2 Corintios 6:1-132 CorintiosNathan Díaz
Las marcas del ministerio genuino
Transcripción
Repaso: el ministerio de la reconciliación
Ya tiene como tres semanas que terminamos el capítulo 5, con uno de los resúmenes más significativos de qué es el evangelio, de qué se trata todo lo que hacemos, de qué se trata esta iglesia, de qué se trata en nuestras vidas cuando hemos conocido el mensaje de salvación. Dice: "Dios nos reconcilió" —capítulo 5, versículo 18, de 2 Corintios—: "nos reconcilió con él mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación. Es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con él mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios! Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en él".
En esto estuvimos meditando hace unas semanas, hablando acerca de cómo el evangelio es reconciliación. Ese es el mensaje; es lo que hemos experimentado. Tenemos un problema con Dios: hemos transgredido la ley de Dios. Y Dios, para no tener en cuenta nuestro pecado contra nosotros, da a Su Hijo —y el hermano Gabriel leyó este versículo hoy en la mañana—; entrega a Cristo. "Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros": carga nuestra culpabilidad sobre Él, nos da Su justicia. Es esta doble imputación que se da: mi culpabilidad sobre Él, Su justicia sobre mí, "para que fuéramos hechos justicia de Dios en él". Ahora vivamos en esta nueva realidad de lo que significa ser reconciliados con Dios.
Lectura de 2 Corintios 6:1-2
Eso es de donde viene este texto que vamos a ver hoy, que empieza con el capítulo 6: "Y como colaboradores con él, también les exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios; pues él dice: En el tiempo propicio te escuché, y en el tiempo de salvación te socorrí. Pero ahora es el tiempo propicio; ahora es el día de salvación". Entonces, ahora Pablo continúa esta misma idea de la reconciliación como una idea que tiene que tener algún tipo de efecto, algún tipo de fruto, en las vidas de aquellos que están escuchando y creyendo en este mensaje. ¿Qué pasa si has sido reconciliado con Dios? ¿Qué pasa si tu ministerio es el ministerio de la reconciliación? ¿Cómo se ve eso?
Y estos primeros trece versículos, los que vamos a ver hoy, hablan acerca de las marcas del ministerio genuino. ¿Cómo sabemos que nuestro ministerio es genuino? ¿Cómo sabemos que las cosas que hacemos para Dios de hecho sí proceden de Dios, que sí proceden de la reconciliación genuina con Dios? ¿Cuáles son estas características? Y eso es lo que queremos meditar hoy juntos. Son cuatro cosas que creo que hay en estos primeros trece versículos que nos muestran las marcas del ministerio genuino.
Todos tenemos que examinarnos a nosotros mismos. Todos tenemos que examinar lo que hacemos para Dios, nuestras motivaciones: ¿cuáles son las características de lo que estoy haciendo para Dios? Entonces, esto va a ser un buen examen para todos nosotros, para decir: "A ver si poseo estas marcas, si es esto como se ve mi servicio a Dios. O a lo mejor no es un ministerio genuino el que yo tengo; a lo mejor no he experimentado la reconciliación con Dios. O a lo mejor lo he experimentado, pero Dios está trabajando en mí para poder tener el tipo de fruto y el tipo de testimonio que Él quiere que tenga cuando hago cosas para Él".
No recibir en vano la gracia de Dios
Entonces, número uno: la primera característica del ministerio cristiano, de acuerdo con estos versículos, es no recibir la gracia de Dios en vano. Es la primera cosa que Pablo les está diciendo: "Es mi exhortación: no reciban la gracia de Dios en vano". Es posible recibir la gracia de Dios en vano, si no produce el tipo de fruto y el tipo de ministerio que se supone que alguien que ha experimentado la gracia de Dios debe tener. Si yo he experimentado la gracia de Dios real en mi vida, pero mi ministerio está enfocado en mí y en mi persona y en avanzar mi reputación, y otras cosas que vamos a estar viendo más adelante, entonces podría decir que la gracia de Dios está trabajando en vano, porque no estoy apuntando a la gente hacia Dios a través de mi ministerio.
La experiencia de la reconciliación tiene que producir un fruto en nosotros. ¿Cuál es este fruto? Aquí cita Isaías 49:8: "En el tiempo propicio te escuché, en el día de salvación te socorrí. Pero ahora es el tiempo propicio; ahora es el día de salvación". No piensen —y aquí está el peligro—, no piensen en su salvación como algo del pasado. No digan: "Ah, sí, yo fui justificado por Dios hace tantos años". Piensen en su salvación como una obra continua que Dios está haciendo. Lo pone en el tiempo presente: la obra del Siervo del Señor, de Isaías, a través de quien iba a ser la redención de todas las naciones, es una obra que continúa hasta el día de hoy. Está en tiempo presente: "En el tiempo propicio te escuché, en el día de salvación te socorrí".
Y, por cierto, aclara Pablo: hoy es ese día. Hoy ustedes están siendo salvados por Dios. No piensen: "Alguna vez fui salvo". Piensen en su salvación como "hoy fui salvo", y no nada más "hoy fui salvo", sino "mañana seré salvo, y por la eternidad seré salvo". Pues la salvación en la Biblia es algo que abarca el pasado, el presente y el futuro. Y tiene que ver con cómo se desarrolla —y lo vimos cuando vimos el capítulo 5—, tiene que ver con cómo se desarrolla también en nuestra reconciliación unos con otros. Esa es la manera en la cual Dios desarrolla Su ministerio de reconciliación a través de nosotros.
Entonces, unos con otros estamos siendo reconciliados todo el tiempo. Dios nos está salvando no nada más a través de Su reconciliación hacia nosotros, sino a través de nuestra reconciliación unos con otros. Eso es la salvación; es mucho más grande. Es la santificación que experimentamos; es el fruto de la santificación. Vean lo que dice Colosenses 4:5: "Anden sabiamente para con los de afuera". ¿Y qué dice Pablo? "Aprovechando bien el tiempo. Que su conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepan cómo deben responder a cada persona".
Vivir el fruto del perdón
Creo que Pablo está dirigiendo ahora a los corintios hacia esta parte de la salvación. No nada más les está diciendo: "Sí, acepten el perdón de Dios", sino: "Vivan el fruto del perdón de Dios". Creo que Pablo tiene en mente lo que vimos en el capítulo 5, versículos 9 y 10, ¿se acuerdan?, el tribunal de Cristo: "Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos agradar al Señor. Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo". Entonces, vivan su salvación en santificación, dando fruto y experimentando la reconciliación, no nada más vertical, sino también horizontal.
Acuérdense: Pablo tiene un problema con los... o más bien, muchos corintios tienen un problema con Pablo. Su relación no está bien: ellos lo cuestionan, tienen dudas, lo critican. Pablo va a escribir esta sección que vamos a estar estudiando hoy para buscar estar bien con ellos, para tratar de estar bien con ellos, para arreglar las cosas con ellos. Por eso empieza aquí. Por eso dice: "No reciban la gracia de Dios en vano". Porque si tú no puedes estar bien con tu hermano, a lo mejor has recibido la gracia de Dios en vano. Considera cuidadosamente cuál es el fruto de tu salvación. Ese es el punto número uno sobre las características del ministerio genuino.
No dar motivo de tropiezo
Número dos. Dice el versículo 3: "No dando nosotros en nada motivo de tropiezo, para que el ministerio no sea desacreditado". Entonces, aquí empiezan ya unas características del ministerio que empiezan a ser muy confrontadoras para todos nosotros. ¿Qué aspectos de nuestro carácter podrían ser un obstáculo o un tropiezo para que alguien escuche y crea en el evangelio, para que alguien pueda aceptar el mensaje que proclamamos de la Palabra de Dios?
Este es uno difícil. Este es uno difícil, porque el no dar motivos de tropiezo... Entendemos que siempre va a haber crítica hacia nosotros. De hecho, Pablo ha hablado acerca de la locura, en 1 Corintios también, la locura que es el evangelio para algunos; no tiene sentido, piedra de tropiezo para los judíos. Pero Pablo está hablando aquí no del mensaje en sí. Entonces, si la gente se va a enojar contigo, si la gente va a no creer en el mensaje, que sea por el mensaje, no por el mensajero. Yo escuché a un predicador una vez ponerlo de esta manera; él decía: "Asegúrense, hermanos, de que te odien porque odian el evangelio, no porque tú eres odioso".
Hay una dinámica que se da con la gente que es importante, porque nos empiezan a conocer, y empiezan a conocernos con nuestras fallas y con nuestras debilidades, y empiezan a ser expuestas ciertas cosas. Tenemos que pedirle a Dios: "Señor, guárdame. Guárdame en mi manera de interactuar con la gente, en los tipos de comentarios que hago, el tipo de chistes que digo, mi honestidad acerca de las cosas que hago cuando trabajo —no tomar atajos y mentir—, la manera en que me expreso de otros, mi tendencia a ser chismoso, mi conducta sexual, la amargura que hay en mi corazón, cómo sale a veces mi ira, mi dominio propio".
He escuchado historias de hermanos que me cuentan cómo van manejando —y estos son de otras iglesias—, y van manejando y alguien se les cerró, y hasta les cantaron una canción ahí con el claxon. Y ya cuando los ven: "Ay, sí, hermano, ¿cómo estás?". Y no se dieron cuenta de con quién estaban lidiando en ese momento, cuando perdieron el control. La manera en que nos expresamos acerca del dinero: muchas veces sale nuestra idolatría hacia el dinero, porque solamente estamos hablando de ganar más y tener más, y progresar económicamente, y tener más cosas. Todas esas pueden ser obstáculos para el evangelio; todas pueden ser motivo de tropiezo; pueden ser razones por las cuales el ministerio sea desacreditado.
Hemos escuchado historias de muchos que conocemos inclusive, donde algo pasó en sus vidas. A veces es adulterio —y eso es lo más escandaloso, obviamente, cuando es adulterio—, pero eso frenó completamente sus ministerios, los trajo a la ruina en la percepción de la gente, y justamente. Pero no nada más es... o sea, no nada más lo sexual, nuevamente. O sea: cómo respondo impulsivamente, emocionalmente, con enojo, sin paciencia. O sea, todas esas cosas pueden desacreditarnos.
"Tú ve a ver a Dios, no a la gente"
Y, hermanos, yo entiendo cuando yo escucho a alguien decir: "Es que mi amigo no quiere venir a la iglesia porque alguien lo ofendió, y alguien le hizo caras". Y entonces él dice: "No, pues así son los cristianos, no sé qué; yo ya no voy a ir a la iglesia". Y yo le digo: "Tú no vayas a la iglesia a ver a la gente; tú ve a ver a Dios". ¿Han escuchado eso? "Tú no te fijes en la gente; tú ve para buscar a Dios". Bueno, eso no es enteramente cierto. Es imposible no ver a la gente. Claro que vas a ver a la gente también. Y sí, fíjate en la gente, porque tenemos una responsabilidad unos con otros. Y no podemos decirle a la gente: "Bueno, no me veas a mí, porque soy un pecador, y pues ni modo". Debemos buscar que nuestras vidas sean conocidas por otros, pero que nuestras vidas no traigan tropiezo o no traigan descrédito al ministerio que estamos tratando de desarrollar como iglesia.
Murray Harris dice: "La vida del cristiano es el comercial más elocuente del evangelio". Pablo está consciente, y él dice: "Yo he buscado que no haya nada, nada en mi vida que pueda ser un motivo de tropiezo para ustedes; nada de lo que ustedes puedan decir: 'Ah, pero mira a Pablo, mira cómo ha cedido al pecado en esta área, y cómo cae todo el tiempo en esta área'". Él busca que no haya nada que puedan decir sobre él que impida el desarrollo de su ministerio fiel de la predicación de la Palabra y de su ministerio hacia otros.
Recomendarnos como ministros de Dios
Luego, la primera parte del versículo 4 dice: "Pues en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios". "Nos recomendamos a nosotros mismos"... Suena un poquito arrogante, ¿no?: "Me recomiendo a mí mismo". Y de hecho, Pablo como que ha dicho que eso no es bueno. ¿Se acuerdan? En el capítulo 3, versículo 1, les dijo: "¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿Acaso necesitamos, como algunos, cartas de recomendación para ustedes o de parte de ustedes?". Entonces, hay una mala manera de recomendarme a mí mismo, y hay una buena manera de recomendarme a mí mismo. ¿Saben cuál es la buena manera?
Les voy a decir cuál es la mala manera. La mala manera de recomendarme a mí mismo es recomendarme de tal manera que lo único que vean sea a mí, donde yo pueda sobresalir por mi carácter, por mi inteligencia, por mi personalidad. Y esa es nuestra tendencia natural: querer impresionar a la gente por quiénes somos. Pero aquí Pablo, creo, está diciendo que ellos, los apóstoles, se recomiendan a ellos mismos —y aquí está la clave— como ministros de Dios. Es decir, mi recomendación de mí mismo hacia ustedes es porque yo sé que yo puedo apuntarte a ti hacia Dios. Entonces, al final, no vas a pensar tanto en mí cuando me veas a mí, y me escuches a mí, y veas mi vida, sino que vas a terminar pensando en el Dios que está haciendo esta obra en mí y que está haciendo este ministerio a través de mí.
¿Qué es lo que la gente piensa cuando nos ve a nosotros? Cuando oramos en público: "Hermano, ¿puedes orar en público?". Y normalmente, ¿qué es lo que más nos preocupa de orar en público? Pues sonar elocuentes, ¿no?, porque pues me están escuchando. "No quiero que piensen que no sé; entonces tengo que decir unas palabras que suenen profundas, y que muestren que yo sé hablar con Dios". ¿O es mi oración algo que dirige a la gente a pensar realmente en Dios primeramente, en quién es Él, y en mi dependencia de Él?
Exponer nuestras propias debilidades
Y aquí, en esta carta en particular, de todas las cartas de Pablo, hay algo —espero que ustedes lo vayan viendo, y esto se va a desarrollar conforme vayamos acercándonos más hacia el final—: Pablo, una de las maneras de poderse recomendar a los corintios es exponiéndose a sí mismo en sus propias debilidades. Diciéndoles que a veces tiene miedo; diciéndoles: "Sí, no sé hablar en público a veces"; diciéndoles: "Sí, tengo un aguijón en la carne que me molesta mucho". O sea, hay muchas cosas que él va a empezar a exponer que son sus propias debilidades. Esas son las cosas que normalmente queremos ocultar de la gente, porque queremos aparecer fuertes, queremos aparecer inteligentes; no queremos que nos humillen por no saber algo.
Todos vamos a pasar por momentos donde es expuesto nuestro orgullo. El año pasado estaba dando clases de escatología en un seminario, y claro, yo soy el profesor, ¿no? Pero un alumno hizo una pregunta muy inteligente —y no les voy a decir cuál es, porque si no me la van a querer hacer—, y en el momento en realidad no supe la respuesta. Pero dije: "¿Cómo voy a decir 'no sé'?". Entonces inventé una respuesta; me inventé algo en el momento. "Pues yo soy el maestro; tengo que saber esta respuesta. Es muy simple". Pero sí se me quedó esa. Y los alumnos, muy impresionados, la verdad; ellos dijeron: "Ah, no, sí, sí". Pero regresé a mi cuarto y dije: "Voy a estudiar esto". Y estudié, y adivinen qué: estaba mal lo que dije. No era cierto. "¿Y qué voy a hacer ahora? Tengo que regresar y admitir que les inventé algo que no era verdad". Salió hasta peor. Pero lo hice el siguiente día. Les dije: "¿Saben qué? Lo que les dije ayer no es cierto. Me puse a leer, y esta es la respuesta a la pregunta".
Dios sabe cómo exponernos, de tal manera que no se trate acerca de nosotros, y de nosotros quedar bien y de nosotros parecer tan inteligentes, sino de apuntar a la gente hacia Cristo. Eso es realmente lo único que importa. Esa es la manera en que podemos recomendarnos a nosotros mismos. Cómo reaccionamos, cómo reaccionamos ante el sufrimiento y la prueba: de esa manera podemos recomendarnos a nosotros mismos, diciéndole a la gente: "Sí, sí estoy pasando un momento difícil; sí, esta es una prueba difícil, pero estoy confiando en Dios, estoy dependiendo de Dios, estoy tratando de reflejar la clase de Dios que tengo. Y en todo lo que yo responda y haga, quiero reflejar el carácter de Dios, no mi propio carácter". Quiero que la gente sepa que no es mi carácter; que si yo respondo bien a una situación, no es por mí, no es algo inherentemente dentro de mí que me da la capacidad de responder correctamente.
Dispuestos a ser evaluados
Pero Pablo, en este versículo, se está abriendo y está exponiéndose de tal manera que está diciendo básicamente: "Yo quiero rendirles cuentas a ustedes. Yo quiero que ustedes puedan ver mi vida, puedan examinar mi vida. Yo quiero poder ser evaluado por ustedes". Y eso significa el ministerio cristiano: estar dispuesto a ser evaluado por otros, y a que en el proceso se vean nuestras fallas. Romanos 12:18 dice: "Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, estén en paz con todos los hombres". Va a ser imposible que no nos critiquen, que no haya cosas malas que puedan decir de nosotros; es imposible. Alguien va a decir: "Ay, es que tú eres piedra de tropiezo para mí". Pero ¿qué tanto podemos hacer para evitar eso? No lo podemos evitar completamente; a veces no va a funcionar. Pero que Dios nos ayude a que nosotros estorbemos lo menos posible al ministerio de Dios. Lo menos posible.
Perseverancia en las aflicciones
Lo cual me lleva al tercer punto, que está en la segunda parte de este versículo 4: "En mucha..." ¿qué dice? "Perseverancia". La tercera característica del ministerio genuino cristiano: la perseverancia. Este es el punto donde arranca Pablo, porque todo lo que viene a continuación es una lista de cosas que tendrían la tendencia a hacernos no perseverar. Porque ¿qué es lo primero que dice aquí, después de "perseverancia"? "En aflicciones". O sea, lo primero que quiero que… Pablo, que vean es: el ministerio cristiano está lleno de aflicciones. Y el problema de las aflicciones es que las aflicciones llevan al desánimo, ¿no es cierto? ¿No nos desanimamos cuando hay aflicción? Y todavía no hemos leído la lista.
Pero vamos a leerla; ahorita vamos a recorrerla rápidamente: "En aflicciones, en privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos". ¿Saben, hermanos? Cuando yo estaba leyendo esta lista, lo primero que pensé es: qué tan quejumbrosos somos, ¿no es cierto? Nos quejamos tan fácil. Inmediatamente, cuando las cosas se ponen difíciles, nuestra tendencia natural es una mentalidad de víctima, de: "Ay, pobre de mí. Ahorita no puedo servir al Señor, porque tengo mucha hambre y solo puedo pensar en comida. Entonces voy a estar de malas hasta que coma. Entonces no me hablen ahorita". O: "Tengo demasiado calor; ahorita no se puede hacer ministerio con este calor".
Ese es el tipo de cosas por las que normalmente nos estamos quejando. O: "Es que me duele la pierna", o "me duele la cabeza", o "me duele lo que sea, y ahorita no puedo servir". Y todo el tiempo encontramos algo de qué quejarnos. Pero en particular, las aflicciones —y este es el contexto de este pasaje—, las aflicciones que vienen por cosas que otros nos hacen: eso es, en particular, donde viene el mayor desánimo y la mayor queja. Como la gente no responde como yo quisiera que responda, entonces lo más fácil para mí es huir del ministerio, dejarlo: "Ya no quiero nada, porque la gente no es como yo quiero que sea".
El temor de ser lastimado
Y otra vez aquí, hermanos, yo tengo que ser muy honesto con ustedes, porque Pablo está siendo muy honesto con nosotros; estaba siendo honesto con los corintios. En los años que llevo ejerciendo un rol pastoral en esta iglesia, que ya son más de 20 años, ha habido muchos momentos en los cuales he pensado: "Ya no quiero hacer esto". Especialmente cuando hay problemas, y cuando hay conflictos, y cuando hay que lidiar con gente difícil, y digo: "¿Para qué sigo?". Si aconsejas a alguien, les dices, y pasas días y meses y años inclusive aconsejando, invirtiendo tiempo, para que al final digan: "Ah, no, ya no me caes bien; mejor me voy a otra iglesia".
Entonces, nuestra tendencia es que este temor de ser lastimados por otros, de ser rechazados por otros, nos lleve a darnos por vencidos. Nunca vamos a querer hacer nada. Este temor que nos puede paralizar nos va a llevar a nunca hacer algo que lleve algún tipo de riesgo, ¿no? "Si nunca me meto a una alberca a nadar, nunca me voy a ahogar. Entonces, mejor nunca me meto". "Si nunca me subo a un coche, nunca voy a morir en un accidente automovilístico. Entonces, mejor no me subo a un coche". Tienen... cómo estos temores se pueden volver los temores que nos paralizan. Y en el contexto de la iglesia es: "Si nunca me abro con nadie, y si no me meto en la vida de nadie nunca, entonces nunca me van a lastimar, y yo nunca voy a lastimar a nadie". Es mucho más fácil vivir así.
Pero tenemos que tener la misma mentalidad que tiene Pablo aquí, donde él dice: esto es lo que significa el ministerio cristiano, ser afligido, pasar por tribulación. Y es bueno, porque nos va a enseñar mayor dependencia de Dios. El Salmo 119:71 dice: "Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos". Qué bueno que nos encontramos con gente difícil en la iglesia; qué bueno que nos encontramos con casos difíciles, y gente que nos traiciona y nos lastima. Porque entonces nuestra identidad no va a depender de ellos, sino de Dios; y nuestro servicio no depende de ellos, sino de Dios.
Perseverar a través de las Escrituras
La perseverancia en medio de aflicciones: ¿cómo hacemos eso? Creo que lo hacemos a través de las Escrituras. Perseverar a través de las aflicciones solo es posible cuando nos sostenemos de lo que Dios nos ha dado en Su Palabra: "Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza. Y que el Dios de la paciencia" —dice "paciencia", pero es la misma palabra, "perseverancia": el Dios de la perseverancia— "y del consuelo les conceda tener el mismo sentir los unos para con los otros conforme a Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo".
La única manera de perseverar en medio de las aflicciones es cuando tú tomas este libro y dices: "¿Realmente creo lo que está aquí? ¿Realmente lo creo? ¿O son mis circunstancias más grandes que lo que yo sé que dice este libro?". Lo cual me lleva a la incredulidad, lo cual me hace dudar: "¿Eres real, Dios? ¿Estás en mi vida? ¿Me perdonas? ¿Me vas a dar la fuerza para vencer el pecado en mi vida? ¿Vas a hacer esas cosas? ¿O debo nada más basar mis decisiones y mis sentimientos en lo que estoy viendo que está a mi alrededor?". Si mis circunstancias son mi única realidad, entonces voy a terminar desanimado y me voy a dar por vencido en la obra que Dios me ha dado.
Nuestras inclinaciones pecaminosas son expuestas —y voy a ser más específico—, nuestras inclinaciones egoístas, pecaminosas, son expuestas cuando nuestra persona y nuestra conveniencia son amenazadas o interrumpidas, ¿no es cierto? Cuando ya no es conveniente para mí, cuando yo ya no estoy cómodo, es cuando sale qué tan egoísta realmente soy. Y pensamos en evitar estar incómodos; mucho de nuestro tiempo y esfuerzo es tratar de no estar incómodos. Por eso nos tomamos pastillas para el dolor de cabeza: no solucionan el problema, nada más nos quitan el síntoma. Por eso normalmente buscamos el camino más fácil.
Ahora, Pablo no está buscando sufrir. No es que él diga: "Por favor, háganme sufrir". Aunque sí me imagino a Pablo llegando a diferentes ciudades y diciendo: "¿Dónde está la cárcel aquí? Nada más, porque a lo mejor voy a terminar ahí". No, no es que esté buscando sufrir. No es nada más masoquismo aquí: "Qué bueno que yo sufra". Pero sí abrazamos el sufrimiento y lo aceptamos para poder mostrar el supremo valor de Cristo en nuestras vidas, para mostrar que nuestra comodidad física y material no es lo más importante. Eso es lo que se muestra a través de lo que Pablo está diciendo: "En privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos". Pueden leer el libro de Hechos; ahí viene un buen resumen. No es exhaustivo; Lucas no habla de todo lo que sufrió Pablo, pero nos da una idea de lo que sufrió Pablo. Y ya se pone en perspectiva un poquito nuestro sufrimiento, ¿no?
Mis reportes de viaje
Yo tengo la oportunidad de ir y visitar iglesias durante el año, inclusive en otras ciudades, otros países. Y cuando ustedes me preguntan: "¿Cómo te fue?", aún no he tenido la oportunidad de reportar: "Bueno, es que estaba yo ahí predicando, y de repente me empezaron a apedrear, y ya me querían matar ahí; pero bueno, sobreviví. Luego llegan las autoridades, nos meten a la cárcel, luego nos torturan un rato ahí, ¿no? Y además tuve hambre todo el tiempo; no comíamos. De repente había alguien que se compadecía de nosotros y nos traía comida". Bueno, mis viajes suenan más como: "Ay, sí, fui a turistear, y me llevaron los hermanos a conocer muchos lugares, y la hospitalidad, y una comida riquísima que me dieron; y a todos les encantó el mensaje, y todos estaban felices, y me dijeron: 'Ay, hermano, qué buen sermón'". Así suena cuando yo les hago el reporte de mis viajes. No suena nada como lo que Pablo está diciendo aquí.
En la medida en la cual encontramos que el sufrimiento es intolerable es en la misma medida en la cual nos falta confianza en nuestra herencia gloriosa en Cristo. En la medida en la cual encontramos que el sufrimiento es intolerable es en la misma medida en la cual nos falta confianza en la gloria de nuestra herencia en Cristo. La razón por la cual Pablo podía perseverar en medio de las aflicciones es porque él sabía que tenía una herencia más grande y más importante que la comodidad en esta vida. Y esto es lo que dice Romanos 8:18: "Considero que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse".
Cómo peleamos en medio de las aflicciones
El versículo 6 ahora nos muestra cómo peleamos cuando hay aflicciones, cuando hay tribulaciones en nuestras vidas; cómo peleamos en respuesta a esas aflicciones. Y viene una lista de cosas aquí que quiero mostrarles. Dice el versículo 6: "En pureza". Y cuando habla de pureza, creo que habla de nuestra motivación y de nuestra conducta. Luego dice: "En conocimiento". Y cuando habla de conocimiento, creo que no es nada más el conocimiento bíblico y teológico; es el conocimiento del evangelio, pero también el conocimiento que nos lleva a un cierto discernimiento, a través de la Palabra de Dios, de las circunstancias que nos rodean.
Luego dice: "Con paciencia". Bueno, este es uno de los difíciles, ¿no? Ser pacientes es una de las cosas que más nos cuesta, porque todo lo queremos ahorita, y queremos que Dios responda y solucione las cosas rápido. Pero la paciencia es una de las maneras en las cuales Dios nos ayuda a pelear en contra de las aflicciones que vivimos, diciendo: "Señor, Tú sabes cuánto tiempo tiene que durar la aflicción para que aprenda lo que tengo que aprender. Si quieres solucionarlo mañana, gracias; me gustaría. Pero si es en unos años, Tú dame la fuerza para perseverar y para ser paciente en el proceso".
Luego habla acerca de bondad: "Con bondad". Amabilidad en cómo respondo cuando alguien me trata mal, porque muchas de estas cosas que está describiendo Pablo son las cosas que la gente le hace a él. Y cómo responde: ¿mal por mal? Romanos 12 habla acerca de eso. Pablo dice: "Si tu enemigo tuviera hambre, dale de comer; si tuviera sed, dale de beber". Es cómo respondes con bondad cuando alguien te trata mal.
En el Espíritu Santo
Y aquí llega algo que me encanta, porque dice: "En el Espíritu Santo". Hm. Es casi como si Pablo, a la mitad de esta lista, se acordara de cómo es que esto es posible. Todas estas son cosas que Pablo describe en Gálatas 5:22 y 23 como el fruto del Espíritu. Lo que está diciendo es: no es nuestro carácter, no es nuestra personalidad lo que hace posible que respondamos de estas maneras, o que tengamos estas características; es el Espíritu Santo en nosotros.
Y ahora lo va a conectar con otra cosa que también es fruto del Espíritu, que es: "Con amor sincero". No hipócrita, sino un amor genuino: "Yo quiero lo mejor para otros; por eso lo hago. Y si tengo que aguantar sus insultos, si tengo que aguantar su personalidad, lo hago por amor, porque quiero lo mejor para esta persona, y no voy a dejar que este problema se convierta en una barrera para poder amar genuinamente a alguien". Luego dice: "En la palabra de verdad". Bueno, porque el evangelio es verdad; es lo que proclamamos. Y no podemos amar a alguien sin hablar la verdad. Efesios 4:15: prediquen la verdad en amor. Pero es la verdad la que predicamos; van las dos cosas juntas.
Y luego dice: "En el poder de Dios". Es decir, es el poder de Dios a través de nosotros, viendo estas cosas, lo que hace posible que haya fruto, que tenga un efecto en las vidas de las personas. Si ellos ven pureza, conocimiento, paciencia, bondad, al Espíritu Santo trabajando en nosotros, con amor genuino, con palabra de verdad, con el poder de Dios, solo así va a haber cambio.
Armas de justicia
Y luego dice: "Por armas de justicia para la derecha y para la izquierda". Entonces, está hablando de una pelea, de una batalla que estamos haciendo. Estamos luchando en contra de las aflicciones, estamos luchando para poder perseverar, como los soldados romanos, que tenían una espada en una mano y un escudo en la otra. Había un aspecto ofensivo y también había un aspecto defensivo. Y en la Palabra de Dios, en Efesios 6, leemos acerca de eso: tenemos la Palabra, que es representada por la espada, y la fe, que es nuestro escudo, con el cual nos defendemos de todos los ataques que vienen. Esa es la manera en que vivimos la vida cristiana, en que desarrollamos el ministerio cristiano.
Los contrastes del ministerio
Luego, los versículos 8 al 10 son una serie de pares que son estos contrastes de la vida cristiana y del ministerio cristiano. Dice: "En honra y en deshonra". O sea, a veces nos van a halagar, nos van a decir: "Ah, mira, qué buen trabajo has hecho". Pero a veces nos van a difamar, y van a hablar detrás de nuestras espaldas, y van a decir: "No le vayas a decir al hermano, pero yo vi que...". Y a veces son cosas que no son ciertas, ni siquiera, que dicen de nosotros. Y eso es lo que más nos hace enojar, ¿no es cierto?, cuando nos dicen algo que ni es verdad: "Es que el hermano ni sabe por qué lo hice, y ni sabe por qué lo dije, y mira, y anda difamándome". Así es el ministerio: en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama.
"Como impostores": algunos van a decir que no sabemos de lo que estamos hablando, que estamos inventando. Pero nosotros sabemos que es verdad lo que decimos, porque conocemos la Palabra de Dios. Por eso dice: "Pero veraces". "Somos tratados como desconocidos": a lo mejor la gente no sabe quiénes somos. No importa. No tenemos que ser famosos, no tenemos que ser populares, aunque vivimos en un mundo de popularidad, y de una guerra de popularidad, porque tenemos las redes sociales, y tenemos este internet, y hay una batalla por querer ser conocido. Pero no importa quién nos conozca en este mundo; importa si Dios nos conoce.
Por eso dice: "Pero bien conocidos". "Como moribundos": a veces físicamente no estamos bien; "pero vivimos": sí tenemos verdadera vida dentro de nosotros. "Como castigados": a veces Dios permite que pasemos por ciertas cosas; "pero no condenados a muerte": sabemos que la muerte no tiene la palabra final. "Como entristecidos, pero siempre gozosos": es decir, sí hay cosas que nos lastiman, sí nos traen tristeza, pero sabemos que tenemos la esperanza de la gloria de Dios, lo cual siempre trae consuelo a nuestros corazones y gozo para enfrentar cualquier tipo de circunstancia. "Como pobres": ahora no tenemos mucho, económica y materialmente; "pero enriqueciendo a muchos", porque lo que nosotros predicamos es de valor eterno, porque estamos hablando de tesoros en el cielo, no en la tierra. "Como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo".
Las verdaderas riquezas
¿Se acuerdan de lo que dijo Pablo en 1 Corintios 3:21? "Así que nadie se jacte en los hombres, porque todo es de ustedes: ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es suyo, y ustedes de Cristo, y Cristo de Dios". Y cada vez que Pablo habla de riquezas de una manera positiva, está hablando de las riquezas inescrutables de Cristo. Nunca está hablando de posesiones materiales en un sentido positivo. ¿Pablo, como: "Ah, qué bueno que son ricos; eso muestra que Dios está contento con ustedes"? Dice: "No; mi oración por ustedes es que experimenten las riquezas de la gloria de Cristo en sus vidas". Esa es la verdadera riqueza. Ahí es donde se encuentra la verdadera felicidad y el contentamiento del cristiano.
Las paradojas del evangelio
Y miren: esta es una lista de paradojas que da Pablo, las paradojas del evangelio. Y eso debe ser la característica de nuestro ministerio: que vivimos con pura paradoja. Morimos para vivir. El primero será el último, el último será el primero. ¿Quieres ser líder? Aprende a servir. Si quiero ser libre, tengo que ser esclavo. Si sufro para Cristo, voy a encontrar verdadera felicidad. Si quiero mostrar el poder de Dios en mi vida, voy a tener que aceptar mi debilidad. Todas esas son paradojas que vamos a encontrar en la vida cristiana, y todas están aquí, en el libro de 2 Corintios. Las paradojas del evangelio son las que nos llevan a entender que todas las cosas ayudan a bien a los que a Dios aman, y han sido llamados conforme a Su propósito.
Abrir el corazón de par en par
Por último, tenemos la última característica del ministerio genuino cristiano, que viene en los versículos 11 al 13: "Nuestra boca, oh corintios, les ha hablado con toda franqueza. Nuestro corazón se ha abierto de par en par. Ustedes no están limitados por nosotros, sino que están limitados en sus sentimientos. Ahora bien, en igual reciprocidad —les hablo como a niños—, ustedes también abran de par en par su corazón". ¿Por qué es importante este punto? Porque puede generarse —y puede haber buenas razones para esto—, pero en muchas iglesias se desarrolla un ambiente de sospecha unos de otros, de cuestionar las motivaciones todo el tiempo, de no dar el beneficio de la duda. Y podemos volvernos muy cínicos, ¿no es cierto? Qué tan fácil es volverse cínico acerca de otras personas.
El cinismo es la ruta más fácil para no tener que abrir nuestro corazón, para no tener que ser vulnerables. Porque cuando evaluamos a otros y criticamos a otros, eso nos da un pretexto para no tener nosotros que tener una relación con esas personas. Si yo puedo señalar suficientes cosas malas de alguien, entonces ese es el pretexto perfecto para que no tenga yo que acercarme a esa persona. Y Pablo está haciendo aquí exactamente lo contrario. Él dice: "Yo podría ser cínico", dice: "Ah, ustedes no van a abrir su corazón; entonces yo tampoco abro el mío". Pero ¿qué les dice? Les dice: "Yo les he hablado con toda franqueza. Yo ya les abrí mi corazón. Ustedes no han abierto el suyo; ustedes sí pusieron una barrera, y dijeron: 'No, con Pablo no'. Pero aquí estoy yo, siendo lo más vulnerable que yo pueda hacer con ustedes, para mostrarles mi amor. Y ahora les pido que ustedes hagan lo mismo conmigo".
Esa es una de las cosas más difíciles para nosotros como iglesia de hacer: ser honestos unos con otros, abrirnos unos con otros. Nuevamente, es mucho más fácil, y es mucho más común, oír comentarios cínicos unos de otros, cosas como: "Ya ni los no cristianos son así; mejor uno no cristiano". ¿No han oído eso? "Ya ni en el mundo...". Bueno, hermanos, Dios nos ha traído aquí para ser una familia en la fe, para estar juntos. Sí, la gente va a juzgarnos erróneamente, va a juzgar nuestras motivaciones erróneamente, van a cuestionar nuestro carácter.
Cómo resolver los conflictos unos con otros
Pero quiero mostrarles cuatro cosas aquí que creo que está haciendo Pablo, que deben ser las características del ministerio cristiano, que están enfocadas —porque esto es lo que está haciendo Pablo aquí— en resolver el conflicto que tenemos unos con otros. Porque aquí Pablo está tratando de resolver su conflicto con los corintios. Él sabe que tienen un problema con él. Él sabe que tienen cosas en contra de él. Él quiere arreglarlo. ¿Cómo lo va a hacer?
Número uno: reconociendo que somos familia. Eso es donde empieza, porque dice el versículo 13: "Les hablo como a niños". Pero no creo que lo esté diciendo como un regaño. Creo que lo está diciendo con este sentido de responsabilidad que tiene hacia ellos, como un papá tiene con sus hijos. Ese creo que es el sentir que hay detrás de esa frase, "les hablo como a niños": como a personas que necesitan crecer y madurar. "Y los amo, y así como un papá ama a los niños que necesitan crecer y madurar, y los quiere guiar, así estoy haciendo yo con ustedes, porque somos una familia".
Número dos: ¿quién abre su corazón primero? Aquí Pablo abre primero su corazón. No dice: "Me avisan cuando quieran abrir su corazón, para que yo ya les abra el mío". Dice: "No, yo voy a abrir mi corazón primero. Yo voy a ser vulnerable primero con ustedes". Y voy a... ¿cómo dicen?, dejarles la pelota en su cancha: "Ahora te toca a ti. Yo ya la pasé; yo hice lo que yo tenía que hacer. Ahora te dejo a ti la responsabilidad también de abrir tu corazón conmigo".
Y número cuatro: él ha identificado el problema. Él ha visto que hay un problema con ellos, así que hace una apelación a que ellos respondan: "Por favor, respondan a mi amor, respondan a mi actitud hacia ustedes. Abran de par en par su corazón también". ¿Tienes un problema con alguien? ¿Alguien te ha ofendido? ¿Sabes que alguien tiene algo contra ti? Tú ve y búscalo, y dile: "Quiero abrir mi corazón contigo, y espero que en el proceso de abrir mi corazón contigo, tú también abras tu corazón conmigo". ¿Va a funcionar siempre? No, no siempre va a funcionar. Pero eso es lo que Dios pide de nosotros, si queremos tener un ministerio genuino, que no haya obstáculos, que no haya cosas que afecten nuestro ministerio por nuestra culpa.
Oración final
Dice 1 Juan 4:21: "Y este mandamiento tenemos de él: Que el que ama a Dios, ame también a su hermano". Que Dios nos ayude a tener un ministerio cristiano auténtico, que lo honre y lo glorifique a Él. Señor, gracias por Tu Palabra. Gracias por lo que nos enseñas en ella. Y te pedimos, Señor, que nuestros ministerios sean ministerios movidos y fundamentados por la reconciliación que hemos experimentado contigo, y que sean empoderados por el fruto del Espíritu que solo Tú puedes dar. Que podamos dar testimonio siempre, Señor, de la obra que Tú haces en cada uno de Tus hijos, para que la unidad de Tu iglesia, el amor de Tu iglesia, sea cada vez más evidente. Gracias, Señor, por Tu Palabra. Y encomendamos en Tus manos nuestros ministerios. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
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