Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Lucas 2:11LucasDaniel Espinosa

Navidad el mejor regalo de Dios para su pueblo

Transcripción

Introducción

También pueden sentarse. Los niños pasen a sus clases, y vamos a escuchar lo que el Señor tiene para nosotros hoy. Buenos días, hermanos; el día de hoy se oye mucho el eco. El día de hoy estoy particularmente contento. Un poco adelantaba lo que nos tocó vivir el día de ayer, y fue una experiencia grata ver cómo el Señor habla en el libro de Santiago acerca de ser no solamente oidores de la Palabra, sino hacedores. Y ello nos daba mucho gozo: darnos cuenta de cómo existen formas diferentes de vivir el cristianismo, manteniendo siempre el espíritu, como el ánimo que nos lleva a tener compasión por las almas y compartir el evangelio. Y eso lo entendía claramente, cómo el Señor me hablaba, dándome ánimo a través de eso.

Y también quiero contarles que estoy particularmente contento por tres situaciones en particular. La primera es que amo hablar acerca de la Palabra de Dios. La segunda es que, para los que me conocen, saben que esta semana es mi cumpleaños, y Dios me ha dado la oportunidad de celebrar algo más que solamente un año de vida, y eso cada año me pone muy contento. Y el tercero es que oficialmente el día de hoy empieza una época que a mí me gusta mucho, que es la época decembrina. Y digo "oficialmente" porque en las tiendas ya los árboles y las esferas se venden desde septiembre, pero hoy oficialmente arranca esta fecha. Así es, y es una temporada que me gusta mucho.

La Navidad que todos conocen

Y es acerca de este punto de lo que quiero que el día de hoy platiquemos. Hoy quiero que hablemos de quizás la fiesta o la celebración global más grande que existe, y estoy hablando acerca de la Navidad. Me atrevo a decir que en cada parte del mundo siempre habrá alguien que esté celebrando la Navidad, y esto es algo normal. Todo el mundo conoce el significado de lo que representa la Navidad, ¿no es cierto? Todo el mundo sabe esto: sabe que es una época donde todos juntos podemos construir un mundo mejor, una época llena de armonía y de alegría, un tiempo de mostrar luz, un tiempo de mostrar paz y un tiempo de mostrar, sobre todo, amor que viene de dentro de nosotros mismos. Es un tiempo de reconciliación, es un tiempo de hermandad, adornado por luces, por regalos, por cánticos, por buenos deseos.

¿No es real que esta es la imagen que el mundo, como panorama general, nos muestra sobre esta época? Pero esta parte, aunque es la que todos conocen, no es la verdadera historia de la Navidad. Normalmente, hermanos, el ruido, las luces, los adornos nos hacen perder de vista lo que realmente es importante y a dónde debemos de enfocar nuestra vista. Normalmente esto es como si fuera una piñata: todo lo que hay por fuera de adorno nos hace perdernos de lo que realmente es importante, que es lo que está en el interior, lo que representa este evento. Y quizás delante del mundo la realidad de la Navidad sea algo menos glamuroso, pero es algo mucho más sublime y mucho más poderoso, y sobre todo de mayor trascendencia en nuestra vida.

Os ha nacido un Salvador

Lucas 2:11 describe de una manera clara cuál es el significado real de la Navidad. Dice: "Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor". Este es el significado de la Navidad; lo hemos oído en los cantos, en las alabanzas que estábamos escuchando hace un momento: un niño que no tuvo más que un pesebre para nacer. Esa es la Navidad: un niño que no fue recibido ni siquiera en un mesón, y que tuvo que optar por un establo para que hiciera su entrada en este mundo. Ese es el significado de la Navidad.

Y por eso hoy quisiera que nosotros reflexionemos: ¿qué tiene que ver este evento con nuestra vida? Este hecho en la historia, que pasó hace poco más de 2000 años, ¿tiene que ver algo conmigo? ¿Y qué impacta ese evento en mí? ¿O quizás simplemente lo vea como algo que tenga que tener en la memoria, pero no cambia nada en mi vida? Hoy quisiera que hablemos acerca de este evento, y quisiera que lo hiciéramos de una forma diferente. Si esto se tratara de una película, quisiera que nos fuéramos en principio hasta el final. Quisiera que nos diéramos cuenta de cómo termina esta historia, y cuál es la razón de que este evento que pasó hace 2000 años sucedió.

Y hoy voy a estar vagando entre pasajes diferentes; entonces no es necesario que traten de seguirme. En la pantalla va a estar cada una de las citas, entonces, para que no nos perdamos, no traten de buscar, porque voy a estar saltando. Pero es importante que nos demos cuenta de cuál es el significado de este evento. Oramos.

Oración

Padre, te damos gracias por este día. Te damos gracias por la oportunidad de amanecer, y te damos gracias por las misericordias que nos muestras a cada momento. Te damos gracias porque Tú enviaste a Tu Hijo Jesús a nacer, vivir, morir y resucitar; y gracias a este evento podemos tener una reconciliación contigo, y gracias a este evento hoy podemos nosotros tener una relación cercana contigo. Padre, te pedimos que en este momento Tú abras nuestro entendimiento a Tu Palabra, y que Tú brindes el mensaje que solamente Tú quieras dar a cada uno. Te pedimos que prepares, como siempre, nuestros corazones, y que podamos estar atentos a recibir Tu mensaje. Te damos gracias en el nombre de Tu Hijo Jesús. Amén.

El final de la historia

Como les decía, vamos a empezar ahora por el final, y quiero que vean lo que dice el libro de Apocalipsis en el capítulo 21, en sus primeros tres versículos. Dice la Palabra: "Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y también el mar. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde la presencia de Dios, como una novia hermosamente vestida para su esposo. Y oí una fuerte voz que salía del trono y que decía: Miren, el hogar de Dios ahora está entre Su pueblo. Él vivirá con ellos, y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará con ellos. Él les secará toda lágrima de los ojos, y ya no habrá más muerte, ya no habrá más tristeza, ya no habrá más llanto, y ya no habrá más dolor. Todas esas cosas ya no existirán más".

Quiero que reflexionen en esta escena. No olviden lo que les dije: este es el final de la historia. Juan nos está presentando un panorama de cómo termina la historia, y nos dice algo que es hermoso; nos pintó un panorama que es hermoso. Nos dice que va a haber nuevos cielos, nueva tierra, y nos dice algo en específico que es llamativo: ya no va a haber tristeza, ya no va a haber llanto, ya no va a haber dolor, y ya no va a haber nada que nos cause sufrimiento. ¿No es este un panorama que cualquier persona anhela? ¿No es esto algo que nosotros estamos ansiando, que ya venga, que ya esté aquí, que ya no tengamos ese tipo de emociones con nosotros?

Un mundo que nos abruma

Y seamos honestos, hermanos: la vida, el mundo, constantemente nos presenta panoramas que nos abruman, y pónganle el nombre que quieran. Pueden estar hablando de enfermedades, de pobreza, de hambruna, de injusticia, de muerte, de desesperanza, de traición. Basta con encender las noticias y darnos cuenta de lo que está pasando alrededor de nuestro planeta. Basta con que una persona nos haya traicionado para que entonces empiece a generarse en nuestro corazón un dejo de amargura. Basta con que una enfermedad que de repente llegó sin aviso haya arrebatado la vida de un ser querido. Basta con que nuestro corazón no tenga todas esas cosas que constantemente anhela.

Y esos escenarios los vemos alrededor de toda la humanidad, sin distinción de cultura, y vemos cómo eso nos oprime, amarga constantemente nuestro corazón. Y lo que nos está diciendo Juan es: todos esos escenarios se acabaron; ya no va a haber más. Tus lágrimas, que fueron provocadas por esos escenarios, ahora ya no van a existir, porque Dios mismo las enjugará.

Pero dice algo más; nos presenta todavía un escenario mucho más bello. Dice: "Miren, el hogar de Dios ahora está entre Su pueblo. Él vivirá con ellos, y ellos serán Su pueblo; Dios mismo estará con ellos". No solo estamos hablando de un lugar mejor; estamos hablando de un lugar donde Dios va a estar entre Su pueblo. Dice: Él estará literalmente en medio de Su pueblo. Y esto es lo interesante del tema: la Navidad, que ahorita decíamos que era el nacimiento de Jesús en esta tierra, tiene un propósito, y ese propósito es reconciliar a Dios con Su pueblo.

¿Quién es ese pueblo?

Pero entonces quiero que reflexionemos en algo. Si Juan nos está pintando cuál es el final de los tiempos para la humanidad, entonces no deberíamos de preocuparnos, no debería de haber ninguna angustia. Pero creo que hay una pregunta que tendríamos que hacernos antes. Él dice: "Miren, el hogar de Dios ahora está…", ¿en dónde? "Entre Su pueblo. Él vivirá…", ¿con quién? "Con ellos, y ellos serán Su pueblo; Dios mismo estará con ellos". Creo que la pregunta más importante que tenemos que hacernos es: ¿quién es ese pueblo? Si la Navidad tiene como fin reconciliar a Dios con Su pueblo, la pregunta que ahora tenemos que hacernos es: ¿quién es ese pueblo? ¿Toda la humanidad, sin distinción, formará parte de ese pueblo en el final de los días? ¿Todos los caminos, independientemente de cuáles sean los que se tomen, llevarán a cada persona a reconciliarse con Dios?

En el principio: la creación

Vayamos cuatro mil años atrás en la historia y averigüemos si esto es verdad o no. Tenemos que ir ahora a donde todo empezó, al origen. Y tenemos que ir ahí porque la historia de la Navidad es incomprensible sin la doctrina de la creación. El registro de los eventos desde Adán y Eva lo que nos dice es que Dios, como Padre, a través de la gestión de Su Hijo, creó todo lo que existe desde la nada mediante Su Palabra de mandamiento, y por esta misma Palabra ahora sostiene todas las cosas. Literalmente, en el capítulo 1 de Génesis dice que Dios hizo todo lo que conocemos en seis días; ese fue su tiempo que Él utilizó para crear todo lo que hoy nosotros conocemos.

Génesis 1:31 dice: "Entonces Dios vio —miró, perdón— que todo lo que había hecho era bueno. Y pasó la tarde y llegó la mañana; así se cumplió el sexto día". En el séptimo día Dios descansó, y dijo que era bueno; de hecho, que todo era perfecto. Y esto incluía la creación de Adán y de Eva. Pero, como sabemos, en esta historia no pasó mucho tiempo antes de que el pecado entrara al mundo. Ya nos adelantaba el hermano Gabi cómo entra en Génesis 3 este pecado al mundo, y ahora lo que era perfecto lo vuelve maldito.

La caída

Toda la raza humana, de un momento a otro, fue catapultada hacia el pecado. Y para este capítulo de Génesis ahora no solo la raza humana es maldita, sino que el reino animal es maldito, la creación y el universo, de manera general, es maldito. El pecado ahora domina el mundo. Génesis 3:17-19 dice: "Y Dios al hombre le dijo: Dado que hiciste caso a tu esposa y comiste del fruto del árbol del que te ordené que no comieras, la tierra es maldita por tu culpa. Toda tu vida lucharás para poder vivir de ella. Te producirá espinos y cardos, aunque comerás de sus granos. Con el sudor de tu frente obtendrás alimento para comer hasta que vuelvas a la tierra de la que fuiste tomado. Pues fuiste hecho del polvo, y al polvo volverás".

Quiero que nos detengamos un poco aquí, porque es importante que analicemos qué es lo que está pasando. En Génesis 1 y Génesis 2 el Señor hace toda la creación, y Él la ve y nombra a esta creación como buena; la nombra como perfecta. Un capítulo más tarde, ahora esta creación es por completo… ¿Qué fue lo que pasó aquí? Conocemos la historia, donde Dios les dice a Adán y a Eva que pueden comer de todos los árboles que hay en el huerto, pero Él dice: "De este en específico no has de comer". La serpiente astutamente cambia la manera de pensar de Eva, y entonces ella y Adán ceden a la tentación y comen de este fruto prohibido.

¿Un castigo demasiado severo?

Pero ¿no se les hace que tenemos un Dios demasiado severo, para condenar a toda la humanidad de un rato a otro simplemente por comer un fruto que estaba prohibido? ¿No es un castigo demasiado severo para una acción tan ligera? No, no lo es. Pero no lo es porque lo importante de esto es que entendamos qué representa esta acción. ¿Qué está diciendo Dios al prohibir el comer de un árbol entre millones de árboles que había en el jardín? Él está diciendo lo siguiente: "Te he dado vida, te he dado un mundo lleno de placer; te he dado placeres de sabor, de vista, de sonido, de aroma y de alimento". Solo un árbol de todos los que había es lo que Dios prohibió.

Y el punto de la prohibición tiene un significado específico: preservar los placeres del mundo. Porque si comes de ese árbol, lo que le estás diciendo a Dios es lo siguiente: "Yo, como creación, soy más inteligente que Tú como Creador". Si comes de ese fruto, tú le estás diciendo a Dios: "Yo, como creación, tengo más autoridad que Tú sobre mí como Creador". Si comes de ese árbol, tú le estás diciendo a Dios: "Yo soy más sabio de lo que Tú puedes ser". Si comes de ese árbol, tú le estás diciendo a Dios: "¿Sabes? Pienso que puedo cuidarme mejor yo solo de lo que Tú me podrías cuidar a mí". Cuando tú comes de ese árbol que Dios te prohibió comer, le estás diciendo a Dios: "¿Sabes? Me parece que eres un Padre no tan bueno, y por esas razones yo decido rechazarte".

Eso es lo que pasa con la humanidad cuando toma esta acción. Dios literalmente les está diciendo a Adán y a Eva: "No coman del árbol, porque me estarán rechazando a Mí, y a todos Mis buenos regalos, y toda Mi sabiduría, y todo Mi cuidado". En lugar de eso, lo que les dice Dios es: "Sométanse a Mi voluntad. Sigan confiando en Mí como un Padre bueno. Sigan comiendo de todos los árboles que les he dado, millones de árboles, diferentes sabores, diferentes placeres, y cómanlos de manera agradecida, porque se los he dado para ustedes, porque los he creado para ustedes". Eso es lo que les está diciendo Dios: "Mira que todo lo que te he dado es muestra de Mi bondad, y saboréalos de esa manera".

Lo que les está diciendo Dios es una advertencia: "Si escoges la independencia en lugar de la dependencia en Mí, no solo vas a estar perdiendo el jardín, sino que me vas a perder a Mí". ¿Y qué es lo que hace el hombre? Dice: "Señor, gracias; ya escuché, ya leí el panorama completo, pero ya tomé mi decisión". ¿Recuerdan en Génesis 1? Él dijo que todo era bueno, todo era perfecto. El hombre dice: "Gracias, pero no lo quiero. Yo no te quiero como Dios; yo quiero ser mi propio dios". Y eso es lo que pasó en Génesis 3. No solo se trata de haber tomado una parte de un árbol prohibido; se trata de algo más: se trata de rechazar a Dios y buscar ser yo mi propio dios.

El pecado pasa de generación en generación

Y a partir de ese momento, hermanos, las consecuencias de la transgresión hacia nuestro Creador empiezan a pasarse de generación en generación, convirtiendo a todos los seres humanos en pecadores. La manifestación del pecado empieza a mostrarse a través de la historia. Génesis 4:8 dice: "Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató". El primer asesino surge en la historia. La humanidad ha cambiado completamente de rumbo; ese no era el diseño para el cual fue creada. Y ahora Caín decide matar a su hermano Abel. Vean qué dice Génesis 4:19: "Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila".

La poligamia, el adulterio, se presentan ahora en la historia. Más adelantito, el mismo Lamec, en Génesis 4:23, dice: "Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: Que un varón mataré por mi herida, y un joven por mi golpe". La maldad sigue creciendo, a grado que ahora este hombre, Lamec, se enorgullece de asesinar; inclusive lo dice de una manera sarcástica, en un canto. Lo que ha generado esto en la humanidad lo describe de una manera mucho más perfecta Génesis 6:5. Dice: "Y el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda la intención de los pensamientos de su corazón era hacer siempre el mal".

No hay justo ni aun uno

El hombre ha decidido desechar a Dios, y esta es la consecuencia; esto es lo que está pasando. El rechazo a Dios ahora genera que todos, absolutamente todos los seres humanos que existamos en la tierra, tenemos esta condición de pecado. El Salmo 51 dice eso: cada uno de nosotros fue concebido en pecado, y no hay ninguno, ninguno, que se escape. Eclesiastés 7:20 dice: "Ciertamente no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y que nunca peque". El Salmo 14 y el Salmo 53 dicen: "Dios ha mirado desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si hay alguno que entienda, alguno que busque a Dios". ¿Y saben cuál es la respuesta? La respuesta es que toda la humanidad se ha echado para atrás, que toda la humanidad se ha corrompido, y que no hay ninguno que haga lo bueno, no hay ni aun uno solo, dice la Palabra. Romanos 3:11 dice: "No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios".

Quiero que noten el patrón de lo que está pasando: una humanidad que fue creada de manera perfecta, siendo buena, ahora el rumbo que está tomando es completamente diferente. Está yendo en una dirección contraria. ¿Contraria a quién? Contraria a Dios y a lo que Él había diseñado para Su creación.

La ira de Dios contra el pecado

Y esto tiene una consecuencia: Dios aborrece el pecado, y esto enciende de manera natural Su ira. Miren lo que dice Isaías 13:9: "He aquí, el día del Señor viene, cruel, con furia y ardiente ira, para convertir en desolación la tierra y exterminar de ella a sus pecadores". Generación torcida y perversa. Romanos 2:5 dice: "Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios". Deuteronomio 31:17: "Y se encenderá Mi ira contra él en aquel día; los abandonaré y esconderé Mi rostro de ellos. Será consumido, y muchos males y tribulaciones vendrán sobre él, por lo que dirá en aquel día: ¿No será porque mi Dios no está en medio de mí que me han alcanzado estos males?".

Romanos 6:23 nos muestra de una manera más clara la consecuencia de este pecado, diciendo: "Porque la paga del pecado es la muerte". En Génesis 5 empezamos a ver esto, cuando empieza a narrarnos la historia bíblica cómo generaciones y generaciones mueren, y mueren, y mueren. Es la consecuencia del pecado actuando inclusive físicamente en los seres humanos.

El pecado nos separa de Dios

Pero esto todavía tiene una consecuencia peor. Muchas veces nosotros hemos recibido el castigo de nuestros padres porque quizás lo merecíamos, y puede ser severo, ¿no?, el castigo; nuestros padres siguen estando y teniendo una relación con nosotros. En este caso es diferente: Dios aborrece el pecado y no puede estar cerca ni siquiera de él. Entonces esta condición genera un distanciamiento entre el hombre y Dios. El pecado nos separa de Dios. El Salmo 5:4 dice: "Porque Tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a Ti". 1 Juan 1:5: "Este es el mensaje que hemos oído de Él y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en Él". Deuteronomio 32:4-5: "Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos Sus caminos son rectitud; Dios de verdad y sin ninguna iniquidad en Él, es justo y recto. La corrupción no es Suya; de Sus hijos es la mancha".

¿Recuerdan cómo habíamos comenzado precisamente esta historia? Habíamos dicho que la Navidad tiene como significado reunir a Dios con Su pueblo. Y ahora estamos hablando de una humanidad que se ha apartado de Dios, que lo ha desechado, y de un Dios que ni siquiera puede voltear a ver ese pecado. ¿Qué va a pasar ahora, si el significado de la Navidad es reconciliar a Dios con Su pueblo, y estamos muy lejos precisamente de ese final que Juan nos planteaba en la visión de Apocalipsis 21? Algo debe de suceder. ¿Qué va a hacer Dios para entonces poder redimir a Su creación?

Él salvará a Su pueblo de sus pecados

Él necesita ahora un Salvador. Tiene que haber alguien que pueda venir ahora y rescatar al hombre de su condición de pecado. Mateo 1:21 dice lo siguiente, como una noticia hermosa, y en este justo momento de esta historia la necesitamos oír. Mateo 1:21: "Y llamarás Su nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados". Esta es la noticia más hermosa que en este momento podríamos recibir. Nuestra condición natural nos ha apartado de Dios, nuestra condición natural nos ha llevado al pecado, nuestra condición natural nos ha llevado a no querer saber nada de Dios. Pero Jesús ha venido a este mundo, y Él ha venido a este mundo con un propósito: salvar a Su pueblo de sus pecados.

Ese es el Hijo de Dios que nació en Belén en un día de Navidad. Él no vino solamente para nacer; Él no vino solamente para vivir una vida perfecta. Él no nació tampoco como cualquier ser humano nace: Él nació de una virgen, porque fue concebido por María a través del Espíritu Santo, sin un padre físico, y ese es un milagro divino. Él no es un niño normal. Él vivió absolutamente sin pecado; la Biblia dice que era santo, inocente, alejado de toda mancha y de toda corrupción. Y Él vivió esa vida perfecta.

Nació para morir

Pero hagamos esta pregunta, hermanos: ¿de qué sirve que alguien viva una vida perfecta por alguien más? Hacía falta algo más. Él, ese niño que nació para salvar nuestros pecados, nació para morir. Pero sigue siendo incongruente la historia hasta aquí: ¿por qué tendría que nacer para morir un niño que vivió una vida perfecta? No tiene sentido. Nació para morir porque Dios lo escogió para ser el sacrificio sustitutorio, para que todos los que alguna vez crean en Él tengan ahora vida eterna. Ese es Jesús.

Déjame te muestro otro texto que nos explica la belleza y la gloria de esta salvación. Romanos 8, del versículo 1 al 3, dice: "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios" —y esta es la parte hermosa—, "enviando a Su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne".

Ahora, ¿de quién era el pecado que Dios condenó? Jesús no tenía pecado; acabamos de leer que Él era justo, que Él era santo, que Él estaba fuera de toda mancha y corrupción. El pecado del que estaba hablando en este texto de Romanos 8 es el mío; ese es el pecado al que se está refiriendo aquí. ¿Y ahora dice que en la carne de quién es que Él acabó ese pecado? ¿En la mía? No; yo estoy aquí delante de ustedes, estoy hablándoles, no he sido condenado. ¿A qué se está refiriendo este texto? Dice: "Enviando a Su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne". Entonces, ¿en la carne de quién lo hizo? Fue en la carne de Jesús que Dios condenó a este pecado; fue en la cruz que Él realizó esta condenación al pecado. Este es uno de los pasajes más claros que muestran a Dios dando el castigo que nosotros merecíamos a Su propio Hijo, por una sola razón: por amor a nosotros, por un amor inmerecido, para que ahora nosotros, como pecadores, en lugar de recibir un castigo, podamos tener libertad en Su Hijo. Este es el regalo que nosotros recibimos al escuchar y recibir el evangelio como salvación. Hoy podemos, gracias a esto, contemplar de manera libre a Dios y volver a tener esa relación que habíamos perdido por causa de nuestra condición de pecado, mediante la justificación y mediante la sustitución de Su propio Hijo por cada uno de nosotros, para que cada una de las fallas que existen en nosotros puedan ser perdonadas, y mediante únicamente una cosa: la fe que ahora tenemos en Jesús.

Del pesebre a la cruz

Y hermanos, esto es lo que quiero que vean, esto es lo que quiero que se lleven hoy: esta es la correcta comprensión de la Navidad. Un niño que nació para morir; un niño que se ofreció voluntariamente para pasar de un pesebre a una cruz. Esa es la comprensión real de la Navidad. Cuando entendemos esto, entonces de manera real podemos celebrar este evento, dando honra y gloria a Dios. Porque, por cierto, después de que Dios hizo esto y crucificó a Su Hijo, lo resucitó al tercer día para elevarlo y sentarlo a Su derecha, y ahora está reinando en gloria con Él. Jesús fue exaltado porque Su obra fue consumada, y porque lo que Él hizo sirve para que cada persona, de cada cultura, de cualquier región, ahora pueda recibir este regalo creyendo en Él, salvando su alma.

El accidente

Quiero contarles dos historias que, mientras estudiaba, me ayudaron mucho a entender precisamente esto. La primera es algo que me sucedió hace 20 años, cuando yo tenía solamente 16. Mi papá me ayudó para obtener mi permiso de conducir, ya que no era mayor de edad, y me prestó un auto para poder trasladarme a la escuela. Un día que iba precisamente hacia allá, tuve un accidente aparatoso con una motocicleta: una motocicleta salió de la acera y se impactó contra mi auto. Dos personas venían en esta motocicleta y salieron disparadas hacia el asfalto. La gente comenzó a llegar, y aunque no habían sido testigos, me culpaban a mí por causa de este incidente.

Mucha gente se empezó a aglomerar, y una persona de repente salió y me dijo: "Oye, yo te puedo ayudar; yo soy médico" —y justo su clínica estaba enfrente—. Y me dijo: "Estas personas tienen que ser atendidas, y si no, a ti te van a llevar a la cárcel". A esa edad, reconozco que lo que más me ocupó fue el miedo acerca de eso, y le pedí que llamara a mi padre. Y él lo llamó, y le dijo que podía ayudarnos con todo el escenario bajo su contexto, y le dijo que a cambio de 10 000 pesos —en esa época— podía atender a estas personas. Cuando él estaba al teléfono con mi padre, recuerdo que el miedo, como ya había dicho, era por no ir a la cárcel, pero también por la reacción de mi papá. Cuando esta persona me comunica con él por teléfono, recuerdo que lo único que escuché de él fue: "No te preocupes, todo va a estar bien; yo ya voy para allá para ayudarte".

El desenlace de esta historia fue menos trágico y más práctico de lo que parece: el seguro del auto llegó, la policía llegó, me llevaron al Ministerio Público, y estuve todo un día ahí, y salí; el peritaje salió a mi favor. Pero cuando me doy cuenta de lo que pasó, y en conciencia, en ese momento pude darme cuenta de manera clara del tipo de amor que mi padre tenía por mí. Él no sabía si yo era culpable o no, y estaba dispuesto a ayudarme. Él iba a pagar un monto que no teníamos en ese tiempo con tal de ayudarme, y él iba a hacer lo posible para evitar que yo fuera a la cárcel.

Y esto que pasó en mi vida, hoy doy gracias a Dios, porque me permite entender que existe todavía un amor mucho más grande que este. Porque, a diferencia de la historia que yo les he contado, hoy sé que tengo un Dios que sabe que sí soy culpable, y que aun así está dispuesto a ayudarme. Hoy tengo un Padre que sabe el costo que implica ayudarme, y voluntariamente se entrega a sí mismo a través de Su Hijo para pagar ese costo. Y hoy tengo un Padre que se entregó de manera gloriosa en la cruz para evitar que yo fuera a una cárcel eterna. Ese es el tipo de Dios que tenemos, y ese es el tipo de Dios al que debemos de alabar.

El rey, el siervo y los lobos

La segunda historia que quiero contarles es una historia que escuché estudiando este tema, y es una historia de Piper que habla de una leyenda urbana que él escuchó cuando estaba en Ucrania. Y es acerca de un rey ruso que pretendía tener un viaje junto con su sirviente en un trineo jalado por perros en la nieve. Cuando ellos emprenden este viaje, se dan cuenta de que una jauría de lobos viene detrás de ellos y están acechándolos. Él describe cómo los lobos, a diferencia de lo que pensamos, no son como un perro normal, sino que son seres sumamente salvajes y de tamaño increíble. Y entonces llega un momento donde ambos se dan cuenta de que no van a poder librarse de ellos y de que no van a poder sobrevivir.

El siervo toma una decisión y se avienta del trineo para que su rey pueda vivir, sabiendo que esto implicará que él muera, siendo devorado por los lobos. Ante esta historia alguien dice: "Esta es la imagen de la cruz, ¿no es cierto?". Y alguien más contesta: "No, no, no lo es. Porque si fuera la imagen de la cruz, el rey hubiera sido el que se hubiera lanzado para que el siervo no muera". Ese es Jesús. Jesús se lanzó para soportar el castigo que yo merecía, para que yo no muriera.

Leales a Jesucristo

¿No merece ser celebrado este Ser con todo lo que yo tengo? ¿No merece nuestra energía, no merece nuestro tiempo, no merece que nuestros esfuerzos sean dedicados completamente a Él? Y por eso es que nosotros amamos a Jesús. No se trata de un tema de religiosidad; no se trata de un tema de cumplir o no cosas que se deben de hacer. Se trata de solamente una cosa: se trata de ser leales a un Ser, y ese Ser es Jesucristo, el Ser que nos creó, el Ser que nos dio vida, el Ser que murió por nosotros.

¿Debemos entonces, hermanos, celebrar la Navidad? Yo pienso que sí. ¿Debe ser el 25 de diciembre? Sí, y el 26, y el 27, y todos los días, y todas las semanas, y todos los años. Decía la alabanza que ahora escuchábamos: "Ve y dilo en las montañas". Ayer literalmente entendía esa expresión: la gente tiene jornadas de ocho de la mañana a diez de la noche para caminar en las montañas, y el único fin que tiene es celebrar la Navidad, diciéndole a la gente: "Este es Jesús, este es el Ser que me salvó. Pero ¿sabes? No se trata de una sola historia, porque también te puede salvar a ti". Y eso lo hacen todos los días, teniendo hambre, teniendo frío, teniendo agresión física, e inclusive…

Celebremos la Navidad todos los días

Tenemos que celebrar el nacimiento de Cristo y el poder de Su resurrección en todo tiempo. Tenemos que abrazar el regalo de Dios Padre, que te da entregándose a sí mismo por medio de la vida de Su Hijo. Tenemos que reforzarnos en la vida y en la luz que ahora trae la Navidad para nosotros, y tenemos que utilizar esta esperanza que Su vida nos da para poder vivir cada día; pero no solo eso, sino para poder vivir también por la eternidad a Su lado. Este es el significado de la Navidad, hermanos. Este es el significado que a los demás, a esas almas necesitadas, tenemos que contar.

Y ahora que conocemos esta verdad, esto debe de cambiarnos; no podemos ser los mismos después de que sabemos esta verdad. Podemos ser mejores o podemos ser peores; podemos darle importancia o no a este hecho, pero no podemos decir que no sabemos de qué se trata. El conocer la Navidad de manera real puede hacer que nos acerquemos más a Cristo o no, el 25 de diciembre y cualquier día. El saber el significado de la Navidad nos puede hacer aceptar o rechazar a Dios; eso depende de cada uno. El significado de la Navidad puede hacer que haya más niebla entre nosotros y Cristo, o que esta se disipe por las ganas de servirle con fervor.

Ante la Navidad podemos hacer únicamente dos cosas: podemos ignorarla, o, por el contrario, podemos desear conocer y disfrutar más el mejor regalo que jamás podríamos recibir en esta fecha, que es la salvación de nuestro Señor Jesucristo. Oremos para que cada vez más personas reciban este regalo, en esta y en cada una de las fechas. Dios les bendiga, hermanos. Pónganse de pie.

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