Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

2 Corintios 5:18-212 CorintiosNathan Diaz

El evangelio es reconciliación

Transcripción

Repaso: una nueva creación

Voy a asumir que esta es mi agua, que tomé antes. ¿Sí? No está… a ver… ahí está. Vimos el domingo pasado esta sección del capítulo 5 de 2 Corintios, versículos 11 al 17, y veíamos que el enfoque que Pablo quiere darnos acerca del evangelio es que afecta nuestra manera de ver el mundo, afecta nuestras relaciones, afecta la manera en que vemos todas las cosas, todas las áreas de nuestras vidas. Y en el versículo 17 dice: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; ahora han sido hechas nuevas".

Y una de las cosas que veíamos el domingo pasado es que no es que el evangelio… no es que la vida cristiana es simplemente agregar cosas a tu vida. No es simplemente que soy arquitecto, ingeniero y papá, y también soy cristiano: le agrego eso como una categoría más. Sino que el cristianismo es una nueva manera de ver todas las áreas de mi vida; es una manera en la cual ahora percibo y pienso en todas las realidades que me rodean de una nueva manera. No es nada más dejar atrás malos hábitos; no es nada más decir: "Ya dejé de hacer ciertas cosas que antes hacía". Es ver hacia delante con un nuevo sentido de propósito: ahora existo para Dios.

Mi vida es para Dios, y para Su honra, y para Su gloria. De eso se trata mi vida ahora, y todo lo que yo haga está conectado a esa realidad: ¿cómo estoy honrando a Dios? Es lo que vimos el domingo pasado. Y este versículo 17 quiero que lo piensen y mediten todos los días: acerca de la profundidad que significa ser una nueva creación. ¿Qué significa ser una nueva creación en Cristo? ¿Qué implicaciones tienen todas las decisiones que estoy tomando, en todas las cosas que hago de momento a momento?

Entonces, veíamos que muchas veces las áreas en las cuales nos hemos estancado, las áreas en las cuales luchamos, tienen que ver con una falta de meditación, con una falta de contemplación acerca de nuestra nueva identidad, quiénes somos. No pensamos en eso, y no vivimos en esa realidad como deberíamos muchas veces. Y ahora vamos a terminar el capítulo 5 viendo estos últimos cuatro versículos, que son el 18, 19, 20 y 21.

Lectura: 2 Corintios 5:18-21

"Y todo esto —dice Pablo—, todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió con Él mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios! Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él".

Señor, ayúdanos a entender cuál es este mensaje de reconciliación, la profundidad de lo que este pasaje nos está mostrando acerca de Ti, Tu plan, y el mensaje que nosotros estamos comunicando al mundo. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

El evangelio es reconciliación

El evangelio es reconciliación. Ustedes pueden ver ahí, en este pasaje, cinco veces la palabra, o un uso de esta palabra: reconciliar, reconciliación, reconcilien. Y ese es el énfasis que Pablo quiere hacer en cuanto a de qué se trata todo: de qué se trata su mensaje, de qué se trata la iglesia, de qué se trata lo que predicamos. Esa es la manera que, Pablo dice, podemos resumir la fe cristiana: la fe cristiana es reconciliación. Eso es lo que estamos viviendo; eso es lo que estamos predicando. Así que quiero pensar con ustedes acerca de varias cosas que se desarrollan en estos versículos.

La necesidad de reconciliación

La primera es muy obvia: es la necesidad de reconciliación. Si el mensaje es reconciliación, si nuestra convicción es que eso está en el corazón del evangelio, entonces la implicación es que la reconciliación es necesaria. Y eso está en el versículo 19. Pablo explica aquí que hay una necesidad de reconciliación, porque dice: "Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo". Entonces, ahí está la reconciliación. Pero ¿por qué era necesaria? Bueno, por lo que continúa. Dice: "no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones". Sus transgresiones.

Entonces, esa es la palabra clave aquí: la necesidad de reconciliación viene de una transgresión, y esa transgresión la podemos resumir como rebeldía contra Dios. Esto es lo que hemos hecho, y eso es como comienza la Biblia. Esa es la narrativa de la historia de redención en la Biblia. Si ustedes abren sus Biblias en Génesis, en Génesis capítulo 3, van a encontrar una historia de una transgresión. Adán y Eva, en el huerto, en una comunión perfecta con Dios, en un estado de perfección, consideran la posibilidad de transgredir lo que Dios les ha dicho que no hagan.

Y piensan… y la serpiente tiene una conversación con Eva. Y en esta conversación, el objetivo y el sentido de la serpiente es cuestionar todo lo que Dios ha dicho y decirle a Eva: "En realidad no va a pasar nada. Nada malo va a pasar si tú desobedeces la ley de Dios. Tú puedes hacer algo que en realidad conviene hacer, que va a ser bueno para ti". Y no nada más peca Eva, sino que también Adán peca, y ambos transgreden Su ley. Ambos pierden la inocencia que tenían; empiezan a sentir este sentir de culpabilidad. Se dan cuenta de que están desnudos, y este estar desnudos representa este sentido de estar expuestos delante de Dios en su culpabilidad.

Y por eso quieren cubrirse, porque saben que son culpables. Y Dios, dice, se anda paseando, pero este pasear los llena de temor, porque saben que el día del Señor ha venido; el día del juicio del Señor ha venido sobre de ellos, porque han transgredido Su ley. Y entonces se esconden. Pero Dios los confronta y les dice: "Ustedes han transgredido mi ley, han quebrantado mis mandamientos". Y desde entonces, al ser expulsados del huerto del Edén, y al tener hijos, y al empezar a ver estas generaciones a lo largo de toda la Biblia, cada una de las generaciones y cada una de las personas que nacen, nacen ya con esta inclinación hacia transgredir la ley de Dios.

Ya es natural para ellos, todos, todos los hombres. Cada vez que alguien nace y empieza a crecer, empieza a pensar en sí mismo primero y en lo que le conviene a él mismo: "Mío, mío, mío". "Comparte". "No; yo quiero lo que yo quiero, y lo que mi corazón dicte, eso haré". Esa es la naturaleza de todo ser humano. Por eso dice el salmista, en el Salmo 51:5: "Yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre". Esa es verdad para todos nosotros: todos hemos transgredido la ley de Dios.

Confrontados con nuestra transgresión

Y podemos pensar: "Esto es muy simple, esto es muy fácil". Ser confrontados con esto… no nos gusta ser confrontados con esto. Como estudiamos cuando veíamos Juan, Juan 1: a las tinieblas no les gusta que venga la luz y exponga la maldad que hay ahí. Preferimos estar en tinieblas; preferimos no ser confrontados con nuestra maldad. Y a lo mejor algunos de ustedes están pensando: "Pues, a ver, confróntese". Eso ya debe de decirte algo: "Vengo a la iglesia…".

Bueno, estos mandamientos que quebrantamos, todos ustedes los conocen. Ustedes saben cuáles son: los diez mandamientos ejemplifican la ley moral de Dios. Nos pone una pequeña lista de diez; y, por supuesto, digo, es una pequeña lista que ejemplifica y resume la ley moral de Dios, porque cada uno de esos mandamientos tiene varias ramificaciones hacia varias áreas de la vida, que son maneras en que quebrantamos esos mandamientos. Pero todos sabemos que los hemos quebrantado. Todos sabemos que hemos mentido; todos sabemos que hemos robado en algún momento; todos sabemos que hemos tenido pensamientos de lujuria. Porque, al final del día, Jesús dijo: el problema es el corazón; no lo que haces, sino lo que hay en tu corazón. "Y cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón".

Entonces, tú has quebrantado la ley de Dios, y no lo puedes negar. Estás siendo confrontado con eso. ¿Y qué tanto de la ley de Dios tienes que quebrantar para ser culpable delante de Dios? Así como: ¿qué tanto de las leyes de nuestro país tienes que quebrantar para ser culpable delante de un juez? "Ay, juez, bueno, sí, quebranté esa ley, pero mira todas las leyes que no he quebrantado". Entonces entendemos, entendemos que por naturaleza esto es lo que todos hemos hecho. Y esto nos pone en una situación muy complicada en cuanto a nuestra relación con Dios, porque Dios es santo, y no puede tener comunión con Su creación y con Sus criaturas si Sus criaturas han transgredido Su ley.

Él es un Dios santo, perfectamente santo y perfectamente justo. Así que, ¿qué tiene que hacer un Dios perfectamente justo delante de la transgresión de Su propia ley moral? Esa es la pregunta. Nos ve a nosotros, ve nuestra culpabilidad. Y miren: nuestra culpabilidad realmente se extiende en dos direcciones. Porque, si yo soy honesto con ustedes, pasan días en que yo podría pensar: "Bueno, es que… ¿qué he hecho mal hoy? No, a lo mejor no he hecho nada malo". Y mi conciencia se tranquiliza, y pienso: "No debería de sentirme culpable, porque, pues, he estado viviendo mi vida bien tranquilo, sin molestar a nadie, sin hacerle mal a nadie".

Pecados de comisión y de omisión

Pero hay otra dimensión de nuestro quebrantamiento de la ley. No son nada más los mandamientos de Dios que quebrantamos, sino también los mandamientos de Dios que no hacemos, empezando por el primero: "No tendrás dioses ajenos delante de mí". Lo cual implica: ¿cómo estás viviendo tu vida? ¿Con qué tipo de enfoque? ¿Con qué tipo de pasión? ¿Por qué cosas? Y entonces, de repente, tenemos estos pecados de comisión y pecados por omisión. Y nos damos cuenta de que, si me pongo a pensar en todas las cosas que Dios ha dicho "no hagas"… bueno, sí, lo he quebrantado; a lo mejor no hoy, no en este momento.

Pero luego me pongo a pensar en las cosas que Dios dice: "Esto quiero que hagas: que me ames con todo tu corazón, mente, alma, todas tus fuerzas". Y de repente, otra vez, soy confrontado con otro ángulo de mi culpabilidad, que es: no hago lo que se supone que debo de hacer. Estoy viviendo, en realidad, para mí; estoy pensando en mí; estoy enfocado en mi bienestar, en mi salud, en mi dinero, en mis cosas, en mis relaciones, sin pensar en Dios, sin pensar en cómo se conecta todo eso a Dios. Y entonces me hago culpable no nada más de las cosas que hago que no debo hacer, sino de las cosas que no hago que debería de hacer.

Bajo la ira de Dios

Romanos 1: Pablo dice que suprimieron la verdad, no le dieron gracias a Dios, no lo reconocieron ni le dieron gracias; suprimieron la verdad, intercambiaron al Creador por lo creado. Eso hace que la ira de Dios esté sobre nosotros. Eso es lo que está diciendo la Biblia. Dice: Dios está airado con Su creación. Dios, justamente, tiene un problema con nosotros; se ha roto la comunión. No es por naturaleza que estamos unidos y en comunión con Dios; al contrario, estamos separados de Dios por naturaleza, en nuestro pecado, en nuestra transgresión. Por eso es necesaria la reconciliación.

Dios está en contra de nosotros; Dios es nuestro enemigo. Eso es lo que dice la Biblia, y vamos a leer eso en un momento, en Romanos. Entonces, la reconciliación no significa que necesitamos ser salvados de nosotros mismos, o del infierno. En realidad, ese no es el punto final acerca de la reconciliación. El punto de la reconciliación es: tenemos que ser salvados de la ira de Dios. Porque un solo pecado de nosotros merece que Él derrame toda Su ira sobre ti. ¿Un solo pecado? ¿Es justo? Bueno, si Dios es infinitamente valioso, si Dios es infinitamente glorioso, entonces cualquier transgresión en contra de Él es infinitamente grave.

Pero Dios

Pero Dios… ¿No les encanta cuando leen esas palabras en la Biblia, "pero Dios"? Lo cual significa que Dios no solamente tiene ira, no solamente tiene juicio, sino que retarda Su ira y retarda Su juicio para poder mostrar misericordia, amor, gracia y compasión. Y Dios ha puesto un medio para ser reconciliados: Su Hijo, Jesucristo. Él se pone en medio de la ira y de la transgresión, y aquí está, para que funcione como un medio de paz, de perdón, de misericordia entre Dios y nosotros. No es Dios contra Dios; es Dios honrando a Dios, cuando Su amor hace provisión para satisfacer las demandas de Su ira. Dios es glorificado en esa dinámica que nos está mostrando en el evangelio.

No es nada más Dios diciendo: "Bueno, me han transgredido; entonces voy a ignorar que me ofendieron, voy a barrer eso debajo de la mesa y debajo de la alfombra, para que parezca que no pasó nada". Es Dios actuando para que la justicia sea hecha de una manera perfecta, y también podamos ser justificados y perdonados delante de Él. Es lo que llamamos sustitución penal: Jesús pagando el precio y el castigo que nosotros merecíamos.

El medio de reconciliación

Lo cual me lleva al segundo punto, que es el medio de reconciliación. El versículo 18 dice —noten estas palabras con cuidado—: "Y todo…". Todo, que en el griego original significa todo. "Todo esto procede de…" ¿quién? "De Dios". Reconciliación… Ahora, escuchen esto bien: reconciliación no es algo que hacemos; es algo que Dios ya ha hecho. Eso es reconciliación: "todo esto procede de Dios". Tú no estás buscando reconciliación con Dios; Dios está buscando a ti para ser reconciliado con Él. Dios no está perdido y necesita encontrar Su camino hacia nosotros. Nosotros estamos perdidos y necesitamos encontrar nuestro camino hacia Él.

El mensaje de la Biblia no es acerca de lo que nosotros tenemos que hacer para estar bien con Dios. El mensaje de la Biblia es lo que Dios ya ha hecho para que podamos estar bien con Él. Ese es el mensaje. Quita de sobre de encima de nosotros un peso enorme, que es: ¿qué tanto tengo que hacer, qué tanto tengo que lograr para que Dios esté contento conmigo? ¿Cuántas veces le tengo que pedir perdón, y cuántas obras tengo que hacer? ¿Tengo que irme a la Basílica todos los años de rodillas? ¿Es eso lo que Dios me está pidiendo hacer, para que diga: "Bueno, creo que sí, eso ya puede ser suficiente"?

¿Cuántas veces tengo que usar un látigo para golpearme en la espalda y decir: "Sí, mira, Señor, estoy arrepentido, y quiero sentir dolor por mi pecado"? ¿Cuánto de eso tengo que hacer? ¿Cuántas buenas obras, cuántas cosas por otras personas tengo que lograr para que Dios esté contento conmigo? El evangelio, dice James Denney, "el evangelio no son buenos consejos, sino buenas noticias". Hay una diferencia entre esas dos cosas, ¿no es cierto? Les puedo dar un consejo, y ese consejo siempre va a ser: "Haz esto". Pero eso no es el evangelio. El evangelio es: "Dios hizo".

Y vean el versículo 20, por cierto, que no lo leemos, creo, correctamente. Pero este mensaje dice: "En el nombre de Cristo les rogamos: reconcíliense con Dios". Está en el pasivo, eso: "Sean reconciliados por Dios", es lo que les está diciendo. Ese es nuestro mensaje: sean reconciliados por Dios. No es: "Trabajen para su reconciliación"; es: "Dejen que Dios los reconcilie consigo mismo".

La iniciativa de Dios

La iniciativa de Dios la vemos en pasajes como Romanos 5:8: "Pero Dios demuestra Su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros". "Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo por nuestra paz cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados". El Salmo 103, versículo 10, dice: "No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades". ¿Saben por qué no? Si ustedes leen ese salmo pensando en el cumplimiento que vemos en el Nuevo Testamento: "no nos ha tratado según nuestros pecados" es una realidad porque Dios trató con Jesús según nuestros pecados.

Jesús hizo toda la obra en Su justicia, al vivir una vida perfecta, a través de la cual Él podía justamente representarnos a nosotros delante de Dios y cargar con nuestra culpabilidad.

Al que no conoció pecado

Y entonces tenemos en el versículo 21 un resumen increíble acerca de esta verdad: de la propiciación, de la sustitución de Cristo en nuestro lugar, de la manera en que Él carga por nosotros con el castigo y la ira de Dios, y de esa manera trae paz entre nosotros y Dios. Dice: "Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros". Vamos a ver esta frase: "al que no conoció pecado". Esto es una parte importante, porque entonces la implicación, la implicación de la reconciliación, es que, para que hubiera reconciliación, el Salvador, el mediador de esa reconciliación, tenía que ser sin pecado.

Tenemos esta descripción en muchos otros lugares; en el Nuevo Testamento varias veces se menciona esta idea de que Jesús no tenía pecado. Por ejemplo, 1 Pedro 2:22: "El cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en Su boca". Hebreos 4:15: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado". O Hebreos 7:26: "Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores, exaltado más allá de los cielos". 1 Juan 3:5: "Ustedes saben que Cristo se manifestó a fin de quitar los pecados, y en Él no hay pecado".

Entonces tenemos esto, y en muchos otros pasajes. Jonatán leía Filipenses 2 después de la Cena del Señor, y contiene estos elementos acerca de cómo cumplió la justicia de Dios perfectamente: "fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz". Entonces entendemos que Su justicia, la justicia de Jesús, fue perfecta. Él no pecó.

¿Podía Jesús pecar?

Bueno, algo interesante —lo voy a mencionar brevemente, pero a mí me parece fascinante—: al pensar en la encarnación y pensar en Jesús como un hombre, pensamos en por qué no pecó. ¿Qué fue lo que hizo que Él no pecara? Porque en la teología, y a veces en los debates que surgen en torno a la salvación y a la naturaleza de Cristo, se han dado varias explicaciones con respecto a por qué, por qué Jesús no pecó. Y hasta tienen sus frases en latín, que, si ustedes escuchan a R. C. Sproul, van a escuchar cuáles son estas frases. Y, pues, nada más te hace sonar más inteligente, ¿no?, si las usas.

Entonces: non posse non peccare; es decir, sin poder no pecar. Sin poder no pecar, lo cual es cierto de nosotros; ya describí esa condición. Nosotros pecamos por naturaleza; no podemos evitar eso, es lo que vamos a hacer todos. "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios", Romanos 3:23. Todos nos hemos descarriado; todos hemos pecado. Esa es nuestra condición. La segunda es posse peccare; es decir, con la habilidad para pecar. Y posse non peccare: habilidad para no pecar. Entonces tenemos el estado original del hombre, Adán y Eva, en estas dos condiciones: con la posibilidad de pecar, con la posibilidad de no pecar. Y luego, por último, tenemos la cuarta: non posse peccare, que es "no puede pecar"; es imposible que peque.

Ahora, ¿cuál de estos es verdad acerca de Jesús? Sabemos que no es la primera, porque Él no pecó. Entonces, evidentemente, eso sí es verdad sobre nosotros: nosotros no podemos evitar no pecar. Pero Jesús, al haber sido concebido por el Espíritu Santo, sin heredar la naturaleza y la corrupción de Adán en cuanto a una inclinación hacia el pecado, puede vivir una vida perfecta. Pero la pregunta es, entonces, por ejemplo: Jesús fue tentado en el desierto por Satanás; ¿podría haber Jesús pecado? Esa es la doctrina… es una doctrina que se llama la pecabilidad de Jesús, en contraste con la impecabilidad de Jesús; es decir, ¿podía pecar o no podía pecar?

Para algunos teólogos, dicen: "No, sí, sí tenía que poder pecar, porque eso es lo que lo hace humano". Ser humano es tener esta capacidad para pecar; es lo que determina que somos humanos, esa es nuestra naturaleza. Como decimos siempre para justificarnos: "Bueno, nadie es perfecto". Entonces, "nadie es perfecto", pues pensamos: eso es así, así es ser humano; nadie somos perfectos, todos vamos a fallar en algo. El problema con eso es que en la eternidad vamos a seguir siendo humanos, y no vamos a poder pecar. Los hijos de Dios, en un estado glorificado, vamos a vivir por toda la eternidad sin la posibilidad de pecar ya. Y no dejamos nuestra humanidad.

Entonces, creo que ese no es un buen argumento en cuanto a la posibilidad de que Jesús pudiera pecar. O a veces dicen: "Es que la tentación… es que, para que realmente sea una tentación… Si Satanás tentó a Jesús, entonces… bueno, no es tentación si tú no puedes ceder a la tentación". Ese sería el argumento. Entiendo qué es lo que están tratando de decir. Y tenemos que pensar; hay varias cosas aquí. Jesús era verdaderamente hombre y verdaderamente Dios; ambas eran Su naturaleza, está siendo representada en la persona de Cristo tanto la divina como la humana.

Pero sí experimentó ciertas cosas durante Su ministerio en un sentido en el cual no es que dejara a un lado Su naturaleza divina o se vaciara de ella, sino que está escogiendo vivir dentro de los confines y dentro de las limitaciones de lo que es la experiencia humana, como nuestro representante. Entonces sigue siendo Dios, verdaderamente Dios, pero dentro de las limitaciones de lo que significa ser también verdaderamente hombre. Y si no me entendieron, está bien, porque esta es una de las doctrinas más difíciles de entender de toda la Biblia. Entonces estoy haciendo mi mejor esfuerzo porque esto sea lo más claro posible.

Dependiente del Espíritu Santo

Entonces, estaba yo meditando y leyendo cosas, y decía: "¿Cómo explico por qué Jesús no pecó?". Esto creo que es importante pensar en esto. Esto es cristología; esto es pensar acerca de la naturaleza de Cristo como hombre y como Dios. ¿Por qué no pecó? Y creo yo, después de haber estudiado Isaías, y haber meditado en el ministerio de Jesús como un ministerio donde Él se hizo perfecta y absolutamente dependiente de la unción y del poder del Espíritu Santo sobre de Él para poder llevar a cabo Su ministerio… de tal manera que no creo que todas las cosas que Él está haciendo o no haciendo estén necesariamente ligadas a Su naturaleza divina, y a Él tomando de Su naturaleza divina para poder lograr esas cosas.

Sino que, como hombre, se vuelve un ejemplo de perfecta dependencia de Dios, y de alguien perfectamente dirigido y empoderado por el Espíritu Santo para hacer lo que sea necesario hacer como hombre, perfectamente hombre, verdaderamente hombre. Entonces Él es, humanamente, humanamente hablando, dependiente del Espíritu Santo. Y como el primer Adán… Entonces, pongan atención a mis palabras, porque esto es importante; queremos ser teológicamente correctos en lo que estamos diciendo. Como el primer Adán, en Su humanidad, exclusivamente viendo Su lado, sin considerar las demás cosas, porque pensaba: "Jesús no pudo haber pecado, porque era también Dios, y no podía dejar de ser Dios, y Dios no puede pecar". Entonces, esa es mi lógica. Pero si empiezo a pensar en las características de las diferentes naturalezas de Jesús, entonces, como el primer Adán, en esa naturaleza exclusivamente humana, Jesús podría haber pecado. Pero como el segundo Adán, con la misma naturaleza que el primer Adán, humana, escogió no hacerlo, y, guiado por el Espíritu Santo, no lo hizo. Entonces, Sus atributos divinos estaban presentes en toda su plenitud, pero no en un ejercicio consciente, de tal manera que Jesús, de hecho, pensó y actuó, vio el mundo y experimentó el tiempo y el espacio en eventos estrictamente dentro de los confines de una persona normal, de un ser humano normal.

Entonces, no resistió la tentación basado en Su naturaleza divina, creo yo, sino en Su naturaleza humana perfecta y enteramente dependiente en el poder y la provisión del Espíritu Santo, y de esa manera podernos representar perfectamente como hombre. Entonces, fíjense bien: Él se vuelve para nosotros un ejemplo de lo que nosotros podemos hacer en dependencia del Espíritu Santo. Ya no somos esclavos del pecado; sí podemos triunfar sobre el pecado, porque también podemos depender del Espíritu Santo como Jesús dependió del Espíritu Santo para resistir la tentación.

Entonces, vamos a aclarar estos términos, para los que les interesa escuchar esta definición. Jesús sería pecable cuando se trataba de lo metafísico —o sea, esta realidad no física, más allá de lo físico— para el pecado en Su naturaleza humana, y solo en Su naturaleza humana. Pero impecable cuando pensamos en que era imposible para el Espíritu fallar en darle a Jesús el poder y la energía para depender completamente en lo que el Espíritu Santo le estaba dando. Y Él, entonces, es nuestro supremo ejemplo de lo que es posible en la vida humana por Su completa y total dependencia en el Espíritu de Dios. Es la armonía, el poder, la dependencia; no independencia.

Esa es la rebeldía contra Dios, ¿verdad?: es nuestra independencia; ya lo vimos. Pero Jesús vivió en perfecta dependencia del Padre, del Espíritu, y el Espíritu era la presencia y el poder de Dios en Jesús de una manera plena. Bueno, ahí está mi mejor esfuerzo por tratar de explicar esto. No lo entiendo bien, pero es importante para nosotros pensar en estas cosas. Es: "Señor, ¿por qué no pecaste? ¿Por qué no pecaste? Bueno, porque viviste una vida de perfecta dependencia del Padre, y en perfecta comunión con el Padre, y en perfecta dependencia del poder del Espíritu".

Así que: "Señor, ayúdame a vivir más así". Yo no tengo naturaleza divina, pero sí tengo naturaleza humana. Así que espero que en mi naturaleza humana Dios me perfeccione de la misma manera, y que así se vea mi santificación constantemente, para poder resistir al pecado.

Lo hizo pecado por nosotros

La otra cosa que menciona el texto es: "lo hizo pecado por nosotros". Lo hizo pecado por nosotros. Ahora, esto también tenemos que entender a qué se refiere, esta frase, porque esta es una frase complicada. No entendemos bien, a lo mejor, de qué está hablando Pablo aquí. Pero creo que lo que él está diciendo no es que Jesús se convirtió en pecador, sino que Él tomó nuestro pecado y se identificó con nuestro pecado a tal grado que Pablo puede decir "pecado por nosotros". Esta idea de ofrenda por el pecado —y creo que eso es parte de lo que está sucediendo—: en todo el Antiguo Testamento teníamos ofrendas por el pecado. Él era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Entonces, en ese sentido, Él es la ofrenda por el pecado.

Pero parece que Pablo… Esto es lo que dice Murray, el doctor Murray Harris; dice: "Parece que Pablo quiere decir más que ofrenda por el pecado y menos que pecador. Tan completa fue la identificación de un Cristo sin pecado con el pecado del pecador, incluyendo su extrema culpabilidad y terribles consecuencias de separación de Dios, que Pablo podía decir con gran profundidad: 'Dios lo hizo pecado por nosotros'". Y esto es, creo, parte de lo que Pablo explica en Gálatas 3:13: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: 'Maldito todo el que cuelga de un madero'".

Entonces, regresamos a nosotros. Tenemos a Cristo aquí siendo expuesto en el versículo 21, perfectamente, por Pablo, como el medio de reconciliación. Es lo que está diciendo Pablo: Jesús es el medio de reconciliación. ¿Por qué? Porque no conoció pecado y porque se hizo pecado por nosotros. Entonces podía justamente ser nuestro representante. Por eso era importante que fuera un hombre, porque solo un hombre, un ser humano, de naturaleza humana, podía representar a la humanidad. Yo solo puedo ser representado por alguien que es como yo.

La ira concentrada en la cruz

Y en ese sentido es que Jesús muere en la cruz, y en ese momento absorbe y carga con la ira de Dios, cayendo sobre Él todo el pecado. Y estaba tratando de imaginarme esta escena: un tsunami. Ustedes han visto estas escenas de los tsunamis: hay un terremoto, y empieza a moverse una ola, y está la gente aquí en la playa, y ven que viene la ola. Y hay un sentido en el cual dices: "Esa ola los va a aplastar, y van a morir". Es demasiado grande el peso. Y ahí está Jesús en la cruz, recibiendo ola sobre ola sobre ola de nuestra transgresión.

Me acuerdo de niño —no piensen mal de mí—, pero me gustaba torturar a las hormigas con una lupa. Y ahí van caminando, y buscabas cómo hacer que el sol pasara por la lupa, y te dabas cuenta de qué es lo que está pasando en ese momento: cómo es que puedes quemar a una hormiga. Bueno, vamos a ser más humanitarios: una hoja, ¿verdad?, una hojita ahí seca. Y entonces quieres que agarre fuego. Y entonces ves cómo está este sol, que normalmente ahí está, es calor; pero cuando tú concentras todo ese sol y todo ese calor en un solo punto, es una concentración que mataría a cualquier ser vivo.

Y me imagino esta escena en la cruz, cuando Jesús está cargando con nuestra culpabilidad: toda la ira de Dios, como un embudo, siendo enfocada de una manera concentrada sobre de Él. Cada mentira, cada robo, cada pensamiento de lujuria, cada sentimiento de odio y de amargura dentro de nosotros, cada sentimiento de orgullo, cayendo sobre Jesús en un solo momento de la historia. Y Él dice: "Padre, ¿por qué me has abandonado?". Y después: "Consumado es". Y expiró.

El glorioso intercambio

Doble imputación: nuestro castigo, nuestra maldad, cayendo sobre de Él. Y como dice este versículo, ¿cómo termina?: "para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él". Nuestro castigo, nuestra culpabilidad, cayendo sobre de Él, y Su justicia siendo aplicada sobre nosotros. Eso es lo que Calvino llamaba un glorioso intercambio. Eso es lo que pasa cuando pones tu fe en Jesús y dices: "Señor, yo quiero eso para mí. Yo quiero que Tú apliques esa realidad a mi vida: que mi pecado caiga sobre Cristo, que Él sea el que absorba la deuda, y el castigo, y la ira que yo merecía".

Y no nada más eso, sino que ahora Dios dice: "Ahora Su justicia, Su vida perfecta, te será dada como la herramienta de tu santificación; puedes vivirla ahora". Eso pasa. Esa es la transacción que sucede cuando nosotros venimos delante de Dios en arrepentimiento, viendo lo que Él es y lo que Él hizo, y le pedimos: "Señor, aplícalo a mí. Que esa sea la realidad: cuando yo me presente delante de Ti, en Tu juicio, y Tú me veas, no me veas a mí; veas lo que Jesús fue por mí". Eso es el evangelio, y ese es el mensaje que predicamos.

El ministerio de la reconciliación

Lo cual me lleva al último punto, que es lo que Pablo describe aquí como el ministerio de la reconciliación. Versículo 18: "Nos dio el ministerio de la reconciliación". Y en el versículo 20 lo describe de esta manera; dice: "Por tanto, somos embajadores de Cristo". En el tiempo de Pablo, esta idea de un embajador: alguien que representaba una nación más pequeña delante del Imperio romano era un mensajero imperial con tremenda autoridad, porque venía de parte de su nación. Pero hay algo importante que tenemos que ver acerca del concepto de embajador: un embajador no actúa bajo su propia autoridad. Esa autoridad le es delegada, le es otorgada por alguien más, por encima de él.

Si tú eres embajador, alguien más te da esa autoridad y te dice: "Yo quiero que tú seas mi representante". Y no nada más es que la autoridad no se origina en la persona, sino que el mensaje no se origina en la persona. El embajador lleva el mensaje que su país quiere que dé. Y así es como Pablo se ve a sí mismo: "Esto es un gran privilegio. Yo lo único que estoy haciendo es comunicando el mensaje que Dios quiere comunicar a toda la humanidad". ¿Cuál es ese mensaje? "Reconcíliense con Dios".

Sus embajadores tienen esa labor de hablar acerca de lo que significa el perdón de pecados, la paz con Dios, de lo que hemos venido hablando durante todo este mensaje. ¿Cómo cumples, cómo cumples el mandamiento más grande de todos? "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, con todas tus fuerzas, con toda tu alma", con todo tu ser. Ama al Señor. ¿Cómo haces eso? Tienes que ser reconciliado con Dios primero. Si no, no lo puedes hacer. Por eso es que ese es nuestro mensaje con la gente: "Tú tienes un problema con Dios. La ira de Dios está sobre de ti, porque eres un pecador. Arrepiéntete para encontrar la reconciliación y experimentar la misericordia". Ese es nuestro mensaje. Jonatán compartía sobre eso hoy en la mañana: ¿qué estamos haciendo? De eso se trata la iglesia. Tenemos muchas otras cosas que nos distraen, que nos hacen olvidar que esa es nuestra misión. Nuestra misión es llevar a la gente a entender cómo pueden ser vistos por Dios el Padre a través de Jesucristo.

Un hombre, Richard Hooker, dice: "Que un hombre ha pecado, y que Dios ha sufrido; y que Dios se ha hecho a Sí mismo el pecado del hombre, y que los hombres son hechos justos delante de Dios". Ese es nuestro mensaje: muy simple, muy sencillo, pero la verdad más profunda que una persona puede experimentar.

Reconciliación con otros

Pero hay otra cosa, y ustedes saben que esto es de lo que Pablo ha venido hablando en 2 Corintios. A Pablo le preocupa su relación con los corintios; no está muy bien. Ellos lo han estado criticando, han estado cuestionando su autoridad apostólica, su autoridad como maestro: "Pablo, tú no sabes hablar, tú no sabes predicar. Quién sabe si realmente eres un genuino apóstol. Preferimos a Apolos". Hay todas estas cosas que han estado sucediendo, y Pablo, en estas cartas, está tratando de traer una reconciliación con la iglesia de Corinto. Por eso llegó a este punto: "Es que, mira, nuestro mensaje es uno de reconciliación". ¿Por qué? Porque eso es lo que hemos experimentado con Dios.

Pero la implicación, entonces, de un ministerio de reconciliación, ¿es cuál? Que no es nada más reconciliación con Dios lo que va a suceder. ¿Qué más va a suceder en la vida de un cristiano? Reconciliación con otros. Pablo está preocupado de su relación con los corintios, porque su relación con los corintios no está reflejando correctamente el evangelio. Y él no puede nada más soltarlo y decir: "Bueno, ya, ni modo, que no me hablen". Entonces, pues, él quiere reconciliación, la restauración de la relación. ¿Cómo va a pasar eso?

Aceite, vinagre y un huevo

Estaba leyendo sobre los ingredientes que se usan para cocinar —y yo no tenía ni idea de que esto era así, porque no cocino, y entonces no sé cómo funciona—, pero decía que el aceite y el vinagre no se mezclan. Es cierto: si tú… aceite y vinagre, como que están ahí; constantemente se ve la división entre los dos, y no se mezclan. Bueno, no sé, estoy inventando esto; lo leí, entonces yo creo que debe de ser cierto. Y decía que, si tú quieres mezclar aceite y vinagre, necesitas un tercer elemento: un huevo. Y si tú le echas un huevo al aceite y al vinagre, de repente el aceite y el vinagre ya no tienen opción: se tienen que mezclar, porque el huevo jala a ambos de la misma manera.

Bueno, creo que es una buena ilustración, porque esta iglesia está llena de aceite y vinagre, y ves que están ahí, no se mezclan… ¿o se mezclan? ¿Qué es lo que hace falta? Un tercer elemento. En el momento en que tú introduces a Cristo y el evangelio, ahora tienes verdadera reconciliación. Ya no hay opción, porque ese es el reflejo del evangelio. Y yo nada más me preguntaba, hermanos: ¿es así como nos conocen? ¿Es nuestra reputación? ¿Somos los de la reconciliación? Eso podría ser un buen nombre para una iglesia, ¿no?: la Iglesia de la Reconciliación.

Porque de eso se trata nuestro mensaje. Todo lo que hacemos, todo lo que predicamos, tiene que ver con reconciliación con Dios y reconciliación unos con otros. De ahí en fuera, en realidad nada importa; nada de lo que podamos hacer como iglesia importa si esas dos cosas no están sucediendo. "Sí, hablan de reconciliación todo el tiempo". "Es que tengo que ir a pedir perdón a alguien, porque no estamos bien". ¿Es eso lo que oye comúnmente la gente de nosotros? "Sí, tenemos que arreglar las cosas, porque Dios arregló las cosas conmigo. Así que yo voy a arreglar las cosas con mi hermano".

Esta está de James Denney: "Un hombre reconciliado, predicando a Cristo como el medio de reconciliación, y predicando con una actitud y espíritu que crea la experiencia de reconciliación, es el mediador más efectivo del poder reconciliador de Cristo". Tomemos la iniciativa una y otra y otra vez para buscar la reconciliación, porque esa es la manera en que el evangelio se verá en nuestras vidas.

Oración

Gracias, Padre, por Tu Palabra. Y gracias porque, a través de Tu Palabra, entendemos la importancia, y la profundidad, y la centralidad que tiene la reconciliación en Tu plan para este mundo. Te pedimos nosotros, Señor, que podamos ser embajadores fieles de este mensaje, que podamos predicar constantemente cómo es que la gente puede ser perdonada perfecta y legalmente por Ti, y encontrar paz, paz con Dios. Que hoy sea un llamado a todos aquellos, Señor, cuyos corazones todavía no han venido a Ti en arrepentimiento, para que te conozcan; y que todos los que ya hemos conocido Tu reconciliación podamos reflejarla cada día más. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Volver al vídeo ↑

Escúchanos

Ven un domingo

Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.

Qué esperar si vienes →