Gálatas 6:1GálatasOscar Carrillo
Restaurando Pecadores
Transcripción
Una tarea para los creyentes
Siempre es un privilegio el estar aquí en la iglesia de Cuajimalpa, que es la que me vio crecer. Y a mí no me engaña Chuchín: él le pegó una barba a su hijo; sigue siendo un niño. Yo lo sigo viendo tan chiquito como cuando lo conocí, niño chiquito, pero ya casado, y de veras dando pasos de fe en el Señor. Hoy va a haber bautizos, y nosotros como creyentes tenemos que recordar ciertas cosas que nos ayudan a poner en práctica la fe. Qué importante es poner en práctica ciertos ejercicios de la fe. Y Pablo tenía muy, muy en claro eso: quería dejarnos tareas. Quería dejarles tareas a aquellos que leían sus cartas, y poder tener un reto en su vida al terminar de leer la carta.
Así que Gálatas, que es la carta que hoy vamos a estar estudiando, nos deja una práctica realmente importante en nuestra vida. No es la única, hay muchas, pero hoy vamos a ver una, y espero que al terminar la predicación todos terminen con la convicción de llevar a cabo esta tarea. Así que, puestos de pie, vamos a leer Gálatas capítulo 6, versículo 1. Están jóvenes los que se van a bautizar, y son jóvenes espiritualmente, pero eso no les va a limitar a llevar a cabo la carga pesada que se está poniendo sobre sus hombros, igual a cada uno de los que ya tienen más tiempo en la iglesia.
Gálatas 6:1, todos juntos vamos a leerlo: "Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado". Así, puestos de pie, vamos a orar.
Padre santo, gracias te damos por la oportunidad de abrir tu Palabra. Es un privilegio el poder escuchar tu voz. Nos has llamado, nos has traído aquí lisiados, aún con dolor, aún renqueando, reconociendo que no podíamos, ni tenemos derecho a estar aquí. Pero tú nos has traído, y además nos has dado tareas a hacer. Ayúdanos, Señor, a poder vivir, a poder escuchar, a poderte conocer mejor, y hacer las cosas que a ti te agradan. Padre santo, ayúdanos este día a que lo que se escuche sea tu Palabra. En Cristo Jesús, amén. Amén. Pueden sentarse, hermanos.
La carta a los gálatas
Esta es la carta más antigua de Pablo contenida en la Biblia. Podríamos decir que es su obra prima, la primera carta que escribió, y se la escribió allá por el año 48, después de un viaje misionero que tuvo por toda la parte de Asia. Y ahí conoció a un grupo de personas que eran los gálatas. No está escrita para una iglesia, sino está escrita para un grupo, para un conjunto de iglesias que vivían en la misma región, y se les conoce como los gálatas porque eran descendientes de un grupo que a lo mejor es más conocido para ustedes, que eran los galos, que eran los papás o los abuelitos de los franceses.
El imperio galo fue muy grande también, y estaba pegadito al Imperio romano. Durante mucho tiempo pues estuvieron viajando, y se estuvieron pues ubicando en el centro de Asia, este grupo de personas. Y los romanos los dejaron ahí durante mucho tiempo, más de tres siglos, viviendo sin que los conquistaran; o bueno, ya bajo el poderío de Roma, pero sin quitarles sus propios reyes. Hasta unos 30 años antes de que naciera Jesucristo llegan los romanos, les quitan todos sus derechos que tenían como independientes, y los juntan con otra parte de abajo de Asia que está más pegada hacia Palestina, y los dejan en una sola región que se llama Galacia. Así le bautizaron, a causa de los abuelitos que habían llegado ahí 300 años antes. Bueno, a lo mejor ustedes conocen a Astérix y a Obélix. Bueno, pues esos son los galos, así con sus bigotes grandotes y comiendo jabalíes.
Maestros legalistas
Y la carta está dirigida con un propósito muy importante. Cuando Pablo llegó, después de su viaje comenzaron a llegar maestros que se ubicaban en los grupos cristianos y les comenzaban a enseñar. ¿Y qué era lo que les enseñaban? Bueno, había judíos. Los principales cristianos que se habían convertido no habían sido los gentiles, sino habían sido gente judía, porque el movimiento se había dado en Jerusalén. Recordemos que el nacimiento del movimiento cristiano como tal se da en el día de Pentecostés, a través de la predicación de Pedro; dice que se convierten muchos. Entonces de ahí surgen, pues, muchos maestros, y no todos eran maestros realmente convencidos de que Jesús era el camino, o que tenían muchas dudas, y pues tenían que corregir muchas, muchas cosas en su vida.
Parte de ello era querer traer las enseñanzas de los antiguos maestros que habían tenido, que eran los fariseos, y que les estaban enseñando, no el Antiguo Testamento (si hubiera sido el Antiguo Testamento, hubiera estado muy bien), sino les estaban enseñando costumbres de hombres, les estaban enseñando mandamientos de hombres. Y esto mismo era lo que les traían a aquellos que se convertían al cristianismo y que no eran judíos, y les enseñaban cómo debían de comportarse bien para ser unos buenos fariseos, o buenos legalistas. Pero no les enseñaban a comportarse como buenos cristianos; les enseñaban a comportarse como gente que estaba sometida a una serie de mandamientos, y a una serie de costumbres, y también de tradiciones humanas.
El problema lo vio demasiado grave Pablo, así que escribió esta carta motivado por esto. Y el propósito era enseñarles que a él, como judío y como fariseo, no le había servido todo este conocimiento como una plataforma para conocer mejor a Jesús. No había sido necesario para él el ser un legalista, el ser un fariseo. Eso no es necesario; no es un paso que antecede al espiritualismo, o a la espiritualidad, sino que en muchas ocasiones es un estorbo. A tal grado que él les dice: "Pues yo ni siquiera fui enseñado por maestro en estos asuntos de nuestro Señor Jesucristo".
En Gálatas 1:12... él dice: "Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es según hombre; pues yo no recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por la revelación de Jesucristo". Él tuvo que ser enseñado por nuestro Señor Jesucristo, y por esa razón es que es un apóstol. Es una situación muy especial. No es como en el caso de nosotros, que tenemos maestros. Pablo tuvo el privilegio de estar, por revelación, recibiendo la enseñanza del evangelio. Nosotros somos iluminados a través del Espíritu Santo, pero recibimos las enseñanzas que nos están dando los maestros que ya han sido a su vez enseñados en la Palabra.
No está siendo nuevamente... o estamos cubriendo el requisito de ser un apóstol; ya eso ha terminado, por esa razón: porque ya no está preparando Jesucristo a gente directamente. Aunque el Espíritu Santo sí nos está enseñando, nos instruye. Pero hay mucho que hablar de eso; no me voy a desviar, voy a seguir en lo que estoy. Así que el objetivo de Pablo es enseñarles que el legalismo no tiene cabida dentro de un cristianismo bien vivido, de un cristianismo que está siendo bendecido, de un cristianismo que está siendo disfrutado y está siendo un deleite para nuestra vida. El legalismo no es parte de la iglesia.
Engendrados por Dios
Entonces él escribe esta carta y les dice "hermanos"; es lo primero que comienza a decirles. Está dirigido a aquellos que han sido engendrados por el Señor Jesucristo, por el Padre; que han sido engendrados no por voluntad humana, sino por un llamado que hace Dios a los corazones, y que los transforma. Si alguno de ustedes no tiene esta convicción en su vida, de haber sido engendrado por Dios mismo, en el sentido de que piensan que algo de ustedes contribuyó a hacerlos nacer, entonces estamos comenzando mal: esta carta no está dirigida a ustedes. Pero si ustedes saben y reconocen que son hijos de Dios a través de la obra misericordiosa, como lo que estuvimos viendo en la Cena del Señor, de algo que no merecemos, de algo que realmente es un regalo para nosotros, entonces esta parte de la Biblia es para nosotros, hermanos. Pablo se reconoce a sí mismo como un pecador, y reconoce que su situación era la misma que la de cualquiera: perdido, enemigo de Dios. Así que, si nosotros estábamos en esa circunstancia, pero hemos venido a ser ahora amigos de Dios, y hemos venido a ser beneficiados por la misericordia de Dios, y realmente la necesitábamos, entonces esto nos incluye como hermanos: estamos engendrados por la misericordia de Dios.
Si alguno: la lucha del creyente
"Hermanos, si alguno": es la siguiente palabra dentro de esta frase, y está ubicando al grupo de los cristianos, de los creyentes. No está hablando de gente que no conoce, sino está hablando de gente que es parte de la iglesia. Y como parte de la iglesia, "si alguno"... Hay varias doctrinas que enseñan que los cristianos han llegado a la iglesia a través de la misericordia, y que llega un bautismo del Espíritu Santo especial, y que les dota de una perfección en tal grado que ya no vuelven a pecar. Si alguno de ustedes llega a escuchar este tipo de enseñanzas, huyan de ahí, salgan corriendo; no es cristiano esto.
El hecho de que se nos enseñe que vivimos todavía compartiendo nuestro corazón, nuestros deseos: ciertamente mirando hacia Dios y anhelando a Dios, pero también en una lucha constante con nuestra carne. Y pues esto no es compatible con lo que dice Romanos, ¿verdad?, el que nosotros fuéramos perfectos ya. No somos perfectos. ¿Quién de aquí se considera perfecto? ¿Quién de aquí considera haber alcanzado ya el nivel de no poder pecar más? ¿Quién no tiene que estar andando con cuidado, como estar andando en una cuerda, sin dar paso a izquierda o a derecha, sino en el centro, bien ubicado, viendo hacia el Señor?
Por otro lado, aquellos que tampoco han sido transformados ni regenerados en su corazón se van hasta el otro extremo, que es el libertinaje, y dicen: "Bueno, ya estamos perdonados; es por gracia. ¿Qué tan pecadores podemos ser para que Dios no nos perdone? Pues entonces podemos abrazar los pecados y disfrutarlos". Lo que realmente estos hombres hacen, y estas mujeres hacen, es que les gusta disfrutar del pecado, anhelan el pecado, se deleitan en el pecado, pero no les gusta la consecuencia del pecado. Entonces dice: "Bueno, no me voy a someter a la voluntad de Dios; me voy a someter solamente a la salvación de Dios, pero no al señorío". Y se crea un libertinaje. Ese es el otro extremo.
Ahorita nada más nos vamos a quedar con la parte de la lucha. Hay una lucha en nosotros que cada uno de nosotros compartimos y que debemos de reconocer. Romanos 7, en el versículo 22 y 23, Pablo dice: "Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros". Después de ahí hace el grito que es famoso: "¡Miserable de mí! ¿Quién podrá librarme de este cuerpo de muerte?". "Miserable de mí", y no dice "miserable de mí" porque no puedo vivir en victoria, sino porque no puedo tener el nivel de perfección que debiera estar para estar en la presencia de Dios. Se mide en esa medida: de ver a Jesús, y verse él tan defectuoso. No es que sea una persona que vive en una pérdida, en una constante..., en un constante fracaso ante el pecado, sino que es una persona que no ha alcanzado la perfección.
Si alguno fuere sorprendido
Si alguno... si alguno de los cristianos, si alguno de los que son miembros de la iglesia, "fuere sorprendido en alguna falta"... Aquí tenemos mucho que aprender. ¿Cuántos de ustedes han visto letreros de advertencia en la calle? Y son letreros que están compuestos en una figura gramatical muy parecida a esta: "Si alguno de ustedes es sorprendido tirando basura, se le pondrá a barrer". ¿Han escuchado muchos estos letreros, seguramente? "Si alguno de ustedes es sorprendido pintando la pared, será remitido a las autoridades". ¿Cuántos letreros de este tipo hemos leído, y hay en nuestra sociedad, en los lugares públicos? "Si alguno de ustedes es sorprendido dándole de comer a los animales" (esto es en un zoológico), "pues se hará acreedor a una multa", una sanción. Es común este tipo de letreros.
Es curioso que Pablo, hablando en medio de legalismo, donde hay una serie de advertencias que nos hablan acerca de si hacemos algo va a venir un castigo, entonces él diga: "Si alguno de ustedes es sorprendido". Pareciera que él está jugando con esta idea: "Si alguno de ustedes es sorprendido". Pero no dice que hay un castigo, sino que nos da una idea para poner un letrero en cada una de las iglesias, y que diga, y que cada uno lo lea: "Si alguno de ustedes es sorprendido pecando, no será castigado, sino será restaurado". Ese debiera ser el letrero constante en cada una de las iglesias.
Y se convierte en una garantía de vida para nosotros, porque ¿quién de nosotros está libre de no cometer un pecado? ¿Quién está libre de caer en el pecado? Ninguno. Desde los más espirituales, que ya llevan muchos años, hasta aquellos que comienzan con el bautismo; aquellos que tienen mucha experiencia en la vida cristiana aún siguen teniendo luchas.
No somos agentes especiales
Y el aspecto de que se ha sorprendido al hermano no quiere decir que aquí cada uno de nosotros estemos graduados como un investigador privado, a ver destapando a los hermanos, a ver en qué momento encontramos a alguno en pecado. No es ese nuestro papel, hermanos. No estamos hechos para eso. No estamos hechos para estar quitando cortinas y estar sorprendiendo; estamos hechos para restaurar, y esa tarea es más difícil. No estamos hechos para ser agente 007, ¿verdad?, o 0021, 00; un doble cero que, cuando encuentra a alguien pecando, inmediatamente tiene toda la autoridad para sacar la pistola y decirle: "¡Maldito, muere!".
Pero en muchas ocasiones parece que esa es nuestra tarea. Parece que estamos buscando a ver quién tiene un pecado más grande y un pecado más espectacular que el mío, para entonces quitarme un poco de mi culpa y de mi carga de conciencia, porque puedo sentirme más tranquilo de que hay alguien peor que yo: "Y que además se decía ser..., y además predica, y además enseña, y además decía que oraba". Pero no estamos para eso, hermanos. No somos una agencia de agentes especiales. Si esa ha sido nuestra actitud, entonces compongámoslo; llevémoslo a un verdadero objetivo espiritual.
Sorprendido por el pecado
El aspecto de que en ocasiones se ha sorprendido a alguien es que Dios, en su misericordia, permite que esa persona sea despojada de su intimidad para que se dé cuenta de qué tan horrible, qué tan bajo, qué tan vil es su pecado, y entonces se arrepienta y se aleje de él. Es un acto de misericordia de Dios el que muchas veces alguien sea exhibido en su maldad, pero no es para nuestro deleite, hermanos. Entonces, si nosotros estuviéramos actuando de la forma de estar acechando a ver qué hermano peca, estaríamos actuando exactamente contra lo que Pablo está luchando, que es el legalismo.
Recordemos cómo actuaban contra el Señor Jesucristo, que Él era perfecto, y así actuaban los legalistas. Marcos 3:2 nos declara: "Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría"; "le acechaban a fin de poder acusarle". Son como esas bestias de caza, como un león acechando a su presa sin que lo vea, sigiloso, escondido, hasta que lo sorprende. Pero no es esa la sorpresa que nosotros debemos de dar. Esto está más dirigido hacia que el pecado ha sorprendido al hermano. No estaba vigilante él, y el pecado lo sorprendió, y además lo exhibió.
Cuánta misericordia tenemos que tener de él, porque podríamos ser nosotros, y no él, el que está siendo exhibido. Porque tenemos que reconocer que seguimos teniendo luchas, y algunos tienen luchas que pudieran parecer más sutiles, porque no es tan espectacular, ¿verdad? Es más rimbombante escuchar: "¡Ay, mira! Se robó algo y lo agarraron y lo metieron a la cárcel. Qué vergüenza para el pueblo cristiano. Pero yo ya lo había visto, y además le fui a decir a otros hermanos para que oren". Es importante: su chisme parece algo sutil, ¿verdad? "Bueno, yo fui medio chismoso, pero terminé orando por él". Y vemos esos pecados tan llenos de focos, y nos sentimos más tranquilos de nuestra conciencia, cuando no debiera de ser así, sino todo lo contrario, hermanos. Hay una tarea que se vuelve un ejercicio constante, de estar desarrollando constantemente este carácter de amor hacia los hermanos, de sobrellevar las cargas. Lo acaba de decir unos versículos antes: de andar en el Espíritu, pero no para que nosotros seamos árboles llenos de frutos, sino para que todos los que estén a nuestro alrededor disfruten de ese fruto, para que lo coman, para que se deleiten en lo que Dios ha hecho en nosotros. No estamos para acechar a los hermanos ni para estarlos sorprendiendo.
Vosotros que sois espirituales
Pero si en alguna situación, por algún motivo, Dios permitiera en su misericordia que alguno fuera sorprendido: "vosotros que sois espirituales". ¿Y a quién se está dirigiendo con "vosotros que sois espirituales"? ¿A los líderes, a los ancianos, a los pastores exclusivamente? ¿Esos son los "vosotros" a los que se está dirigiendo? ¿A los que son graduados de algún instituto? ¿Ellos son los espirituales? Déjenme decirles que esta no es una cuestión de élite; no es una cuestión de estar en la... No. Si en algún momento tú consideras que no eres espiritual, entonces déjame decirte que no eres cristiano; así de sencillo.
Romanos 8:9 nos dice... 8:9, Romanos 8:9: "No vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él". Así de sencillo: o encajas en esta descripción de la responsabilidad que hay aquí, o la dejas de lado, pero también dejas de lado tu cristianismo. "Vosotros que sois espirituales": cada uno de los miembros de la iglesia deben de ser espirituales. ¿Por qué? Porque han sido engendrados por el Espíritu. Y si por alguna razón no tienen el Espíritu de Cristo, entonces están en un grave problema, y deben de renacer y ser espirituales. Entonces sí, llevar esta carga, llevar esta responsabilidad, y ponerse su camiseta: "Si sorprendo a alguien pecando, lo restauraré".
Restauradle
Pero esa es una tarea demasiado difícil. Restaurar a alguien que ha pecado realmente es una tarea que no podemos hacer en nuestras propias fuerzas, en nuestros propios medios, en nuestro conocimiento. Y muchos tratan de traer la psicología, de traer ciencias humanas a la iglesia, y decir: "Es que así se debe de hacer una restauración, de esta forma". Pero la verdad es que solamente el Espíritu Santo nos ha de guiar a poder restaurar a un hermano. Es una responsabilidad demasiado grande para nosotros. Pero por eso es que se requiere ser espiritual, porque no la has de hacer tú, sino la ha de hacer Jesús a través de ti.
Así que tu responsabilidad es restaurarlo. Y ten por seguro, hermano, que si en algún momento vives una vergüenza de ser exhibido en tu pecado, habrá hermanos que te restauren. Y eso es una garantía para nosotros. Déjate restaurar, déjate amar, porque ese es el crecimiento del cuerpo: estarnos restaurando unos a otros constantemente, para que todos lleguemos a estar a la estatura de Cristo. No queremos héroes; queremos restauradores. No queremos estrellas que brillen; queremos restauradores en la iglesia. Nos ha de ayudar esto; nos ha de garantizar nuestro gozo.
Así que, hermanos, es una predicación cortita, porque sé que había un evento muy importante, y lo hice más cortito. Hay una responsabilidad clara para cada uno de nosotros como creyentes, según el pasaje que estamos leyendo. No es opcional. No nos está diciendo: "Si quieres, restáuralo"; nos está diciendo: "Restauren".
Remendar las redes
Y esto es muy parecido a lo que pasó una vez que Jesús estaba regresando del mar, y que estaba llamando a sus discípulos, y que estaban los discípulos remendando las redes, porque las habían estado usando durante toda la noche. Y les dice: "Síganme", y dejaron las redes y se fueron. Si ves a tu hermano que está roto, remiéndalo. Remendar es el mismo verbo: ese verbo que está usando Pablo aquí, de restaurarlo, y ese de remendar, es el mismo. Si lo ves que está descompuesto, compón, porque no está sirviendo para la gloria de Dios. Pero si tú lo restauras, entonces estará dando gloria a Dios nuevamente.
Es lo que vino a hacer Jesús, ¿no? Estaba restaurando gente físicamente, emocionalmente, pero principalmente espiritualmente. ¿Cómo los hemos de restaurar? Traigamos al Maestro, traigamos delante de Jesús, enseñémosle la hermosura de Jesús, y entonces, simplemente por ver a Jesús, será restaurado. Es nuestra responsabilidad. No la evadamos, no la evitemos, no la descuidemos, no la dejemos olvidada. Si haces esto, te garantizas también que otro hermano actúe de la misma forma contigo, porque estás enseñando cómo actuar.
¿Soy acaso guarda de mi hermano?
No hacerlo sería actuar en un espíritu satánico, idéntico al del primer asesino en la humanidad, Caín, que cuando Dios le preguntó: "¿Dónde está tu hermano?", ¿qué dijo? "Él está pecando; yo ya le dije, pero no quiere dejar". ¿Eso fue lo que dijo? Ni siquiera Abel estaba pecando; estaba en una mejor situación que Caín. Pero nos pondríamos en una situación semejante a la de él: "¿Soy acaso guarda de mi hermano?". ¿Esa es la que vamos a preguntar? ¿Es lo que le vamos a decir a Dios como respuesta a otra pregunta: "¿Soy acaso responsable de estarlo restaurando?". La respuesta es sí. Así que pongamos nuestra camiseta, con el anuncio claro que diga: "Si sorprendo a alguien pecando, lo voy a restaurar". Que el Señor les bendiga.
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