Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Salmo 103SalmosJorge Rosa

Bendiciendo al Gran Dios que tenemos

¿Por qué se nos hace tan fácil acordarnos de los problemas y tan difícil acordarnos de lo que Dios ha hecho por nosotros? En el Salmo 103, el rey David no pide nada: solo le habla a su propia alma y la llama a bendecir a Dios por quién es y por todo lo que ha hecho. Jorge Rosa recorre el salmo versículo por versículo —el perdón, la sanidad, la corona de favores, la misericordia que va de eternidad a eternidad— para responder qué significa realmente bendecir a Dios y por qué un pueblo que conoce su nombre es la respuesta de Dios a un mundo que lo desprecia.

Transcripción

Introducción: nadie está listo del todo para hablar de este Dios

Muchos me han preguntado en esta mañana si estaba preparado, si estaba listo. La verdad es que nadie puede estar completamente listo para exponer del gran Dios que tenemos. Nadie está completamente preparado para indagar en las profundidades, para exaltarle sumamente en su totalidad como él lo merece. Somos, la verdad, necesitados de la guía de nuestro Señor para poder exponer quién es él, cómo es, y bendecirlo.

Este mensaje yo lo titulo, en Salmo 103, "Bendiciendo al gran Dios que tenemos". En este salmo el rey David no da ninguna petición; no hay ninguna confesión de pecados, no hay ninguna exigencia, no hay ningún lamento por problemas ni por situaciones. David ya ha dejado todo eso en otros salmos anteriores. Ahora David, después de varios salmos hasta llegar al 103, continúa: está exaltando, está alabando cualidades, cosas que el Señor ha hecho con él; describiendo quién es Dios, describiendo lo que él ha hecho por él, también por su pueblo, por todo el mundo.

En este salmo, lo que da es una rotunda invitación a bendecir a Jehová por quién es y por todo lo que él ha hecho. Este salmo ha inspirado a muchos otros a lo largo de los años a escribir muchas canciones, muchos cantos, de los cuales aún hoy día se cantan. Y hermanos, sería hermoso que nosotros culmináramos con la misma conclusión que el rey David tuvo al empezar este salmo.

Si ustedes ven el primer versículo, dice: "Bendice, alma mía, a Jehová". Y si ustedes se van al último versículo, el versículo 22, la última frase es: "Bendice, alma mía, a Jehová" —o "al Señor", en otras traducciones—. Quiere el Señor, hermanos, que nosotros tengamos exactamente la misma conclusión: al analizar, al indagar un poco, de acuerdo a lo que el Espíritu Santo permita, llegar a la misma conclusión.

Verso 1: David le habla a su propia alma

"Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre". La única petición o invitación que vemos en todo este salmo es un llamado de David a su propia alma, a su propio ser, para bendecir al Señor. Como el Padrenuestro mismo dice: "Santificado sea tu nombre". Este salmo abre invitando a nuestra alma a unirse en alabanza por quién es él: como el eterno, como la luz, como el omnipotente, como el omnipresente, como el todopoderoso, como el santo, como el perfecto, como el majestuoso, como el misericordioso, como el amoroso.

La respuesta, hermanos, de Dios a un mundo que desprecia su nombre es un pueblo que conoce su nombre. Es un pueblo que conoce quién es él. Es un pueblo que le exalta a él. Es un pueblo que habla de quién es él. En Isaías 52:5-7 dice: "Y ahora, ¿qué hago aquí?, dice Jehová, ya que mi pueblo es llevado injustamente, y los que en él se enseñorean lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día. Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente. ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: Tu Dios reina!".

Verso 2: no olvides ninguno de sus beneficios

Hermanos, en el versículo 2 dice: "Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios". Bendecir a Jehová es considerar quién es él en la plenitud de las Escrituras —no en la plenitud de lo que nosotros pensamos, sino en la plenitud de las Escrituras— y en nuestras vidas. Es glorificarle en adoración, considerando el gran Dios que tenemos.

David llama a su alma a bendecir a Jehová. Era como si David estuviera viendo a su alma y le estuviera diciendo, animando a su alma, que no estaba alabando a Dios lo suficiente, que no estaba alabando a Dios plenamente. Él llama a su alma a ser más. David también entendía que la adoración tenía que ser más que superficial; tenía que ofrecerse de la forma más completa posible. Quería que todo su ser alabara a Dios, que todo su ser se entregara en adoración a Dios. Como un instrumento, David está afinando su corazón a que adore, a que bendiga, a que alabe, a que exalte al gran Dios que tenemos.

Somos muy dados a olvidarnos del Señor. Por eso aquí el pasaje dice: "Y no olvides ninguno de sus beneficios". Nos acordamos muy fácilmente de los problemas, de las malas situaciones, del tráfico difícil, de lo complicado que es el día a día, de esto y de lo otro; está en nuestra mente constantemente. Pero David nos da un ejemplo de no ser olvidadizos de las bondades o los beneficios del Señor con todos nosotros. El Salmo 62, en el versículo 11, dice: "Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: que de Dios es el poder".

"Miércoles de quejas"

Hay un programa que estaba escuchando yo en la radio, y me dio mucha risa, pero a la vez me habló a mi corazón. Estaba escuchando por la radio, iba yo al trabajo, y decían en el programa: "Bueno, este programa se titula 'Miércoles de quejas'. Entonces todos vamos a escuchar", decía el locutor, "¿quién llama para estarse quejando?". Y tres personas llamaron para estarse quejando. Luego la cuarta persona que llama empieza a decir otras cosas que no eran queja, y le cortaron la llamada, porque lo que querían era que se quejaran. Lo que querían era que solamente se estuvieran quejando en ese programa. Se llama "Miércoles de quejas".

Nosotros parece que tenemos semanas completas de quejas. Nos quejamos por esto, nos quejamos porque no tenemos algo, nos quejamos porque falta algo, nos quejamos por un compañero de trabajo, nos quejamos de nuestra esposa, nos quejamos de los que tienen hijos, nos quejamos del jefe de trabajo, nos quejamos con nuestro compañero que no hace su chamba y nos toca a nosotros, nos quejamos de esto y de lo otro. David dice que no nos olvidemos de los beneficios.

Estudiábamos un libro que se llama Pecados respetables en nuestro discipulado, y uno de los más fuertes conceptos que hay ahí es la impiedad. Y nos olvidamos que somos impíos. Dice el impío en su corazón: "No hay Dios". Cuando tú estás enojado, ¿consideras a Dios? Cuando yo estoy enojado, ¿considero a Dios? Cuando yo le falto el respeto a alguien, ¿considero a Dios? A resumidas cuentas, hermanos, somos más impíos de lo que pensamos.

Este pasaje nos invita a nosotros a no olvidarnos de los beneficios que el Señor nos ha dado. Es sabio temer al Señor, considerando quién es él en todos nuestros caminos: que estamos en su presencia todo el tiempo, que él nos ve, que él está con nosotros, que nunca estamos solos. Todo lo que respire alabe a Jehová.

Verso 3 (primera parte): el que perdona todas tus iniquidades

Verso 3: "Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias". Perdonar: absolver a alguien, liberar a alguien de la carga de su ofensa. En cada ocasión nosotros vemos cómo el Señor está constantemente perdonando, constantemente. Cuando el hombre se aparta, peca, tiene miedo, tiene temor, cubre su pecado, el Señor le dice: "Ven a mí, yo te perdono. Ven a mí, yo te perdono". Aquí está un sacrificio. Aquí está una cobertura de pieles en Adán y Eva. Aquí está un pacto, una y otra vez. Es Dios perdonándonos a nosotros. Él es quien perdona tus y mis iniquidades.

Hermanos, muchos se tomaron con sorpresa cuando oían a Jesús decir: "Tus pecados te son perdonados". Los judíos, quienes sabían que el perdón de Dios es una cualidad unilateral divina, le respondieron que solo Dios podía perdonar los pecados. ¿Te ha perdonado Dios tus pecados? ¿Me ha perdonado mis pecados? En Cristo nos los ha perdonado completamente.

Isaías 55:6-7. Si aquí hay alguno que no ha recibido el perdón de sus pecados y entiende que su vida pues es una pérdida y que no tiene a dónde ir, hay una invitación poderosa para usted hoy. Isaías 55:6-7: "Buscad a Dios mientras pueda ser hallado; llámenle en tanto que está cercano. Deje su camino de pecado, y el hombre malo sus pensamientos. Vuélvase al Señor, a Jehová, el cual tendrá de él misericordia; al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar". Podemos ver en este pasaje cómo el Señor nuevamente nos invita a disfrutar de que él perdona todas nuestras iniquidades, de que no hay falta que él nos esté sacando en cara.

Proverbios 11:4: "No aprovecharán las riquezas en el día de la ira, mas la justicia librará de muerte". No hay nada en este mundo que se compare con la justicia que Dios nos ha dado a nosotros a través de Cristo. "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 5:1).

Verso 3 (segunda parte): el que sana todas tus dolencias

Él es el que sana todas nuestras dolencias. Versículo 3, segunda parte. Así como el pecado produce separación con Dios, también sus resultados son dolencias físicas, dolencias emocionales, temores, estrés y muchos otros. Esta es una afirmación que incluye también sanidad corporal, también mental, basada en el carácter de Jehová como el sanador. La sanidad que aquí se menciona incluye específicamente la recuperación física. Rafá en hebreo: sanar, cuyo significado particular encierra la idea de enmendar, de curar, de sanar. Este versículo testifica desde el Antiguo Testamento que el Señor no solo perdona iniquidades, también sana nuestras dolencias.

Aunque no es la prioridad tener salud física, la Biblia nos invita a confiar en Jehová, tu sanador, nuestro sanador. Si bajo el pacto anterior la sanidad corporal fue incluida justamente con los otros beneficios divinos, podemos descansar y regocijarnos en fe. La gloria del nuevo pacto excede por completo la del antiguo, y debemos tener la certeza de que Dios en Cristo ha hecho suficiente provisión para nuestro bienestar hoy, pero también en la eternidad. Isaías 53:4 dice: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados". En medio de las enfermedades podemos confiar que un Dios amoroso está cuidándonos.

Verso 4: el que rescata del hoyo tu vida y te corona de favores

"El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias". Circunstancias, hermanos, donde no parece haber escapatoria o salida: es él quien nos libra a nosotros. Él es un seguro salvador ante la soledad, la depresión, cuando tenemos miedo, cuando tenemos angustia, cuando tenemos estrés, cuando tenemos congoja, cuando tenemos pérdida de un ser querido, cuando tenemos inquietudes.

Quiero recordar un poco: en el 2020 no sabíamos, en nuestra familia, qué iba a pasar con el mundo entero, y había muchas dudas. Decían que este virus iba a destruir muchas cosas, que iba a haber una hecatombe económica, que muchas cosas terribles iban a pasar. Recuerde usted, hermano: ¿qué pensaba usted en esos momentos, y de dónde nos ha traído el Señor? Cuando nosotros estábamos escuchando "se enfermó el vecino, se enfermó la vecina, se enfermó mi familia, me enfermé yo", ¿qué sentíamos? ¿Ha tenido usted —he tenido yo— una experiencia donde no sentimos que hay salida, una situación compleja familiar, una situación difícil, que no podemos con eso?

1 Corintios 10:13: "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar". En este versículo nosotros entendemos que el Señor es quien provee todo lo que necesitamos en momentos críticos, en momentos oscuros, en momentos de desolación.

La corona que los demás ven

Él nos corona de favores. Hay algo curioso con la corona: una corona no solo es un adorno personal, sino que es una expresión a los demás. Es una expresión que los demás ven y entienden que hay algo especial en esa persona que está portando esa corona. ¿Es así o no es así? Bien.

Entonces, ¿qué hacemos nosotros con los favores que nos coronan a nosotros? ¿Qué hacemos nosotros con todas esas bendiciones dadas de gracia de parte de nuestro Señor con nosotros, que son un adorno visible, tangible, a nuestras vidas? ¿Hablamos de ellas? Cuando los otros nos ven, ven esa corona de favores. ¿Podemos nosotros gozarnos de estar llenos de esa corona de favores que el Señor nos da? Ampliamente le expresamos a otros sobre estos favores.

Dice el salmo: "En paz me acostaré, y asimismo dormiré, porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado" (Salmo 4:8). ¿Quién se cuida solo en la noche? ¿Quién está en guardia sin descansar todo el tiempo? ¿Quién cuida de su último aliento? ¿Quién le provee a su jefe para la quincena suya, para la quincena mía? ¿Quién le dio vida hoy? ¿Quién le dio comida? ¿Quién le dio techo? ¿Quién le dio vestuario? ¿Quién le dio amigos? ¿Quién le dio hermanos en Cristo?

Los que estamos casados sabemos la bendición que es tener al lado a alguien, una esposa, con quien servir y amar al Señor juntos. Proverbios 18:22: "El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová". Los hijos: "He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre" (Salmo 127:3). Y los que no tenemos hijos podemos gloriarnos en Cristo de tenerlos también espiritualmente. Nos dio una nueva identidad en Cristo, nos dio un nuevo hogar, y como si eso fuera poco, nos dio una eternidad con él.

"Yo soy más rico que usted"

Había un hombre que estaba expresando todos los grandes proyectos que él quería hacer. Era un hombre archimillonario, y estaba hablando con una persona pobre. Entonces viene y le empieza a decir: "Yo tengo esta compañía, pero, ¿sabes qué?, yo quiero también comprar esta otra compañía de autos, para que no solo tenga yo la compañía que provee las reparaciones de los autos, sino también la compañía de autos: tener todo el mercado yo solo. Quiero también una casa en esta zona". Y le empezó a decir una lista de cosas: "Quiero esto, quiero lo otro, quiero lo otro".

Y el hombre pobre lo interrumpe y le dice: "Permítame que le interrumpa". "Sí, dígame". Le dice: "Yo soy más rico que usted". "¿Por qué?", le dice —y el hombre obviamente mal vestido—. "¿Cómo es posible que tú seas más rico que yo?". Y el hombre le dice: "Señor, yo me alegro y me gozo de que yo tengo todo lo que tengo. Tengo exactamente lo que yo necesito. No necesito más. Y usted sigue pidiendo más y más y más y más".

Cuántas veces vamos al Señor como si fuera un cochinito, donde nosotros podemos obtener, obtener, obtener, obtener; pero no hacemos lo que está haciendo David: ninguna petición, simplemente exponiendo quién es Dios y todo lo que él ha hecho.

Verso 5: el que sacia de bien tu boca

Hermanos, "el que sacia de bien tu boca, de modo que te rejuvenezcas como el águila". Hay una canción de Santiago Benavides que me gusta; la frase dice así: "Se me olvida que jamás me has dejado a la deriva, y que en la mesa has puesto el pan puntualmente cada día. Es que se me olvidan los milagros que asombrado recibí. Es que se me olvida que estás siempre junto a mí". Santiago 1:17 dice: "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación".

El que sacia de bien tu boca es el que nos llena, hermanos. Dios, y únicamente él, es nuestro propósito de vida, es nuestra razón de ser, es por quien vivimos y por quien morimos. Como el águila, nosotros somos fortalecidos por nuestro Dios.

¿Se han preguntado: "Y cómo le hace este hermano, o esta familia, para estar como están aun con esta tremenda prueba"? Es el Señor que les fortalece. ¿Te has preguntado tú: "Ni sé cómo le hice"? Es que no fuiste tú, hermano; fue el Señor. Es la gracia del Señor proveyendo y dándote todas las cosas que tú necesitaste en ese momento donde no había salida, donde no veías que salías de un hoyo. Es Jehová, es el Señor, el que sacia de bien tu boca para que salgas fortalecido. Es el Señor el que te hace pasar por pruebas para que salgas fortalecido, entendiendo y formando a Cristo en tu corazón.

Verso 6: Jehová hace justicia a todos los que padecen violencia

"Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia". Sí, vivimos en un mundo injusto, vivimos en un mundo complicado; pero, hermanos, no estamos para quejarnos, estamos para ver qué es lo que la palabra del Señor dice. Él hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia. Su justicia es el sello de todas sus acciones. Quizá su acción justa no sea inmediatamente, pero es seguro que tarde o temprano aplicará su justicia.

La Biblia nos recuerda que el impío llevará el juicio, el justo juicio del Señor. Romanos 2:5-8 dice: "Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad; pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia".

Debemos recordar, hermanos, también que Jesús dijo en el libro de Lucas, capítulo 18, del 7 al 8 —a usted y a mí aplica este verso—: "¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia".

Lo que mueve a Dios a hacer justicia es el clamor constante de los que padecen la ofensa, de sus hijos. Por ejemplo, antes de David tenemos el caso de Abraham, cuando clamó respecto a su sobrino Lot y su familia. Cuando fue la destrucción de Sodoma y Gomorra, Abraham basó su clamor en el carácter justo de Dios, llamándole el Juez justo de toda la tierra. Es el clamor de día y de noche el que Dios nos escucha, y el que hace que el bien prevalezca mediante su acción justa. Mis queridos hermanos, Dios hará su justicia en su momento, de acuerdo a su voluntad.

Verso 7: sus caminos notificó a Moisés

Verso 7: "Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras". En todo el proceso del éxodo y el gran peregrinaje que ellos tuvieron en el desierto, Dios mostró sus obras a los israelitas. David entendía que era un proceso que Dios usó, con lecciones para nosotros; por eso lo menciona aquí. Él habla de Moisés y de cómo Dios le compartió sus caminos a Moisés, y también sus obras a los hijos de Israel.

Y podemos leer ahí en 1 Corintios 10, en gran parte del capítulo, cómo el Señor nos está recordando no ser idólatras, como los israelitas, que vieron tantas cosas, que vieron tantos milagros, que vieron tantas acciones de parte del Señor para cuidarles, para guardarles, para proveerles. Y aun así seguían siendo idólatras; aun así no consideraban al Señor; aun así se olvidaban. Por eso el llamado de David es: "No olvidemos". Los israelitas fueron rebeldes y fácilmente olvidaban las grandes obras del Señor.

Pero Moisés no se quedaba solo con que el Señor le mostrara a él sus caminos, y a los hijos de Israel sus obras. Él era un continuo pedir al Señor. En Éxodo 33:13 —es Moisés hablándole al Señor—: "Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo".

A veces la gente a nuestro alrededor parece preferir considerar que, si existe un Dios, se encuentra lejano, se encuentra ajeno e indiferente a lo que ocurre en nuestras vidas. Pero es todo lo contrario: Dios se comunica a través de su palabra hoy en día. Dios enseña qué es lo correcto y qué es lo que nos hace bien. Sí, el Señor se comunicó con Moisés y con los hijos de Israel; pero, hermanos, el Señor nos habla por su palabra y su Santo Espíritu el día de hoy.

Verso 8: misericordioso y clemente es Jehová

Verso 8: "Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande —o amplio— en misericordia". El salmista recalca nuevamente la gran misericordia de Dios. Alguien dijo que nuestra peor falla es la arrogancia, que le roba a Dios la alabanza que él merece.

Isaías 55:3: "Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David". Si había alguien que había experimentado la misericordia del Señor, ese era el rey David. Y venimos de estar estudiando la vida del rey David y cómo se hace rey, ¿no? Bueno, aquí vamos a indagar un poquito.

Al tiempo que debían salir los reyes a la guerra, David se queda en casa, y su pereza hace que estuviera en el lugar y en el momento equivocados. Codicia a una mujer que no era ni siquiera su esposa, y más: era esposa de otro. La obliga a dormir con él. Y luego, cuando el esposo de Betsabé se niega a quedarse en casa y estar con su mujer, David, para encubrir su propio pecado, trama un plan macabro para que su fiel servidor Urías el heteo sea muerto en la guerra.

El pecado de David, al igual que el nuestro, hermanos, no merece el perdón del Señor. Merecemos exactamente lo contrario: su juicio. "Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, amplio en misericordia".

Verso 9: nuestro Dios se enoja pacientemente

Continúa el verso 9: "No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo". Gloria a Dios que su misericordia perdura más que su enojo. Si no, nosotros fuéramos muertos absolutamente todos. Gloria al Señor que él es amplio en perdonar.

Dice la palabra del Señor que el amor no es contencioso. Nuestro Dios tampoco lo es, permanentemente contencioso. Alguien dijo que, con respecto a sus hijos, nuestro Dios se enoja pacientemente. Piense eso, hermano: el Señor se enoja pacientemente. No se alegra de su pecado; se enoja pacientemente.

Verso 10: no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades

Aquí el salmista recalca que Dios perdona y olvida. Verso 10: "No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados". Por un lado, no hace con nosotros lo que nuestras iniquidades hacen al insultar su carácter y quién es él. Esdras 9:13 dice: "Ya que tú, Dios nuestro, nos has castigado menos de lo que nuestras iniquidades merecen".

Somos impíos al olvidarnos de él; él no se olvida de usted y de mí. Él nos perdona. Le ignoramos; él no lo hace con nosotros. A ver: nos gustaría a nosotros que... No oramos hoy, no oramos en todo el día, y luego tenemos un problema y queremos que el Señor nos escuche, ¿y que él nos diga: "¿Sabes qué? Ayer no cumpliste tu cuota de escucharme a mí. ¿Para qué te tengo que escuchar a ti?"?

Pero así somos nosotros, hermanos. Nos olvidamos del Señor. Nos olvidamos a veces de hacer nuestro devocional, de pasar tiempo con nuestro Señor, de orarle, de estarle alabando, de estarle glorificando, porque estamos ocupados en otras cosas. ¿Tiene la culpa el Señor de todo eso? Nosotros odiamos; él nos ama invariablemente. Le reclamamos muchas veces; él no lo hace, más bien aboga por nosotros.

Por otro lado, "ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados". Nuestros pecados merecen muchísimo más castigo, pero Dios ha provisto una redención en amor, en Cristo, en su Hijo. En los sacrificios que señalan hacia la muerte de Jesús, Dios muestra su misericordia sin violar su justicia.

Romanos 6:23 —vea este contraste—: "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro". Hace una división importante ese "mas": entre la consecuencia de nuestro pecado y la gracia benevolente de nuestro Dios. Que cuando a él le estaban crucificando, incluso en la cruz, al Padre él le dice: "Perdónalos, porque no saben lo que hacen". Ojalá nosotros dijéramos lo mismo cuando no nos pagan, cuando nos quedan mal, cuando nos insultan, cuando nos tratan mal. Aquí la pregunta es, hermanos, para usted y para mí: ¿le estamos representando como él nos ha amado a nosotros, como él nos ha tratado a nosotros?

"No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados". David aquí expone claramente que Dios no paga mal por mal. Así de sencillo.

Versos 11-12: dos figuras para medir lo inmedible

"Porque como la altura de los cielos sobre la tierra" —verso 11—, "engrandeció su misericordia sobre los que le temen". En Lamentaciones 3:22 dice: "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad".

En este párrafo, el salmista usa figuras para explicar la grandeza infinita de la misericordia de nuestro Dios. Dice que es inmedible, pues es como la altura de los cielos sobre la tierra. La misericordia de Dios es sin explicación, sin medida, sobre los que le temen. ¿Le temes al Señor? Disfrutas de su misericordia.

Verso 12: "Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones". La otra figura enfatiza exactamente lo mismo. Cuando Dios perdona los pecados, no los trae a la memoria de nuevo. Tampoco debemos hacerlo entre nosotros, hermanos. Nos pasa usualmente que si nosotros, un ejemplo, hacemos un favor a alguien, y luego lo pedimos y no nos retribuyen de la misma manera, con el mismo favor o con la misma intención, nosotros decimos: "Ah, ya va a haber la próxima". O: "Ay, me las va a pagar". ¿Se imagina que el Señor nos dijera exactamente eso a nosotros?

David está simplemente exponiendo cómo es el carácter de nuestro Dios. Simplemente, lo que está haciendo es diciendo cómo es el trato de Dios: como la altura de los cielos, y como está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. El oriente y el occidente están totalmente alejados, no se entrelazan entre sí. La idea del rey David es dar a entender que así también nuestro Dios ha llevado a lo más lejos nuestras rebeliones. En otras palabras: no nos saca en cara nuestro pecado. Pero esto es porque Cristo murió. Romanos 5:8 dice que, aunque nosotros fuimos pecadores, Cristo murió por nosotros. Y está claro que este hecho continúa siendo real en nuestras vidas hoy, ya que tenemos un abogado en los cielos, quien está abogando hoy en día por nosotros.

Verso 13: se compadece de usted y de mí, ahora

Verso 13: "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen". En contraste con la vastedad de las acciones misericordiosas de Dios, David vuelve a enfatizar lo cercano e íntimo de su presencia como Padre.

Quiero nombrar algunas cosas. Él se compadece de nuestra ignorancia. Él se compadece de nuestra debilidad. Él se compadece de nuestras caídas, de nuestros tropiezos. Él se compadece de nuestros dolores. Él se compadece cuando otros nos han hecho daño. Él se compadece de nuestras angustias y temores.

Está en tiempo presente, y conlleva la idea, hermanos, de continuidad: en este mismo momento, ahora, hoy, se compadece de usted y de mí. Piense eso. El Dios que está en el trono, que está en el universo, que está reinando, se está compadeciendo de usted y de mí. Aunque sabe que hay pecado, que quizá requiera esta dura disciplina de hacerlo pasar por corrección, y por paciencia, y por prueba, para ser así santificado, el Señor se compadece de nosotros. Pablo dijo: "Mi Dios, pues, suplirá nuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria" (Filipenses 4:19).

Todavía el salmista agrega otra comparación: la comparación del padre hacia sus hijos. Hermanos, qué tremendo es ser hijo de Dios en Cristo y saber que él nos cuida de una manera especial, de una manera particular, a cada uno de nosotros. Dice la Biblia que él entiende nuestras debilidades; pero a la vez, en el Nuevo Testamento no está dando esto como una excusa para que sigamos aprovechándonos de este hecho —lo dice Pablo también en el Nuevo—. Tenemos al Espíritu Santo y tenemos la palabra del Señor, quien nos guía a poder entender estas verdades y ser agradecidos con nuestro Señor.

Versos 14-16: se acuerda de que somos polvo

Los versos 14 al 16 hablan ahora de lo que es la corta vida de nosotros aquí. Verso 14: una de las razones por las que se compadece Jehová de los que le temen es porque él conoce nuestra condición, "se acuerda de que somos polvo. El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más".

Nuestro Señor sabe lo frágil que es usted y lo frágil que soy yo; lo necesitado que es usted, lo necesitado que soy yo; lo corto de su vida, lo corto de mi vida; que somos del polvo, que yo también soy del polvo. Y entonces el rey David nos recuerda a nosotros que el todopoderoso Dios adorado que está en el trono nos ve, y aún considera nuestra condición de debilidad, y aún más: está haciendo algo al respecto.

Esto debe hacernos temblar, hermanos. Que el Dios creador de todo el universo se ponga a evaluar la condición de necesidad suya y mía: de que somos polvo, de que somos necesitados, de que estamos aquí por un tiempo x, de que pronto vamos a morir, de que como la flor podemos florecer con algún u otro proyecto, sin embargo va a terminar. Que Dios pueda agacharse, ver nuestra condición y considerar lo necesitados que somos de él, debe hacernos exclamar en gloria.

La palabra nos invita a hacer una reflexión, hermanos. Dios es muy grande, él es eterno, él es poderoso, mientras que nosotros somos frágiles, débiles, pasajeros. Pongamos nuestras vidas en perspectiva delante de Dios: que aunque florezcamos, tengamos cierto éxito, que nosotros lleguemos a alcanzar alguna meta, somos pasajeros, hermanos. Ahí van a quedar esas cosas.

¿Quién se acuerda quién ganó la Copa Mundial en 1930? ¿Quién se acuerda del primer soldado que salió a la guerra de toda la historia? ¿Quién se acuerda de cuando, hace unos años, las personas empezaron a usar la luz porque alguien la inventó, y luego se habla de las primeras personas que usaron la luz? Nadie recuerda todos esos hechos. Todas esas cosas ahí van quedando. Somos pasajeros, hermanos. Nada es eterno, ni nosotros mismos.

Versos 17-18: una misericordia desde la eternidad y hasta la eternidad

Mas, verso 17: "La misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra".

"Desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios", dice el salmista en Salmo 90:2. La misericordia de Dios es estable y duradera como él. No cambia. Tampoco cambia su norma de justicia ni su pacto. Hermanos, nosotros siempre anhelamos la seguridad: ¿qué puede proveer más seguridad que la misericordia de nuestro Dios?

Su misericordia ha hecho que podamos tener salvación. Su amor incondicional hizo que tuviéramos salvación, por el gran amor con que nos amó. Así Pablo dice: "Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 8:38-39).

Esta es una maravilla: el Dios eterno, creador del cielo y de la tierra, no solamente quiere tratar con nosotros, sino hacer un pacto, un acuerdo. Este es el pacto que ha sido sellado con la sangre de su Hijo, el Señor Jesús. Tiene que ver con toda nuestra vida, hermanos: la manera en la que nos comportamos, con lo que hacemos, con nuestro cuerpo, nuestro tiempo, relaciones, recursos; con absolutamente todo.

Dios quiere cubrirnos con una justicia que no es nuestra, sino suya: con la justicia de su Hijo Jesucristo, quien murió por nosotros. Recordemos los mandamientos de Dios, no solamente para conocerlos, sino para aplicarlos a lo que hacemos, decimos y pensamos. 1 Juan 5:3 dice: "Pues este es el amor a Dios: que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos" —no son una carga—. Preguntémonos hoy en día, hermanos: ¿estamos considerando la amplia palabra del Señor, sus mandamientos, sus caminos, sobre los que guardan su pacto?

Verso 19: de un rey al Rey

Estamos nosotros accediendo a la parte final ya de este capítulo. Dice el verso 19: "Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos". Le llamo a esta parte "de un rey al Rey". De un rey al Rey.

David sabía lo que es conquistar e imponer dominio sobre otros. Mató a un gigante en una ocasión; a leones y a osos en otras ocasiones. ¿Se ha enfrentado usted a algún león? ¿Se ha enfrentado usted a un oso? ¿Lo intimidaría? Hay un zoológico por aquí, ¿no? Un día que fuimos, yo escuché su rugir y me atemoricé, y está enjaulado. No digamos si no lo estuviera.

Si usted se lee toda la historia de David, lo que estamos estudiando, todas las proezas que él realizó previo a ser rey fueron varias, fueron muchas. Y si las dividiéramos, si las dividimos entre varios de nosotros —un ejemplo: Rodrigo mató un león, ¡wow!; yo maté un oso, ¡wow!; alguien más mató al gigante, ¡wow!—, si las dividimos, una en cada persona, diríamos nosotros, solo por esa acción: "¡Wow!".

Pero, ¿qué es lo que este rey dice cuando está frente al Rey de reyes? Queda totalmente insignificante, hermanos. Este Dios, cuya misericordia es eterna, también posee el poder, la autoridad, para cumplir su voluntad. Su reino domina sobre todo y sobre todos; abarca absolutamente todo el universo. Y nosotros tenemos el privilegio de ser parte de su reino. Nosotros, los creyentes, sus hijos, somos parte del reino de nuestro Dios.

¿Quién más que el rey David entendió muy claramente que era el Señor, Dios de los cielos, creador de los cielos y de la tierra, quien le había puesto a él por rey; pero también era el que estaba sentado en el trono, era el que tiene todo dominio de todo el universo y de todas las cosas creadas? Es un rey dándole el más excelso lugar. La adoración suma al Rey de reyes y Señor de señores. Jehová está en su trono. Él reina, y nada de lo que pase en este mundo va a cambiar ese hecho.

Hebreos 12:2 —hoy nos lo leía aquí—. ¿Qué dice? "Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios".

Versos 20-21: la alabanza humana no es suficiente

David va en un crescendo —entendemos ese concepto: el crescendo va subiendo, va aumentando, va de abajo hacia arriba—. Él procede no solo a estar alabando, llevando su alma a adorar, a alabar, a considerar todas las bendiciones, todos los favores que ha recibido del Señor; invita ahora a todas las huestes del cielo a que se unan a glorificar al Señor junto con él.

Verso 20: "Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto". Verso 21: "Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad". El corazón del salmista está lleno de alabanza al Dios tan grande que nos colma de bendiciones, y que ahora está invitando a los ángeles en totalidad a participar y a bendecirlo.

La alabanza humana no es suficiente. Se agregan las huestes espirituales celestiales. Las criaturas angelicales claman: "Santo, santo, santo es Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria" (Isaías 6:3). La adoración en el cielo nunca termina: "Día y noche no cesaban de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir" (Apocalipsis 4:8). "Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 5:13). Esta es una escena en el cielo donde el nombre de Dios es honrado, glorificado, venerado en adoración incesante.

Pero también dice Hebreos 1:14: "¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?". Vemos que aun en la adoración celestial el servicio toma un lugar prominente, un lugar importante, un lugar alto.

¿Recuerdan ustedes, hermanos, los ángeles que el Señor envió para sacar a Lot y su familia? Lot no se quería salir. Lot estaba atrasando, atrasando, atrasando. No se quería ir, no quería salir. Y los ángeles, ministros del Señor —que David anima a alabar, a bendecir a Jehová—, muy obedientes a sus preceptos, como nos dice la palabra del Señor: ahí van.

¿Recuerdan las huestes celestiales que el Señor le mostró a Eliseo, a su siervo, cuando su siervo decía: "Ay, ¿qué vamos a hacer ahora? ¿Cómo le vamos a hacer para derrotar este ejército?"? "Señor, ¿le puedes abrir los ojos?, porque él parece que no está viendo lo que tú estás haciendo, cómo tú mueves los hilos de las huestes espirituales en los cielos". El Señor cerró la boca de los leones a través de un ángel, cuando Daniel estaba en el foso de los leones.

El ángel en Getsemaní

Hay un pasaje que me impactó mucho en este estudio, y está en Lucas 22. Nos dice que un ángel se le apareció a Jesús para fortalecerle en su agonía. Lucas 22 relata: "Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra".

No sabemos qué fue lo que este ángel le dijo al Señor. Es un misterio. ¿Le recordó algo que Jesús no supiese antes? ¿Le dio algo que Jesús no tuviese antes? El texto dice que se le apareció para fortalecerle: el acto de adoración en servicio al Rey eterno, al Rey de los cielos. David entiende que las huestes, los ángeles, alaban y adoran al unísono al Señor. Ellos también forman parte del culto de adoración total, y global, y universal, al Señor Dios todopoderoso.

Algo curioso, hermanos, que me hizo pensar en Getsemaní: el Padre estaba con él; al menos sabemos que un ángel estaba con él… y los discípulos, durmiendo. Y así somos nosotros. No somos nada obedientes como lo son sus ángeles, como lo son las huestes que el Señor ordena y van, están donde tienen que estar, envían el mensaje que tienen que enviar, llevan el juicio cuando lo tienen que hacer. Aun así, él nos invita a nosotros a unirnos en esta adoración global: adorarlo, alabarlo, aunque lo dejamos solo y nos olvidamos de él. Todo lo que respire alabe a Jehová.

Verso 22: bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras

Verso 22 dice: "Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío. Bendice, alma mía, a Jehová". Nosotros somos obra suya, pero también toda la creación.

No encontré un pasaje que describiera mejor esta escena que el Salmo 104, del 24 hasta el 34. Lo vamos a leer. Dice así: "¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios. He allí el grande y anchuroso mar, en donde se mueven seres innumerables, seres pequeños y grandes. Ahí andan las naves" —o sea, los barcos—; "ahí está el leviatán, que hiciste para que jugase en él". Si ustedes se leen sobre el leviatán, esta criatura que el Señor creó, se van a impactar de lo inmenso que es. Y el Señor lo pone ahí, en el vasto mar, para que juegue. Así de grande es nuestro Dios.

"Todos ellos" —todos estos seres— "esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, se sacian del bien. Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra. Sea la gloria de Jehová para siempre; alégrese Jehová en sus obras. Él mira la tierra, y ella tiembla; toca los montes, y humean. A Jehová cantaré en mi vida; a mi Dios cantaré salmos mientras viva. Dulce será mi meditación en él; yo me regocijaré en Jehová".

Habacuc: "Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas cubren el mar".

Conclusión: lo que nos espera, y la misma conclusión de David

Si aún, hermanos, con todo esto no hemos entendido lo suficiente para bendecir al Señor, podemos nosotros ver lo que nos espera a todos aquellos que hemos creído en el Señor Jesucristo como nuestro suficiente Salvador. Lo que nuestro Dios eterno hará es absolutamente glorioso.

Apocalipsis 21:1-7 dice: "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres" —la presencia de Dios con nosotros—, "y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas" —como quien dice: al que está dudando por ahí, yo le estoy diciendo que esto sí va a pasar, y no hay ninguna duda al respecto—. "Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo".

David termina diciendo, por todos estos hechos que hemos visto —que hemos ido de la mano con el rey David; hemos considerado quién es Dios, hemos considerado todo lo que Dios nos ha dado, hemos considerado cómo es Dios con nosotros, hemos considerado todas las grandes criaturas de los cielos, también las cosas creadas del mar, que se unen al unísono a bendecir a nuestro Dios—, podemos culminar y decir: "Bendice, alma mía, a Jehová".

El día de hoy, al ver todas estas verdades que el rey David expresa y considera, hermanos, podemos nosotros bendecir al gran Dios que nos ha salvado y que nos creó para su gloria, para su honra. Juntos podemos decir: "Bendice, alma mía, a Jehová".

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