pero el versículo 22 no comienza realmente —en el texto original no tiene esta palabra así de sumisión—; dice: "Pues las esposas deben estar sujetas a sus esposos", es algo que lleva del versículo 21, es decir, "como al Señor". Y en el versículo 25 hay también la necesidad de que los esposos, en un sentido, estén sujetos a sus esposas, mostrándoles el amor de Cristo. Igual podemos ir por todas estas relaciones personales y ver esa necesidad de una sumisión mutuamente practicada entre los hermanos, en diferentes formas; pero hay una sumisión que debemos tener los unos con los otros.

Entonces, al llegar aquí, pues, tenemos, como yo digo, esta clave de la carta: "Llenaos del Espíritu Santo". Cada creyente lleno del Espíritu, reflejando la imagen de Dios, no con debates, no con el asunto de ataques y lógica, sino con sumisión mutua. Entonces, el contexto nos da ese asunto de que el pueblo de Dios tiene esta sumisión mutuamente; todos deben practicar esto en su vida diaria. Entonces, nosotros vamos a ver este asunto, cómo Pablo tiene todo este trasfondo, un contexto, para enseñarnos sobre esta sumisión. Primeramente, vamos a mirar la creación, cómo es; en segundo lugar, vamos a mirar cómo Pablo nos habla de la cruz de Cristo Jesús; y por fin, el compromiso. Estas tres cosas son importantes: la creación, la cruz y el compromiso, que encontramos aquí.

La creación: hechos a la imagen de Dios

Entonces, comenzando con esto de la creación: Pablo nos da un contexto grande. Somos hechos a la imagen de Dios, hombres y mujeres. Recuerden cómo es el texto: ¿Dios hizo solamente al hombre a su imagen? No, señor: hombres y mujeres hechos a la imagen de Dios, como Génesis 1:26 y 27 nos habla de este asunto tan importante: todos hechos a la imagen de Dios. ¡Oh, el original rey y reina! Qué bello ver a los dos caminando en el jardín, el rey con su reina, representantes de la gloria de Dios en toda la creación, sin pecado; representantes de la imagen del Dios glorioso, radiantes, gloriosos los dos, antes de la caída; la imagen de Dios, representantes ellos de la gloria de Dios.

Y es algo tan bello pensar en esto, el amor de Dios. Encontramos que Dios nos ha dado esto como una ventana, quizás, en que podemos ver algo de su amor de una manera muy especial, como es que Génesis tiene. Y el asunto es que realmente tenemos a los dos; así como el hombre canta: "Hueso de mis huesos, carne de mi carne". El matrimonio sagrado refleja la gloria, la imagen del Dios trino. Dios sí tiene este amor entre sí: el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen este amor eterno. Como dice en Juan, Cristo nos habla de que el Padre ama al Hijo; hay este amor entre los tres, perfectamente, siempre, eternamente. Y Dios nos da como un espejo para ver algo de su amor.

Aunque, como dice —esto es interesante en el pasaje—: "Por esto el hombre deja su padre y su madre, se une a su mujer, y los dos se funden en uno solo". Es algo profundo, algo de lo que podemos hablar, de cómo fue antes como una profecía, cómo estos dos van a reflejar el amor de Dios, y hasta la imagen de Dios. Hay algo misterioso en esto.

La cruz: una palabra a los maridos

Pero vamos hablando especialmente ahora a los líderes de los hogares, los maridos: cómo es que este pasaje nos habla de la cruz de Cristo. Una palabra antes de entrar en esto, que es tan importante realmente para todos nosotros, maridos: cómo es que estamos andando con nuestras familias. Esta palabra de Pablo... quizás es bueno ver esto primero: la Primera Carta a Timoteo, cuando estaba hablando del liderazgo en la iglesia, dice así en el capítulo 3, estas palabras en los versículos 4 y 5: "Debe saber" —los líderes, los ancianos, los que van a predicar, los que van a enseñar, los que van a guiar la iglesia, deben saber— "gobernar bien su casa y hacer que sus hijos sean obedientes y de conducta digna; porque si uno no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?". Es algo como fundamental, realmente, en el asunto del liderazgo, de tener su propia casa, como requisitos que encontramos en Timoteo y Tito sobre el asunto de cómo escoger, reconocer a los ancianos, los líderes de la iglesia. Tan importante: ¿cómo uno puede predicar, cómo uno puede ser líder en la iglesia, si no está gobernando bien su iglesia? Esto es hipocresía, porque esto tiene que comenzar en nuestros hogares.

Cristo, cabeza de la iglesia

Entonces, esto es tan importante: la cruz. Cristo es el Salvador; amó tanto a la iglesia. El versículo 23 de Efesios 5 nos habla de esto; dice: "Porque el esposo es cabeza de la esposa, como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y Él es también su Salvador. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las esposas deben estar en todo sujetas a sus esposos". Entonces, tenemos esta palabra. Ahora, quizás es una palabra un poco debatida, la sumisión: ¿cómo es este asunto? Hay una palabra para las esposas ahora, y quizás algunas están así: "No quiero escuchar esto; ya he oído esto". Pero debemos oírlo en el contexto de la creación y de la cruz de Cristo.

Cómo es el asunto: la sumisión jamás, jamás es una sumisión absoluta; no exige el pecar, nunca. Y tampoco debemos hablar de esto, que es una cosa que puede ser, pues, solamente cuando me conviene, cuando parece fácil, cuando el esposo demuestra ese amor. Pero aun Pedro nos habla de cuando uno está casado con un inconverso: pues el asunto de ganar a este hombre con esta manera de sumisión, esta manera de andar con un espíritu de amor, de sumisión. Pero no es una sumisión... importante esto: aun a un marido inconverso la esposa debe someterse, en la Primera Carta de Pedro, el capítulo 3.

Nueve versículos para los maridos

Entonces, con esto, pues, tenemos el entonces que encontramos en este pasaje. Yo creo que muchas veces los predicadores han hecho énfasis en esos tres versículos sobre la sumisión de la mujer a su marido. Pero es interesante que hay... ¿cuántos versículos sobre el asunto del esposo, el marido? Como tres veces más: hay nueve versículos para ustedes, hombres; para mí. Entonces, aquí, pues, es la labor, el amor de los maridos. El amor del marido debe ser... los versículos 25 a 33: "Esposos, amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y dio su vida por ella". La cruz. La cruz es la demostración del amor que debemos tener en nuestros matrimonios.

"Esto lo hizo para santificarla, purificándola con el baño del agua acompañado de la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, radiante" —me gusta pensar en esto—, "sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa y perfecta. De la misma manera" —de la misma manera— "deben los esposos amar a sus esposas como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Porque nadie odia su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida, como Cristo hace con la iglesia, porque ella es su cuerpo".

Un amor con pasión y sacrificio

No es un amor, pues, sin pasión; Cristo nos mostró pasión por su iglesia. Amor... no podemos tener un amor sin ser con sacrificio, tomando la iniciativa; algo que nosotros como maridos debemos mostrar: este amor de Cristo a nuestra esposa. Es algo que Dios nos manda, como a sí mismo; somos una sola carne, en los cuerpos. Pues el amor así santifica, dice el texto; así, radiante, sin mancha ni arruga. La esposa, como la iglesia, es algo que Dios hace para mostrar, reflejar en su iglesia el amor de la santa Trinidad: son unidos como uno solo, a la vez hay diferentes roles en la Trinidad. El amor libra, cuida, protege; hay algo tan especial, que hay restauración y libertad y gozo en el amor de Cristo.

A ver, algunos que están todavía despiertos: ¿podemos decir todos nosotros Juan 3:16, como una sola voz? A ver: "Porque de tal manera... a su Hijo unigénito, que todo aquel que en Él cree... tenga vida eterna". Sí, todavía están allá; muy bien. Entonces, este amor cambia el matrimonio. No es solamente una cosa de lanzar desde el púlpito, sino que llega a nuestros hogares: cómo se trata en la cocina el marido con su señora. Este amor es una demostración de la cruz; cambia las relaciones humanas. El amor es un amor sacrificial. ¿Difícil? Por supuesto que sí.

Recuerden a Cristo en Getsemaní; Él habla: "Siento en mi alma una tristeza de muerte". Dice: "Padre mío, si es posible, líbrame de ese trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú". Sumisión. Y nosotros como maridos —no solamente las esposas, sino nosotros como maridos— debemos mostrar ese amor por medio de una sumisión a ellas, cuidándolas, amándolas, sin dudas. Así, hay algo que nos muestra la cruz de Cristo.

Cuando nos cansamos

Nos cansamos como esposos; hay dificultades, a veces hay fallas: nuestros pecados, nuestros rechazos por otros, por cómo estamos haciendo las cosas o cómo hemos fallado; rechazos. Pero el amor no es un sentimiento, sino un compromiso que debemos aprender. Y concluir: hay algo en este amor de Cristo, este Dios es más que nosotros, ante la tentación de buscar algo fuera de nuestro matrimonio. ¡Ay de los que tratan de escapar por el trabajo, la religión, la iglesia; escapar de sus deberes en el lugar de este amor, y en el lugar de los que están buscando, importantes, otras cosas! Pero no hay asilo ni amparo sino en Dios. Él es el único que tiene las palabras de vida; Él es el único que puede ayudarnos a seguir adelante; Él es el único. Maridos, no debemos ir atrás; debemos seguir adelante con el poder de Dios. Hay algo que es un mandamiento para nosotros.

La creación de Dios: es algo extraordinario ver que hay este asunto de mostrar la imagen de Dios en el matrimonio; en la cruz, mostrar su amor, y la iglesia en sumisión a su marido, a Cristo. Pero tenemos este asunto: el compromiso. Creación, cruz y compromiso; tan importante esto.

El compromiso: un pacto que no cambia

Ahora llegamos al corazón del asunto. Podemos hablar de estas grandes cosas, pero ya estamos llegando al corazón: Isaías 54, el versículo 5. Leamos este versículo, Isaías, versículo 5; dice: "Porque tu Creador" —pensar en esto: tu Creador— "te tomará por esposa; su nombre es Señor todopoderoso. Tu redentor es el Dios santo de Israel, el Dios de toda la tierra". Y al leer el versículo 10: "Aunque las montañas cambien de lugar y los cerros se vengan abajo, mi amor por ti no cambiará, ni se vendrá abajo mi alianza de paz. Lo dice el Señor, que se compadece de ti". Es un compromiso que Dios tiene con nosotros, que Cristo tiene con nosotros; somos de su familia. Es algo que no cambia.

Los votos de su boda, recuerden. Yo estaba pensando en esto en estos días: que hace 52 años atrás, yo ni tenía voz en este momento; yo tenía tanto miedo. No sé si algunos de ustedes pueden recordar, pero así, con tanta gente y todo, y decir: "Pues sí, acepto". No sabía casi por qué tenía tanto miedo. Yo he anotado estos votos: "¿La amarás, consolarás, honrarás y conservarás, en tiempo de enfermedad y de salud, y renunciando a todas las otras te conservarás para ella sola mientras los dos vivan?". Y con ánimo aceptaste, formando un pacto: "Desde hoy en adelante, ya sea que mejore o empeore tu suerte, seas más rico o más pobre, ya esté sana o enferma, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separe, según la santa ordenanza de Dios". Y gozosos lo dijeron, formando un pacto; un momento histórico en su vida. Acuérdense de esto.

Renovar los votos

Hay momentos importantes en que uno realmente debe renovar sus votos. Nosotros, hace poco... tenemos una familia muy querida, los Itonga, que él es de África y ella, pues, de Arizona, y ya tienen cuatro hijos, después de diez años; y hace poco renovaron sus votos delante de toda la iglesia. Fue como algo especial, y pues, con lágrimas y todo; fue muy bonito, renovando. Pero los otros maridos, esposas: renovar los votos, sí, cada año, cada diez años, cada mes... Hay algo en esto de renovar nuestro amor; importante. Descuidar el matrimonio, realmente... como es un pacto, un pacto: si uno cumple con esto, hay bendiciones en abundancia; pero si no cumple con el pacto, pues uno sufre maldiciones. Es algo serio.

Veinticinco puntos, rápidamente. Primero: cómo nosotros debemos realmente renovar y no seguir con estos desacuerdos. Dios primero estableció y diseñó el matrimonio; no es una invención humana. Esto es algo que Dios diseñó para nuestro bienestar. Segundo: Dios define nuestros roles como hombre y mujer, marido y esposa. Tercero: antes de la caída hay tres ordenanzas de la creación: el trabajo, el matrimonio y el descanso. Son importantes de practicar estas cosas en su vida; son ordenanzas de antes de la caída del hombre: el trabajo, el matrimonio y el descanso. Y cuarto: la vida entera está bajo el pacto de Dios el Creador. Su tiempo de adoración aquí como iglesia, sí, bajo las ordenanzas de Dios; pero también su tiempo en el trabajo, en la casa y en los momentos personales que uno tiene; pues todo esto está abajo... Como un amigo de nosotros, pues, tiene algo de este asunto de tener el evangelio para cada rincón de la vida. Sí: todo bajo el pacto de Dios.

Y el punto quinto: el pacto entre Dios y nosotros. Y Él nos ama, y no nos ama porque somos tan bellos; no, Él nos ama para hacernos... Y es igual con los esposos: pues tienen que hacerla... tiene que hacer de ella la más bella de su vida; apreciarla, mostrar el amor de Dios, de la cruz de Cristo y de la creación; reflejar la imagen de Dios en toda la vida.

Tres libros para los maridos

Entonces, tengo estas palabras directas a los maridos, como tres ayudas que pueden anotar —no parece el momento—, pero tres libros bíblicos que deben leer constantemente y usarlos para ayudar en su vida. Primero: que lean los primeros siete capítulos de Proverbios. Hay advertencias en estos 37 capítulos contra el adulterio. No hay hombre que ya tenga tantos años que no pueda estar con esta tentación. David, recuerden: el rey tenía todo lo que él realmente quería, pero con esta mirada a Betsabé, una mujer hermosa, él sufrió muchas aflicciones: muerte, pecados, problemas. Cuidado. Este libro de Proverbios, los primeros siete capítulos, nos dan estas advertencias para nuestras vidas.

Segundo: que lean el libro que tenemos, Cantar de los Cantares, y recordar que su amor no es una cosa solamente de obligación; no es solamente la responsabilidad en el matrimonio. Nada de esto: es algo de pasión. Dios nos da instrucciones de mostrar el amor en el matrimonio con algo de pasión. Lean el libro, y nos muestra la pasión en el matrimonio. Y el Salmo 45 es un salmo que nos habla realmente de la belleza de la novia, y también, lo veo, aun de su novio; y es un salmo que ustedes deben ver.

Un misterio: el matrimonio predica el evangelio

Interesante: este pasaje que tenemos nos habla de un misterio. Un misterio es algo que por largo tiempo... que ahora Dios nos muestra su significado. Y tenemos este pasaje de Génesis, el capítulo 2, los versículos 20... 23, 24, 25, que nos hablan de este amor matrimonial. Y realmente creo que tenemos una prefiguración profética de la unión de Cristo y su iglesia; esto es el misterio. Dios preparó el matrimonio, marido y esposa, con un propósito. No es que Dios iba así caminando y: "Ah, esto sería una buena ilustración de mi amor", o de Cristo y la iglesia. Es que Él preparó todas esas relaciones antes, para mostrar el amor de Cristo y esa relación de Cristo y su iglesia.

Asombroso, realmente, es este asunto: pensar que la relación entre marido y esposa lleva el mensaje del evangelio mismo. El mundo está observando su matrimonio; es una manera de predicar el evangelio. ¿Saben cuál es la mejor manera de evangelizar a sus hijos? Su matrimonio. Es el lugar donde ellos van a aprender cómo es la imagen de Dios, cómo es el amor de Cristo, de la cruz; cómo es el asunto de un compromiso que realmente cambia, que refleja la imagen del amor de Cristo por su iglesia.

El peligro de descuidar el hogar

Entonces, tenemos el asunto de que, como maridos, tenemos una tendencia a veces de cuidar solamente nuestras cosas, como flojos. La Palabra de Dios nos habla del peligro de esto. Podemos estar, como hombres, consumidos, preocupados, todos con el teléfono, los mensajes que llegan, computadoras, tantas cosas, los deportes, pasatiempos. Nosotros podemos tener, en lugar de nuestra señora, pues, muchas cosas distintas, y realmente la voz de Dios no llega. Es importante este estudio, esta relación en el matrimonio. El asunto es que tenemos que tener cuidado de cómo nos expresamos: estar gritando, pues, no es la manera. Es llegando con el amor de Cristo a nuestros hogares. Si estamos con la voz de ira y disgusto, así se tuerce la imagen divina, y se hace incorrecta.

La dignidad del esposo según Bonhoeffer

Nosotros tenemos esta palabra de Pablo, con la autoridad de Cristo: "apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios". Esta palabra ha llegado a nosotros esta mañana. Él escribió esto desde una prisión, como prisionero, y él escribió esta palabra con la inspiración de Dios. También un teólogo, Dietrich Bonhoeffer, a quien, pues, los nazis, al final de la guerra, la Segunda Guerra Mundial, en abril de 1945, le mataron. Pero antes él escribió desde la cárcel, pues, él escribió un sermón para una pareja muy especial para él, y fue necesario enviar este sermón a ellos en secreto. Y él, mostrando en este sermón que el esposo es reflejo de Cristo, y la belleza de la amada esposa, reflejando la iglesia.

Y en este sermón él escribió estas palabras: "Cuando al marido se le llama la cabeza de la esposa" —aquí continúa explicando: "como Cristo es cabeza de la iglesia", Efesios 5:23—, "algo del esplendor divino se refleja en nuestras relaciones terrenales, y debemos reconocer y honrar ese reflejo. La dignidad que aquí se atribuye al hombre reside no en ninguna de sus propias capacidades o cualidades, sino en el cargo que se le confiere en su matrimonio. La esposa debería ver a su esposo vestido con esta dignidad". El esposo: "Eres el responsable de su esposa, de su familia; las representa al mundo exterior; eres su pilar y su comodidad. Él es el dueño de la casa, quien exhorta, disciplina, ayuda, consuela, y la defiende ante Dios".

Hombres, tienen responsabilidad. ¡Qué privilegio, qué gozo tener este cargo: mostrar el amor de Dios por nuestra relación, mostrar la imagen de Dios y mostrar el evangelio de Cristo, y esta relación de Cristo y su iglesia! Nosotros tenemos este privilegio de mostrar a nuestros hijos y al mundo este bello evangelio. Se deben renovar cada día estos votos en nuestro matrimonio.

Renovando los votos

Pues al final yo quiero hacer algo, quizás un poco raro: que ustedes como maridos, si quieren renovar esta relación de nuevo —como hemos llegado a la Santa Cena a renovar nuestra relación, nuestros votos, con el Señor—, hay un momento de renovar nuestros votos con nuestras señoras; así, esta relación que refleja la imagen de Dios, que refleja el evangelio de Cristo y el amor de la cruz; a renovar esta relación. Y tengo aquí simplemente la letra de una canción de Don Francisco a su novia, el compromiso de la boda. Que ustedes tomen la mano de su señora y escuchen estas palabras. Yo recuerdo otra vez los... o mejor dicho, los 52 años atrás, este momento de los votos. Y es necesario renovar constantemente estos votos, el pacto matrimonial. Don Francisco ha escrito:

(Aquí el predicador lee, en traducción propia, la letra de la canción de Don Francisco: una promesa de amor para toda la vida que no descansa en las propias fuerzas sino en el amor que Jesús da. Se omite la letra en esta transcripción.)

…Nancy, yo amo a mi Señor, y es el que me da la fuerza de cumplir. Y que nosotros, como maridos, a nuestras señoras... y practicar la cruz en nuestros hogares.

Oración final

Oh, Señor, que nuestras casas, nuestros matrimonios, sean una vitrina donde el mundo entero pueda ver el amor de Cristo, el evangelio de Cristo, la misericordia, lo dulce de tu amor. Perdóname, oh Señor, mis fallas, mis pecados. Tú eres... Y doy gracias, Señor, por tu bondad, y lo bello que es demostrar el amor de Cristo en nuestro matrimonio. Gracias, Señor, te doy por 52 años de tu presencia, de tu guardarnos y cuidarnos. Ayúdame, Señor, en estos días, como marido, para tu gloria, a mostrar tu imagen y tu amor. Oh, Señor, yo oro por todos los maridos que están aquí esta mañana, que ellos de veras tengan un día especial de renovar sus votos, renovar en tu presencia esta relación tan esencial en todos nuestros hogares. Gracias, Señor, por el asunto de mostrarnos tu amor en Cristo Jesús, y que Cristo es la cabeza de nosotros, todos, en Cristo Jesús…

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