Un Señor, una fe un bautismo
Transcripción
Por qué celebramos el bautismo
(La grabación comienza con el mensaje ya empezado.) …estamos moviendo, pues, para tener una pequeña pausa y reflexionar acerca de por qué celebramos lo que vamos a estar celebrando hoy, del bautismo: qué es, de dónde viene esta idea de que los creyentes deben de bautizarse. Y estaba pensando acerca de este tema, y esto es algo que inclusive platicamos en nuestra clase de predicación expositiva. Los hombres habíamos estado estudiando el libro de Colosenses en los últimos meses, y en el libro de Colosenses hay algo acerca del bautismo. Entonces, quiero regresarme a un pasaje que ya meditamos uno de los miércoles con Fran, y quiero nada más regresarme para recordar qué es lo que está diciendo el pasaje acerca del bautismo.
Y parte de lo que quiero hacer hoy también es doctrinal, porque nosotros creemos y practicamos lo que se llama bautismo de creyentes. Entonces, todos los bautismos que van a ver hoy son de personas que, creemos, han entendido y profesado una convicción en el evangelio, y este bautismo es un resultado de esa profesión previa. Han dicho: "Sí, yo creo, yo entiendo lo que Cristo hizo por mí, y creo con todo mi corazón que Él es mi única esperanza, mi única salvación, y que solo en Él he encontrado el perdón de los pecados y la esperanza final y eterna para mi vida". Esa es la convicción; van a escuchar los testimonios de esas personas.
Pero tenemos muy queridos amigos y hermanos en Cristo que practican lo que es conocido como el bautismo de infantes, o el bautismo de bebés. Y el bautismo de bebés que practican no es solamente que bautizan bebés y adultos, sino que lo hacen solamente por aspersión. Entonces es nada más como que los salpican un poquito, y eso es el bautismo. Y como ustedes van a ver en un momento, nosotros usamos esta pequeña tina que tenemos aquí para sumergirlos en el agua, y de esa manera representar una realidad interna que ha sucedido en sus vidas. Entonces, quiero tomar este tiempo nada más para explicar qué es el bautismo, y brevemente mostrar las diferencias entre estas posturas, porque, les digo, son nuestros amigos y nuestros hermanos en Cristo.
Presbiterianos especialmente, y algunas otras iglesias reformadas, practican el bautismo de infantes. Pueden encontrar esta convicción del bautismo de bebés en el Catecismo de Heidelberg; si tienen la Biblia de estudio de Herencia Reformada, van a encontrar ahí exactamente dónde está la convicción de por qué bautizan bebés. Entonces, vayan conmigo a Colosenses 2, y les voy a mostrar un pasaje que es usado justamente —no es el único, pero es uno de los pasajes que es usado— para dar un trasfondo teológico, o un trasfondo doctrinal, al bautismo de bebés. Entonces, les voy a explicar de dónde viene y por qué tenemos una diferencia aquí con esa postura.
La plenitud de la deidad en Cristo
Colosenses 2, versículo 8 hasta el 15, vamos a estar viendo. Dice: "Miren que nadie los haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo, y no según Cristo. Porque toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en Él, y ustedes han sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad". Entonces, aquí les estamos leyendo esto nada más para que vean de dónde viene lo que vamos a ver en un momento sobre el bautismo. Hay una manera de pensar que es la manera del mundo, y la filosofía del mundo —y lo veíamos en 1 Corintios también—: el hombre natural, el hombre que no entiende las cosas de Dios, el hombre para el que las cosas de Dios son necedad y no tienen sentido.
Y el hombre espiritual, al cual se le ha revelado la verdad del evangelio de una manera gloriosa, donde entiende qué es el evangelio, y esta nueva realidad en Cristo, que contrasta con la manera de pensar de este mundo. Y dice Pablo: "Ustedes han entendido esa nueva realidad". No son las filosofías de este mundo: son nuevas realidades que ustedes han obtenido a través de estar unidos a Cristo, quien es la plenitud de la Deidad. De Dios, por cierto, toda la idea existe corporalmente, o reside corporalmente, en Él. Y ustedes ahora están unidos a Él, tienen una nueva identidad. Él está por encima de todas las cosas, sobre todo poder y autoridad.
Una circuncisión no hecha por manos
Ahora, versículo 11, dice: "También en Él ustedes fueron circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo". Entonces, aquí está la siguiente fase de lo que está tratando de explicar Pablo que ha sucedido con ellos. Ahora, cuando habla de circuncisión, ¿está haciendo referencia a qué? Génesis 17, realmente. Ustedes podrían regresarse a ver cómo se dio esta instrucción de circuncidar a todos los hombres, y que de esa manera mostraran que pertenecían al pacto que Dios estaba haciendo con Abraham y con toda su descendencia: "Esto va a ser la señal". Y entendemos que la circuncisión es solo para hombres, y muestra esta señal del pacto.
Y se les hacía al octavo día, ¿verdad? Es el momento de hacerla, que tiene también razones médicas: a esas alturas, la coagulación de la sangre está en su más alto punto, y por eso era la razón de hacerlo en ese día. Pero ahora Pablo está tomando esa misma idea y está diciendo: esta circuncisión que se hacía, y se practicó durante todo el Antiguo Testamento, y el pueblo de Dios la practicó, estaba apuntando hacia otra realidad, que iba a ser el cumplimiento de ese pacto que Dios estaba haciendo con Abraham, de una nueva nación y de un nuevo pueblo. Y por eso es que él habla de una circuncisión no hecha por manos. Entonces, esa es otra clase de circuncisión de la que Pablo está hablando, que es el cumplimiento de esa circuncisión.
¿Cuál es? Es una circuncisión espiritual. Y en esa circuncisión también se remueve una parte de la carne; pero, otra vez, ahora no es una carne física: es una carne espiritual, que es la carne de nuestra naturaleza pecaminosa, en donde reina el pecado sobre nosotros. Y eso es quitado, para ahora darnos una nueva naturaleza que tiene poder y victoria sobre el pecado. Sí, estoy tomando de otros pasajes para explicarles esta verdad en este texto. Entonces, "quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo". Entonces, Cristo nos ha circuncidado: nos ha quitado algo que antes teníamos, que gobernaba nuestra manera de vivir.
La lógica del bautismo de bebés
Eso es importante, porque aquí es donde está esta conexión entre el bautismo de infantes y la circuncisión. ¿A quién se circuncidaba? A los bebés. Entonces, mis hermanos presbiterianos dirían: "Mira, es que se circuncidaba a los bebés, y ahora Pablo, en el versículo 12, dice: habiendo sido sepultados con Él en el bautismo". Entonces dice: "mediante la circuncisión de Cristo, habiendo sido sepultados con Él en el bautismo". Entonces hay una conexión entre circuncisión y bautismo. Eso es, en esencia, la lógica y la teología detrás del bautismo de bebés.
Es diferente en la Iglesia católica y la luterana. Ellos tienen todavía otra idea, un poquito más, donde el bautismo tiene un elemento de regeneración también; pero no estamos hablando de eso. Creo que ese bautismo todavía tiene algunos otros problemas más. Pero con los presbiterianos, principalmente, ellos dirían: "Bueno, bautizamos a los bebés como señal del pacto que Dios ha hecho con nosotros. Y así como en el Antiguo Testamento se circuncidaba a los bebés, ahora nosotros bautizamos a los bebés como señal de ese mismo pacto: circuncisión, bautismo". Y entonces los padres, que ahora son creyentes, están incluyendo dentro del pacto que Dios ha hecho con ellos a sus hijos.
Entonces dicen: "Señor, te encomendamos a nuestros hijos como parte del pacto", y este bautismo simboliza ese pacto. Espero que si hubiera un presbiteriano aquí —no sé si hay—, pero si hubiera un presbiteriano aquí, sentiría que estoy representando correctamente su postura. Creo que lo estoy haciendo; es la lógica. Y el versículo 12 dice: "Habiendo sido sepultados con Él en el bautismo, en el cual también han resucitado con Él". Ahora, este mismo versículo es el que los presbiterianos usarían para decir: "Sí, vamos a bautizar bebés también, no nada más adultos" —porque también bautizan adultos que han creído—. Dirían: "Bueno, es que la primera generación de cristianos… Tú, en el Nuevo Testamento, estás leyendo sobre la primera generación de cristianos, que están creyendo y luego son bautizados. Pero ¿qué hay de sus hijos? Eso es lo que siguió después de esa primera generación de cristianos".
El problema es que el Nuevo Testamento no dice nada sobre sus hijos: qué pasó con sus hijos, si los bautizaron o no. Entonces estamos haciendo un argumento con base en el silencio del texto, no con base en lo que el texto sí dice.
Por la fe en la acción del poder de Dios
Quiero mostrarles lo que sí dice el texto. Ahora, recuerden, número uno: es circuncisión no hecha de manos, o sea, es otro tipo de circuncisión. O sea, sí, la circuncisión del Antiguo Testamento estaba apuntando a otra circuncisión. Entonces ya hay otra categoría aquí de circuncisión de la que está hablando Pablo, y es la circuncisión que se conecta con el bautismo. Y lo que dice el versículo 12: "Habiendo sido sepultados con Él en el bautismo, en el cual también han resucitado con Él". Fíjense la siguiente frase, después de "en el cual también han resucitado con Él"; aquí está la clave del bautismo de creyentes, de por qué bautizamos solamente a aquellos que han profesado tener fe. Porque dice el texto: "por la fe en la acción del poder de Dios".
O sea, el bautismo ¿con qué está conectado? Con la fe. Si tú tienes fe, eres bautizado; esa es la conexión. Y un bebé recién nacido no creo que tenga todavía la fe. Podemos orar que vaya a tener la fe, pero todavía no la tiene. Entonces, la misma base que el texto nos está dando acerca del bautismo es esta conexión entre bautismo y circuncisión: es que la circuncisión, que es una circuncisión espiritual, donde Dios te ha quitado una naturaleza pecaminosa dominada por el pecado —eso es lo que está pasando en la circuncisión espiritual—, es representada por medio del bautismo.
Y "bautismo", esa palabra en griego, baptizo, es la palabra "sumergir", por si tenían duda; no "rociar": bautizar es sumergir. Y es simbólico de lo que está pasando en la sepultura y la resurrección de Cristo. ¿Por qué? Porque hemos muerto con Él en su muerte. ¿Muerto a qué? A nuestro pecado. Hemos muerto con Él, y dice el versículo tres —lo van a ver en un momento— que tenemos nueva vida. Entonces pasamos de muerte a vida, y eso es simbolizado en el bautismo: "Habiendo sido sepultados con Él en el bautismo, en el cual también han resucitado con Él por la fe". Por la fe; ahí está la clave. Esa es mi convicción acerca del bautismo: que es por la fe. Lo que representa es nuestra fe en la acción del poder de Dios, que nos ha resucitado de entre los muertos.
Una señal más amplia
Entonces, en el Antiguo Testamento, la circuncisión tenía un uso más amplio, en el sentido de que, pues, todos los niños, bebés, eran bautizados —perdón—, circuncidados. Pero hay un cambio, en donde ahora no todos están siendo bautizados. Pero sí es un sentido más amplio ahora en el cual se cumple la circuncisión, porque en el Antiguo Testamento solo los hombres eran circuncidados, solo hombres, y ahora también las mujeres están siendo incluidas dentro de la señal del pacto, del bautismo. Entonces, en un sentido, ahora es mucho más amplio. Porque es la otra cosa que me dirían mis hermanos presbiterianos; dirían: "No, es que la inclusión dentro de la promesa era más amplia en el Antiguo Testamento; ni modo que ahora sea más pequeña". Y yo diría: "No, sí; de hecho es más amplia, porque ahora incluye mujeres también dentro de la señal".
Y entonces tenemos un sentido mucho más amplio en el cual se cumple la promesa. Porque, además, ¿qué es lo que representaba la circuncisión dentro del Antiguo Testamento? Representaba la inclusión dentro ¿de qué? Del pacto de Dios con su pueblo étnico, o sea, Israel. En un sentido étnico, era lo que estaba siendo representado a través del pacto de la circuncisión. Había un sentido muy limitado de "ahora pertenezco a Israel, el pueblo étnico". Pero ahora el símbolo representa que pertenezco a una nueva identidad, de un nuevo Israel, que tiene que ver con todas las naciones, de todos los pueblos; que no se limita a una identificación con una nación geográfica y particular, sino con el pueblo más amplio de Dios, que está siendo redimido de todas las naciones.
Bueno, ese es mi argumento a favor del bautismo de creyentes, brevemente. Ya si quieren estudiar más, ahondar más, les puedo recomendar algunos libros. Pero somos amigos; muchos son nuestros queridos hermanos que son presbiterianos.
Muertos en delitos, vivificados con Cristo
Para terminar, quiero comentar con ustedes lo que dicen los versículos 13 al 15, porque aquí está la esencia, la esencia de esta gloriosa realidad que hoy van ustedes a presenciar en cada uno de estos bautizos. ¿Qué es lo que ha pasado cuando hemos muerto y resucitado con Cristo? Estábamos nosotros muertos espiritualmente antes de tener fe. Y por eso dice el versículo 13: "Y cuando ustedes estaban muertos en sus delitos y en la incircuncisión…"; o sea, todavía no habíamos sido circuncidados, teníamos esta vieja naturaleza, antes del pacto. "…Incircuncisión de su carne…". ¿Qué hizo Dios? Los circuncidó, y cuando los circuncidó, "les dio vida juntamente con Cristo, habiéndonos perdonado todos los delitos".
¿No les encanta cómo es descrita esta nueva realidad para los creyentes? Ahora: tú estabas muerto, ahora estás vivo. ¿Y qué puede hacer un muerto para obtener vida? Nada. Es enteramente un llamado de la eterna y soberana elección divina y libre de Dios, para obtener para sí un pueblo. Y dice la segunda parte —perdón—, el versículo 14: "Habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz". Entonces, lo que está diciendo Pablo es: ustedes habían transgredido la ley de Dios; ustedes habían sido encontrados como culpables delante de Dios.
La multa de la verificación
Y es la parte que mucha gente no entiende. El hombre natural no entiende esta parte. El hombre natural cree que está bien con Dios, y que no tiene problemas con Dios, y cree que es una buena persona. Pero cuando se confronta con la ley, se da cuenta de que sí hay un verdadero problema. Y lo podemos entender hasta en nuestro mismo sistema judicial: si tú rompes la ley, si tú quebrantas alguna ley… Por ejemplo, tengo que hacer mi verificación este mes, del carro; se me sigue olvidando. ¿Y cuánto tiempo me queda? ¿Qué pasa si yo no hago la verificación este mes? Va a haber una multa —y ya me ha pasado—, y entonces tengo que pagar algo adicional. Y cuando soy confrontado con haber quebrantado algún tipo de ley como esa —o sea, "tenías hasta tal fecha, no pagaste"—, ahora ¿qué? ¿Cuál es mi única opción? Pagar.
¿No? Pero imagínense que yo llego ahí al Verificentro y les digo a los del Verificentro: "Ay, perdón, es que se me olvidó, perdónenme". ¿Qué creen ustedes que ellos van a decir? "Pues sí, te perdono, pero paga". Ellos no pueden quebrantar la ley —bueno, se supone, ¿verdad?—; no pueden brincarse algo que la ley ha establecido como parte del sistema. Tú quebrantas la ley, hay un pago, hay un costo de tu transgresión.
Entonces, lo mismo pasa con Dios: hemos quebrantado su ley, hemos roto su ley. Y cuando hemos roto su ley, no es suficiente con nada más decir: "Ay, Señor, bueno, perdóname. ¿No me perdonas? ¿Puedes pasar por alto esto que hice?". Yo diría: "No, no puedo pasar por alto lo que hiciste; tiene una consecuencia". Y la consecuencia del pecado es muerte: muerte espiritual y muerte física. Entonces, ¿cuál es la única solución? ¿Cuál es el equivalente aquí? Y estoy tomando esto —si quieren ver los videos de Aguas Vivientes que doblamos, pueden escuchar todos estos diálogos que se desarrollan— de cómo compartir el evangelio.
La única esperanza… Si yo llego al Verificentro, y no pagué, y tengo esta multa, y me doy cuenta de que no traigo ni siquiera mi cartera para pagar… Y claro, esa es una mala analogía, porque no es tanto dinero; es pagable. Cuando estamos hablando de la deuda con Dios, es impagable. Lo cual significa que yo estoy en esta posición donde no puedo pagar, y yo digo: "Ay, perdóneme, ¿podría ignorar esto?". Y él me dice: "No, no lo puedo ignorar". ¿Cuál es mi única esperanza? ¿Qué es lo único que podría suceder que me sacara de ese problema? Que alguien, de repente, uno de ustedes, llegara y dijera: "Ah, pues es mi pastor; entonces yo le pago su multa". Y ustedes pagaran por mí. ¿Y tendría alguna objeción el del Verificentro? No. No diría: "Ah, no, pero tú tienes que pagar, tú eres el dueño del carro". Diría: "No, no importa quién pague; alguien tiene que pagar". Es lo único que importa: que alguien pague. No tienes que ser tú, pero la deuda sí está ahí. Así que alguien la paga.
Alguien pagó la deuda
Y eso es lo que está describiendo Pablo. ¿Se dan cuenta? Lo que está diciendo Pablo es: alguien pagó; no tienes que ser tú. Tú puedes recibir gratuitamente el regalo de la vida eterna, porque, aunque tú transgrediste la ley de Dios y eres culpable de transgredir esa ley —la consecuencia y la paga es la muerte—, Jesús ha hecho posible que seas libre de deuda con Dios. ¿No les encantaría que les llegara en el correo su estado de cuenta de su tarjeta de crédito y dijera: "Alguien la pagó"? Lo que Dios ha hecho con nosotros es diez mil veces más glorioso que eso.
Versículo 15: no es nada más que ahora somos libres del pecado; ahora también somos libres de la única acusación que Satanás y las huestes de Satanás tenían en nuestra contra, porque lo único que ellos podían usar contra nosotros era nuestro pecado. Y entonces, simultáneamente, cuando Cristo murió en la cruz, no nada más canceló nuestra deuda, al nosotros poner nuestra fe en Él y solo en Él, sino que automáticamente invalidó e inhabilitó la técnica y la herramienta que él tenía contra nosotros: culparnos, hacernos sentir mal por nuestro pecado, apachurrarnos por nuestro pecado, decir: "Tú no mereces la gracia de Dios; tú no mereces ser redimido por Dios; lo que tú has hecho es imperdonable; nadie debería de aceptarte". Esa es la acusación que él hace en contra de nosotros una y otra y otra vez.
Y Pablo nos está recordando una verdad que invalida esa acusación. Por eso dice: "Habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él". La única razón por la cual tú podrías ser condenado es por tu pecado. Esa es la única cosa que te va a enviar al infierno: tu pecado. Satanás no te va a enviar al infierno; ninguna otra persona te puede enviar al infierno. Lo único que te envía al infierno es tu propia culpabilidad delante de Dios. Y si eso ya no está ahí, entonces ya no hay acusación que valga en la corte de la ley de Dios. "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió". Esa es la esperanza que nosotros ahora encontramos en Cristo Jesús, al ser parte de su pueblo escogido y redimido.
El bautismo y la identificación con la iglesia
Hermanos, me parece que no hay ninguna promesa más gloriosa que la que acabamos de leer aquí para nuestras vidas; ninguna esperanza más increíble y suprema. En cuanto a tesoros que podemos tener en esta tierra, ¿qué puedes tener que sea más importante, más valioso, que esta realidad? Entonces, todos los que se van a bautizar en un momento aquí han creído esta verdad en sus vidas, han puesto su confianza en Cristo, y creen que efectivamente la deuda ha sido cancelada. Y esa fe que ellos profesan es la que nos lleva a decirles: "Bautícense", como una demostración, un acto público que ahora los identifica con el resto de la iglesia. Porque todos nosotros también creemos eso: los que somos parte de esta iglesia creemos que esta es la verdad más importante de nuestras vidas.
Y el bautismo es un primer paso hacia esta identificación con la iglesia. Ustedes saben que tenemos un proceso de membresía, en donde queremos que también formalmente se identifiquen con la iglesia, y por eso queremos que se bauticen primero. Porque la membresía significa eso: que nosotros validamos su testimonio como cristianos; que sí, estas personas han creído y han obedecido a Dios en el bautismo, recordando que lo que Dios ha hecho por ellos es la realidad más importante de sus vidas, y nos lo han mostrado a nosotros no nada más en lo que dicen, sino en el bautismo y en cómo viven sus vidas. Vamos a gozarnos, hermanos, juntos, en lo que vamos a celebrar a continuación: el bautismo de nuestros queridos hermanos, que hoy darán testimonio público de que han puesto su fe en Cristo Jesús, y por lo tanto ahora son llamados hijos de Dios.
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