Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Lucas 22:7-20LucasDaniel Espinosa

La Pascua: Un maravilloso plan de rescate

Transcripción

Avisos e introducción

Bueno, si se han preguntado esas cosas, esta es una buena guía: "Respuestas a preguntas sobre Jesús". Y ahora que estamos en Semana Santa, por supuesto que surgen preguntas; así que ahí los vamos a tener en la librería. Bien, pues ahí están, hermanos. Respecto a la Pascua, pues recuerden: es conocer, en lo posible, el simbolismo, el significado de todas las prácticas, los rituales que se llevaban en la antigüedad, y cómo se siguen llevando hoy en día, y el propósito por el cual se sigue haciendo, hermanos. Entonces, pues ahí están los avisos, hermanos, para que estemos orando por la salida de jóvenes, por esta reunión del viernes, por la unidad en el Espíritu que debemos tener como iglesia.

Y estar reflexivos, pero no nada más como la mayoría de la gente lo hace ahora en estas fechas: está reflexionando, pero ¿en qué reflexionan si no conocen la Biblia, si no conocen el propósito de Jesús, de Su sacrificio, de Su resurrección? Es una oportunidad siempre de ayudar a la gente a entender estas cosas tan importantes, en las cuales está de por medio su salvación, su eternidad, creyendo en Jesús como su Salvador, primero Dios, hermanos. Pues vamos a continuar entonces. Hoy corresponde el tiempo de predicación a nuestro hermano Daniel, de esta serie, hermanos, que estamos de Semana Santa. Con nuestro hermano Jonathan se habló la semana pasada acerca de las profecías; específicamente, interesantes puntos que nuestro hermano compartió. Entonces hoy vamos a ir al Nuevo Testamento también, con nuestro hermano Daniel. Y vamos a ponernos de pie, hermanos, por favor; vamos a pedir la dirección de nuestro Señor: que el Señor nos ayude, Señor, nos abra el entendimiento, nos despeje de toda distracción que pudiéramos tener, y que estemos atentos al mensaje de la Palabra de Dios.

Una pausa en Apocalipsis

"Un plan de rescate". Dios les bendiga. Como bien explicó ahorita Roberto, hemos venido estudiando con Nathan, y en las últimas sesiones con hermanos, específicamente sobre el libro de Apocalipsis. A partir de hoy, y los siguientes dos domingos, vamos a hacer una pausa de este libro, y vamos a tener una serie pequeña, intencional, sobre los eventos que precisamente se celebran en Semana Santa. Decía Roberto, y decía bien: es importante reflexionar lo que sucede y celebramos en esta semana, pero es difícil hacerlo si no conocemos cuál es el significado de esta celebración.

Es cierto que muchos de nosotros anhelamos la llegada de Semana Santa por razones como no asistir a la escuela o al trabajo, respectivamente; que es una época ideal para salir de vacaciones; o inclusive, para nosotros los que vivimos aquí, es un buen momento para estar en la ciudad, ya que se queda vacía. Pero obviamente este no es el motivo; no debe de ser el motivo de la reflexión y celebración que tengamos de esta semana. Hoy trataremos de demostrar, a través de este estudio, cuál es el significado de esta celebración, y qué tiene que ver con nosotros hoy, siendo un hecho que pasó hace mucho tiempo. Y vamos a ver qué nos dice precisamente la Palabra de Dios, la Biblia, acerca de esto. Cambié un poco, para aquellos que tienen sus boletines, el versículo en el que me basaré: ahora será Lucas 22, del 7 al 20. Y vamos a orar, si les parece, para que Dios permita que entendamos lo que Él quiere hablar a nuestros corazones.

Oración

Padre, te damos gracias por otro día más de vida que nos das. Y te damos gracias porque esa vida precisamente es misericordia tuya, porque simplemente despertar es un milagro que no depende de nosotros, que no depende de nuestra salud, que no depende de cuánto nos cuidemos o no, sino simplemente de si Tú has decidido que tengamos un día más. Te damos gracias por la obra redentora de Jesús, te damos gracias por lo que haces cada día por nosotros, y te damos gracias porque precisamente por esa obra de Jesús hoy podemos estar delante de Ti y podemos buscarte, Padre. Damos gracias por ello.

Y te pedimos que hoy permitas que cada palabra que se hable muestre precisamente a Jesús; que sea tuya la honra y la gloria de este mensaje. Y que Tú, en cada ocasión que Tu Palabra es predicada, permitas que el mensaje particular que quieres dar, que quieres para cada persona, llegue a sus corazones. Pedimos que no sea nuestra gloria la que busquemos a través de esto, sino que sea la tuya. Padre, damos gracias por este tiempo, y lo ponemos en Tus manos, para que sea para honra y gloria tuya. En el nombre de Tu Hijo Jesús te damos gracias.

Ya un poco, en realidad, hizo el microrresumen de lo que va a tratar este sermón; entonces, si se duermen, no se preocupen: ya el mensaje fue dado. Y eso tampoco es casualidad. Trataré de dar un poco más de detalle, pero, como decía, la intención hoy es precisamente entender qué se celebra en esta semana, en esta semana que celebra precisamente la Pascua.

Lectura de Éxodo 12

Les pido que me acompañen en el libro de Éxodo, el capítulo 12, y vamos a leer lo que nos dice hasta el versículo 28, Éxodo 12, del 1 al 28. Dice:

"Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: 'Este mes os será principio de los meses; para vosotros será este el primero en los meses del año. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.

Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.

Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis. Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel. El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. Y guardaréis la fiesta, y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua.

En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde. Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel. Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura'. Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: 'Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. Y tomad la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará, como prometió, guardaréis este rito. Y cuando os dijeren vuestros hijos: '¿Qué es este rito vuestro?', vosotros responderéis: 'Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas'. Entonces el pueblo se inclinó y adoró. Y los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón".

Cómo llegamos a este punto

Estos 28 versículos describen específicamente el origen de la Pascua, un origen que está descrito en este libro de Éxodo. Y, como decía Nathan, habla de cosas específicas que se deben de hacer para la celebración de la Pascua; cosas específicas que, si las leemos así como ahora y no tenemos un contexto claro de lo que se está hablando, es difícil que entendamos de qué trata. Para saber de qué está hablando esto, tenemos que ponernos en el contexto de lo que estaba pasando en este justo momento. En una parte habla de la representación de la Pascua como la celebración de la liberación del pueblo de Israel de Egipto. ¿Cómo es que llegamos a este punto?

Para ello tenemos que regresar un poco en el tiempo, poco más de 430 años, y llegar hasta la vida de José. José el soñador es el hijo de Jacob, un hijo amado de Jacob, que por envidia sus hermanos lo entregan a esclavitud, y es llevado de manera injusta a Egipto. Después de muchos pesares, donde inclusive él tiene que ir a la cárcel, también de manera injusta, es exaltado por parte de Dios, y José llega a ser líder de Egipto. Y esto tenía un propósito: Génesis 50:20 dice que aquello que trataron de hacer para mal en contra de él, Dios lo convierte en bien. Y no solamente es un bien específico para José; es un bien para el propósito de Dios. Y entonces Él lo exalta, y el propósito era traer a Su pueblo —a sus hermanos, que lo habían traicionado y vendido a esclavitud— a Egipto, traerlos con él para salvarlos de la hambruna que estaba pasando.

El plan de Dios está puesto en marcha: el pueblo de Israel es preservado de esta hambruna, llevado a Egipto, teniendo a José como líder. Pero José muere, y dice la Palabra, iniciando el libro de... de Éxodo, perdón, que un rey en Egipto se levantó y no conocía a José, y no conocía su descendencia. Más aún, no le agradaba el pueblo de Israel; veía cómo se multiplicaba, veía cómo prosperaban, y era algo que no le agradaba. Y pone en marcha un plan para eliminar al pueblo de Israel, y les dice a las parteras: "Cada que nazca un hijo hebreo, vas a fijarte de qué sexo es. Si es mujer, vas a dejarla vivir; pero si es varón, has de asesinarlo".

Moisés

Gracias a Dios, y por obra del Espíritu, las parteras no siguen esto. Pero el miedo en el pueblo de Israel por el nacimiento de un varón existía. Y nace Moisés, y su madre, por miedo, después de ocultarlo durante un periodo, lo pone en una cesta y lo echa al río. Y Moisés es rescatado por la hija misma del faraón, y es criado en esta familia. Y crece, y con el paso del tiempo se da cuenta de lo que pasa. El rey de Egipto sigue sin estar de acuerdo con la prosperidad del pueblo de Israel, y lo somete a esclavitud, y los tortura con trabajos pesados, y los maltrata.

Moisés se da cuenta de esto, y en un momento él se da cuenta de que están maltratando a uno de sus hermanos de Israel. En un instante, guiado por sus emociones, asesina al soldado egipcio que estaba maltratando a su pariente de Israel. Por miedo, él huye, y permanece aislado durante mucho tiempo, 40 años, escondido por temor a ser descubierto. El pueblo de Israel sigue estando sometido al egipcio, sigue estando torturado con cargas más pesadas cada día, y clama a Dios por ayuda. Y Dios los escucha.

Y Dios decide tomar a Moisés, que está oculto en algún lugar, y llamarlo para rescatar a Su pueblo. Dios toma a un hombre temeroso como Moisés, a un hombre casi tartamudo, y le dice: "Quiero que ahora hagas esto. He escuchado el clamor de mi pueblo, y quiero que vayas delante de Faraón" —el hombre más poderoso en ese momento, que decidía si podían vivir o si podían morir—, "quiero que vayas delante de él y le digas que deje ir a mi pueblo, para que vaya al desierto y me alabe". Después de dudarlo mucho, después de poner muchísimas objeciones, Moisés responde al llamado de Dios, junto con su hermano, y se plantan delante del faraón, y le piden que haga caso de lo que Dios ha mandado: que deje libre a Su pueblo, y que lo deje ir con todos los niños, con todas las bestias que tienen.

Las plagas y la décima plaga

Obviamente, Faraón, endurecido, dice la Palabra, en su corazón, no accede a esta petición. No accede, y aparte endurece su mano en contra de este pueblo. Moisés sigue insistiendo; inclusive le advierte lo que ha de pasar si no accede, y advierte sobre las nueve plagas que han de venir. Nosotros las conocemos: son las aguas que se convierten en sangre, la plaga de las ranas, los piojos, las moscas, la terrible peste sobre el ganado, las úlceras, la lluvia de granizo y fuego, las langostas y las tinieblas. Y aun cuando Faraón se ve sorprendido por estas plagas, después de cada una de ellas endurece más su corazón y no deja ir al pueblo de Israel.

Y es así, entonces, que llegamos a la décima plaga. Dios vuelve a hablar con Moisés y le dice: "Ve con Faraón y advierte lo que va a pasar: asesinaré al primogénito de cada familia, pero liberaré a mi pueblo, y haré que este juicio pase de largo y no perezcan los primogénitos del pueblo de Israel. Pero para esto tienen que hacer algo: tienen que sacrificar un cordero perfecto, y la sangre de ese cordero tienen que ponerla en los postes de la puerta y en el dintel, o travesaño. Entonces mi ira pasará de largo", dice Dios, "y no permitiré que el heridor entre a herir".

Y no solo eso; dice: "Después vas a celebrar esto que está pasando. Y vas a celebrarlo comiendo un pan sin levadura" —la levadura era un elemento que se utilizaba para inflar el pan—; "siete días comerás de ello, y celebrarás esto", dice, "de manera perfecta, porque vas a celebrar el día que, después de 430 años de esclavitud en Egipto, yo liberé a mi pueblo". Y lo hace. Y en efecto, mueren todos los primogénitos de las casas que no tenían esta señal, la señal de la sangre del cordero sacrificado en los postes y en el travesaño de sus puertas.

Esta es la celebración de la Pascua. Esta es la celebración del pueblo de Israel siendo liberado de la esclavitud de Egipto, siendo liberados del yugo que tenían por parte de Faraón. Y conocemos la historia: sale el pueblo de Israel de Egipto con todas sus bestias —inclusive narra la Biblia que salen con sus panes, para celebrar en el camino la fiesta—, y son llevados hasta el mar, donde les hace encuentro, va el faraón para capturarlos. Y entonces Dios hace un milagro maravilloso, y permite que Moisés abra el mar, y pasan, y son librados de la persecución del pueblo egipcio. Esta es la celebración de la Pascua; esto es lo que celebramos año con año; este es el origen de esta celebración.

El cordero sin defecto

Pero lo importante es ver qué nos dice: ¿cuáles son los elementos que tenemos que identificar en esto? Primeramente, nos habla de un cordero, un cordero que deberá ser sacrificado. Dice: "Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero".

Y esto es importante; dice en el versículo 5 del capítulo 12 de Éxodo: "El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes". Es un elemento importante que debe de ir en esta celebración: el sacrificio, perdón, de un cordero. Que además requerirá el consumo de pan sin levadura; en Éxodo 12:8 nos dice: "Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán". No puede ser cualquier pan. Esto no es algo que el pueblo de Israel tenga el poder de decidir si lo hacen o no; específicamente les dice: tiene que ser un pan sin levadura, un pan sin ese elemento que corrompe al pan por completo.

Pasar por alto el castigo

¿Qué otro elemento vemos en esta celebración? Dice: pasará por alto el castigo. Éxodo 12:13 nos dice lo siguiente: "Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto". Dios está haciendo un juicio, pero este juicio, dice, pasará de largo: "Si yo veo esta señal, la sangre marcada en los postes y en el travesaño, pasará de largo". De hecho, la palabra Pascua viene del vocablo hebreo pésaj, que literalmente significa pasar por alto, o por encima; figuradamente significa preservar, o mostrar misericordia. Y es lo que está diciendo aquí, en este versículo 13: "Si yo veo esta señal, el heridor no herirá; pasará de largo este juicio".

¿Qué más demandará? Una celebración perpetua. El versículo 14 dice: "Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis". No es una fiesta temporal; es una fiesta que de manera perpetua Dios exige que se celebre. Tiene importancia, ¿por qué? Estamos viendo esto, y ahorita veremos si el pueblo de Israel cumplió esta demanda de Dios.

Por último, la Pascua dará liberación y dará un libertador. Específicamente, este pasaje nos muestra cómo el pueblo de Israel, después de 430 años de esclavitud, es liberado de Egipto. Esta es la liberación que tiene ese pueblo. ¿Quién es el libertador? Aquel que llamó en ese momento Dios: Moisés. Moisés es aquel que ha sido elegido para ser el libertador de Su pueblo. Más adelante veremos que es una liberación temporal: el pueblo siguió pecando; el pueblo, en un momento en el futuro, volverá a estar bajo el yugo de otros reyes. Pero en este momento lo que se está brindando es libertad y un libertador, a través de lo que está haciendo Dios.

Una celebración perpetua a lo largo de la historia

Es importante recalcar lo que está pidiendo Dios: está pidiendo que sea una celebración perpetua. Y una vez que liberó al pueblo de Israel de Egipto, nos damos cuenta, a través de la historia descrita en la Biblia, de cómo esta celebración en realidad sí fue tomada en cuenta, de esta manera. En Josué 5:10 dice: "Estando los hijos de Israel acampados en Gilgal, celebraron la Pascua en la noche del día 14 del mes, en los llanos de Jericó". Más o menos estamos hablando del año 1375 antes de Cristo. En 2 Reyes 23, del 21 al 23, dice: "Entonces el rey ordenó a todo el pueblo, diciendo: 'Celebrad la Pascua al Señor vuestro Dios, como está escrito en este libro del pacto'". Estamos hablando de los años 929 a 587 antes de Cristo.

2 Crónicas 30:1 al 5 dice: "Entonces Ezequías envió aviso por todo Israel y Judá, y también escribió cartas a Efraín y a Manasés, para que vinieran a la casa del Señor en Jerusalén a fin de celebrar la Pascua del Señor Dios de Israel". Estamos hablando de los años 458 a 398 antes de Cristo. Ezequiel 45, del 21 al 24: "En el mes primero, a los 14 días del mes, será para vosotros la Pascua, fiesta de siete días; en ella se comerá el pan sin levadura". Años 593 a 565 antes de Cristo. Por último, Esdras 6:19 al 21: "Los desterrados celebraron la Pascua el día 14 del mes primero, ya que los sacerdotes y los levitas se habían purificado juntamente; todos ellos estaban purificados. Entonces mataron al cordero de la Pascua para todos los desterrados, tanto para sus hermanos los sacerdotes como para sí mismos". Año 460 antes de Cristo.

En el momento en el que inicia esta salida del pueblo de Israel hacia Egipto, después de estar como esclavos de Egipto, estábamos hablando de los años 1400, 1300 antes de Cristo. Y vemos cómo, conforme avanza el tiempo, esta celebración se mantiene tal cual lo pidió Dios; sigue siendo perpetua, y tiene una importancia, tiene una razón de ser. Era necesario que esta fiesta se mantuviera y llegara para celebrarse en un momento específico de la historia.

Jesús llega a la última semana

Saltamos, repito, del origen de la celebración de la Pascua, años 1400, 1300 más o menos antes de Cristo, al tiempo en que Jesús ha venido a esta tierra: 1400 años aproximadamente han pasado, y ahora Jesús está aquí. Jesús ha nacido de una virgen, Jesús ha crecido, y ha llegado el momento donde Su ministerio está arrancando. Durante los tres años de este ministerio, Jesús viajó por la tierra de los hebreos ministrando a la gente. Y había dos elementos principales que hizo Jesús en este tiempo. El primero era Su enseñanza: lo que hacía Jesús eran enseñanzas de la Palabra de Dios, que se caracterizaban por tener autoridad y por tener sabiduría. La segunda cosa que hace Jesús durante Su ministerio en estos tres años es realizar una serie de milagros. La Biblia registra 35 milagros que realiza Jesús, que van desde caminar sobre las aguas, multiplicar panes y peces, hasta revivir personas que habían muerto.

Esto es lo que hace Jesús durante tres años en Su ministerio. Pero Él tenía un propósito específico. Miren, acompáñenme en 1 Juan 4:14, a ver qué nos dice. 1 Juan 4:14: "Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió al Hijo" —está hablando de Jesús— "para ser el Salvador del mundo". "Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió al Hijo", Jesús, "para ser el Salvador del mundo". Jesús estaba enseñando y realizando milagros. ¿Cómo iba a ser entonces esto? ¿Cómo iba a salvar Jesús al mundo haciendo únicamente esto? Había algo más que tenía que hacerse.

Y entonces llega el viaje de Jesús, en la última semana de Su vida, a Jerusalén: aquel plan de Dios materializado en la última labor de Su Hijo; aquel ser, siendo hombre y Dios al mismo tiempo, lleno de determinación para ir hacia los inevitables, horribles, pero gloriosos eventos de Semana Santa designados por Dios. Y llegamos a este pasaje. Miren lo que dice Lucas 22:7. Lucas 22:7: Jesús ha iniciado Su ministerio, lleva 30, perdón, 3 años enseñando la Palabra de Dios, y llega a esta Semana Santa. Ha entrado a Jerusalén de manera gloriosa, como la celebración del Domingo de Ramos, y ahora está en un momento específico, pero crucial, de la historia.

Lectura de Lucas 22

Lucas 22:7 y 8 dice: "Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: 'Id, preparadnos la pascua para que la comamos'". En este mismo libro, vayamos adelantito; en el versículo 13 dice: "Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua. Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con Él los apóstoles. Y les dijo: '¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios'. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: 'Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga'. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: 'Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí'. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: 'Este es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros será derramada'".

Como dijo Sergio hace un momento, tenía el deseo, tenía el anhelo, de estar en comunión con Sus discípulos en este momento específico. Y creo que... piensen en el momento específico que está viviendo Jesús. Él sabe lo que está por venir; Él sabe que en unas horas ha de ser aprehendido; Él sabe el martirio que va a pasar; Él conoce el castigo que está por recibir. Y aun así, Él desea tener comunión con los doce; Él desea celebrar la Pascua. Pero no solamente eso: Él quiere algo más, Él quiere comunicar algo más a través de esto. Jesús resalta nuevamente dos elementos en el versículo 7: nos habla otra vez de los panes sin levadura, y nos habla también de la necesidad de sacrificar el cordero. ¿Y ese cordero? Vean lo que dice Juan 1:29: "Al día siguiente vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: 'He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo'". Dios no solamente está pidiendo a Sus discípulos que preparen la mesa, que preparen el sacrificio del cordero para que esta celebración se dé; Jesús se está preparando a sí mismo para ser el cordero que ha de ser sacrificado. Un cordero que ha de ser sacrificado, como aquí dice, para el perdón de los pecados del mundo; no solamente de los judíos: del mundo. Lucas 22 nos decía: es necesario que el cordero sea sacrificado. Jesús sabe que es necesario que Su sacrificio se lleve a cabo.

El pan de vida

Y también habla del pan sin levadura. Los discípulos deberían de haber sabido esto. Vean lo que dice Juan 6:32-35: "Y Jesús les dijo: 'De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo'. Le dijeron: 'Señor, danos siempre este pan'. Jesús les dijo: 'Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás'". ¿Se dan cuenta de esto? Y esto que les dijo Jesús a los discípulos no fue después; ya se los había dicho.

La Pascua está pasando delante de ellos. La verdadera Pascua está pasando frente a sus ojos, y no se están dando cuenta. El cordero que debe de ser sacrificado para que el verdadero perdón venga está frente a ellos. El pan que necesitan comer —no un pan simplemente sin levadura, que es un pan que no ha sido corrompido—, el pan de vida, que es Jesús, está delante de ellos: el pan que nunca fue corrompido, porque la Palabra dice que Jesús no conoció pecado. Él ya había anunciado que Él era ese pan. Al estar celebrando la Pascua de algo que había pasado 1400 años antes, no se dan cuenta de que la verdadera Pascua está pasando delante de ellos.

Lo que Jesús iba a padecer

En el versículo 15 les dice: "¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!". ¿A qué se refiere aquí? ¿Qué es lo que va a padecer? También ya se los había anunciado: primero en Mateo 16:21, en segunda en Mateo 17:20, y después en Mateo 20:17-19. Tres veces Jesús les advirtió, y les dijo: "Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a Sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: 'He aquí subimos a Jerusalén'" —y este es el anuncio que ya les había dado—: "'Y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará'". Jesús ya había anunciado lo que iba a padecer.

Y Jesús también ya había anunciado antes, en las profecías, lo que esto significaba. Miren, Isaías 53:4-6 dice: "Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores. Con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Pero Él fue herido, traspasado por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades". Y miren qué dice: "El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros".

¿Recuerdan lo que pasó en Egipto? La sangre del cordero marcó los postes y el dintel de sus puertas, y entonces eso hizo que Dios pasara de largo el juicio sobre ellos, y no murieran los primogénitos. Está anunciando que va a padecer, y ya les había anunciado por qué iba a padecer: para sufrir el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados. Nuevamente, Jesús está haciendo la verdadera Pascua, y ellos no se están dando cuenta. Nosotros hoy podemos gloriarnos en ver eso, y voltear hacia atrás, y ver lo maravilloso que es. Ellos lo tenían delante de sus ojos: el castigo iba a pasar de largo por aquello que iba Jesús a padecer unas horas más tarde.

La celebración perpetua

¿Recuerdan la celebración original de la Pascua? Dios demandaba que fuera perpetua. Jesús es la celebración perpetua. En Lucas 17:20 nos dice precisamente cómo va a ser esta celebración todo el tiempo. Miren lo que dice —perdón—, Lucas 22:17 al 20: "Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: 'Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga'. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: 'Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí'. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: 'Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros será derramada'".

Lo que hacemos cada domingo en esta iglesia: tomamos un pedazo de una galleta, representando el pan, y tomamos jugo de uva, representando el vino. Cada que hacemos esto estamos celebrando de manera perpetua lo que Jesús hizo por nosotros. Cada que nos acercamos a esta mesa, que está cada ocho días, lo que hacemos es decir: "Jesús, gracias por Tu sacrificio. Gracias porque por Ti la ira de Dios pasó de largo sobre mí. Gracias porque Tú eres el Cordero; gracias porque Tú eres el pan de vida". Esta celebración sigue siendo perpetua. Y dice: hasta que Dios venga, "hagan esto en memoria de mí".

Y lo dice, y lo pide, porque sabe que se nos va a olvidar. No estamos hablando de un Dios ególatra que todo el tiempo quiere que le reconozcan simplemente para vanagloriarse de manera vana. Es alguien que nos ama tanto que sabe que olvidaremos la importancia de Su sacrificio mostrado en Jesús, y nos dice: "Hagan esto en memoria de mí", hasta que Dios venga. Jesús es, y será, la celebración perpetua.

El libertador eterno

Jesús es el libertador. En la Pascua original, Dios les ha dado a Moisés; ahora Dios nos está dando a Jesús. Juan 8:34-36 dice: "Jesús les respondió: 'De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí quedará para siempre'". Está hablando de Jesús. "'Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres'". A través de Moisés, Dios permitió que Su pueblo saliera de una esclavitud material, de una esclavitud física que tenían en Egipto. Pero siguió pecando, pero siguió olvidándose de Dios; tan pronto lo llevó al desierto, empezaron a quejarse y a renegar de lo que les había dado.

Ahora, a diferencia de ese libertador temporal, Dios nos ha dado en Jesús a un libertador eterno; a un libertador que, dice la Palabra, si Él es el que nos hace libres, entonces somos libres en verdad. No libres de la esclavitud que teníamos de un rey, sino libres de la esclavitud que teníamos del pecado, porque ese pecado nos llevaba a la muerte eterna. Jesús ahora nos ha liberado, y Jesús es un libertador no temporal; es un libertador eterno. La Pascua está pasando delante de los ojos de los discípulos, y no están dándose cuenta.

Un rescate infinito

¿Qué es lo que celebramos con la Pascua? Primeramente, celebramos un rescate infinito por mi pecado infinito. ¿Cuál era el objetivo de esto? ¿Cuál era el objetivo del sacrificio, la muerte y resurrección de Jesús? Mateo 20:28 nos responde con esto; Jesús dice: "El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos". La muerte de Jesús tiene un significado en esta Semana Santa, y el significado es el rescate. La muerte de Jesús no fue una muerte ordinaria; fue la muerte del Hijo de Dios, que es Dios mismo, y su propósito era el rescate: un pago hecho para liberar a las personas del poder mortífero del pecado.

Cristo venció el mal de nuestro pecado con el bien de Su propia muerte y de Su resurrección. Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo; reconciliados por el pago de un rescate. Piensen en eso: el costo, la vida del Hijo de Dios, que es Dios mismo, por mi rescate. No fue algo gratuito; costó mucho. Costó la vida del Hijo de Dios el que ahora yo pueda ser salvo y estar delante de Dios. Y eso es lo que celebramos con la Pascua; eso es lo que ahora podemos celebrar de manera gozosa: ver a Jesús quebrado en la cruz como un escenario horrible, pero a la vez maravilloso. Ese es el plan —como decía nuestro hermano Alfredo al principio— que Dios tenía desde el principio para rescatar de manera eterna, y no temporal, a Su pueblo.

Un nuevo pacto basado en la gracia

¿Qué celebramos con la Pascua? Celebramos un nuevo pacto, que está basado ahora en la gracia y no en la ley. En Mateo 26:28 decía: "Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados". Estamos hablando de la sangre de Jesús derramada en la cruz. Y pongan atención, es importante lo que dice: esta sangre es "mi sangre del nuevo pacto". Para entender lo que está diciendo aquí, vayamos rápido a Jeremías 31, en el versículo 31 al 34, a ver qué nos dice al respecto. Dice Jeremías 31, del 31 al 34: "He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová".

Este es el pacto que había hecho con Su pueblo, y está hablando de cómo lo sacó de Egipto. Pero dice: ellos invalidaron ese pacto. Dios le había dado a Moisés leyes para que Su pueblo las cumpliera, pero apenas había bajado Moisés con las tablas de la ley, y Su pueblo ya estaba adorando un becerro de oro. Y miren qué nos dice Jeremías: "Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: 'Conoce a Jehová'; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado".

La Pascua nos da un nuevo pacto, un pacto que no depende de mis acciones, de mis buenas obras, porque no existen. Un pacto que me libra de la ley y ahora me da otro, nuevo, que está basado en la gracia, no en lo que pueda hacer yo. Y eso es lo que dicen todas las religiones: buscan argumentos insostenibles para decir que tú, en tus acciones, puedes ganar la salvación. Pero ahora te dice Dios: "Yo te estoy dando un nuevo pacto a través de Jesús, que no está basado en lo que tú puedes hacer, sino en lo que Él ya hizo en la cruz". Dios desde el principio sabía que no podíamos. Es cierto: no podíamos, no podemos. Y entonces Dios nos da a Su Hijo para que, como también decía Sergio, ahora delante de Él, y solamente por Él, pueda Dios vernos como justos, aun cuando lo único que hay en nosotros es pecado. A través de la Pascua se está sustituyendo la ley por la gracia, la misericordia de Dios.

Dios nos lleva a Él mismo

Por último, lo que nos da un motivo para celebrar la Pascua es que Dios nos lleva a Él mismo. A través de la Pascua podemos entender que el sacrificio de Jesús no es para exaltarnos a nosotros mismos. No tenía únicamente como fin el que nosotros, al haber sido librados del pecado, fuéramos los que seamos exaltados. La Pascua ahora lo que nos permite es entender nuestra naturaleza, para qué fuimos creados, que es para exaltar a Dios. Miren lo que dijo Pedro en 1 Pedro 3:18: "Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos", ¿para qué? "Para llevarnos a Dios". Ese es el propósito de la Pascua: no solamente librarnos del juicio, pasarlo por alto. El propósito principal es que Dios, a través de esto, a través del sacrificio de Jesús, nos quiere llevar a Él mismo.

Durante este evento que pasa en Semana Santa, en los últimos días de Jesús, Dios se revela a sí mismo como es. A través de las acciones de Jesús, Dios se revela a sí mismo en Su naturaleza, una naturaleza que distingue claramente las cualidades de Dios, y que nadie más puede tener. Dios nos está llevando a Él; está abriendo nuestros ojos a Él; está despertando nuestras emociones a Él. La cúspide del amor de Dios es darse a sí mismo para nosotros, para nuestro disfrute eterno. Y lo hace mostrando la gloria de Cristo en esta semana: Él nos muestra cómo es Dios, un Dios de misericordia y un Dios de gracia.

Su gracia

2 Corintios 8:9 dice: "Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de Su pobreza llegaréis a ser ricos". La gracia de Dios se ve manifestada en la obra de Jesús al darnos algo que no merecíamos, al tener Su favor para nuestra salvación únicamente por Su voluntad. No existía absolutamente nada que nos hiciera merecedores de ese regalo. Es gratuito para nosotros, aunque a Él le costó muchísimo. Dios se muestra a sí mismo, y nos lleva a Él, a través de Su gracia.

Su justicia

Dios se muestra a sí mismo a través de Su justicia. Miren lo que dice Isaías 53:10: "Pero quiso el Señor quebrantarlo, sometiéndolo a padecimiento" —está hablando de Su Hijo—. "Cuando Él se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a Su descendencia, prolongará Sus días, y la voluntad del Señor en Su mano prosperará". Jesús no fue arrebatado por la ira de los hombres que estaban descontrolados en ese tiempo; Jesús fue quebrantado por Su propio Padre. ¿Y cuál era el propósito? Resolver la tensión que existía entre el amor del Padre por Su propio nombre y por Su propia gloria, y el amor del Padre por nosotros, los pecadores.

Porque no podría Dios simplemente librarnos del pecado y olvidar lo que habíamos hecho, porque entonces dejaría de ser Dios; dejaría de ser alguien justo. Dios aborrece el pecado, porque es parte de Su naturaleza; no lo puede ver. Tenía que haber un castigo. Pero al mismo tiempo Dios nos ama, aun como somos, pecadores. Y entonces lo que hace es un acuerdo con Su Hijo, donde Él va a demostrar al mundo el infinito valor de la gloria de Su nombre, aborreciendo el pecado, y haciendo que Su Hijo tome el castigo y el sufrimiento que nosotros merecemos. Jesús absorbe nuestro pecado en la cruz, y al mismo tiempo nos da Su justicia para estar ahora delante de Dios; y honra el valor del nombre de Su Padre, y al mismo tiempo honra el amor que Su Padre tiene por nosotros como pecadores. Así nos muestra Su justicia; así se muestra a Él mismo.

Su amor

Por último, Dios se muestra a sí mismo, a través de los eventos sucedidos en Semana Santa, por medio de Su amor. Y quisiera que reflexionáramos en este punto de manera específica: ¿cuál es el amor de Cristo? ¿Cómo es que podemos ser amados por Cristo? Y me gustaría que hubiese palabras que describieran —perdón— la manera en cómo Cristo nos ama. Me encontraba, en la manera en cómo Pablo narra este amor, algo que se acerca a lo que puede describirse como un amor perfecto. Miren lo que dice Gálatas 2:20; está hablando Pablo, y dice: "La vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí".

La realidad más inquebrantable de la vida de Pablo fue ser amado por Jesucristo. Y podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que la vida de Pablo fue miserable en términos terrenales después de haber conocido a Jesucristo como su Salvador. Pablo fue perseguido, fue apedreado, fue azotado, fue encarcelado, fue asesinado por el amor a Cristo. Pero el amor de Cristo en su vida era el fundamento sobre el cual su vida estaba depositada. Pablo había sido completamente indestructible en su fe y en su confianza en Dios por el amor que había descubierto en Jesucristo.

Él preguntaba: "¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió; sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo?", dice Pablo. "¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Tal cual como está escrito: 'Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero'. Pero en todas estas cosas", dice Pablo, "somos más que vencedores por medio del amor de Aquel que nos ama". Cuando Pablo se encontró en medio de las miserias que rodeaban su vida, nunca las utilizó como un argumento para negar el amor de Cristo. Al contrario, lo que hizo Pablo es arrojar ese amor de Cristo a las miserias, y decirles: "¿Sabes? En medio de ellas, yo soy más que vencedor por Cristo Jesús, que me amó". Y nosotros podemos ver, en estas escenas atroces de Semana Santa, el amor de Cristo manifestado en su máxima gloria. Pablo no conoció a Jesús durante Su vida en esta tierra, al menos físicamente; tuvo un encuentro en el camino a Damasco, pero no lo conoció. Pero seguramente Pablo entendió el amor de Cristo tal cual lo escribe Juan 13:1, en la versión de La Biblia de las Américas. Dice: "Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que Su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre...".

Ubiquen otra vez el escenario: está Jesús sabiendo lo que ha de venir, sabiendo la tortura atroz que ha de pasar, el castigo que ha de recibir. Este es el escenario. Y dice: "...habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin". Y Pablo quería que conociéramos este amor. Pablo quería que conociéramos lo ancho, lo alto, lo largo, lo profundo de este amor. Porque, como decía Frank también, lo que compartía: en medio de las miserias de nuestra vida podemos saber, a través de la obra de Jesús, que somos los llamados por Él. A través de esto, Dios mismo se está revelando a nosotros tal cual es. Dios no es ajeno a nuestro sufrimiento. ¿Cómo puede ser un Dios ajeno a nuestros sufrimientos, si Él mismo entregó a Su Hijo?

Tú eres un pecador

Y hoy, quizás no conocías el significado de la Pascua, o quizás nunca habías entendido qué tiene que ver con nosotros. Y quizás hoy, después de haber escuchado esto, quizás tampoco te siga interesando el celebrar esto. Pero déjame decirte algo: todo lo que ahora hemos hablado y hemos leído se resume en lo siguiente. Tú, independientemente de quién seas —porque no conozco lo que hay en tu vida, no conozco necesariamente lo que hay en tu corazón—, pero independientemente de quién seas, tú eres un pecador. Jesús estuvo en esta tierra, Él vivió como hombre, y Él nunca pecó. Es el único ser en esta tierra que nunca pecó estando aquí.

Y ¿sabes? Jesús está dispuesto a cambiar Su justicia, Su santidad, por tu pecado, simplemente si decides creer en Él. Él no necesita tus obras; Él no necesita que primero te limpies para venir a Él; no dice en ninguna parte de la Biblia eso. El sacrificio de Dios en la cruz fue tan completo y tan grande que no necesita nada más; solo necesita que lo aceptes. Su amor es tan grande y tan completo que, sin importar cuál haya sido tu pecado, Él está dispuesto a limpiar ese pecado con la sangre que fue derramada en la cruz, si crees.

Y si tú crees en Él, Cristo va a hacer la Pascua contigo: Cristo va a pasar de largo el castigo que merecías, porque Él ya lo pagó en la cruz. Si tú crees en Él, tú puedes celebrar y vivir la Pascua en Él. Lo único que quiere es que creas en lo que Él hizo: que vivió, murió y resucitó para darte vida eterna y reconciliarte con Dios, y que puedas tener una comunión con Aquel que acabamos de describir.

Celebremos la fiesta

Pero si ya has creído en Jesucristo, y eres de los que hoy, junto con nosotros, celebran esta semana, también Dios tiene una palabra para ti. Mira lo que dice 1 Corintios 5, del 7 al 8: "Limpiaos, pues, de la vieja levadura" —otra vez esta imagen del pan corrompido, otra vez esta imagen del pecado—, "limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad".

Para nosotros, la Semana Santa es un evento horrible: Jesús soportó la cruz; traicionado, burlado, escupido, azotado, perforado, asesinado. La cruz declara que nuestro pecado contra Dios le costó mucho a Dios. Pero al mismo tiempo es algo maravilloso. La Semana Santa es algo maravilloso, porque Jesús, con el cuerpo quebrantado y Su sangre derramada, también te dice que Dios te ama, y que ha creado un camino en forma de cruz para que seas libre, completo y puro. Yo te invito a que vivas la Pascua cada día, por Aquel y para Aquel que hizo esto posible: Cristo Jesús.

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