Salmo 19SalmosAlfredo Carrillo
¿Por qué confiar en la Biblia?
Transcripción
Juntos desde temprano
Gracias a Dios, hermanos. Nuevamente estamos juntos desde temprano, adorando a nuestro Señor, recordando los símbolos de la Santa Cena, recordando lo que Cristo hizo a favor de nosotros sin merecerlo, y recordando que Dios ha manifestado su gracia hacia nosotros por medio de su Palabra. Y la semana pasada vimos que la Palabra es suficiente: en ella estamos completos, porque Cristo completó todo.
Lectura del Salmo 19
Dice el Salmo 19 —«Las obras y la palabra de Dios»—: "Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra revela sabiduría. No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz. Pero por toda la tierra salió su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras. En ellos Dios puso una tienda para el sol, y este, como un esposo que sale de su alcoba, se regocija como hombre fuerte al correr su carrera. De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el otro extremo de ellos; y no hay nada que se esconda de su calor".
"La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma; el testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo. Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón; el mandamiento del Señor es puro, que alumbra los ojos. El temor del Señor es limpio, que permanece para siempre; los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos; deseables más que el oro, sí, más que mucho oro fino, más dulces que la miel y que el destilar del panal. Además, tu siervo es amonestado por ellos; en guardarlos hay gran recompensa. ¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos. Guarda también a tu siervo de pecados de soberbia; que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro, y seré absuelto de gran transgresión. Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de Ti, oh Señor, roca mía y redentor mío".
La doctrina de la claridad de las Escrituras
Hoy vamos a ver la doctrina de la claridad de las Escrituras. La Palabra de Dios es clara. Esa doctrina también es conocida como la doctrina de la perspicuidad. Esa es una palabra que ni yo conocía, menos la usaba. Cuando a alguien le pides que sea claro, no le dices: «Sé perspicuo». No sé por qué usan esta palabra para esta doctrina, pero está bien, está ahí, aunque no es tan clara para decir que algo es claro. Pero también se llama así esta doctrina: la doctrina de la perspicuidad de las Escrituras. Y esta doctrina de la claridad de las Escrituras es uno de los principios básicos del cristianismo evangélico reformado.
Y vamos a ir estudiando paso a paso. Como les comentaba la semana pasada, no quiero que esto parezca una clase, sino que queremos ayudar a la iglesia, a cada uno de ustedes, a ver lo que la Palabra de Dios es para nosotros en sus mandatos, en sus preceptos. Y por eso escogí hablar de este salmo. Este salmo creo que es muy claro en muchas de sus ordenanzas. Y vamos a centrarnos únicamente en tres versículos: el versículo 7, el versículo 8 y el versículo 9.
Entonces, esta es una de las doctrinas que, junto con la inspiración, la inerrancia que ya vimos, la suficiencia de las Escrituras, todas ellas hacen un conjunto para que podamos nosotros crecer en el conocimiento de Dios de una manera mejor y correcta. Entonces, esta doctrina de la claridad de la Biblia nos dice que el mensaje de Dios es claro, ¿verdad? La Biblia, la propia Biblia, se interpreta correctamente en sentido normal y literal, sí. Y Dios, cuando habló a Adán y a Eva, no usó palabras difíciles que no entendieran. Les habló claramente, y todos los mandatos que les dejó sobre cómo debían conducirse en el Edén fueron claros. Pero Satanás siempre quiere torcer los mandamientos de Dios. Satanás quiere buscar siempre cómo confundirnos y hacernos creer que Dios no es claro con nosotros.
Lo que dice la Confesión de Westminster
En el artículo 1.7 de la Confesión de Westminster declara, sobre la claridad de las Escrituras: "No todas las cosas de la Escritura son igualmente claras en sí mismas, ni igualmente claras para todos. Sin embargo, las cosas que es necesario conocer, creer y observar para la salvación están claramente expuestas y abiertas en uno u otro lugar de la Escritura, que no solo los doctos, sino también los indoctos, con el debido uso de los medios ordinarios, pueden llegar a comprenderlas suficientemente". Es decir, no todos los pasajes de la Escritura son igualmente claros, y eso lo podemos ver. Hay muchos pasajes en la Escritura que no son tan claros; pero el mensaje de salvación, y la manera en que Dios nos pide que debemos conducirnos, eso sí es muy claro.
Entonces, la claridad de la Palabra de Dios no elimina la interpretación, explicación y exposición de la Biblia por parte de eruditos y diligentes. ¿Qué quiere decir esto? Sí, la Biblia es clara, pero también necesitamos a veces a gente que se dedica a estudiar profundamente las Escrituras para darnos una luz sobre aquellos pasajes que son difíciles de comprender.
La Reforma y la Biblia para todos
Entonces, hermanos, este mes estamos, digamos, celebrando la Reforma, y esta era una de las principales cosas por las que los reformadores estaban, digamos, luchando: para que todos tuviéramos acceso a la Palabra de Dios. En los tiempos del oscurantismo, cuando la Iglesia católica estaba, digamos, en su mayor gobierno, en su mayor apogeo, enseñaba que la Biblia era poco clara. Eso es lo que decía la Iglesia católica: que era demasiado confusa y difícil de entender para el pueblo común, y que no se debía confiar en que el pueblo mismo la interpretara o tuviera su propia interpretación de las Escrituras.
Eso es lo que hizo también que Martín Lutero, junto con otros reformadores, procuraran que toda la gente tuviera acceso a la Palabra de Dios. Y gracias a Dios, porque Dios usó a estos hombres. Y ahora podemos tener no una Biblia: podemos tener muchas Biblias. Gracias a Dios, porque Dios usó a estos hombres para que tuviéramos acceso a ella. Sin perder la esencia de su mensaje, la Escritura fue traducida a varios idiomas para que la gente común pudiéramos entenderla: el mensaje para salvación.
Entonces, Martín Lutero, junto con otros reformadores, animaron a los demás cristianos laicos a que estudiaran la Palabra, a que no se conformaran con lo que otros les decían que tenían que hacer, con una mala interpretación, o defendiendo solamente, quizás, alguna cuestión religiosa o política a favor del gobierno que en aquel entonces estaba. Entonces, la Palabra de Dios es tan clara que es capaz de comunicar su mensaje hasta a los más sencillos, o a aquellos que son iletrados.
Clara aun para los sencillos
Y esto lo podemos constatar. Nosotros tenemos acceso a internet, nosotros tenemos acceso a librerías, nosotros tenemos acceso a poder comprar libros de teología sistemática, comentarios; pero hay lugares —y sin ir tan lejos, en el mismo México—, hay lugares en las sierras en donde los hermanos en Cristo que están al frente de sus iglesias solamente tienen la Biblia. Y es tan clara que Dios, a través del Espíritu Santo, los usa para dar el mensaje de salvación, para ministrar a su iglesia, para que crezcan en la madurez espiritual y puedan ser conformados a la medida de Cristo.
Gracias a Dios porque ahora también nosotros tenemos acceso a tantas herramientas, y podemos entender mejor la Escritura, como decíamos, en los pasajes difíciles de comprender. Sin embargo, Dios es claro en su propia Palabra. Dice: usando los medios esenciales para estudiarla; y uno de ellos es la oración. Hermanos, necesitamos mucha oración para que Dios nos permita también entender su mensaje.
Vayamos entonces a nuestro texto, que es el Salmo 19, únicamente los versículos 7 al 9. Dice así nuevamente: "La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma; el testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo. Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón; el mandamiento del Señor es puro, que alumbra los ojos. El temor del Señor es limpio, que permanece para siempre".
"Los juicios del Señor son verdaderos y todos justos".
Dios, alabado seas, Padre. Gracias por tu Palabra. Gracias por los hermanos, Señor, en Cristo, que en un tiempo lucharon para que nosotros pudiéramos tener acceso a ella, en nuestro propio idioma. Gracias por usarlos, Padre. Y ahora queremos pedirte que Tú obres, Señor, a través de tu Espíritu Santo, que esto pueda ser una herramienta útil, Señor. Danos un corazón dócil, un corazón moldeable, Señor, y que podamos poner en práctica, Señor, tu Palabra. En Cristo Jesús. Amén.
La ley del Señor es perfecta
Podemos ver tres cosas en estos versículos. La ley de Dios, que es la enseñanza, o la Palabra de Dios. Número dos: los preceptos de Dios. Y número tres: el temor de Dios, o el temor de Jehová. Dice que la ley —es decir, la Palabra del Señor— es perfecta, que restaura. Dice «perfecta». Ahora, aquí no dice «la Palabra» o «las Escrituras»; usa la palabra, o el término, «ley». Pero ¿qué es la ley de Dios? Pues es la Palabra de Dios: lo que Él ordenó, lo que Él dijo para su pueblo en aquel entonces, que también ahora aplica para nosotros.
Dice que la Palabra de Dios es perfecta, y una característica de Dios es la perfección. Y lo podemos ver en su creación, que es lo que leíamos al principio: que los cielos proclaman la gloria de Dios. Dios en su creación fue perfecto, y lo podemos ver en todo lo creado, en cómo trabaja el cuerpo humano. Él pone los estándares de la perfección también, el Señor. Y esta perfección de la que nos está hablando en el versículo uno nos habla de la integridad de Dios. Por eso dice que la ley del Señor es perfecta, o sea, íntegra. Nos habla de su rectitud.
Dice el cántico de Moisés: "¡La Roca! Su obra es perfecta, porque todos sus caminos son justos; Dios de fidelidad y sin injusticia, justo y recto es Él". Deuteronomio 32:4 es este versículo: "Justo y recto es el Señor". Entonces, estos atributos, o este atributo, nos habla de su perfección, de su naturaleza inmutable, y nos muestra su gloria. La semana pasada hablábamos de que las Escrituras son una ventana para ver la gloria de Dios. Y la gloria de Dios la podemos ver a través de su perfección. La enseñanza de Dios no tiene error alguno; no falla.
Aunque el mundo ataca la Palabra de Dios y dice que hay errores. He platicado con conocidos, con amigos, cuando me preguntan cosas de la Palabra de Dios, y me dicen: «La Palabra de Dios tiene errores, o se equivoca». Pero no la han leído, porque les preguntas: «Bueno, señálame en qué libro tiene el error, y entonces podemos platicar». Pero no, no lo han leído. Y esa es la necesidad: que ellos también sepan el mensaje de Dios, para que su pensamiento cambie acerca de la Escritura.
Perfeccionados en Cristo
Entonces, su ley es perfecta, porque nos habla de la perfección de Dios. Y a través de la Palabra nosotros también vamos a ser perfeccionados en Cristo. Dice Filipenses 1:6: "Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús". "Y después de que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a su gloria eterna en Cristo, Él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá. A Él sea el dominio por los siglos de los siglos". 1 Pedro 5:10 al 11.
Nosotros por ahora no somos perfectos, pero estamos siendo perfeccionados a través de la santidad, de la lucha por la santidad. Cuando fuimos regenerados, cuando pusimos nuestra fe en Cristo, Cristo nos hizo santos, porque nos apartó; pero nuestra santidad no está completada. Todos tenemos pecado todavía, y necesitamos ser perfeccionados a través de la ley de Dios. La ley es perfecta y nos ayudará, por medio del Espíritu Santo, a ser perfeccionados en nuestro progreso y crecimiento espiritual, hermanos, hasta llegar a nuestra completa santificación.
Dice en 1 Tesalonicenses 4, del 1 al 2: "Por lo demás, hermanos, les rogamos y les exhortamos en el Señor Jesús que, tal como han recibido de nosotros instrucciones acerca de la manera en que deben andar y agradar a Dios —como de hecho ya andan—, así abunden en ello más y más. Pues ustedes saben qué preceptos les dimos por autoridad del Señor Jesús".
Una Palabra clara que restaura
Entonces, hermanos, vemos que la Palabra de Dios es perfecta. Ahora, ¿y esto qué nos indica sobre la claridad de las Escrituras? Bueno, hablaba de que sirve para que nosotros sepamos cómo guiarnos, desde saber qué es lo que necesitamos para ser salvos. Una vez salvos, una vez que entendimos el mensaje de la salvación a través de la Palabra, que es claro cuando te dicen: «Arrepiéntete y cree en el Señor Jesús»... Creo que eso lo puede entender cualquiera: arrepiéntete de tus pecados y pon tu fe en Cristo.
Entonces dice que la Palabra nos restaura. La claridad de las Escrituras sirve para restaurarnos, porque por medio de ella, a través del Espíritu Santo, Dios nos transforma de un estado que teníamos originalmente, en pecado, a la nueva persona en Cristo. Y la Palabra de Dios es tan clara que es la única que tiene poder para transformar, si te dejas ser transformado también. La Palabra de Dios dice que escudriña hasta lo más profundo de nuestros corazones, hasta lo más profundo de nuestro ser. El corazón implica todo el ser: la manera en que los hebreos escribían acerca del corazón se refería a todo el ser. No solamente transforma una parte de tu vida: transforma todo. Y en este sentido no solo nos restaura, sino que nos salva de la muerte.
Entonces, la Palabra de Dios es clara para restaurarnos, porque en ella encontramos cómo podemos tener una vida nueva. Y 1 Pedro dice así: "Pues han nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece". El 23 dice: "Porque toda carne es como la hierba, y toda su gloria como la flor de la hierba. Sécase la hierba, cae la flor, pero la palabra del Señor permanece para siempre. Y esa es la palabra que a ustedes les fue predicada".
La Palabra de Dios es clara al mostrarnos que tenemos que nacer de nuevo. "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para ustedes". 1 Pedro 1:3-4. Y hay más textos en donde el Señor nos dice que somos restaurados a través de Él, a través de su sacrificio en la cruz.
Hace sabio al sencillo
La Palabra del Señor dice que es segura, y fiel. En el inciso b del versículo 7: "la palabra del Señor es segura" —o fiel—, "que hace sabio al sencillo". Entonces, la claridad de la Escritura hace sabio al sencillo. En la versión Reina-Valera se usa la palabra «fiel»; por eso es que la estoy aquí cotejando, porque la Palabra de Dios es confiable, segura y verdadera. Entonces no importa nuestro contexto intelectual; no importa hasta qué grado estudiaste; no importa si tienes estudios de Harvard. No importa. Está bien estudiar, no estoy en contra de ello, pero no importa tu contexto. La Palabra de Dios te da sabiduría. Pero ¿por qué? ¿Cuál es el principio de la sabiduría? El temor a Dios. Y vamos a ir a ello después.
Entonces, la Escritura, la claridad de ella, al más sencillo lo hace sabio. Eso está en Proverbios 21:11. Entonces, tanto los inexpertos como los sabios necesitan del temor de Dios para llegar a la sabiduría. Pero estamos hablando de una sabiduría que proviene de lo alto. Entonces, de esta manera, cuando tenemos el temor de Dios y Dios nos da esta sabiduría, podemos abrazar su voluntad. Si no tenemos esta sabiduría de Dios y no confiamos en su Palabra, entonces no podemos abrazar la voluntad de Dios. Hermanos, yo les quiero preguntar: cuando a veces leemos el Padre Nuestro y dice: "Hágase tu voluntad", ¿estás siendo consciente de lo que estás pidiendo?
"Hágase tu voluntad". Bueno, pues deberíamos de abrazar la voluntad de Dios. Suena difícil y tremendo, porque tú no sabes cuál sea la voluntad de Dios, pero es agradable y perfecta para nosotros. Dice Éxodo 20:3: "No tendrás otros dioses delante de Mí". "No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano". "Honra a tu padre y a tu madre". "No matarás". "No cometerás adulterio". "No hurtarás". "No darás falso testimonio contra tu prójimo". "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo". ¿Eso es difícil de entender? Dice que da claridad y sabiduría al sencillo, pero creo que a veces no lo entendemos.
Amar a Dios y al prójimo
Jesús respondió, hablando de los mandamientos, cuando le cuestionaban los fariseos. Dice: "El más importante es: 'Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es; y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza'. El segundo es este" —porque siempre decimos: «No, sí, el primer mandamiento, es decir, amo al Señor con todo mi corazón, con todas mis fuerzas»; pero dice: "El segundo es este: 'Ama a tu prójimo como a ti mismo'. No hay otro mayor mandamiento que estos". Mateo 12:29 al 31.
Entonces, la Palabra de Dios ya no se vuelve tan clara cuando hablamos de amar al prójimo. Mas, sin embargo, su Palabra es fiel, y Dios restaura hasta esas rencillas, esas discrepancias. Los jóvenes están estudiando ahora cómo solucionar conflictos, algo así. Jóvenes, estudien bien ese tema, porque ustedes son los que siguen detrás de nosotros. Estos mandatos son muy claros, hermanos, y dan sabiduría hasta al más sencillo. Y no necesita nadie ser un erudito para entender «no matarás» o «no robarás». Ni tienes que ser un gran teólogo para hacer todo un estudio sobre «no matarás». Está claro. «Ama a tu prójimo». Así es; así declara la Palabra de Dios, que es fiel.
Los preceptos del Señor son rectos
"Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón". El versículo 8, en la primera parte, dice: "son rectos". Hablamos de la perfección de Dios, que manifiesta su gloria. Ahora vamos a hablar de la rectitud de Dios, y es uno de los atributos más destacados de Dios: que Él es correcto en el sentido de su justicia. Porque nunca nos gusta hablar de la justicia de Dios. Siempre nos gusta hablar del amor de Dios, de las cosas bonitas que Dios tiene. Pero cuando hablamos de la rectitud de Dios, nos hace ver que nosotros estamos en pecado, porque Él es un Dios justo, y delante de Él nosotros no somos justos: tenemos pecado.
Y por eso necesitamos la Escritura, sus preceptos, que son rectos, porque nos indican el camino de cómo alinearnos con respecto a este atributo de Dios: su rectitud, su justicia, su santidad. La Palabra de Dios dice que es recta porque no es perversa. No es perversa como la doctrina de Satanás cuando le habló a Eva, que torció el mandamiento de Dios. No es perversa ni torcida, sino que anima a que sus hijos seamos rectos.
Un libro abierto
La Biblia es un libro abierto. Y hay una frase que usamos muchas veces: que somos cartas leídas, o libros abiertos, como dice una canción. La Biblia es un libro abierto. ¿Por qué es un libro abierto? Porque no hay en ella hipocresía. Y de eso nos habla la rectitud de Dios. Así deberíamos de ser. La Palabra de Dios es clara en la rectitud que nos muestra este atributo. ¿Qué tan abiertos somos, hermanos? ¿Rindes cuentas, o conservas tu reputación?
Yo tengo pecado, yo fallo, y yo sé que este lugar no es para exponerme, o sea, para hacerme el mártir. No quiero hacerme el mártir. Quiero ser sincero, porque la Palabra de Dios es recta, y tengo pecado, pero estoy siendo transformado, como ustedes están siendo transformados por medio de la Escritura. La Palabra de Dios es un libro abierto, sin hipocresía.
Que alegran el corazón
Entendiendo esto, dice que la Palabra de Dios, en su claridad, guía nuestra conducta. ¿Y cuál es el efecto de que nos guía? Bueno, dice que alegra el corazón: "Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón". Pero muchas veces, cuando Dios expone mi pecado a través de la Palabra, no me da mucha alegría. A veces hasta me molesta. Me molesta que alguien me exponga a través de la Palabra de Dios y me diga: «Eres un mentiroso, eres un ladrón, eres un envidioso». Pero si abrazamos la voluntad de Dios, como vimos atrás, ser expuesto por la Palabra debería darme alegría, porque es el estándar de Dios. Dios juzga mi conducta a través de su Palabra. Y eso es claro.
Los fariseos se molestaban con Cristo porque los exponía en su conducta: «Sepulcros blanqueados», decía Cristo. La rectitud es el estándar de Dios por el cual Él juzga nuestra conducta. Cuando somos expuestos en nuestros pecados, al principio no nos agrada, porque todavía tenemos esa lucha entre nuestra carne y la obra del Espíritu. Pero cuando lo comprendemos, nos alegra que el Señor nos ayude. ¿Qué quiere decir con que se alegre nuestro corazón?
Entonces, bueno, si yo caigo en pecado... Siempre estamos, cada ocho días, diciendo: «Ponte a cuentas antes de tomar los símbolos». Cuando no estás a cuentas, ¿cómo estás? ¿Tienes paz? ¿Duermes bien? Cuando hay un pecado oculto y no lo has confesado, no tenemos paz. Pero cuando somos confrontados con la Escritura y nos arrepentimos de nuestro pecado, cuando lo hemos reconocido delante de Él, nos da la paz, y eso alegra nuestro corazón. Guía la conducta y alegra nuestro corazón. Nos da la tranquilidad, porque sé que Dios me ama y que Cristo murió en la cruz por el perdón de mis pecados.
Pero no estoy justificando que puedas pecar cada que quieras. Mas, sin embargo, estamos en este cuerpo, que es débil; pero con la ayuda de su Palabra, que es clara en sus estatutos, podemos buscar esa rectitud para que nuestro corazón tenga alegría al sentir la tranquilidad y paz del perdón de Dios. Dice así el Salmo 16:11: "Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra hay deleites para siempre".
Hoy en la... Bueno, no solamente hoy: últimamente he escuchado los domingos cómo cantamos todos juntos, porque estamos en la presencia de Dios todos juntos. Te da alegría saber que Dios te expone a través de su Palabra, y saber que ya eres justificado. La Palabra de Dios nos enseña el secreto del verdadero gozo, que es en Cristo Jesús. 1 Juan 1:3 y 4 dice: "Lo que hemos visto y oído, les proclamamos también a ustedes, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. En verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo". Lo que hemos visto y oído: la Palabra de Dios que nos fue transmitida, y a través de ella tenemos nuestro gozo completo, por la obra que Cristo hizo en la cruz. Esa es nuestra esperanza.
El mandamiento del Señor es puro
Dice el versículo 8, ahí mismo: "El mandamiento del Señor es puro". El mandamiento del Señor es puro, porque la Palabra de Dios es pura. En ella no hay suciedad; no hay contaminación en la Palabra de Dios, porque Dios es puro, santo, justo y bueno. Entonces, ¿qué nos habla de la claridad? Nos está mostrando que Dios es puro y nosotros no. Somos impuros y necesitamos a Cristo. Necesitamos su salvación, pero también necesitamos la transformación, la santidad, porque sin ella no podemos ver la gloria de Dios. Hoy en la mañana hablaban acerca de la gloria de Dios.
Y cuando Dios te confronta, te sientes sucio: «Porque estoy lleno de pecado y necesito a Cristo». Si pueden ver esto, hermanos, en la Escritura... Muchas veces lo decimos, pero no lo entendemos, o no nos gusta saberlo. Dios es puro, y necesitamos que Él exponga nuestra impureza a través de su Palabra. Dice: "Yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre. Tú deseas la verdad en lo más íntimo, y en lo secreto me harás conocer sabiduría".
"Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve". Salmo 51:5-7. Dice: "¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién podrá estar en su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro". ¿Tengo un corazón puro? "El que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño. Ese recibirá bendición del Señor, y justicia del Dios de su salvación". Salmo 24:3 al 5. La Palabra te confronta y te expone, porque es clara en su mandamiento, y entendemos la pureza de Dios.
La Palabra alumbra nuestro camino
La claridad de la Palabra alumbra, alumbra nuestro camino. Dice: "Lámpara es a mis pies, y luz para mi camino". Salmo 119:105. Es nuestra guía en medio de la oscuridad, "porque en Ti está la fuente de la vida"; dice: "En tu luz vemos la luz". Salmo 36:9. Pero lamentablemente, hoy en día muchos cristianos están buscando la iluminación en otras cosas. Quieren un púlpito donde no se exponga el pecado. Quieren un púlpito donde oír una receta para llegar al éxito. Están cambiando el estar en la luz por la oscuridad. Buscan la iluminación mediante engaño: falsos profetas, falsos predicadores. Y que Dios nos libre de ser falsos predicadores. La Palabra de Dios confronta el pecado, y para eso está. Pero hay una solución también en la Palabra de Dios: que nos limpie, que sea nuestra luz.
El temor del Señor es limpio
Número tres: "El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre". La Palabra de Dios es limpia. Y dice: «el temor de Jehová». Entonces, el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Y uno de los propósitos de la Escritura, uno de los propósitos que Dios nos dejó a través de su Palabra, y que es muy claro, es que nosotros le temamos. Pero hay dos tipos de temor, ¿verdad?: temor de terror, y temor de obediencia a Él, de someternos por lo que Él es. Dice que la Palabra de Dios es clara y limpia.
Dice Deuteronomio 4, del 9 al 10: "Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos. Recuerda el día que estuviste delante del Señor tu Dios en Horeb, cuando el Señor me dijo: 'Reúneme el pueblo para que Yo les haga oír mis palabras, a fin de que aprendan a temerme todos los días que vivan sobre la tierra, y las enseñen a sus hijos'". Deuteronomio 4, del 9 al 10.
Enseñar a nuestros hijos
Todos los que estamos aquí y hemos tenido hijos, creo que nuestro trabajo sí ha sido enseñarles el temor de Dios a través de la Palabra; aunque muchas veces ellos crecen y toman sus propias decisiones, porque tienen su propio pecado y necesitan, por ellos mismos, tener esa convicción de pecado. A veces sentimos que fallamos como padres, porque hacemos retrospección: «¿Qué pasó, si yo les enseñé los mandamientos de Dios?». Pero a su tiempo... el Señor dice que es fiel a su Palabra. Ahora tengo nietos; tengo que estar enseñándoles a mis nietos también. Y veo cómo, a su corta edad, la Palabra de Dios transforma sus vidas. Dice: "A fin de que aprendan a temerme todos los días que vivan sobre la tierra, y las enseñen a sus hijos".
La sabiduría se obtiene a partir del temor de Dios; ese es el principio de la sabiduría. Y así es como podemos abrazar la voluntad de Dios. Hay situaciones por las que pasamos, y Dios sabe por qué, y rechazamos eso porque creemos que somos muy buenos, y no nos gusta abrazar su voluntad. Hay cosas que tienen consecuencias, y hay otras que son porque también Dios nos está enseñando. Pero además dice que permanece para siempre. Nos está revelando una perspectiva eterna. La Palabra de Dios no tiene errores. La Palabra de Dios no pasará, ¿verdad?; permanecerá hasta el día en que Cristo venga por segunda vez por su iglesia.
Los juicios del Señor son verdaderos
Y dice también que los juicios del Señor son verdaderos, todos justos. Ya estamos estudiando en Juan... perdón, se me cruzaron. Estamos estudiando en el libro de Amós acerca de los juicios de Dios. Y cuando estábamos en la clase de predicación expositiva, estábamos ahí disertando sobre los juicios de Dios, para quién eran y para quién no eran, y que todos estábamos pasando por juicio. Claro que todos vamos a pasar por un juicio; pero unos son para que Dios te dé coronas —y las arrojes a sus pies— por lo que has hecho para Él, y otros son para condenación, para muerte eterna. Mas, sin embargo, sus juicios son justos y verdaderos.
Porque la Palabra de Dios, que es clara, es verdadera y justa; porque Dios es el estándar de la justicia. Dios es el estándar de la verdad, no nuestra justicia. Y a veces queremos hacer la justicia como nosotros creemos. Nosotros pensamos quién se merece qué cosa, y a veces usamos la Palabra para decir: «Ah, mira, aquí dice: "Ay de aquel que se meta con los hijos de Dios". Dios hará su justicia». Y debemos ser fieles y confiar en que Él sabe lo que hará.
Una Palabra clara para todos
Y, hermanos, nosotros tenemos todo un libro completo ya, toda la revelación terminada. David no la tenía; solamente tenía la Torá. Mas, sin embargo, para David fue claro el mandamiento de Dios; fue clara la Escritura para David. Y es lo que vemos en este salmo. Esa claridad de las Escrituras tiene beneficios. La Palabra de Dios por sí misma proclama su propia claridad, y nos exhorta a enseñarla a nuestros hijos. Y eso es lo que me gusta mucho de la Palabra de Dios: que aun los pequeños que están en los salones de abajo, ellos, en su mente chiquita, pueden entender la Palabra de Dios.
"Estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón. Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes". Deuteronomio 6, del 6 al 7. Híjole. ¿Hacemos eso? La Palabra de Dios nos ha sido dada para leerla, para comprenderla, para creerla y para obedecerla, y su mensaje es claro. Los principios básicos para nuestra salvación y nuestro crecimiento son claros.
Y eso es por lo que debemos luchar como iglesia: aferrarnos a la Escritura, aferrarnos a la Palabra, a lo que dice ella, y confrontarnos todo el tiempo sabiamente con la Palabra; no para juzgar a nadie, sino primero para juzgarme a mí. Y entonces podemos ver la gloria de Dios —como hoy nos compartían— a través de su Palabra, que es clara, y de la enseñanza de Dios.
Oración
Gracias, Dios, porque —pues suena redundante— eres muy claro, Señor, con respecto a tus mandamientos, Señor. Pero gracias porque podemos entender en ella fácilmente, Señor, lo que es bueno y lo que es malo, Señor, lo que Tú pides de nosotros, Señor Jesús. Ayúdanos, Padre, a tener un corazón dócil, Señor. Gracias por tu Palabra nuevamente. Bendice a tu iglesia. En Cristo Jesús. Amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
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