1 Samuel 21-221 Samuel / Necesitamos un ReyNathan Díaz
Provisión y liberación del Ungido
¿Puede Dios cumplir su plan incluso a través del pecado de una persona? David huye para salvar su vida, miente al sacerdote Ahimelec, finge estar loco delante del rey filisteo… y Dios lo provee y lo libra en medio de todo eso. En 1 Samuel 21–22, Nathan Díaz muestra cómo la aflicción del ungido de Dios nos prepara para entender el sufrimiento de Cristo, y por qué todo el que se refugia en el Ungido escucha las mismas palabras que oyó Abiatar: “Conmigo estarás a salvo”.
Transcripción
Introducción: una nación en crisis y un rey ungido que huye
Muy bien, continuamos en nuestro estudio de 1 Samuel. Y para los que están aquí por primera vez hoy y no tienen mucho contexto: estamos estudiando este libro de la Biblia completo, junto con 2 Samuel. Y realmente el libro de 1 Samuel se trata acerca de una nación en crisis, acerca de Israel como el pueblo de Dios, que no tiene alguien que los guíe, no tiene un rey.
Y este libro es el proceso a través del cual el rey ungido de Dios va a ser establecido. Pero antes de que sea establecido el rey ungido de Dios, es establecido un rey que el pueblo pide. Y el rey que el pueblo pide en el capítulo 8 es un rey para que sean como las demás naciones. Y Dios les da primero un rey como las demás naciones, que es el rey Saúl, y él es uno de los protagonistas de la historia de hoy. Pero este rey siempre va a estar en contraste con el verdadero rey, quien fue ungido en el capítulo 16: el rey David. Y es a través de David y su linaje que viene el verdadero y final rey, que es el ungido de Dios, final y perfecto.
Entonces, hemos estado viendo cómo es que Dios ya lo ha establecido como alguien que va a ganar las batallas por el pueblo. Porque en el capítulo 17 vimos la batalla entre David y Goliat, pero esa batalla desató una tensión entre el rey actual, Saúl, que aunque ya ha sido ungido David, Saúl sigue teniendo realmente, oficialmente, el dominio del reino y este título de rey, por lo menos en la nación.
Y Saúl ya se ha sentido amenazado por David, ya se ha sentido celoso de la popularidad de David, y esto ha creado una enemistad profunda; no de parte de David hacia Saúl, como vamos a estar viendo en historias más adelante, sino de parte de Saúl hacia David. Él es el que ahora odia a David completamente, y Saúl ha convertido su misión en atrapar y matar a David. Él está buscando toda manera posible de matarlo.
Entonces, el hijo de Saúl, Jonatán, es amigo profundo de David, y él fue el último que vimos que buscó la manera de proteger a su amigo, pero al final le dijo: “Sí, tienes que huir de mi padre, porque te está tratando de matar”. Y David, a partir de este punto que estamos viendo ahorita en 1 Samuel, a partir de este punto, David va a estar huyendo y David va a estar en una profunda aflicción y tribulación.
Y vamos a ver hoy capítulos 21 y 22, que contienen historias muy peculiares; contienen historias que no podemos pasar demasiado rápido, porque tienen mucho que mostrarnos, no solo de David y de la circunstancia que se está dando y de la confianza que David tiene en el Señor, sino que tienen mucho que mostrarnos acerca de lo que Dios está preparando en la historia redentiva para mostrarnos a Jesús. Y estas historias en particular nos van a llevar a ver esa realidad de cómo Dios está preparando el camino para su ungido, Cristo Jesús, quien es el rey final.
1) David en Nob: Dios provee para su ungido (1 Samuel 21:1-9)
Entonces, capítulo 21. Como ya les decía, se acaban de separar Jonatán y David en el capítulo 20, y llegamos al capítulo 21, en donde encontramos una nueva fase de la historia.
“Entonces llegó David a Nob, al sacerdote Ahimelec. Y Ahimelec vino tembloroso al encuentro de David y le dijo: ‘¿Por qué estás solo y no hay nadie contigo?’ Y David respondió al sacerdote Ahimelec: ‘El rey me ha encomendado cierto asunto y me ha dicho: “Que no sepa nadie acerca del asunto por el cual te envío y que te he encomendado”. Y yo he citado a los jóvenes a cierto lugar. Ahora pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que tengas’”.
No sé qué tiene David ahí con el número cinco, pero pide cinco panes.
“Respondió el sacerdote a David: ‘No hay pan común a mano, pero hay pan consagrado, siempre que los jóvenes se hayan abstenido de mujer’. Y David respondió al sacerdote: ‘Ciertamente las mujeres nos han sido vedadas, como anteriormente, cuando he salido en campaña. Los cuerpos de los jóvenes se han mantenido puros, aunque haya sido un viaje profano; cuánto más puros estarán sus cuerpos hoy’. Entonces el sacerdote le dio pan consagrado, porque ahí no había otro pan sino el pan de la presencia, que había sido quitado de delante del Señor para colocar pan caliente en su lugar al ser retirado.
Y uno de los siervos de Saúl estaba ahí aquel día, detenido delante del Señor. Se llamaba Doeg, el edomita”.
Y antes de que digan: “Ah, mira qué simpático nombre, hay que ponerle así a nuestro hijo”… espérense al final de la historia; no le pongan así.
“Jefe de los pastores de Saúl. David dijo a Ahimelec: ‘¿No tienes aquí a mano una lanza o una espada? Pues no traje ni espada ni armas conmigo, porque el asunto del rey era urgente’. Entonces el sacerdote le dijo: ‘Mira, la espada de Goliat el filisteo, a quien mataste en el valle de Ela, está envuelta en un paño detrás del efod. Si quieres llevártela, tómala, porque aquí no hay otra sino esa’. Y David dijo: ‘Como esa no hay otra; dámela’”.
Así que en esta primera fase de la historia tenemos algo muy interesante que sucede. David está huyendo. Va a esta nueva ciudad. Antes era la otra ciudad, donde estaban —cuando era el tiempo de Elí— los sacerdotes, y recuerdan todo lo que pasó ahí. Ahora es Nob. Y David acaba de estar refugiado con Samuel, si recuerdan la historia que vimos el domingo pasado; ahora va a buscar refugio con el sacerdote, que es Ahimelec, que sería el bisnieto de Elí, creo que es así como funciona, si no es que es el… ¿Recuerdan a Ofni y a los hijos de Elí? Bueno, ahí Ahimelec es el hijo.
Entonces, ¿qué está pasando en esta historia? Dios está proveyendo para su ungido, y es a través del sacerdote que está proveyendo para su ungido.
2) ¿Proveyó Dios a través de una mentira?
Y hay una cuestión que surge, y quiero empezar con esto, que no sé si a ustedes los incomoda, pero a mí me incomoda. ¿Qué es? Cuando Ahimelec ve a David, se preocupa, se pone nervioso porque lo ve solo. Algo no está bien en lo que está pasando, para Ahimelec. Dice: “¿Cómo este, que es el yerno del rey y ha estado a cargo del ejército, cómo está solito?”. O sea, eso como que le preocupa a Ahimelec. Sabe que la situación no está bien y sale preocupado.
¿Y cómo responde David ante la preocupación de Ahimelec? Cuando Ahimelec dice: “¿Por qué estás solo? ¿Qué pasa, David?”, ¿qué le dice David? “Ah, no te preocupes, vengo de parte de Saúl. Estoy en una misión secreta”. Está en una misión secreta de parte de Saúl. No, no está en una misión: está huyendo de Saúl. David probablemente está tratando de proteger a Ahimelec, de no hacerlo cómplice de su situación con Saúl.
Pero entonces, ¿qué está haciendo David? ¿Qué está haciendo? Mintiendo. Está mintiéndole al sacerdote sobre la situación. Hasta le inventa sobre unos hombres que andan ahí con él. No hay nadie. Pero tiene hambre, necesita armas.
Esta es la pregunta: ¿proveyó Dios a través de una mentira? ¿Esa fue la manera en que proveyó Dios para David? Bueno, la respuesta es sí. Eso es lo que pasó exactamente. Dios proveyó para David a través de una mentira de David.
Ahora, les digo esto porque en un momento vamos a ver otra mentira. David era muy bueno para mentir; tenía una buena habilidad, y lamentablemente esa habilidad para mentir sí lo mete en muchos problemas a lo largo de su vida, especialmente cuando lleguemos a 2 Samuel; vamos a encontrar el problema más grande que tuvo David por mentiras.
Pero aquí parece estar todo bien. O sea, parece —e inclusive el autor de 1 Samuel no nos está diciendo que David hizo algo mal—, pero entendemos que hizo algo mal. ¿Por qué? Mentir es pecado. Entonces, ¿cómo contestamos a esto? ¿Cómo entendemos esta dinámica que se dio entre Ahimelec y David?
Bueno, número uno: Dios sigue desarrollando su plan a pesar de nuestro pecado. Y aquí agregaría: y a través de nuestro pecado. Esta verdad es un poco difícil de entender, cómo se da, pero esa es la verdad. Dios nunca se va a ver limitado por el pecado del hombre para cumplir con su plan. Cuando Dios quiere hacer algo, lo va a hacer, y es a pesar de nosotros que lo hace. Inclusive todo lo que hemos venido viendo desde Génesis hasta este punto y a lo largo de toda la Biblia va a ser Dios obrando a través de las circunstancias que incluyen pecado.
Hay un libro que, si quieren leerlo, es excelente sobre este tema, de John Piper —y le pregunté a Gius si lo tenía en la librería—: se llama Pecados espectaculares. Y el libro es simplemente un recorrido de cómo Dios, desde Génesis hasta la crucifixión, está usando el pecado del hombre. Dios no es el que está pecando; es el hombre el que está pecando. Pero Dios está usando las circunstancias donde hay pecado para cumplir sus propósitos. El pecado más espectacular de todos es la crucifixión del Hijo de Dios, y sin embargo Dios está cumpliendo su plan a través de eso.
Y en este caso, David estaba pecando. Sí, sí estaba pecando. Pero Dios estaba haciendo algo. Sí, Dios estaba haciendo algo también.
3) Jesús y los panes consagrados (Lucas 6)
Ahora, esta circunstancia que leemos aquí, tenemos que ver hacia delante y ver que nos está apuntando hacia Cristo. Y de una manera muy especial nos está apuntando hacia Cristo, porque de hecho esta es una de las historias que Jesús, en su ministerio, cita cuando él se encuentra con sus opositores.
Así como David se está oponiendo a Saúl —o más bien Saúl se está oponiendo a David—, de la misma manera los líderes religiosos en el tiempo de Jesús se están oponiendo a él, y una de las oposiciones que tienen a él es en cuanto al día de reposo. Y eso está en Lucas capítulo 6, donde dice: “Aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por unos sembrados, y sus discípulos arrancaban y comían espigas, restregándolas entre las manos. Pero algunos de los fariseos dijeron: ‘¿Por qué hacen ustedes lo que no es lícito en el día de reposo?’. Jesús les respondió: ‘¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando tuvo hambre, él y los que con él estaban…?’” —por lo menos en su imaginación— “‘…cómo entró en la casa de Dios, y tomó y comió los panes consagrados, que a nadie es lícito comer sino solo a los sacerdotes’”.
Entonces, esta es la parte que encontramos donde Jesús está… Y algo interesante sobre esta historia —y esto puede ser algo nada más implícito en la historia—: esto de los panes que le da Ahimelec, eso está en Levítico 24, cómo es que había ciertos panes que solo los sacerdotes podían comer. Eran 12 panes, supongo, para representar las 12 tribus. Y esos panes, ¿saben cuándo eran horneados? En el sábado. Entonces, parece ser que de hecho esta historia se dio en un sábado, y es particularmente interesante que esa es la controversia que surge con Jesús, y es la razón por la cual Jesús saca esta historia.
Y solo los sacerdotes podían comer esto en el lugar santo, de acuerdo a la tradición o a la ley de los sacerdotes. Tenían que no estar impuros; por eso hace esta pregunta sobre si han estado con mujeres. Cualquier tipo de líquido que fluye del cuerpo se consideraría como algo impuro dentro de los rituales de purificación necesarios para los sacerdotes. Y claramente Ahimelec está pensando en todas estas cosas, pero es interesante que sí le da el pan a David. Sí le da los panes a David.
Y dices: “¿Por qué Ahimelec haría eso?”. Bueno, creo que la razón es porque Ahimelec sí reconoce que David es el ungido de Dios, y ve un nivel de autoridad aquí, y él dice: “Bueno, si tú me lo estás pidiendo, está bien, porque eres tú”.
Y creo que eso nos apunta hacia lo que pasa con Jesús cuando Jesús está comiendo en el día de reposo y los fariseos lo están acusando: “¿Cómo puede ser que coman en el día de reposo?”. Por eso Jesús les dice: “El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo”. ¿No se dan cuenta que yo soy el verdadero heredero de David y que yo tengo autoridad sobre la ley, y que yo hago lo que yo quiero porque yo establecí la ley? Y además, la ley no fue hecha para convertirse en algo que nos esclaviza, sino en algo que nos sirve. Dios nos ha llamado a misericordia. Y este es el principio que también está aplicando Ahimelec aquí. Y es el principio que Jesús estaba aplicando con sus discípulos.
Entonces, Jesús estaba haciendo lo que David había hecho. Es lo significativo aquí. Y Ahimelec está sirviendo al rey de Dios, al rey establecido por Dios. De la misma manera, Jesús es el Dios del día de reposo cuando él come con sus discípulos en el día de reposo. Y encontramos este paralelo, esta manera en que esta historia nos está preparando para lo que va a venir, porque los fariseos, como ya decía, en su hostilidad hacia Jesús están cumpliendo lo que sucedió con David, en la hostilidad que Saúl tenía hacia David. ¿Pueden ver esa conexión?
De hecho, en la historia de Jesús, después de esa situación del día de reposo, ellos se llenaron de ira y discutían entre sí qué podrían hacerle a Jesús. Los hace enojar más esta situación, y aún más van a ir en contra de él.
4) David en Gat: locura fingida y liberación (1 Samuel 21:10-15)
Bueno, esto es esta parte de la historia. La siguiente parte de la historia comienza en el versículo 10.
“David se levantó y huyó aquel día de Saúl, y fue a donde estaba Aquis, rey de Gat. Pero los siervos de Aquis le dijeron: ‘¿No es este David, el rey de la tierra? ¿No cantaban de él en las danzas, diciendo: “Saúl mató a sus miles, y David a sus diez miles”?’. David tomó en serio estas palabras y temió grandemente a Aquis, rey de Gat, y se fingió demente ante sus ojos y actuaba como un loco en medio de ellos. Escribía garabatos en las puertas de la entrada y dejaba que su saliva le corriera por la barba. Entonces Aquis dijo a sus siervos: ‘Vean al hombre portándose como un loco. ¿Por qué me lo traen? ¿Acaso me hacen falta locos, para que me traigan a este y haga de loco en mi presencia? ¿Va a entrar este en mi casa?’”.
Ahora, esta parte de la historia es también, otra vez, sorprendente, porque está tan desesperado David en su huir de Saúl, que la siguiente ciudad a donde va es una ciudad filistea. No nada más es una ciudad filistea: es la ciudad de ¿quién? De Goliat. La ciudad de donde era Goliat. Esa es la ciudad a la que está yendo David.
Y él cree que puede pasar desapercibido. ¿Por qué iría ahí? Probablemente porque dice: “Ese es el último lugar en que me va a buscar Saúl. Nunca imaginaría que me metí a una ciudad filistea”. Está desesperado, buscando algún lugar donde pueda encontrar refugio de Saúl, y entonces por eso va a esta ciudad.
Pero los siervos del rey Aquis lo descubren. Y aquí, ya hasta en esta ciudad se ha dado a conocer la popularidad de David. Y recuerdan, ya habíamos visto en el capítulo 18, versículo 30: “Salían los capitanes de los filisteos a campaña, y sucedía que cada vez que salían, David se comportaba con más sabiduría que todos los siervos de Saúl, por lo cual su nombre era muy estimado”. O sea, David ya había venido ganando mucha popularidad. Por eso es tan difícil para él, al final, ocultar su identidad dentro de esta ciudad. Y lo aprehenden; el lenguaje que usa el texto original es que lo aprehendieron. Los siervos de Aquis lo reconocen y lo quieren traer delante de Aquis. Y claro, esto —lo trae el texto, el versículo 12 es muy claro— trae mucho temor a David.
¿Qué creen que…? O sea, ¿qué quería hacer Saúl para matar a David? ¿Se acuerdan? “Yo no tengo que matarlo. Mientras lo exponga suficiente a los filisteos, ellos se van a encargar de él”. Hay suficiente odio de los filisteos hacia David —Saúl lo sabe— como para que ellos lo maten. Entonces, en esta historia, esa es la razón por la que David tiene tanto miedo. Él sabe cuánto lo odian. Él ha sido su enemigo número uno. Ahora que lo han descubierto, quieren traerlo ante el rey.
¿Y qué hace David? Evidentemente era muy buen actor, porque hace este show de locura donde babea y empieza a arañar cosas y actúa como un loco, y eso hace que el rey Aquis diga: “Bueno, de este hablan como si fuera una amenaza para nosotros. O sea, ¿de veras a él le tenemos que tener miedo? ¿Para qué lo tenemos aquí entre nosotros?”. Y esto hace que lo liberen. Es increíble, pero eso es exactamente lo que pasa.
Otra vez es un engaño de parte de David. Es una mentira de parte de David que Dios está usando en esta situación para liberarlo. ¿Tenía que hacer eso? No sé; no creo. Pero eso es lo que hizo, y Dios lo usó para liberarlo.
5) Los salmos que nacen de la aflicción (Salmos 56 y 34)
Ahora, aquí entramos en algo muy importante, hermanos, y esto es lo que quiero usar para profundizar en esta historia, porque David escribió salmos que surgieron de esta situación específicamente, y ahí los tienen: Salmo 34 y Salmo 56.
El Salmo 56 es el pasaje que surge cuando lo aprehendieron, cuando está como prisionero de Aquis. Vean el versículo 1: aquí está el corazón de David en esta situación. Dice: “Ten piedad de mí, oh Dios, porque el hombre me ha pisoteado; me oprime combatiéndome todo el día. Mis enemigos me han pisoteado todo el día, porque muchos son los que con soberbia pelean contra mí”. Luego vean el versículo 5: “Todo el día pervierten mis palabras; todos sus pensamientos contra mí son para mal”. Versículo 6: “Atacan, se esconden, espían mis pasos, como esperando para quitarme la vida”.
¿No es interesante leer estos salmos una vez que conoces la historia? O sea, ¿de dónde viene esta sensación de desesperación en David?
Ahora, David cree, desde el momento en que lo aprehenden, él sabe que Dios va a cumplir su plan y su promesa para él. Porque lean el versículo 13. ¿Fue por la gran habilidad de actuación de David que fue librado? Él reconoce que eso no es lo que lo liberó. Dice: “Pues tú has librado mi alma de la muerte y mis pies de tropiezo”.
Vean el Salmo 34: “Bendeciré al Señor en todo tiempo”. Esto ya es cuando escribe este salmo, ya después de que es liberado de aquí. “Bendeciré al Señor en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca. En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se regocijarán. Engrandezcan al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y él me respondió, y me libró de todos mis temores”.
Ah, ahora entendemos cuáles eran esos temores.
“Los que a él miraron fueron iluminados; sus rostros jamás serán avergonzados. Este pobre clamó, y el Señor le oyó, y lo salvó de todas sus angustias. El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los rescata”.
Ahí está el ángel del Señor.
“Prueben y vean que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en él se refugia! Teman al Señor, ustedes sus santos, pues nada les falta a aquellos que le temen. Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, pero los que buscan al Señor no carecerán de bien alguno. Vengan, hijos, escúchenme; les enseñaré el temor del Señor. ¿Quién es el hombre que desea vida y quiere muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engaño”.
Ja, qué interesante, ¿no?
“Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela. Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a su clamor. El rostro del Señor está contra los que hacen mal, para cortar de la tierra su memoria. Claman los justos, y el Señor los oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor. Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos es quebrantado. La maldad dará muerte al impío, y los que aborrecen al justo serán condenados. El Señor redime el alma de sus siervos, y no será condenado ninguno de los que en él se refugian”.
6) La aflicción de David apunta a la aflicción de Cristo
Todo esto nos está apuntando nuevamente hacia otra realidad: toda esta experiencia de opresión, de tribulación. Y por eso es que David puede decir esto de los justos, en los cuales en su boca no hay engaño; porque esto no era verdad de él, pero sí sería verdad de su descendiente. Y esta realidad de su experiencia —siendo afligido, siendo atribulado— está preparándonos todo el camino para que entendamos que también el descendiente de David va a sufrir aflicción y tribulación de la misma manera.
De hecho, esto es muy interesante. Una tercera parte de los evangelios en el Nuevo Testamento está dedicada a la última semana de la vida de Jesús, que es la más difícil de todas; es donde viene la aflicción más profunda y la tribulación más grande que va a sufrir Jesús. Bueno, la última tercera parte de 1 Samuel es sobre la aflicción de David. Es la misma proporción que encontramos en los evangelios en relación a Jesús. Vamos a encontrar en 1 Samuel 20 capítulos sobre David antes de ser coronado rey del reino —ya ha sido ungido rey, pero antes de ser coronado rey en su reino— y 20 capítulos después de ser coronado, en 2 Samuel 5.
Entonces, muy interesante, porque nos muestra que todo esto era preparación. Esto debería de haber sido una muestra para todos los que seguían la profecía bíblica y sabían que el rey, el Mesías, vendría del linaje de David. Específicamente, cuando Jesús habló con los discípulos en el camino de Emaús, en Lucas 24, se encuentra con ellos, ¿se acuerdan? Y hay algo muy interesante que les dice: ustedes deberían de haber sabido que el Cristo tenía que sufrir.
¿De dónde sacarían eso? ¿De dónde sabrían que el Mesías tenía que sufrir? Bueno, podríamos ir a Isaías 53, pero creo que particularmente… Y recuerdan que recorre Moisés y los profetas y todo; recorre Jesús para mostrarles cómo todo hablaba acerca de él. Sí, Isaías sería de los profetas, pero ¿qué de estos libros históricos? De aquí sacamos que el Mesías tendría que sufrir. También entendemos esta verdad por lo que está pasando David.
Entonces, este es el resumen de la liberación para el ungido de Dios: la experiencia de David es la experiencia de Jesús. ¿En qué áreas? Bueno, obviamente el clímax está aquí, en Mateo 27:46. Recuerden: el primer libro de los Salmos son de David, y la mayoría son de lamentación. Y en Mateo 27:46 encontramos esta expresión de: “¿Por qué me has abandonado, Padre?”. Esta experiencia está en conexión con la experiencia de David; es una cita que viene de la experiencia de David. Y entonces, en Jesús encontramos que hay liberación para el ungido porque confía en Dios, y que hay liberación para el ungido porque Dios mismo lo va a liberar.
Pero estas experiencias de Jesús también, hermanos, se convierten en nuestra experiencia. Cuando nosotros estamos unidos a Cristo, en nuestra unión con Cristo, sus experiencias también son las nuestras. Y tenemos que entender que el sufrimiento también es parte de nuestra vida. Para nosotros también el sufrimiento está establecido como parte de la experiencia de lo que significa seguir a Jesús y estar en esta vida y en este mundo caído.
“Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo; antes bien, en la medida en que comparten los padecimientos de Cristo…”. Aquí está: si ustedes comparten los padecimientos de Cristo, que eso no los deprima. “Regocíjense, para que también en la revelación de su gloria se regocijen con gran alegría”.
David encontró oposición. Sí. Jesús encontró oposición. Sí. Dice Pedro: si alguien sufre como cristiano, que no se avergüence, sino que como tal glorifique a Dios. Qué bueno que estoy participando en las mismas experiencias de David, porque si experimento las mismas aflicciones de David, entonces estoy también participando en las experiencias y aflicciones de Jesús. Y puedo confiar en que al final seré liberado por Dios. Esa era la confianza de David en medio de esta situación.
7) La cueva de Adulam: los que se unen al ungido (1 Samuel 22:1-5)
Ahora vamos al capítulo 22, esta última fase de esta historia. Por si pensaban que ya ha habido muchas sorpresas: hay más.
“David”, después de ser liberado de Aquis, “se fue, se refugió en la cueva de Adulam. Y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, descendieron a él allá”. Entonces, parece ser que David informa a su familia dónde está para que puedan venir a él. Claro, si él está siendo perseguido por Saúl, es probable que también su familia vaya a ser perseguida, y por eso ahora David está preocupado por ellos.
Versículo 2: “Todo el que estaba en apuros, todo el que estaba endeudado y todo el que estaba descontento se unió a él, y él vino a ser jefe sobre ellos; y con él había unos 400 hombres”.
Ha habido un giro de eventos muy interesante aquí, ¿no? En la historia estaba solo David, hasta este punto huyendo solo. De repente, ¿quiénes se unen a él? Pues todos los perdedores del reino. O sea, todos los que estaban en alguna clase de problema dicen: “Este es nuestro hombre. Él va a entender de nuestra aflicción, porque él mismo está en aflicción”. Y si ellos entienden y creen que él es el ungido, saben bien que estando con él y asociados con él van a encontrar refugio.
Esto es sumamente importante. Otra vez, todo esto tiene que hacerles a ustedes tener algún sentido de cómo esto se conecta con el Nuevo Testamento, ¿no? Porque ¿qué está pasando con esta gente que busca a David? Muchos de ellos a lo mejor eran los que en el capítulo 8 estaban diciendo: “Sí, queremos un rey como todas las demás naciones. Él va a solucionar nuestros problemas”. Pasa un tiempo, y adivinen qué: ahora están peor de lo que estaban antes. Ahora tienen más aflicción. Claro, Dios les dijo: “Este rey quitará de ustedes”. No les va a dar nada; va a quitar de ustedes. Eso les dijo Samuel en el capítulo 8.
Así que encontramos ahora, en esta fase de la historia, provisión y liberación para los que están unidos al ungido. Esa es la esperanza que ellos encuentran aquí.
Ahora, para David este no es el mejor grupo, no es el más prometedor de todos, ¿no? Antes estaba con los más valientes soldados del reino, guiándolos, y ahora son todos los que tienen problemas y todos los que están rechazados en general en la cultura. Pero ¿qué es lo que tienen en común todos? Han descubierto la desilusión de lo temporal, o sea, del reino de Saúl. Lo que el reino de Saúl les ofrecía, se dan cuenta de que solo era temporal; no era verdadera esperanza para sus vidas.
Ahora, esto claramente es lo que es verdad acerca de todos nosotros. ¿Por qué hemos venido nosotros a Cristo? ¿Cuál es la razón por la que venimos a Cristo? ¿Qué nos mueve a venir a él? Que el mundo está vacío, como dice el canto que entonamos, ¿no? “Está vacío y sin sabor comparado contigo, mi Señor”. Hay desilusión en lo que este mundo nos puede dar. Somos personas que ya hemos, de alguna manera, experimentado lo que el pecado ofrece, lo que la satisfacción de este mundo ofrece, y decimos: “Eso es temporal. Yo no quiero temporal. Yo no quiero la esclavitud que viene a través de vivir para el pecado. Yo lo que quiero es libertad del pecado. Así que voy a buscar en otro lugar más grande, y voy a buscar en alguien más grande que yo para encontrar esa libertad”. Y vemos a Cristo y decimos: “Ahí está esa libertad que yo necesito”.
1 Corintios 1:26 dice: “Pues consideren, hermanos, su llamamiento: no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte”.
Entonces, por supuesto, ¿quiénes eran los que se unieron a Jesús en su ministerio? También los despreciados de la sociedad, los que tenían toda clase de problemas. Lucas 7:34: “Miren, un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores”. Esa era la fama de Jesús. ¿Quiénes se están juntando con él? Lo peor de la sociedad es quien se está juntando con él.
De ahí, versículo 3: “David fue a Mizpa de Moab y dijo al rey de Moab: ‘Permite que mi padre y mi madre vengan y se queden con ustedes hasta que yo sepa lo que Dios hará por mí’”. Vean otra vez la confianza que David tiene en Dios, de que Dios va a cumplir sus planes y sus propósitos en él.
¿Dónde lleva a sus papás? A Moab. ¿Por qué a Moab? Bueno, de ahí era su bisabuela. Hay familia; de ahí viene David. Rut era moabita. Lean esa historia si quieren.
“Los dejó, pues, con el rey de Moab, y se quedaron con él todo el tiempo que David estuvo en el refugio. El profeta Gad dijo a David: ‘No te quedes en el refugio; vete y entra en la tierra de Judá’. Y David se fue y entró en el bosque de Haret”.
Ahora, este profeta Gad va a volver a aparecer también, ¿eh? Y es interesante: en un momento van a ver también a un sacerdote que se une a David. Es un profeta y un sacerdote los que se unen a él.
8) Saúl, el celo y la paranoia (1 Samuel 22:6-10)
“Entonces se enteró Saúl de que David y los hombres que estaban con él habían sido descubiertos”. Esto probablemente es previo a esta historia; está regresando ahora, viendo desde la perspectiva de Saúl. “Saúl estaba en Guibeá, sentado bajo el tamarisco en la altura, con su lanza en la mano, y todos sus siervos estaban de pie alrededor de él. Y Saúl dijo a sus siervos que estaban a su alrededor: ‘Óiganme ahora, hijos de Benjamín. ¿Les dará también el hijo de Isaí a todos ustedes campos y viñas? ¿Los hará a todos capitanes de miles y capitanes de cientos? Porque todos ustedes han conspirado contra mí, y no hay quien me revele cuando mi hijo hace un pacto con el hijo de Isaí. Tampoco hay entre ustedes quien tenga piedad de mí, ni me revele que mi hijo ha instigado a mi siervo contra mí para tenderme una emboscada, como sucede hoy’”.
Entonces respondió… ah, aquí está Doeg. “Respondió Doeg, el edomita”. Por cierto, edomita, ¿de dónde viene? ¿Qué linaje es? Esaú. Esos son enemigos de Israel históricamente. Y él está junto a los siervos de Saúl. Ahora ya entendemos por qué el narrador nos había introducido ese detalle en la historia de Ahimelec.
“Estaba junto a los siervos de Saúl. ‘Yo vi al hijo de Isaí venir a Nob, a donde estaba Ahimelec, hijo de Ahitob, y consultó al Señor por él, le dio provisiones y le dio la espada de Goliat el filisteo’”.
Ahí le cuenta, más o menos, le cuenta la historia; omite, obviamente, lo de que David mintió y todo eso. O sea, que Ahimelec sí cree que viene de parte de Saúl.
9) La matanza de los sacerdotes de Nob (1 Samuel 22:11-19)
“El rey mandó a llamar al sacerdote Ahimelec, hijo de Ahitob, y a toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob; y todos ellos vinieron al rey”.
Pobrecitos, ¿no? Así los mandan a llamar: “¡Ah, nos manda a llamar Saúl! Pues vamos”. Ahí van, felices, de día de campo.
Y le dice Saúl: “Escucha ahora, hijo de Ahitob”. Ah, pero Saúl, otra vez, este término de “hijo de Ahitob” está hablándole de una manera degradante a Ahimelec, ¿no? Usando su nombre, “tú, hijo de tu papá”, pero no hay respeto ahí.
Y él responde, con respeto, Ahimelec: “Aquí estoy, mi señor”. Y le dijo Saúl: “¿Por qué tú y el hijo de Isaí han conspirado contra mí, dándole pan y una espada, y has consultado a Dios por él para que se rebelara contra mí, tendiéndome una emboscada como sucede hoy?”.
Y vean cómo contesta Ahimelec. Dice, responde al rey: “¿Y quién entre todos tus siervos es tan fiel como David, yerno del rey, jefe de tu guardia, y se le honra en tu casa? ¿Acaso comencé hoy a consultar a Dios por él? Lejos esté esto de mí. No culpe el rey de nada a su siervo, ni a ninguno de la casa de mi padre, porque su siervo no sabe nada de todo este asunto”.
O sea, Ahimelec aquí él dice: “Pues no, ¿no es tu yerno? ¿Cómo que te estoy traicionando al tratarlo bien?”.
Pero Saúl dice: “Ciertamente morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre”. “Y el rey dijo a los guardias que le asistían: ‘Vuélvanse y den muerte a los sacerdotes del Señor, porque la mano de ellos también está con David, y porque sabían que él estaba huyendo y no me lo revelaron’. Pero los siervos del rey no quisieron levantar la mano para atacar a los sacerdotes del Señor”.
Ellos dicen: “A ver, Saúl, sí, sí, sí, somos tus siervos, pero hay un límite a lo que podemos hacer”. Y ellos entienden lo tonto que es lo que les está pidiendo que hagan.
“Entonces el rey dijo a Doeg: ‘Vuélvete y ataca a los sacerdotes’. Y Doeg, el edomita, se volvió y atacó a los sacerdotes, y mató aquel día a 85 hombres que vestían el efod de lino. Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, la hirió a filo de espada, tanto a hombres como a mujeres, tanto a niños como a niñas, niños de pecho; también hirió a filo de espada bueyes, asnos y ovejas”.
Es un escenario sumamente sangriento el que sale de aquí. Pero vean dónde empieza toda esta historia. Cuando Saúl viene con su gente, ¿qué es lo primero que les dice? “Óiganme ahora, hijos de Benjamín”. O sea: ustedes que son de mi clan. O sea, él es de Benjamín, ustedes son de Benjamín; apelando un poquito a esta lealtad étnica. “¿Les dará también el hijo de Isaí a todos ustedes campos y viñas? ¿Los hará capitanes de miles y capitanes de cientos?”. Empieza con esta ridícula teoría de conspiración acerca de sus hombres, como que ellos están en contra de él.
¿Qué evidencia tiene Saúl de eso? Se está poniendo paranoico. Pues como su hijo ya apoyó a David, como su hija apoya a David, como Samuel apoya a David, ahora piensa que todos están apoyando a David. Habla cosas sin sentido. Yo me imagino las caras de los soldados viéndose unos a otros: o sea, ¿de dónde sacas eso?
Pero recuerdan, vimos el domingo pasado este tema del celo. Hermanos: cuando no encontramos nuestra identidad en Cristo, no tendremos contentamiento. Y una falta de contentamiento lleva al celo. Y el celo lleva a la paranoia, a imaginarse cosas.
¿Qué cosas nos imaginamos cuando no tenemos un sentido de identidad claro en Dios? En Dios. De repente todo el mundo está contra mí. “Ay, pobre de mí. O sea, este hermano está contra mí, esta hermana está contra mí”. Y de repente vemos todo alrededor y pensamos que todos tienen un tema con nosotros, porque nuestra identidad no está claramente en Cristo: está en la percepción que queremos tener con los demás.
Para Saúl, su posición en el reino es tan importante, que empieza a volverse loco y empieza a decir tonterías. Miren, Saúl no escribió ningún salmo. Todo lo que dice Saúl es —bueno, no todo—, la mayoría de lo que dice son locuras. Son locuras. Habla impulsivamente y dice cosas que no tienen ni siquiera sentido y no están arraigadas en la realidad.
Pero una de las características de alguien que no ha encontrado su contentamiento en Dios es la victimización; lo cual, por cierto, es cada vez más común en nuestra sociedad. Todos son víctimas.
Y esta pregunta que les hace —“¿les dará David algo bueno?”—, ¿no es esa la misma mentira de Satanás? ¿Es Dios realmente bueno? ¿De veras obedecerlo a él te va a llevar al mejor bienestar posible? Esa es la misma trampa. Es la misma pregunta que Satanás nos está haciendo constantemente a nosotros: “¿De veras crees en todo lo que Dios te promete? No lo puedes ver. Si estás conmigo, si eres leal a mí, te va a ir mucho mejor”. Esa es la mentira de Satanás en nuestros días también.
Y vean este Doeg. Creo que David lo describe en el Salmo 52, porque David sí está consciente, más adelante, de la traición de Doeg. Dice: “¿Por qué te glorías del mal, oh poderoso? La misericordia de Dios es constante. Tu lengua trama destrucción como afilada navaja, oh artífice de engaño. Amas el mal más que el bien, la mentira más que decir lo que es justo. Amas toda palabra destructora, oh lengua de engaño”. Ese es Doeg. Ese es David describiendo a Doeg, el edomita.
Entonces, increíble lo que pasa en esta historia, porque en el capítulo 15 Dios le había pedido a Saúl hacer guerra santa contra los gentiles, contra los enemigos de Dios. Ahora Saúl le está pidiendo a un enemigo de Dios, a un gentil, hacer guerra santa contra Dios y contra sus sacerdotes. Este es el giro que ha dado Saúl en su locura.
Claro, esto es representativo de todos los enemigos de Dios. En la misma línea de Saúl, Herodes va a matar bebés en Belén, en su temor del Cristo, también. Y esta es la línea que sigue la historia bíblica en relación a la guerra que se está dando entre los enemigos de Dios y los planes de Dios y los hijos de Dios.
10) ¿Está Dios en control cuando hay tragedia?
Ahora, cuando sucede algo tan trágico… Aquí, ¿cuántos hombres murieron? 85 hombres, que pensaban que estaban haciendo algo bueno —y de hecho sí hicieron algo bueno—, y murieron todos. Claro, esto es parte de la profecía que ya se le había dado a Elí, en 1 Samuel 2:31-33: su casa sería destruida. Y este es el cumplimiento de esa profecía.
Pero estaba pensando en las tragedias, y estaba pensando en lo que pasó esta semana pasada en Venezuela, por ejemplo, ese terremoto que ha matado a miles de personas. ¿Está Dios en control cuando cosas terribles suceden, cuando hay sangre derramada, sangre que podríamos decir que es inocente?
Sí, Dios está en control. Dios sabe lo que está pasando, y Dios lo está haciendo con un propósito: que podamos voltear a ver al ungido de Dios como nuestro refugio. Ese es el propósito por el cual Dios permite que estas cosas estén sucediendo. Esto es lo que está haciendo en esta historia: está moviendo toda la historia para guiar a David a donde David tiene que estar, incluyendo esta escena tan sangrienta. Y Dios sabe exactamente por qué y cómo lo está haciendo. Y nosotros tenemos que confiar en los propósitos soberanos de Dios, aun en medio de las situaciones más terribles y trágicas.
Y por supuesto, esto lo estoy diciendo relativamente fácil ahorita. Pero el día que algo realmente trágico sucede en tu vida, tienes que recordar esta verdad: Dios siempre está en control. ¿Pudo haber detenido Dios a Doeg? Sí, lo ha hecho antes. Ha detenido a Saúl nada más haciendo que se vuelva loco.
Entonces, esta es la realidad para los que están del lado, asociados, unidos a los enemigos de Dios. Versículo 16: “Ciertamente morirás”.
11) “Conmigo estarás a salvo” (1 Samuel 22:20-23)
Vean cómo continúa la historia. Este es el final de la historia. “Pero un hijo de Ahimelec, hijo de Ahitob, llamado Abiatar, escapó y huyó tras David. Abiatar avisó a David que Saúl había matado a los sacerdotes del Señor. Entonces David dijo a Abiatar: ‘Yo sabía aquel día, cuando Doeg el edomita estaba ahí, que de seguro se lo haría saber a Saúl. He causado la muerte de todas las personas en la casa de tu padre’”.
Ahora, esto de que uno iba a escapar también fue profetizado en el capítulo 2. Esto es interesante; esto es exactamente lo que pasa. Abiatar escapa. Este es el sacerdote que va a permanecer con David el resto de su vida, al igual que Gad.
Pero vean: David primeramente reconoce su error. Él se da cuenta: “Yo causé esto. Yo le mentí a Ahimelec”; eso hizo que Saúl viniera contra él. Él realmente lo siente, y él toma responsabilidad por esa situación.
Pero vean el versículo 23, porque el versículo 23 es hermoso en lo que representa estar unido al ungido de Dios. Dice: “Quédate conmigo, no temas, porque el que busca mi vida busca tu vida”. Ay, qué consuelo, David. Que el que quiere matarme a mí también te quiere matar a ti, así que no temas.
No, pero ¿qué tiene en mente David? Dios tiene un propósito para mi vida. Yo sé que ese propósito se cumplirá. Yo sé que tengo el favor de Dios. Sé que soy el ungido de Dios. Así que todos los que estén conmigo van a estar bien. Y eso es lo que le dice. ¿Vieron al final del versículo? “Pues conmigo estarás a salvo”. Conmigo estarás a salvo.
Conclusión: provisión y liberación para los que están unidos al Ungido
Así que hay provisión y liberación para los que están unidos al ungido. Sí, hay peligro temporal; por supuesto, hay peligro —eso es lo que David entiende—, pero hay seguridad eterna.
Por un lado, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos. Pero por otro lado encontramos —y Alfredo compartía con los hombres ayer este pasaje—: “Vengan a mí todos los que están cansados y cargados, y yo los haré descansar. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas, porque mi yugo es fácil y mi carga ligera”. “Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación, pero confíen, yo he vencido al mundo”.
El que está asociado con Saúl va a escuchar “ciertamente morirás”, pero el que está asociado con David escucha “conmigo estarás a salvo”. Esa es la seguridad que todos nosotros como cristianos tenemos, estando asociados mediante un pacto con el ungido de Dios, Jesucristo. Sabemos que siempre estaremos bien, siempre, porque la provisión final es nuestra a través de Cristo. Ya se nos ha dado todo lo que necesitamos: tenemos el verdadero alimento para nuestras vidas, y hemos sido liberados de nuestro enemigo final y más peligroso, el pecado y la muerte.
Estas son las realidades a las cuales nos apuntan estas historias. Y no leímos el Salmo 57 y el 52, pero eso surge de la cueva de Adulam. Pueden leerlo. Y obviamente, cuando leemos estos salmos y vemos las historias, entonces entendemos la profundidad de lo que están expresando esos salmos; pero siempre pensemos cómo esos salmos nos apuntan a Cristo y a la esperanza que tenemos en él.
Y por eso nosotros también podemos orar esos salmos. ¿Se sienten afligidos, a veces desanimados? Lean los salmos. Lean los salmos en particular y vean a Cristo ahí, y digan: “En Cristo yo puedo encontrar el mismo refugio y la misma esperanza que encontró David para su vida”.
Por eso vamos a cantar juntos.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →