Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Gálatas 3:10-14GálatasArturo Ferreiro

De la maldición a la Bendición

Transcripción

Lectura de Gálatas 3:10-14

Hola, hola. Buenos días, hermanos. Por favor, abran sus Biblias en Gálatas, Gálatas capítulo 3, a partir del verso 10 al verso 14. Vamos a leerlo juntos, hermanos. Dice así la Palabra de Dios:

"Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente, porque el justo vivirá por la fe. Sin embargo, la ley no se basa en la fe. Al contrario, el que las hace vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero. A fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe".

Acompáñenme a orar. Padre, gracias por este tiempo que me permites, en Tu gracia, poder compartir con mis hermanos y con nuestros invitados Tu Palabra, Señor. Perdóname, Señor, si hay alguna palabra mía, Señor; que solo sea Tu Palabra la que se quede en la mente de mis hermanos y mis amigos que estamos aquí reunidos. Señor, que Tu Santo Espíritu hable a nuestros corazones, Señor; que podamos entender un poco más, Señor, de lo que Tú hiciste por nosotros en la cruz. Ayúdanos, Señor, porque te lo pedimos en el nombre de Cristo Jesús, Tu Hijo amado. Amén.

Tonos mayores y tonos menores

Muy bien, mis hermanos. El título de mi sermón es "De la maldición a la bendición". Y estaba pensando hacer una introducción acerca de esto, y pensaba en la música. En la música existen distintas tonalidades: existen tonalidades menores y tonalidades mayores. Las tonalidades mayores se utilizan para canciones alegres, ¿no? Por ejemplo, la pieza de Vivaldi, el concierto de Vivaldi de la primavera, pues es muy alegre; está en un tono mayor. Las tonalidades menores van mejor con canciones tristes y oscuras.

Entonces así vemos que Dios diseñó de alguna manera la música, y permite que haya tonos menores y tonos mayores, y eso nos da una sensación, ¿no? Por ejemplo, en cuanto al concierto de Vivaldi de la primavera, pues nos da la sensación de estar en la primavera; o si escuchamos el concierto de invierno, pues nos da la sensación del viento, ¿no?, o de la nieve cayendo, por ejemplo. Bueno, a lo mejor no nos da tanto esa sensación, porque muchos de nosotros no hemos visto la nieve, ¿no? Pero esa es la idea de lo que quiere transmitir la música a nuestras vidas, ¿no?

La semana pasada vimos la importancia de la justificación por la fe, si recuerdan, ¿no?: cómo Abraham fue justificado por la fe, y los hijos de Abraham deben compartir esa misma fe de Abraham para ser justificados. Vimos cómo el lenguaje de Pablo, la semana pasada, vimos cómo su lenguaje era en torno a la bendición, a la promesa de Dios. Ahora Pablo va a cambiar de tono aquí. Entonces va a pasar de un tono de la bendición, perdón, a un tono de la maldición.

¿Y por qué lo va a hacer? Él va a hacer esto porque quiere hacer un contraste con lo que viene diciendo, para enfatizar la justificación por la fe. Entonces es importante también que escuchemos lo que Pablo, y lo que Dios, nos tiene que decir en Su Palabra, que a veces es difícil de escuchar. Pero yo quiero, y yo te animo, y te ruego, que escuches hasta el final las palabras que vamos a escuchar de la Palabra de Dios. Entonces esta es la idea, ¿no? Así como Dios creó los tonos mayores y menores, así encontramos también en la Biblia esos mismos tonos, y tienen un propósito. Entonces Pablo empieza a dejar de hablar de Abraham, y ahora va a empezar a hablar de Moisés, o más específicamente, va a empezar a hablar de la ley de Moisés.

La ley de Dios y nuestra culpabilidad

Entonces mi primer punto es: la ley de Dios y nuestra culpabilidad. El verso 10 dice: "Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas". Romanos es un libro que muchos han catalogado como un buen comentario del libro de Gálatas, porque trata muchos temas similares. Por ejemplo... Y no, no vayan a Romanos, porque voy a mencionar muchos pasajes, pero después les voy a decir a qué pasajes vamos a ir, ¿no?

Romanos 7:12 dice, por ejemplo, acerca de la ley, que la ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno, dice la Palabra de Dios. Y Pablo se empeña en demostrar que la ley no tiene defecto alguno, en Romanos. De hecho, la ley debería ser de bendición para los hombres, pero se convirtió en un mal para nosotros. ¿Por qué? Porque la Biblia también dice, en Romanos también dice, que todos hemos pecado; todos han pecado, y todos están separados de la gloria de Dios.

Entonces, sin excepción, mis hermanos y amigos, sabemos lo que es correcto y lo que es incorrecto. Pablo menciona que Dios nos dio una conciencia, la cual deberíamos obedecer, y que nos dice si lo que hacemos es correcto o incorrecto. Y eso nos lo dice sin necesidad de tener la Palabra de Dios escrita, sin necesidad de conocer los mandamientos de Dios escritos. Dios puso en nosotros una conciencia para saber lo que es bueno y lo que es malo. Romanos 2:14 dice: "Porque cuando los gentiles que no tienen la ley" —es decir, los no judíos no tienen la ley— "hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan la ley, son una ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos".

La conciencia: la entrevista a Jeffrey Dahmer

Estaba escuchando yo hace unos días una entrevista de Jeffrey Dahmer. No sé si lo han escuchado, porque ahorita está muy de moda hablar de él, porque hay una serie de Netflix. Yo no la he visto, y tampoco la puedo recomendar, pero vi este video en YouTube, y vi que a él le hicieron una entrevista, ¿no? Para los que no conocen quién era Jeffrey Dahmer: pues fue alguien que asesinó a mucha gente, y se le conoce como el monstruo de Milwaukee. Entonces ya se imaginarán lo que había hecho, ¿no?

Entonces él llegó a la cárcel, y cuando lo están entrevistando ya pasó, me parece, un tiempo en la cárcel. De hecho, él fallece después de unos meses, porque lo asesinan en la misma cárcel. Mi punto es que él en ese momento, al parecer, estaba leyendo la Biblia; ya había hecho una profesión de fe. Entonces, en la misma entrevista, habla de que Jesús es su Señor y su Salvador, increíblemente, ¿no? Entonces la idea es que no hay psicópata ni sociópata tan insensible que la ley escrita en nuestros corazones pueda ser extinguida totalmente. Podemos cauterizar nuestra conciencia, pero siempre vamos a saber lo que estamos haciendo. Y en esa entrevista es muy interesante, porque él siempre dice... él cuenta las abominaciones que hizo, y al mismo tiempo dice: "Yo soy totalmente responsable de lo que hice; yo sé lo que estaba haciendo".

Entonces, la ley de Dios se pone delante de nosotros, y se pone delante de nosotros y por encima de nosotros, ya sea a través de la conciencia o del conocimiento escrito de Su Palabra. Y ella nos impone obligaciones, de parte de Dios, nuestro Creador, a nuestro comportamiento, a nuestro actuar. En ese sentido, estamos bajo la ley, o bajo la obligación de la ley.

Romanos 3:19 dice: "Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley", ¿para qué?, "para que toda boca se calle y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios. Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado". Es decir, lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, y su propósito, dice Pablo, es callar las bocas, y que todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; que todo el mundo se sepa culpable delante de Dios, el Creador, el que tiene derecho, por ser el Creador, a decirnos lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer. Por medio de la ley es el conocimiento de nuestro pecado. Entonces, pues, nos enseña cómo se ve alguien que agrada a Dios. La ley nos enseña cómo se ve alguien que agrada a Dios. Pero el problema es que la ley contrasta con nuestra naturaleza pecaminosa. Es también como un espejo en el cual nos miramos para conocer lo sucios que estamos y lo culpables que somos delante de Dios. Uno de los propósitos de la ley es enfatizar el pecado de aquellos que están obligados por ella y bajo ella.

De hecho, hermanos, lo que la ley provoca —no por un defecto que haya en la ley, porque Pablo está defendiendo que la ley es buena, es santa, es justa, sino por nuestra naturaleza pecaminosa—, lo que provoca la ley es más pecado. Eso lo dice Pablo en Romanos 7:13. Dice —y la voy a leer en otra versión, porque me parece muy ilustrativa, la versión Nueva Traducción Viviente—, dice: "¿Acaso la ley, que es buena, provocó mi muerte? ¡Por supuesto que no!", dice Pablo. Es decir, no es la ley la que me mata. "El pecado", dice él, "usó lo que era bueno a fin de lograr mi condena de muerte. Por eso, podemos ver qué terrible es el pecado: se vale de los buenos mandamientos de Dios para lograr sus propios fines".

El mandamiento y el corazón rebelde

Y este pasaje para mí es un consuelo, y seguramente los que tienen hijos me pueden entender. Porque cuando mi hija no quiere obedecer, yo le digo algo, y ella va y lo hace. Pero ¿por qué? O sea, si yo le estoy diciendo: "No lo hagas", y ella, como que eso, en su naturaleza contraria a la autoridad y a los mandamientos, va y lo hace. O sea, el mandamiento se vuelve para ella una manera para saber cómo quebrantar, saber cómo desobedecer, cómo ser rebelde. Y entonces a veces eso es lo que sucede con nosotros, no solo con nuestros hijos. Ahí es donde yo le recuerdo a ella que tiene un corazón malo y que necesita la gracia de Dios, como yo la necesito también.

¿Debemos enseñarles la ley a nuestros hijos? Bueno, este paréntesis: sí, sí debemos enseñársela, porque es el estándar de la vida de Dios. En segundo lugar, el mandamiento hace que el pecado llegue a ser, llegue a ser en extremo pecaminoso. Algunas versiones en este pasaje dicen eso: que el mandamiento hace que el pecado se vea extremadamente pecaminoso, dice Pablo. Lo que Pablo enseña en Romanos, entonces, es que no es la ley la que produjo la muerte en nosotros, sino el pecado que mora en nosotros. La ley es buena, y hace un contraste con mi vida pecaminosa y la naturaleza tan malvada que escucha mal el mandamiento, y en lugar de obedecer, se inspira para buscar maneras para transgredirlo.

La maldición de la ley

Esto me lleva a mi segundo punto: la maldición de la ley. Y sigo aquí en el verso 10, dice: "Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición". La maldición de la ley. Estar bajo la ley no solamente significa, hermanos y amigos, estar bajo su obligación, sino que Pablo dice que los que son... que los que dependen de la ley, los que dependen de las obras de la ley para justificarse delante de Dios, están bajo maldición, dice aquí.

Y maldición es una palabra bastante extraña para nuestro contexto. Y seguramente, cuando ustedes escuchan la palabra "maldición", lo primero que viene a la mente es, pues, un hechizo, ¿no?, de un brujo, o una cosa parecida, ¿no? También pensamos la maldición en términos de palabras altisonantes, ¿no?: "No maldigas", decimos. Pero la categoría que usa la Palabra de Dios para la maldición es muy distinta a la manera en que nosotros la pensamos.

En el verso 10, Pablo está haciendo una referencia al libro de Deuteronomio, y ahí sí quiero que me acompañen: Deuteronomio 27. Y este libro de Deuteronomio es un libro que Dios dio al pueblo de Israel justo antes de entrar en la tierra prometida. Moisés está reiterando la ley de Dios que recibió en el Sinaí, y el pueblo de Dios está a punto de entrar a la tierra prometida de Dios, y Moisés les recuerda los mandamientos de Dios, y por esto tenemos el libro de Deuteronomio.

Entonces vayamos a Deuteronomio 27. El pasaje que está citando Pablo es el verso 26. Dice: "Maldito el que no confirme las palabras de esta ley para ponerlas por obra. Y todo el pueblo dirá: Amén". Entonces, si queremos, mis hermanos y amigos, entender el significado de la maldición, debemos ir a este libro de la ley; debemos ir a ver qué dice Dios en el libro de Deuteronomio acerca de la maldición, y de la bendición también.

Bendiciones y maldiciones del pacto (Deuteronomio 28)

Dice... vamos a Deuteronomio 28, ahí desde el verso 1. Y quiero primero que entiendan que aquí, cuando está hablando de las maldiciones y las bendiciones del pacto... o sea, Su pacto tiene términos dobles, positivos y negativos, y eso es algo que no podemos quitar de la Palabra de Dios. Y entonces el verso 1 del capítulo 28 dice... Estos son los términos de las bendiciones del pacto; mira lo que dice:

"Y sucederá que si obedeces" —es decir, ahí hay una condición: si obedeces— "diligentemente al Señor tu Dios, cuidando de cumplir" —¿cuántos?, dice— "todos Sus mandamientos que yo te ordeno hoy, el Señor tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. Y" —¿cuántas?— "todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán" —condición— "si obedeces al Señor tu Dios. Bendito serás en la ciudad, bendito serás en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el producto de tu suelo, el fruto de tu ganado, el aumento de tus vacas y las crías de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa". Estos son instrumentos para elaborar el pan, lo que significaría en ese tiempo, pues, bendición. "Bendito serás cuando entres, y bendito serás cuando salgas".

Entonces Dios está diciendo aquí: si tú obedeces todo lo que Yo te mando, tu vida no será más que una experiencia de bienaventuranza y bendición. Bendito serás cuando salgas, bendito seas cuando entres, bendito serás en el taller, bendito serás en el trabajo, bendito serás en la cocina, bendito serás con tus hijos, bendito.

Pero también tenemos los términos negativos. Ve lo que dice el verso 15 al 19. Dice: "Pero sucederá que" —condición— "si no obedeces al Señor tu Dios, y no guardas" —¿cuántos?— "todos Sus mandamientos y estatutos que yo te ordeno hoy, vendrán sobre ti" —¿cuántas?— "todas estas maldiciones y te alcanzarán. Maldito serás en la ciudad, y maldito serás en el campo. Malditas serán tu canasta y tu artesa. Maldito el fruto de tu vientre y el fruto de tu suelo, el aumento de tu ganado y las crías de tu rebaño. Maldito serás cuando entres, y maldito serás cuando salgas".

Si se dan cuenta, las maldiciones son exactamente lo mismo que las bendiciones, pero al contrario. Lo que Dios está diciendo ahí, lo que le está diciendo aquí al pueblo de Israel, es que si no obedecen todos los mandamientos de Dios, no va a haber sino para ellos una experiencia de quebranto y maldición divina. Entonces vemos este opuesto de las bendiciones y las maldiciones: cómo son exactamente contrarias a las bendiciones, exactamente lo opuesto.

El punto que es vital entender aquí, mis hermanos y amigos, es que para entender la maldición en términos bíblicos, entonces hay que mirar a la bendición y ver su significado, porque la maldición es exactamente lo opuesto. Y lo voy a demostrar con la Palabra de Dios. Primero, entendamos la bendición; vamos a ver qué significa la bendición en términos bíblicos. No vayan ahí, pero seguramente ya habrán escuchado este pasaje. Se conoce como la bendición sacerdotal, que está en Números 6:24 al 26. De hecho, Nathan en algunas ocasiones la ha utilizado al final de sus sermones para bendecir al pueblo de Dios, a nosotros, a la congregación. Y es precisamente esta bendición sacerdotal. Dios se la mandó a Aarón y a sus hijos para que bendijeran al pueblo del pacto de Dios. Y dice Números 6:24-26 lo siguiente: "El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti Su rostro, y te dé paz".

La bendición: ver el rostro de Dios

Y aquí tenemos en esta descripción cómo los judíos entendían la bendición divina. Este pasaje tiene, digamos, tres estrofas que transmiten una misma idea. Entonces, los judíos entendían la bendición divina como si consistiera en tener a Dios cerca, guardando, ¿no?: "El Señor te bendiga y te guarde"; tener Su favor. Luego dice ahí que Dios resplandezca Su rostro sobre nosotros, que Él levante Su mirada hacia nosotros; es decir, que Dios te mire. Esa es la bendición, de acuerdo a la mente judía.

Ver el rostro de Dios es la bendición última de Israel, y esa, mis hermanos, también es la bendición última de nosotros, la iglesia, porque nosotros queremos verle cara a cara, ¿no? Dice la canción de Marcos Vidal, ¿no?: "solo quiero mirarte cara a cara". Esa es la bendición última de la esperanza cristiana: ver cara a cara a Dios. Y esto simboliza Su favor hacia nosotros.

Es justo esta bendición lo que llevó a Moisés en el Sinaí a rogar lo siguiente, en Éxodo 22:18 —no, no necesitas ir ahí; si quieres ir ahí, adelante—, pero dice Éxodo 22:18, dice: "Entonces Moisés dijo: Te ruego que me muestres Tu gloria. Y el Señor respondió: Yo haré pasar toda Mi bondad delante de ti" —todo Su favor delante de él—, "y proclamaré el nombre del Señor delante de ti; tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión del que tendré compasión. Y añadió: No puedes ver Mi rostro, porque nadie me puede ver, y vivir".

Entonces es interesante, porque Moisés le dice: "Muéstrame Tu gloria", y Dios le dice: "No puedes ver Mi rostro, porque nadie puede verme y vivir". "Entonces el Señor dijo" —continúa el pasaje—: "Hay un lugar junto a Mí, y tú estarás sobre la peña; y sucederá que al pasar Mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña, te cubriré con Mi mano hasta que Yo haya pasado. Después apartaré Mi mano y verás Mis espaldas; pero Mi rostro no se verá".

Entonces, lo que Dios está haciendo aquí es poner un paralelo entre Su gloria y mostrar Su rostro. El problema es que somos pecadores y Dios es santo, y cualquiera que lo mire caería muerto. Eso es lo que está diciendo Dios. Pero Él responde la oración de Moisés y le dice: "Yo voy a pasar Mi favor delante de ti, te voy a esconder en la peña, voy a poner Mi mano, pero no vas a ver Mi rostro; vas a ver Mis espaldas". Entonces Éxodo pone la bendición de Dios en términos de poder estar cerca de Él y verle, que es lo mismo que tener Su favor.

La maldición: el abandono de Dios

A la luz de este significado de la bendición, podemos entonces, de manera contraria, hermanos, definir la maldición como un estado de abandono de Dios; de Dios rechazando y dando la espalda, sin bondad, sin misericordia alguna, motivado solamente por el juicio. A lo mejor eso suena muy duro, ¿no? Deuteronomio 28:58 dice: "Si no cuidas de poner en práctica todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo el nombre glorioso y temible, el Señor tu Dios...". Y luego dice en el 63: "Sucederá que tal como el Señor se deleitaba en ustedes para prosperarlos y multiplicarlos, así el Señor se deleitará en ustedes para hacerlos perecer y destruirlos".

El pastor R. C. Sproul predicó un sermón de Gálatas, el mismo pasaje que yo estoy predicando. Si tú ya lo has escuchado, seguramente verás que este sermón tiene mucha influencia de ese sermón que él predicó en el 2008 en una conferencia que se llama Juntos por el Evangelio, Together for the Gospel. Y entonces, acerca de la bendición sacerdotal, él dice que para entender la maldición hay que revertir la bendición de la oración sacerdotal. Y él dijo lo siguiente: "El Señor te maldiga y te abandone; el Señor oculte Su rostro sobre ti y te deje en la oscuridad, sin misericordia; el Señor te dé la espalda y te quite Su paz para siempre". Así sonaría la maldición divina. Él dice, el pastor R. C. Sproul: "Creemos en un Dios infinitamente capaz de bendecir a las personas, pero absolutamente incapaz de maldecirlas".

Los fariseos, mis hermanos, aunque no entendieron el propósito de la ley y la esencia de la ley, parece que sí entendieron bien la maldición divina. Dice que, ante la respuesta de aquellos que empezaban a creer en Jesucristo, que el pueblo iba hacia Jesucristo, ellos dijeron: "Esta multitud que no conoce la ley es maldita". Pero ellos, como dije, no entendían el propósito de la ley, porque no era conocer la ley; era no obedecer la ley lo que te ponía debajo de la maldición divina. Pero algo les podemos atribuir: que ellos entendían a veces mejor que muchos evangélicos el Antiguo Testamento.

La maldición, en el sentido del rechazo divino, es lo peor que le puede pasar a una persona, mis hermanos. No importa la tragedia por la que pase; nunca podrá ser comparada con el abandono completo de Dios, el rechazo, ahora y para siempre, en juicio.

El mismo contraste en el Nuevo Testamento

Ese mismo contraste entre la bendición y la maldición divina no es propio solamente del Antiguo Testamento. Porque algunos dicen: "Ah, en el Nuevo Testamento tenemos un Dios de amor y de gracia, y en el Antiguo Testamento solo tenemos un Dios de ira que quiere destruirnos". Pero no es verdad. Dios es el mismo hoy, ayer y por los siglos. Y mira lo que dice Mateo; Jesús mismo, en Mateo 25, dice lo siguiente en el verso 34. Y Él está hablando aquí en el contexto de la venida del Hijo del Hombre, en el juicio final, cuando Él mismo venga en Su gloria, y va a apartar las ovejas de los cabritos.

Y dice el verso 34: "Entonces el Rey dirá a los de Su derecha" —a las ovejas—: "Vengan, benditos" —ahí hay una bendición—, "benditos de Mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo". Pues aquí, a las ovejas les hace una invitación de venir a Él, de ser bendecidos y de heredar el reino de Dios; hay bendición que fluye para ellos. Pero luego, a los cabritos, a Su izquierda, les dice exactamente lo contrario, las mismas palabras, exactamente lo contrario. Mateo 25, el 40... verso 41 dice: "Entonces dirá también a los de Su izquierda: Apártense de Mí, malditos" —ay, Señor, qué fuerte Tu lenguaje—, "al fuego eterno, porque ha sido preparado para el diablo y sus ángeles". Exactamente las mismas palabras, pero al contrario.

Mis hermanos, el estándar de la ley, el estándar de la ley de acuerdo con Pablo, es alto. Dice ahí en Gálatas: "el que haga estas cosas vivirá por ellas". Y la consecuencia de no haber guardado toda la ley es terrible: "Maldito aquel que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas". Si todo el mundo está bajo la maldición de la ley por causa de la desobediencia a los mandamientos de Dios, ¿dónde está nuestra esperanza?

La redención de la maldición

Ahí entra mi tercer punto: la redención de la maldición. La redención de la maldición. Mira lo que dice en Gálatas, el verso 13, capítulo 3, donde estábamos: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero".

El significado aquí de redención tiene una ilustración; de hecho, la ilustración es un esclavo sin libertad, ¿no?, encerrado en una jaula de hierro, con una sentencia de muerte encima, sin posibilidades de escapar. Pero ese esclavo es comprado por precio, soltado y liberado. Es estar en una situación como la de aquel himno que hemos cantado: "Oh ven, oh ven, Emanuel, rescata al cautivo Israel, que llora en su desolación y espera su liberación", que está en un tono menor, por cierto, validado por Pita. La redención, mis hermanos, es Cristo viniendo cientos de años más tarde de la promesa de Abraham y de la promulgación de la ley. Dice en Mateo: nacido bajo la ley para redimir a los que están bajo la ley, y rescatar y liberar de la maldición de la ley a Su pueblo. ¿Cómo lo hace? Siendo hecho maldición por nosotros, siendo maldito de Dios, abandonado del Padre. En Mateo 27 se relata la crucifixión, y se escuchan las palabras de Jesús: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". En el panorama de la cruz se oscurece el sol y vienen tinieblas. ¡Qué imagen tan ilustrativa de la maldición divina! Mientras Cristo está colgando en la cruz, dándonos una imagen de lo que es un maldito de Dios, abandonado por Dios.

Maldito el que es colgado en un madero

Pablo está citando Deuteronomio 21, del 22 al 23; él hace muchas citas del Antiguo Testamento: "Si un hombre ha cometido pecado digno de muerte, y se le ha dado muerte, y lo has colgado de un árbol, su cuerpo no quedará colgado del árbol toda la noche, sino que ciertamente lo enterrarás el mismo día, pues el colgado es maldito de Dios, para que no contamines la tierra que el Señor tu Dios te da en heredad".

Este pasaje de Deuteronomio no especifica cuál es el pecado digno de muerte. Aquí, ser colgado de un árbol, lo cual es muy posible que haga referencia a un empalamiento, en este contexto de Deuteronomio, es una forma de pena capital para disuadir a los demás de cometer crimen. Por eso los romanos solían poner la causa de la crucifixión en la cabecera de las cruces de los ejecutados, y hacerlo público. No encontramos en ningún lado que Dios mande esta forma de ejecución en la ley, en el Antiguo Testamento, porque la pena capital en la ley era por lapidación. Solo el Antiguo Testamento dice que si se le ha dado a un hombre una muerte así, si se le ha colgado en un árbol, esto es un hecho de que la persona colgada es maldita de Dios.

Ahora imagínate a los judíos, habiendo sido instruidos en la ley de Dios desde niños. Ellos conocían este pasaje, porque lo veían; era muy común ver a los criminales siendo asesinados en las cruces. ¿Y qué dices cuando tu hijo te pregunta: "Papá, pero ¿por qué lo ponen en una cruz?"? Lo primero... si yo hubiera sido judío, lo primero que se me vendría a la cabeza es este pasaje: "Maldito el que es colgado en un madero. Hijo, ese hombre es un criminal". Y eso es lo que dice la Escritura, la Palabra de Dios. Ante esta luz, mis hermanos y amigos, no es difícil entender por qué se burlaban de Jesús: maldito de Dios.

Dice el pastor Timothy Keller —y esto recientemente lo veía en un tuit que puso, providencialmente quizás—, él decía que si para ti Jesús no es lo más hermoso de tu vida, Él va a ser lo más repulsivo en tu vida. Solo hay esas dos opciones. Si no es ninguna de esas dos opciones, tú no has entendido lo que significa la cruz. Eso es lo que dice el pastor Tim Keller. El crimen estaba colgado al tope de la cruz de nuestro Señor Jesús, y decía: "Este es Jesús, el Rey de los judíos".

Hecho maldición por nosotros

2 Corintios 5:21. Pablo dice: "Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él". En la mañana mi hermano Chuchín estaba diciendo que era difícil imaginar lo que Jesús había pasado en la cruz. Sinceramente, hermanos, he estudiado este pasaje y todavía no entiendo lo que Jesús pasó en la cruz por mis pecados y por nuestros pecados. Pero lo que sí podemos ver es que por causa de nuestro pecado Él fue hecho maldito. Jesús se volvió en ese momento la cosa más repulsiva jamás, jamás vista delante de Dios. Isaías 53 dice del Padre: "Jehová quiso quebrantarlo", a Su propio Hijo, porque estaba cargando tu pecado y mi pecado.

Entonces, Cristo hizo una transacción con Su pueblo: Él tomó su pecado y fue condenado en su lugar para traer su libertad. Nuestro pecado fue intercambiado por Su justicia, y ahora por fe se nos declara justos, por la fe en Él, por creer en Su obra; no por nuestras justicias, no por nuestras buenas obras, que son como trapo de inmundicia, dice la Escritura. La maldición a la que estábamos sujetos por la transgresión de la ley de Dios fue sustituida por la bendición que Él ganó por haber guardado todas las cosas escritas en el libro de la ley, por haberlas hecho. Jesucristo, el justo, se entregó por los injustos para llevarnos a Dios.

La bendición de Abraham para los gentiles

Mira lo que dice el verso 14 de Gálatas 3: "A fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe". Aquí dice cuál es el fin de que Jesucristo haya sido hecho maldición por nosotros. El fin es que tú y yo, al creer en Él por la fe, seamos benditos de Dios: que la bendición de Abraham viniera a los gentiles, a nosotros, que no somos judíos, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe.

El famoso himno, hermanos, de alegría para las naciones, en inglés "Joy to the World", que describe la primera venida de Cristo, tiene una estrofa que se ha quitado de muchos himnarios, que dice así; es decir: Él viene para hacer fluir Sus bendiciones tan lejos como se extiende la maldición. La maldición, en este himno alegre, que está en tono mayor, parece ser una referencia a Génesis 3:17, la caída del hombre y la maldición de Dios. Lo que quizás Watts, el autor de este himno, trataba de plasmar posiblemente fue que el evangelio revierte la maldición de la caída. Caímos profundamente, pero Dios viene y nos rescata, nos libera y nos redime de nuestra maldición, y hace fluir Sus bendiciones hacia nosotros tan lejos como la maldición llega.

Me encanta, porque el himno, si tú lo escuchas, no es un himno triste; es un himno lleno de gozo. Dice: "far as the curse is found". O sea, es un himno lleno de adoración a Dios por lo que Él ha hecho por nosotros: el evangelio en Cristo. En el evangelio, Dios resplandece Su rostro sobre nosotros. Aquel rostro que se le negó a Moisés se nos da a nosotros en Cristo, y nos muestra Su bendición, más grande que la maldición. Sin Cristo, mis amigos y hermanos, no hay esperanza; no tenemos ninguna esperanza. Es Cristo lo único que tenemos.

La promesa del Espíritu: ríos de agua viva

Y ve, para terminar, en qué términos el apóstol Pablo expresa esta bendición en el verso 14. Dice ahí: "para que recibamos la promesa del Espíritu mediante la fe". ¿Y qué es esto sino recibir a Dios mismo, que viene a morar en nosotros y nos trae Su bendición junto con Él? La presencia bendita de la tercera persona de la Santísima Trinidad viene a morar en nosotros por la fe. Esto está ilustrado de manera maravillosa cuando Jesús se presenta con la mujer samaritana: "El que cree en Mí", dice Jesús, "como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva".

Cuando yo escuché una vez este pasaje, "de su interior correrán ríos de agua viva", yo estaba pasando por una temporada... ya era yo cristiano, pero estaba pasando por una temporada de mucha oscuridad en mi corazón, y de sentir que no había poder alguno contra el pecado. Y yo leí este pasaje, y yo oré y le dije: "Señor, yo no entiendo qué significa este pasaje; no lo he vivido. Quiero vivir esos ríos de agua viva que Tú aquí prometes en Tu Palabra".

Debemos aferrarnos, hermanos, a la promesa de vida eterna por la fe solamente, en el evangelio, porque dice la Escritura que el justo por la fe vivirá; no por guardar los mandamientos de Dios, porque nadie puede guardar los mandamientos de Dios. Lo dice Pablo en el pasaje; dice ahí: "Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente, porque el justo por la fe vivirá". El justo por la fe vivirá.

Hoy, mi amigo, delante de ti Dios está poniendo la vida y la muerte: escoge la vida; la bendición y la maldición: escoge la maldición... Cree en Cristo, arrepiéntete de tus pecados y obtén la paz y la bendición del Espíritu Santo en tu vida. Le voy a pedir a mis hermanos que pasen para que adoremos al Señor juntos.

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