1 Samuel 251 Samuel / Necesitamos un ReyNathan Díaz
El necio y la sabia
¿Qué haces cuando alguien te trata mal y tienes el poder para cobrártelo? En 1 Samuel 25, David va camino a matar a una familia entera, y Dios lo detiene usando a una mujer que le recuerda quién es el verdadero juez. Nathan Díaz predica la historia de Nabal y Abigail para mostrar en qué consiste la necedad, cómo es una mujer sabia, y por qué al final todos nosotros somos Nabal delante de Dios.
Transcripción
Introducción: tres capítulos que forman un quiasmo
Tengo que terminar antes de la una, ¿verdad?
Primera de Samuel… Primer… Primero de Samuel. Jonatán lo dice correctamente siempre, porque es el primer libro: Primero de Samuel. Nada más que estamos acostumbrados a decirlo así: Primera de Samuel. Capítulo 25.
Vamos a ver hoy capítulos 24, 25 y 26. En este libro forman una especie de quiasmo; es decir, empiezan y terminan de una manera muy parecida estos tres capítulos, con David perdonando la vida de Saúl. Y esta historia de en medio contiene un evento que Dios usa para confrontar a David con lo que ha estado experimentando con Saúl en cuanto a perdonar su vida y dejar la justicia en manos de Dios.
Pero estamos tomando una historia a la vez, porque creo que hay mucho que podemos decir acerca de cada una de estas historias. Esta historia contiene muchos elementos de drama y de acción. Entonces vamos a meditar en las verdades de este capítulo juntos, pensando en la manera en que Dios quiere hablarnos a cada quien.
La historia de hoy: el necio y la sabia.
La muerte de Samuel y la pregunta del legado (1 Samuel 25:1)
Empieza la historia, empieza el capítulo 25 con esta narración. Dice: «Murió Samuel y se reunió todo Israel; lo lloraron y lo sepultaron en su casa en Ramá».
Entonces empieza con una sola declaración muy breve con respecto a la muerte de Samuel, alguien que había estado cumpliendo este rol de profeta —inclusive también de sacerdote y de juez— dentro de Israel. Y todo el ministerio de Samuel había estado realmente enfocado por Dios; lo estaba usando para apuntarnos a quién sería el ungido de Dios. Eso era, al final, de lo que se trataba la vida y el ministerio de Samuel. Ya ungió a David en el capítulo 16, y en el capítulo 24, que vimos la semana pasada, tenemos por primera vez a Saúl reconociendo que de hecho sí, David es el heredero del reino.
Entonces creo que es significativo que el autor de 1 Samuel nos deja este pequeño indicio. Es muy breve, pero nos deja un pequeño indicio a través de narrarnos que Samuel muere, que el ministerio de Samuel se ha cumplido. Ya Saúl ha reconocido: sí, David es el próximo rey; de él será el reino. Y es casi como que Samuel dice: «Okay, mi trabajo está terminado». Saúl tenía que reconocerlo. Él sabe quién sigue después de él.
Y brevemente se narra su muerte, y todo Israel lloró por él, lo cual no nos debería de sorprender después de todo el impacto que tuvo el ministerio y la vida de Samuel.
Y nada más me hace pensar un poco sobre el legado que Dios nos permitirá a nosotros tener para el reino de Dios. Cuando nosotros muramos —cada uno de nosotros, un día—, también seremos sepultados. Y si Jesús no regresa primero, tenemos la oportunidad de pensar en de qué se trata mi vida, de qué se trata el legado que Dios quiere que yo deje atrás. El legado de Samuel es: «Dios me usó para apuntar a la gente hacia el ungido de Dios. Ese fue mi trabajo», y lo hizo. Y aquí está su vida grabada para nosotros en este libro, para que veamos cómo Dios nos usa en diferentes áreas y en diferentes ministerios para lograr diferentes cosas en su reino.
Ninguno de nosotros moriremos un segundo demasiado temprano, ni un segundo demasiado tarde. Dios sabe en qué momento nos llamará a su presencia, después de haber cumplido con la misión que quería que cumpliéramos. Así que busquemos ser fieles, mientras estamos aquí, a lo que Dios nos ha llamado.
Un hombre llamado «necio» (1 Samuel 25:2-3)
Bueno, esta historia ahora sí se desarrolla. «David se levantó y descendió al desierto de Parán. Y había un hombre en Maón…»
El desierto de Parán: ahí donde —de hecho, esto es un recordatorio— ahí es donde Israel estuvo dando vueltas y siendo probado por Dios en el desierto.
«Había un hombre en Maón que tenía sus bienes en Carmel.» ¿Se acuerdan de Carmel? Fíjense, esto es interesante: esto es donde Saúl había levantado un monumento a sí mismo. Y esta historia que viene a continuación es una historia que nos va a recordar a Saúl. No es Saúl el que va a ser descrito aquí, pero nos va a recordar en muchas maneras a Saúl, a su carácter y a su actitud.
«Este hombre tenía sus bienes en Carmel. El hombre era muy rico y tenía tres mil ovejas y mil cabras, y estaba en Carmel trasquilando sus ovejas. El hombre se llamaba Nabal y su mujer se llamaba Abigail. Y la mujer era inteligente y de hermosa apariencia, pero el hombre era áspero y malo en sus tratos, y era calebita.»
Entonces aquí ya tenemos una breve descripción de este hombre, por contraste. Para empezar, muchas cosas deberían de preocuparnos acerca de él; pero para empezar, su nombre. Su nombre debería de preocuparnos, porque nabal es la palabra «necio». Entonces así se llama: Necio.
Yo no me imagino cómo habría sido cuando nació, y está ahí la mamá con el bebé: «Ay, mira qué lindo bebé tienes. ¿Cómo se llama?». «Necio». No, no creo que eso fue como sucedió. No creo que le pusieron «Necio». Creo que en realidad esto es un apodo que se le ha dado. Es un poquito como cuando hemos visto la historia de Bernabé, y cómo él es conocido como «hijo de consolación», y por eso le dicen Bernabé, que significa «hijo de consolación», porque esto es como era él. Y parece que este hombre —como van a ver en el resto de la historia— este hombre efectivamente siempre se conducía neciamente; por eso es descrito así.
Y él está puesto en contraste con su esposa Abigail. Su esposa es inteligente y hermosa. Todo lo contrario de él. No sé… no dice que él era feo, pero es lo contrario de su esposa.
Y además hay un detalle significativo aquí: dice que era calebita. ¿Quién fue Caleb? Caleb fue, junto con Josué, el único que creyó a Dios con respecto a la tierra prometida. ¿Recuerdan? Hay algo especial acerca de Caleb en la historia bíblica y en cómo Dios llevó a su pueblo a la tierra prometida: es un hombre fiel y lleno de esperanza y de fe en las promesas de Dios.
Entonces hay ironía en el texto con respecto a por qué mencionar que es calebita. No es nada más lo contrario de su esposa; es lo contrario de su legado, de la herencia que trae desde sus antepasados. Esa es la clase de hombre que es Nabal.
La petición de David (1 Samuel 25:4-9)
«Y David oyó en el desierto que Nabal estaba trasquilando sus ovejas. Entonces David envió diez jóvenes y les dijo: “Suban a Carmel, visiten a Nabal y salúdenlo en mi nombre, y le dirán así: ‘Ten una larga vida, paz para ti, paz para tu casa y paz para todo lo que tienes. He oído que tienes esquiladores. Ahora bien, tus pastores han estado con nosotros y no los hemos maltratado, ni les ha faltado nada todos los días que estuvieron en Carmel. Pregunta a tus criados y ellos te lo dirán. Por tanto, permite que mis criados hallen gracia ante tus ojos, porque hemos llegado en un día de fiesta. Te ruego que de lo que tengas a mano des a tus siervos y a tu hijo David’”».
Entonces hay alguna especie de asociación de negocios informal entre David y Nabal, porque los hombres de David han estado cuidando a los pastores de Nabal en la región de Carmel, donde ellos están. Y entonces dice: «Ahora que tú estás cosechando lo que has podido hacer durante todo este año…». Y era la tradición judía: este es el momento de compartir y de beneficiar a otros con lo que Dios te está dando y con lo que te está bendiciendo.
Entonces es una petición muy razonable. «Tú comparte con nosotros. Nada más te estamos pidiendo que puedas ayudarnos a nosotros.»
Imagínense lo que era mantener a seiscientos hombres. O sea, no me imagino lo que sería tener que preocuparnos por alimentar nada más a nuestra iglesia. Ahora imagínense seiscientos hombres aquí. David está buscando diferentes maneras de proveer recursos para sus hombres.
Y dice: «Cuando llegaron los jóvenes de David, dijeron a Nabal todas estas palabras en nombre de David. Entonces esperaron».
Pero eso es importante: «en nombre de David» significa que hay una asociación de los hombres de David con David. Todo lo que nosotros decimos a nombre de David es como si David mismo lo estuviera pidiendo.
La respuesta de Nabal (1 Samuel 25:10-13)
«Pero Nabal respondió a los siervos de David: “¿Quién es David y quién es el hijo de Isaí? Hay muchos siervos hoy día que huyen de su señor. ¿He de tomar mi pan, mi agua y la carne que he preparado para mis esquiladores, y he de dárselos a hombres cuyo origen no conozco?”».
Aquí ven la respuesta tan agresiva y de tanto desprecio hacia David y hacia sus hombres, pero especialmente hacia David. Porque cuando dice «¿quién es David?», realmente no es que no sepa quién es David. Sí sabe quién es David. Claramente sabe de quién es hijo. Y como vamos a descubrir en un momento, todos los demás saben quién es David, incluyendo a la esposa de Nabal. Así que él sabe.
Pero aquí la clave está en el versículo 11. Fíjense: tres veces él menciona «mi», como niño chiquito, ¿no? «Mío, mío, mío.» «No, pero comparte.» «Es que es mío.» Esa es la actitud de Nabal. Completamente egoísta, pensando: «Estas son mis posesiones. ¿Por qué las voy a preparar? ¿Por qué las voy a compartir? Las he preparado para mis esquiladores».
«Entonces los jóvenes de David se volvieron por su camino, y regresaron y llegaron y le comunicaron todas estas palabras. Y David dijo a sus hombres: “Cíñase cada uno su espada”. Cada hombre se la ciñó; David también se ciñó la suya. Y unos cuatrocientos hombres subieron tras David, mientras que otros doscientos se quedaron cuidando el equipaje.»
«Acompáñenme cuatrocientos hombres, pero traigan sus espadas.» ¿Qué está listo para hacer aquí David?
David está enojado. O sea, creo que el texto nos da a entender de una manera muy clara que David está reaccionando apasionadamente a esta situación. «¿Cómo puede ser?» —y lo van a ver en un momento, en otro discurso breve de David—: «¿Cómo puede ser que yo he estado ayudando a este hombre, y cuidando a sus pastores, y buscando hacerle el bien, y ahora, cuando yo le pido un favor, él desconoce quién soy y se atreve a negarme?».
Imagínense. Estaba leyendo a un comentarista que ponía este ejemplo. Decía: «Es como el insulto que sería ir a un restaurante, y llega el mesero, te trata bien, te atiende muy bien durante toda la comida, y al final, cuando llega la hora de pagar, te dice: “¿Quiere incluir el servicio?”. “No. Nada. Es más: seguro reprobaste en la escuela, por eso eres mesero”».
O sea, es ese tipo de insulto el que siente David: cómo está siendo tratado, y cómo no nada más no le quieren dar nada, sino que lo están despreciando y lo están insultando en relación a quién sabe él que es realmente. «Yo soy el ungido de Dios. Yo soy el próximo rey de Israel, y este hombre ni siquiera quiere compartir conmigo su lana.» Lana, literalmente su lana.
El hombre necio vive para sí mismo
Bueno, ¿qué podemos aprender sobre el hombre necio, Nabal?
El hombre necio, número uno, vive para sí mismo. Y hay un salmo, el Salmo 14, en donde eso es exactamente lo que expresa David. Esto es muy interesante, porque ustedes conocen este salmo: «El necio ha dicho en su corazón: no hay Dios». A lo mejor David estaba pensando en Nabal cuando escribió eso.
Isaías 32:6 dice: «Pues el necio habla necedades, y su corazón se inclina hacia el mal, para practicar la impiedad y hablar falsedad contra el Señor, para mantener con hambre al hambriento y para privar de bebida al sediento».
Es decir: cuando tú ignoras la existencia de Dios, puedes hacer lo que tú quieras hacer para tu propio beneficio, porque piensas que no tienes que rendir cuentas a nadie. Entonces, ¿qué importa cómo yo trate a los demás, siempre y cuando yo tenga un beneficio? Esa es la razón por la cual el vivir fuera de la sumisión y de la autoridad de Dios nos va a llevar a vivir en injusticia y a un trato malo hacia nuestros prójimos.
Es inevitable que en algún momento seamos confrontados con esto: la manera en la cual tratamos a otros refleja lo que pensamos acerca de Dios. Lo que tú pienses sobre Dios, y cómo tú te relacionas con Dios, ya te va a llevar a tratar a otros de una cierta manera. Y para David es muy claro: el necio que trata a otros mal lo hace porque no considera que tiene que rendir cuentas a Dios. Ese es el caso de Nabal.
El hombre necio vive para lo material
Y la otra cosa que vemos acerca del hombre necio es que vive para lo material. Esto es claro sobre Nabal: él está enfocado en sus posesiones. Un hombre rico. Es un hombre rico que tiene de todo y no le hace falta nada. Y por lo mismo, si siente que tiene todo lo que quiere en esta vida, entonces nunca se va a humillar, nunca va a reconocer que él necesita de otros. Y ese es el caso de Nabal. Él desprecia completamente la ayuda que David le proporcionó a través de sus hombres, porque él tiene todo lo que necesita y no piensa que realmente el despreciar a David le vaya a afectar en sus posesiones. Él sigue siendo rico, sea como sea. Entonces el centro de su vida es lo material.
Y esto nos recuerda claramente… esta es la misma palabra que se usa en Lucas 12:
«La tierra de cierto hombre rico había producido mucho, y él pensaba dentro de sí: “¿Qué haré, ya que no tengo dónde almacenar mis cosechas?”. Entonces dijo: “Esto haré: derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes, y ahí almacenaré todo mi grano y mis bienes. Y diré a mi alma: alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete”. Pero Dios le dijo: “Nabal… esta misma noche te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?”. Así es el que acumula tesoros para sí y no es rico para con Dios.»
Nabal nos está mostrando todo lo que significa ser un necio.
Entra Abigail (1 Samuel 25:14-19)
En contraste con Nabal, continuamos la historia; y a partir del versículo 14 entra otro personaje, que es la esposa de Nabal.
Dice: «Pero uno de los criados avisó a Abigail, mujer de Nabal: “David envió mensajeros desde el desierto a saludar a nuestro señor, pero él los ha tratado mal. Sin embargo, los hombres fueron muy buenos con nosotros…”».
Aquí están dando testimonio de lo que David mandó a decir a Nabal. «No nos maltrataron ni nos faltó nada cuando andábamos con ellos, mientras estábamos en el campo. Como muro fueron para nosotros, tanto de noche como de día, todo el tiempo que estuvimos con ellos apacentando las ovejas.»
Así que aquí ellos admiten que hubo protección de parte de los hombres de David para con los hombres de Nabal, y ellos mismos se sienten mal sobre esta situación. Y le dice: «Ahora pues, reflexione y mire lo que ha de hacer, porque el mal ya está determinado contra nuestro señor y contra toda su casa; y él es un hombre tan indigno…».
Esto debería recordarles algo. Estas son las mismas palabras que se usan, por ejemplo, para los hijos de Elí, ¿se acuerdan? En 1 Samuel 2. Es tan indigno que nadie puede hablarle; o sea, no se puede razonar con él. «Por eso vengo a ti, esposa de Nabal, porque sé que contigo se puede hablar; pero con él sé que ya está determinado, que no hay manera de hacerlo entrar en razón.»
«Entonces Abigail se dio prisa y tomó doscientos panes, dos odres de vino, cinco ovejas ya preparadas, cinco medidas de grano tostado, cien racimos de uvas pasas y doscientas tortas de higos, y los puso sobre asnos.»
Si fuera mexicana doña Abigail, ya se imaginan qué es lo que habría preparado, ¿no? Gorditas y sopes y tamales. Ella sabe que hay necesidad con los hombres de David.
«Y dijo a sus criados: “Vayan delante de mí, porque yo los seguiré”. Pero no dijo nada a su marido Nabal.»
Ahora, hay muchos parecidos. Tenemos que pensar en todos los paralelos que hay con Saúl aquí. Hemos visto a la gente cercana a Saúl hacer cosas sin decirle, como Jonatán: no podía decirle muchas cosas en relación a David, porque sabía que lo iba a hacer enojar y que iba a empeorar la situación. Es lo mismo con la esposa de Nabal: no puede hablar con él, porque él se va a oponer a que haga esto, pero ella sabe que esto es importante.
«Cuando ella cabalgaba en su asno y descendía por la parte encubierta del monte, David y sus hombres venían bajando hacia ella, y se encontró con ellos. Y David había dicho: “Ciertamente, en vano he guardado todo lo que este hombre tiene en el desierto, de modo que nada se perdió de todo lo suyo; y él me ha devuelto mal por bien. Así haga Dios a los enemigos de David y aún más, si al llegar la mañana he dejado tan solo un varón de los suyos”».
Ahora, estaba leyendo algo sobre estas palabras que usa David aquí, y en el hebreo original de hecho David hasta usa algo de lenguaje vulgar para hacer referencia a los hombres de Nabal. Cuando dice «un varón», hay una frase en hebreo que él usa que es totalmente despectiva, que tiene que ver con hombres y que siempre es en relación a: «los quiero muertos». O sea, esa es la idea, y ese es el tipo de lenguaje que está usando David con sus hombres con respecto a lo que quiere hacer. Ahora ya sabemos por qué les dijo: «Agarren sus espadas».
El discurso de Abigail (1 Samuel 25:23-31)
El versículo 23 dice:
«Cuando Abigail vio a David, se dio prisa y bajó de su asno, y cayendo sobre su rostro delante de David, se postró en tierra. Y se echó a sus pies y le dijo: “Señor mío, solo sobre mí sea la culpa. Le ruego que permita que su sierva le hable, y que escuche las palabras de su sierva. Ruego a mi señor que no haga caso a este hombre indigno, Nabal, porque conforme a su nombre, así es”».
O sea, la esposa está diciendo: «Mi esposo es un necio; le va bien su nombre». Entonces… no es la primera vez que oigo a una esposa decir «mi esposo es un necio». Pero, a veces es verdad; aquí sí es verdad.
Y dice: «“Se llama Nabal, y la insensatez está con él. Pero yo, su sierva, no vi a los jóvenes que usted, mi señor, envió. Ahora pues, señor mío, vive el Señor y vive su alma, puesto que el Señor le ha impedido derramar sangre y vengarse por su propia mano. Sean, pues, como Nabal sus enemigos y los que buscan el mal contra mi señor. Y ahora, permita que este presente que su sierva ha traído para mi señor se dé a los jóvenes que acompañan a mi señor. Le ruego que perdone la ofensa de su sierva, porque el Señor ciertamente establecerá una casa duradera para mi señor, pues mi señor pelea las batallas del Señor, y el mal no se hallará en usted en todos sus días. Y si alguien se levanta para perseguirlo y buscar su vida, entonces la vida de mi señor estará bien atada en el haz de los que viven con el Señor su Dios; pero Él lanzará la vida de sus enemigos como de en medio de una honda”».
Quiere mostrarle que conoce la historia, ¿no? O sea: «Dios se va a librar de tus enemigos, así como aventándolos con una honda».
«“Y sucederá que cuando el Señor haga por mi señor conforme a todo el bien que Él ha hablado de usted, y lo ponga por príncipe sobre Israel, esto no causará pesar ni remordimiento a mi señor, tanto por haber derramado sangre sin causa como por haberse vengado mi señor. Cuando el Señor haya hecho bien a mi señor, entonces acuérdese de su sierva”.»
Ese es un discurso increíble, que Abigail ha estado obviamente planeando; tiene todo este camino para pensar qué voy a decir cuando llegue. Y piensa muy bien en cómo desarrollar este argumento.
Esto debería de recordarnos algo: este era David en el capítulo anterior, ¿se acuerdan?, cuando David tiene que explicar su situación delante de Saúl. Él da un buen argumento y convence a Saúl. Ahora es Abigail haciendo todo este argumento, que muestra el tipo de mujer que ella es.
¿Cómo terminó casada con Nabal? No sé. No sé si desarrolló esta sabiduría ya después de casarse con él, o si hubo alguna situación ahí que básicamente la obligó a casarse con él. No sé cómo se dio este matrimonio, pero claramente este es uno de esos casos donde dices: «¿Cómo están ellos dos juntos?». O sea, no tiene sentido. Pero aquí ella muestra que ella es la mujer sabia, en contraste con su marido.
La sumisión a una autoridad nunca es absoluta
Y ella nos da una ilustración importante aquí también, o nos muestra una lección importante, que es que nuestra responsabilidad de honrar a nuestras autoridades no es absoluta, a menos que la autoridad sea absoluta. ¿Entienden? O sea, ¿quién es el único que tiene autoridad absoluta? Dios. De otra manera, nuestra responsabilidad nunca es someternos a una autoridad absolutamente, porque toda autoridad es falible.
Esposas: tienen la responsabilidad de someterse a sus esposos, sí. Pero cuando ellos no están honrando a Dios, cuando ellos se están rebelando contra Dios, y cuando te dicen «no, no puedes ir a la iglesia», o cuando tú ves que algo es pecaminoso en la manera en que está actuando, no debes de seguir a tu esposo y someterte a él. Esa es una de las cosas que encontramos dentro de esta historia.
Y hay niveles, obviamente, de pecaminosidad y de rebeldía contra Dios. Aquí es un nivel tan grande que está poniendo en riesgo la vida de toda la familia y de todos los siervos. O sea, todos van a morir por causa de la necedad de Nabal. Entonces, por eso Abigail tiene que actuar, y tiene que contradecir a Nabal, y tiene que ir a espaldas de Nabal: porque lo que él acaba de hacer es sumamente peligroso para la familia, y ella sabe qué es lo correcto que tiene que hacer.
Nosotros les hemos dicho —y esto es verdad sobre la iglesia, en cuanto a lo que se desarrolla en cada familia—, hemos dicho: miren, esposas, si algo está pasando en sus hogares que ustedes saben que es pecaminoso, y donde necesitan la ayuda de la iglesia, no tienen que pedirle permiso a su esposo para hablar con nosotros en la iglesia sobre la situación. Porque como esposos, es muy probable que digamos: «No, no, no tienes… todo está bien. No, no, todo está bien». Habla con alguien.
Entonces, hay más que podría decir sobre esto, pero solo quiero que vean la actitud correcta de Abigail en esta historia.
La mujer sabia confía en el juicio perfecto de Dios
¿Qué es lo que muestra una mujer sabia? Ella confía en el juicio perfecto de Dios. Lo expresa claramente, y ahorita vamos a ver algo que David dice, porque ella influencia a David en esta situación; o más bien, le recuerda a David estas verdades.
Y en un momento vamos a ver este pasaje. Pero no nada más confía en el juicio perfecto de Dios —que vimos la semana pasada y lo vamos a ver la próxima semana—; esto es lo que David manifestó en su trato con Saúl: «Yo confío que Dios es juez perfecto; por lo tanto, yo puedo amarlo, yo puedo tener misericordia».
Eso es a lo que está apelando Abigail. Le está diciendo: «Dios pelea tus batallas, David. Dios sí va a vencer a tus enemigos. Tú no tienes que preocuparte de vengarte con tu propia mano. Y si lo haces, te vas a arrepentir. Vas a decir: no tenía que haber actuado de esa manera; derramé sangre inocente».
Porque recuerden, estaba hablando de matar a toda la casa de Nabal. Todos iban a sufrir las consecuencias de los actos de Nabal.
La mujer sabia confía en las promesas de Dios
Entonces, ella también confía en las promesas de Dios. Y es increíble aquí, porque ella está apelando al reino futuro de David para hacer lo correcto. ¿Se dan cuenta? «Dios te va a dar el reino; por lo tanto, tranquilo, David: no te apresures a hacer algo de lo cual te vas a arrepentir después.»
Y ella, inclusive, en este versículo 28, cuando dice «el Señor ciertamente establecerá una casa duradera para mi señor», es la primera vez que aparece esta frase en la Biblia: la casa permanente que Dios le establecerá a la casa de David. Está hablando —así como Ana en el capítulo 2— está hablando proféticamente con respecto al plan de Dios para David. De hecho, esta idea que desarrolla aquí Abigail va a regresar en 2 Samuel 7, cuando Dios le hace la promesa a David: «Estableceré una casa eterna, perpetua, para ti».
Entonces ella entiende que Dios sí tiene a David como su ungido, y que Dios sí cumplirá sus promesas para él. Simplemente le está recordando esta verdad. Así también como —recuerdan— Jonatán le recordó esa verdad, ahora Abigail está recordando esa verdad.
La respuesta de David (1 Samuel 25:32-35)
¿Y cómo reacciona David? Dice David a Abigail, versículo 32:
«“Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te envió hoy a encontrarme. Y bendito sea tu razonamiento, y bendita seas tú, que me has impedido derramar sangre hoy y vengarme por mi propia mano. Sin embargo, vive el Señor, Dios de Israel, que me ha impedido hacerte mal, que si tú no hubieras venido pronto a encontrarme, ciertamente para la luz del alba no le hubiera quedado a Nabal ni un varón”. Recibió David de su mano lo que ella había traído, y le dijo: “Sube en paz a tu casa. Mira, te he escuchado y te he concedido tu petición”.»
A través de la actitud y la petición de Abigail, de hecho se logra la paz.
David, esta vez, apunta a Cristo por contraste
Y miren, esta historia es una de muchas —lo van a ver—, es una de muchas historias donde podemos ver a David. Sí, David nos está apuntando hacia Jesús, ¿verdad? O sea, está apuntando hacia el ungido de Dios, que es Jesús, al final el verdadero heredero del trono de David. A veces David nos muestra verdades acerca de Jesús en la manera en que él está actuando: con paciencia, reconociendo la manera correcta de hacer las cosas, peleando la batalla por su pueblo, y muchas otras cosas.
Pero en otras ocasiones, como en esta ocasión, David funciona para apuntarnos a Cristo como contraste. O sea, David estaba actuando impulsivamente y mal. Y podemos entenderlo: está harto de estas situaciones de gente contra él. Todos entendemos cómo es reaccionar impulsivamente, porque todos nos encontramos en situaciones así, donde algo nos pega de sorpresa y no lo esperábamos, y nuestra primera reacción, nuestra reacción inicial, es una reacción pecaminosa; y decimos cosas que no quisiéramos decir, o que no deberíamos de haber dicho, pero ya las dijimos.
Casi siempre, hermanos —casi siempre; hay excepciones a esto, pero casi siempre—, cuando reaccionamos impulsivamente a algo, pecamos. Casi siempre. Si no nos tomamos el tiempo para pensar, orar, realmente evaluar bien la situación, ponerla en proporción… A veces algo pequeño lo hacemos grande, o muchas cosas pueden pasar que nos hacen actuar de maneras pecaminosas hacia otros.
Y este es el caso de David. Él ya iba en camino a matar a toda una familia, a un montón de gente. Y esto que hace Abigail lo frena y lo hace reconsiderar.
Y quiero que vean: David tiene la humildad para reconocer que estaba mal. Dice: «No, sí, sí, sí, me estaba equivocando. Gracias, Abigail, por recordarme que Dios es el que hace justicia. Gracias por recordarme que Dios me está llevando hacia las promesas que Él cumplirá al llevarme a ser el rey de Israel. Yo no tengo que preocuparme por ganarme esa posición. No importa que la gente no me reconozca: Dios se encargará de vindicarme».
Hermanos, todos necesitamos corrección de una comunidad que nos rodea, y todos necesitamos la humildad para ser corregidos, ¿no es verdad? A veces se dice fácil, pero no es tan fácil; nuestra reacción inicial siempre es defendernos. Pero tenemos dos maneras de conocer la voluntad de Dios, ¿verdad?: a través de su Palabra y a través del consejo sabio de otros creyentes.
La muerte de Nabal: Dios hace justicia (1 Samuel 25:36-39)
«Abigail regresó a Nabal, y este tenía un banquete en su casa, como el banquete de un rey; y el corazón de Nabal estaba alegre, pues estaba muy ebrio, por lo cual ella no le comunicó nada hasta el amanecer. Pero sucedió que por la mañana, cuando se le pasó el vino a Nabal…»
—o sea, cuando se le pasó la cruda—
«…su mujer le contó estas cosas, y su corazón se quedó como muerto dentro de él, y se puso como una piedra. Y unos diez días después sucedió que el Señor hirió a Nabal, y murió.»
Muchos piensan en qué es lo que pasa después de que ya se le pasa la borrachera. Pero vean cómo está viviendo su vida: él está viviendo como un rey, aunque es un necio. Y David está a punto de actuar como un necio, aunque es un rey.
Y parece ser que lo que pasa es que Abigail va y le dice lo que realmente sucedió: «Oye, David ya venía a matarte, y esto es lo que tuve que hacer». Parece que en ese momento, lo que describe aquí la Biblia es algo así como algún tipo de derrame cerebral o infarto que sufre Nabal, porque esto es como lo describe: algo le pasa que lo deja inmovilizado o en mal estado, y diez días después muere.
Pero fíjense quién es el que hizo justicia aquí. Dice el texto: ¿quién le hizo esto a Nabal? Dios mostró que Abigail estaba en lo correcto: Dios hará justicia por ti; tú no tienes que preocuparte.
Y vean cómo reacciona David: «David supo que Nabal había muerto y dijo: “Bendito sea el Señor, que ha defendido la causa de mi afrenta de manos de Nabal y ha preservado a su siervo del mal. El Señor también ha devuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza”».
El gozo del juicio de Dios
Entonces, vean lo que dice el Salmo 58, versículos 10 y 11. Dice: «El justo se alegrará cuando vea la venganza; se lavará los pies en la sangre de los impíos. Entonces los hombres dirán: ciertamente hay recompensa para el justo; ciertamente hay un Dios que juzga en la tierra».
Y hoy en la mañana estuvimos escuchando de Apocalipsis 19 exactamente esto, ¿no? ¿Qué provoca gozo en el cielo? El juicio de Dios. El derramamiento de la sangre de los enemigos de Dios es lo que causa gozo y alabanza en el cielo. ¿Por qué? Porque no está en nosotros hacer juicio; pero cuando Dios hace juicio, es perfecto, y es causa de gloria a Dios.
Yo no tengo que vengarme. Dios sabe. Si hay arrepentimiento, gracias a Dios porque hay arrepentimiento, y entonces Cristo pagará por los pecados cometidos contra mí, y ese juicio causa gozo en mi corazón. Y si esa persona no se arrepiente, esa persona pagará por sus pecados, y el juicio perfecto de Dios caerá sobre él. Gloria a Dios por eso también, porque Dios es perfectamente justo en todo lo que hace. Todo.
Ese es el gozo en el corazón de David.
Abigail, esposa de David (1 Samuel 25:39-42)
Ahora, Abigail causó bastante impresión en David. O sea: esta mujer… ¡wow! ¿Qué clase de mujer es esta? Cuando David supo que Nabal había muerto, no perdió tiempo. Dijo: «¿Podría ser mi esposa?».
Dice: «Entonces David envió un mensaje a Abigail para tomarla para sí por mujer. Y los siervos de David fueron a casa de Abigail en Carmel y le hablaron, diciendo: “David nos ha enviado a usted para tomarla para sí por mujer”. Ella se levantó y, postrándose rostro en tierra, dijo: “Miren, su sierva es una criada para lavar los pies de los siervos de mi señor”. Abigail se levantó apresuradamente, montó en un asno, y con sus cinco doncellas que la atendían siguió a los mensajeros de David, y fue su mujer.»
Ahora, vamos a dejar los últimos dos versículos para el próximo domingo, porque quiero hablar un poquito del tema de la poligamia en el Antiguo Testamento, pero no tenemos tiempo hoy; voy a empezar con eso el próximo domingo.
Vamos a quedarnos aquí, en esta parte del versículo 42, donde David manda llamar a Abigail y le dice: «Quiero que seas mi esposa». Y Abigail felizmente dice… pues comparado con Nabal, cualquiera estaría bien; pero este es el rey de Israel, o sea, este es un hombre de Dios. David está contento, Abigail está contenta con este arreglo, y se convierte en esposa de David.
Una palabra para los solteros: sumisión es influencia
Quiero hacer nada más un pequeño comentario aquí para los hombres solteros, porque hay una lección aquí sobre cómo vamos rumbo al matrimonio cuando todavía no estamos casados: qué clase de mujer estamos buscando, si somos hombres que queremos que nuestros matrimonios honren a Dios.
¿Qué clase de mujer es la que David ve en Abigail aquí? Aquí lo vemos: estas dos características, que confía en el juicio perfecto de Dios y que confía en las promesas de Dios.
Ahora, ¿cómo se manifiesta esto? Es una mujer de iniciativa, ¿no? Es como la mujer de Proverbios 31, que no está nada más ahí sentada, a ver: «Ay, mira, me voy a maquillar y a pintar las uñas, y ya. Que me vea bonita». Perdón —no, no estoy… está bien que se maquillen y todo—; pero si esa es tu única preocupación, cómo te ves y cómo eres percibida nada más exteriormente… entonces algo falta aquí, que es un elemento crucial de lo que David aprecia de ella: que es una mujer que está dispuesta a hacer lo que sea necesario hacer para honrar a Dios.
Y en este caso, honrar a Dios significa traer paz. O sea, una mujer que sabe no empeorar las cosas y no exagerar las cosas, sino suavizarlas, bajarlas a un nivel donde diga: «A ver, tranquilo, no tenemos que hacer que esto sea más grande de lo necesario. Confiemos en el Señor, confiemos en sus promesas».
Ese es el tipo de mujer que es Abigail: una mujer que no está confiada en su propia habilidad para manipular la situación, sino en cómo Dios, y lo que Él hace, puede traer la perspectiva correcta a cualquier situación, para encontrar una solución que honre y glorifique a Dios.
¿Me entienden, mujeres? Dios las ha llamado a ser mujeres de sumisión. Pero, ¿qué significa sumisión? ¿Saben qué significa sumisión? Influencia. Es cómo tú puedes influenciar. Ella no está tratando de tomar control como líder; ella está apelando al líder para hacer lo correcto. ¿Lo ven? Entonces ella se convierte en una mujer de influencia para bien en la situación: tranquilizar la situación, apelar al poder y a la soberanía de Dios sobre todas las cosas, y traer una resolución correcta a este conflicto.
Bueno: sigan orando, hombres, para que Dios les dé una mujer así. Y mujeres, pídanle a Dios que las haga una mujer así.
Cinco cosas que Abigail nos muestra del evangelio
¿Qué es lo que aprendemos acerca del evangelio en este pasaje? ¿Qué nos muestra acerca del evangelio?
Bueno, hay cinco cosas que hacía Abigail que creo que nos apuntan hacia el evangelio claramente. Estas son las cinco cosas.
Número uno: está en el versículo 23. Hay humillación: «se postró en tierra».
Número dos: hay confesión, donde ella dice, en el versículo 24: «Sea sobre mí la culpa».
Número tres: hay restitución. Ella dice, en el versículo 27: «Ahora permita que este presente que su sierva ha traído para mi señor se dé a los jóvenes que acompañan a mi señor». Ella hace lo posible por mostrar: «Mira, todo lo que tengo, aquí está, y te lo doy».
Número cuatro: ella pide perdón. Versículo 28: «Le ruego que perdone la ofensa de su sierva».
Y número cinco está en todo lo que viene a continuación, donde ella apela al carácter, a la santidad y a la piedad de David para hacer lo correcto: «Yo sé la clase de hombre que eres; por tanto, apelo, te pido».
Ahora, esta es la dinámica que nosotros experimentamos. Y esto podríamos aplicarlo en relaciones horizontales también: cuando estamos tratando de arreglar una situación donde nosotros hemos ofendido a alguien, creo que también funciona este mismo orden. Pero cuando venimos delante de Dios es lo mismo: venimos delante de Dios en humillación, para confesar nuestra culpabilidad.
Ahora, no hay restitución en el sentido de que podamos hacer algún tipo de trueque con Dios, o alguna negociación con Dios: «Mira, tú dame y yo te doy». Pero sí hay un sentido en el que esta humillación y esta confesión de mi culpabilidad quiero demostrarla de una manera tangible, dándote todo lo que tengo para darte. Que en nuestro caso, cuando venimos delante de Dios, no es para que nos perdone; es una muestra de que estamos genuinamente arrepentidos, diciéndole: «Señor, aquí está mi vida, tómala. Es lo único que tengo para darte, te lo doy. Es tuya mi vida. Perdóname por mi pecado». Y apelamos a las promesas de Dios y a quién es Dios, para saber que Él hará lo correcto de acuerdo a su carácter, de acuerdo a sus atributos.
En el evangelio, Jesús está refrenando juicio. Está refrenando juicio para mostrar misericordia, ¿no es cierto?, como hizo David, hasta que regrese nuevamente en juicio. Hoy es el día de salvación, porque hoy es el día en que Dios está refrenando su juicio y diciendo: «Estoy dando tiempo antes de que venga el juicio perfecto y final de Dios».
Todos somos Nabal
Pero, hermanos, cuando estaba pensando sobre esto y estaba leyendo, intencionalmente no leí más —lo puse en la diapositiva—, pero cuando leímos el Salmo 14, dice: «El necio dice en su corazón: no hay Dios». ¿Saben qué sigue después de eso?
«No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se han desviado, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.»
Lo cual significa ¿qué? Que todos somos Nabal. Esa es nuestra verdadera condición: somos necios delante de Dios; nosotros nos hemos rebelado contra Dios.
Y nuestro estado no es el de Abigail por naturaleza. Nuestro estado por naturaleza es el estado de Nabal, que ignora al ungido de Dios, que no quiere tener nada que ver con el ungido de Dios, y dice: «Yo quiero vivir para mí. Yo quiero vivir para mis necesidades y para las cosas que yo quiero que sean el centro de mi vida». Y hacemos a un lado la invitación que Dios nos hace para tener comunión con Él.
Pero Dios hace esta transformación en nuestros corazones, para que podamos no ser como Nabal, sino ser como Abigail, y venir delante de Dios y decir: «Cuando el Señor haya hecho bien a mi señor, entonces acuérdese de su sierva».
Ella está apelando a lo mismo con David a lo cual apeló el ladrón junto a Jesús en la cruz, cuando dijo: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino». Entonces Jesús le dijo: «En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso». O sea: «Sube en paz a tu casa. Mira, te he escuchado y te he concedido tu petición». Lo mismo que le dijo David a Abigail.
La invitación a las bodas del Cordero
¿Qué siguió? Acabamos de escuchar esta mañana sobre Apocalipsis 19: las bodas del Cordero. Esta es la imagen, esta es la analogía que usa la Biblia para explicarnos lo que Dios hace con nosotros: nos invita a ser su esposa.
«Ven, te estoy invitando. Voy a enviar a mis siervos para que ellos hagan la invitación. Yo soy el que te está invitando, pero son mis siervos los que te hacen la invitación.» Y es a través de su iglesia. Es primeramente a través de los profetas y apóstoles, y ahora a través de su iglesia, que nosotros hacemos la invitación —nosotros, los siervos de Dios— hacemos la invitación a todas las naciones. Dios quiere que seas su esposa.
¿Cómo vamos a responder ante esa invitación? Abigail, ¿cómo respondió? Dejó su vida pasada para ahora ser la esposa del rey. Nosotros hemos sido invitados por Cristo para ser su esposa, a través de sus siervos. ¿Cómo responderemos nosotros a esa invitación?
Señor, trae humillación, confesión, restitución, perdón y apelación a nuestros corazones cuando nos presentamos delante de ti, para tener una relación contigo permanente.
Puestos de pie, vamos a cantar sobre la misericordia fiel de Dios en nuestras vidas.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →