Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Eclesiastés 5:1-7EclesiastésNathan Díaz

Reverencia y Temor en la Casa de Dios

Transcripción

Lectura del pasaje

Y hoy vamos a ver capítulo 5, versículo 1 al 7: "Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio. Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos? Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios".

Dios, te pedimos que en esta tarde podamos ver qué es lo que Tu Palabra dice acerca de este lugar, de Tu casa de oración, de este lugar de adoración en el cual nos reunimos semana tras semana. Ayúdanos a ver cuál es la actitud correcta que debemos tener al venir aquí. En Tu nombre, ahora, vamos; en el nombre de Cristo Jesús. Amén.

¿Por qué vienes a la iglesia?

El mensaje de hoy es muy simple: ¿por qué vienes a la iglesia? ¿De qué se trata el hecho de que aquí estamos? Esa es la pregunta que vamos a tratar de contestar. ¿Por qué viniste hoy? ¿Porque te obligaron a venir, porque tus papás te despertaron en la mañana y dijeron: "Vístete, vamos a la iglesia"? O los adultos a lo mejor dicen: "¿Qué más otra cosa hacemos? ¿Por qué no vamos a la iglesia? Al fin ahí está gente que nos cae bien, podemos platicar un rato, podemos tener nuestro día social". ¿Cuál es la razón por la cual venimos a la iglesia?

Vamos a ver este pasaje y vamos a tratar de ver qué es lo que dice Salomón, o alguien inspirado en la vida de Salomón. Pero creo que es Salomón cuando analiza lo que está sucediendo dentro del templo, y esto es probablemente de dónde sale este pasaje. El templo de Salomón probablemente estaba a la vista de donde vivía Salomón, que podía normalmente contemplar cómo llegaba la gente, y veía cómo iba y venía. Y hace un análisis de qué es lo que está pasando al ver todas estas tradiciones y rituales que están siguiendo los judíos día tras día, y hace estas observaciones. Pero creo que realmente se pueden aplicar a lo que tenemos hoy en día como la iglesia también.

Y es interesante porque, como hemos visto a lo largo del libro de Eclesiastés, no se menciona mucho a Dios en el libro, y hay varios capítulos en los que prácticamente no hay nada acerca de Dios, como vimos en el capítulo 4, por ejemplo, en el que no vimos nada acerca de Él. Y de pronto tenemos aquí, en 7 versículos, más de 7 menciones acerca de Dios. Esta es la parte más intensa de todo el libro acerca directamente de Dios y de nuestra relación con Él. Entonces quiero que vean qué es lo que Salomón nos está diciendo aquí: "Cuando fueres a la casa de Dios". Vamos a ver tres cosas.

Guarda tu pie

Número uno: "Guarda tu pie". Y el autor, el predicador, Qohélet, nos va a hablar acerca de cómo es que debemos de prepararnos para ir a la casa de Dios. Número 1: date cuenta de qué significa la casa de Dios. Date cuenta de que no es cualquier cosa ir a la casa de Dios. Y la casa de Dios, como nosotros sabemos, no es un edificio en sí. O sea, este edificio, por mucho que nos guste, que lo arreglamos y todo, no es la iglesia. Es la gente que viene y está aquí adentro, habitada por el Espíritu Santo de Dios; los que componen la iglesia de Dios. La casa de Dios no es un lugar.

Y hay un sentido de asombro y de reverencia con respecto a lo que hacemos aquí que debería de estar en nuestros corazones cada domingo. ¿Se acuerdan cuando Dios se le manifestó a Moisés en la zarza ardiente, en Éxodo 3:5, que le dijo: "No te acerques aquí; quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa"? Hay algo acerca de contemplar quién es Dios y estar en la presencia de Dios que es especial. Y la iglesia es diferente a todo lo que ustedes y yo hacemos toda la semana; debería de ser. Hay algo especial acerca de este día.

No es lo mismo lo que tú haces de lunes a viernes, por lo regular, la mayor parte de tu tiempo, que lo que haces cuando vienes aquí. No quiere decir que no adoramos a Dios, que no servimos a Dios, que no estamos en comunión con Dios todos los demás días. Significa que hay algo especial diseñado por Dios en Su diseño de la iglesia, de la casa de Dios, y tiene este sentido de apuntarnos hacia Dios y hacia Su majestad y quién es Dios realmente.

Si ustedes se fijan en los diseños que han existido de las iglesias a lo largo de la historia, es interesante que, por ejemplo, muchas catedrales, ¿cómo están diseñadas, horizontalmente o verticalmente? Están diseñadas verticalmente. Es intencional ese diseño: querían tener algo que nos hiciera ver hacia arriba cuando la vieras. Es la razón por la cual la diseñaban así. Y ahora, más por cuestiones prácticas que por otra cosa, ya no diseñamos en realidad las iglesias de esa manera, y ahora los edificios en general tienen más un diseño horizontal.

Una cultura que piensa en sí misma

Y nos hemos acostumbrado en nuestra cultura, en realidad, a pensar más acerca de nosotros cuando venimos a la iglesia que acerca de Dios. A pensar más en cuanto a cómo me va a beneficiar a mí, cómo me va a ayudar a mí, qué va a decir el predicador que me motive, que me ayude a vivir mejor a mí. Y entonces vivimos en una cultura que tiende a enfatizar el individualismo que veíamos el domingo pasado, y pensamos que la iglesia se trata acerca de eso. Pensamos que se trata acerca de entretenernos un rato, pensamos que se trata acerca de hacer cosas que nos gusta hacer. Y hemos perdido este sentido de que algo acerca de la presencia de Dios, y de algo especial que quiere hacer en Su pueblo, se manifiesta especialmente en lo que sucede cuando nos reunimos todos juntos.

Algo profundamente sublime y glorioso debería de estar sucediendo cada domingo que nos reunimos. Pero es fácil caer en la monotonía, en la tradición, y decir: "Eso es lo que hacemos", y lo hacemos semana tras semana tras semana. "Y ahí vamos otra vez, y nos levantamos otra vez, y ahí vamos a la iglesia". Y a veces no queremos, y a veces tenemos sueño, pero "sí, eso es lo que hacemos, vamos". Cuidado, porque eso, creo, es precisamente contra lo cual nos quiere advertir el predicador. Cuidado con caer en la tradición y en el hábito y en la monotonía de lo que significa reunirnos todos juntos en la casa de Dios. Deberían de tener un sentido de que algo especial está sucediendo, algo glorioso está sucediendo, cuando estamos aquí todos juntos el domingo.

¿Cuáles son las maneras en las cuales el autor de Eclesiastés nos dice que podemos prepararnos para la iglesia? Número 1: "Guarda tu pie". Prepárate, cuidado antes de entrar. Hay algo que aquí está implícito dentro de este pasaje, que es algún tipo de preparación que debe de existir, mentalmente y espiritualmente, acerca de lo que va a suceder. ¿Te das cuenta del gran privilegio que es ser parte del cuerpo de Cristo, que es lo que va a ser visible, tangible, cuando llegues a la iglesia? ¿Te das cuenta de que tú eres parte de eso? ¿Lo piensas antes de venir? "Voy a ir a unirme al resto del cuerpo de Cristo, comprado por la misma sangre de Cristo, con el mismo Espíritu Santo morando dentro de nosotros". Eso es la gente que voy a ir a ver. Y hay algún sentido de asombro, y de pensar: "Señor, gracias". Gratitud por pensar en que Dios nos ha concedido ser adoptados como Sus hijos y formar parte de una familia. Por un lado, creo que lo que el predicador va a decir: prepárate, guarda tu pie antes de ir a la casa de Dios.

Cuidado cómo escuchas

Y hay otro detalle, y lo hemos visto en otro estudio, que es el estudio de la parábola del sembrador y de los tipos de tierra, en el que hemos hablado acerca de esto que Jesús advirtió: "Ten cuidado cómo escuchas". Ten cuidado cómo te preparas para escuchar la Palabra de Dios. Y creo que aquí también, dentro de esto de guardar nuestro pie, está el hecho de prepararnos, anticipando lo que viene cuando nos reunimos. Cuando nos preparamos para venir aquí, hacemos ciertas cosas que preparan nuestro corazón.

¿Saben? Hay un programa de televisión que ustedes conocen, que sé que existió —sí existió, porque creo que ya no existe—, pero que yo nunca vi. Se llama En familia con Chabelo. ¿Por qué creen que nunca lo vi? Cuando salía: el domingo en la mañana. O sea, ¿qué iba a estar yo haciendo viendo la tele el domingo en la mañana? Nunca lo vi, jamás en toda mi vida nunca vi En familia con Chabelo. Sé que existe, y sé quién es Chabelo, y sí lo he visto en la tele, pero nunca dentro de ese horario.

Hay un sentido de... espero, y esto es la realidad. Yo no digo nada; o sea, no estoy hablando en contra de la televisión. Creo que no está mal tener una televisión, y tenemos que ser muy sabios en cuánto vemos y qué vemos. Pero creo que hay horarios y tiempos en los que ver la tele nada más nos afectaría, y uno de esos momentos sería el domingo en la mañana. No sé si prenden la tele el domingo en la mañana, pero creo que es un terrible momento para prender la tele. ¿Por qué prenderías la tele el domingo en la mañana? ¿Para escuchar las noticias, para saber qué está pasando en el mundo? Ya tienes seis días de eso; ya tienes toda la semana donde te están invadiendo los medios de comunicación y las noticias todo el tiempo.

Y no sé si lo han experimentado, pero ¿han visto alguna vez un programa de televisión y después se ponen a leer su Biblia, y sienten como si les hubieran dado un jalón así de cambio de tema y de canal, literalmente? ¿Qué dices? "A ver, a ver, como que es completamente otro mundo aquí". O sea, abro la Biblia y estoy viendo algo totalmente diferente a lo que yo estaba contemplando en la televisión. O al revés: estás leyendo tu Biblia o estás escuchando algo relacionado con la Palabra de Dios, y prendo la tele, y sientes como que es un cambio completamente diferente en temas y en profundidad y en importancia.

Inclusive vamos más lejos. Entonces, no es nada más lo que hacemos el domingo en la mañana, sino que es también lo que hacemos el sábado en la noche lo que nos prepara. Y es un sentido de entender qué tan serio es lo que venimos a hacer aquí. El sábado en la noche tampoco es momento para ver la televisión. Nuevamente, no les estoy diciendo que no la pueden ver y que la televisión es mala; simplemente les estoy diciendo que hay un aspecto de preparación que deberíamos de tener en la Palabra de Dios para llegar hasta aquí, a la iglesia, ya en un espíritu y en una mentalidad de reverencia y de asombro ante quién es Dios y qué es este lugar. Eso, creo, es parte de lo que está diciendo aquí Salomón.

Prepararnos antes de venir

¿Ustedes sabían de qué iba a predicar hoy? ¿Sabían? ¿No? Pues qué mal que no supieran, porque el domingo pasado terminamos el capítulo 4, ¿verdad? Y esa es la ventaja de la predicación expositiva: ustedes ya saben qué sigue. ¿Qué sigue en el capítulo 4? Capítulo 5. Podrían haber leído este pasaje antes de venir; 7 versículos. No sabían que íbamos a hacer hasta el 7, pero ustedes pueden prepararse para lo que viene. No siempre saben, pero la mayoría de las veces deben de saber que sí, porque vamos en orden. Si estamos estudiando la Biblia, entonces ustedes podrían el sábado en la noche, rápidamente, leer el pasaje, hacer sus propias observaciones, y ya me corregirían el domingo: "Hoy, al menos, yo vi algo que usted no vio en el pasaje, algo importante".

Pero es esta mentalidad de prepararnos y de estar conscientes de qué es lo que venimos a hacer. Antes de venir, ya sabemos qué es lo que venimos a hacer y qué tan importante es. Y el autor de Eclesiastés quiere que tengamos en nuestro corazón un sentido de importancia con respecto a eso: que no nada más sea rutina, que no nada más sea tradición, que no nada más digamos: "Pues ya fui, ya cumplí con lo que significa ir a la iglesia, porque llegué a tiempo".

Ese es otro tema también sobre estar preparados, ¿verdad? Dormirnos temprano para podernos levantar temprano, para poder llegar a tiempo. Y eso se mostraría también un sentido de "entiendo que esto es importante". Cómo nos vestimos, nuestra preparación, probablemente también. Si es la única playera y los únicos pantalones que tengo limpios, son los que me pongo. Pero podría pensar: "A ver, ¿cómo también la manera en que me visto, y la manera en que me presento delante de Dios, muestra que entiendo que esto es algo importante?". No es como ir a jugar básquetbol, por ejemplo, o ir a un pícnic. No estoy regañando a nadie, pero esas son algunas de las cosas que quiero que piensen sobre este pasaje: "Guarda tu pie cuando fueres a la casa de Dios". Cuidado con la manera en que te acercas a la casa de Dios.

Si yo ando caminando con mi taza de café —¿qué ha pasado?— y alguien de ustedes choca contra mí, ¿qué es lo que se derrama? El café. ¿Por qué? Porque acabo de servirme café. Si alguien choca contra ti el domingo en la mañana, ¿qué se va a derramar? ¿Una telenovela, las noticias del mundo del espectáculo? Las telenovelas, ¿cómo se llaman?, la revista, todos los chismes. Lo que sale de nosotros es lo que hay en nosotros. Y en la iglesia tendríamos que venir llenos de algo cuando venimos a toparnos unos con otros.

Acércate más para oír

Número 2, dice el predicador: "Acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios". ¿Pues qué sería el sacrificio de los necios? Vamos a verlo en un momento. El sacrificio de los necios es precisamente esta parte externa nada más: hacer cosas por hacerlas, sin una realidad interna, donde nada más están haciendo las cosas porque sí. Y aquí en este pasaje habla —vamos a llegar a eso en un momento, a más de esto— de que hablamos demasiado. Este versículo dice que en la iglesia la gente habla demasiado.

Y me pregunto, dice Salomón, me pregunto cuánto de lo que realmente están diciendo es genuinamente algo que proviene de lo que hay en su corazón, o cuánto es lo que se supone que tendrían que decir. "Se supone que digo esto, se supone que hacíamos, se supone que sí cantamos; se supone que, si comparto algo de la Palabra de Dios, esto es lo que debo de decir". Y empezamos a aprender el lenguaje de los cristianos y la manera de vivir de los cristianos, y es muy fácil adaptarse a eso y empezar a vivir la vida de la iglesia de una manera externa solamente.

Entonces dice el predicador: "Acércate más para oír". Lo más importante que vienes a hacer a la iglesia es a escuchar; no a hablar, a escuchar. Piensa que vas a recibir primero. Y esto va en contra de lo que muchos de ustedes dirán: "No, no, no, es que es más importante dar que recibir". ¿Qué vas a dar?, es la pregunta. No, tienes que recibir. Cuando venimos a la iglesia, venimos con la mentalidad de escuchar primeramente. ¿Por qué? Porque de gracia recibimos, de gracia damos. "Señor, dale lo que tienes que darme. Cuando voy a Tu iglesia, voy a venir listo para recibir lo que sea que Tú quieres hacer en mí, y que de ahí fluya lo que yo puedo hacer y decir por otros". Santiago 1:19 dice: "Que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira". Nos aplica a todos, hasta a mi mamá. Hablamos demasiado, escuchamos poco; hablamos demasiado. Tenemos que estar viniendo a la iglesia preparados para escuchar, para recibir del Señor lo que tiene para nosotros.

Y dice Hebreos 4:2: "Porque en verdad a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva, como también a ellos; pero la palabra que ellos oyeron no les aprovechó por no ir acompañada por la fe en los que la oyeron". Señor, ayúdame a tener un espíritu de fe cuando escucho Tu Palabra y cuando escucho las cosas que decimos en la iglesia. Ayúdame a creer realmente en mi corazón las cosas que vamos a estar diciendo. Esa es la actitud con la cual tenemos que venir a la iglesia.

Guarda tu boca

Número 2: guarda tu boca, considerando con cuidado lo que oras y a quién oras. Dice: "No te des prisa con tu boca". Versículo 2: "No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios". ¿Por qué? "Porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras". Ya estudiamos esto cuando vimos el Sermón del Monte, Mateo 6, versículos 7 a 9. Creo que esto es exactamente lo que dijo Jesús; lo repitió en el Sermón del Monte, y dijo: "Y al orar, no uséis repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería". Aquí están las muchas palabras. Sentimos que somos más espirituales porque decimos mucho. Pero dice Jesús: no tienen que hablar mucho. ¿Por qué? "Porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes que vosotros le pidáis. Vosotros, pues, orad de esta manera".

Detente un momento antes de orar, antes de venir delante de Dios. Y ya lo hemos dicho antes: decimos que orar es hablar con Dios. Y decimos: "No, orar sí es hablar con Dios". Pero no es nada más hablar con Dios; es mucho más que eso. Orar, o sea, hablar con Dios... Decimos "hablar con Dios": "Pues yo hablo con Saúl, es lo mismo". No, no es lo mismo. Si yo hablo con Dios, o si hablo con uno de ustedes, es completamente diferente. ¿Por qué es diferente? Porque ustedes no son creadores, son creación. Es una categoría diferente; hablar con Dios, completamente diferente. No es lo mismo hablar unos con otros que hablar con Dios.

Algo hay especial aquí que está sucediendo, porque estoy hablando con mi Creador: alguien que no tuvo comienzo, alguien que es inmutable, alguien que es eterno, santo, perfecto. Y todas esas cosas nos separan; yo soy completamente lo contrario. Y por eso es que Jesús, cuando les dijo cómo orar, empieza por ahí: "Padre nuestro que estás..." ¿Dónde? "En los cielos". Señor, Tú eres trascendente, primeramente. La inmanencia de Dios se refiere a Su cercanía con nosotros: Él está cerca de nosotros. La trascendencia de Dios se refiere a la superioridad que Dios tiene sobre de nosotros.

Y eso es exactamente lo que dice aquí el predicador. Dice: no te apures a decir palabras delante de Dios. ¿Por qué? "Porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra". Tú eres creación; Él es Creador. Piensa eso antes de abrir tu boca. Piensa bien lo que vas a decir. Reconoce primero con quién estás hablando. Vean más adelante, Eclesiastés 10:14, dice: "El necio multiplica palabras, aunque no sabe nadie lo que ha de ser; ¿y quién le hará saber lo que después de él será?".

El necio habla sin pensar, dice lo que se le venga a la cabeza, y habla y habla. Ese es el ejemplo de un necio en la Palabra de Dios: alguien que habla mucho, alguien que no ha pensado en su relación con Dios y en la trascendencia y la soberanía y la superioridad que Dios tiene sobre nosotros, y piensa que puede hacer o decir lo que se le ocurra. Considera con cuidado lo que oras y a quién oras; considéralo con cuidado. Eso es lo que está diciendo aquí Salomón: "Sean pocas tus palabras".

Los sueños y las muchas palabras

La tercera manera en que nos invita Salomón a guardar nuestra boca es el versículo 3: "Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio". Si te preocupas mucho... es lo mismo. Es eso: el preocuparnos mucho nos hace soñar mucho. Eso es lo que está diciendo. Empiezas a preocuparte, empiezas a afanarte, y entonces empiezas a crear todas estas ilusiones de cómo deberían de ser las cosas. Pero soñar es nada; soñar hace que nada sea real ni sea cierto. Es lo mismo hablar mucho: hablar no hace nada, solo son palabras. Piensa más bien en qué es lo que hay en tu corazón, qué es lo que es real en tu vida, y que eso sea lo que se refleje cuando vienes a la casa de Dios.

Cumple lo que prometes

Y dice ahora el versículo 4: "Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos? Donde abundan los sueños" —nuevamente otro proverbio— "también abundan las vanidades y las muchas palabras". Está ligado a lo que dijo ya en el versículo 3.

Entonces aquí Salomón, ¿no?, está citando algo que viene de Deuteronomio 23:21, que dice: "Cuando hagas un voto al Señor tu Dios, no tardarás en pagarlo, porque el Señor tu Dios ciertamente te lo reclamará, y sería pecado en ti. Sin embargo, si te abstienes de hacer un voto, no sería pecado en ti". Ten cuidado con lo que dices que vas a hacer, con lo que dices. Es muy fácil venir a la casa del Señor y emocionarnos con respecto a todo lo que Dios está haciendo en Su iglesia, en todo el mundo, y empezar a hacer promesas sin pensarlas.

Estamos estudiando, por ejemplo, el libro de Jueces. En Jueces, en el capítulo 11, vimos una historia de un personaje que se llama Jefté. Jefté se emocionó tanto con respecto a esto de ganar la batalla, y "ahí sí el Señor está de nuestro lado", que dice: "A ver, Señor, cuando regrese a mi casa, lo primero que salga de la casa a recibirme, eso te lo voy a dedicar y sacrificar a Ti". ¿Y qué salió de su casa? Su única hija. Se comprometió a algo muy rápidamente; no pensó bien lo que estaba diciendo.

Y en el Sermón del Monte Jesús también habló de eso, ¿se acuerdan? En el Sermón del Monte, en Mateo 5:33: "También habéis oído que se dijo a los antepasados: 'No jurarás falsamente, sino que cumplirás tus juramentos al Señor'. Pero yo os digo: no juréis de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de Sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jurarás por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni un solo cabello. Antes bien, sea vuestro hablar: 'Sí, sí', o 'No, no'; y lo que es más de esto, procede del mal".

Y en Mateo 23, versículos 16 al 22, Jesús habló en contra de los fariseos precisamente en relación a sus pactos. Él les dijo: "¡Ay de vosotros, guías ciegos!, que decís: 'No es nada el que alguno jure por el templo; pero el que jura por el oro del templo contrae obligación'. ¡Insensatos y ciegos!, porque ¿qué es más importante: el oro, o el templo que santificó el oro? También decís: 'No es nada el que alguno jure por el altar; pero el que jura por la ofrenda que está sobre él, contrae obligación'. ¡Ciegos!, porque ¿qué es más importante: la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? Por eso, el que jura por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él; y el que jura por el templo, jura por él y por el que en él habita; y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por el que está sentado en él".

Básicamente, lo que está diciendo Jesús es: cuando hables, que lo que digas sea verdad, punto. No tienes que decir "te lo juro"; no tienes que inventar estas categorías como: "Ay, bueno, yo juré por el templo, pero no por el oro que está en el templo, así que no es tan importante ese juramento", que es lo que estaban haciendo básicamente los fariseos. Dios toma en cuenta lo que decimos, en serio.

Dios toma en serio lo que dices

Podemos decir, hermanos: "Esto es el Antiguo Testamento, pero hoy en día creo que ya Dios no es tan duro con nosotros. Ya dice: 'Bueno, está bien, sé que te equivocaste, sé que no estabas pensando claramente; no te preocupes, no lo tienes que hacer'". A lo mejor tienen en mente lo que prometieron para misiones, ¿verdad? Porque todos hemos fallado ahí, creo, porque hablamos muy rápido, no pensamos las cosas. Dios toma en serio lo que dices.

Hechos 5:3 al 5 dice que Pedro le dice a Ananías: "¿Por qué ha llenado Satanás tu corazón para mentir al Espíritu Santo, y quedarte con parte del precio del terreno? Mientras estaba sin venderse, ¿no te pertenecía? Y después de vendida, ¿no estaba bajo tu poder? ¿Por qué concebiste este asunto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró; y vino un gran temor sobre todos los que lo supieron". Si nosotros supiéramos sobre un caso aquí de alguien que prometió algo, dijo algo, y no lo cumplió, y en el momento en que es confrontado por eso se muere, ¿no nos haría a nosotros pensar un poquito más en serio sobre las cosas que nosotros le prometemos a Dios?

Y quiero que ustedes sientan la importancia que la Palabra de Dios quiere darle a nuestra palabra. Cuando dices algo, ¿qué tan en serio lo estás diciendo? Creo que ahí está la importancia de una ceremonia religiosa cuando nos casamos. Ayer fuimos a una boda; estuvimos ahí como testigos de una boda, y justo estaba pensando en la relación que este pasaje tiene con eso. Porque pensaba: ahí están 12 personas prometiéndole, ¿a quién? A Dios: "Sí, Señor, hasta que la muerte nos separe". Dice el versículo 6: "No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel que fue ignorancia". "Señor, es que yo no sabía lo que estaba haciendo, yo no lo conocía bien". No digas eso; tú le prometiste a Dios: "Hasta que la muerte nos separe". Dios toma nuestras promesas, nuestros votos, en serio.

¿Saben qué? Muchos de los himnos, de los cantos que cantamos, son promesas. Piensa en lo que estamos cantando cuando estamos cantando. ¿Cuánto de lo que estamos cantando es algo que le estamos diciendo al Señor? "Sí, Señor, esto es lo que yo pienso acerca de Ti, es lo que yo digo acerca de Ti, y es lo que voy a hacer". Hay muchos himnos que en realidad terminan siendo promesas delante de Dios, y ni siquiera pensamos en eso. O sea, ni siquiera se nos ocurre cómo es que estamos haciendo una promesa delante de Dios al momento de estar cantando lo que cantamos. Sí, y esa es la gran importancia de pensar realmente en lo que estamos diciendo cuando venimos a la casa del Señor, en lo que tú has prometido al Señor.

"Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras". Que no seamos una iglesia conocida principalmente por cuánto hablamos. ¿No es una buena oración? Es una buena petición al Señor: "Señor, ayúdanos a no ser una iglesia de muchas palabras, sino a ser una iglesia que lo que se ve es lo que es". O sea, lo que decimos es realmente lo que viene desde el fondo de nuestros corazones.

Guarda tu corazón: teme a Dios

Y esta es la tercera cosa, y esta es la última frase de este pasaje: guarda tu corazón. Y guarda tu corazón al tener tus prioridades en orden, al entender que, cuando venimos delante de Dios, venimos delante de un Dios asombroso. Así concluye esta sección. Dice: en lugar de eso —en lugar de hablar mucho, en lugar de hacer promesas que no cumples, en lugar de hacer estas oraciones larguísimas y hablar y hablar y hablar, y sentir que eres más espiritual porque hablas horas tan largas—, en lugar de eso, teme a Dios. Que esa sea la base de tu vida; que de ahí fluya todo lo que vienes a hacer aquí en la iglesia.

Vean, ya lo vimos en el capítulo 3, versículo 14 de Eclesiastés, donde les dice: "He entendido que todo lo que Dios hace será perfecto; sobre aquellos no se añadirá, ni de ellos se disminuirá; y lo hace Dios para que delante de Él teman los hombres". Lo que Dios está haciendo en nosotros, en llevar la historia por un camino determinado a donde Él lo quiere llevar; todo lo que Él está haciendo en nuestra iglesia hoy; todo lo que Dios hace es para Su gloria, para que le temamos. ¿Qué tipo de temor es el que describe aquí la Palabra de Dios? ¿El tipo de temor que tiene un niño que es golpeado por su padre porque no obedece? ¿Ese tipo de temor? ¿Qué tipo de temor es?

Y vean, de hecho así es como va a concluir también el libro de Eclesiastés. Vean el capítulo 12, versículo 13: "El fin de todo discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda Sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre". Si se quieren perder el resto de los mensajes que vamos a hacer de Eclesiastés, está bien, porque ya vieron el resumen; de eso se trata el libro. La conclusión es: teme a Dios y obedécele. Lo más importante que puede una persona hacer o entender en su vida.

Entonces, cuando dice aquí "teme a Dios", creo que está haciendo una referencia a algo que Salomón ya dijo también en Proverbios 1:7: que el principio de la sabiduría es el temor a Jehová. Entonces, ¿qué es el temor a Dios? El temor a Dios es reverencia y asombro; es entender delante de quién estamos. La reverencia de Dios, el temor a Dios, va a ser el fundamento del cual saldrá la actitud correcta cuando venimos a la iglesia. La reverencia a Dios es lo que va a hacer que guardemos nuestros pasos cuando entramos a la casa de Dios.

La reverencia a Dios es lo que va a hacer que nos acerquemos primero a escuchar antes de hablar como necios. La reverencia a Dios es lo que va a causar que no seamos rápidos para hablar. La reverencia a Dios es lo que va a hacer que no nos tardemos en cumplir las promesas que le hacemos a Dios. La reverencia a Dios es lo que hará que no pongamos tantos pretextos para no cumplir con nuestras promesas. En otras palabras, la reverencia a Dios va a hacer que nuestra adoración sea verdaderamente genuina y asombrosa.

Cuatro maneras de temer a Dios

Entonces, quiero mostrarles por lo menos cuatro maneras en las cuales guardamos nuestro corazón al temer a Dios, de donde viene el fundamento para todo lo demás que ha venido diciendo el autor de Eclesiastés. Número 1: tememos a Dios viendo Su poder. Salmo 89:6 al 8: "Porque ¿quién en el firmamento se puede comparar al Señor? ¿Quién entre los hijos de los poderosos es como el Señor, Dios muy temido en el consejo de los santos, e imponente sobre todos los que están en Su derredor?". ¿Te asombras del poder de este Dios? Eso es el temor de Dios.

Número 2: tememos a Dios siendo perdonados por Él. Y este versículo es increíble, Salmo 130, versículo 3: "Señor, si Tú tuvieras en cuenta las iniquidades, ¿quién, oh Señor, podría permanecer? Pero en Ti hay perdón, para que seas" —y es la palabra— "temido". "Para que seas temido". ¿No es un versículo extremadamente raro? "En Ti hay perdón", ¿para qué? Si tú quieres realmente temer a Jehová, ¿qué necesitas? Experimentar Su perdón. Y Abimael estaba hablando algo acerca de eso en la mañana: se hablaba acerca de la ira de Dios, hablaba acerca de la propiciación que Dios ha hecho en nuestro lugar a través del sacrificio de Cristo. Y ese entendimiento de lo que significa ser perdonados por Dios trae temor de Dios. ¿Por qué? Porque entiendes qué es lo que significa cuando Dios dice "te perdono".

No es nada más como cuando nosotros nos decimos "te perdono". Porque cuando nosotros decimos "te perdono", puede ser como: "Oye, me azotaste la puerta en la cara". "Perdón". Son nuestras situaciones muy superficiales con las cuales estamos lidiando normalmente cuando hablamos del perdón. No entendemos la magnitud de lo que significa realmente el hecho de que Dios nos haya declarado justos, porque no entendemos cuánto vale en realidad el sacrificio de Cristo, y no entendemos qué tan grave es nuestro pecado delante de Él. Y no entendemos cómo es que Jesús dijo en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Esos son misterios; no entendemos qué está pasando ahí.

Si ya alcanzamos a escarbar nada más un poquito en lo que significa el perdón manifestado en la gracia de Dios a través de Su Hijo, si empezamos a entender aunque sea tantito de lo que eso significa, ese sería el primer paso para entender qué es lo que significa realmente temer a Dios. Es la razón por la cual solo los hijos de Dios pueden tener un temor correcto de Dios: porque solo los hijos de Dios han sido perdonados por Él.

Tememos a Dios confiando. En el Salmo 115, versículo 11: "Los que teméis al Señor, confiad en el Señor; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo". Eso es lo que significa temer al Señor: confiar en Él, saber que Él es todopoderoso para hacer lo que sea necesario para cuidar a Su pueblo. Entonces quiere decir que, como leímos en Mateo 6, vivimos vidas libres de ansiedad, porque entendemos la clase de Padre que tenemos. Si Él cuida las aves, si Él cuida los lirios del campo, ¿de qué me preocupo?

El Salmo 112, versículo 1, nos habla de otro aspecto del temor de Dios, que es deleitarnos en Él: "Aleluya. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que teme al Señor, que mucho se deleita en Sus mandamientos!". Ahora, todo esto nos está mostrando qué significa temer a Dios, qué tipo de temor es: un temor que ve Su poder, un temor que es perdonado por Él, un temor que confía en Él, un temor que se deleita en Él. Eso es lo que describe la Biblia como el temor del Señor. Entonces no es el tipo de temor que mucha gente cree que es.

Y por último, dice el Salmo 119, versículo 63: "Compañero soy de todos los que te temen y de los que guardan sus preceptos". ¿Vieron ahí la conexión? "Compañero soy de los que te temen". O sea, ¿hay una categoría de gente que teme al Señor pero no guarda Su ley? Si tú temes a Dios, eres de esta categoría de los que guardan los preceptos de Dios. Eres de los que están siendo santificados para amar la ley de Dios, para amar las cosas que Dios ama y odiar las cosas que Dios odia.

Y eso es lo que dice el autor de Hebreos en Hebreos 12:28 al 29: "Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable" —ofrecemos a Dios un servicio aceptable, ¿con qué? Y aquí está— "con temor y reverencia". ¿Por qué? "Porque nuestro Dios es fuego consumidor".

Cómo venimos a la casa de Dios

¿Cómo venimos a la casa de Dios? Creo que, si se dan cuenta, nos fuimos al revés. Empezamos con cómo deberíamos de venir y terminamos con cómo llegamos a tener la actitud correcta de cómo deberíamos de venir. O sea, ¿qué es lo que hay detrás de la manera correcta de venir a la casa de Dios? Lo que hay detrás de la manera correcta de venir a la casa de Dios es, ¿qué? El temor de Dios. De ahí surgen todas las actitudes correctas que nos van a llevar a que esto no sea una rutina y una tradición: "Es lo que hacemos domingo tras domingo tras domingo tras domingo". Y que digamos: "Pues es nuestro club social, y ya sabemos qué es lo que vamos a hacer, y ya sabemos lo que tenemos que decir, y ya sabemos lo que vamos a cantar, y ya sabemos cómo funciona esto; vamos a encajar dentro de un sistema ya establecido".

¿Qué es lo que nos va a guardar de que eso suceda en nuestras vidas? Porque puede suceder, y sucede. ¿Qué es lo que nos va a guardar de eso? Teme a Dios. Contempla al Dios que te ha invitado a venir aquí, a ser parte de esta iglesia; contempla a ese Dios. "Sí, Señor, Tú me has invitado a formar parte de un cuerpo, y quiero, cada vez que me reúna con ese cuerpo, pensar en Ti primeramente, y en quién eres Tú, y en las cosas que Tú haces en mi vida. Para que, cuando yo vaya ahí, tenga la actitud que Tú quieres que yo tenga, en todo lo que canto, en todo lo que oro, en todo lo que digo. Señor, que mis palabras sean pocas, pero que sean palabras que reflejen el temor de Dios; que sean palabras que vengan de un corazón transformado por Tu Espíritu".

Nos gozamos juntos porque Él es Espíritu; es el mismo Espíritu que está en cada uno de nosotros, y podemos animarnos. ¿Qué nos animamos? ¿Cómo nos vamos a animar unos a otros? ¿No saben qué nos vamos a decir? "Hermanos, temamos juntos". A eso nos ha invitado el día de hoy.

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