Salmo 110SalmosJosé María Cárdenas
Su Rey va a triunfar
¿Qué haces cuando tu lealtad al Señor se tambalea: cuando vuelves a caer en el mismo pecado, cuando tu matrimonio o tu salud van mal, cuando parece que la iglesia va perdiendo y el mundo va ganando? El Salmo 110 responde que tu esperanza no depende de tus circunstancias, sino de un Rey que Dios ya sentó a su diestra, que ya triunfó en la cruz y que volverá a triunfar definitivamente. José María Cárdenas predica el Salmo 110 —el salmo más citado del Nuevo Testamento— y muestra qué tipo de rey es Jesús, por qué es un sacerdote mejor que los de la ley, y qué significa esa frase extraña del versículo 7: "beberá del arroyo en el camino".
Transcripción
Introducción: los salmos salen de una vida
Bueno, se escucha. Buenos días, hermanos. ¿Cómo están?
¿Han visto algunas de estas series de artistas famosos, de cantantes? Sobre todo Juan Gabriel, Luis Miguel, o incluso la de Chespirito: estas series en donde te están mostrando partes de la vida de este personaje famoso. Y cuando estás viendo estas partes de la vida del personaje famoso, identificas rápido: "Ah, seguramente ahí escribió esta canción. Ah, seguramente ahí es donde se le ocurrió el personaje de Kiko a Chespirito", y estas cosas.
Entonces, lo que queremos hacer con esta serie basada en los Salmos es considerar algunas de las canciones más famosas de David, para que, cuando estemos viendo su vida en el libro de Samuel, podamos identificar: "Ah, esa canción seguramente la escribió ahí".
Básicamente, lo que queremos aprovechar es que estaremos viendo la vida de David en los próximos capítulos, y cómo Dios está cumpliendo sus propósitos eternos a través de este rey que él ungió, y que va a fortalecer y establecer; con el propósito de que los salmos que tú conoces, veas que no están en el aire, sino que realmente salen de la experiencia de un hombre cuidado por Dios, fortalecido por Dios, exaltado por Dios y usado por Dios para cumplir sus buenos propósitos.
Queremos que puedas profundizar en cada uno de estos salmos, y que sean de provecho a tu vida, y que a partir de esta serie leas los salmos diferente. Vean los salmos sabiendo que los salmos hablan por nosotros muchas veces en las experiencias que estamos atravesando en nuestra vida cristiana, en donde estamos experimentando lo mismo que David experimentó: el poder de Dios, la elección de Dios, el amor de Dios, y cómo Dios avanza sus buenos propósitos a través de nosotros.
Entonces, esta serie no está separada de lo que estamos viendo en Samuel, sino que nos prepara para lo que seguiremos viendo y nos permite entender de dónde venimos. Y para comenzar esta serie vamos a estar viendo el Salmo 110.
Vamos a orar, poniendo este tiempo en manos de Dios; que el Señor bendiga este tiempo y nos permita considerar las verdades que vamos a ver aquí.
Padre, gracias te damos, Señor. Gracias te damos porque nos permites acercarnos a ti por medio de Cristo, abrir tu Palabra y conocerte. Podemos también identificarnos a través de tu trato con tu pueblo, y cómo tú haces avanzar tu reino y cumplir tus propósitos eternos a través de simples hombres débiles; pero también cómo todo esto apunta a que tú realmente has vencido. Señor, concédenos ver esta realidad en este precioso salmo: que tu rey va a triunfar, y que en eso podemos tener esperanza en Cristo Jesús. Amén.
El contexto: todo lo que David va a sufrir
Precisamente, el título de este sermón es "Su rey va a triunfar". Su rey va a triunfar.
En los próximos capítulos de Samuel vamos a estar viendo que, a pesar de que Dios ha quitado el reino a Saúl y ha elegido a David conforme a sus propósitos para establecer el reino por medio de David, David va a sufrir diferentes circunstancias en las que se va a poner a prueba su lealtad, y donde él va a quitar en demasiadas ocasiones su esperanza de Dios. A David lo vamos a ver desviar su corazón más de una vez del Señor, y desviando el corazón del Señor, desviando también su lealtad al Señor. Circunstancias que no son muy ajenas a las que nosotros experimentamos.
David va a estar luchando contra la hostilidad que hay contra Dios y contra su ungido por parte del rey Saúl, que lo va a perseguir y, envidiándolo, va a querer destruirlo. Va a sufrir también la hostilidad que tienen los enemigos de Dios, los pueblos que se oponen a quién es Dios y que quieren destruir a Israel para frenar los propósitos de Dios; David va a sufrir esa hostilidad. David también va a sufrir la muerte de un hijo. Va a sufrir el pelear contra su propio pecado, el sucumbir ante su propio pecado. David va a sufrir traición, David va a sufrir abandono, David va a sufrir desesperanza. David, en muchos momentos, no le va a hallar sentido a nada; va a perder el propósito de todo. En muchos momentos va a preguntarle al Señor si ya lo abandonó. En muchos momentos va a sentir que Dios no lo está escuchando.
David, igual que nosotros, está experimentando los desafíos que representa vivir en este mundo caído. ¿No te ha pasado nada de lo que acabo de decir que vivió David? ¿No has perdido el propósito, el sentido? ¿No te has desanimado? ¿No te has preguntado: "Señor, pero tú me elegiste, ya no me escuchas; ¿qué pasa?"? ¿No te has preguntado si realmente Dios está contigo, si realmente Dios está haciendo su obra en ti? ¿No te has desanimado cuando has sucumbido ante el pecado? ¿No hay ninguna cosa que te hace quitar tu esperanza y tu lealtad de nuestro Señor?
Bueno, si es así, quiero que veamos juntos en este salmo cómo David condensa su experiencia de Dios cuidándolo a él, Dios sosteniéndolo a él, Dios llevándolo al reino, afirmando su reino y haciéndolo triunfar.
La experiencia detrás del salmo: 2 Samuel 7
David, después de triunfar sobre sus enemigos, va a decir lo que vamos a leer ahora. Acompáñame a 2 Samuel, capítulo 7. Esta escena nos permite entender la experiencia de David.
Después de que Dios le da paz de sus enemigos, David piensa: "Hay algo que tengo que hacer", y quiere poner una casa para el Señor, una casa de adoración para el Señor. Y entonces el Señor lo confronta y le dice: "¿Cuándo yo les he pedido una casa a ustedes? Más bien, yo he decidido morar entre ustedes". Y dice: "No, no quiero que ustedes me hagan una casa, sino yo voy a levantar tu casa. Yo voy a afirmar tu casa. Yo establecí mi pacto contigo".
Mira el versículo 8. Dios está enviando a un hombre de Dios a hablar con David, y dice: "Ahora pues, así dirás a mi siervo David: 'Así dice el Señor de los ejércitos: Yo te tomé del pastizal, de seguir las ovejas, para que fueras príncipe sobre mi pueblo Israel'".
Ahora ve el versículo 12. Dice: "Cuando tus días se cumplan y reposes con tus padres, levantaré a tu descendiente después de ti, el cual saldrá de tus entrañas, y estableceré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo estableceré el trono de su reino para siempre".
Ve el versículo 18, la respuesta de David a esto: "Entonces el rey David entró y se sentó delante del Señor, y dijo: '¿Quién soy yo, Señor Dios, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí? Y aun esto fue insignificante ante tus ojos, oh Señor Dios, pues también has hablado de la casa de tu siervo concerniente a un futuro lejano'".
Ve el versículo 23. Dice: "¿Y qué otra nación en la tierra es como tu pueblo Israel, al cual viniste a redimir para ti como pueblo, a fin de darte un nombre y hacer grandes cosas a su favor, y cosas portentosas para tu tierra, ante tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de naciones y de sus dioses? Pues tú has establecido para ti a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, has venido a ser su Dios".
Después de que David es afirmado por Dios, y enfrentando todas estas dificultades de experimentar la realidad de este mundo caído, David quiere construir una casa de Dios y reflexiona cuando Dios le responde: "No, tú no me vas a construir una casa. Yo voy a afirmar tu casa, y un descendiente tuyo es el que va a construir una casa".
David está reflexionando: "Tú escogiste, Señor, al pueblo de Israel para poner tu nombre. Este es tu pueblo; tú eres el Dios de este pueblo, y tú estás glorificando tu nombre con lo que haces con esta nación". Y luego, con el pacto que recibió en estos versículos, David está diciendo: "Esto va más allá de mi casa. Esto va mucho más allá de mi familia. Estás hablando de una descendencia lejana. Estás hablando de algo que va más allá de lo que yo pueda entender. Yo soy insignificante, y mi casa es insignificante. Tú estás hablando de algo más allá".
En Hechos 2, desde el versículo 29, Pedro está diciendo: "Hermanos, del patriarca David les puedo decir con franqueza que murió y fue sepultado, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que Dios le había jurado sentar a uno de sus descendientes en su trono, miró hacia el futuro y habló de la resurrección de Cristo".
David, con el trato que Dios hizo sobre su pueblo y en la forma en la que Dios afirmó su trono y lo estableció, David entendió que Dios está tratando con este pueblo para glorificar su nombre en un descendiente físico de David, que es Cristo.
Puedes ver ahora lo que David está pensando cuando escribe el Salmo 110. David está diciendo: "Mi lealtad al Señor no depende de las circunstancias que estoy viviendo. Mi lealtad al Señor depende de que Dios haga triunfar a su rey". Por eso el título del sermón es "El rey ha triunfado". Y nuestra lealtad depende exclusivamente de que su rey —el rey que el Señor afirmó, o sea, Jesucristo— ha triunfado.
1) Dios afirma la autoridad de su rey (Salmo 110:1-3)
Vamos a ver juntos ahora el Salmo 110, porque en este salmo David está exponiendo la forma en la que el rey de Dios, o sea, Jesucristo, va a triunfar. Y del uno al tres vamos a ver cómo Dios mismo va a afirmar la autoridad de su rey.
"Salmo de David", dice el Salmo 110, versículo 1: "Dice el Señor a mi Señor: 'Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies'. El Señor extenderá desde Sion tu poderoso cetro, diciendo: 'Domina en medio de tus enemigos'. Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder; en el esplendor de la santidad, desde el seno de la aurora, tu juventud es para ti como el rocío".
Este primer punto: Dios afirma su autoridad. El rey del Señor va a triunfar porque Dios mismo afirma su autoridad. ¿Y cómo lo hace? Primero le dice: "Siéntate a mi diestra". Está compartiendo su autoridad con él. Y dice: "Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies". Y eso no está poniendo un límite a la autoridad del rey del Señor, sino que simplemente le está diciendo: "Siéntate conmigo desde ahora y hasta que derrotes a tus enemigos". No está fijando la caducidad del reino de Cristo, sino que simplemente le está advirtiendo: "Vas a estar gobernando desde ahora junto a mí, a mi diestra, en el mismo nivel que yo".
Luego dice el versículo 2: "El Señor extenderá desde Sion tu poderoso cetro, diciendo: 'Domina en medio de tus enemigos'". Dios no solo está compartiendo su autoridad con Cristo, el descendiente físico de David, sino que está extendiendo su dominio para que esté sobre sus enemigos.
Y esto es hermoso, porque cuando nuestro Señor Jesucristo puso este salmo en sus labios, lo que hizo fue enseñarles a los fariseos que David estaba hablando de un descendiente físico, pero que era su Señor. Y cita esto; dice: "Si David estaba hablando de un descendiente físico, respóndanme: ¿por qué dice 'el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra'? ¿Por qué dice que su descendiente es su Señor?". Y la respuesta es esta: David estaba viendo hacia delante, sobre cómo Dios iba a hacer triunfar a su rey.
Vamos ahora a Hechos 2, y voy a leer un par de versículos de ahí para que puedas ver cómo es que Dios está haciendo triunfar a su rey, afirmando su autoridad. Cristo realmente vino conforme a las Escrituras, como dice Romanos 1: descendiente de David según la carne, y confirmado Hijo de Dios por un acto de poder en la resurrección de entre los muertos.
Y mira lo que dice el versículo 22 de Hechos 2 —Pedro hablando a los hombres de Israel—. Dice: "Hombres de Israel, escuchen estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre ustedes con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio de ustedes a través de él, tal como ustedes mismos saben; este fue entregado por el plan predeterminado y previo conocimiento de Dios, y ustedes lo clavaron en una cruz por manos de impíos y lo mataron".
Voy a hacer una pausa aquí. Dios confirma la autoridad de su rey. ¿Cómo? Dios está obrando milagros a través de Cristo. Y a través de lo que Jesús habló e hizo podemos ver que realmente Cristo es uno con el Padre. Cristo comparte la autoridad del Padre, y Dios está extendiendo su reino a través de él. Por eso Jesús dijo en Marcos 1:15: "El reino de los cielos se ha acercado. Arrepiéntanse y crean en el evangelio". Porque Dios está afirmando la autoridad de su rey.
El rey afirmado sufre la hostilidad del mundo
Pero este rey que Dios está afirmando va a sufrir la hostilidad del mundo. Los líderes de este mundo se le oponen. Su propio pueblo lo rechazó; no lo reconocieron. Aun el que comía con él y mojaba el pan en el mismo lugar lo entregó.
El Señor está representado aquí por David, en la historia que acabamos de resumir y que vamos a ver más adelante en la serie de Samuel; pero Jesús es el cumplimiento de esto. El rey que el Padre está empoderando y afirmando en su autoridad está sufriendo la hostilidad. También nuestro Señor se cansó, lloró, tuvo sed, experimentó todas las cosas que nosotros experimentamos como hombres… y fue muerto en la cruz. Fue muerto en la cruz. Nuestro Señor, que fue tentado en todo y que vivió la experiencia humana pero sin pecado, fue muerto en la cruz.
Versículo 24: "Pero Dios lo resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que no era posible que él quedara bajo el dominio de ella".
Ve el versículo 32: "A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que —y aquí está citando el Salmo 110— exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que ustedes ven y oyen. Porque David no ascendió a los cielos, pero él mismo dice: 'Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies'. Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo".
Dios confirma la autoridad de su rey, y lo hace a través de su muerte y resurrección. ¿Qué tipo de rey es este, que teniendo todo el poder de parte de Dios fue crucificado y fue muerto, después de haber sido traicionado y rechazado? Uno que iba a triunfar a través de esa muerte, recibiendo precisamente todo el juicio sobre sí mismo. Dios extiende su dominio juzgando el pecado, y lo hizo juzgándolo en Cristo. Y cuando resucitó a Cristo, lo sentó a su diestra dándole toda autoridad. Dios afirma la autoridad del rey.
¿Qué tipo de rey es este? (v. 3)
Ahora, fíjate la consecuencia de eso. ¿En qué resulta eso? Versículo 3: "Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder; en el esplendor de la santidad, desde el seno de la aurora, tu juventud es para ti como el rocío".
Qué belleza entender esto a la luz de lo que vemos que ya pasó con Cristo. Lo que hizo nuestro Señor Jesucristo, y lo que hizo el Padre para darle autoridad a Cristo, que fue resucitarlo: ¿qué va a producir? Que haya pueblo que se ofrece voluntariamente a Dios.
Y esto nos permite contestarnos: ¿qué tipo de rey es este? Este rey no es como los reyes de la tierra, que con todo su poder llegan y dominan y subyugan y lastiman a las naciones que quieren conquistar. No: este rey, con todo su poder, lo que hizo fue cargar el juicio sobre su propio hijo, para ahora hacer que su pueblo voluntariamente se ofreciera a él. ¿Por qué? Porque en esto conocemos que Dios nos ama: en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros pecadores. La ira de Dios fue satisfecha por su Hijo. Y si eso no mueve tu corazón, es que no has entendido la santidad de Dios, y no has entendido que Dios afirmó la autoridad de su rey.
Pero realmente la muerte y la resurrección de Jesucristo hacen que voluntariamente nosotros, su pueblo, nos ofrezcamos al Señor. ¿Y cómo nos ofrecemos? Dice el versículo 3 del Salmo 110: no solamente voluntariamente en el día de su poder, sino en el esplendor de la santidad. Es en su muerte y resurrección que nosotros pasamos de ser sus enemigos a ser sus hijos. En su muerte y resurrección él nos ha dado unidad con Cristo, y ahora tenemos santidad esplendorosa con la cual nos podemos presentar voluntariamente a Dios como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Por eso esa frase que acabo de citar, de Romanos capítulo 12, versículo 1, viene después de que Pablo explica todo el evangelio, todo lo que Cristo hizo y ganó en su muerte y resurrección.
Este rey que tiene autoridad no nos conquista con la fuerza, oprimiéndonos, sino que su fuerza se manifiesta sustituyéndonos en la cruz, y nos cautiva su irresistible gracia para que nos presentemos voluntariamente santos.
"Desde el seno de la aurora" y "tu juventud como el rocío"
Pero ahora vienen un par de frases extrañas. Dice que en el esplendor de la santidad su pueblo se presenta desde el seno de la aurora, y luego dice: "Tu juventud es para ti como el rocío". Estas dos frases son extrañas, pero algunos comentaristas piensan, por todo lo que sigue en la historia de la redención, que este pueblo santo que se presenta voluntariamente a Dios se va a presentar en batalla cuando el sol aparezca. Y eso es lo que está pasando en Apocalipsis 19: cuando el Señor regresa en su segunda venida, el sol aparece y su iglesia se forma junto a él voluntariamente, y vestidos con ropas santas para pelear contra los enemigos de Dios y ver cómo Jesús, abriendo su boca, los derrota definitivamente.
A mí me suena muy correcta esa interpretación. Desde el seno de la aurora nos levantaremos con Cristo a derrotar definitivamente a sus enemigos.
Y dice: "Tu juventud es para ti como el rocío". Y esta frase afirma la otra idea que acabo de exponer. La juventud está en la Biblia siempre tipificando el vigor, la fuerza. El vigor, la fuerza de Cristo se va a extender como el rocío en la mañana. No hay un centímetro de la tierra donde el rocío no cubra, y es así como su poder se va a extender a través de lo que él ha hecho. Por eso, al final, toda la iglesia y toda la creación va a estar adorando al Cordero inmolado en la cruz. Este rey que fue empoderado por Dios murió, resucitó, pero volverá triunfante, y nosotros con él.
"¿Y cómo me ayuda hoy algo tan lejano?"
A lo mejor estás pensando: "Eso habla de algo muy lejano. ¿Cómo esto lejano me va a ayudar a mantener mi lealtad en las cosas que estoy viviendo hoy?".
1 Juan, capítulo 3, dice que el que tiene esta esperanza acerca de lo que Dios hará se purifica a sí mismo. Sí, dice 1 Juan 3: "Aún no somos lo que hemos de ser, pero seremos tal cual es él, cuando él se haya manifestado y lo veamos como es él. Hermanos, miren con cuánto amor nos ha amado el Padre, para llamarnos sus hijos" y darnos esta certeza.
En su segunda venida, el rey que Dios ha empoderado no nos va a destruir, sino que nos va a unir a su guerra definitiva para vencer a todos sus enemigos. El pecado, la muerte, Satanás: todos serán destrozados por este rey glorioso y victorioso. Y estoy convencido de que esto mueve nuestros corazones a presentarnos voluntariamente al Señor, a pesar de lo que estemos viviendo, a pesar de todas las circunstancias que están poniendo a prueba tu lealtad al Señor.
Saber que él venció es suficiente. Saber que el rey triunfará es esperanzador, y es suficiente ánimo para vivir leales a nuestro Señor. El reino no está en crisis, a pesar de lo que ves. Su plan no está en crisis. A pesar de lo que piensas que está ocurriendo en tu vida, o en tu iglesia, o en tu matrimonio, o en tu salud, el Señor te va a preservar hasta el fin. Esa es su promesa, y es por amor de su nombre, y es mediante lo cual se va a glorificar. Nosotros, todos los creyentes, sus hijos, en el esplendor de la santidad, cuando él aparezca, vamos a formarnos junto a él para derrotar a sus enemigos. Esa es nuestra certeza.
No estás perdiendo, porque él triunfó.
Tal vez piensas: "No sabes qué hice ayer. ¿Cómo volví a perder contra esta tentación? ¿Cómo volví a quitar mi lealtad, mi esperanza y mi gozo del Señor, y se lo puse a esta cosa que odio tanto? Tú no sabes cuánto me condeno por esto, y cuánto me veo miserable ante estas cosas, y débil". Sí, lo sé, porque yo experimento lo mismo. Pero este salmo nos lleva a poner nuestros ojos no en nosotros, sino en el rey que Dios ha confirmado, que ya triunfó y triunfará. Y en esto, hermanos, debe estar nuestra esperanza.
2) Dios afirma a su rey como el mejor intercesor (Salmo 110:4)
Ahora vamos a ver cómo Dios va a hacer triunfar a su rey, porque lo afirma como un intercesor entre él y nosotros. Mira lo que sigue diciendo el Salmo 110, versículo 4: "El Señor ha jurado y no se retractará: 'Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec'".
Y este es otro versículo extraño, que requiere demasiada explicación. Podríamos visitar pasajes en donde Melquisedec aparece; si quieres anotarlos: Génesis 14 y Hebreos capítulo 7 son pasajes donde se explica muy a profundidad este personaje de Melquisedec, y qué es esto de "según el orden de Melquisedec". Pero ahora voy a resumir algunas cosas que están en estas dos escenas.
En Génesis 14, después de que Abraham —el hombre que Dios escogió para hacer de él un pueblo—, después de que este hombre vence a cinco reyes poderosísimos con 318 personas que eran servidumbre de su casa… No crean que eran soldados: Abraham venció a cinco ejércitos poderosísimos con 300 personas que no estaban entrenadas para la guerra.
Y después de hacer esto, está Abraham viendo que Dios realmente cumple sus promesas, porque Dios lo escogió y dijo: "Te voy a bendecir, te voy a multiplicar, haré de ti una nación grande". En el capítulo 12 de Génesis, Abraham está diciendo: "Sí, es verdad: Dios me va a bendecir, y Dios me va a multiplicar, y Dios me va a hacer grande, y Dios me va a fortalecer". ¿Y para qué? Dice el capítulo 12: para que de la familia de Abraham viniera el que va a bendecir a todas las familias de la tierra. Entonces, Abraham está viendo que Dios cumple sus promesas, y que Dios está haciendo de él un pueblo que va a traer al Mesías, que va a salvar a todas las familias de la tierra y va a bendecir a todas las familias de la tierra.
Pero después de que experimenta esta victoria, va de camino a su casa y sale a su encuentro el rey de Sodoma, un rey que fue ayudado por Abraham. Y entonces el rey de Sodoma le ofrece dinero, y Abraham se resiste a recibir dinero y dice: "No voy a permitir que tú digas que tú enriqueciste a Abraham". Entre líneas podemos leer: "Porque yo confío en que Dios va a enriquecer a Abraham".
Pero en esta misma escena aparece Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo, que tomó pan y vino, lo sacó, se lo dio, y bendijo a Abraham y dijo: "Bendito sea Abraham, y bendito sea el Dios de Abraham". Melquisedec, en esta escena, se está mostrando… En Hebreos 7 dice que Melquisedec significa "rey de justicia" y "rey de paz". Entonces, este hombre que se aparece a Abraham, que es el rey de justicia y rey de paz, es eterno, dice Hebreos 7. No tiene genealogía. En todo Génesis tú vas a ver que presentan a un hombre con su genealogía; de Melquisedec no aparece su genealogía. Melquisedec no tiene ni padre ni madre. Y dice Hebreos 7 que es porque él es eterno.
Entonces, este rey de justicia y rey de paz, que es eterno, es fuente de bendición a Abraham. Dios es quien da bendición a Abraham, y Melquisedec da bendición a Abraham. Así que este Melquisedec, que es rey, se está presentando como un sacerdote ante Abraham, interviniendo para que Abraham reciba bendición.
Y es interesante, porque Abraham responde dándole el diezmo de todo lo que Abraham tiene. ¿Por qué hizo eso? En el resto de la Biblia, el diezmo se da a alguien que es superior a ti. Así está establecido el diezmo: solo se le entrega al Señor. Y Hebreos 7 explica que Abraham haya dado diezmo a Melquisedec, y que Melquisedec lo haya recibido, nos muestra que este hombre, Melquisedec, es superior a Abraham, y por tanto es superior a los descendientes de Abraham. Es la lógica que hay en Hebreos 7.
Por tanto, Melquisedec es superior a Leví, que es de donde vendrían los sacerdotes. Los sacerdotes de Israel vienen según el orden de Leví. Pero este sacerdote puesto para siempre, que está descrito en el Salmo 110, viene de un orden superior. Melquisedec es superior a Leví, lo cual nos indica que este orden de Melquisedec es superior a lo que está en la ley para ser reconciliados con Dios.
La ley era eficaz, dice Hebreos 7, para modificar nuestras conductas externas. Era suficiente para mostrarnos nuestro pecado y decirnos qué tenemos que hacer, pero no era efectiva para cambiar nuestros afectos. La ley no podía lograr eso; no podía lograr que los hombres fueran perfeccionados. Por tanto, Dios promete enviar, y envía, a un sacerdote superior a lo que la ley marcaba. Melquisedec está mostrando este sacerdocio superior al de Leví, este sacerdocio superior al de la ley.
Y fíjate: el versículo 4 dice: "El Señor ha jurado y no se retractará". Los sacerdotes levíticos eran puestos por ley, por lo que la letra decía y de acuerdo a una herencia física. Pero este sacerdote fue puesto por el juramento de Dios, y aparece en Génesis 14, lo cual nos muestra que desde el principio Dios estaba mostrando que hay algo más arriba de la ley, que sí logra transformar a las personas y salvarlas del poder del pecado, de la muerte, de Satanás. Por eso el Señor juró y no se retractó: iba a enviar un sacerdote según el orden de Melquisedec, que es superior a la ley.
Este rey que ha triunfado y triunfará es confirmado por Dios como un sacerdote superior. El sacerdote es el que se pone entre Dios y el pueblo, y representa a Dios para el pueblo y representa al pueblo ante Dios. Y este rey que ha triunfado, y que fue confirmado por Dios como sacerdote según el orden de Melquisedec, es el único que se puede presentar perfectamente ante Dios por nosotros; que no solamente se presenta como sacerdote, sino que se presentó a sí mismo como un sacrificio. Él mismo se puso como el cordero que recibiría la herida que nosotros merecíamos, y derramó su sangre en nuestro lugar. Y siendo un sacerdote perfecto, con vida perdurable y que no termina, que no peca, vino a ser fiador de un mejor pacto.
Por eso la escena de Melquisedec en Génesis 14 empieza con este sacando pan y vino: mostrando un mejor pacto, algo más profundo que la ley, el pacto que tenemos de gracia, que hoy nos juntamos a celebrar: el cuerpo y la sangre de este sacerdote que al mismo tiempo fue el sacrificio perfecto.
El Señor hará triunfar a su rey, porque lo ha establecido como el mejor intercesor.
3) El rey triunfante (Salmo 110:5-7)
El rey va a triunfar. Vamos a ver los últimos versículos, porque en esto podemos ver con mucha potencia qué significa que este rey, confirmado por Dios y hecho mejor sacerdote por Dios mismo, va a triunfar.
Versículo 5 dice así: "El Señor está a tu diestra; quebrantará reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres; quebrantará cabezas sobre la ancha tierra. Él beberá del arroyo en el camino; por tanto, levantará la cabeza".
Qué escena tan intensa. Pero empieza con una frase que parece confusa si vienes siguiendo el salmo. Dice: "El Señor está a tu diestra". Y vamos a ver el versículo 1 otra vez. Empieza diciendo: "Dice el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra". Si observas nada más literalmente esto, estarías muy confundido. Porque si el Señor le dijo al Señor de David "siéntate a mi diestra" —y en un principio identificamos ya que el Señor de David es Cristo—, el Padre le dice a Cristo: "Siéntate a mi diestra". Luego, en el versículo 5, dice: "El Señor está a tu diestra". Y en el hebreo es más claro esto, porque este término, "el Señor", es el mismo que se le da al Padre en el versículo 1.
Entonces dirías: "¿Cómo va a estar…? Están jugando, o sea: tú a mi derecha, ¿no?, y ahora yo a tu derecha. ¿Qué está pasando aquí?". Porque si lo que dice el versículo 1 es cierto, Jesús está a la derecha del Padre, y a la izquierda de Jesús está el Padre.
Pero esto no es un error de dedo o algo así que le pasó a David. No. Esto es intencional: David quiere mostrarte una cosa. El Señor y su Hijo uno son. El Señor y su Hijo uno son. Comparten autoridad, poder y dominio. Y en la obra que el Señor hizo, Dios estaba en él. Por eso 2 Corintios 5:21 dice: "Dios mismo estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo". Mientras este rey estaba siendo empoderado por Dios y constituido como un mejor sacerdote, Dios mismo estaba con él.
Por eso ahora va a hablar de todo lo que el Padre hace. Fíjense, versículo 5 dice: "El Señor está a tu diestra; quebrantará reyes". ¿Quién? El Padre. El Señor quebrantará reyes en el día de su ira, los juzgará entre las naciones, los llenará de cadáveres.
Y estos reyes que está mencionando aquí tan poéticamente: está hablando de estos hombres que son lo suficientemente poderosos y están lo suficientemente satisfechos con sus vidas que no dependen de Dios en nada. Estos hombres están describiendo a los hombres poderosos que no necesitan de Dios, que pueden salvarse a sí mismos, que pueden buscar en todo lo que quieran el sentido de la vida, el gozo de la vida. Pueden decir: "A la risa, enloquece", y pueden beber vino y hacer obras grandes. Estos hombres poderosos son a los que se está refiriendo el salmo. Todos esos hombres que dicen: "No hay Dios; yo soy mi propio dios. No hay nadie que pueda satisfacer mi alma, porque yo puedo satisfacer mi alma". Todos esos hombres serán quebrados el día de su ira. Porque realmente ninguna de esas cosas, aunque parezca, puede salvarte. Nada de eso puede salvarte: ni el placer, ni el poder, ni la influencia, ni el reconocimiento; nada de eso puede salvarte.
Por eso, en el día de su ira, Dios quebrará a estos reyes. En Romanos 1 dice eso: la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad de los hombres que con injusticia detienen la verdad, que no tomaron en cuenta a Dios ni lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido; profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria de Dios por la gloria de lo creado. A estos hombres Dios va a manifestar su ira, quebrándolos; juzgará entre las naciones y las llenará de cadáveres. ¿Por qué? Porque la paga del pecado es muerte. El Señor vendrá por segunda vez como juez, y hará estas cosas, llenando de cadáveres la tierra. Dice: "la ancha tierra".
"Beberá del arroyo en el camino" (v. 7)
Pero vean el versículo 7. Y con esto estoy seguro de que, al entender esta frase tan extraña que está ahí, nuestros corazones van a ser alentados a ser leales a nuestro rey triunfante que volverá. Dice el versículo 7: "Él —el Señor— beberá del arroyo en el camino; por tanto, levantará la cabeza". Qué frase tan extraña. "¿Cómo eso me va a animar? No la entiendo ni siquiera".
Bueno, es hermoso este texto, porque está mostrando que este rey ya triunfó y triunfará. En este texto: ya triunfó y triunfará. Esta escena que estamos viendo aquí —"él beberá del arroyo en el camino"— no es nueva en la Biblia. En Jueces, cuando está describiendo la historia de Gedeón, antes de ir a pelear, ¿ustedes saben qué pasa? Los lleva a un arroyo a beber. Y es interesante, porque dice: "Quien tome con la mano, este llévalo; quien se agache, déjalo". Y ahí Dios quita un montón de soldados, y quedan 300 contra un ejército enorme. Y después de esa escena del arroyo, el ejército va y Dios les da la victoria contra ese ejército.
Entonces, esta escena que está aquí, de este rey que ha triunfado, nos muestra… esto es un símil, porque dice: "Él beberá del arroyo en el camino". ¿Pero después de qué? Después de que su autoridad fue confirmada, y de que él es confirmado como un mejor intercesor, y de que él está juzgando a los rebeldes: va a beber del arroyo.
Este rey ha triunfado ya en su muerte y resurrección. Dice Juan 12 que exhibe la justicia del mundo y ha juzgado al mundo cuando él fue levantado. Ya lo hizo. Ya lo hizo. Porque cuando Jesús fue levantado, lo que el Señor exhibió y desmenuzó y destrozó fueron todas nuestras ideas de que nosotros podemos salvarnos a nosotros mismos. Eso ya fue juzgado, y Dios ya venció sobre todas esas cosas. Jesús realmente ya venció. Pero en el camino se detiene y bebe del arroyo, porque aún falta una batalla, la cual triunfará.
No sé si esto no te trae esperanza, pero a mí sí. Porque demasiadas veces estoy pensando: "¿Qué pasó con lo que tú hiciste y lo que tú ganaste en mi vida? ¿Qué pasó con lo que tú ganaste en mi iglesia? ¿Qué pasó con lo que tú ganaste en el hermano? ¿Por qué está así, si es de ti, Señor? ¿Qué está pasando? ¿Qué está pasando con el mundo? ¿Por qué? ¿Por qué están ordenando mujeres pastoras? ¿Por qué hay iglesias que apoyan el aborto? ¿Por qué hay supuestos pastores queriendo ser presidentes y apoyando todo lo que dice la agenda progresista? Señor, ¿no triunfaste?".
La respuesta es sí. "Sí triunfé. Solo estoy bebiendo del arroyo para levantar mi cabeza y triunfar definitivamente".
Conclusión: vivas lo que vivas, él triunfó
Puedes ver que este poderoso rey que ha triunfado y triunfará es razón suficiente para que tú permanezcas leal. Él no está en crisis, y él no va perdiendo. Él realmente triunfó, y en su victoria tenemos victoria. No estamos en crisis. Vamos a triunfar. Vamos a triunfar porque él triunfó; porque él vive, viviré mañana. Somos más que vencedores en Cristo.
Y todas estas cosas que enfrentamos no hacen más que hacer progresar los propósitos de Dios en Cristo en nuestras vidas. No hacen otra cosa todos los desafíos que enfrentamos que formar la imagen de su Hijo en nosotros. Porque Dios nos ha dado con Cristo todas las cosas, y podemos estar seguros de que nada —ni lo pasado, ni lo presente, ni lo porvenir, ni ángeles, ni la muerte, ni ninguna otra cosa creada— podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús.
Vivas lo que vivas, el triunfo de nuestro rey garantiza tu lealtad al Señor.
Oración final
Padre, gracias te damos, Señor, por esta hermosa realidad; por ver cómo tú afirmaste el poder de tu rey, lo estableciste como un mejor sacerdote, un perfecto sacerdote, para reconciliarnos contigo. Gracias, Señor, porque esto realmente cambia nuestros afectos hacia ti. Nos presentamos delante de ti como tus hijos, tu ejército mediante el cual avanzas tu reino; porque ya triunfaste, Señor, pero sabemos que triunfarás definitivamente, y en eso está nuestra esperanza. Guarda nuestra fe, Señor. Tú eres poderoso para presentarnos delante de ti con gran gozo y alegría, sin caída. Concédenos experimentarte más y más, y que la realidad de que tu rey triunfará nos mantenga leales a ti, Señor. Te lo rogamos en Cristo Jesús. Amén.
Puestos de pie.
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