Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

1 Samuel 241 Samuel / Necesitamos un ReyNathan Díaz

Encomendado a aquel que juzga con justicia

¿Cómo saber si una oportunidad que se te abre es la voluntad de Dios… o simplemente lo que tu corazón quería? En 1 Samuel 24 David tiene a Saúl indefenso en una cueva, sus hombres le dicen que es la señal de Dios, y David decide no matarlo. Nathan Díaz predica sobre la conciencia sensible, el peligro de leer la voluntad de Dios en las circunstancias, la tentación del atajo, y por qué confiar en que Dios es juez perfecto es lo único que nos hace libres para amar a quien nos ha tratado mal.

Transcripción

Introducción: la historia de David nos apunta a Cristo

Estaba tentado a cambiar mi sermón de esta mañana por algo así como "abuelos en la Biblia", o algo así que fuera parte de mi experiencia. Pero continuamos en este primer libro de Samuel, pensando acerca de cómo Dios está trabajando a través de David, a través de su ungido, y apuntándonos hacia Cristo, haciéndonos pensar al leer esta historia.

Nosotros ya conocemos la historia completa, tenemos toda la Biblia. Se trata de hacernos pensar acerca de la manera en la cual Cristo cumple estas experiencias de David de una manera más profunda y significativa, porque se conecta directamente a nosotros. Nosotros, a través de la fe en Cristo, estamos conectados a las experiencias de David; pero solamente en ese sentido es que estamos realmente conectados a lo que David está experimentando como el ungido de Dios.

Y hemos estado viendo ya, durante varios capítulos, esta enemistad que hay entre David y Saúl, y cómo la dinámica, la tensión que hay entre David y Saúl, se ha ido intensificando. Saúl está persiguiendo a David, y una y otra vez Dios lo está liberando, y termina siendo por muy poco: Saúl podría haber matado a David, pero Dios milagrosamente hace diferentes cosas.

En el capítulo pasado, que vimos la semana pasada, simplemente le vienen a avisar a Saúl: "Están los filisteos amenazándonos". Entonces esa amenaza de los filisteos obliga a Saúl a retroceder, a regresar y lidiar con los filisteos. Pero él ya estaba muy cerca de David, ya estaba ahí. Me recuerda un poco estas caricaturas con las que crecí, como Tom y Jerry, donde todo el tiempo está algo diferente pasando y apenas se escapa, y nunca logra alcanzarlo. Ese es el escenario; pero en la vida real que está experimentando David, es algo real que está amenazando su vida.

Entonces este capítulo 24, que es el que vamos a ver hoy, contiene una historia muy peculiar en la dinámica entre David y Saúl.

Lectura: 1 Samuel 24:1-10

Vamos a empezar leyendo en el versículo 1 del capítulo 24: "Cuando Saúl regresó de perseguir a los filisteos…". Entonces, eso es lo que habíamos visto la semana pasada: eso es lo que trae liberación a David. Y, por cierto, esta idea de la peña de escape —que veíamos que Cristo es nuestra roca de escape—: ese tema no lo mencioné el domingo pasado, pero la idea de Dios como nuestra roca es un tema con el que abre 1 Samuel, en la oración de Ana, capítulo 2, versículo 2. Ahí se menciona. Pero también —no sé en cuánto tiempo será esto— cuando estemos terminando 2 Samuel, también en la oración final, en las partes finales de 2 Samuel, capítulo 22, ahí veremos también otra vez esa misma idea de Dios como nuestra roca. Entonces es significativo que encontramos estos símbolos a lo largo de la historia, que nos apuntan también a la obra de Cristo.

Esa peña de escape, en este caso, en el capítulo 23, era que Saúl va a pelear contra los filisteos, y de esa manera David es librado de la mano de Saúl.

"Cuando Saúl regresó de perseguir a los filisteos, le dieron aviso: David está en el desierto de Engadi. Entonces Saúl tomó de todo Israel tres mil hombres escogidos y fue en busca de David y de sus hombres por los peñascos de las cabras monteses. Llegó a unos rediles de ovejas en el camino donde había una cueva, y Saúl entró en ella para hacer sus necesidades. Y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva. Y los hombres de David le dijeron: 'Mira, este es el día del que el Señor te habló: voy a entregar a tu enemigo en tu mano, y harás con él como bien te parezca'. Entonces David se levantó y cortó a escondidas la orilla del manto de Saúl. Aconteció después de esto que la conciencia de David le remordía, porque había cortado la orilla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres: 'El Señor me guarde de hacer tal cosa contra mi rey, el ungido del Señor, de extender contra él mi mano, porque es el ungido del Señor'. David contuvo a sus hombres con estas palabras y no les permitió que se levantaran contra Saúl. Y Saúl se levantó, salió de la cueva y siguió su camino. Después de esto David se levantó, salió de la cueva y dio voces tras Saúl, diciendo: '¡Mi señor, el rey!'. Y cuando Saúl miró hacia atrás, David inclinó su rostro a tierra y se postró. Y David dijo a Saúl: '¿Por qué escucha usted las palabras de los hombres que dicen: "Mire que David procura su mal"? Hoy han visto sus ojos que el Señor lo ha puesto en mis manos en la cueva en este día, y algunos me dijeron que lo matara, pero mis ojos tuvieron piedad de usted, y dije: "No extenderé mi mano contra mi rey, porque es el ungido del Señor"'."

Señor, bendice tu palabra, y la manera en la cual podemos entender esta historia viendo tu fidelidad en nuestras vidas, pero especialmente el juicio que tú haces perfecto, en el cual podemos descansar. En el nombre de Cristo Jesús. Amén.

La escena en la cueva

Bueno, ya vieron qué está pasando aquí en esta persecución entre Saúl y David. Saúl tiene cinco veces más hombres que David, nada más. Simplemente él escoge tres mil hombres, y recuerdan que David tiene unos seiscientos. Entonces realmente Saúl tiene una ventaja sobre David.

Y de todas las cuevas que hay de opción como baño… ¿Qué? Es interesante. O sea, no es muy seguido que encontramos una historia en la Biblia, o en cualquier lugar, que incluye un detalle como este sobre alguien teniendo que ir al baño. Aun los reyes tienen que ir al baño, y esto es claro aquí con Saúl; y escoge, para ir al baño, la cueva donde se está escondiendo David con sus hombres.

Entonces sus tropas y la gente que él trae, pues no están ahí con él: es algo privado. Él está solo. Y me imagino esta escena —no demasiado en detalle—, pero ahí están David y sus hombres, y creo que por ahí viene Saúl, y de repente ven a Saúl entrar a la cueva y dicen: "¿No es Saúl?". Y luego: "¿Y qué está haciendo?". O sea, de repente se dan cuenta de que está Saúl ahí solo, y que está lo más vulnerable posible que puede estar. Y aparentemente lo que hace Saúl, claro, para no ensuciar su ropa, es quitarse su manto y ponerlo por ahí.

Y los hombres de David lo ven como una señal de Dios. Ellos dicen: "Mira, aquí Dios está poniendo esta situación delante de ti. Este es tu enemigo". Es interesante lo que le dicen, porque le dicen: "Mira, este es el día del que el Señor te habló: voy a entregar a tu enemigo en tu mano, y harás con él como bien te parezca".

¿Cuándo dijo eso Dios? ¿Le dijo eso Dios a David sobre Saúl? Se lo había dicho sobre los filisteos. Eso lo vimos la semana pasada, en cuanto a Keila, ¿se acuerdan? "¿Debo ir a pelear contra los filisteos que están invadiendo Keila?". Y Dios le dice: "Sí, ve y pelea contra ellos; los voy a entregar en tu mano".

Entonces aquí están haciendo un poquito de exégesis los hombres de David, diciendo: "Bueno, Dios dijo que tus enemigos, los filisteos… pero pues Saúl te quiere matar más que los filisteos. Entonces, ¿quién es tu enemigo?". Para ellos, Saúl es más enemigo de David que los mismos filisteos. Y ellos lo ven como: "Ah, Dios te está entregando a Saúl, te lo está poniendo ahí para que hagas algo".

Y David agarra una espada bastante filosa, me imagino. Tiene que ser. Y ahí va, y sus hombres están viendo y están en suspenso: ya por fin va a ser algo, David contra este hombre que nada más lo está persiguiendo; ya el reino va a ser suyo, ya va a poder gobernar libremente, ya no está su vida en amenaza.

¿Y qué hace David? Toma una orilla del manto, la corta y se regresa ahí. Y los hombres le dicen: "¿Por qué no lo mataste? ¿No ves que Dios te está dando esta oportunidad, lo está poniendo en tus manos?".

1) ¿Cómo conocemos la voluntad de Dios? Una conciencia sensible

Y vean aquí el texto en el versículo 5, porque dice que a David le remordía la conciencia. Si no lo mató, ¿por qué le remordía la conciencia?

Bueno, yo no sé en qué momento; no sé si David inicialmente iba con la intención de matarlo, y en el proceso de ir a matarlo decidió cambiar de estrategia y sintió este peso en su conciencia, y dijo: "No, no puedo hacer esto", y entonces cortó el manto; o si desde un principio ya iba sabiendo lo que iba a hacer. No sé cómo se dio en la mente y el corazón de David, pero el texto sí nos dice que tiene un sentido de remordimiento en su conciencia.

Y creo que en parte es porque él entiende que lo que acaba de hacer también tiene un sentido simbólico con respecto al reino. ¿Se acuerdan, en el capítulo 15, cuando estaba Samuel con Saúl, y Saúl trata de agarrar a Samuel y le rompe el manto? Y así como fue roto el manto de Samuel, Samuel le dice a Saúl que el reino ha sido arrancado de él. Entonces hay una analogía ahí. Y Jonatán le dio su manto a David. Entonces hay todo un sentido en el cual David entiende que esto tiene significado dentro del propósito que Dios tiene para él: el hecho de que él haya cortado un pedazo del manto del rey representa, en algún sentido, cómo es que David está tomando el reino de Saúl, o va a tomar el reino de Saúl.

Entonces hay un sentido de pesar dentro del corazón de David sobre cómo se debe de dar eso. Y no sabemos exactamente qué es lo que carga su conciencia, pero lo que sí vemos claramente es que David tiene una conciencia sensible, una conciencia sensible ante hacer la voluntad de Dios en su vida.

Lo cual me lleva al primer punto que quiero que vean, que es cómo sabemos la voluntad de Dios. Y creo que este pasaje nos muestra algunas verdades sobre cómo podemos conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas. La primera de ellas es lo que leemos en el versículo 5: David está entendiendo la voluntad de Dios para él como rey a través de su sensibilidad en su conciencia con respecto a qué es lo que va a honrar a Dios.

David está muy consciente de esta verdad. Y como cristianos, nada más esto, este pasaje, este detalle que nos da el autor de 1 Samuel, donde dice que a David le remordía la conciencia porque había cortado la orilla del manto de Saúl… Yo digo: "Señor, dame ese tipo de sensibilidad en mi conciencia" con respecto a tantas cosas en la vida en las que a veces hay duda. Y yo creo que sí hubo algún momento de duda en el corazón de David: "Corto el manto, no lo corto. Para empezar, lo mato, no lo mato. Corto el manto. Sí me lo está entregando Dios. No, no me lo está entregando". O sea, hubo toda una lucha dentro del corazón de David para saber qué hacer en este momento, y está tratando de ser sensible ante la voluntad de Dios.

Y Romanos 14 es un pasaje que nos habla… Me gustaría que después, con calma, ustedes lean todo el capítulo. Romanos 14 es un pasaje que en gran parte habla acerca de la conciencia cristiana y de cómo tomamos decisiones como cristianos en relación a otros, en relación a lo que puede ser piedra de tropiezo en la vida de otra persona. Y algunos de los versículos del capítulo 14 dicen, por ejemplo, el versículo 10: "Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué desprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios". Más adelante, versículo 12: "De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo… Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua… La fe que tú tienes, tenla conforme a tu propia convicción delante de Dios. Dichoso el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba". Y al final —esto es al final del capítulo—: "Pero el que duda, si come, se condena, porque no lo hace por fe; y todo lo que no procede de fe es pecado".

¿Se dan cuenta qué tan importante es la parte de la conciencia en la vida cristiana? Todo lo que no hacemos en fe es pecado. Lo cual significa que dos personas pueden estar haciendo exactamente lo mismo, pero por razones diferentes, y para uno es pecado y para el otro no. Es algo del corazón: qué es lo que me motiva a hacer esto.

Entonces, la petición… No quiero entrar demasiado en esto, es nada más un punto pequeño dentro del texto, pero la petición que nosotros tenemos que hacer constantemente delante de Dios es: "Señor, dame una conciencia sensible a ti". Una conciencia sensible a ti, para que lo que yo haga te honre, para que pueda hacer tu voluntad. Porque a veces no es tan fácil saber qué hacer.

Pero aquí David, al pensar en todo este escenario, sí tiene claridad al final de qué hacer, y de que matar a Saúl estaría mal. David sí está convencido de eso, y se lo dice a sus hombres.

2) Cuidado con las circunstancias

Pero a los hombres de David podemos entenderlos, ¿no? Podemos entender por qué piensan que David debería ir y matar a Saúl en este momento. Sí parece que, dentro de estas circunstancias que se están dando, esa es la voluntad de Dios. Para ellos —ellos le atribuyen a Dios esto—, parece que es la voluntad de Dios: "Ve y mata a Saúl".

Entonces la pregunta es: ¿qué hay de las circunstancias que nos muestran la voluntad de Dios? Ahora, esto es un poco más difícil todavía, porque ¿no es verdad que las circunstancias pueden ser extremadamente engañosas para conocer la voluntad de Dios? Sí. Esta historia lo muestra. Unos están seguros de que las circunstancias muestran claramente la voluntad de Dios, pero están pensando en cosas opuestas. David y sus hombres están pensando en cosas opuestas. David está pensando: "Las circunstancias me van a llevar a no hacer nada contra Saúl. Esa es la voluntad de Dios". Y los hombres de David están diciendo: "No, las circunstancias son que debes matar a Saúl. Esa es la voluntad de Dios".

Bueno, las circunstancias pueden ser fácilmente confundidas con nuestros deseos, con lo que realmente nuestro corazón anhela, y confundir eso con la voluntad de Dios. Cuando las circunstancias se alinean perfectamente, o suficientemente bien, nos engañamos a nosotros mismos al pensar que la providencia de Dios debe ser lo que está sucediendo.

Un ejemplo de eso se da en el romance, específicamente. Entonces estoy hablando de todos los solteros aquí, y la manera en la cual he escuchado una y otra vez esta justificación de una relación por las circunstancias: "Le pedí agua y me la trajo. ¿Qué señal más clara? ¿No es exactamente como Dios proveyó una esposa para Isaac?". Y especialmente es trágico cuando tiene que ver con un no creyente, y hay este sentido de: "Pero es que las circunstancias… claramente esta debe de ser la voluntad de Dios".

O a veces este tipo de conflictos sobre las circunstancias surgen en relación a nuestras finanzas, ¿no? "Mira, le había preguntado a Dios si debía comprarme eso, y hoy me ofrecieron una tarjeta de crédito. O sea, no podría ser más claro que es la voluntad de Dios, ¿no?". Así pensamos. O sea, es nuestra manera, a veces, de acomodar las cosas a nuestros deseos —o de ver que se acomodan a nuestros deseos— y pensar que, entonces, por lo tanto, debe de ser Dios el que nos está guiando a tomar una decisión específica.

No solo porque las circunstancias delante de mí sean favorables significa que debo de tomarlas o aprovecharlas. Es un principio que ya hemos visto; lo vimos en 1 Samuel 8, cuando el pueblo de Dios pide un rey. Porque no nada más es que lo que ellos están pidiendo es pecaminoso, sino que además Dios les da lo que piden. Y cuando veíamos ese capítulo decíamos: "Ten cuidado con lo que pides". A veces Dios te puede contestar una oración para llevarte a ver que tú no estabas realmente poniendo tu confianza en él a través de lo que estabas pidiendo, y va a haber algún tipo de crisis en tu vida a través de lo que pediste, que te va a llevar a ver que era pecado esa petición, ¿no?, ese deseo en tu corazón.

El atajo: lo que la circunstancia le ofrecía a David

Y claro, la tentación aquí, ¿cuál es? A través de las circunstancias, ¿qué es lo que es tan atrayente, tan apetecible, para los hombres de David acerca de estas circunstancias? ¿Y cuál podría haber sido la tentación para David a través de esta circunstancia? ¿Qué es lo que esta circunstancia estaba ofreciéndole a David?

Una salida rápida y fácil a su situación. ¿No había venido ya sufriendo David mucho, escondiéndose constantemente de Saúl, teniendo temor por su vida? Y sabe que Dios ya lo ha ungido, que el reino va a ser suyo, y dice: "¿Por qué se está alargando esto? ¿Por qué nos estamos tardando? Estamos escondidos en cuevas, estamos en una situación menos que ideal, todo el tiempo estresado pensando: 'Híjole, ¿por dónde viene Saúl? ¿Ya me encontró o no?'", y preocupado por sus hombres. Esto ofrecía una salida rápida, una salida rápida y sencilla para David de todos sus problemas, ¿no? Esto es lo que representaba esta situación para él.

Que, por cierto, cuando David le dice a sus hombres: "El Señor me guarde de hacer tal cosa contra mi rey, el ungido del Señor, de extender contra él mi mano, porque es el ungido del Señor"… literalmente la idea aquí, en el versículo 7, es que David cortó a sus hombres con esas palabras. Así como cortó un pedazo del manto, ahora con sus palabras él dice: ellos ya no tienen más que decir. Habla con sabiduría David, y les da una nueva perspectiva sobre la situación.

Bueno, como les decía al principio de este mensaje, estas historias, las experiencias de David, nos apuntan hacia Cristo, porque exactamente lo mismo pasó con Jesús. Jesús, para empezar su ministerio, fue llevado al desierto. Y la tentación en el desierto, ¿cuál fue? Una salida rápida al sufrimiento y a la aflicción que él tendría que enfrentar a lo largo de todo su ministerio, terminando con su propia crucifixión. Lo que Satanás todo el tiempo le está ofreciendo a Jesús cuando está en el desierto es: "Hay una salida más rápida para ti. No tienes que pasar por eso. No tienes que esperar en la providencia, y en el tiempo, y en el plan del Señor para tu vida. Tú tienes el poder para hacer lo que se necesita hacer ahora".

Y en particular lo pueden ver en la última tentación que Satanás hace, versículo 8 de Mateo 4, cuando lo llevó a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: "Todo esto te daré, si te postras y me adoras". Entonces Jesús le dijo: "Vete, Satanás, porque escrito está: 'Al Señor tu Dios adorarás, y solo a él servirás'". El diablo entonces lo dejó, y al instante unos ángeles vinieron y le servían.

Pero ¿no es verdad que esto que Satanás le está ofreciendo a Jesús, de hecho, ya le pertenece a Jesús? Todos los imperios de este mundo, todos los reinos de este mundo, ya son suyos. Pero es el camino de la cruz el camino que Jesús escogió, no el camino de someterse a la autoridad de Satanás, que era el atajo.

Siempre, como cristianos, cuando hay una opción de atajo delante de nosotros para felicidad inmediata, para satisfacción inmediata, tenemos que considerar seriamente si eso realmente es lo que va a honrar a Dios o no. Porque normalmente no es el camino que más honra a Dios el camino de acceso al premio sin el proceso de sufrimiento. Porque Dios quiere trabajar en nuestras vidas a través del sufrimiento y a través de la pérdida. Dios nos moldea al aprender a esperar en él.

Entonces, ¿cuál es una de las cosas que Dios prueba constantemente en nuestras vidas? Nuestra paciencia, ¿no? Nuestra paciencia para llegar a la meta. "Espera, espera; vale la pena, vale la pena. Acuérdate lo que viene. Sé paciente, espera en mí". Dios todo el tiempo nos está recordando esa verdad.

3) Prudente en su hablar

Y entonces, dentro de esta historia, es interesante que cuando Saúl ya sale, David asume una posición de mucho riesgo aquí, porque se va a revelar a Saúl. Y esto podría haber ido de dos maneras, ¿no?

¿Quién tiene toda la ventaja aquí, una vez que David sale de la cueva? Saúl. Porque Saúl tiene tres mil hombres, y tres mil hombres que él escogió, lo cual significa que son hombres de batalla, son guerreros. David no escogió a sus hombres: ellos llegaron a él, y le tocó aceptar lo que le llegó. Y no es necesariamente gente tan preparada; por lo menos muchos de ellos no lo eran. Entonces David hubiera aquí perdido completamente la batalla si es que Saúl decide en ese momento: "Ah, bueno, pues ahí estás, ya te encontré; ahora te voy a matar".

Pero David… No sé si recuerdan el capítulo 16, cuando ya se había descrito a David. Vean en el versículo 18 del capítulo 16 cómo se había descrito a David. Dice: "Yo he visto a un hijo de Isaí que sabe tocar, es poderoso y valiente, un hombre de guerra, prudente en su hablar". Ahora, aquí tenemos este discurso que él va a hacer con Saúl: es un ejemplo muy claro de "prudente en su hablar".

David se va a aventar un discursito pequeño con Saúl del cual depende su vida. Más vale que David sepa qué palabras decir aquí. Y claro, es guiado por el Señor para saber qué palabras. Pero es un ejemplo claro, también, nuevamente, de esta oración que tenemos que hacer constantemente al Señor: "Señor, hazme un hombre prudente en mi hablar. Ayúdame a saber qué palabras decir, que no agraven una situación sino que la concilien, la mejoren". Es un reto que todos tenemos, porque todos nos encontramos en situaciones donde podemos decir algo que es verdad, pero de una manera errónea; y queremos la sabiduría de Dios, la templanza de Dios en nuestras vidas, para saber cómo comunicar cosas de una manera sabia.

Y esto es lo que hace David, empezando por reconocer la autoridad de Saúl: "Mi señor, el rey". O sea, él automáticamente aquí se está poniendo en una posición de respetar completamente la autoridad de Saúl; no de retarlo de una manera desafiante, o de despreciar su posición como rey. Porque claramente podría haber hecho eso David, porque era verdad que Saúl no era digno de esta posición que él tenía. Sin embargo, David le está dando su lugar.

Y David le dice: "¿Por qué escucha usted las palabras de los hombres que dicen: 'Mire que David procura su mal'?". Ahora, no tenemos nosotros realmente ningún contexto de que esto fuera realmente el caso. O sea, claro, hay hombres que Saúl tiene que le dan la razón todo el tiempo, y a lo mejor ven a David como su enemigo; pero aquí le está dando demasiado crédito David a Saúl: "Tú me quieres perseguir porque te están aconsejando eso". No: él lo quiere perseguir porque él quiere perseguirlo. O sea, esto es Saúl, no sus hombres. Pero David le está dando un poco aquí el beneficio de la duda: que tiene malas influencias en su vida y que es por eso que él lo está persiguiendo.

Vean bien. O sea, esto nada más quiero que lo piensen: ¿cómo se aplica en esta parte de prudencia al hablar? Dice: "Hoy han visto sus ojos que el Señor lo ha puesto en mis manos en la cueva en este día, y algunos me dijeron que lo matara, pero mis ojos tuvieron piedad de usted, y dije: 'No extenderé mi mano contra mi rey, porque es el ungido del Señor'". Entonces David le está diciendo: "Mira, yo no hice caso de mis hombres cuando me dieron un mal consejo; tú no hagas caso del consejo de tus hombres que te están dando un mal consejo". Nada más está poniendo la situación igual para él y para Saúl, como que: mira, los dos nos estamos enfrentando a la misma tentación, que es hacer caso de algo que no deberíamos de hacer.

"No extenderé mi mano contra mi rey, porque es el ungido del Señor". Y lo llama padre. Es increíble aquí: "Mire, padre mío". No lo llama su enemigo: lo llama padre. "Mire la orilla de su manto en mi mano. Puesto que corté la orilla de su manto y no lo maté, conozca y vea que no hay maldad ni rebelión en mis manos, y que no he pecado contra usted, a pesar de que usted acecha mi vida para quitármela". O sea, David tiene una evidencia clara de que él no está respondiendo mal por mal. Eso es lo que él quiere mostrarle, nada más: "Mira, tú me estás haciendo mal; yo te estoy respondiendo con bien".

4) Confianza en el juicio perfecto de Dios

Y versículo 12: "Juzgue el Señor entre usted y yo, y que el Señor me vengue de usted; pero mi mano no será contra usted".

Ahora, vean algo muy interesante que hace David: manifiesta confianza en el juicio perfecto de Dios. Dios es el juez, no yo. A mí no me corresponde hacer justicia por mi mano. Si Dios me va a defender, él me defenderá. Pero yo no tengo que levantar mi espada contra ti.

Miren: matar a Saúl habría resuelto todos los problemas de David. Dios le había prometido el trono. Es más, Saúl merecía la muerte por los crímenes que había cometido. ¿Se acuerdan lo que acababa de hacer en Nob? Había matado a más de ochenta sacerdotes por un capricho. Merecía morir Saúl. Sí, sí merecía morir. Pero Dios es el juez. Dios se encargará de hacer justicia perfecta. "No tengo duda", dice David; yo no tengo duda de que Dios hará justicia perfecta.

Hermanos, ¿no es verdad que somos constantemente tentados a tomar las situaciones en nuestras propias manos y a no confiar, y a no depender, de la justicia perfecta de Dios? Al grado de que vamos a justificar nuestro pecado fácilmente cuando alguien ha pecado contra nosotros. Eso hacemos. Si alguien ha pecado contra nosotros, inmediatamente, automáticamente, justificar nuestro pecado se vuelve mucho más fácil.

Así como Adán y Eva, ¿no?: "Bueno, sí pequé, Dios, pero ella pecó primero. ¿No ves eso?". Y así funciona en nuestras mentes la manera en que lidiamos con las tentaciones a pecar en nuestras vidas: buscamos a nuestro alrededor. Aquí es lo que David pudo haber hecho, y decir: "A ver, ya han pecado contra mí. Yo tengo el derecho de matar a Saúl. Él me quiere matar. Él me quiso matar primero. Es más, no una vez: ya van como diez veces que me trata de matar". Habría sido tan fácil.

Esa es la misma razón por la cual la gente puede justificar el adulterio, por ejemplo: "Pues es que mi esposa no me trata como debería, así que yo puedo hacer esto". "Es que me han difamado ya, así que yo también puedo chismear, porque ellos empezaron". Y entonces estamos constantemente viendo lo que otros nos hacen, y eso nos hace justificar la manera en que nosotros pecamos, de maneras muy específicas.

Tengan cuidado con cómo vemos el pecado que comete alguien contra nosotros. Porque tú eres responsable delante de Dios, y no puedes decir nunca: "Es que él", o "es que ella; por eso yo hice lo que hice". No: tú eres responsable de tus decisiones, de tu vida, delante de Dios. No importa lo que otros te hagan. No importa.

Entonces dice el versículo 13, "como dice el proverbio…" —otra vez, esta habilidad de David, de este discurso tan profundo y tan significativo, como hasta citando este proverbio de los antiguos—: "De los malos procede la maldad". Y la implicación de eso es, dice David: "Pero mi mano no será contra ti". O sea: los malos hacen cosas malas, pero yo no hice algo malo; así que eso, ¿qué implica? Que yo no soy malo. Eso es lo que le está diciendo David. "Si yo te hubiera querido matar, eso reflejaría mi corazón. Pero no te quiero matar".

Y aquí una pequeña indirecta: de los malos sale lo malo… y de ti, Saúl, está saliendo perseguirme. O sea, esto es algo malo. ¿Qué dice de ti, Saúl, el hecho de que también tú me quieres matar?

Dice: "¿A quién persigue? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga?". Eso es como David poniéndose y diciendo: "Yo no represento ninguna amenaza para ti. Soy tanta amenaza como un perro muerto, como una pulga. Yo no te voy a hacer nada".

Y otra vez aquí regresa la misma idea: "Sea el Señor juez y decida entre usted y yo; que él vea y defienda mi causa, y me libre de su mano". Confianza en el juicio perfecto de Dios.

Así que, ¿qué pasa cuando alguien confía en que Dios juzga perfectamente? ¿Qué pasa? ¿Tiene un efecto en nuestra conducta? Sí. ¿Cuál es el efecto? Que te hace libre para amar. La única razón por la que nosotros no podemos amar a alguien es porque sentimos que nosotros tenemos que hacer algo sobre la situación, y eso automáticamente nos imposibilita amar correctamente, porque decimos: "No, yo tengo que hacer justicia por mi mano, porque si yo no lo hago, nadie lo hará".

Dios es juez perfecto y justo. Si tú lo crees, tú vas a amar a la gente con toda libertad, porque sea lo que sea que ellos hagan, ellos responderán a Dios. Y yo sé que Dios hará justicia perfecta. Él es juez perfecto. Así que yo descanso. No me tengo que preocupar, no tengo que afanarme: "¿Qué voy a hacer, y cómo lo voy a hacer? ¿Y cómo voy a hacer que esto se haga bien?".

Este es el punto de Pablo en Romanos capítulo 12. Vean Romanos 12, versículo 14, y luego nos brincamos al 17: "Bendigan a los que los persiguen; bendigan y no maldigan… Nunca paguen a nadie mal por mal. Respeten lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres. Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: 'Mía es la venganza, yo pagaré', dice el Señor".

¿Si se dan cuenta? Esa es la confianza. Pablo está diciendo: "Ustedes crean esa promesa de que Dios hace perfecta justicia". ¿Cuál es el resultado de eso? "Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien".

¿Ven cómo se conectan esas dos cosas? Qué tan libre para amar a otros eres está directamente conectado con qué tan profunda es tu convicción de que Dios es juez perfecto y justo.

La reacción de Saúl (1 Samuel 24:16-22)

El otro lado de esta historia: continúa la historia y termina ahora en los versículos 16 al 22. "Cuando David acabó de decir a Saúl estas palabras…". Aquí hay un momento de suspenso; yo no sé cuánta tensión y nerviosismo estaba en el corazón de David: "¿Cómo va a reaccionar ante mi discurso? ¿Qué va a decir?". Pero vean cómo reaccionó Saúl. David lo desarmó por completo. Este evento fue una humillación, claramente, para Saúl. Y Saúl, de hecho, aquí responde de la manera correcta.

Dice: "Cuando David acabó de decir a Saúl estas palabras, Saúl dijo: '¿Es esta tu voz, David, hijo mío?'". ¿Hace cuánto que no le dice hijo? ¿Se acuerdan? "El hijo de Isaí": todo el tiempo hablando del hijo de Isaí. Ahora regresa este sentimiento de "hijo mío". "Entonces Saúl alzó su voz y lloró". O sea, esto claramente tuvo un impacto muy significativo en el corazón de Saúl en este momento, que lo quebrantó. Esta actitud de David lo desarmó completamente en este odio y en este sentido de venganza que tenía Saúl hacia David, al verlo como su enemigo. De repente cambia todo este sentimiento y empieza a llorar.

Y dijo a David… Todo lo que dice aquí Saúl es verdad: "Eres más justo que yo, porque tú me has tratado bien, mientras que yo te he tratado con maldad". ¿Se acuerdan? En Romanos 12: ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza si lo tratas bien. "Tú has demostrado hoy que me has hecho bien, ya que el Señor me entregó en tu mano y, sin embargo, no me diste muerte. Porque si un hombre halla a su enemigo, ¿lo dejará ir sano y salvo?". Sí, David, tú ya comprobaste que tú no me ves como tu enemigo. "Que el Señor, por tanto, te recompense con bien por lo que has hecho por mí hoy". Una bendición de parte de Saúl sobre David.

"Mira, ahora sé que ciertamente serás rey". Es la primera vez que escuchamos a Saúl reconocer esto directamente. ¿Se acuerdan que en el capítulo previo Jonatán le dijo a David: "Mi papá sabe que el reino será tuyo"? Ahora Saúl lo reconoce directamente a David: "Yo sé que tú vas a ser rey, y que el reino de Israel será establecido en tu mano. Yo sé que tú eres el ungido de Dios. Yo sé que tú eres el siguiente rey. Ahora pues, júrame por el Señor que no cortarás mi descendencia después de mí, y que no borrarás mi nombre de la casa de mi padre". "Y David se lo juró a Saúl. Y Saúl se fue a su casa, pero David y sus hombres subieron al refugio".

O sea, cambia completamente la actitud de Saúl, y le pide algo muy parecido a lo que le pidió Jonatán a David: "Prométeme que tú no vas a tratar de exterminar a mi familia cuando tú estés en el poder". Y creo que en base a esta promesa que David le había hecho a Jonatán, ahora se la hace a Saúl.

Y noten otra vez la confianza de David en la providencia de Dios y en el juicio de Dios. David aquí podría haber dicho: "Okay, yo te juro que yo no voy a ir tras de tu casa; ahora tú júrame, Saúl, que ya vas a dejar de tratar de matarme". Pero no lo hace. David no le pide ningún tipo de juramento a Saúl. No busca que Saúl ahora se comprometa de alguna manera con él. Él simplemente le ha mostrado ¿qué? Le ha mostrado gracia. Es todo.

Gracia por gracia: David nos apunta a Cristo

Y ese es el punto de mostrar gracia: mostramos gracia solo por mostrar gracia, porque eso refleja a Dios. No lo hacemos para cambiar a la gente. La Biblia nunca promete: "Ama a tus enemigos, y si los empiezas a amar, ellos también te van a amar a ti; no te preocupes". No siempre cambia el corazón de la gente. Y como vemos, este cambio de corazón de Saúl fue solamente temporal: Saúl va a regresar a su estado inicial de odio hacia David. Pero David ha reflejado correctamente a su Dios.

Y no nada más David ha reflejado correctamente a su Dios, sino que David nos ha apuntado hacia… ¿hacia quién en esta historia? Hacia Cristo. David nos ha apuntado hacia Cristo, porque en 1 Pedro 2:21 leemos: "Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus pasos; el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca". Es decir: era inocente. Así como David era inocente en esta situación, de la misma manera Jesús era inocente. Aun de una manera más absoluta y perfecta era inocente Jesús.

Pero vean lo que dice: "Y quien, cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a aquel que juzga con justicia". Se encomendaba a aquel que juzga con justicia. Eso es exactamente lo que hizo David. Y de una manera más perfecta y sublime, Jesús se encomendó a aquel que juzgaba con justicia: "Padre, yo puedo amar libremente, entregar mi vida libremente, ser sacrificio libremente, porque Dios es juez justo".

Eso es lo que dijo Cristo. "Yo no tengo que en este momento llamar ángeles y mostrar mi autoridad y decir: 'Sí, nadie puede contra mí, porque yo soy creador del universo'". Eso no lo tuvo que hacer Jesús. Él pudo entregar su vida libremente por nosotros, para reconciliarnos con Dios, porque Dios el Padre abogaría por su causa. Él no tenía que defenderse. Él no tenía que justificarse cuando fue acusado de maldad.

Exhortación final

Así que, hermanos, nosotros reflejamos a Dios cuando no tomamos el camino fácil. Reflejamos a Dios cuando nos esforzamos intencionalmente en mostrar misericordia y amor a alguien que nos ha tratado mal. No estoy hablando de indiferencia aquí: no es difícil ignorar a alguien. Lo que es difícil es hacerle bien a alguien que nos ha tratado mal. Y Dios nos está pidiendo: "Tú busca, sé intencional en mostrar mi gracia".

Porque, ¿cuál es la mayor muestra de gracia? O sea, ¿qué es gracia? Algo que alguien no merece. Entonces, ¿quién es el que menos merece que lo trates bien? Alguien que te ha tratado mal. Es quien menos merece que lo trates bien. Como dicen Mateo 5 y 6, ¿no?: tratar bien a tus amigos, eso todos lo hacen. "Es mi amigo, me caes bien, claro que te voy a tratar bien". Para que eso sea verdad no tienes que ser cristiano. Lo que sí tiene que ser verdad para un cristiano es: yo trato bien a los que me tratan mal, y quiero que lo sepan. ¿Qué tengo que hacer para mostrarles la gracia de Dios?

Somos transformados por Dios cuando nos sometemos a su soberanía, para esperar en sus tiempos, para recibir cualquiera que sea la bendición que quiere darnos. "Señor, tú bendíceme, tú vindícame cuando tú quieras. No está en mí, no está en mis manos. Yo no me tengo que defender, porque tú sabes lo que es mejor y tú eres juez perfecto".

Si ustedes creen eso, si nosotros creemos esto, entonces tendremos paz y tendremos toda la libertad para amar libremente.

Señor, ayúdanos a encomendarnos a aquel que juzga con justicia.

Vamos a cantar, puestos de pie.

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