Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

2 Corintios 10:7-182 CorintiosNathan Díaz

Gloriándonos en El Señor

Transcripción

Repaso: armas para derribar fortalezas

El domingo pasado comenzamos con 2 Corintios 10, con los primeros seis versículos, hablando acerca de cómo Pablo ahora está abordando directamente a aquellos que se oponen a él y a su ministerio dentro de la iglesia de Corinto. Eso es lo que realmente van a ver: este cambio entre el capítulo 9 —todo lo que había venido desde el 1 al 9— y ahora del 10 al 13. Hay un enfoque muy fuerte: Pablo directamente hablándoles a los que están causando problemas en la iglesia. Y eso lo empezamos a ver el domingo pasado. Estábamos viendo cómo es que cuestionan a Pablo, lo ven como alguien que no posee el tipo de cualidades que debería de tener un apóstol. Y él dice: "Bueno, yo estoy siguiendo el ejemplo de Cristo". Y por eso dice: "Por la mansedumbre y la benignidad de Cristo". O sea, es decir: siguiendo el ejemplo de Cristo es que yo actúo como actúo, aunque para ustedes podría parecer que es un signo de falta de capacidad, de fortaleza.

Es parte de lo que vamos a ver hoy. Y él habla en los primeros seis versículos acerca de la manera en la cual Dios nos ha dado armas, armas para pelear contra las fortalezas. Habla de la destrucción de fortalezas, y nos ha dado estas armas para que a través de ellas nosotros podamos, al predicar el evangelio, derribar las fortalezas que se han creado en las personas, pensando en todas las razones por las cuales no deberían de creer en Cristo, todas las razones por las cuales deberían de vivir para sí mismos. Y a través de la predicación del evangelio nosotros derribamos estas fortalezas; pero también nosotros estamos poniendo constantemente nuestros pensamientos en cautividad a la obediencia de Cristo. Y entonces también el evangelio en nuestras propias vidas transforma nuestra manera de ver y de hacer las cosas. Esto es importante porque Pablo está defendiendo aquí su apostolado y la manera en la cual hace las cosas; quiere mostrar que es la manera de Dios, la manera en la cual él actúa.

Lectura de 2 Corintios 10:7-18

Así que vamos a leer el resto de este capítulo 10. Dice: "Ustedes ven las cosas según la apariencia exterior. Si alguien tiene confianza en sí mismo de que es de Cristo, considere esto dentro de sí otra vez: que así como él es de Cristo, también lo somos nosotros. Pues aunque yo me gloríe más todavía respecto de nuestra autoridad, que el Señor nos dio para edificación y no para la destrucción de ustedes, no me avergonzaré, para que no parezca como que deseo asustarlos con mis cartas. Porque ellos dicen: 'Sus cartas son severas y duras, pero la presencia física es poco impresionante, y la manera de hablar, despreciable'. Esto tenga en cuenta tal persona: que lo que somos en palabra por carta, estando ausentes, lo somos también en hechos, estando presentes.

Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos. Pero ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, carecen de entendimiento. Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino dentro de la medida de la esfera que Dios nos señaló como límite para llegar también hasta ustedes. Pues no nos excedemos a nosotros mismos, como si no los hubiéramos alcanzado, ya que nosotros fuimos los primeros en llegar hasta ustedes con el evangelio de Cristo. No nos gloriamos desmedidamente, esto es, en los trabajos de otros, sino que tenemos la esperanza de que, conforme la fe de ustedes crezca, nosotros seremos, dentro de nuestra esfera, engrandecidos aún más por ustedes, para predicar el evangelio aun a las regiones que están más allá de ustedes, y para no gloriarnos en lo que ya se ha hecho en la esfera de otro. Pero el que se gloría, que se gloríe en el Señor. Porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba".

¿Cómo nos gloriamos en el Señor?

Entonces, es lo que vamos a meditar juntos. De ahí viene… acaban de ver este versículo 17. Ahí viene, creo, el tema central de lo que está diciendo Pablo: ¿cómo es que nos gloriamos en el Señor? ¿Cómo hacemos esto? Cuando él dice: "El que se gloría…" —está bien gloriarse, pero que sea en el Señor que te glorías—. Entonces, ¿cómo se ve esa dinámica? Porque creo que lo que está tratando de hacer Pablo es contrastar el tipo de jactancia que él tiene con la jactancia que tienen los que se oponen a él. Hay un contraste: ellos se están jactando de una manera, él se está jactando de otra manera. Y entonces son cinco cosas que veo en este pasaje acerca de cómo podemos gloriarnos en el Señor.

Nos gloriamos al edificar y no destruir

Número uno: nos gloriamos al edificar y no destruir. Esos son los versículos 7, 8 y 9. "Ustedes ven las cosas según la apariencia exterior". Entonces Pablo les dice básicamente: "Vean lo que está enfrente de ustedes". Eso es realmente el sentido de lo que está diciendo: vean lo que está delante de ustedes; o sea, yo. Véanme a mí. "Ustedes, ustedes que se oponen a mí, dicen que son de Cristo". Probablemente —no sé, a lo mejor— de esta categoría de 1 Corintios 1, ¿se acuerdan?: "Yo soy de Apolos, yo soy de Pablo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo". Pero probablemente diciéndolo con un tono de arrogancia; pueden oír la manera en que dirían: "Soy de Cristo. Yo soy de Cristo".

Y dice Pablo: "Bueno, vean quién está delante de ustedes. Hay autoridad apostólica genuina delante de ustedes. Si ustedes dicen que son de Cristo, lo primero que esperaría es que ustedes reconocieran que yo también soy de Cristo". Especialmente por todo lo que va a decir en los próximos capítulos: él da toda la evidencia de que él es de Cristo, en su autoridad apostólica, en lo que predica, en su carácter, en su testimonio, en todas las cosas. Pablo dice: "Yo he mostrado que soy de Cristo. Ellos deberían de reconocer, ustedes deberían de reconocer, que yo también soy de Cristo".

Y dice el versículo 8 —y aquí está esta parte—, dice el versículo 8: "Pues aunque yo me gloríe más todavía…". Está hablando de esta jactancia de él "respecto de nuestra autoridad"; está hablando acerca de una jactancia en relación con algo. Y en este punto dice: "…que el Señor nos dio para edificación y no para la destrucción de ustedes, no me avergonzaré". Entonces, este es un punto crucial que quiero desarrollar. Bueno, vamos a desarrollar todo el texto, pero yo sé que después de este sermón me van a decir que sintieron que eran pedradas. Y me lo van a decir porque es verdad: es un sermón de pedradas. No de mí, sino de Pablo. Entonces, no se quejen conmigo; quéjense con él, con Dios. Porque esto —acuérdense— es Pablo confrontando a gente dentro de la iglesia; está confrontando lo que está mal dentro de la iglesia. Y yo, cuando estaba leyendo esto, decía: "Bueno, ¿cómo se ve esto en nuestra iglesia?".

El ministerio del nuevo pacto edifica

Pablo da un fundamento —no es superexplícito—, pero creo que está hablando del propósito que tiene el nuevo pacto en nuestras vidas. Porque Jeremías 31:28 dice: "Y como velé sobre ellos para arrancar y para derribar, para derrocar, para destruir y para traer calamidad, así velaré sobre ellos para edificar y para plantar". Por favor… como que se está cortando ahí. Entonces, esto es el ministerio del nuevo pacto. Jeremías 31 está en ese contexto, el nuevo pacto. El nuevo pacto se trata de edificar, de construir. Y ya lo hemos visto en otras partes: 1 Corintios 3:10, ¿se acuerdan? Gracias. Uy. 1 Corintios 3:10: "Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como sabio arquitecto, puse el fundamento, y otro edifica sobre él. Pero cada uno tenga cuidado cómo edifica encima". Entonces él habla de: "Puse un fundamento; ahora todos tienen que construir sobre este fundamento". Nuevamente, en el contexto de todo lo que hemos estado viendo en Corintios, es el contexto del nuevo pacto. Entonces esa es la pregunta: ¿estoy trayendo unidad o división?

¿Al cuerpo de Cristo lo estoy edificando o lo estoy destruyendo? Pero esta es la diferencia entre Pablo y los que se oponen a Pablo. Pablo dice: "Mi ministerio se trata de edificar. El ministerio de los que me están criticando se trata de destruir, porque están trayendo división a la iglesia. Al estar cuestionando mi autoridad, al estar cuestionando mi enseñanza dentro de la iglesia, están tratando de destruir lo que yo he estado trabajando en edificar en ustedes". Entonces, a veces —y hablábamos de derribar fortalezas el domingo pasado—, a veces, bueno, tienes que derribar ciertas cosas para poder construir nuevas, ¿no? En este edificio hemos tirado ciertas paredes, porque pensamos en hacer mejoras, en construir mejor. Y a veces la iglesia sí requiere derribar ciertas cosas, pero en general el propósito siempre es buscar edificar.

Examinar nuestros comentarios

Y cuando yo estoy haciendo algún comentario, diciendo alguna cosa sobre alguien más, esta es la pregunta que tengo que hacer sobre ese comentario: ¿estoy creando un problema, un problema que no tendría que existir si yo no dijera nada, porque no es realmente un problema? Yo lo estoy haciendo un problema. Mm. ¿Hay un propósito en mi comentario, o solamente es para señalar los defectos de alguien más? Lo cual muchas veces es el propósito de los comentarios que hacemos: nada más para mostrar: "Mira, este hermano se está equivocando en esto". Pero la pregunta es, entonces: ¿cuál es el propósito del comentario? ¿Para qué lo dije? Si no estoy ayudando a edificar, estoy ayudando a destruir. Solo uno de los dos puede ser cierto.

Y esto, hermanos, otra vez, es nada más para que nosotros nos planteemos lo que está diciendo Pablo. ¿Cuál es el problema en la iglesia? ¿Cuál es la manera en que glorificamos a Dios? ¿Cómo es que nos gloriamos en el Señor? Nos gloriamos en el Señor… Solamente podemos jactarnos en el Señor si lo que estamos haciendo es la misión del Señor de edificar Su iglesia.

División innecesaria entre iglesias

Y a veces, hermanos, también surge la división innecesaria, no nada más dentro de una iglesia, sino hacia otras iglesias. Lamentablemente, dentro del mundo reformado, dentro de muchos círculos teológicos que apreciamos, empiezas a ver esta división innecesaria con otras iglesias y otras denominaciones. Y lo veo todo el tiempo, especialmente si entras a las redes sociales y empiezas a leer algunos de los comentarios; les dicen cosas como: "Ah, sí, bueno, Miguel Núñez dice que es reformado, pero realmente no es reformado; no se adhiere a una confesión histórica". Y empiezas a ver todo este tipo de… Podría seguirme un rato con esto, porque veo tristemente —o sea, veo— la manera en la que iglesias de sana doctrina se pelean por temas secundarios, y van en todas las direcciones sobre cualquier tema que quieran. "Bueno, sí, ellos, pero…".

Y claro, tenemos límites de cosas que consideramos dentro de la ortodoxia, y cosas que creemos que son las principales que nos unen. Pero parece ser que hay gente que vive para traer división, y es triste. O sea, tenemos que examinarnos nosotros mismos en este punto, creo. Me hizo pensar cuando estoy leyendo esto. Vean el capítulo 13, versículo 10; esto ya es hacia el final de la carta. Dice: "Por esta razón les escribo estas cosas" —este es el propósito de la carta— "estando ausente, a fin de que cuando esté presente no tenga que usar de severidad según la autoridad que el Señor me dio para edificación y no para destrucción".

Pablo está consciente: "Yo estoy tratando de hacer solo una cosa, edificar esta iglesia, y estoy buscando cualquier manera posible. A veces les tengo que hablar duro; a veces tengo que reconocer: Dios está haciendo una obra en ustedes. Aunque no me gusta todo lo que está pasando, sí, Dios está trabajando en ustedes, y tengo que animarlos". Entonces sí hay un sentido a través del cual Pablo va a confrontar a estas personas que se oponen a él, y va a decir: "Ustedes están mal". Porque tienen toda una filosofía de ministerio diferente a la de Pablo. Ellos están fundamentando su autoridad… sí, ellos están fundamentando su autoridad en sus experiencias sobrenaturales. Ellos están fundamentando su autoridad en escuchar la voz de Dios, en que tienen una personalidad carismática. Y Pablo está fundamentando su autoridad en su carácter, en su fidelidad a la Palabra.

Entonces dice: "¿Cómo puedo ser de mayor bendición a la iglesia de Corinto para su edificación? Tengo que confrontar a aquellos que están haciendo las cosas por los motivos incorrectos". Entonces, esto es, creo, lo que le está diciendo aquí. Y vean… Perdón, ya… ¿sí ven? Ah, no, no. Sí. Edificar, no destruir.

Nos gloriamos al ser consistentes

Número dos. Vean los versículos 10 y 11, porque esta es la acusación que le hacen a Pablo. Le dicen: "Pablo, tú eres un hipócrita". Ya lo vimos el domingo pasado. "Tú eres un hipócrita. Tú escribes con mucha autoridad, pero ya a la hora en que te vemos, no pareces tener mucha autoridad delante de nosotros". Y esto es lo que él está escuchando de parte de ellos. Él ha escuchado los rumores de lo que dicen de él: "Sus cartas son severas y duras, pero la presencia física es poco impresionante, y la manera de hablar, despreciable". Y el versículo 11 dice: "Esto tenga en cuenta tal persona" —esta es la acusación contra mí—: "que lo que somos en palabra por carta, estando ausentes, lo somos también en hechos, estando presentes".

O sea, Pablo está diciendo: "En realidad sí soy consistente en mi testimonio. Soy el mismo cuando estoy escribiendo las cartas y no estoy con ustedes, y soy el mismo cuando estoy con ustedes. Ahora, que no les parezca impresionante, eso es otra cosa; pero mi carácter es el mismo, mi autoridad es la misma".

Los Hechos de Pablo y Tecla

Hay un documento del primer siglo que se llama Los Hechos de Pablo y Tecla, que piensan que es probablemente uno de los documentos más antiguos, y una de las pocas referencias que tenemos que describen al apóstol Pablo. Y dice: "Un hombre de no gran tamaño, poco cabello, sus piernas un poco chuecas, sus rodillas muy separadas, ojos grandes, cejas encontradas y una nariz algo larga". Muchos creen que esto es una descripción real del apóstol Pablo. Bueno, puedo entender a lo mejor por qué estarían decepcionados los de Corinto, porque me lo estaba tratando de imaginar, cómo se vería el apóstol Pablo, ¿y saben qué imagen me venía a la cabeza? No sé, como Gargamel, de los Pitufos. O sea, ese tipo no tiene la imagen de héroe; tiene más como una imagen de villano, como lo dibujaríamos, ¿no? No es el ideal grecorromano, eso es seguro.

Son como estos comerciales de antes y después, ¿no? Siempre quieres ver el después; o sea, el después es el impresionante, ¿no? "Mira cómo estaba antes, míralo ahora". Y Pablo se está mostrando a sí mismo como el antes, como la versión decepcionante. No el Pablo mejorado en su manera de aparecer delante de ellos, una iglesia tan sofisticada, tan culta.

Lo correcto, no lo más fácil

Y entonces esa es la pregunta que tendríamos que hacernos, hermanos: ¿actúo por conveniencia y comodidad? Porque aquí lo que Pablo está diciendo es: "Yo no estoy buscando mi conveniencia; yo soy consistente en cómo soy. No es que digo: 'Ay, cuando no estoy con ellos, entonces sí les escribo duro, porque entonces no tengo que confrontarlos cara a cara'". Dice: "No, yo soy consistente, y no estoy buscando nada más lo que es más fácil para mí". ¿Hacemos lo que es correcto o lo que es más fácil? A veces tiene que ver con miedo a confrontar. Es más fácil no confrontar; es más fácil no meternos en situaciones complicadas dentro de la iglesia y nada más evadirlas. Pero eso no es ser consistente. Ser consistente es buscar hacer lo correcto, no lo que es más fácil. Y eso es lo que Pablo está mostrando, que es parte de su autoridad apostólica.

La otra pregunta es: ¿me preocupa más lo que otros perciben de mí o lo que realmente soy? O sea, ¿qué es lo que me mueve en todo lo que hago?

Pablo está diciendo: "Esto es quien soy. No me importa en realidad lo que ustedes piensen de mí". Él no está negando lo del versículo 10, ¿se dan cuenta? Él no está negando que de hecho su manera de hablar sea despreciable, porque ese no es su enfoque; no es impresionarlos con su oratoria. Y lo ha venido diciendo en varios lugares, tanto de 1 como de 2 Corintios.

Nos gloriamos al no hacer comparaciones

Punto número tres. Seguimos leyendo, versículo 11… perdón, 12: "Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos. Pero ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, carecen de entendimiento". Esta es otra manera, creo, en que Pablo está diciendo: así es como nos gloriamos en el Señor y no en nosotros mismos: al no hacer comparaciones. Y estaba pensando en qué tan difícil es este punto que está diciendo Pablo aquí. Porque si ustedes se están comparando entre ustedes y se alaban entre ustedes por sus propios parámetros… porque todos quieren ser los mejores.

Claro, estaba pensando en los deportes, porque a muchos aquí les gusta jugar futbol, a otros nos gusta jugar básquetbol, y te das cuenta de qué tan competitiva es la gente, ¿no?, cuando ya empieza a jugar un deporte. Y estaba leyendo sobre alguien que decía… esto fue en Estados Unidos, fue un juego de niños. Lo invita una familia y le dicen: "¿Quieres venir a un juego de futbol de nuestros hijos, que se llama soccer no competitivo?". Eso es lo que van a jugar. Entonces, ya le explican que el punto es que nada más jueguen, que no cuenten los goles, y que al final todos ganan. Y claro, adivinen qué pasó durante el juego. Lo que escuchaba este señor era a los niños: "¡Ya vamos 6 a 1, le estamos dando una paliza!", ¿no? Y al final hacen de cuenta como que no les importa en realidad quién ganó, pero sí les importaba quién había ganado.

Es que, hermanos, somos competitivos por naturaleza, ¿no es cierto? Esa es nuestra naturaleza, y nos comparamos con los demás, porque eso es lo que pasa en los deportes: ¿quién es el mejor equipo? ¿Quién tiene las mejores capacidades? Comparados con ese, nosotros ganamos; pero luego nos vamos contra uno mejor, y entonces nosotros quedamos mal porque ellos son mejores. Esa es nuestra naturaleza. Y a los corintios les encantaba, amaban comparar sus habilidades retóricas, su pedigrí académico y cultural, dónde estudiaron, cuáles eran sus grados, sus habilidades como líderes, quién podía cobrar más por hablar. Porque una de las cosas sobre la habilidad retórica era que tú podías ganar dinero si eras suficientemente entretenido con la gente: "Si yo sé cómo hablar, yo puedo cobrar más que alguien que no sabe hablar". Y lamentablemente eso tiende a pasar en el mundo cristiano también.

Dos peligros de compararnos

Entonces, esto es peligroso. ¿Por qué creen que es peligroso, hermanos? ¿Y cuál es el punto de Pablo aquí? "No nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos. Ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, carecen de entendimiento". Hay solo dos cosas que van a pasar cuando te comparas. Por un lado, cuando tú te comparas con alguien, te puedes sentir muy bien sobre ti mismo, porque puedes decir: "Gracias, Señor, porque no soy como él". Porque, bueno, no sabe mucho de la Biblia, no sabe hablar, no tiene experiencia; y empiezas a pensar en todas las razones por las que tú eres mejor que él, y eso alimenta tu orgullo y alimenta tu arrogancia. Muchos de ustedes a lo mejor están pensando ahorita: "¿Cómo predicaría yo ese sermón? A lo mejor yo haría un mejor trabajo que el hermano Nathan". Puede ser.

Pero, por el otro lado, ¿qué es lo que puede pasar cuando te empiezas a comparar con otros? También te puede pegar en la otra dirección, donde te empiezas a sentir como un perdedor: "Porque claramente yo no tengo las mismas habilidades que él, claramente yo no tengo el mismo carisma que él, claramente él conoce mucho más de la Biblia que yo. Entonces, ¿para qué lo intento?". Entonces, en el momento en que nos empezamos a comparar con otros, empezamos a decir: "¿Cómo puede ser que a la gente le guste más hablar con él que conmigo? ¿Por qué le piden consejo a ese hermano y no a mí? ¿Por qué lo tratan a él mejor que a mí? ¿Cómo es que él saca mejores calificaciones que yo? ¿Por qué le pagan más a él?". ¿No es eso lo que empieza a pasar en el momento en que tú te empiezas a comparar? Siempre va a haber gente peor que tú y siempre va a haber gente mejor que tú en cualquier área, la que sea.

Es muy peligroso cuando eso empieza a pasar en la iglesia, y cuando eso empieza a pasar en el mundo cristiano, donde empezamos a vernos unos a otros, fuera de esta iglesia, como pastores. ¿Ustedes creen que no es una gran tentación compararnos entre pastores también? ¿Quién es mejor pastor de su iglesia? Y luego ves cómo hay iglesias que están creciendo, y cuando tienen mucha gente, dicen: "Bueno, es que sus métodos no son bíblicos, por eso no tienen buena doctrina; por eso están creciendo, claramente".

Entonces, Mateo 7, versículos 2 al 5: "Porque con el juicio con que ustedes juzguen serán juzgados, y con la medida con que midan se les medirá. ¿Por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: 'Déjame sacarte la mota del ojo', cuando la viga está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano". Entonces, hay un sentido de honestidad que tiene que haber dentro de todos nuestros corazones sobre las luchas que cada uno de nosotros tenemos, y simplemente buscar cómo Dios quiere tratar con esas luchas, sin compararnos con los demás. Y una vez que Dios ha tratado con nosotros, sin compararnos con los demás, podemos ayudar a los demás. ¿Entienden la dinámica de lo que está diciendo Jesús aquí en Mateo 7?

Nos gloriamos al enfocarnos en el ministerio que Dios nos dio

Bueno, pedrada número… ¿cuál va? Cuatro. Versículo 13: "Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino dentro de la medida de la esfera que Dios nos señaló como límite para llegar también hasta ustedes. Pues no nos excedemos a nosotros mismos, como si no los hubiéramos alcanzado, ya que nosotros fuimos los primeros en llegar hasta ustedes con el evangelio de Cristo. No nos gloriamos desmedidamente, esto es, en los trabajos de otros, sino que tenemos la esperanza de que, conforme la fe de ustedes crezca, nosotros seremos, dentro de nuestra esfera, engrandecidos aún más por ustedes, para predicar el evangelio aun a las regiones que están más allá de ustedes, y para no gloriarnos en lo que ya se ha hecho en la esfera de otro".

Entonces, ¿de qué está hablando Pablo en todo esto? Está hablando de enfocarnos en el ministerio que Dios nos ha dado a nosotros. Eso es parte de lo que significa gloriarse en el Señor: decir: "Señor, esto es lo que Tú me has dado. De esto soy responsable, y en esto me voy a enfocar". Ahora, eso se dice fácil, pero bueno. Y el principio está en 1 Corintios 12; ya lo hemos visto: "Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos". Entonces, primeramente está el principio de que todos servimos al Señor en el cuerpo de Cristo y en el reino de Dios, ¿no?

Primero discípulo, luego ministerio

Entonces ustedes se pueden estar preguntando: "Bueno, enfocarme en el ministerio que Dios me ha dado… pero ni siquiera sé cuál es el ministerio que Dios me ha dado. ¿Cuál es el ministerio, Señor? Muéstrame". ¿Cómo sabes a qué te ha llamado Dios? Bueno, brevemente, nada más para decirlo como lo experimentó Pablo: primeramente necesitas ser un discípulo antes de tener un ministerio.

Ser un discípulo significa que necesitas crecer en el Señor, en la Palabra; y conforme vas creciendo como discípulo, vas creciendo en un ministerio. Entonces, no es que llegas y empiezas a servir; primero aprendes a escuchar. Y Pablo, en Hechos 9: Dios lo llama, y Dios le dice: "Yo te voy a usar con los gentiles". Pero pasan diez años de preparación. No sabemos cómo se vio esa preparación, pero pasan diez años antes de que Pablo empiece su primer viaje misionero, antes de que vaya a Antioquía —perdón—; y va a Antioquía, y después de un año va a su primer viaje misionero. Entonces, Pablo tuvo que pasar un tiempo siendo preparado por Dios antes de desarrollar un ministerio para Dios.

Pero no nada más es que eres discipulado; es que hay otros cristianos a tu alrededor. En el caso de Pablo fue Ananías el que confirmó su llamado. Le dijo: "Sí, Dios te ha llamado a hacer esto". Y entonces viene una confirmación del ministerio que Dios te ha dado a través de otros que te dicen: "Sí, creo que Dios te está llamando en esa dirección". Ananías se lo dice; Bernabé se lo dice en el capítulo 11 de Hechos: va a Tarso, va por él, lo trae a Antioquía. Entonces, hay una confirmación de que sí, este es el camino que Dios quiere que yo tome, y empiezas a entender cuál es este camino. Te enfocas en tu especialidad, que Dios te va mostrando: "Esta es mi área de ministerio".

Criticar el ministerio de otros

Pero aquí está lo difícil, porque en la iglesia podemos estar más enfocados en criticar los ministerios de otros que en ser fieles a los nuestros. ¿No es eso verdad? ¿No es más fácil criticar la manera en que otros están desarrollando sus ministerios que buscar ser fiel en el ministerio en el que Dios me ha llamado a mí a servir? "Bueno, es que ve cómo limpiaron la iglesia; no hicieron un buen trabajo". No estoy hablando hipotéticamente aquí, ¿no? Está limpio. Pero yo ya me estoy metiendo en el ministerio de alguien más, criticando el ministerio de alguien más, y ni siquiera es mi ministerio. Yo no soy el que limpia la iglesia. ¿Cómo puedo ser de ánimo a la persona que está haciendo ese ministerio? Esa es la pregunta. No "¿cómo puedo criticarlo?"; "¿cómo puedo ser de ánimo en ese ministerio?".

Doctores con especialidades

Y aquí está el hermano Marcial. El hermano Marcial es doctor. ¿Y saben cuál es un problema que tiene el hermano Marcial? ¿Dónde estás, hermano? Aquí está; ahí está. Que tiene el título de doctor. Entonces —y esto yo lo descubrí hace poquito, ¿eh?—, ¿qué tipo de doctor es? ¿Saben qué tipo de doctor es el hermano Marcial? Reumatólogo. Pero vamos a preguntarle de lo que sea: "No, es que me duele el pie", "y es que ya me dio gripa", "y es que, miren, me salieron granos". Y bueno, el hermano Marcial hace su mejor esfuerzo por darnos algún tipo de solución. Pero ¿así funciona en la medicina? Como que: "Bueno, pues doctor es doctor, sabe cómo funciona el cuerpo", ¿no? Cada doctor tiene ¿qué? Su especialidad. Y no vas a consultar a un doctor de un área sobre un área que no es su especialidad, porque si lo haces, a lo mejor te va a diagnosticar mal.

Así es la iglesia: somos doctores con especialidades, queriéndonos meter a todas las demás y tratando de tener una opinión, y una influencia, y una autoridad en cualquier tipo de especialidad que pueda haber. Entonces, el problema que está sucediendo en Corinto es que ellos no nada más se meten en otras áreas, sino que también están más enfocados en sus propios ministerios —porque estos hombres tienen sus ministerios—, y no están buscando edificar a los demás en sus ministerios, y no están pensando: "¿Qué puedo yo aprender de alguien más?". Eso es muy peligroso: cuando yo pienso que la única dinámica que puede existir en la iglesia es que la gente aprenda de mí, entonces yo me estoy perdiendo de la bendición de los ministerios de otros en mi vida.

Delegar y soltar

Y, híjole, este tema se puede desarrollar de muchas maneras, pero la idea de delegar, de soltar cosas… Y esto es algo que en el liderazgo a veces estamos platicando y tratando de hacer intencionalmente: cómo delegamos cosas y decimos: "A ver, este es tu ministerio". Y vienen y preguntan sobre cada detalle del ministerio. Y le digo: "Hermano, es tu ministerio. Tú decide. No me tienes que pedir permiso si van a comprar servilletas o no para tu ministerio. Tú toma la decisión, ¿está bien?". Porque esa es la manera en que se tienen que desarrollar los diferentes ministerios de la iglesia: donde cada quien asume la responsabilidad, la autoridad de su ministerio, y nada más busca cómo apoyar a los demás, cómo impulsar a los demás en lo que están haciendo.

Bueno, nos enfocamos en el ministerio que Dios nos ha dado. De esa manera nos gloriamos en el Señor, disfrutando la variedad de dones dentro de la iglesia.

La misión es clara: predicar el evangelio

Y vean el versículo 16. La misión es clara: predicar el evangelio. Este es el propósito de los ministerios: es predicar el evangelio. Para Pablo tenía que ver con: "A ver, ¿dónde más podemos llegar? Donde no hemos llegado. Esa es mi visión. Yo voy a tratar de ir a donde nadie más ha ido. Si alguien más ya plantó una iglesia, está bien; ese lugar ya fue alcanzado con el evangelio. Yo puedo enfocarme en otro lugar". Pablo está muy claro dentro de los límites que Dios le ha puesto dentro de su ministerio, la responsabilidad que Dios le ha dado.

Y ¿saben qué? Cuando te enfocas en donde Dios te ha puesto y con lo que Dios te ha dado, también quita mucho estrés de tu vida, porque a veces estás cargando con cosas que ni siquiera te corresponden. Y ya tengo yo suficiente carga con el ministerio que Dios me dio a mí como para estarme preocupando por todos los detalles de todos los demás ministerios de la iglesia. Pablo dice: "Miren, mi misión es muy simple. Yo quiero nada más llevar el evangelio, edificar iglesias. Esa es mi misión. Ahí me estoy enfocando. No me estoy metiendo en otra cosa. Hay otros dones, otros ministerios; esos no son los míos. Este es mi ministerio, y de esa manera me glorío en el Señor, porque es el ministerio que Él me dio a mí".

Profundidad teológica y aplicación práctica

Y fíjense: cumplir nuestra misión no nada más tiene que ver con el evangelismo; también tiene que ver con el discipulado. Y otra vez, variedad dentro de la iglesia. Creo que puede ser que… variedad dentro de la iglesia. Uno de los conflictos que tiende a surgir dentro de nuestra iglesia es una tensión, una tensión natural que se da: profundidad teológica o consejos prácticos para la vida. ¿Cuál de los dos escogemos? ¿No? Y entonces va a haber hermanos que tienen mayor inclinación y mayor capacidad para la parte de aplicación práctica, y va a haber hermanos que tienen mayor inclinación y un mayor ministerio en profundidad teológica. ¿Tenemos que escoger entre los dos y decir: "No, este, y no este"? ¿Cómo funciona esa dinámica? Es una tensión real. O sea, no estoy inventando esto; son conversaciones que tenemos entre nosotros, porque es una lucha. ¿Cómo hacemos que esto funcione mejor en nuestra iglesia?

Y yo quisiera poder ver esta apreciación por los dos lados: este lado apreciando este, este lado apreciando este. Para decir: vamos a ser prácticos, y manos a la obra, porque tenemos profundidad teológica. No vamos a dejar esto a un lado para hacer esto. Y no vamos a solamente tener profundidad teológica sin buscar cómo aplicarla en nuestras vidas y cómo tener ministerios reales y tangibles. Entonces, ahí están. Es como si vienen y me dicen: "Hermanos, ¿cuál es más importante: hacer ejercicio o comer bien?". Bueno, son diferentes, pero ambos son necesarios si quieres ser saludable. Bueno, yo no hago ninguno de los dos, pero la iglesia es así. Y Pablo le dijo a Timoteo: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad".

Tenemos una misión delante de nosotros, hermanos. ¿Cómo cumplimos esa misión? Con la variedad de dones y con la variedad de ministerios que Dios le ha dado a esta iglesia. Así es como la cumplimos.

Nos gloriamos al apuntar a otros a Cristo

Y por último dice, versículo 17: "Pero el que se gloría, que se gloríe en el Señor. Porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba". Pablo dice: "Miren, hermanos, mi jactancia, mi orgullo, mi gloriarme, no está motivado por un orgullo personal; está motivado por un amor hacia ustedes. Y la mejor manera de amarlos a ustedes es apuntarlos hacia Cristo. Y la manera de apuntarlos hacia Cristo es gloriarme constantemente en quién es Él y en lo que Él ha hecho. Es la única manera en que los voy a llevar a Él". No es jactarse en la persona, sino en lo que Dios hace a través de la persona.

Me encanta cuando… y estos son los funerales a los que hemos ido en esta última semana, dos semanas: funerales de cristianos. Y cómo hablamos acerca de ellos. No hablamos acerca de ellos para exaltarlos a ellos; hablamos de ellos para exaltar a su Dios y lo que Él hizo a través de ellos. Eso es gloriarse en el Señor. Esa es nuestra misión, hermanos.

Y aquí, en el versículo 17, Pablo está citando Jeremías 9, versículos 23 y 24; de ahí viene esta cita. Dice: "Así dice el Señor: 'No se gloríe el sabio en su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza. Pero si alguien se gloría, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues Yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco', declara el Señor".

¿Dependencia en mí o en Cristo?

Entonces, esta es la pregunta, hermanos. En esta pregunta de cómo nos gloriamos en el Señor, el punto central es: nos gloriamos en el Señor al apuntar a otros a Cristo. ¿Cómo sé que estoy apuntando a otros a Cristo y que de esa manera me estoy gloriando en el Señor? Bueno, esta es la pregunta: ¿estoy creando dependencia en mí, en otros o en Cristo? ¿Estoy jalando a la gente hacia mí, como si yo fuera lo que ellos necesitan, o, al acercarse ellos a mí, los estoy apuntando hacia Cristo para mostrarles que Cristo es lo que necesitan?

Por eso es tan complicada —y entendemos por qué sucede—, por eso es tan complicada la dinámica que se da dentro de la iglesia donde todos quieren hablar con el pastor, o con los pastores, nada más. Porque, número uno, no podemos hablar con todos con este tamaño de iglesia. No podemos hablar con todos todo el tiempo sobre todos los problemas que todas las personas están teniendo todas las semanas. Y haría mal yo en decir: "Tienes que hablar conmigo sobre tus problemas. Y todos tienen que hablar conmigo sobre sus problemas". Porque no soy yo la solución a sus problemas: es Cristo. ¿Y adivinen quién puede llevarlos a Cristo? Cualquier cristiano.

Cualquier cristiano tiene este libro, tiene la fe, la convicción en su corazón, el Espíritu Santo dentro de él trabajando para darle palabras y decir: "Sí, yo también puedo animarte y mostrarte cuál es la voluntad de Dios para tu vida". Y no tengo que ser yo, no tiene que ser Roberto, no tiene que ser Alfredo. Sí se pueden acercar, sí podemos hablar, pero esto es un trabajo de comunidad, entre todos, haciéndonos cada vez más dependientes de Cristo.

La aprobación que realmente deseo

Y el versículo 18: "Porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba". ¿No es interesante cómo lo pone? Es la pregunta: ¿cuál es la aprobación que realmente deseo? Esto nos motiva dentro de la iglesia; esto es lo que nos motiva en nuestros ministerios. ¿Qué estoy buscando al final del sermón? ¿La aprobación de quién? Por eso les advertí que iban a ser pedradas, porque yo preferiría no hablar de algunos de estos temas y ser tan directo; pero el Señor quiere ser directo. Así que seamos directos; confrontémonos unos a otros en amor.

Mi oración en todo lo que yo haga dentro de la iglesia, en todo ministerio, debe de ser: "Señor, yo quiero escuchar esas palabras: 'Bien, bien, siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor'". Es lo único que estamos realmente anhelando, ¿no es cierto?, si somos cristianos: la aprobación de Dios. Que Dios diga: "Buen trabajo. Fuiste fiel en el ministerio que Yo te di. Apuntaste a otros hacia Mí. Les mostraste la verdad del evangelio de una manera clara por tu vida y tu manera de vivir y de depender de Mí, especialmente a través de las tribulaciones. Tuviste la oportunidad de mostrarles dónde estaba tu tesoro".

El propósito de la iglesia: la gloria de Dios

Y esta es la misión de nuestra iglesia, hermanos; de esto se trata la iglesia. Si hay confusión sobre qué es esto que hacemos todos los domingos: nuestro propósito como iglesia es la gloria de Dios, mostrar a Dios, apuntar a otros hacia Cristo. Y Piper dice acerca de las misiones que el propósito de las misiones es la adoración. La razón por la que tenemos que compartir el evangelio es porque la gente no está adorando a Dios como debería. Y por eso les predicamos el evangelio: para que adoren al verdadero Dios, y el verdadero Dios se lleve la honra y la gloria.

Y por eso este es uno de mis pasajes favoritos en toda la Biblia, Apocalipsis 4 y Apocalipsis 5, porque muestran cómo se juntan todas las cosas: el propósito por el cual Dios hace todo lo que Él hace, y toda Su creación se postra delante de Él al final para reconocer la razón por la que Él hace lo que hace. Y dice: "Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque Tú creaste todas las cosas, y por Tu voluntad existen y fueron creadas". No hay más. No se trata ni siquiera de mi felicidad —que, por cierto, voy a encontrar mi mayor felicidad cuando contemple la gloria de Dios—. Pero no se trata de eso; finalmente se trata de la gloria de nuestro Creador, que nos ha salvado con ese propósito: que la gente lo pueda ver a Él como realmente es.

Y esa es nuestra vida, en lo personal y como iglesia. Y en todo lo que hagamos pensemos: "¿Cómo estoy cumpliendo el propósito más grande de mi existencia?". Y eso nos va a llevar a vivir como iglesia en santificación y en unidad, honrando a nuestro Dios.

Oración final

Señor, gracias por Tu Palabra, y gracias porque en ella nos sentimos exhortados, nos sentimos confrontados, y queremos que siempre Tú te lleves la honra y la gloria de todo lo que hacemos. Ayúdanos a vivir nuestros ministerios. Ayúdanos a vivir con fidelidad las áreas a las cuales Tú nos has llamado, y a honrarte siempre, Señor. Que Tu iglesia sea una manifestación clara de la manera en que Tú nos has amado, porque nosotros nos amamos los unos a los otros. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

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